Versículo para hoy:

sábado, 24 de julio de 2021

24 de julio - Del sufrimiento al gozo - Ray Stedman

 De cierto, de cierto os digo que vosotros lloraréis y lamentaréis, y en cambio el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. Juan 16:20

La preocupación de los discípulos tenía que ver con el tiempo que iba a durar la ausencia de Jesús. Jesús había dicho: “un poco y no me veréis”, y sus discípulos inmediatamente se quedaron con las palabras: “un poco”. Sus corazones se sintieron dominados por el temor, y se dijeron a sí mismos: “¿A cuánto tiempo se refiere?”. Ellos fijaron su atención en esto además de las palabras: “porque yo voy al Padre”. Los discípulos se preguntaron: “¿Por qué tiene que suceder esto? ¿Qué quiere decir con: ‘porque yo voy al Padre’?”. Usted se dará cuenta que lo que les preocupaba era el cuándo y el por qué.

¡Si usted y yo hubiésemos estado allí, eso es exactamente lo que habríamos preguntado! Siempre nos preocupa cuánto tiempo va a durar una prueba, y además nos preguntamos por qué tenemos que pasar por ella. ¿No son estas las preguntas que nos hacemos inevitablemente y siempre que tenemos problemas: “¿por qué?” y “¿durante cuánto tiempo?”. Pero cuando Jesús contesta a los angustiados discípulos, hace caso omiso a toda la cuestión del tiempo. Su respuesta enfatiza el proceso y el resultado que ha de seguir con toda seguridad. A Jesús no le preocupa el “¿por qué?” ni el “¿durante cuánto tiempo?” sino el “¿cómo?” y el “¿qué?”. Les deja perfectamente claro que un tiempo de sufrimiento es inevitable y que Él no puede hacer que ellos se libren de este tiempo. Habrá un tiempo durante el cual llorarán y lamentarán; estarán sufriendo durante el tiempo que el mundo que les rodea estará regocijándose. “Pero”, les dice, “vuestro sufrimiento se convertirá en gozo”. El tiempo que llevará no es significativo; lo que importa es el resultado.

Esta es una lección muy importante que debemos aprender. Yo le he estado diciendo al Señor: “¿Durante cuánto tiempo tengo que pasar por esto?”. Y el énfasis del Señor solo tiene que ver con lo que sucederá al final, con el gozo que es seguro. Para ilustrar esto, el Señor usó la preciosa figura relacionada con dar a luz. Cuando un bebé está siendo dedicado, el rostro de la madre es una imagen de gozo. ¿Qué es lo que produce el gozo? El bebé. Pero unas pocas semanas antes esa misma madre estaba angustiada y con dolor. ¿Qué era lo que estaba causando el dolor? El bebé. En otras palabras, la misma cosa que causó el sufrimiento, más adelante causaría el gozo.

Esto es diferente de lo que normalmente pensamos. La mayoría de nosotros damos por sentado que nuestro sufrimiento se va a ver reemplazado por el gozo, pero la promesa de Jesús es que la misma cosa que ha causado el sufrimiento va a ser causa de gozo. Esta es una revelación de uno de los más grandes principios característicos del auténtico cristianismo, una de las maneras mediante la cual el Señor obra en nuestra vida. Él toma lo que nos está causando sufrimiento y lo convierte en una causa de gozo.

Señor, Tú obras de maneras tan maravillosas. Yo confío que Tú tomarás lo que es causa de sufrimiento y lo convertirás en un motivo de gozo.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
En los tiempos de dificultad ¿nos concentramos en cuánto va a durar esa prueba? ¿Cómo puede nuestro sufrimiento mismo producir gozo?

viernes, 23 de julio de 2021

Cuando el amor de madre nos lleva a la idolatría - Ehiby Martínez

 ¿Cómo sé si idolatro a mis hijos? Te puedo mencionar 5 señales y sus consecuencias.









Photo by Isaac Quesada on Unsplash

23 de julio - Todo lo que es mío es tuyo - Ray Stedman

 Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber. Juan 16:14

A veces cuando escucha usted a los maestros de la Biblia hoy, tiene la idea de que debe haber una especie de estudio de la Biblia orientado a Jesús con el cual comenzar la vida cristiana, pero que al madurar debemos avanzar a la verdad orientada al Espíritu, para reconocer que la señal de madurez ya no tiene que interesarse por Jesús, sino por el Espíritu. ¡Nada más lejos de la verdad! La obra del Espíritu es glorificar a Jesús. La vida plena del Espíritu es una vida en la que Jesús ocupa el lugar central, y la persona que madura es la que posee un conocimiento mucho más profundo en lo que se refiere a comprender a Jesús.

¿Hasta qué punto lo abarca esta clase de enseñanza? “Todo”, nos dice Jesús. “Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío y os lo hará saber” (v. 15).

El otro día un joven me preguntó: “¿Está bien que el cristiano estudie temas seculares que no tienen nada que ver con la Biblia?”.

Mi contestación fue: “Pablo nos dice en 1 Corintios 3: ‘Todo es vuestro, y vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios’ (vv. 22b-23). Y Pablo, hablando acerca de Jesucristo, nos dice en Colosenses 2: ‘en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento’ (v. 3). Al investigar usted cualquier tema de la ciencia o del conocimiento, si lo hace confiando en que la vida de Jesús se encuentra en usted y también la enseñanza del Espíritu de Dios, Él le revelará a usted esa especialidad de la verdad”.

George Washington Carver nació esclavo, pero se las arregló para conseguir una educación como científico. Dijo que el verdadero anhelo de su corazón era descubrir los secretos del universo. “Pero”, dijo, “Dios me dijo: ‘George, eso es demasiado grande para ti; tengo algo que es más de tu tamaño. Aquí tienes un cacahuete; trabaja con él’.” Así que empezó a investigar lo que Dios había ocultado en un cacahuete. Encontró 330 productos diferentes que se podían hacer a partir del cacahuete, revolucionando la tecnología de su tiempo. Pero siempre fue un sencillo siervo de Dios que creía en la Biblia y que dependió de Él para que le abriese su mente a la verdad. Eso es lo que quiere decir Jesús: “Todo lo que le pertenece al Padre es mío y será puesto a tu disposición por medio del Espíritu”.

Señor, te doy gracias por haber compartido conmigo todo lo que tiene el Padre. Enséñame a escuchar todo lo que Tu Espíritu me está diciendo por medio de Tu Palabra.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
Si aprendemos a pensar como Jesús, ¿intensificará eso nuestra comprensión y nuestro disfrute de cualquier aspecto en la vida?


jueves, 22 de julio de 2021

22 de julio - El Espíritu, el mundo y usted - Ray Stedman

 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no cree en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Juan 16:8-11

La mayoría de nosotros leemos esto como si el Espíritu Santo fuese a venir al mundo y a trabajar directamente sobre los corazones de las personas que no son creyentes para convencerlas de pecado, de justicia y de juicio. Pero si lo ha leído usted de esta manera, no ha leído correctamente este versículo. Léalo usted de nuevo con el versículo anterior y enfatice usted una palabra clave. Y yo quiero usar esa misma palabra e insertarla en un lugar en el versículo 8, donde no aparece, pero donde el contexto deja claro que debería estar. Jesús dice: “Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré. Y cuando él venga (a vosotros), convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (vv. 7-8).

El Espíritu Santo va a venir a usted, a la iglesia, al cristiano. Y cuando venga al cristiano, esto convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Por lo tanto, no viene al mundo, viene a nosotros. Pero cuando venga a nosotros y obre en nosotros como tiene el propósito de hacerlo, tendrá este efecto sobre el mundo.

Hay tres cosas que el mundo debería ver al mirar a la iglesia. La primera es que la fuente de la vida es Jesús. Debería ser acusado de pecado, porque no cree en Él. Si la iglesia no hubiese hablado acerca de Jesús, el mundo no habría tardado en olvidarle, porque el mundo quiere olvidarse con desesperación de que Jesús vino y vivió entre nosotros. Es preciso que la iglesia presente a Jesús de manera consistente ante el mundo.

La segunda cosa que es preciso que el mundo vea en la iglesia es la justicia, acerca de la cual dice Jesús: “por cuanto voy al Padre y no me veréis más”. Cuando el mundo mira a la iglesia, debería ver una norma de comportamiento diferente. Lo que en un tiempo vio en Jesús debería verse ahora en la iglesia, y esto es lo que convence al mundo de que hay absolutos en la vida. Los escritores y los filósofos seculares le dirán a usted que no existen los absolutos, y el mundo creerá eso hasta que no vea en la iglesia una norma de comportamiento que haga que se dé cuenta de que existe una justicia perfectamente definida y existe un mal absoluto.

La tercera cosa que debe ver el mundo es el juicio: “por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”. Al mirar a la iglesia, el mundo debería ver el choque frontal entre su filosofía y la filosofía de Jesucristo, y saber que el que va a ganar es Jesús. Va a haber un juicio, y la señal del mismo es que el poder de Satanás ya ha quedado roto en las vidas que están observando. Esto es lo que debe ver el mundo al mirar a la iglesia.

Señor, permíteme vivir mi vida en el poder del Espíritu Santo, para que el mundo pueda ver la realidad de Jesús.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿Cómo convence Dios al mundo del pecado, de la justicia y del juicio? ¿Cómo pueden las personas darse cuenta de que existe una justicia absoluta y un mal absoluto?

miércoles, 21 de julio de 2021

21 de julio - El testigo - Ray Stedman

 Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros… Pero cuando venga el Consolador… él dará testimonio acerca de mí. Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio. Juan 15:18, 26-27


Es extraordinario que nuestro Señor pasase rápidamente de Sus palabras acerca del amor los unos para con los otros a esta palabra acerca del odio del mundo hacia el cristiano. “El mundo” se refiere a la sociedad secular. No se trata de la humanidad. La humanidad no odia a la iglesia, es el mundo el que odia a la iglesia y al Señor de la iglesia. El mundo es la sociedad organizada sin Dios, pero con su propia moral, normas y sistemas de valor. Es lo que normalmente llamamos “el sistema”, y es lo que odia a los creyentes y no quiere tener nada que hacer con ellos.

¿Cuál debe ser la actitud del cristiano frente a esta clase de mundo en el que todavía vivimos? La respuesta de nuestro Señor se encuentra en los versículos 26 y 27. Él dice: “Cuando haya venido el Espíritu de Dios, vosotros daréis testimonio a este mundo”. El mundo no debe ser abandonado en su rechazo sin esperanza de Cristo, a pesar de que se haya resistido y rechazado la verdad cuando sabía que era la verdad.

Cada uno de nosotros hemos hecho esto, a pesar de lo cual Dios no nos abandona. Incluso cuando estaría totalmente justificado en darnos la espalda y alejarse de nosotros, dejándonos a nuestras propias consecuencias, Él no lo hace, sino que continúa dando testimonio ante el mundo.

De manera que el cristiano no debe tomar represalias ni resentir el odio y la persecución del mundo; no debemos ser vengativos ni devolver mal por mal. Más bien, hemos sido exhortados a devolver bien por mal. ¡Tampoco tenemos que retirarnos del mundo, separarnos de él y construir un gueto cristiano en el que ocultarnos y después tirar folletos al otro lado del abismo! Sino que debemos movernos en el mundo, vivir en medio de él como lo hizo Jesús y dar testimonio de la verdad, a pesar de que el mundo la rechaza con frecuencia. Esto es algo que debemos hacer por amor a aquellos que recibirán, que creerán y que aceptarán la Palabra.

Este es un doble testimonio. Principalmente es el testimonio del Espíritu Santo, que hace lo que no puede hacer ninguna persona. El Espíritu de Dios abre los corazones, elimina la ceguera y abre las mentes para que puedan entender. Él da testimonio de que una palabra es verdad; le da un toque de autenticidad, de manera que el poder del testimonio depende del Espíritu, no de nosotros. Como indica Jesús aquí, también nosotros debemos dar testimonio como lo hicieron los apóstoles respecto a lo que vieron y oyeron y lo que ellos mismos experimentaron. Ese es el lugar en el que se encuentra todo cristiano. Justo antes de Su ascensión Jesús dijo: “pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos” (Hechos 1:8a). Todos debemos ser testigos de lo que Jesús ha sido para nosotros, de lo que hemos experimentado, de lo que ha sucedido en nuestras vidas y lo que Él ha hecho por nosotros.

Y el Espíritu Santo dará testimonio con esto, usando estas palabras, por sencillas que puedan ser, para abrir las mentes y actuar en los corazones endurecidos, atravesando y derribando las barreras y haciendo que las personas estén abiertas a la Palabra. De este modo, la labor de la iglesia es dar testimonio ante un mundo de odio.

Señor, Tú me has puesto en este mundo. Permite que sea Tu testigo hoy en todo lo que diga y haga.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿Cuál es nuestra reacción cuando vemos o sentimos el odio en el mundo? ¿Cómo podemos ser testigos efectivos?

martes, 20 de julio de 2021

20 de julio - El mayor amor - Ray Stedman

 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Juan 15:12-13

Esta sección empieza y termina con el mandamiento de Jesús: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros”. El hecho de que esto se exprese en forma de mandato significa que no es una opción en nuestra vida, no es algo que hacemos si nos apetece. Debe ser una respuesta deliberada ante otra persona que sabemos que pertenece a la familia de Dios, sin tener en cuenta cómo nos sintamos respecto a esta persona.

Muchas personas realizan grandes esfuerzos al llegar a este punto, diciendo: “¿Cómo se puede mandar al amor? El amor es un sentimiento, y si no puede usted amar a alguien, no lo puede usted evitar. El amor es nuestro amo; nosotros no lo dominamos”. Las personas que dicen estas cosas revelan que tienen un grave concepto erróneo del amor. Desgraciadamente, somos víctimas de Hollywood en este sentido. Pensamos en el amor como un sentimiento que tenemos de afecto hacia otra persona.

Pero el amor, acerca del cual habla Jesús aquí, es algo totalmente diferente. Hay una cosa de la que podemos estar seguros: Él nunca nos mandaría hacer lo que es imposible para nosotros hacer. El secreto, como es natural, es que nosotros debemos amar, como dice Él: “como yo os he amado”. Esta clase de amor debe surgir de la misma clase de relación que Él tiene con el Padre, que hizo posible que Él nos amase a nosotros. De esta misma manera, y de la misma procedencia, debemos amarnos los unos a los otros con la misma calidad de amor. Él nos amó a nosotros porque Dios es amor y el Padre habitó en Él. Él estaba en el Padre y el Padre en Él. Al rendirse por medio de esta relación, el amor fluyó. No lo pudo evitar, porque Dios es amor y, al rendirnos nosotros en esa relación con el Hijo, el amor fluye de nosotros y tendrá las cualidades que tiene Su amor. Él continúa definiendo para nosotros los aspectos del amor que caracterizan la calidad de Su amor para con nosotros que también nosotros debemos mostrar los unos para con los otros.

La primera es la que se expresa con estas palabras: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por los amigos”. El amor pone su vida por otra persona. Todos nosotros sabemos lo absolutamente real que es el ejemplo de Jesús acerca de esto. El Suyo es el mayor amor que ha demostrado nadie hacia sus amigos. Evidentemente esto significa más que simplemente morir físicamente por ellos. Si solo significase eso, habría muy pocos de nosotros que pudiésemos o que estuviésemos dispuestos a cumplir esto jamás, principalmente porque careceríamos de la oportunidad para hacerlo. ¡Y, como es natural, esto es algo que solo podríamos hacer una vez! Pero el Señor nos está mandando hacer esto repetidamente. De manera que quiere decir con esto que debemos entregarnos los unos por los otros. Cuando usted realmente se esfuerza por suplir la necesidad de un amigo, cuando está usted dispuesto a dedicar tiempo a alguien que es cristiano sencillamente porque esta persona es cristiana, no necesariamente porque se siente usted atraído a ella y está usted dispuesto a desvivirse por y a sacrificarse por él o por ella, está usted poniendo su vida, por lo menos una parte de ella, por esa persona, y esto es en lo que estaba pensando Jesús.

Señor, Tú me has amado con esta clase de amor. Ahora te pido que este mismo amor fluya de mí a otros en el cuerpo de Cristo.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿Qué significa amarnos los unos a los otros? ¿Cómo podemos nosotros amar a una persona a la que no nos sentimos atraídos? ¿Qué papel desempeñan los sentimientos en cuanto a que amemos a otros?


lunes, 19 de julio de 2021

Nightbirde, ¿cómo puede todo estar bien? - ANGELA DAVIS

 



19 de julio - Activa y pasiva - Ray Stedman

 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Juan 15:4

Fíjese usted en que nuestro Señor dividió este pasaje en dos secciones. Hay una actividad que debemos hacer y una pasividad que es preciso que reconozcamos. Debemos permanecer en Él (eso es activo, es algo que hacemos) y debemos permitirle a Él que permanezca en nosotros (esto es pasivo, algo que nosotros le permitimos a Él que haga). Estas dos relaciones son esenciales, y la una no se opone a la otra, sino que ambas aparecen juntas.

Cuando nuestro Señor dice: “Permaneced en mí”, se está refiriendo a la voluntad y a las decisiones que tomamos. Debemos decidir hacer cosas que nos mantienen en contacto con Él. El Espíritu Santo nos ha puesto en Cristo, y ahora debemos mantener esa relación por medio de las decisiones que tomamos, como pueda ser el exponernos a Su Palabra y tener una relación con Él por medio de la oración. Permanecemos en Él cuando llevamos las cargas los unos de los otros y confesamos nuestras faltas y compartimos la comunión los unos con los otros. Todo esto ha sido diseñado para relacionarnos con Él: “Permaneced en mí”. Si hacemos esto, estamos cumpliendo esta decisión activa y necesaria de la voluntad de cumplir Su Palabra.

De esto se trata el estudio de la Biblia y la oración. ¡No son prácticas sencillamente mecánicas que debiera realizar todo cristiano a fin de conseguir “ganarse puntos” con Dios! No, son los medios de que nos valemos para conocerle a Él. Si abre usted su Biblia y empieza a leerla sin la expectación consciente de que le va a decir a usted algo acerca de Él, leerá usted en vano. Si intenta usted orar como si fuese una especie de ejercicio al que le dedica unos quince minutos, siguiendo de manera mecánica una lista, será una experiencia sin valor alguno. Pero si ora usted porque está hablando con Uno al que ama y acerca del cual desea saber más, compartiendo con Él de la plenitud de su corazón, entonces la oración se convierte en una hermosa experiencia. Eso es lo que significa permanecer en Él.

Pero esto es solo una parte de ello. Jesús dice: “Permaneced en mí, y yo en vosotros”. Está también el otro aspecto: “Permitidme permanecer en vosotros”. Esto tiene que ver con autorizar, que hacer posible. Usted puede hacer elecciones, pero no puede realizarlas, y aunque es usted responsable de tomar decisiones, no es responsable del poder para cumplirlas. En ese caso tiene que depender de Él, permitiéndole a Él que permanezca en usted, descansando en Su habilidad para ayudarle a usted a realizar las cosas. Al intentarlo sobre esta base, usted espera que Él le ayude hasta el fin.

Estas dos son esenciales. El tomar decisiones y luego intentar hacer todo usted mismo va a producir una actividad intensa, pero sin resultado alguno. Por otro lado, el permitirle a Él tener toda la responsabilidad y no tomar decisiones para nada también produce una vida carente de fruto. Debemos decidir exponernos a Él, debemos buscar Su rostro en la Palabra y por medio de la oración, además de tener comunión con otros. Y entonces debemos contar con Él para que nos dirija hasta el fin, supliendo y concediéndonos el poder que hace que seamos capaces de amar, perdonar, gozarnos y dar gracias. Cuando lo hacemos, estamos permaneciendo en Él y permitiéndole a Él permanecer en nosotros.

Padre, enséñame el equilibrio apropiado entre tomar decisiones difíciles para permanecer en Ti y descansar en Ti, para que Tú hagas en mí lo que solo Tú puedes hacer.


 

Aplicación a la vida
 
¿Cuál es la tremenda diferencia que existe entre nuestra fuerza de voluntad y el poder de nuestra actividad, entre nuestro poder para escoger y nuestro poder para actuar?

domingo, 18 de julio de 2021

18 de julio - La viña de Dios - Ray Stedman

 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Juan 15:2

Los capítulos 15 al 17 tuvieron lugar cuando el Señor y Sus discípulos iban caminando en dirección al huerto de Getsemaní. De camino pasaron por unas viñas que rodeaban a la ciudad. Tal vez Jesús se detuviese en medio de una viña, cogiese una de ellas y la usase como un medio de ilustración para Sus discípulos con el fin de impartirles, por medio de todo Su discurso allí en el aposento alto, el secreto más fundamental y básico de la vida cristiana: “Yo soy en el Padre y el Padre en mí” (Juan 14:10).

Su preciosa analogía ha ayudado a muchos cristianos a entender la relación que Dios quiere que conozcan. Cuando dijo: “Yo soy la vid verdadera”, no se refirió a verdadera en contraste con algo falso, sino más bien real, genuino, contrariamente a una mera copia o símbolo. Al tener esta viña y sus ramas en Sus manos, indicó que esta era una copia. Él era la Viña verdadera por medio de la cual se recibe la vida auténtica.

El propósito de esta viña es que dé fruto. La viña no se planta como una ornamentación, sino para producir uvas, para que dé fruto. Este es el punto que nuestro Señor explica en esta historia. A lo largo de todo este relato lo que enfatiza es el fruto. De modo que surge la pregunta: “¿Qué representa este fruto en nuestra vida?”.

Algunas personas leen esto y entienden que el fruto son otras personas ganadas para Cristo. El poder deducir esto de esta parábola es difícil de entender, porque no hay nada en ella que sugiera esto ni mucho menos. El fruto es lo que produce la viña y es el resultado natural de la vida de la viña. Aunque es maravilloso cuando un cristiano tiene el privilegio de llevar a otros a Cristo, no es una indicación de falta de fruto el que usted no haya tenido nunca esta experiencia.

La figura de la viña se usa muchas veces en las Escrituras. Estos discípulos pensarían de inmediato en varios lugares en los que se usó. Uno de ellos es en Isaías 5: “Ciertamente la viña de Jehová... es la casa de Israel” (v. 7a). Israel era esa viña. Como nos dice Isaías, Dios se deshizo de las rocas en Su viña y la cercó. Construyó una torre, protegió la viña y cuidó de ella. Hizo todo lo posible para conseguir que produjese uvas, pero cuando vino a la viña y buscó las uvas, en lugar de ellas encontró unas uvas amargas y que no tenían gusto a nada. Isaías nos dice lo que eso representa en el versículo 7: “Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá, planta deliciosa suya. Esperaba juicio y hubo vileza; justicia, y hubo clamor” (Isaías 5:7).

Dios vino buscando justicia, y en lugar de ello encontró opresión, crueldad, explotación e indiferencia ante las necesidades de otros. Es evidente según esta parábola que el fruto que espera Dios de la viña es el carácter moral o, como se describe en Gálatas, el fruto del Espíritu. La vida que está en la viña produce fruto que describe Pablo en Gálatas 5 como “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”. En otras palabras, el fruto es ser semejantes a Cristo, y nuestro Señor está indicando que el propósito mismo de la viña es producir esta clase de fruto.

Señor, enséñame a permanecer en Ti para que pueda dar un fruto que me haga semejante a Cristo.

 
 

Aplicación a la vida
 
¿Qué preciosa analogía ha ayudado a muchas personas a entender la relación que Dios desea que conozcamos?

sábado, 17 de julio de 2021

RASGANDO EL VELO - A. W. Tozer


El "yo" es el velo opaco que nos oculta el rostro de Dios.

Lo único que puede quitarlo es la experiencia espiritual, nunca la instrucción religiosa. Tratar de hacerlo así es como querer curar el cáncer con tratados de medicina. Antes que seamos librados de ese velo, Dios tiene que hacer una obra destructiva en nosotros. Tenemos que invitar a la cruz que haga su obra dentro de nosotros. Debemos poner nuestros pecados del "yo" personal delante de la cruz para que sean juzgados. Debemos estar dispuestos a sufrir cierta clase de sufrimientos, tales como los que sufrió Jesús cuando estuvo delante de Pilato.
Tengamos en cuenta que al hablar de rasgar el velo, estamos usando una figura poética que es placentera, pero la experiencia real en sí nada tiene de agradable. En la experiencia humana ese velo se forma de tejidos espirituales vivientes; está constituido de ese material sensible y vacilante que es nuestro ser. Cualquier cosa que lo toca nos hiere a nosotros con vivo dolor. Arrancar ese velo es hacernos daño, nos lastima y nos hace sangrar. Decir otra cosa es hacer que la cruz no sea cruz y la muerte no sea muerte. Nunca será divertido morir. Desgarrar la tela de que está compuesta la vida nunca dejará de ser doloroso. Pero eso es lo que la cruz significó para Jesús y es lo que debe significar para nosotros.
Tengamos cuidado de no tratar chapuceramente con nuestra vida interior con la esperanza de rasgar nosotros mismos el velo. Dios tiene que hacer eso. La parte nuestra debe ser entregarnos y confiar. Debemos confesar, desechar, resistir nuestros antojos y egoísmos, y darnos por co-crucificados con Cristo. Pero esta co-crucifixión no debe ser una laxa "aceptación" de Cristo, sino una verdadera obra hecha por Dios. No podemos conformarnos solamente con creer en una bonita y agradable doctrina de la crucifixión del yo. Si esto hiciéramos, estaríamos imitando a Saúl, que sacrificó algunas cosas, pero reservó para sí lo mejor del despojo.
Insistamos en que la obra sea hecha conforme a la mejor doctrina y también en la más completa realidad. La cruz es tosca, y mortal, pero es efectiva. No deja a las víctimas colgando indefinidamente de ella. Llega el momento cuando la obra queda consumada y la víctima muere.
Es después de la muerte que viene el gozo de la resurrección y la alegría de ver rasgado el velo. Entonces olvidamos los dolores que ha costado, y disfrutamos de la gloria de la presencia del Dios vivo.
Señor, ¡cuan preciosos son tus caminos, y cuan inciertos y sombríos son los nuestros! Enséñanos a morir, para que nos levantemos después a novedad de vida. Rasga de alto a abajo el velo de nuestro egoísmo, como rasgaste en dos el velo del templo. Nosotros nos acercaremos a tí en plena certidumbre de fe. Moraremos diariamente contigo aquí en la tierra, para acostumbrarnos a la gloria del cielo cuando lleguemos allá, para estar eternamente a tu lado. En el nombre de Jesús, amén.
 
Fragmento del libro LA BUSQUEDA DE DIOS, capítulo III, de A. W. Tozer

17 de julio - La herencia de la paz - Ray Stedman

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo. Juan 14:27 


Me pregunto: “¿Cuántos cristianos han realmente entendido el gran hecho de que la paz es nuestra herencia?”. La paz es lo que nos ha dejado Jesús. Es fundamental y es algo que no nos puede quitar ninguna circunstancia. Eso es lo que Él quiere decir con las palabras: “no os la doy como el mundo la da”.

¿De qué manera nos da el mundo la paz? Si usted se sintiese preocupado y fuese a un médico que no fuese cristiano y le preguntase usted: “¿Qué puedo hacer para tener paz?”, ¿qué le diría el médico?

“Haga usted un viaje; vaya a Hawaii; aléjese usted de todo”. En otras palabras: “Cambie usted sus circunstancias, vaya a un lugar donde nada le produzca inquietud, donde todo sea paz a su alrededor, y entonces podrá usted tener paz”.

Pero Jesús dice: “Yo os doy paz en medio de las tribulaciones, cuando se siente usted preocupado, dominado por la aflicción, la inquietud, los sufrimientos y las presiones. Yo puedo hacer que tenga usted paz en su corazón ahí mismo y no de la manera que el mundo la da”. ¿Por qué? Porque podemos regresar a esa relación básica que tenemos: “vosotros en mí y yo en vosotros”. Teniendo esto tenemos la garantía de que Él está cumpliendo Sus propósitos. Él hará que lleguemos al final de nuestra inquietud. Él acallará la tormenta y hará que cesen las olas. Nosotros podremos descansar en la barca satisfechos, sabiendo que “ninguna agua puede tragarse el barco en el que se encuentra el Maestro del océano, de la tierra y del cielo”. Eso es paz.

“Mi paz os dejo. (Por lo tanto)”, añade el Señor, “no se turbe vuestro corazón”. ¡Eso ha sido dirigido a usted! Significa que no tiene usted que inquietarse y estar ansioso, cansado y preocupado. “No se turbe vuestro corazón”. ¿Cómo? Regresando a ese lugar de descanso. Regrese usted a la cabina telefónica y descanse en ella con la confianza de que Superman está en el interior y se ocupará de la situación por usted y realizará Su propósito por medio de usted.

Padre, Tú me has hecho rico con la herencia de paz. Te doy gracias porque pase lo que tenga yo que pasar, sea cual fuere la dificultad, puedo tener paz porque Tú estás en mí y yo estoy en Ti.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿De qué manera le da el mundo paz? ¿Puede haber realmente una cura para un corazón atormentado?

 INFORMACIÓN

Querido lector, visitante, amigo, hermano:

Tras un año de interrupción por motivos de salud principalmente -aunque no exclusivamente- con mucho gozo y gratitud a Dios hoy retomamos las publicaciones. Como siempre, seguimos necesitando tu apoyo en oración para que este espacio permanezca en fidelidad absoluta a Dios Padre, exaltando a Jesucristo, bajo la guía constante de su Santo Espíritu. Nuestro anhelo es glorificar a Dios y aportar a la extensión de Su Reino.

Muchas gracias por visitarnos y compartir a otros!!

martes, 21 de julio de 2020

16 de julio - ¿Qué se requiere para obedecer? - Ray Stedman


 mujer feliz - Ser mamá inmigrante

El leer esto: “Obedecedme y me amaréis”, produce un cristianismo mecánico y árido sin calor ni gozo o gloria alguna. Pero lo que Jesús dice es: “Si me amáis, me obedeceréis”. Esto es algo fácil de hacer; no es difícil. Fíjese usted en que no dice: “Si me amáis, tendréis que guardar mis mandamientos”. No, es causa y efecto: “Si me amáis, el resultado será que guardaréis mis mandamientos”. Ese es el secreto de todo comportamiento apropiado en la experiencia cristiana. La prueba de nuestro amor es la obediencia.

Si se requiere el amor para obedecer, ¿qué es lo que produce el amor? Esa es la cuestión. Si ve usted a un cristiano desobedeciendo a Cristo o si se siente usted tentado a desobedecer, ¿qué es lo que hará que usted se dé la vuelta y hará que obedezca usted? Es el amor, y ¿cómo produce usted el amor? ¿Qué es lo que hará que le ame usted? Eso es lo que une el versículo 20 con el 21. Es ese secreto básico de nuestra identidad que crea el amor: el Espíritu en nosotros, liberando en nosotros el amor de Jesús y despertando al mismo tiempo nuestro amor hacia Él.

Recuerde usted cómo lo expresa Juan en su primera epístola: “Nosotros lo amamos a él porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). El recordar esto despierta el amor, o, como lo expresa Pablo en Romanos 5: “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (v. 5). Por lo tanto, la manera de producir amor es recordar quién es usted, a quién le pertenece usted y quién es Él, Su muerte, Su resurrección y Su unidad con usted, el hecho de que Él mora en su vida. No puede recordarse usted esto sin experimentar un sentimiento renovado de Su amor y sentir gratitud hacia Él por ser quien es y lo que Él ha hecho en su vida. Cuando ese amor empiece a fluir, entonces usted se sentirá motivado a obedecer.

Mucha de la mitología del mundo antiguo se basaba en la verdad bíblica, y algunas de nuestras fábulas modernas también reflejan esta verdad. Por ejemplo, nadie esperó jamás nada fuera de lo normal de Clark Kent, ese reportero periodista de carácter afable. Pero siempre que había una demanda de acción muy por encima de la habilidad de los meros humanos, siempre entraba en la cabina telefónica más cercana, se quitaba su traje de negocios conservador y salía, completo con sus músculos desarrollados y su traje espectacular, como Superman, pudiendo hacer lo que de otro modo no hubiese podido hacer.

Eso es exactamente lo que nos está enseñando la Palabra de Dios. Nosotros tenemos necesidad de introducirnos en la “cabina telefónica” de nuestra identidad con Cristo, para recordarnos a nosotros mismos quiénes somos, a quién le pertenecemos y quién está en nosotros, e inmediatamente hallaremos el amor, la motivación y el poder que está disponible para nosotros. Entonces podremos hacer lo que de otro modo no podríamos hacer. Esto es lo que está enseñando nuestro Señor a Sus discípulos en este momento: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”.

Señor, enséñame a retirarme a ese lugar en el que puedo renovar mi mente con las cualidades de mi identidad en Cristo, sabiendo que soy amado con un amor eterno, lleno de Tu Espíritu y pudiendo obedecer por el poder que obra en mí.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

Si es preciso amar para obedecer, ¿qué es lo que produce el amor? ¿Por qué está nuestra identidad en Cristo tan íntimamente relacionada con encontrar el amor y poner en práctica su poder?

 


miércoles, 15 de julio de 2020

Arraigadas en la Palabra (parte 1) - Nancy DeMoss Wolgemuth



15 de julio - El secreto de nuestra identidad - Ray Stedman


 Soñar con Cielo

Aquí Jesús nos habla acerca del secreto de nuestra identidad como creyentes. El hecho más fundamental de nuestra vida como creyentes es este: Jesús dice que no va a dejar a Sus discípulos abandonados o huérfanos. Estos hombres se sienten asustados y saben que Él se va a marchar. Recuerdan las insinuaciones que Él ha hecho de que sería por medio de violencia que le llevarían, y sería azotado y finalmente crucificado. Por eso se sienten temerosos, no solamente por Él, sino por ellos mismos. Pero ahora Él les está tranquilizando, diciéndoles: “No os dejaré huérfanos; no os voy a abandonar. Volveré a vosotros”.

Aquí no está hablando acerca de Su segunda venida. Su referencia a eso está en el versículo 3, donde dice que Él volverá de nuevo y les llevará consigo. Acerca de Su segunda venida, Juan nos dice: “Todo ojo lo verá” (Apocalipsis 1:7). Pero hay una manera de venir que el mundo no verá, pero los discípulos no solo le verán sino que vivirán con Él: “Porque yo vivo, vosotros también viviréis”. Eso es algo más que una sencilla referencia a Su resurrección y a la promesa de nuestra resurrección algún día. Es realmente una referencia a Su venida en el Espíritu, el resultado de la cual será “vosotros en mí y yo en vosotros”. Y ese ha de ser el secreto de nuestras vidas, de la misma manera que Su relación con el Padre era el secreto de Su vida.

Yo encuentro que hay cristianos por todo este país que no entienden esta verdad acerca de su nueva vida en Cristo. La verdad acerca de dónde procede su identidad es este hecho: Jesús está en ellos y vive en ellos. Es a este hecho que deben regresar siempre que haya presiones y problemas y que se les haga exigencias, porque es de este hecho que el secreto de la vida fluirá a ellos.

El día del Espíritu empezó en el Día de Pentecostés, cuando de repente el Espíritu de Dios fue derramado sobre estos creyentes y se convirtieron en personas transformadas, y ese día está todavía con nosotros. Empezó hace más de dos mil años y no ha terminado todavía. De hecho, en el Día de Pentecostés, Pedro se puso en pie y situó, por así decirlo, entre paréntesis sus extremos, los sucesos que marcarían el comienzo y el final del día del Espíritu. Empieza cuando es derramado el Espíritu Santo, tal y como había sido profetizado por el profeta Joel. Pedro cita esta profecía, diciendo: “Esto es lo dicho por el profeta Joel” (Hechos 2:16), este derramamiento del Espíritu sobre las personas; y acaba, dice, cuando “el sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y glorioso” (Hechos 2:20).

¡Señor, qué privilegio vivir en este nuevo día cuando el Espíritu ha sido derramado e incluso vive en mí! Enséñame a tener en cuenta esta profunda realidad hoy.

 

 

 

Aplicación a la vida

 

¿Cuál es el secreto definitivo de nuestras vidas? ¿Cómo podemos saber que esto es la verdad? ¿De qué modo se relaciona nuestra identidad con nuestra realidad?