Versículo para hoy:

jueves, 21 de enero de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 21

“Y teniendo gran sed, clamó luego a Jehová, y dijo: Tú has dado esta gran salud por mano de tu siervo, ¿y moriré yo ahora de sed?”

SANSÓN estaba sediento y a punto de morir. La dificultad era diferente de todas las que el héroe había afrontado antes. Procurar meramente que la sed sea mitigada no es nada en comparación con la enorme empresa de librarse de mil filisteos; pero, cuando la sed lo acometió, Sansón sintió que aquella leve dificultad era más gravosa que las grandes dificultades anteriores, de las cuales había sido tan singularmente librado. Cuando el pueblo de Dios ha logrado una grande victoria es muy común que halle después muy penosa cualquier insignificante aflicción. Sansón mató a mil filisteos y los apiló en montones, y, después desfallecía por un poco de agua. Jacob luchó con Dios en Peniel y venció a la misma Omnipotencia, y, después, “cojeaba de su anca”. Es extraño que deba haber una contracción del tendón cuando ganamos la batalla, como si el Señor debiera enseñarnos nuestra pequeñez y nuestra nulidad para guardarnos dentro de los límites. Sansón se jactaba muy ruidosamente cuando dijo: “Yo maté mil hombres”. Su jactanciosa garganta pronto se enronqueció con sed, y él recurrió a la oración. Dios tiene muchos medios para humillar a su pueblo. Querido hijo de Dios, si después de gozar de gran bendición te sientes muy abatido, no creas que tu caso sea inusitado. Cuando David subió al trono de Israel, dijo: “Y yo el día de hoy soy débil, aunque ungido rey”. Debes esperar sentirte muy débil cuando estés disfrutando de tus más grandes triunfos.
Si el Señor ha obrado por ti, en el pasado, grandes portentos, tu presente dificultad no será otra cosa que la sed de Sansón, y el Señor no te dejará desmayar ni permitirá que la hija del incircunciso triunfe sobre ti. El camino del dolor es el camino del cielo, pero hay fuentes de refrigerantes aguas a lo largo del camino. Así, probado creyente, alienta tu corazón con las palabras de Sansón, y descansa en la seguridad de que Dios te librará en breve.

Charles Haddon Spurgeon.

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