Nuestro Señor escoge este precioso incidente y nos muestra su auténtico valor. Él dice cinco cosas al respecto que lo marcan como un acto extremadamente valioso. Primero, dice: “Ha hecho algo hermoso por mí”. La belleza de esto tiene que ver con la misma extravagancia. Esta mujer no se guardó nada del costoso ungüento, sino que rompió el frasco y derramó toda la cantidad sobre Él. Judas, con su mente práctica como un ordenador, calculó que su valor debía ser de unos trescientos denarios. Un denario era el salario de un día de un obrero, de modo que el salario de trescientos días sería una cantidad enorme. En opinión de Judas, esta mujer había derrochado una enorme cantidad de dinero al derramar el ungüento sobre Jesús. Fue un acto tan despilfarrador, y precisamente en eso radica su belleza.
Segundo, Él dijo que lo que ella había hecho había sido muy oportuno. “Era algo que solo podía hacerse en este momento. Siempre que queréis hacer el bien a los pobres, podéis hacerlo, porque siempre se encuentran alrededor”. Y está bien ayudar a los pobres, pero hay oportunidades que se presentan en nuestra vida por lo que es preciso aprovechar el momento para ofrecer este donativo, porque una ocasión así no se vuelve a repetir. Fue por la sensibilidad de su corazón que se dio cuenta de que el momento era el correcto, y Jesús reconoció esto.
Ella hizo entonces lo que era posible. Es decir, hizo lo que pudo. No podía prepararle una comida; no había tiempo para eso. No podía hacerle una prenda a Él; no había tiempo para eso. No había nada más que ella pudiera hacer para mostrarle su amor más que esto; así que hizo lo que pudo. Estoy seguro de que nuestro Señor ha llamado nuestra atención a esto porque es tan práctico para nosotros. Alguien ha dicho: “No soy más que un hombre, pero soy un hombre. No puedo hacerlo todo, pero puedo hacer algo, y lo que puedo hacer debiera de hacerlo. Y lo que yo debiera hacer, estoy disponible para hacerlo”.
El cuarto elemento de este acto tiene que ver con el hecho de que fue tan perspicaz. Nuestro Señor dice: “Ella ha ungido mi cuerpo de antemano para ser enterrado”. Muchas veces Jesús le dijo a estos discípulos que iba a morir. Ni uno de ellos lo creyó, excepto María de Betania. Ella había entendido que Él iba a ser enterrado, y como no podía estar segura de tener la oportunidad después para encontrar Su cuerpo con el fin de ungirlo para el entierro, lo hizo entonces, como un acto amoroso de servicio. ¡Qué consuelo debió de ser esto para nuestro Señor! De todos estos amigos que le rodeaban en esos momentos, solamente esta tuvo la sensibilidad de corazón como para entender lo que estaba sucediendo.
Finalmente, lo que ella hizo es algo que merece ser recordado, pues fue memorable. Jesús dijo: “La historia de este precioso acto se contará en recuerdo de ella por todo el mundo, dondequiera que sea predicado el evangelio”. Aquí estamos hoy, dos mil años después, cumpliendo esta palabra misma, contando de nuevo lo que hizo María de Betania cuando ungió la cabeza y los pies de nuestro Señor.
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| Aplicación a la vida |
| El Señor Jesucristo ha enseñado y dado ejemplos del amor extravagante, oportuno y abnegado. ¿Qué impresión causará cuando le permitamos a Él amar a otras personas por medio de nosotros? |
Versículo para hoy:
sábado, 25 de enero de 2020
25 de enero - La extravagancia del amor - Ray Stedman
viernes, 24 de enero de 2020
24 de enero - ¡Velad! - Ray Stedman
Aquí Jesús reúne todo el tiempo que ha transcurrido entre Su primera y Su segunda venida, dividiéndolas en cuatro periodos de vigilancia, la larga noche del pecado del mundo, y dice: “No sabéis (y creo que lo que da a entender es: “Yo no sé”) si la venida será pronto en ese tiempo o en medio de él, o cuando hayan pasado tres cuartas partes o justo al final”. Nadie lo sabe. Yo no lo sé, y vosotros tampoco lo sabéis. Pero es como un hombre que se marcha de viaje (aquí lo compara con Su propia marcha) que le da trabajo que hacer a sus criados y espera que lo hagan y pone a un portero que vigile.
¿Qué es lo que debe de vigilar? ¿Debe de estar pendiente del regreso de su amo? Así es como esto se interpreta generalmente. Pero no es así, porque tiene que empezar a vigilar tan pronto como su amo se marcha y sabe que su amo no va a regresar de inmediato. Entonces, ¿qué es lo que debe de vigilar? Debe de mantenerse alerta para que nadie le pueda engañar y logre entrar en la casa destruyendo y arruinando todo lo que tiene su amo. De modo que lo que está diciendo Jesús es: “¡Mantente alerta; no te vayas a dormir; vigila! Hay tentaciones y presiones que te asaltarán y te harán pensar que todo es una mentira, que harán que te des por vencido y dejes de vivir como un cristiano, para que dejes de caminar por la fe, para que dejes de creer en la verdad de Dios. Mantente alerta en contra de esto, y entretanto, haz tu trabajo. No permitas que nada te lo impida. No permitas que nada te aparte, impidiendo que seas lo que Dios quiere que seas en este día y en este tiempo”. Así es como se vigila. No debemos de estar mirando al cielo todo el tiempo, esperando Su venida. Eso sucederá cuando Él esté listo, de manera que debemos vigilar para no dejarnos engañar.
Yo me siento turbado por los muchos cristianos que da la impresión de que han abandonado la fe. Yo miro atrás a los muchos años de ministerio y veo a hombres a los que yo hubiese jurado que eran sólidos, tremendamente dedicados, fieles, cristianos que enseñaban la Biblia, pero que ahora están negando su fe y se han apartado. Y da la impresión de que esto es algo que está yendo en aumento por todas partes, con personas que están cayendo en la inmoralidad y en la iniquidad, apartándose de su fe, diciendo en efecto que ya no creen al Señor o en la Biblia. Es acerca de esto de lo que nos está advirtiendo el Señor de nuevo.
Por lo tanto, dice que nosotros debemos mantenernos despiertos. No crea usted en todas las voces seculares que nos dicen que el mundo va a continuar para siempre tal y como es ahora. No crea usted a las otras voces que nos dicen que Dios no existe, de manera que podemos vivir como queramos, o que si Dios existe, nunca nos va a juzgar. No crea usted a las voces que nos susurran constantemente y que intentan apartarnos de nuestra fe. Con una poderosa voz de mando Jesús concluye este mensaje, diciendo: “¡Velad!”
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| Aplicación a la vida |
| ¿Necesitamos nosotros mantenernos despiertos y reconocer los peligros de la complacencia y de la negligencia en nuestro caminar diario con Dios? ¿Por qué es preciso que nos mantengamos vigilantes, alertas y sobre todo en oración? |
jueves, 23 de enero de 2020
23 de enero - La actitud que importa - Ray Stedman
El cumplimiento religioso entre estos escribas y fariseos había llegado a un estado tan absurdo que algunos de los fariseos, antes de hacer su contribución al gran cofre de recaudación que Jesús estaba observando aquí, de hecho mandaron llamar a uno que tocase la trompeta y fuese delante de él para llamar la atención de todo el mundo. Entonces acudía un fariseo y depositaba con orgullo una bolsa de oro en el cofre de la tesorería, deseando que todo el mundo viese su gran donativo.
Yo oí hablar de un querido hombre que se puso de pie en una reunión donde estaban recogiendo una ofrenda y dijo: “Quiero dar cien dólares de manera anónima”. Pero en este pasaje Jesús dijo que la que verdaderamente tocó Su corazón y contribuyó de una manera tremenda al reino de Dios fue una pequeña desconocida viuda que no tenía ninguna influencia y en la que no había ninguna señal exterior de valer nada. Ella fue y depositó dos pequeñas monedas que tenían un valor de menos de un penique, pero debido a que ella amaba al Señor su Dios con todo su corazón, con toda su alma, con todas sus fuerzas y con toda su mente, los entregó, y Jesús dijo: “Ella ha hecho más por el reino de los cielos que todo acto exterior realizado por todos estos juntos”. ¿Qué es lo que nos dice esto a nosotros?
Nosotros tenemos claro el hecho de que Dios quiere alguna clase de actividad por nuestra parte. Creemos que la manera de servir a Dios es hacer cosas espectaculares o notables, ganar a un montón de personas a Cristo o dedicar nuestro tiempo y nuestro trabajo de maneras evidentes. Sin embargo, las Escrituras nos dicen una y otra vez que las obras son tan solo el canal. Dios quiere nuestro cumplimiento, pero solo si la actitud de nuestro corazón es la correcta. Si usted no puede hacer nada exteriormente, puede que su actitud siga siendo la correcta, su actitud hacia su prójimo, hacia sus amigos y sus hijos, su esposo o su esposa, su jefe y las personas que le irritan a usted. Si usted tiene una actitud de amor, está usted llegando lejos en el reino de Dios, haciendo mucho más que todo lo que realizan de manera exterior los grandes santos de nuestro día y tiempo.
¡Eso es verdaderamente asombroso! Dios dice: “Usted puede servirme en la quietud de su hogar teniendo un espíritu manso y dulce que resulta evidente en medio de las presiones y de los problemas. Usted ha hecho más por avanzar el reino de Dios que aquellos que salen y proclaman la palabra por medio de sistemas de discurso público por todas partes”. Así es como ve Dios la vida.
Esto es al mismo tiempo desalentador y alentador. Es desalentador para aquellos de nosotros que tenemos un ministerio público. Estamos tomando nota mentalmente en el fondo de nuestras mentes de lo impresionado que debería de estar Dios con lo que hacemos. Pero Dios está mirando nuestro corazón. Esto es algo que debe de animarnos a nosotros, haciendo que nos acordemos de esos momentos privados cuando cambia nuestra actitud. Nadie estaba observando; nadie vio lo que estábamos pensando, pero en lugar de ser cortos, cáusticos y sarcásticos, fuimos dulces, pacientes y dóciles. Jesús dice que el reino de Dios progresa gracias a esta actitud.
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| Aplicación a la vida |
| ¿Cuál es el punto de vista de Jesús acerca de la piedad religiosa? ¿Por qué fue necesario para Él denunciar severamente esta conducta pecaminosa de aquellos que proclamaban conocer a Dios? ¿Cuál es nuestra actitud? |
miércoles, 22 de enero de 2020
22 de enero - ¿Con qué autoridad? - Ray Stedman
Recuerdo haber leído hace algún tiempo sobre un brillante joven abogado que había sido criado como un pagano y no tenía el menor interés en el cristianismo. Alguien le había dado un Nuevo Testamento y lo estaba leyendo hasta el final. Cuando llegó a este relato de Marcos, leyó esta cuestión con un gran interés, porque él mismo se había visto involucrado en un dilema por el estilo. Cuando todo el impacto de las acciones de Jesús le impresionaron, se quedó totalmente sorprendido. Dejó la Biblia y se dijo a sí mismo: “¡Esa es la más sorprendente sabiduría!” Porque nuestro Señor no intentó contestar a esta cuestión directamente. De la misma manera que Él hacía las cosas, pidió una moneda. (Le tuvieron que prestar una, porque Él mismo no tenía ninguna), y la levantó en el aire. “¿De quién es la imagen que aparece en esta moneda?”, preguntó. Ellos contestaron: “De César”. Él continuó, diciendo: “Está bien, entonces debe ser el dinero de César. Dad a César las cosas que son de César. Pero Dios tiene Su sello sobre vosotros; así que, dad a Dios las cosas que son de Dios”.
Él nos muestra que la autoridad humana no solamente está limitada en su duración, sino que está limitada en su alcance y trata solamente con una parte de las personas. El gobierno secular ha sido ordenado por Dios. El apóstol Pablo nos dice claramente, y Pedro dice lo mismo: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien” (1 Pedro 2:13-14). Pedro reconoce que Dios está tras el gobierno secular, incluso cuando es un mal gobierno. Porque el rey al que se refiere Pedro no es otro que Nerón, un desgraciado degenerado moral. A pesar de lo cual, Pedro dice que es preciso honrar al rey como “autoridad suprema”.
Pero el gobierno humano, dice Jesús, solo tiene un control limitado sobre el pueblo. Tiene ciertos poderes sobre los cuerpos y las mentes de sus ciudadanos. Puede regular nuestra conducta hasta un cierto grado y tiene el derecho a influenciar y regular nuestras actitudes y acciones, lo que decimos y cómo lo decimos. Pero hay un área en la vida humana sobre la cual el poder secular no tiene ningún control, y esa es el espíritu humano. El poder secular no puede legislar a quién adoramos, quién gobierna nuestra conciencia y quién es la autoridad definitiva en la vida. “Dad a César lo que es de César”. Hay ciertas cosas que efectivamente le pertenecen a César, así que dádselas. Pero otras cosas relacionadas con usted solo le pertenecen a Dios, así que déselas usted a Dios.
El autor ruso Solzhenitsin representa un ejemplo del daño que hace el poder secular cuando intenta gobernar y controlar la adoración del pueblo. Él ha desafiado prácticamente por sí solo a uno de los más impresionantes poderes en la tierra y ha revelado lo vicioso y la explotación que siempre se produce como resultado cuando el poder secular intenta invadir el área proscrita de la existencia humana, que es el espíritu humano. Jesús está diciendo que los asuntos definitivos relacionados con la vida le pertenecen a Dios, no al pueblo, y la autoridad humana está, por lo tanto, limitada en su alcance.
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| Aplicación a la vida |
| ¿Hasta qué punto necesitamos reconocer y someternos al gobierno humano? ¿Cuáles son sus limitaciones? ¿Cuál es la autoridad definitiva ante la cual fueron responsables los discípulos de Cristo? |
martes, 21 de enero de 2020
21 de enero - El obstáculo del orgullo - Ray Stedman
Lo que Jesús está diciendo es: “El gran obstáculo para poder tener fe en Dios es el orgullo, un orgullo que se niega a perdonar. Eso es como una montaña que llena toda su vida, y todo lo que puede ver usted es esa enorme montaña que aparece ante usted y que está bloqueando la vida de Dios en su vida. Usted tiene el poder para hacer que eso sea eliminado si, cuando usted se pone en pie y ora, perdona usted a aquellas personas que le han ofendido”. Porque lo único que impide que nos perdonemos los unos a los otros es el orgullo. Creemos estar justificados en desear que otros nos perdonen a nosotros, pero también sentimos que debemos de exigir un precio por el daño que nos han causado a nosotros. Así que, de muchas maneras, de modo sutil o directo y abiertamente, insistimos en que no perdonaremos, que los que nos han ofendido deben pagar por lo que nos han hecho. De alguna manera, vamos a obligarles a que se arrastren, hacer que supliquen o que se humillen pidiendo perdón. “Y eso”, dice Jesús, “es una gran montaña que es preciso quitar de en medio, porque está bloqueando el fluir de la vida de Dios en su fe”. De modo que cuando se ponga usted en pie y ore, la vida fluirá de Dios cuando pueda usted reconocer que también usted necesita el perdón. Dios le ha perdonado a usted, Dios se lo ha ofrecido a usted gratuitamente, así que concédalo usted de la misma manera a la persona que le haya ofendido.
Después de muchos años de ministerio, yo puedo insistir en que esto es verdad. La cosa que por encima de ninguna otra bloquea el fluir de la vida de Dios a la persona, a la iglesia o a la nación, es que seamos incapaces de perdonar, el que nos aferremos a nuestros rencores, este deseo de humillar a alguien a fin de que nos sintamos bien, el que no estemos dispuestos a dejar a un lado estas cosas y a permitir que Dios sane lo que nos ha hecho daño en la vida.
Es por ello que Jesús da en el blanco sobre una cosa. ¿No es esto asombroso? La nación de Israel perdió su vida porque no quiso perdonar a los gentiles, a los romanos, que les habían ofendido y causado dolor. En lugar de ello, se empeñó en su propia justicia al respecto y miró con orgullo a Dios, diciendo: “Doy gracias a Dios porque no soy como esas otras personas”. Dios dice que esto es lo que acaba con la vida de una nación, que es lo que acaba con la vida de la iglesia, y además es lo que acaba con la vida espiritual de la persona, haciendo que quede separada.
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| Aplicación a la vida |
| ¿Cuál es el mayor obstáculo para el perdón que todos necesitamos conceder y recibir para sanar las relaciones? ¿Cómo podemos nosotros ser un conducto de la asombrosa gracia y misericordia de Dios? |
lunes, 20 de enero de 2020
20 de enero - No será así entre vosotros - Ray Stedman
Jesús ve la cruz que le está esperando. Santiago y Juan ven tronos esperándoles. ¿Y qué ven los otros diez? ¡Ven a Santiago y a Juan! Se sienten furiosos y muy molestos con ellos. ¿Por qué? Porque ellos fueron los primeros en llegar a Jesús y evidentemente querían las mismas cosas que querían Santiago y Juan, y estaban furiosos solo porque Santiago y Juan se les habían adelantado en llegar. Esta es con frecuencia la explicación de nuestra ira, ¿verdad? Con frecuencia nos enfadamos porque alguien ha pensado en ello antes de que lo hiciésemos nosotros.
Pero fíjese usted como Jesús deja de lado todo este politiqueo y los esfuerzos de ellos pidiendo privilegios especiales. Es así como funciona el mundo, pero no ha de ser parte del reino de Dios. En el reino, en la iglesia por así decirlo, no debe de haber discusiones y esfuerzos por ocupar puestos de honor. Pablo destaca esto de una manera maravillosa en el desarrollo del cuerpo de Cristo en 1 Corintios 12, donde dice que porque tenemos dones que nos han sido dados a nosotros por el Señor Jesús y un ministerio abierto por el Padre celestial, no tenemos necesidad de estar compitiendo con nadie.
Esto es lo que el Señor quiere explicar a Sus discípulos, de manera que les reúne y les dice pacientemente: “Sentaos, muchachos; hay algo que quiero deciros. Habéis mirado a los gentiles. ¿Os habéis fijado en que cuando ellos ejercen la autoridad es siempre sobre alguna otra persona? Miden su poder por el número de personas que tienen bajo ellos, que es la señal de su autoridad”. Eso es algo que sigue siendo verdad hoy. Así es como hacen las cosas las personas, como juzgan el éxito que tienen, y aunque esto produce toda clase de rivalidades, de competición, toda clase de trucos, politiqueo, de disimulos, de maniobras y manipulaciones, intentando socavar a los demás, con todo y con eso no podemos culpar a las personas por hacerlo, porque eso es todo lo que saben.
La clave se encuentra en estas palabras: “No será así entre vosotros”. La iglesia no debe ser establecida como una jerarquía de poder. No hay un orden de mando establecido en la iglesia de Jesucristo. Jesús ya le había dicho a estos discípulos: “Uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos” (Mateo 23:8). Cada uno de los apóstoles anda con cuidado para recordarnos el peligro de mandar sobre otra persona, los problemas que surgen cuando los que ocupan puestos de autoridad creen que tienen derecho a decirles a otros lo que deben de hacer o cómo deben de comportarse o qué deben pensar o cómo actuar, creyendo que tienen el derecho a tomar decisiones que otros deben de seguir. Eso no es cierto en la iglesia. Pablo se anda con cuidado diciendo a los corintios: “No que nos enseñoreemos de vuestra fe” (2 Corintios 1:24a). Esto es: “Podéis hacer lo que queráis. Vosotros estáis ante Dios y sois responsables ante Él, no ante mí”. Pero al mismo tiempo es fiel en decirles lo que ellos necesitan hacer y les advierte de los resultados con los que se pueden encontrar si no quieren hacerlo. Pero nadie debe de verse jamás condenado a hacer algo por medio de otra persona en la iglesia. El Señor es el único que manda.
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| Aplicación a la vida |
| ¿De qué manera los principios del liderazgo que enseñó Jesús capacitaron a Sus discípulos para vivir en contra de la cultura? ¿Cómo se enfrenta un auténtico seguidor con las luchas de poder políticas y personales? |
domingo, 19 de enero de 2020
19 de enero - El peligro de los excesivamente privilegiados - Ray Stedman
Esta es una afirmación asombrosa que hace Jesús. En ella destaca el terrible peligro de la afluencia. Esto, dice Él, hace cosas horribles al alma. La mayoría de nosotros, si no abiertamente al menos en secreto, tenemos envidia a los ricos y desearíamos tener dinero. Y sin embargo, si realmente entendiésemos lo que está diciendo Jesús, no nos sentiríamos de esta manera, sino que tendríamos compasión por ellos. Creemos que tienen un privilegio excesivo, pero son personas despojadas. Han sido robadas por las cosas que tienen. De modo que Jesús enfatiza el terrible peligro de la riqueza. “Es imposible”, dice, “para un rico entrar en el reino de Dios”.
No restemos importancia a lo que Él dice aquí. Algunos comentaristas intentan explicar que el “ojo de la aguja” se refería a una pequeña puerta, de unos cuatro pies de altura, situada en la muralla de Jerusalén y que retorciéndose y meneándose el camello podía evidentemente entrar por ella. Yo no encuentro demasiada evidencia que apoye este punto de vista y creo más bien que Jesús se estaba refiriendo a una aguja en el sentido literal. Intente usted imaginarse a un enorme camello, con su joroba, intentando pasar apretadamente por el ojo de una aguja. Jesús les está diciendo: “Es imposible”.
¿Por qué es imposible? Está claro a juzgar por el contenido que las riquezas tienden a destruir las cualidades que debe tener usted para poder entrar en el reino de Dios. Destruye la sencillez en la vida, semejante a la de los niños. La afluencia crea una preocupación por los valores secundarios. Las personas ricas no se preocupan pensando de dónde vendrá su próxima comida, se preocupan por el gusto que tendrá. No les preocupa si están adorando a Dios correctamente, sino de poder estar en un edificio precioso. Las riquezas transfieren su preocupación de lo necesario a las cosas secundarias.
Es más, la afluencia destruye la capacidad para aprender, porque crea un sentido falso de poder y de autoridad. Los que tienen poder gracias a su dinero empiezan a sentir que ellos deberían de ser los maestros. ¡No necesitan aprender, porque ya lo saben todo! Esto hace que sean arrogantes, que se muestren indiferentes e insensibles a las necesidades de otros, haciendo que estén aislados y que tengan una falta de interés.
Finalmente, la afluencia gradualmente esclaviza a aquellos que están relacionados con ella. Crea una creciente dependencia de la comodidad, de “la buena vida”, hasta que las personas llegan a un punto en el que no pueden renunciar a estas cosas; sus posesiones se han apoderado de ellas. Como una droga que crea hábito, se vuelven adictas a las cosas, adictas a la comodidad y a la holgura. Por lo tanto, destruye el espíritu que se interesa, que está listo y dispuesto a seguir la verdad siempre que se revela.
Es por eso que Jesús dijo que es imposible para las personas, pero no para Dios. Esta es la nota de la gracia. Dios puede romper la esclavitud a las riquezas. ¿No es interesante que si una persona rica viene a Cristo, tiene que venir exactamente de la misma manera que el mendigo más pobre que no tiene donde vivir? Las personas ricas tienen que admitir su completa y total necesidad y venir como pecadores culpables, desgraciados y miserables, para recibir el don de la vida de manos de Jesús desde la cruz. No hay ninguna otra manera de venir.
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| Aplicación a la vida |
| ¿Nos mantenemos nosotros alerta a los posibles efectos corrosivos de que nuestras posesiones se apoderen de nosotros? ¿Es nuestra actitud una actitud que demuestra que estamos dispuestos a renunciar a ellas y volver de nuevo a Sus manos? |
sábado, 18 de enero de 2020
18 de enero - El propósito del matrimonio - Ray Stedman
Hay muchísimas implicaciones en esta afirmación. Para empezar, reconocemos que elimina nociones como puedan ser “los matrimonios homosexuales”. No existe nada por el estilo. Estas tergiversaciones patéticas no son más que un comentario penetrante de las ideas torcidas y distorsionadas que prevalecen en la sociedad hoy. Para contraer matrimonio es preciso que esté formado por un hombre y una mujer, y así ha sido siempre desde el principio.
Pero lo que nuestro Señor deja claro es que esta relación es la relación más elevada posible en la vida y tiene prioridad sobre todas las demás. La relación incluso más cercana que la de la sangre es el matrimonio, en la mente y en el corazón de Dios. Es más cercana que la de los hijos que puedan tener. Es preciso que las personas se conviertan en maridos y esposas antes de que se conviertan en padres y madres. Esto indica una prioridad en las relaciones. El hombre está más cerca de su esposa, y ella lo está del marido de lo que jamás lo estarán de sus hijos. Aunque puede que nosotros no nos sintamos de esta manera, esta es la verdad.
¿Cuál es, pues, el propósito del matrimonio? Es convertirse en uno; para esto son los matrimonios. Dos personas que son dispares, personas distintas y diferentes, con diferentes personalidades, diferentes dones, fusionan y unen sus vidas de modo que por medio de este proceso se convierten en una sola carne, que es lo que significa el matrimonio. No es algo que sucede de manera instantánea cuando usted se casa. La ceremonia de enlace matrimonial no les convierte a ustedes en uno. El primer acto sexual después del matrimonio no les convierte en uno. Comienza el proceso, pero no lo acaba. Es preciso todo el tiempo de matrimonio para lograr esto, de manera que el matrimonio es el proceso de dos personas convirtiéndose en una.
Por lo tanto, el hombre y la mujer no deben de vivir juntos como compañeros de cuarto. El matrimonio no significa que cada uno sigue su camino por separado, teniendo sus diferentes carreras y sencillamente compartiendo una casa y una cama. Ni tienen por qué separarse por cada problema o dificultad que pueda surgir entre ellos; deben de solucionarlos. No están separados; deben decidir permanecer juntos, pasar el resto de sus vidas juntos, de forma que puedan unir sus vidas. Por lo tanto, dejan de ser rivales para convertirse en compañeros. De modo que un matrimonio que tiene éxito no es uno exento de problemas; es aquel en el que se resuelven los problemas, donde el marido y la mujer no se separan, sino que permanecen unidos, enfrentándose con sus problemas, descubriendo la dureza de corazón que existe y aprendiendo de qué manera puede Dios ablandarla. En otras palabras, es un proceso, no una sola producción. Es un peregrinaje, no una representación de seis semanas de duración. La intención es que sea una representación pública, no una situación privada. Es un contrato de por vida, no una franquicia que se puede negociar de nuevo, como muchos creen hoy.
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| Aplicación a la vida |
| ¿Ha corrompido la percepción cultural del matrimonio nuestra concepción del plan de Dios para esta relación de fundamento? ¿De qué modo la manera errónea de participar en el matrimonio va en contra de la intención de Dios? |
viernes, 17 de enero de 2020
17 de enero - ¿Quién es el más grande? - Ray Stedman
Es evidente que nuestro Señor sabía de lo que habían estado hablando estos discípulos. Así que cuando llegan a la casa en Capernaum les pregunta: “¿Qué discutíais por el camino?”, una pregunta sencilla y normal, pero se encuentra con un silencio desconcertante porque ellos habían estado discutiendo quién era el mayor entre ellos. Por algún motivo eso no sonaba justo en la presencia de Jesús. Sería maravilloso si nosotros siempre fuésemos conscientes de que lo que decimos y pensamos es algo que hacemos en Su presencia. Haría que nos sintiésemos de manera diferente acerca de muchas cosas.
No sabemos cómo surgió este argumento. Sospecho que fue causado por los acontecimientos relacionados con la transfiguración. Santiago, Pedro y Juan habían sido escogidos para estar en la montaña con el Señor y observar esta maravillosa visión. Jesús les había encargado estrictamente que no dijesen nada a nadie acerca de lo que habían visto, y creo que cumplieron este encargo. Pero es bastante posible guardar un secreto de tal manera que todo el mundo esté ansioso por descubrir más. Cuando regresaron, es posible que los otros preguntasen: “¿Qué pasó allí arriba?” Y ellos dijesen: “La verdad es que no nos está permitido hablar de ello. Uno de estos días tal vez podamos decíroslo, pero vosotros los discípulos ordinarios estáis excluidos de esto por ahora”. Y luego, como es natural, surgió el argumento respecto a cuál de ellos era el más grande.
Para contestar a esto, Jesús hizo una afirmación maravillosamente reveladora. Les dijo la verdad acerca de la ambición. No les reprendió por desear ser el más importante. Él nunca les reprendió por su deseo. De alguna manera Dios ha creado en el corazón de cada ser humano el deseo de tener éxito en cualquier cosa que hagamos. Él no les reprendió, porque esto forma parte de nuestra humanidad, es decir, el deseo de tener éxito. Lo que sí hizo fue hablarles sobre el verdadero camino de la grandeza: “No es intentando ser el primero”, les dijo, “es estando dispuestos a ser el último. No es haciendo que otros os sirvan, sino siendo cada uno de vosotros siervo de todos”.
Hay dos clases diferentes de ambición. Hay la ambición de conseguir la aprobación y el aplauso de otras personas y la ambición de recibir la aprobación y el aplauso de Dios. Están aquellos que quieren conseguir la fama, la atención, la influencia y el poder. La medida de la ambición de ser grande ante otros es siempre: “¿Cuántos me sirven? ¿Cuánto poder puedo yo tener sobre otros? ¿Hasta dónde llega mi influencia?” ¿Quién de nosotros no ha sufrido muchas veces por causa de este deseo de ser conocido, de ser admirado y de ser considerado importante?
Pero Jesús destaca el hecho de que la verdadera grandeza no se encuentra nunca ahí. La medida de la auténtica grandeza es: “¿A cuántos puedo servir? ¿A cuántos puedo ayudar?” Esta es la marca de grandeza a los ojos de Dios. ¡El cristianismo es una fe radical! Es exactamente lo contrario a los instintos naturales del corazón. Nuestras inclinaciones naturales harán que nos encontremos cada vez con más aflicciones. Aunque consigamos alguna forma de grandeza a los ojos de otras personas, se convertirá en telas de araña y cenizas en nuestras manos.
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| Aplicación a la vida |
| ¿Qué enseña Jesús como un criterio radicalmente diferente de la grandeza y el poder? ¿Reflejan nuestras vidas un cada vez mayor entendimiento y aplicación de Sus enseñanzas y de Su ejemplo? |
jueves, 16 de enero de 2020
16 de enero - La gloria que sigue - Ray Stedman
¡Este es un acontecimiento asombroso! En este relato encontramos cuatro sucesos dramáticos que nos llaman inmediatamente la atención. Primero, está el cambio glorioso en la persona de nuestro Señor mismo. De repente, mientras estaban con Jesús en aquella montaña, Su rostro se transformó. Su ropa se volvió blanca y todo Su ser radiaba gloria. Esto es algo que solo podemos entender cuando vemos que lo que Él hizo fue deslizarse en la eternidad, en un sentido, para tener la gloria que había tenido con anterioridad. Por lo tanto, es evidente que nuestro Señor no tenía que morir. Ese es uno de los significados de la transfiguración, que deja claro que no tenía razón alguna para tener que pasar por la muerte. Podía cruzar los límites del tiempo a la eternidad sin tener que pasar por la muerte.
La segunda cosa que nos impresiona es el relato de los visitantes celestiales, Moisés y Elías. Parece ser que los discípulos no tuvieron dificultad para reconocer de inmediato quiénes eran aquellos hombres. Jesús no dijo: “Pedro, Santiago y Juan, me gustaría que conocieseis a Moisés y a Elías”. No, ellos supieron de inmediato quiénes eran. En la gloria no habrá necesidad de presentaciones.
El tercer elemento de enorme interés en este relato es la proposición que hace Pedro. Después de escuchar a estos hombres discutir juntos estos extraños sucesos, Pedro, con su manera acostumbrada, interrumpe diciendo: “Maestro, es bueno que estemos aquí. ¡Esto es formidable! Construyamos tres cabañas y vivamos aquí. Podemos establecernos aquí y hacer que esta sea nuestra central en nuestro mundo. Haremos una para ti, una para Moisés y otra para Elías”. Es evidente que él estaba pensando en que podían transformar la montaña en la central de un movimiento de reforma mundial que iba a comenzar. Llevarían a cabo la obra justo desde esa montaña como el centro de toda la actividad. Eso nos muestra lo insensato que fue y lo poco que había entendido de lo que Jesús había intentado decirle. ¡Alguien ha dicho que solamente existen dos clases de oradores: aquellos que tienen algo que decir y los que quieren decir algo! Pedro era sencillamente un hombre que tenía que decir algo, de modo que hace esta proposición de que conviertan aquel lugar en su central para una gran campaña para apoderarse del mundo.
Pero apenas si había dicho aquellas palabras cuando fue interrumpido y tuvo lugar el cuarto suceso dramático. De repente se vieron rodeados por una nube. Yo estoy convencido de que fue una nube idéntica a la que se menciona en el Antiguo Testamento, que cubrió el tabernáculo durante el día, la gloria de Dios, llamada la shekinah. Ellos oyeron una voz que les hablaba desde la nube, diciendo: “Este es mi Hijo amado; a él oíd”. No hay duda alguna de que esta es una corrección de la afirmación impetuosa de Pedro. El Padre mismo está diciendo: “Pedro, no pongas a Jesús a la misma altura que Moisés y que Elías. Escúchale a Él, que es acerca del cual hablaron Moisés y Elías. Él es quien cumplió las predicciones de los profetas y los sacrificios de la ley. Escúchale a Él, que es mi Hijo amado”.
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| Aplicación a la vida |
| Los discípulos de Jesús fueron testigos de una revelación que les abrió los ojos a la majestad y a la deidad de Jesús. ¿Cuáles son las asombrosas implicaciones para nosotros al leer acerca de Su transfiguración? |
miércoles, 15 de enero de 2020
15 de enero - ¿Salvando o perdiendo? - Ray Stedman
¿Quién no está interesado en salvar su vida, en hacer que valga la pena, en llevar una vida rica, que valga la pena vivirla? En lo más profundo de nuestro ser, cada uno de nosotros tiene ansias de vivir y desea hallar la vida en toda su amplitud, tal y como fue diseñada para que la viviésemos de este modo. Es a esto a lo que se está refiriendo Jesús. “Si es esto lo que queréis”, dice, “os diré cómo lo podéis conseguir”. Hay dos actitudes hacia la vida que son posibles, y usted puede tener la una o la otra.
Una actitud es salvar la vida ahora, acumularla, aferrarse a ella, abrazarla, intentar apoderarse de ella por sí mismo, cuidarse a sí mismo, confiar en sí mismo, asegurarse de que en cada situación su principal y primera preocupación sea: “¿Qué es lo que tiene que ofrecerme la vida?” Esa es una manera de vivir, y millones de personas están viviendo de este modo hoy.
La otra actitud es perderla: desecharla, despreciar la ventaja que puede tener para usted una situación y seguir adelante dependiendo de Dios, sin preocuparse por lo que pueda sucederle a usted. Abraham obedeció a Dios; fue a una tierra que no sabía donde estaba, haciendo el viaje sin un mapa, aparentemente sin preocuparse de lo que le pudiese suceder. Sus vecinos le reprocharon y le reprendieron por no preocuparse por sí mismo. Esto ha de ser una forma de vida, dice Jesús. Confíe en Dios, obedézcale y deje usted la responsabilidad sobre lo que vaya a pasar a Dios.
Solo hay dos resultados que pueden tener lugar. Si salva usted su vida, si puede aferrarse a ella, atesórela usted; obtenga todo lo que pueda para sí mismo. Luego Jesús dice, la perderá usted. Esta no es una mera trivialidad, porque Él está afirmando una ley fundamental de la vida. Descubrirá usted que tiene todo lo que deseaba, pero no querrá usted nada de lo que tenga. Descubrirá que toda la vida a la que usted se estaba aferrando se le ha escapado entre los dedos, al acabar usted con un puñado de telarañas y de cenizas, sintiéndose insatisfecho, vacío, sin nada, burlado por lo que tenía usted la esperanza de conseguir.
“Pero pierda usted su vida por Mi causa y por el evangelio”, dice Jesús, “pierda usted su vida entregándose a la causa de Cristo, renunciando a su derecho a sí mismo, tomando su cruz y siguiéndome a Mí, y la salvará usted”. No la habrá usted derrochado, la salvará usted y hallará contentamiento y satisfacción, así como la paz interior y un sentido de su valor respecto a su manera de vivir. Descubrirá usted, no solo en el cielo algún día, sino ahora mismo, que a pesar de que es posible que no tenga usted todas las cosas que tienen otras personas, su vida será rica, provechosa y satisfactoria.
Este es el plan de Dios en la obra del discipulado. Jesús no vino a llamarnos a encontrarnos con la esterilidad, la debilidad, las tinieblas y una muerte final. Él nos ha llamado a la vida, a la riqueza, al disfrute, a la realización en la vida. Pero Él nos ha dicho que el camino para conseguirlo es la muerte. El discipulado acaba en vida, no en muerte. Acaba con la realización y la satisfacción, pero la única manera que podemos encontrarla es por medio de la cruz.
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| Aplicación a la vida |
| ¿Está la relación con Jesús cambiando radicalmente nuestras actitudes hacia nosotros mismos y nuestra manera de vivir? ¿Cuál es el plan de Dios para cambiar nuestra muerte por Su vida vibrante y eterna? |
martes, 14 de enero de 2020
14 de enero - La necesidad de la cruz - Ray Stedman
El cristianismo sin la cruz, no es cristianismo ni mucho menos, sino un sustituto gastado y baboso. La palabra de la cruz es la que lo hace cristiano. ¿Qué significa? Tres elementos, que se destacarán al continuar nuestro estudio en Marcos.
Primero, significa el final de lo natural, el final de lo que llamamos “auto suficiencia”. ¡Esta es la filosofía de nuestro tiempo y la manera de despreciar el mundo este mensaje con la intención de eliminarlo! ¡No es solo que el mundo no lo entiende, sino que lo desprecia literalmente! Todo aquel que lo predica está considerado como si estuviese predicando tonterías. Como cristianos hemos sido llamados a creer en nuestro Señor o, a escuchar a las voces que susurran en nuestros oídos, lo uno o lo otro. ¿Cuál de estas es verdad? La palabra de la cruz significa el fin de nuestra confianza en nosotros mismos, y eso es algo que no nos gusta porque significa destruir nuestra vida natural. Nada de lo que tenemos por el hecho de haber nacido vale jamás la pena o es aceptable a los ojos de Dios. La cruz destruye a las personas. No las mejora, no hace que sean mejor en ninguna manera; las destruye.
Es más, el segundo elemento incluye el dolor y el sufrimiento. Siempre es así, porque no nos gusta ser eliminados. ¿Quién de nosotros, si se le permitiese escoger el programa mediante el cual servir a Dios, incluiría alguna vez la derrota, el desastre, la desesperación, la decepción, la desilusión y la muerte? Pero estos son los elementos que Dios encuentra totalmente esenciales para llevar a cabo Su plan para nosotros. ¿Dificultad y peligro? Sí, los incluimos. Desafían a la carne y hacen que parezca ser algo, cuando los vence. ¿Pero la derrota? ¡Nunca! ¿El deshonor? ¡Nunca! ¿El desastre? ¿La decepción? ¡No! ¿La muerte? ¡Inconcebible! Pero son las cosas que Dios escoge.
El tercer elemento del camino de la cruz es que lleva a la resurrección. ¿No es extraño que parece que los discípulos no escucharon a Jesús cada vez que habló acerca de la cruz? Dijo que después de tres días resucitaría de nuevo. Parece que ellos se sintieron paralizados por la cruz sin poder pasar jamás de ella. La rechazaron, se negaron a escuchar acerca de ella y nunca entendieron lo que significaría el glorioso acontecimiento de la resurrección, hasta el momento en que sucedió. Pero el camino de la cruz siempre lleva a una resurrección, a un nuevo principio, en términos diferentes. Lleva a la libertad, a ser libres de la catástrofe natural y del desastre, a que nuestro espíritu esté en paz y descansado, a pesar de lo que está sucediendo a su cuerpo o a su persona. Esto es lo que realmente quieren las personas. ¡Cómo anhelamos y soñamos con ser libres, adecuados, capaces de enfrentarnos con la vida, pudiendo manejar la vida, sin sentirnos angustiados en nuestros corazones!
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| Aplicación a la vida |
| Teniendo en cuenta que la Cruz y la Resurrección del Señor Jesús son los pilares, que son el fundamento del cristianismo, ¿no comprendemos nosotros y valoramos su profundo efecto sobre nuestras vidas diarias? |
lunes, 13 de enero de 2020
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