Versículo para hoy:

jueves, 22 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 22

“Cuando mi corazón desmayare, a la peña más alta que yo me conduzcas”. Salmo 61:2.

LA mayor parte de nosotros sabe qué es tener el corazón desmayado, estar vacío como cuando alguien limpia un plato y lo da vuelta, estar hundido y echado sobre su costado como un barco vencido por la tempestad. El descubrimiento de los pecados secretos producirá este efecto, al permitir el Señor que el gran abismo de nuestras maldades entre en erupción y vomite cieno y lodo. Los chascos y los disgustos producirán este efecto cuando olas tras olas pasen sobre nosotros y nosotros seamos semejantes a un casco roto arrojado de aquí para allá por la marejada. Gracias a Dios que en esas ocasiones no carecemos de un muy suficiente solaz, pues nuestro Dios es el puerto de las naves sacudidas por el temporal, y el refugio de los peregrinos desamparados. Dios está más alto que nosotros; su gracia es más alta que nuestros pecados y su amor más alto que nuestros pensamientos. Es lastimoso que los hombres pongan su confianza en algo más bajo que ellos; en cambio, nuestra confianza está puesta en un Señor muy alto y glorioso. El es una Roca porque no cambia y una alta Roca porque las tempestades que nos abruman ruedan lejos debajo de sus pies. El no se turba por ellas, sino que las domina a su voluntad. Si nos refugiamos debajo de esta alta Roca podemos desafiar el huracán. Todo es calma bajo el sotavento de aquella elevada Roca. ¡Ay!, es tal la confusión en la que a menudo está la turbada mente, que necesitamos dirigirnos a este divino refugio. De ahí la oración del texto. ¡Oh! Dios nuestro, enséñanos por tu Santo Espíritu la senda de la fe y guíanos a tu reposo. El viento nos lleva hacia la mar; el timón no responde a nuestra débil mano. Tú, tú sólo puedes, entre las escondidas rocas, conducirnos sanos y salvos a puerto seguro. ¡Cuán dependientes somos de ti! Necesitamos que tú nos conduzcas a ti. El ser sabiamente dirigidos y guiados en seguridad y paz es don tuyo y sólo tuyo. Complácete esta noche en estar en buenas relaciones con tus siervos.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Son los hijos realmente una bendición del Señor? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 21

“No juntes con los pecadores mi alma”. Salmo 26:9.

EL temor hizo que David orara de esta manera, pues algo le decía: “Quizás, después de todo, tú seas juntado con los réprobos”. Ese temor, aunque desfigurado por la incredulidad, brota principalmente de la santa ansiedad, originándose en el recuerdo de los pecados pasados. Posiblemente aun el hombre perdonado pregunte: “¿Qué pasará si, al fin, mis pecados son recordados y yo soy eliminado de la lista de los salvados?” El tal recuerda su actual infructuosidad: ¡tan poca gracia, tan poco amor, tan poca santidad!, y, al mirar hacia el futuro, piensa en su debilidad y en las muchas tentaciones que lo asedian y teme que pueda caer y llegue a ser presa de los enemigos. Un sentido de su pecado y de su persistente maldad lo lleva a orar con temor y temblor: “No juntes con los pecadores mi alma”. Lector, si tú has elevado esta oración y si tu carácter está correctamente descrito en el Salmo donde se halla esta oración, no necesitas temer que seas juntado con los pecadores. ¿Tienes las virtudes que tenía David: el andar en integridad y el confiar en el Señor? ¿Estás descansando en el sacrificio de Cristo y puedes rodear el altar de Dios con humilde esperanza? Si es así, vive tranquilo, pues nunca serás juntado con los réprobos, ya que esa calamidad es imposible. En la siega que se hará en el juicio, cada uno será puesto con sus iguales. Dice la Palabra: “Juntad primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí”. Si, pues, tú eres semejante al pueblo de Dios, estarás con el pueblo de Dios. No puedes estar junto al réprobo, pues tú has sido comprado con mucho precio. Redimido por la sangre de Cristo, eres suyo para siempre; y donde él está tiene que estar su pueblo. Tú eres muy amado como para ser desechado con los réprobos. ¿Puede perecer uno a quien Cristo ama? ¡Imposible! ¡El infierno no te puede retener! ¡El cielo te reclama! ¡Confía en tu Fiador y no temas!

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 20 de septiembre de 2016

¿Eres verdaderamente pro vida? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 20

“A la tarde no dejes reposar tu mano”. Eclesiastés 11:6.

A la tarde del día las oportunidades son muchas. Los hombres regresan de sus labores y el celoso conquistador de almas halla tiempo para hablar a todos del amor de Jesús. ¿No tengo yo alguna obra que hacer por Jesús esta tarde? Si no la tengo, que no deje reposar mi mano frente a un servicio que requiere mucho trabajo. Los pecadores perecen por falta de conocimiento. El que malgasta el tiempo hallará sus faldas rojas con la sangre de las almas. Jesús dio sus dos manos para que fuesen clavadas. ¿Cómo puedo yo retirar de su bendita obra una de las mías? Noche y día Jesús trabajó y oró por mí. ¿Cómo puedo yo dar siquiera una hora para regalar mi carne con ojo lujurioso? ¡Arriba, ocioso corazón! Extiende tu mano para trabajar o levántala para orar. El cielo y el infierno se muestran activos. Que yo también haga lo mismo y esta tarde siembre la buena simiente a favor del Señor mi Dios.
La tarde de la vida tiene también sus obligaciones. La vida es tan corta que una mañana de juventud y una tarde de vejez es todo lo que tiene. A algunos les parece larga. Pero lo que pasa es que para un pobre, pocos pesos constituyen una fortuna. La vida es tan breve que ningún hombre puede dejar perder un solo día. Bien se ha dicho que si un gran rey nos trajese un montón de oro y nos invitase a tomar tanto cuanto pudiésemos contar en un día, trabajaríamos todo ese día. Empezaríamos temprano por la mañana y en la tarde no dejaríamos reposar nuestra mano. Pero el conquistar almas es una labor mucho más noble. ¿Cómo es, pues, que la abandonamos tan pronto? Algunos son dejados hasta una larga tarde de lozana vejez. Si yo soy uno de ellos, procuraré usar los talentos que aún tengo y serviré a mi bendito y fiel Señor hasta los últimos instantes de mi vida. Por su gracia, seguiré luchando y sólo dejaré mi cargo cuando caiga mi cuerpo. La vejez puede instruir a la juventud, alentar al abatido y animar al desalentado. Si la caída de la tarde no tiene tanto calor, tiene, en cambio, más serena sabiduría. Por lo tanto, a la tarde, no dejaré reposar mi mano.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Una Sanación más Profunda - Joni Eareckson Tada - Conferencia Fuego Extraño

¿Por qué es la vida humana valiosa? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 19

“Por este niño oraba”. 1 Samuel 1:27.

LAS almas piadosas se complacen en estimar los favores que han recibido en respuesta a la oración, pues ven en ellos una manifestación particular del amor de Dios. Cuando podemos dar el nombre de Samuel, esto es, “demandado de Dios”, a las bendiciones que recibimos, esas bendiciones serán para nosotros tan queridas como lo fue ese niño para Ana. Peninna tuvo muchos hijos, pero los tuvo como bendiciones comunes, no por haberlos pedido en oración. En cambio Ana, lo demandó con ardiente plegaria y, por eso, al dárselo el cielo, le fue muy querido. ¡Cuán agradable fue para Samsón aquella agua que halló en Enhaccore: “el pozo del que ora”! Las copas de casia hacen amargas todas las aguas, pero la copa de la oración pone dulzura en las bebidas que ella contiene. ¿Hemos orado por la conversión de nuestros hijos? Entonces, ¡cuán doblemente agradable es ver en ellos, al ser salvados, nuestras peticiones contestadas! Es mejor regocijarse por ellos como fruto de nuestras intercesiones que como fruto de nuestros cuerpos. ¿Hemos demandado al Señor algún selecto don espiritual? Cuando lo recibamos, vendrá envuelto en el áureo ropaje de la fidelidad y de la veracidad de Dios, y así será doblemente precioso. ¿He pedido éxito en la obra del Señor? ¡Cuán agradable es la prosperidad que viene volando sobre las alas de la oración! Es siempre mejor lograr que las bendiciones lleguen a nuestras casas en forma legítima, a través de la puerta de la oración; entonces esas bendiciones serán realmente bendiciones y no tentaciones. Cuando las oraciones no son contestadas rápidamente, las bendiciones se harán más ricas por la demora. El niño Jesús fue mucho más querido para María cuando lo halló después de haberlo buscado con dolor. Lo que conseguimos por la oración, debemos dedicarlo a Dios, como Ana dedicó a Samuel. El don vino del cielo; que vuelva al cielo. La oración lo trajo; la gratitud prorrumpió en alabanzas por él. La devoción, pues, debe consagrarlo. Aquí habrá una ocasión especial para decir: “lo recibido de tu mano te damos”. Lector, la oración, ¿es tu deleite o tu fastidio? ¿Cuál de los dos?

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 18 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 18

“Y me siguen”. Juan 10:27.

DEBIÉRAMOS seguir a nuestro Señor resueltamente como las ovejas siguen a su pastor, pues él tiene derecho a guiarnos a donde le plazca. No somos nuestros, sino comprados por precio. Reconozcamos, pues, los derechos de la sangre redentora. El soldado sigue a su capitán; el siervo obedece a su señor. Con mayor razón, entonces, debemos nosotros seguir a nuestro Redentor, de quien somos posesión adquirida. No somos fieles a nuestra profesión de cristianos si objetamos las órdenes de nuestro Jefe y Caudillo. Nuestro deber es la sumisión; nuestra insensatez, la cavilación. A menudo puede nuestro Señor decirnos lo que dijo a Pedro: “Que te importa a ti; sígueme tú”. Doquiera el Señor nos guíe, él va delante de nosotros. Aunque no sepamos dónde vamos, sabemos con quién vamos. ¿Quién teme, con tal amigo, los peligros del camino? El viaje puede ser largo, pero los eternos brazos de Dios nos llevarán hasta el fin. La presencia de Jesús es garantía de eterna salvación, pues porque él vive nosotros también viviremos. Debemos seguir a Cristo con sencillez y fe, porque las sendas en las cuales él nos guía todas terminan en gloria e inmortalidad. Es cierto que esas sendas pueden no ser llanas, sino pedregosas, pero nos conducen a la “ciudad que tiene fundamentos, el artífice y hacedor de la cual es Dios”. “Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad para los que guardan su pacto”. Pongamos plena confianza en nuestro Jefe, pues sabemos que venga la prosperidad o la adversidad, la enfermedad o la salud, la popularidad o el desprecio, su propósito se cumplirá, y ese propósito será para todo heredero de la gracia un bien puro y sin mezcla. Hallaremos placentero el subir con Cristo el yermo lado del collado y, cuando la lluvia y la nieve caigan en nuestro rostro, el caro amor de Cristo nos hará mucho más felices que los que se sientan cerca del hogar y calientan sus manos al calor del fuego del mundo. Seguiremos a nuestro Amado hasta la cumbre de Amana, hasta las guaridas de los leones y hasta los montes de los tigres. Precioso Jesús, atráenos y correremos en pos de ti.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 17 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 17

“Anímale”. Deuteronomio 1:38.

DIOS se sirve de los suyos para que se animen los unos a los otros. El no dijo al ángel Gabriel: “Mi siervo Josué está por conducir a mi pueblo a Canaán; ve y anímalo”. Dios nunca obra milagros innecesarios. Si sus propósitos pueden ser cumplidos por medios ordinarios, no usará medios milagrosos. Gabriel no hubiese estado en mejores condiciones que Moisés para cumplir su cometido. La simpatía de un hermano es más valiosa que la embajada de un ángel. El ángel hubiera conocido mejor el mandato del Señor que el temperamento de Josué. El ángel nunca conoció las penurias de la peregrinación ni vio las serpientes ardientes ni guió, como lo hizo Moisés, a la multitud de dura cerviz. Debiéramos estar agradecidos de que, por lo común, Dios obre a favor del hombre. Esto constituye un vínculo de fraternidad; y, al depender, recíprocamente los unos de los otros, nos fundimos en una familia en forma más compacta. Hermano, acepta este texto como un mensaje de Dios. Esfuérzate por ayudar a otros y especialmente procura animarlos. Conversa alegremente con el joven que pregunta con ansias de aprender y procura con amor quitar de su camino las piedras de tropiezo. Cuando halles en el corazón una chispa de gracia, arrodíllate y sóplala hasta que se convierta en una llama. Deja que el joven creyente descubra por grados la aspereza del camino, pero háblale del poder que hay en Dios, de la seguridad de la promesa y del encanto de la comunión con Cristo. Aspira a consolar al triste y animar al abatido. Habla una palabra en sazón al cansado y anima a los que temen a proseguir su camino con gozo. Dios te anime a ti con sus promesas. Cristo te anime al señalarte el cielo que ha conquistado para ti, y el Espíritu Santo te anime al obrar en ti el querer y el hacer por su buena voluntad. Imita la sabiduría divina y anima a otros de acuerdo con el pasaje de esta noche.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 16 de septiembre de 2016

¿Rendirías tus derechos? - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Es un gran testimonio el que otros vean humildad en ti.

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Septiembre 16, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 16

“¿Soy yo la mar o la ballena que me pongas guarda?” Job 7:12.

LA pregunta que hace Job al Señor en este versículo es una pregunta rara. Job se sintió demasiado insignificante como para que fuese tan severamente vigilado y castigado, y creía que no era tan indomable como para necesitar ser reprimido de esa forma. Era natural que hiciese esta pregunta uno que estaba cercado de dolores tan insoportables; pero, después de todo, esa pregunta merecía una humilde respuesta. Es verdad que el hombre no es la mar, pero, sin embargo, es más revoltoso e indomable que ella. La mar obedece y respeta los límites y, aunque estos sólo sean una faja de arena, no los sobrepasa. Poderosa como es, la mar obedece la divina orden “hasta aquí”, aun cuando esté agitada con furiosa tempestad. Pero el obstinado hombre desafía al cielo y tiraniza a la tierra y su rebelde ira no tiene fin. La mar, obediente a la luna, tiene sus flujos y sus reflujos con incesante regularidad y así obedece activa y pasivamente. Pero el hombre, inquieto más allá de su esfera, duerme cuando tiene que cumplir con su deber y se muestra indolente cuando debiera ser activo. El hombre, ante el mandato de Dios, ni viene ni va; prefiere, malhumorado, hacer lo que no debiera hacer y dejar de hacer lo que se le ordena. Cada gota del océano, cada burbuja, cada copo de espuma, cada ostra y cada guijarro obedece a la ley que le fue impuesta. ¡Oh si nosotros fuésemos una milésima parte tan sumisos a la voluntad de Dios! Llamamos a la mar variable y engañosa, pero, en cambio, ¡cuán invariable es! Desde los días de nuestros padres y aun antes de ellos, la mar está donde estaba, golpeando sobre los mismos riscos, produciendo el mismo ruido. Sabemos dónde hallarla, pues ella no deja su lecho y no cambia en su incesante bramido. Pero, ¿dónde está el hombre, el hombre vano y voluble? ¿Puede el hombre sospechar siquiera por qué insensatez será próximamente seducido para desobedecer? Necesitamos más vigilancia que la que necesita el encrespado mar, pues somos más rebeldes que el. Señor, guíanos para que te glorifiquemos. Amén.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Cuando sea perfecta, entonces lo fastidiaré - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 15

“El pueblo a él cercano”. Salmo 148:14.


LA dispensación del antiguo pacto era la dispensación de la distancia. Cuando Dios apareció a su siervo Moisés, le dijo: “No te llegues acá; quita tus zapatos de tus pies”. Y cuando en el monte Sinaí se manifestó a su elegido y separado pueblo, uno de los primeros mandamientos que dio fue este: “Señalarás término al pueblo en derredor del monte”. Tanto en el culto del tabernáculo como en el del templo, la idea de la distancia era siempre prominente. El vulgo no entraba ni aun en el atrio exterior. En el atrio interior sólo los sacerdotes podían atreverse a entrar, mientras que en el lugar más secreto, o en el Lugar Santísimo, entraba sólo el Sumo sacerdote una vez por año. Era como si el Señor quisiera enseñar a los hombres, en esas primitivas edades, que el pecado le era tan enteramente repugnante que tenía que tratarlos como si fueran leprosos, echándolos del campamento. Y aunque se acercó a ellos, les hizo, sin embargo, sentir la extensión de la separación entre él, como Dios Santo, y ellos, como impuros pecadores. Cuando se empezó a predicar el Evangelio fuimos colocados en una base muy distinta. La palabra “alejaos” fue reemplazada por “acercaos”. La distancia dio lugar a la proximidad y los que en otro tiempo estábamos lejos hemos sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. La Deidad encarnada no tiene en derredor suyo ninguna muralla de fuego. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados que yo os haré descansar” fue la jubilosa proclama de Dios en los días de su carne. Ahora él no enseña al leproso colocándolo a cierta distancia, sino sufre en sí mismo el castigo de la corrupción del leproso. ¡Qué posición de seguridad y de privilegio significa ser hechos cercanos a Dios por medio de Jesús! ¿Conoces esto por experiencia? Si lo conoces, ¿estás viviendo en el poder de esa posición? Maravilloso es vivir aquí cerca de Dios; sin embargo, esta dispensación ha de ser seguida por otra de una comunión aun más íntima en el día cuando se diga: “El tabernáculo de Dios con los hombres y morará con ellos”. ¡Oh, Señor, apresura ese día!

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Por qué Jesús modeló la sumisión - Nancy DeMoss de Wolgemuth

¿No es maravilloso que Dios pueda lidiar con nuestras fallas?

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Septiembre 14, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 14

“Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones a Jehová, y tú perdonaste la maldad de mi pecado”. Salmo 32:5.

EL dolor de David por su pecado fue amargo. Sus efectos se hicieron visibles en su cuerpo. “Sus huesos se envejecieron”. “Se volvió su verdor en sequedad de estío”. David no pudo hallar ningún remedio hasta que hizo una completa confesión delante del trono de la gracia celestial. El nos dice que por un tiempo estuvo callado y su corazón se llenó más y más de dolor. Como un pequeño lago entre montañas cuya salida está bloqueada, así su alma estaba llena de torrentes de aflicción. David buscó excusas, se esforzó en desviar sus pensamientos, pero todo fue en vano. Como una llaga que se ulcera, su dolor se agravó, y como él no quería usar la lanceta de la confesión, su espíritu se atormentó aun más y no halló descanso. Al fin, llegó a la conclusión de que tenía que volver a Dios en humilde arrepentimiento o morir irremediablemente. Fue, pues, en seguida al propiciatorio y allí desenrolló el rollo de sus iniquidades delante de Dios, que todo lo ve, confesando todo su mal con palabras como las del Salmo 51 y otros salmos penitenciales. Una vez hecho esto (acto sencillo y, sin embargo, tan dificultoso para el orgullo) recibió en seguida el perdón divino. Los huesos que habían sido abatidos se recrearon y David salió de su encierro para cantar las bienaventuranzas del hombre cuyas iniquidades fueron perdonadas. ¡Mira el valor de una confesión de pecados obrada por la gracia! Esa confesión debe ser muy estimada, pues en todos los casos donde hay una genuina confesión, el perdón es libremente otorgado; no porque el arrepentimiento y la confesión merezcan perdón, sino por causa de Cristo. ¡Bendito sea Dios, siempre hay cura para un corazón quebrantado! La fuente siempre está fluyendo para limpiarnos de nuestros pecados. En verdad, oh Señor, tú eres un Dios “pronto a perdonar”. En consecuencia, nosotros confesamos nuestros pecados.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 13 de septiembre de 2016

Segura, fuerte y sumisa - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Se necesita ser una mujer fuerte para someterse.

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Septiembre 13, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 13

“Este a los pecadores recibe”. Lucas 15:2.

OBSERVA la condescendencia que hay aquí. “Este”, Jesús, que se eleva sobre todos los hombres como santo, inocente, limpio y apartado de pecadores, recibe a los pecadores. Este Hombre, que no es sino el eterno Dios, ante quien los ángeles cubren sus rostros, recibe a los pecadores. Se necesita la lengua de un ángel para describir tan portentosa condescendencia de amor. Que alguno de nosotros se muestre dispuesto a buscar a los perdidos no tiene nada de admirable, pues estos son nuestros semejantes; pero que él, el ofendido Dios, contra quien se cometió la transgresión tome forma de siervo, lleve el pecado de muchos y se muestre dispuesto a recibir al más vil de los viles, eso es portentoso.
“Este a los pecadores recibe”. No, sin embargo, para que permanezcan pecadores, sino para perdonar sus pecados, justificar sus personas, limpiar sus corazones con su santificadora palabra, preservar sus almas con la morada del Espíritu Santo y permitirles que lo sirvan, haciendo públicas sus alabanzas y teniendo comunión con él. Jesús recibe a los pecadores con el amor de su corazón; los saca del estercolero y los lleva como joyas en su corona; los arrebata del fuego como tizones y los guarda como costosos monumentos de su gracia. En la presencia de Jesús, nada es más precioso que los pecadores por quienes él murió. Cuando Jesús recibe a los pecadores no los recibe en la puerta de la calle, ni los admite por caridad en un lugar improvisado como se hace con los mendigos que están de paso, sino abre las puertas de oro de su regio corazón y recibe él mismo al pecador; sí, admite al humilde penitente a una unión íntima y personal y los transforma en miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. ¡Nunca hubo una recepción como esta! Eso es aún más cierto esta noche cuando Jesús todavía recibe a los pecadores. ¡Dios quiera que los pecadores lo reciban a él!

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Lo que la sumisión no significa - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Nancy nos enseña lo básico—lo que la sumisión es y lo que NO es.

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Septiembre 12, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 12

“Misericordia y juicio cantaré”. Salmo 101:1.

LA fe triunfa en las pruebas. Cuando la razón es arrojada en la prisión de más adentro, y sus pies son apretados en el cepo, la fe hace que los muros del calabozo canten con alegres notas: “Misericordia y juicio cantaré; a ti cantaré yo, oh Jehová”. La fe arranca la negra máscara del rostro afligido y descubre al ángel que está debajo de ella. La fe ve que la nube del dolor está llena de bendiciones, las que serán derramadas sobre su cabeza. Aun en los juicios con que Dios nos juzga, hay temas para cantar. Tengamos presente, en primer lugar, que la prueba no es tan penosa como hubiera podido ser; en segundo lugar, que la aflicción no es tan grave como la merecíamos y, en tercer lugar, que la carga no es tan agotadora como la que soportan otros. La fe ve que lo mucho que sufre no lo sufre como castigo; sabe que en ese sufrimiento no hay ni una gota de la ira de Dios, sino que lo mismo le es enviado con amor. La fe descubre, sobre el airado pecho de Dios, un amor que brilla como una joya. La fe se expresa así en cuanto al dolor: “El dolor es un distintivo de honor, pues el hijo tiene que ser disciplinado”. Una vez dicho esto, canta de los preciosos resultados que le trajeron sus aflicciones, pues ellas fueron causa de su bien espiritual. Más aún: la fe dice: “Estas leves aflicciones, que son momentáneas, me obran un sobremanera alto y eterno peso de gloria”. De modo que la fe cabalga sobre el caballo negro, “venciendo y para vencer”, hollando la razón carnal y entonando notas de victoria en medio de lo más reñido del combate.
Es grato si sufrimos
En horas de ansiedad,
Saber que desde el cielo
Nos miras con piedad;
Que cuentas nuestras penas,
Que ves nuestro dolor,
Que escuchas nuestros ayes
Y envías tu favor.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 11 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 11

“Guíame, Jehová, en tu justicia a causa de mis enemigos”. Salmo 5:8.


MUY amarga es la enemistad del mundo contra el pueblo de Dios. Los hombres olvidan mil faltas de otros, pero exageran la más insignificante falta que cometen los seguidores de Jesús. En lugar de lamentarnos por esto, procuremos más bien sacar provecho, y, ya que muchos están acechando nuestras claudicaciones, procuremos andar muy cuidadosamente delante de Dios. Si vivimos negligentemente, los ojos de lince del mundo pronto nos verán y con sus centenares de lenguas esparcirán el embuste exagerado y decorado por el celo del calumniador. El mundo exclamará triunfalmente: “¡Ajá, así los quería sorprender! ¡Miren lo que hacen estos cristianos! ¡En realidad son unos hipócritas!” Obrando así, haremos mucho daño a la causa de Cristo y seremos motivo de que su Nombre sea afrentado. La cruz de Cristo es en sí misma un escándalo al mundo. Procuremos, pues, no añadir nosotros ningún otro escándalo. La cruz de Cristo es “a los judíos, tropezadero”. No pongamos, pues, más tropiezos donde ya hay más que suficiente. “A los gentiles, locura”. No añadamos, pues, nuestra insensatez para dar lugar al escarnio con que la sabiduría del mundo ridiculiza el Evangelio. ¡Cuán desconfiados deberíamos ser de nosotros mismos! ¡Cuán rigurosos con nuestras conciencias! ¡Cuán prudentes debiéramos ser en presencia de nuestros adversarios, que tergiversan nuestras mejores acciones y que, cuando no pueden hacer eso, ponen en tela de juicio nuestros móviles! Los peregrinos son mirados como sospechosos mientras atraviesan la Feria de la Vanidad. No sólo se nos vigila estrechamente, sino que tenemos en nuestro derredor más espías de lo que podemos imaginar. Ese espionaje se realiza en todas partes donde nos encontremos. Si llegamos a caer en manos de nuestros enemigos, es más probable que nos muestre bondad un lobo o compasión un demonio, que indulgencia los hombres que sazonan su incredulidad hacia Dios con escándalos contra su pueblo. ¡Oh, Señor, guíanos siempre para que nuestros enemigos no nos sorprendan en falta!

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 10 de septiembre de 2016

La fe para perdonar - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 10

“Lobos de tarde”. Habacuc 1:8.

MIENTRAS preparaba el presente volumen, esta peculiar expresión vino a mi mente muy a menudo, de suerte que, para librarme de su persistente importunidad, me resolví a dedicarle una página. El lobo de la tarde, enfurecido después de un día de hambre, se mostraba más fiero y más hambriento que en la mañana. ¿No pueden los animales enfurecidos representar nuestras dudas y temores, después de un día de perturbación mental, de pérdidas en los negocios y, quizás, de ruines insultos de parte de nuestros prójimos? ¡Cómo rugen en nuestros oídos nuestros pensamientos diciendo: “¿Dónde está ahora tu Dios?”! ¡Tan voraces y tan insaciables son que devoran toda insinuación al bienestar y quedan, sin embargo, tan hambrientos como antes! Gran Pastor, mata a estos lobos de la tarde y ordena a tu rebaño que se recueste en los delicados pastos sin perturbarse por la insaciable incredulidad. ¡Cuán semejantes son los demonios del infierno a los lobos de la tarde, pues cuando el rebaño de Cristo está pasando por un día nublado y oscuro y el sol parece ponerse, ellos se apresuran a despedazar y a devorar! Difícilmente atacarán al cristiano a la luz meridiana de la fe, pero sí caerán sobre él cuando el alma esté entristecida por algún conflicto. ¡Oh tú, que diste tu vida por las ovejas, presérvalas de las garras del lobo! Los falsos maestros que astuta y diligentemente van a la caza de vidas preciosas, devorando a los hombres con sus falsedades, son tan peligrosos y detestables como los lobos de la tarde. La oscuridad es su elemento; la falsedad, su carácter, y la destrucción, su fin. Nosotros estamos más expuestos al peligro cuando esos lobos se visten con pieles de ovejas. Feliz el que se libra de ellos, pues miles fueron hechos presa de los fieros lobos que entran en el aprisco de la Iglesia. ¡Qué maravilla de la gracia cuando los fieros perseguidores se convierten, pues entonces el lobo mora con el cordero y los hombres de carácter cruel e indomable se transforman en mansos y dóciles! ¡Oh, Señor, convierte a muchos de los tales! Por ellos rogamos esta noche.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 9 de septiembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 9

“Y alrededor del trono había veinticuatro sillas: y vi sobre las sillas veinticuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas”. Apocalipsis 4:4.

SE dice aquí que estos representantes de los santos están alrededor del trono. En el pasaje del Cantar de los Cantares donde Salomón canta del rey que estaba en su reclinatorio (1:12), algunos traducen así la última frase: “alrededor de la mesa”. Es por eso que algunos intérpretes, sin hacer violencia al texto (según yo pienso) han dicho: “Hay igualdad entre los santos”. Esta idea la sugiere la equidistancia de los veinticuatro ancianos. La condición de los espíritus glorificados es la proximidad a Cristo, de clara visión de su gloria, de permanente acceso a su corte y de íntima amistad con él. No hay diferencia en este particular entre un santo y otro, sino que todo el pueblo de Dios: apóstoles, mártires, ministros o humildes y olvidados cristianos, todos se sentarán cerca del trono, donde por siempre contemplarán a su exaltado Señor y se satisfarán con su amor. Todos estarán cerca de Cristo, todos se sentirán atraídos por su amor, todos comerán y beberán en la misma mesa con él, todos serán amados, sin distinción, como sus favoritos y amigos, aunque no todos serán recompensados en la misma forma como siervos suyos. Que los creyentes de la tierra imiten a los santos del cielo en la intimidad que ellos tienen con Cristo. Seamos en la tierra como son los ancianos en el cielo, que se sientan alrededor del trono. Que Cristo sea el objeto de nuestros pensamientos, el centro de nuestras vidas. ¿Cómo podemos vivir tan lejos de nuestro Amado? ¡Señor Jesús, atráenos cerca de ti mismo! Dinos: “Estad en mí y yo en vosotros”, y permítenos cantar: “Su izquierda esté debajo de mi cabeza y su derecha me abrace”.
Ni dudas ni temor tendré
Estando cerca de Jesús;
Rodeado siempre me veré
Con los fulgores de su luz.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Cómo puedes recibirlo de nuevo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 8

“Y cuál la grandeza supereminente de su poder para con nosotros los que creemos, por la operación de la potencia de su fortaleza, la cual obró en Cristo resucitándole de los muertos y colocándole a su diestra en los cielos”.   Efesios 1:19-20.


TANTO en la resurrección de Cristo como en nuestra salvación intervino nada menos que el poder divino. ¿Qué diremos de los que piensan que la conversión es obrada solamente por el libre albedrío del hombre y que se debe a sus excelentes aptitudes? Cuando veamos que los muertos se levantan del sepulcro por su propio poder, entonces quizás, veamos a los impíos pecadores volver a Cristo por su albedrío. No es la palabra predicada o la palabra leída lo que, por sí misma, obra la conversión, sino el poder vivificador del Espíritu Santo. Ese poder es irresistible. Los soldados y los sumos sacerdotes no pudieron retener en el sepulcro el cuerpo de Cristo. La muerte misma no pudo retener a Jesús en sus ligaduras. Así es el poder que obra en el creyente cuando es levantado a una vida nueva: nadie lo puede resistir. Ni el pecado, ni la corrupción, ni los demonios del infierno, ni los pecadores de la tierra pueden detener la mano de la gracia de Dios cuando se propone convertir a un hombre. Si el Dios Omnipotente dice: “Tú serás”, el hombre no dirá: “No, no seré”. Observa que el poder que levantó a Cristo de los muertos era un poder “glorioso”, que glorificó a Dios y produjo espanto en las huestes del mal. Así Dios es muy glorificado en la conversión de cada pecador. Era ese un poder eterno. “Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñoreará más de él”. Así también nosotros, habiendo resucitado de los muertos, no retrocedamos a nuestras obras de muerte ni a nuestras antiguas corrupciones, sino vivamos para Dios. “Porque él vive, también vivimos nosotros”. “Porque muertos somos y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. “Como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida”. Por fin, observa en el texto la unión de la nueva vida con Jesús. El mismo poder que resucitó a la Cabeza comunica vida a los miembros. ¡Qué bendición resucitar juntamente con Cristo!

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El regreso de un corazón herido - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – SEPTIEMBRE 7

“En la mar hay turbación; no se puede sosegar”. Jeremías 49:23.

SABEMOS poco en cuanto a qué turbación puede haber en la mar en estos momentos. Nosotros estamos seguros en nuestras tranquilas habitaciones, pero lejos, en el salado mar, la tempestad estará, quizás, segando las vidas de los hombres. ¡Oye cómo los genios de la muerte braman entre el cordaje, cómo cruje cada viga cuando las olas caen como demoledores arietes sobre la nave! ¡Dios te ayude, pobre marinero empapado y fatigado! ¡Mi oración se eleva al Señor del mar y de la tierra para que él calme la tormenta y te conduzca al deseado puerto! No sólo debo orar, debo también beneficiar a estos hombres intrépidos que constantemente arriesgan sus vidas. ¿He hecho alguna vez algo por ellos? ¿Qué puedo hacer? ¡Cuán a menudo el turbulento mar traga a los que navegan! Miles de cadáveres yacen en lo profundo donde están las perlas. Hay en el mar una turbación de muerte, que tiene su repercusión en el prolongado gemido de las viudas y de los huérfanos. La sal del mar está en muchos ojos de madres y de esposas. ¡Olas crueles, vosotras habéis devorado el amor de las mujeres y el sostén de las familias! ¡Qué resurrección habrá de los que yacen en lo profundo de la mar, cuando esta dé sus muertos! Hasta entonces, habrá turbación en la mar. La mar, como si quisiera mostrar su simpatía con los dolores de la tierra, está siempre agitándose a lo largo de mil riberas; gimiendo con un gemido lastimero, igual al de sus aves; retumbando con estrepitoso estallido de desasosiego; enfureciéndose con ruidoso disgusto; irritándose con enardecida ira y riñendo con los ruidos de diez mil guijarros. El rugido de la mar, quizás sea placentero para algún espíritu alegre, pero para el hijo del dolor, el océano es más triste que la tierra. Este no es nuestro reposo; las inquietas olas nos dicen que es así. Hay un mundo donde no habrá más mar; nuestros rostros están resueltamente puestos en él. Estamos yendo al lugar del cual el Señor nos ha hablado. Hasta entonces seguiremos echando nuestras aflicciones sobre el Señor, que anduvo sobre la mar y que hizo para su pueblo una senda a través de sus profundidades.

Charles Haddon Spurgeon.