Versículo para hoy:
jueves, 21 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 21
“Y teniendo gran sed, clamó luego a Jehová, y dijo: Tú has dado esta gran salud por mano de tu siervo, ¿y moriré yo ahora de sed?”
SANSÓN estaba sediento y a punto de morir. La dificultad era diferente de todas las que el héroe había afrontado antes. Procurar meramente que la sed sea mitigada no es nada en comparación con la enorme empresa de librarse de mil filisteos; pero, cuando la sed lo acometió, Sansón sintió que aquella leve dificultad era más gravosa que las grandes dificultades anteriores, de las cuales había sido tan singularmente librado. Cuando el pueblo de Dios ha logrado una grande victoria es muy común que halle después muy penosa cualquier insignificante aflicción. Sansón mató a mil filisteos y los apiló en montones, y, después desfallecía por un poco de agua. Jacob luchó con Dios en Peniel y venció a la misma Omnipotencia, y, después, “cojeaba de su anca”. Es extraño que deba haber una contracción del tendón cuando ganamos la batalla, como si el Señor debiera enseñarnos nuestra pequeñez y nuestra nulidad para guardarnos dentro de los límites. Sansón se jactaba muy ruidosamente cuando dijo: “Yo maté mil hombres”. Su jactanciosa garganta pronto se enronqueció con sed, y él recurrió a la oración. Dios tiene muchos medios para humillar a su pueblo. Querido hijo de Dios, si después de gozar de gran bendición te sientes muy abatido, no creas que tu caso sea inusitado. Cuando David subió al trono de Israel, dijo: “Y yo el día de hoy soy débil, aunque ungido rey”. Debes esperar sentirte muy débil cuando estés disfrutando de tus más grandes triunfos.
Si el Señor ha obrado por ti, en el pasado, grandes portentos, tu presente dificultad no será otra cosa que la sed de Sansón, y el Señor no te dejará desmayar ni permitirá que la hija del incircunciso triunfe sobre ti. El camino del dolor es el camino del cielo, pero hay fuentes de refrigerantes aguas a lo largo del camino. Así, probado creyente, alienta tu corazón con las palabras de Sansón, y descansa en la seguridad de que Dios te librará en breve.
Charles Haddon Spurgeon.
miércoles, 20 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 20
“Aparta mis ojos que no vean la vanidad; avívame en tu camino”.
HAY diversas clases de vanidad: El bonete y los cascabeles del payaso, la alegría del mundo, el baile, la lira y la copa del libertino. Los hombres saben que todas estas cosas son vanidades. Ellas ostentan en sus frontispicios sus nombres y sus títulos. Mucho más traicioneras son estas cosas, igualmente vanas: Los cuidados del mundo y el engaño de las riquezas. El hombre puede ir en pos de la vanidad tanto en la oficina como en el teatro. Si emplea su vida en acumular riquezas, entonces está pasando su vida en una vana función. A menos que sigamos a Cristo y hagamos de nuestro Dios el gran objeto de nuestra vida, sólo en apariencia nos distinguimos de los más frívolos. Esto nos muestra que tenemos mucha necesidad de la primera oración de nuestro texto: “Aparta mis ojos que no vean la vanidad”.
“Avívame en tu camino”. El salmista se confiesa torpe, tedioso, inactivo, enteramente muerto. Quizás, querido lector, tú te sientas lo mismo. Somos tan flojos que, aparte del Señor, ni aun los mejores incentivos nos pueden avivar. ¡Qué! ¿No me avivará el infierno? ¿Puedo pensar en los pecadores que perecen, sin ser, no obstante, avivado? ¿No me avivará el cielo? ¿Puedo pensar en el galardón que aguarda a los justos y permanecer indiferente? ¿No me avivará la muerte? ¿Puedo pensar en la muerte, y estar ante mi Dios, y, sin embargo, ser indolente en el servicio de mi Maestro? ¿No me constreñirá el amor de Cristo? ¿Puedo yo pensar en sus amadas heridas y sentarme al pie de su cruz sin enardecerme con fervor y celo? ¡Parece que sí! Una mera reflexión no puede avivar nuestro celo; Dios mismo tiene que hacerlo, de ahí el clamor: “avívame tú”. El salmista exhala toda su alma en vehemente intercesión; su cuerpo y su alma se unen en la oración. “Aparta mis ojos”, dice el cuerpo; “avívame”, clama el alma. Es esta una oración apropiada para todos los días. ¡Oh Señor!, oye en mi favor, esta plegaria esta noche.
Charles Haddon Spurgeon.
martes, 19 de enero de 2016
Fruto del Espíritu - Pr. Harvey Martínez
- El fruto del Espíritu I, Introducción
- El fruto del Espíritu II, Amor
- El fruto del Espíritu III, Gozo
- El fruto del Espíritu IV, Paz
- El fruto del Espíritu V, Paciencia
- El fruto del Espíritu VI, Benignidad
- El fruto del Espíritu VII, Fidelidad
- El fruto del Espíritu VIII, Mansedumbre
- El fruto del Espíritu IX, Dominio propio
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 19
“Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras”.
JESÚS, a quien vimos anoche abrir las Escrituras, lo vemos aquí abriendo el sentido. En la primera obra tiene muchos colaboradores, pero en la segunda permanece solo; muchos pueden llevar a la mente las Escrituras, pero sólo Dios puede preparar la mente para recibirlas. Nuestro Señor Jesús difiere de todos los otros maestros; estos llegan al oído, pero él instruye el corazón. Ellos tratan con la letra exterior, pero él imparte un gusto interior por la verdad, por el que percibimos su sabor y su espíritu. El más ignorante de los hombres llega a ser un perfecto erudito en la escuela de la gracia, cuando el Señor Jesús, por su Santo Espíritu, le revela los misterios del reino y le concede la divina unción, por la cual lo capacita para contemplar lo invisible. Si nuestros sentidos fueron abiertos y fortalecidos por el Maestro, somos felices. ¡Cuántos hombres de profunda erudición ignoran las cosas eternas! Conocen, de la revelación, la letra que mata, pero no pueden discernir su espíritu que vivifica. Tienen un velo sobre sus corazones que los ojos de la razón carnal no pueden penetrar. Tal era nuestro caso hace poco. Nosotros, que ahora vemos, éramos una vez enteramente ciegos. La verdad era, para nosotros, como la belleza en la obscuridad: una cosa inadvertida y olvidada. Si no hubiese sido por el amor de Jesús, habríamos permanecido en perfecta ignorancia hasta este momento; pues, si no nos hubiese abierto él el sentido, no hubiéramos nosotros alcanzado el conocimiento espiritual; así como un niño no podría por sí solo escalar las pirámides. La escuela de Jesús es la única en la que la verdad de Dios puede realmente ser aprendida. Otras escuelas pueden enseñarnos qué debe creerse, pero sólo la de Cristo puede enseñarnos cómo creer. Sentémonos a los pies de Jesús, y con ardiente ruego imploremos su bendita ayuda, para que nuestros embotados sentidos puedan ir esclareciéndose y nuestros débiles entendimientos acepten las cosas celestiales.
Charles Haddon Spurgeon.
lunes, 18 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 18
“Declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían”. Lucas 24:27.
LOS discípulos que iban a Emmaús tuvieron un viaje provechoso. El compañero y maestro de ellos era el mejor de los preceptores, el mejor intérprete entre mil, en quien están escondidos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento. El Señor Jesús se dignó hacerse un predicador del Evangelio y no se avergonzó de ejercer su vocación ante un auditorio de dos personas, ni rehúsa ahora ser el maestro aun de uno solo. Busquemos la compañía de tan excelente instructor, pues hasta que él no sea hecho para nosotros sabiduría, nunca seremos sabios para la salvación. Este maestro sin rival usó como libro de texto el mejor de los libros. Aunque capacitado para revelarnos nuevas verdades, prefirió exponer la antigua. El conocía por su omnisciencia cuál era la norma de enseñanza más instructiva, y, al dirigirse enseguida a Moisés y a los profetas, nos mostró que el camino más seguro a la sabiduría no es la especulación, el razonamiento o la lectura de libros humanos, sino la meditación de la Palabra de Dios. El modo más efectivo de ser rico en conocimiento celestial es cavar en esta mina de diamantes y recoger perlas en este mar celestial. Cuando Jesús procuraba enriquecer a otros, recurría a la cantera de las Sagradas Escrituras. Estas dos favorecidas personas fueron llevadas a considerar el mejor de los temas, pues Jesús habló de Jesús y expuso las cosas concernientes a sí mismo. Aquí el diamante talla al diamante, y ¿qué podría ser más admirable? El dueño de la casa abre sus propias puertas, conduce a los huéspedes a su mesa y coloca en ella sus sabrosas comidas. El que ocultó el tesoro en el campo, él mismo guió a los que lo buscaban. Nuestro Señor disertaría, naturalmente, sobre los tópicos más agradables y no hallaría ninguno más bello que su propia persona y obra. Teniendo en vista esto, debiéramos escudriñar siempre la Palabra de Dios. ¡Dios nos conceda la gracia de estudiar la Biblia, teniendo a Jesús como Maestro y lección!
Charles Haddon Spurgeon.
domingo, 17 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 17
“Y acaeció que levantándose David de su cama a la hora de la tarde, paseábase por el terrado de la casa real”. 2 Samuel 11:2.
En aquella hora David vio a Bath-sheba [Betsabé]. Nunca estamos fuera del alcance de la tentación. Tanto en el hogar como fuera de él estamos expuestos a encontrarnos con lo que nos incita a hacer el mal. Empezamos la mañana con peligro y las sombras de la tarde nos hallan aun en él. Los que son guardados por Dios están bien guardados, pero, ¡ay de aquellos que salen al mundo o se atreven a andar por sus propias casas desarmados! Los que piensan estar más seguros son los que están más expuestos al peligro. El escudero del pecado es la confianza en sí mismo. David tenía que haber estado ocupado en llevar a cabo las batallas del Señor, pero, en cambio, se quedó en Jerusalén y se entregó al descanso lujurioso, pues dice el texto que “se levantó de la cama a la hora de la tarde”. La ociosidad y la molicie son los chacales del diablo que le consiguen una abundante presa. En las aguas estancadas abundan microbios nocivos y los terrenos incultos pronto se cubren de espinas y abrojos. ¡Dios nos conceda el amor de Cristo “que constriñe”, para que nos conserve activos y útiles! El rey de Israel dejó perezosamente su lecho al caer la tarde, y, enseguida, cayó en tentación. Debo, pues, tener cuidado y vigilar diligentemente la puerta. ¿Es posible que el rey ha subido al terrado de su casa para estar a solas y meditar? Si fuere así, ¡qué advertencia nos es dada aquí a fin de que no consideremos ningún lugar, por más secreto que sea, como un santuario libre de pecado! Mientras nuestros corazones sean igual al yesquero y las chispas sean tantas, es necesario que usemos de toda diligencia, en todos los lugares, para prevenir un incendio. Satán puede subir a las azoteas y entrar a nuestras cámaras secretas, y, aún cuando pudiésemos cerrar fuera a ese demonio, nuestras propias corrupciones, serían suficientes para obrar nuestra propia ruina, si la gracia no lo impidiera. Lector, cuidado con las tentaciones de la tarde. ¡Oh!, bendito Espíritu guárdanos esta noche de todos los males. Amén.
Charles Haddon Spurgeon.
sábado, 16 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 16
“Se quitará la vida al Mesías, y no por sí”. Daniel 9:26.
¡BENDITO sea su nombre!, no hay causa de muerte en él. Ni pecado original ni pecado presente lo ha manchado, y, por lo tanto, la muerte no tiene ningún derecho sobre él. Ningún hombre podría haberle quitado la vida con justicia, pues él no injurió a ningún hombre; y ningún hombre podía haberlo matado por la fuerza, si él no hubiese deseado entregarse para morir. Pero, he aquí, uno peca y otro sufre. La justicia fue ultrajada por nosotros, pero halló en él su satisfacción. Ni ríos de lágrimas, ni montañas de sacrificios, ni mares de sangre de bueyes, ni cerros de incienso hubiesen servido para la remisión de los pecados; pero Jesús fue muerto por nosotros, y la causa de la ira desapareció enseguida, porque el pecado había sido quitado para siempre. Aquí hay sabiduría, por la cual, la substitución, seguro y rápido camino de expiación, se divisaba. Aquí hay condescendencia, que envía al Mesías, el Príncipe, para que se ciña una corona de espinas y muera en cruz. Aquí hay amor, que lleva al Redentor a dar su vida por sus enemigos.
Sin embargo, no basta admirar el espectáculo del inocente que sangra por el culpable; tenemos que estar seguros de que también nosotros fuimos salvados por él. El propósito particular de la muerte del Mesías era la salvación de su Iglesia. ¿Tenemos nosotros parte y suerte entre aquellos por quienes él dio su vida en rescate? ¿Fuimos curados por sus llagas? Será terrible si nos privamos de una porción de su sacrificio; en ese caso, sería mejor no haber nacido. Aunque la pregunta es solemne, nos alienta saber que puede ser contestada claramente y sin error. Para todos los que creen en él, Jesús es un presente Salvador, y, sobre los tales, toda la sangre de la reconciliación fue esparcida. Que todos los que confían en los méritos de la muerte del Mesías se sientan gozosos, al recordarlo, y hagan que una santa gratitud los guíe a consagrarse por entero a su causa.
Charles Haddon Spurgeon.
viernes, 15 de enero de 2016
INFORMACIÓN: CURSO 222 PARA HOMBRES - CURSO GRATUITO EN LÍNEA
FECHA LÍMITE INSCRIPCIONES: 15 ENERO 2016 inclusive (11:00 pm de Madrid, España)
El Curso 222 es un curso online de formación de líderes desarrollado en el contexto de la iglesia local, que se centra principalmente en temas de eclesiología. El objetivo del curso es capacitar a futuros líderes (en un sentido amplio) para el servicio en la congregación local. El nombre “Curso 222” se basa en 2 Timoteo 2:2: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”. Este versículo resume la visión del curso.
El Curso 222 es una iniciativa de la Iglesia Evangélica de la Gracia de Barcelona y la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca. El curso es organizado por los líderes de estas dos iglesias.
Registrarse y seguir el Curso 222 no tiene ningún coste. No obstante, los estudiantes deben costearse los libros del programa.
El Curso 222 es un curso online de formación de líderes desarrollado en el contexto de la iglesia local, que se centra principalmente en temas de eclesiología. El objetivo del curso es capacitar a futuros líderes (en un sentido amplio) para el servicio en la congregación local. El nombre “Curso 222” se basa en 2 Timoteo 2:2: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”. Este versículo resume la visión del curso.
El Curso 222 es una iniciativa de la Iglesia Evangélica de la Gracia de Barcelona y la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca. El curso es organizado por los líderes de estas dos iglesias.
Registrarse y seguir el Curso 222 no tiene ningún coste. No obstante, los estudiantes deben costearse los libros del programa.
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 15
“Mas yo oraba”. Salmo 109:4.
LAS lenguas mentirosas estaban ocupadas en manchar la reputación de David, pero él no se defendió, sino remitió la causa a la suprema corte y suplicó delante del gran Rey. La oración es el medio más seguro para responder a las palabras de odio. El salmista no oró fríamente, sino fervientemente; puso en ello toda su alma y todo su corazón, como lo hizo Jacob cuando luchó con el ángel. Así y sólo así tendremos buen éxito ante el trono de la gracia. Así como una sombra no tiene ninguna virtud, porque no hay en ella substancia alguna, así también la súplica en la que no está presente el corazón agonizando ardientemente y mostrando vehemente deseo, es enteramente ineficaz, pues le falta aquello que le da poder. “La oración ferviente –dice un antiguo teólogo- es igual a un cañón emplazado frente a las puertas del cielo, a las que hace abrir enseguida”. La falta común en muchos de nosotros es la propensión a distraernos. Nuestros pensamientos vagan de aquí para allá y avanzamos poco hacia nuestro deseado fin. ¡Cuán malo es esto! Pues nos perjudica y, lo que es peor, insulta a nuestro Dios. ¿Qué pensaríamos de un peticionario que, mientras está en audiencia con un príncipe, jugase con una pluma o se pusiese a cazar moscas?
La constancia y la perseverancia están implícitas en la expresión de nuestro texto. David no clamó sólo una vez para caer después en el silencio; sino continuó hasta que llegó la bendición. La oración no debe ser una ocupación ocasional, sino una labor diaria; un hábito y una vocación. Como los artistas se consagran a sus modelos, y los poetas a sus estudios clásicos, así nosotros debemos dedicarnos a la oración. Debemos sumergirnos en la oración y así orar sin cesar. Señor, enséñanos a orar de tal manera que podamos prevalecer más y más en nuestras súplicas.
Charles Haddon Spurgeon.
jueves, 14 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 14
“Y comenzándose a hundir, dio voces, diciendo: Señor, sálvame”.
LOS siervos del Señor, cuando se están hundiendo, recurren a la oración. Pedro olvidó la oración al emprender su atrevido viaje, pero cuando empezó a hundirse, el peligro lo hizo clamar, y su clamor, aunque se produjo tarde, no se produjo demasiado tarde. En las horas de dolores corporales y de angustia mental, nos sentimos naturalmente llevados a la oración como el náufrago es llevado a la costa por las olas. La zorra corre a su cueva para protegerse; el pájaro vuela al bosque para refugiarse, y, de la misma forma, el creyente probado va presuroso al trono de la gracia para hallar seguridad. La oración es el gran puerto de refugio celestial; miles de naves sacudidas por las tormentas hallaron allí un refugio; así que, cuando se acerque alguna tormenta, será prudente que nos dirijamos a ese puerto a toda vela. Las oraciones cortas tienen suficiente extensión. Sólo dos palabras tiene la petición que Pedro formuló, pero eran suficientes para su propósito. Lo deseable no es la extensión, sino el poder. Un sentido claro de nuestra sociedad puede enseñarnos a ser breves. Si nuestras oraciones tuviesen menos de las plumas de la cola, que indican jactancia, y más de las de las alas, serían mucho mejores. La verbosidad es a la oración, lo que el tamo es al trigo. Las cosas preciosas están colocadas en espacios reducidos, y todo lo que hay de verdadera oración en una larga plegaria, podría ser expresado en una petición tan corta como la de Pedro. Nuestras necesidades son las oportunidades de Dios. En cuanto un vivo sentido de peligro arranca de nosotros un ansioso clamor, el oído de Jesús oye en el acto (pues en él, el oído y el corazón van juntos) y su mano no tarda. Nosotros apelamos al Maestro en el último instante, pero su diligente mano compensa nuestra tardanza por una acción instantánea y efectiva. ¿Estamos a punto de ser arrastrados por las turbulentas aguas de la aflicción? Levantemos nuestras almas al Salvador y descansemos seguros de que él no permitirá que perezcamos. Cuando no podemos hacer nada, Jesús lo hace todo. Pongamos a nuestro lado su poderosa ayuda, y todo irá bien.
Charles Haddon Spurgeon.
miércoles, 13 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 13
“Hizo nadar el hierro”. 2 Reyes 6:6.
EL hacha parecía estar irremediablemente perdida, y, como era prestada, el prestigio de los hijos de los profetas estaba probablemente en peligro, y, en consecuencia, el nombre de su Dios iba a estar comprometido. Contra lo que se esperaba, el hierro subió de las profundidades del río y nadó, pues lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Conozco a un hombre en Cristo que hace sólo unos años fue llamado a emprender una obra que estaba muy sobre sus fuerzas. Aparecía tan dificultosa que aún la simple idea de intentarla era absurda. Sin embargo, fue llamado a realizarla, y, al presentarse la ocasión, su fe se afirmó. Dios premió la fe del tal, le envió inesperada ayuda y el hierro nadó. Otro, de la familia del Señor, estaba pasando por una grave apretura financiera. Si hubiese podido vender cierta parte de sus bienes habría tenido con qué satisfacer todos sus compromisos, pero de la noche a la mañana fue puesto en un callejón sin salida, y en vano fue en busca de amigos. Sin embargo, su fe lo guió hacia el inefable ayudador, y, ¡he aquí!, la dificultad desapareció y el hierro nadó. Otro estaba preocupado con un triste caso de corrupción. Ya había apelado a la enseñanza, a la reprensión, a la exhortación, a la invitación y a la intercesión, pero… todo en vano. El viejo Adán era demasiado fuerte para el joven Melanchton; el terco espíritu no quería ceder. Entonces agonizó en oración, y, al poco tiempo, le fue enviada del cielo una bendita respuesta. El corazón duro fue quebrantado y el hierro nadó.
Amado lector, ¿qué es lo que te desespera? ¿Qué asunto grave tienes que resolver hoy? Tráelo aquí. El Dios de los profetas vive, y vive para ayudar a sus santos. El no permitirá que carezcas de algún bien. ¡Pon tu fe en el Señor de los Ejércitos! Acércate a él invocando el nombre de Jesús y el hierro nadará. Verás dentro de poco el dedo de Dios obrando maravillas a favor de su pueblo. “Conforme a tu fe te sea hecho”, y aun otra vez el hierro nadará.
Charles Haddon Spurgeon.
martes, 12 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 12
“Todavía tengo razones en orden a Dios”. Job 36:2.
NO debemos buscar publicidad para nuestras virtudes ni para nuestro fervor, pero, al mismo tiempo, es un pecado estar siempre procurando esconder lo que Dios nos ha concedido para bien de otros. Un cristiano no tiene que ser una aldea colocada en un valle, sino “una ciudad asentada sobre un monte”. No tiene que ser una lámpara colocada debajo de un almud, sino sobre el candelero, que alumbra a todos. El retraimiento puede ser agradable en su tiempo, y el ocultarse a sí mismo es sin duda signo de modestia, pero el ocultar a Cristo en nosotros nunca puede ser justificado y el retraerse de la verdad que nos es preciosa, es un pecado contra nuestros semejantes y una ofensa contra Dios. Si tienes un temperamento nervioso y una disposición a ser retraído, ten cuidado de no tolerar demasiado esta propensión a temblar, para que no seas inútil a la Iglesia. En el nombre del que no se avergonzó de ti, procura hacer alguna leve violencia a tus sentimientos, y cuenta a otros lo que Cristo te ha dicho a ti. Si no puedes hablar con voz de trueno, hazlo con voz apacible. Si el púlpito no debe ser tu tribuna, si la prensa no puede llevar sobre sus alas tus palabras, di con Pedro y Juan: “No tengo oro ni plata, mas lo que tengo te doy”. Si no puedes predicar un sermón desde un monte, habla a la mujer samaritana junto al pozo de Sicar; si no lo puedes hacer en el templo, alaba a Jesús en las casas; hazlo en el campo, si no lo puedes hacer en el negocio; en medio de tu propia familia, si no lo puedes hacer en medio de la multitud. Desde los ocultos manantiales, deja que fluyan apaciblemente los vivos arroyos del testimonio, dando así de beber a cuantos pasen. No ocultes tu talento; negocia con él y llevarás un buen interés a tu Maestro y Señor. El hablar por Dios será para nosotros motivo de refrigerio, para los santos motivo de alegría, para los pecadores motivo de provecho y para el Salvador motivo de honor. Los hijos mudos son una aflicción para los padres. Señor, desata la lengua de todos tus hijos.
Charles Haddon Spurgeon.
lunes, 11 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 11
“Yo he rogado por ti”. Lucas 22:32.
¡CUAN animador es pensar en la incesante intercesión del Redentor en favor nuestro! Cuando oramos, él aboga por nosotros; y cuando no oramos, él defiende nuestra causa y, por sus súplicas, nos protege de los daños invisibles. Observa la palabra de aliento dirigida a Pedro: “Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo, pero…” -¿qué?, ¿pero ve y ora por ti? Este hubiera sido un buen consejo, pero no es lo que hallamos escrito. Ni le dijo: “Pero yo te mantendré alerta, y así serás preservado”. Esto hubiera sido una grande bendición. Pero no; lo que le dijo es esto: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no falte”. Poco conocemos lo que debemos a las oraciones de nuestro Señor. Cuando lleguemos a la cumbre del cielo y miremos todo el camino por el cual el Señor nuestro Dios nos ha guiado, ¡cómo alabaremos al que, ante el trono eterno, desbarató el daño que Satanás estaba haciendo en la tierra! ¡Cuántas gracias le daremos porque él nunca estuvo en silencio, sino día y noche mostró las heridas de sus manos y llevó nuestros nombres en su pectoral! Aun antes que Satanás empezara a tentarnos, Jesús lo anticipó e introdujo una petición en el cielo. La misericordia le gana la carrera a la malicia. Observa: él no dice: “Satanás os ha zarandeado, y, por lo tanto, yo rogaré”, sino: “Satanás os ha pedido”. Él ataja a Satanás aun en sus mismos deseos. Jesús no dice: “Pero, yo he deseado rogar por ti”. No, sino dice: “Yo he rogado por ti; ya lo he hecho; he ido al tribunal e inicié una réplica antes que se presentase la acusación”. ¡Oh! Jesús, cuánto nos alienta saber que tú has abogado nuestra causa contra nuestros enemigos invisibles, que has contraminado sus minas, y que has desenmascarado sus emboscadas. En esto tenemos motivo para el gozo, la gratitud, la esperanza, y la confianza.
Charles Haddon Spurgeon.
domingo, 10 de enero de 2016
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