Versículo para hoy:

lunes, 16 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(3) Recordemos también que hemos de anhelar la seguridad porque tiende a hacer de un cristiano un cristiano decidido.

La indecisión y las dudas sobre nuestro propio estado son, a los ojos de Dios, un mal gravoso y la madre de todos los males. A menudo producen que el creyente siga con vacilación e incertidumbre al Señor. La seguridad ayuda a desatar muchos nudos, aclara y esclarece la senda del deber cristiano.

Muchos, que esperamos sean hijos de Dios y que tengan gracia verdadera, aunque sea débil, se sienten continuamente atacados por dudas sobre cuestiones prácticas. "¿Está bien que hagamos tales o cuales cosas, que renunciemos a esta costumbre familiar? ¿Hemos de andar con esas compañías? ¿A dónde ponemos los límites a las visitas? ¿Cómo conviene vestirnos y cuáles serán nuestras distracciones? ¿No debemos nunca, bajo ninguna circunstancia, bailar ni jugar a las cartas, ni asistir a fiestas?" Esta es la clase de preguntas que parece causarles constantes problemas. Y con frecuencia, mucha frecuencia, la raíz sencilla de su perplejidad es que no se sienten seguros de ser hijos de Dios. Todavía no han determinado este punto, de qué lado de la puerta están. No saben si están dentro o fuera del arca.

De que un hijo de Dios debiera comportarse de cierta manera, están seguros, pero la pregunta importante es: "¿Son ellos mismos hijos de Dios?" Si solo sintieran que lo son, marcharían adelante en línea recta. Pero no estando seguros, sus conciencias están siempre vacilando y en un punto muerto. El diablo susurra: "Quizá al final de cuenta no eres más que un hipócrita: ¿Qué derecho tienes tú de tomar un camino decidido? Espera a ser realmente cristiano". ¡Y este susurro demasiadas veces hace inclinar la balanza y los lleva a transigir miserablemente con el mundo o desgraciadamente a conformarse a él!

Creo que aquí tenemos una de las razones principales por la cual tantos creyentes en esta época demuestran una conducta inconstante, superficial, insatisfactoria y desganada con el mundo. Se niegan a despojarse de todo lo relacionado con el viejo hombre porque no están bien seguros de haberse vestido del nuevo. En suma, no tengo ninguna duda de que una causa secreta de "vacilar entre dos opiniones" es la falta de seguridad. Cuando alguien puede afirmar decididamente: "¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!", su camino se hace muy claro. (1R. 18:39).

domingo, 15 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

Para ilustrar esto, tomemos dos inmigrantes ingleses y supongamos que se asientan lado a lado en Nueva Zelanda o Australia. Les dan a ambos un terreno para desmontar y cultivar. Los dos terrenos miden lo mismo y son de la misma calidad. Les entregan los títulos oficiales como propietarios, estipulando claramente que es propiedad de ellos y sus descendientes para siempre. Finalmente, registran esos títulos de propiedad con las autoridades correspondientes y de todas las demás maneras ingeniadas por el hombre.

Supongamos que uno de ellos se pone a trabajar para desmontar su tierra y cultivarla, y trabaja en esto día tras día sin parar. Supongamos que, mientras tanto, el otro interrumpe constantemente su trabajo y acude repetidamente a la oficina del registro público de la propiedad para preguntar si la tierra es realmente de él, si no hay algún error, si, después de todo, los instrumentos legales que le fueron dados no tienen alguna falla.

El primero nunca duda de tener el título de su propiedad, sino que simplemente sigue trabajando. El otro nunca se siente seguro de su título y se pasa la mitad del tiempo en la oficina de catastro, haciendo preguntas innecesarias.

¿Cuál de estos dos hombres habrá progresado más en el lapso de un año? ¿Cuál de ellos habrá hecho más con su propiedad, habrá trillado más tierra, tendrá las mejores cosechas para mostrar y será el más próspero, en general?

Cualquiera, con un poco de sentido común, puede contestar esa pregunta. No tengo que dárselas yo. Sólo puede haber una respuesta. El que dedique total atención a sus tierras obtendrá siempre más éxito.

Sucede algo similar con la cuestión de nuestro título en las "mansiones celestiales". Nadie hará más por el Señor que lo compró, como el creyente que ve su título con claridad y no se distrae con incredulidades, dudas, cuestionamientos y vacilaciones. El gozo del Señor será la fortaleza de aquel hombre. Dice David: "Vuélveme el gozo de tu salvación... Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos" (Sal. 51:12,13).

Nunca han existido obreros cristianos como los apóstoles. Realmente, la obra de Cristo era su comida y su bebida. No contaban su propia vida como algo a qué aferrarse. Pusieron su libertad, salud y comodidad mundana al pie de la cruz. Y una gran razón de esto, creo, fue su esperanza segura. Eran hombres que podían decir: "Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno" (1 Jn. 5:19).

sábado, 14 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

(2) Recordemos, también, que la seguridad es deseable porque tiende a hacer del cristiano un obrero que trabaja activamente.

Nadie, hablando en general, hace tanto para Cristo en la tierra como los que disfrutan de la confianza más plena de la entrada gratuita al cielo y no ponen su confianza en sus propias obras, sino en la obra consumada de Cristo. Esto puede parecer demasiado maravilloso para ser verdad, pero me atrevo a decir que es cierto.

El creyente que no tiene una esperanza segura, pasará mucho de su tiempo escudriñando el interior de su corazón, analizando su estado. Al igual que la persona nerviosa e hipocondríaca, estará obsesionado por sus propios problemas, sus dudas y cuestionamientos, sus propios conflictos y corrupciones. En suma, a menudo se encontrará con que está tan trastornado por sus batallas internas que tiene poco tiempo libre para otras cosas y poco tiempo para trabajar para Dios.

En cambio, el creyente que, como Pablo, tiene una esperanza segura, se encuentra libre de estas distracciones que hostigan al creyente. No desconcierta a su alma con dudas sobre su propio perdón y aceptación. Mira el pacto eterno sellado con sangre, la obra consumada y la palabra inquebrantable de su Señor y Salvador que nunca ha fallado y, por lo tanto, considera su salvación como cosa segura. Y es así que puede dar toda su atención a la obra del Señor y, por ende, a la larga, hacerla14.

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14 "La seguridad nos hace más activos y entusiastas en el servicio de Dios, nos incita a orar y a ser obedientes. La fe nos hace caminar, pero la seguridad nos hace correr. Pensamos que nunca podríamos hacer bastante para Dios. La seguridad es como las alas para el pájaro y el péndulo para el reloj, pone en marcha las ruedas de la obediencia". -Thomas Watson.

"La seguridad causa que el hombre sea ferviente, constante y abundante en la obra del Señor. Cuando el cristiano seguro ha terminado un trabajo, pide otro. '¿Qué tengo que hacer ahora, Señor?', dice el alma segura, '¿qué tengo que hacer ahora?'. El cristiano seguro hará cualquier trabajo que sea, pondrá su cerviz en cualquier yugo por Cristo, nunca piensa que ha hecho bastante, siempre piensa que ha hecho muy poco y cuando ha hecho todo lo que ha podido, toma asiento diciendo 'Siervo inútil soy'". -Thomas Brooks.

viernes, 13 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

La seguridad fortalece al hombre en sus dolores y enfermedades, le tiende la cama y alisa su almohada en su lecho de muerte. Le hace posible decir: "Si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio" (2 Co. 5:1). "Teniendo deseo de partir y estar con Cristo"(Fil. 1:23). "Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre" (Sal. 73:26)12.

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12 Estas fueron las palabras de Rutherford en su lecho de muerte: "¡Oh que todos mis hermanos supieran a qué Señor he servido y qué paz tengo este día! Dormiré en Cristo y cuando despierte estaré satisfecho con ver su rostro" (1661). Estas fueron las palabras de Baxter en su lecho de muerte: "Bendigo a Dios porque tengo una seguridad absoluta de mi felicidad eterna y mucha paz y consolación en mi interior". Cuando casi llegaba a su final, le preguntaron cómo estaba. La respuesta fue: "Casi bien". (1691).

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El fortísimo consuelo que la seguridad puede dar en la hora de la muerte es un punto de gran importancia. Podemos depender de esto, nunca nos será tan preciada la seguridad como cuando nos llega el turno para morir. Son pocos los creyentes que en esa hora atroz no descubren el valor y privilegio de una "esperanza segura", lo hayan pensado o no durante su vida. Las "esperanzas" y "confianzas", en general, son muy buenas mientras brilla el sol y el cuerpo está fuerte; pero cuando estamos por morir, queremos poder decir "Yo sé que..." y "Yo siento que...". El río de la muerte contiene una corriente fría y tenemos que cruzarla solos. Ningún amigo terrenal nos puede ayudar. El postrer enemigo, el rey de terrores, es un oponente fuerte. Cuando nuestras almas están partiendo, no hay mejor bebida que el vino fuerte de la seguridad.

En el Libro de Oraciones hay expresiones hermosas en el servicio diseñado para la visita a los enfermos: "El Señor todopoderoso que es torre fuerte para todos aquellos que ponen su confianza en él, sea ahora eternamente tu defensa, y te haga saber y sentir que no hay otro nombre debajo del cielo, por medio del cual puedes recibir salud y salvación, que el nombre de nuestro Señor Jesucristo". Los compiladores de ese servicio mostraron aquí gran sabiduría. Vieron que cuando los ojos se oscurecen, el corazón se debilita y el espíritu está a punto de partir tiene que haber el saber y el sentir lo que Cristo ha hecho por nosotros, de otra manera, no puede haber paz perfecta13.

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13 "La medida más pequeña de fe, quita el aguijón de la muerte porque elimina la culpa; pero la seguridad absoluta de la fe, rompe los dientes y la quijada de la muerte misma porque anula el temor y terror a ella". -Sermon in the Morning Exercises (Sermón en los Ejercicios Matinales) por Fairclough. 

jueves, 12 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

La seguridad ayuda a soportar la pobreza y las pérdidas. Le enseña a decir: "Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación". "¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo" (Hab. 3:17, 18; Pr. 23:"5).

La seguridad mantiene en pie al hijo de Dios bajo las peores pérdidas de seres queridos y le ayuda a sentir: "Todo está bien". El alma segura puede decir: "Aunque seres queridos me han sido arrebatados, sin embargo, Jesús es el mismo y está vivo para siempre. Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. No es así mi casa para con Dios; sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo, ordenado en todas las cosas, y será guardado" (2 R. 4:26; He. 13:8; Ro. 6:9; 2 S. 23:5).

La seguridad hace posible que el hombre alabe a Dios y sea agradecido con él, aun estando en la cárcel, como Pablo y Silas en Filipos. Puede darle cantos al creyente, aun en la noche más oscura, y gozo cuando todo está en su contra10 (Job35:10; Sal. 42:8).

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10 Estas fueron las palabras de John Bradford en prisión poco antes de su ejecución: "No tengo ningún pedido. Si la reina me otorga la vida, le daré las gracias; si me la quita, le daré las gracias; si me quema en la hoguera, le daré las gracias; si me da condena perpetua, le daré las gracias". Esta fue la experiencia de Rutherford cuando fue exiliado a Aberdeen: "Qué ciegos son mis adversarios que me enviaron a una sala de banquetes y no a una prisión ni a un lugar de exilio". "Mi prisión es un palacio para mí y la sala de banquetes de Cristo". -Letters.

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La seguridad hace posible que el hombre duerma tranquilo, aun con la perspectiva de morir al día siguiente, como Pedro en el calabozo de Herodes. Le enseña a decir: "En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado"(Sal. 4:8).

La seguridad hace posible que el hombre se regocije de padecer afrentas a causa de Cristo, como lo hicieron los apóstoles cuando los pusieron en la cárcel en Jerusalén (Hch. 5:41). Le recuerda que puede experimentar lo que enseña Jesús en el Sermón del Monte: "Gozaos y alegraos" (Mt. 5:12) y que hay en el cielo un excelente peso de gloria que compensará todo lo demás (2 Co. 4:17).

La seguridad hace posible que el creyente enfrente una muerte violenta y dolorosa sin temor, como lo hizo Esteban en los primeros tiempos de la iglesia de Cristo y como Cranner, Ridley, Hooper, Latimer, Rogers y Taylor en sus respectivos países. Le trae a la mente los textos "No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer" (Lc. 12:4). "Señor Jesús, recibe mi espíritu"(Hch. 7:59)11.

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11 Estas fueron las últimas palabras de Hugh Mckail en el cadalso en Edimburgo en 1666: "Ahora comienzo mi relación con Dios que nunca será quebrantada. Adiós, madre y padre, amigos y parientes; adiós mundo y todas sus delicias; adiós comidas y bebidas; adiós sol, luna y estrellas. Bienvenido Dios y Padre; bienvenido dulce Señor Jesús, Mediador del nuevo pacto; bienvenido bendito Espíritu de gracia y Dios de toda consolación; bienvenida gloria; bienvenida vida eterna; bienvenida muerte. ¡Oh Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu, pues tú has redimido mi alma, oh Señor Dios de la verdad!"

martes, 10 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

III. Razones por las cuales una esperanza segura es sumamente deseable

Paso al tercer tema al cual me referí al principio. Daré algunas razones por las cuales una esperanza segura es sumamente deseable.

Pido la atención especial de mis lectores al tratar este punto. Anhelo de corazón que la seguridad sea más buscada de lo que es. Muchos entre los que creen, empiezan a dudar y siguen dudando, viven dudando y mueren dudando, y van al cielo en una especie de bruma.

Sería lamentable si yo hablara livianamente acerca de "esperanzas" y "seguridades". Pero me temo que muchos de nosotros nos contentamos con ellas y hasta allí llegamos. Me gustaría ver menos creyentes "vacilantes" en la familia del Señor y más que pudieran decir: "Yo sé y estoy convencido". ¡Oh, que todos los creyentes anhelaran los dones mejores y no se contentaran con menos! Muchos se pierden la bendición completa que el evangelio tiene la finalidad de dar. Muchos se mantienen en una condición pobre y hambrienta del alma, mientras que su Señor está diciendo: "Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados"; "pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido" (Cnt. 5:1; Jn. 16:24).

(1) Para empezar, recordemos que la seguridad es algo deseable, por la tranquilidad y paz que da en el presente.

Las dudas y temores tienen el poder de arruinar mucha de la felicidad del verdadero creyente en Cristo. La incertidumbre y el suspenso son malo en todo sentido: En nuestra salud, nuestras pertenencias, nuestras familias, nuestros afectos y nuestras vocaciones terrenales, pero nunca tan malos como en los asuntos que conciernen a nuestras almas. Y mientras un creyente no puede llegar más allá de "esperar que" y "confiar que", se hace evidente que percibe cierto grado de incertidumbre acerca de su estado espiritual. Las palabras mismas lo implican. Dice: "Espero que" porque no se atreve a decir: "Yo sé que...".

Ahora bien, la seguridad hace mucho para liberar al hijo de Dios de este tipo de dolorosa esclavitud y, por tanto, tiene una gran influencia sobre su tranquilidad. Le hace posible sentir que la gran cuestión de la vida, es una cuestión resuelta, la gran deuda es una deuda pagada, la grave enfermedad es una enfermedad curada y la gran obra proyectada es una obra terminada. Entonces todas las demás cuestiones, como enfermedades, deudas y obras son pequeñas en comparación. De este modo, la seguridad lo hace paciente en la tribulación, apacible ante la pérdida de un ser querido, impasible en los sufrimientos, sin temor de malas noticias, contento sea cual fuere su condición, porque le da firmeza al corazón. Endulza sus copas amargas, aliviana la carga de sus cruces, alisa los lugares ásperos por dónde camina e ilumina el valle de sombra de muerte. Le hace sentir que siempre tiene algo sólido bajos sus pies y algo firme en sus manos, un amigo seguro en el camino y un hogar seguro al final del camino9.

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9 "El Obispo Latimer le decía a Ridley: 'Cuando vivo con una seguridad decidida y firme sobre el estado del alma, me parece ser valiente como un león. Puedo reírme de todos los problemas, no hay aflicción que me acobarde. Pero cuando estoy eclipsado en mis comodidades, tengo tanto temor espiritual que quisiera correr y meterme en una ratonera'". -Citado por Christopher Love, 1653.

"La seguridad nos ayuda con todo deber y nos arma contra toda tentación, responde a toda objeción, nos sostiene en todas las condiciones en que nos podemos encontrar en los momentos más tristes de la vida. 'Si Dios con nosotros, ¿quién contra nosotros?'" -Obispo Reynolds sobre Oseas 14, 1642.

"Nada puede andarle mal al que tiene seguridad. Dios es de él. ¿Ha perdido un amigo? Su Padre vive. ¿Ha perdido un hijo único? Dios le ha dado a su único Hijo. ¿Le falta pan? Dios le ha dado el mejor, el pan de vida. ¿Ha perdido todos sus consuelos? Él tiene un Consolador. ¿Pasa por tormentas? Sabe dónde ir a puerto seguro. Dios es su Porción y el cielo es su remanso de paz". -Thomas Watson, 1661.

lunes, 9 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

(b) Pero en medio de todo esto, recordemos que puede ser que la pobre alma del creyente no tenga una seguridad completa de haber sido perdonado y aceptado por Dios. Puede sufrir temor tras temor y duda tras duda. Puede tener en su interior muchas preguntas, mucha ansiedad, muchas luchas y muchas incertidumbres (nubarrones y oscuridad, tormentas y tempestades) hasta el final.

Afirmo, lo repito, que una fe simple y sencilla en Cristo salva al hombre, aunque nunca logre sentirse seguro, pero no digo que lo llevará al cielo con consolaciones fuertes y abundantes. Afirmo que lo llevará a puerto seguro, pero no que entrará a todo vapor, seguro y con regocijo. No me sorprendería que llegara azotado por los elementos y sacudido por las tempestades, casi sin darse cuenta de que está seguro, hasta que abre sus ojos en la gloria.

Creo que es de suma importancia tener en mente esta diferencia entre fe y seguridad. Explica cosas que el que se pregunta acerca de la religión, a veces, encuentra difícil de entender.

Recordemos que la fe es la raíz y la seguridad es la flor. Nunca se puede tener una flor sin una raíz, pero no es menos cierto que se puede tener la raíz y no la flor.

Fe es aquella pobre mujer que se acercó temblorosamente a Jesús y tocó la punta de su manto (Mr. 5:25ss). Seguridad es Esteban parado con calma en medio de sus asesinos diciendo: "He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios" (Hch. 7:56).

Fe es el ladrón penitente exclamando: "Acuérdate de mí cando vengas en tu reino" (Lc. 23:42). Seguridad es Job, sentado entre cenizas, cubierto de llagas diciendo "Yo sé que mi Redentor vive" (Job 19:25) y "aunque él me matare, en él esperaré" (Job 13:15).

Fe es la exclamación de Pedro, cuando empezaba a hundirse en el agua: "¡Señor, sálvame!" (Mt. 14:30). Seguridad es ese mismo Pedro declarando tiempo después ante el Concilio: "Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hch. 4:11, 12).

Fe es la voz ansiosa y temblorosa: "Creo, ayuda mi incredulidad" (Mr. 9:24). Seguridad es el desafío dicho con convicción: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios?... ¿Quién es el que condenará?" (Ro. 8:33,34). Fe es Saulo orando en la casa de Judas en Damasco, triste, ciego y solo (Hch. 9:11). Seguridad es Pablo, el prisionero anciano, contemplando tranquilo a la tumba y diciendo: "Yo sé a quién he creído". "Por lo demás, me está guardada la corona de justicia" (2 Ti. 1:12; 4:8).

Fe es vida. ¡Qué bendición tan grande! ¿Quién puede describir o entender el abismo entre la vida y la muerte? "Mejor es perro vivo que león muerto" (Ec.9:4). No obstante, la vida puede ser débil, enfermiza, enclenque, dolorosa, trabajosa, ansiosa, cansada, pesada, sin gozo ni sonrisas hasta el final. Seguridad es más que vida. Es buena salud, fortaleza, poder, vigor, actividad, energía, virilidad y hermosura.

No es la cuestión "salvo o no salvo" la que tenemos delante, sino "con privilegios o sin privilegios". No es cuestión de paz o no paz, sino de mucha paz o poca paz. No es una cuestión entre peregrinos de este mundo y la escuela de Cristo. Es una que pertenece sólo a la escuela de Cristo; es la diferencia entre el comienzo de la primera clase en la escuela y la terminación de la última.

Aquel que tiene fe anda bien. Yo sería feliz si pensara que todos los lectores de este libro la tienen. ¡Benditos, tres veces benditos son los que creen! Están seguros. Están limpios. Están justificados. Están fuera del alcance del poder del infierno. Satanás, con toda su malicia, nunca los arrebatará de la mano de Cristo. Pero el que tiene seguridad anda mucho mejor; ve más, siente más, sabe más, disfruta más y tiene más días como los que se mencionan en Deuteronomio, a saber, "como los días de los cielos sobre la tierra" (Dt. 11:21)8.

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8 "El bien más grande que podemos desear, después de la gloria de Dios, es nuestra propia salvación; y el bien más dulce que podemos desear es la seguridad de nuestra salvación. En esta vida no hay bien mayor que estar seguros de lo que disfrutaremos en la vida venidera. Todos los santos disfrutan del cielo cuando parten de esta tierra, algunos santos disfrutan un cielo mientras están aquí en la tierra". -Joseph Caryl, 1653.

sábado, 7 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

La diferencia entre fe y seguridad

Nadie me malentienda cuando hablo con firmeza sobre la realidad, el privilegio y la importancia de la seguridad. Nadie me haga la injusticia de decir que enseño que ninguno es salvo a menos que pueda decir con Pablo: "Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo en aquel día" (2 Ti. 4:8). Eso no es lo que digo. No enseño nada que se le parezca.

(a) Es indispensable que el hombre tenga fe en el Señor Jesucristo, si ha de ser salvo. No conozco otro modo de acceso al Padre. No veo ningún indicio de misericordia, excepto a través de Cristo. El hombre tiene que sentir sus pecados y su condición perdida, tiene que acudir a Jesús para obtener perdón y salvación, y tiene que poner toda su esperanza en él y sólo en él. Pero aunque sólo tiene fe para hacer esto, por más débil y endeble que sea esa fe, afirmo que no se perderá el cielo; las Escrituras lo garantizan.

Nunca, nunca restrinjamos la libertad del evangelio glorioso, ni limitemos sus verdaderas proporciones. Nunca hagamos más más estrecha la puerta y el camino más angosto de lo que el orgullo y amor al pecado lo han hecho ya. El Señor Jesús es muy compasivo y misericordioso. No tiene en cuenta la cantidad de fe, sino la calidad; no mide su graduación, sino su veracidad. No romperá ninguna caña cascada, ni apagará ningún pábilo que humea. Nunca permitirá que se diga que alguien pereció a los pies de la cruz. Dice: "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera" (Jn. 6:37).7

¡Si! Aunque la fe de alguien puede no ser más grande que un grano de mostaza, si lo trae a Cristo y hace posible que toque la punta de su manto, será salvo tanto como lo es el santo más antiguo en el paraíso, salvo tan completa y eternamente como Pedro, Juan o Pablo. Hay grados en nuestra santificación. No así en nuestra justificación. Lo que está escrito, escrito está, y nunca fallará: "Todo aquel que en él creyere", no el que tiene una fe fuerte y poderosa, "todo aquel que en él creyere, no será avergonzado" (Ro. 10:11).

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7 "Aquel que cree en Jesús nunca será confundido. Ninguno lo ha sido en el pasado ni lo será usted, si cree. La siguiente fue una gran declaración de fe de un hombre a punto de morir de una manera peculiar, entre su condenación y su ejecución. Sus últimas palabras fueron estas, dichas a viva voz: "Nunca hombre alguno murió con su rostro hacia Cristo Jesús". -Robert Traill (1642-1716

jueves, 5 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

II. Puede ser que un creyente nunca llegue a sentir esta esperanza segura

Paso al segundo punto que mencioné. Dije: El creyente que nunca llega a tener esta esperanza segura, que Pablo expresa puede, aun así, ser salvo.

Reconozco esto sin problema. No lo disputo ni por un momento. No quiero contristar a algún corazón que Dios no haya entristecido, ni desalentar a un hijo débil de Dios, ni dejar la impresión de que alguien no puede ser salvo en Cristo a menos que se sienta seguro.

Una persona puede tener una fe salvadora en Cristo y, aun así, nunca disfrutar de una esperanza segura, como la que disfrutó el apóstol Pablo. Creer y tener un rayo de esperanza de haber sido aceptado es una cosa; otra muy distinta es tener "gozo y paz" en nuestra fe y abundar en esperanza. Todos los hijos de Dios tienen fe, no todos sienten seguridad. Creo que nunca hay que olvidar esto.

Sé que algunos hombres que considero importantes y buenos tienen una opinión distinta. Creo que muchos ministros del evangelio excelentes, a cuyos pies con gusto me sentaría, no aceptan la diferencia que he mencionado. Pero no quiero llamar maestro a nadie. Detesto tanto como cualquiera, la idea de curar apenas un poco las heridas de la conciencia, pero me parece que, cualquier otro concepto distinto al que he enunciado, constituye un evangelio muy incómodo para predicar y uno que, muy posiblemente, mantendría a las almas alejadas por mucho tiempo de la puerta a la vida6.

No dudo en decir que por gracia, alguien puede tener suficiente fe para acudir a Cristo, suficiente fe para realmente aferrarse a él, realmente confiar en él, realmente ser hijo de Dios y realmente ser salvo, y, aun así, hasta el fin de sus días, no poder librarse de mucha ansiedad, duda y temor. Dice un antiguo escritor: "Se puede escribir una carta, que no se sella; de la misma manera la gracia puede estar escrita en el corazón pero, aun así, no contar con el sello de la seguridad". Un niño puede nacer heredero de una gran fortuna y, aun así, nunca saber de sus riquezas, vivir como niño y morir como niño sin haber sabido nunca la grandeza de sus posesiones. De la misma manera, alguien puede ser un infante en la familia de Cristo, pensar como un infante, hablar como un infante y, aunque salvo, nunca disfrutar de una esperanza viva, ni conocer los verdaderos privilegios de su herencia.

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Referimos al lector que quiera saber más acerca de este tema, al Apéndice, al final de este capítulo en el que encontrará fragmentos de escritos de varios teólogos ingleses reconocidos que apoyan la posición de este capítulo sobre la seguridad. Los fragmentos son demasiado largos para insertar en esta página.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

La seguridad de Pablo basada en Cristo

Podemos estar seguros de que Pablo sería el último ser sobre la tierra que basaría su seguridad en una experiencia personal. Aquel que dijo: "Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero" (1 Ti. 1:15), tenía un sentido profundo de su culpabilidad y corrupción. Pero también tenía un sentido, aún más profundo, de la longitud y la amplitud de la justicia de Cristo que le fue imputada. El que podía clamar: "¡Miserable de mí!" (Ro. 7:24), tenía una visión clara de la fuente de impiedad en su propio corazón. Pero tenía un sentido aún más claro de esa otra Fuente que puede quitar "todo pecado e impureza" (Lv. 16:16). Él, que sentía ser "menos que el más pequeño de todos los santos" (Ef. 3:8), tenía un vivo y permanente sentido de su propia debilidad. Pero tenía una convicción aún más viva de que Cristo no podía faltar a su promesa de que sus ovejas "no perecerán jamás" (Jn. 10:28). Pablo sabía, (si es que algún hombre pudiera saber), que era una pobre y frágil embarcación flotando en un mar tempestuoso. Veía (si es que alguien pudiera ver), las olas enormes y la rugiente tempestad que lo rodeaban. Pero luego apartaba la mirada de sí mismo, la fijaba en Jesús y dejaba de tener temor. Recordaba aquel ancla detrás del velo que es "segura y firme" (He. 6:19). Recordaba las palabras, la obra y la intercesión constante de Aquel que lo amaba y se había entregado por él. Y era esto y nada más que esto por lo que pudo decir con audacia: "Por lo demás, me está guardada la corona de justicia" (2 Ti. 4:8) y concluir con tanta firmeza: "Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial" (2 Ti. 4:18)5.

Ya dejaré esta parte del tema. Creo que podemos admitir que he establecido un buen fundamento para la afirmación que hice: Una esperanza segura es algo cierto y bíblico.
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"En su viaje al cielo nunca se ha muerto o ahogado un creyente en Jesucristo. Cada uno se encontrará sano y salvo con el Cordero en el Monte Sion. Cristo no pierde ni a uno de ellos, sí, a ninguno (Jn. 6:39). Ni un solo hueso de ningún creyente yacerá en el campo de batalla. Todos son más que vencedores por medio de aquel que los amó (Ro. 8:37)". -Robert Traill.

martes, 3 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

Respuestas a las Escrituras

(a) Pero mi respuesta, además, a todos los que no les gusta la doctrina de la seguridad del creyente porque la consideran casi una presunción, es esta: No puede ser presunción seguir los pasos de Pedro, Pablo, Job y Juan. Todos fueron hombres con una mentalidad eminentemente humilde, si es que alguna vez hubo alguno; y, no obstante, todos estos hablan de su propio estado con una esperanza segura. Esto indudablemente nos enseña que una humildad profunda y una seguridad sólida son perfectamente compatibles y que no hay ninguna relación aquí entre la confianza espiritual y el orgullo3.
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3 ”Están muy equivocados los que piensan que la fe y la humildad no concuerdan; no sólo concuerdan muy bien, sino que no pueden ser separadas". -Traill.
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(b) Pero mi respuesta, además, es que muchos han alcanzado una esperanza segura tal como nuestro texto expresa, aun, en los tiempos modernos. No puedo aceptar ni por un momento que este fue un privilegio singular limitado a la época apostólica. Han habido en nuestro país, muchos creyentes que parecen haber andado en una comunión casi ininterrumpida con el Padre y el Hijo, que parecen haber disfrutado constantemente de un sentido cada vez mayor de la luz del rostro de Dios brillando sobre ellos y han dejado registrada su experiencia. Podría mencionar nombres muy conocidos, si el espacio lo permitiera. Lo cierto es que esto ha sido, es y eso basta.

(c) Por último, mi respuesta es: No puede ser errado sentirse seguro de un asunto del que Dios habla incondicionalmente, creer decididamente cuando Dios promete resueltamente y estar convencido de tener el perdón y la paz cuando descansamos en la palabra y la promesa de Aquel que nunca cambia. Es error craso suponer que el creyente que se siente seguro descansa en algo que él mismo ve. Sencillamente, se apoya en el Mediador del Nuevo Pacto y las Escrituras de la verdad. Cree que el Señor Jesús quiere decir lo que dice y toma como ciertas sus palabras. La seguridad es, después de todo, nada más que una fe que ha llegado a su plenitud, una fe fuerte que toma la promesa de Dios con ambas manos y una fe que argumenta como el buen centurión: "Solamente di la palabra, y mi criado sanará" (Mt. 8:8). ¿Cómo, entonces, podría yo dudar?4
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"Estar seguros de nuestra salvación", dice Agustín, "no es terca arrogancia, es nuestra fe. No es arrogancia, es devoción. No es presunción, es la promesa de Dios". -Defense of Apology (Defensa de la apología) por el Obispo Jewell, 1570.
"Si la base de nuestra seguridad fuéramos nosotros mismos, se podría llamar presunción con razón; pero como su base es el Señor y el poder de su fuerza, los que consideran que una confianza segura es presunción, o no saben lo que la fuerza de su poder o poco la valoran". -Whole Armour of God (Toda la armadura de Dios) por Gouge, 1647.
"¿En qué se basa esta certidumbre? Seguramente nada que haya en nosotros. Nuestra seguridad para perseverar se basa toda en Dios. Si nos miramos a nosotros mismos, vemos razón para temer y dudar, pero si miramos a Dios, encontraremos razón para estar seguros". -Hildersam sobre 1 Juan 4, 1632.
"Nuestra esperanza no cuelga de un hilo débil como: 'Me imagino que', ni 'quizá sea', sino de un cable, la soga fuerte amarrada a un ancla, es el pacto y la promesa de aquel que es verdad eterna. Nuestra salvación está amarrada a la mano misma de Dios y a la fuerza misma de Cristo, a los indestructibles lazos de la naturaleza inmutable de Dios". -Letters (Cartas) por Ruherford, 1637.

domingo, 1 de diciembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

Los fanáticos y exaltados existirán mientras exista el mundo. A pesar de todo esto, la seguridad es una realidad y una cosa verdadera y los hijos de Dios no deben dejar que quienes abusan de ella los aparten de esa verdad2.

Mi respuesta a todos los que niegan la existencia de una seguridad real y bien fundamentada es sencillamente esta: ¿Qué dicen las Escrituras? Si no la encontráramos allí, no diría ni una palabra más.

Pero, ¿acaso no dice Job: "Yo  que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios" (Job 19:25-26)?

¿Acaso no dice David: "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo" (Sal. 23:4)?

¿Acaso no dice Isaías: "Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado" (Is. 26:3)? Y también: "Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre" (Is. 32:17).

¿Acaso no dice Pablo en Romanos: "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Ro. 8:38, 39)?

¿Acaso no le dice a los corintios: "Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos" (2 Co. 5:1)?

Y otra vez: "Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor" (2 Co. 5:6).

¿Acaso no le dice a Timoteo: "Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo  a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día" (2 Ti. 1:12)?

¿Y acaso no les habla a los colosenses de "alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento" (Col. 2:2) y a los Hebreos de la "plena certeza de la esperanza" y la "plena certidumbre de fe" (He. 6:11; 10:22)?

¿No dice Pedro expresamente: "Procurad hacer firme vuestra vocación y elección" (2 P. 1:10)?

¿Acaso no dice Juan: "Sabemos que hemos pasado de muerte a vida" (1 Jn. 3:14)?

Y también: "Para que sepáis que tenéis vida eterna" (1 Jn. 5:13).

Y otra vez: "Sabemos que somos de Dios" (1 Jn. 5:19). 

¿Qué diremos a todo esto? Anhelo hablar con toda humildad sobre cualquier punto controversial. Siento que soy sólo un pobre hijo falible de Adán. Per tengo que decir que en los pasajes que he citado veo algo muy superior a meras "esperanzas" y "confianzas" con las cuales muchos creyentes parecen contentarse en la actualidad. Veo un lenguaje de convicción, confianza, conocimiento y, casi diría, de certidumbre. Y siento por mi parte, que puedo considerar estos pasajes y ver clara y evidentemente que enseñan: Que la doctrina de la seguridad del creyente es cierta.
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"No vindicamos a todo el que pretende vanamente tener 'el testimonio del espíritu'. Ni tampoco recomendamos a aquellos de cuya profesión de fe, no vemos más que su atrevimiento y confianza. Pero no rechacemos ninguna doctrina de revelación por un temor demasiado ansioso de las consecuencias". -Christian System (Sistema cristiano) por Robinson.

"La seguridad auténtica se edifica sobre un fundamento bíblico. La presunción no tiene ningún pasaje bíblico sobre el cual basarse; es como un testamento sin sello ni testigo, que es nulo e inválido ante la ley. A la presunción le falta tanto el testigo de la Palabra como el sello del Espíritu. La seguridad siempre mantiene al alma en una postura humilde, pero la presunción en el orgullo. Las plumas vuelan para arriba, pero el oro desciende; aquel que tiene esta seguridad de oro, tiene un corazón que desciende en humildad". -Body of Divinity por Watson, 1650.

"La presunción incluye una vida disoluta; la convicción, una conciencia tierna; la primera se atreve a pecar porque se cree segura, la segunda no se atreve a hacerlo por temor a perder su seguridad. La convicción no peca porque le costó muy caro a su Salvador; la presunción peca porque la gracia abunda. La humildad es el camino al cielo. Los que están orgullosamente seguros de ir al cielo no pasan al frente con tanta frecuencia porque temen irse al infierno". -Adams sobre la Segunda Epístola de Pedro, 1633.
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viernes, 29 de noviembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(b) La gran mayoría de los cristianos mundanos e irreflexivos entre nosotros se oponen a la doctrina de la seguridad del creyente. Les ofende e irrita oír de ella. No les gusta que otros se sientan tranquilos y seguros porque ellos mismos no se sienten así. ¡Pregúnteles si sus pecados han sido perdonados y, probablemente, le dirán que no saben! Entonces, no nos extrañe que no puedan aceptar la doctrina de la seguridad.

(c) Pero hay también algunos creyentes auténticos que rechazan la seguridad o que la evitan como una doctrina llena de peligros. Consideran que es casi una presunción. Parecen creer que es una muestra de humildad no sentirse nunca seguros, nunca confiar totalmente y vivir con cierto grado de duda y suspenso con respecto a sus almas. Esto es de lamentar y perjudica en gran manera.

(d) Admito sinceramente que hay personas presuntuosas que profesan sentir una confianza que no tiene una garantía bíblica: Siempre hay algunos que piensan bien de sí mismos cuando Dios piensa lo contrario; también hay algunos que piensan mal de sí mismos cuando Dios piensa bien de ellos. Siempre habrá gente así. Nunca ha existido una verdad bíblica que no sufra abusos y sea falsificada. La elección de Dios, la impotencia del hombre y la salvación por gracia sufren abusos por igual.

jueves, 28 de noviembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

I. Una esperanza segura es algo cierto y bíblico

Primero, entonces procuraré mostrar que una esperanza segura es algo cierto y bíblico. La seguridad, como lo que expresa Pablo en los versículos que encabezan este capítulo, no es mera fantasía ni un simple sentimiento. No es el resultado de una reacción animal intensa, ni la percepción de una persona con temperamento sanguíneo. Es un don positivo del Espíritu Santo, otorgado sin relación alguna con el físico, un don que cada creyente en Cristo debiera anhelar y buscar.

En temas como estos, la primera pregunta es esta:

(a) ¿Qué dicen las Escrituras? Contesto la pregunta sin ninguna vacilación. Me parece a mí que la Palabra de Dios enseña claramente que el creyente puede llegar a tener una confianza segura con respecto a su propia salvación.

Afirmo plena y ampliamente como verdad de Dios, que el verdadero cristiano, el hombre convertido, puede llegar a un grado de fe en Cristo tan segura que, en general, se siente con una confianza total en cuando al perdón y la seguridad de su alma; rara vez tendrá dudas, rara vez lo distraerán los temores, rara vez lo molestarán ansiosos cuestionamientos y, en suma, aunque veces se sentirá desconcertado por los muchos conflictos interiores con el pecado, esperará con anticipación la muerte sin temblar y el juicio sin consternación. Esto, afirmo yo, es la doctrina de la Biblia1.

Tal es mi posición sobre la seguridad. Les pido a mis lectores que la tengan muy en cuenta. No digo ni menos ni más de lo que ya he presentado.

Una afirmación como esta es, a menudo, disputada y negada. Muchos no ven nada de verdad en ella.

La Iglesia Católica Romana denuncia la garantía de la seguridad en términos contundentes. El Concilio de Trento declara sin tapujos que "la seguridad del creyente en el perdón de sus pecados es una seguridad vana e impía" y el cardenal Bellarmine, reconocido campeón del catolicismo romano, llama a la seguridad "un error capital de los herejes".

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"La plena seguridad de que Dios ha librado a Pablo de condenación, sí, tan plenamente y real que produce agradecimiento y triunfos en Cristo, puede confundirse y, de hecho, se entremezcla con las quejas y lamentos de una condición desdichada porque permanecía en el apóstol el cuerpo de pecado". - Triumph of Faith (Triunfo de la fe) por Rutherford, 1645.

martes, 26 de noviembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

(c) Escuchemos una vez más al apóstol. Mira hacia adelante al gran día cuando tendrá que rendir cuentas y lo hace sin dudar.

Note sus palabras:

"Me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida".

"Una recompensa gloriosa", parece decir, "está preparada y reservada para mí, una corona que sólo reciben los justos. En el gran Día del juicio, el Señor me dará a mí esta corona y la dará a todos los que lo han amado como un Salvador invisible y han anhelado verle cara a cara. Mi obra en la tierra ha terminado. Me queda sólo esto para esperar, esto y nada más".

Observemos que el apóstol habla sin ninguna vacilación y sin desconfianza. Considera la corona como cosa segura, como si ya fuera suya. Declara con una confianza inquebrantable y seguridad absoluta que el Juez justo le dará esa corona. El gran trono blanco, todos los pueblos reunidos, los libros abiertos, la revelación de todos los secretos, los ángeles que escuchan y la sentencia imponente, eran cosas que Pablo conocía muy bien. Pero ninguna de estas lo impresionaba. Su fe fuerte las sobrepasaba a todas y veía a Jesús únicamente, a su Abogado vencedor absoluto, la sangre de la aspersión y el pecado limpiado. "Me está guardada", dice, "la corona". "El Señor me dará a mí esa corona". Habla como si hubiera visto todo esto con sus propios ojos.

Estas son las cosas principales que estos versículos contienen. No me enfocaré en todo el pasaje porque quiero limitarme al tema especial de este capítulo. Trataré de considerar el tema de la inquebrantable "esperanza segura", con la que el apóstol mira en perspectiva el día del juicio.

Lo haré enseguida, por la gran importancia que le da el apóstol al tema de la seguridad y la gran negligencia que, humildemente admito, ha sufrido a menudo en la actualidad.

Pero a la vez lo hago con temor y temblor. Siento que estoy pisando un terreno difícil y que es fácil hablar de esto sin reflexionar y de un modo no bíblico. El camino entre la verdad y el error, en este caso, es un laberinto angosto y estaré muy agradecido si puedo hacerle bien a algunos sin perjudicar a otros.

Hay cuatro componentes que quiero presentar al hablar sobre el tema de la seguridad y pueden despejar nuestro camino a medida que los voy nombrando.

I. Primero, entonces, procuraré mostrar que una esperanza segura, como la que Pablo expresa, es algo cierto y bíblico.

II. En segundo lugar, haré esta amplia afirmación: El que nunca llega a tener esta esperanza segura puede, aun así, ser salvo.

III. En tercer lugar, daré algunas razones por las cuales una esperanza segura es sumamente deseable.

IV. Por último, trataré de destacar algunas causas por las cuales, rara vez, se llega a tener una esperanza segura.

Pido la atención de todo el que le interesa el gran tema de este capítulo. Si no me equivoco, hay una relación muy estrecha entre la verdadera santidad y la seguridad. Antes de terminar esta exposición, espero haber mostrado a mis lectores la naturaleza de esa relación. Por ahora, me contento con decir que donde hay más santidad, por lo general, hay también más esperanza.

lunes, 25 de noviembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(b) Escuchémosle otra vez. Mira hacia atrás a su vida de ministerio y lo hace sin remordimientos. Dice ahora:

"He peleado la buena batalla". Aquí habla como un soldado. He peleado la buena batalla con el mundo, la carne y el diablo, de la que tantos retroceden y tantos evitan.

"He acabado la carrera". Aquí habla alguien que ha corrido para ganar un premio. He corrido la carrera programada para mí. He cubierto el territorio que me fue asignado, sin importar lo duro y empinado que era. No he abandonado la carrera por las dificultades que conlleva, ni me desanimé por lo larga que era. Por fin tengo la meta a la vista.

"He guardado la fe". Aquí habla como un mayordomo. Me he mantenido fiel al glorioso evangelio que me fue encomendado. No lo he mezclado con tradiciones humanas, no he arruinado su sencillez agregando mis propias invenciones, ni he dejado que otros la adulteraran, aun viéndome obligado a enfrentarlos cara a cara. 

"Como un soldado, un corredor y un mayordomo", parece decir: "No me avergüenzo".

Feliz el cristiano que al partir del mundo, puede dejar el legado de un testimonio como este. Una conciencia limpia no salva a nadie, no quita el pecado, no lleva ni un milímetro más cerca del cielo. No obstante, una conciencia limpia será una compañera agradable junto a nuestro lecho a la hora de morir. Hay un hermoso pasaje en El Progreso del Peregrino que describe la travesía de Integridad a la casa de su Padre:

Integridad les llamó a sus amigos y les dijo: Muero, pero no haré testamento. Mi integridad irá conmigo; que lo sepan los que vinieren después. Llegado el día señalado, se apercibió para hacer la travesía. El río, en aquel entonces, se había desbordado en algunas partes; pero Integridad, que en vida había apalabrado a un tal Buena-Conciencia para que le auxiliase, lo encontró allí, y dándole la mano, le ayudó a través de las aguas.

Podemos estar seguros de que hay algo de cierto en ese pasaje.

sábado, 23 de noviembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

7. Seguridad

"Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida".

2 Timoteo 4:6-8

Los tres puntos de vista del Apóstol Pablo

En las palabras de las Escrituras que encabezan esta página, notamos al Apóstol Pablo mirando en tres direcciones: Hacia abajo, hacia atrás y hacia adelante: hacia abajo a la tumba, hacia atrás a su propio ministerio y hacia adelante a aquel gran día, ¡el Día del juicio!

Nos hará bien ponernos junto al Apóstol por unos minutos y tomar nota de las palabras que usa. ¡Feliz el alma que puede mirar hacia donde Pablo miró y hablar como él lo hizo!

(a) Mira hacia abajo a la tumba y lo hace sin temor. Escúchele decir: 

"Yo ya estoy para ser sacrificado". Soy como un animal llevado al lugar del sacrificio y atado con cuerdas a los cuernos del altar. La ofrenda de bebida, que generalmente acompaña a la oblación, ya está siendo derramada. Ya se han realizado las últimas ceremonias. Ya se han hecho todos los preparativos. Sólo queda recibir el golpe mortal y entonces, todo habrá terminado.

"El tiempo de mi partida está cercano". Soy como un barco que está por zarpar al mar. Todos a bordo están listos. Sólo espero soltar amarras y levar anclas para zarpar y emprender mi viaje.

¡Estas son palabras asombrosas que proceden de un hijo de Adán como nosotros! La muerte es algo solemne y nunca lo es más que cuando vemos que se acerca. La tumba es un lugar frio y repulsivo, y es inútil que pretendamos que no es aterrador. Sin embargo, aquí está un mortal que puede mirar con calma ese sitio estrecho "destinado a todos los vivientes" y decir, estando al borde de él: "Lo veo todo, y no tengo temor".

viernes, 22 de noviembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

Consideraciones finales

Echemos fuera, viendo como inútil la noción común de que es posible irnos a los "extremos" o "llegar demasiado lejos" en lo que a religión se refiere. Esta es una mentira favorita del diablo y la hace circular a los cuatro vientos. No cabe duda que existen los exaltados y fanáticos que hacen quedar mal al cristianismo con sus extravagancias y sus locuras. Pero si lo que uno quiere decir es que el hombre mortal puede ser demasiado humilde, demasiado caritativo, demasiado santo o demasiado diligente en hacer el bien, tiene que ser o un indigno o un necio. Es fácil ir demasiado lejos en servir a los placeres y al dinero. Pero no hay extremos en seguir todo lo que conforma la verdadera religión y servir a Cristo.

Nunca comparemos nuestra religión con la de otros, ni pensemos que estamos haciendo suficiente si hemos ayudado a otros más allá de nuestros vecinos. Esta es otra trampa del diablo. Atengámonos a lo nuestro. "¿Qué a ti?" dijo nuestro Maestro en cierta ocasión: "Sígueme tú" (Jn. 21:22). Sigamos adelante teniendo como meta la perfección. Sigamos adelante, haciendo de la vida y el carácter de Cristo nuestro único modelo y ejemplo. Sigamos adelante, recordando todos los días que, aun en el mejor de los casos, no somos más que miserables pecadores. Sigamos adelante, sin olvidar nunca que no tiene ninguna importancia si somos mejores que los demás o no. En el mejor de los casos, somos peor de lo que deberíamos ser. Siempre tendremos lugar para mejorar. Hasta el final seremos deudores de la misericordia y la gracia de Cristo. Entonces dejemos de mirar a otros y de compararnos con ellos. Ya tendremos bastante para hacer si miramos dentro de nuestro propio corazón.

En último lugar, pero no por eso menos importante, si algo sabemos de crecimiento y de la gracia y anhelamos saber más, no nos sorprenda que tengamos que pasar por muchas pruebas y aflicciones en este mundo. Creo firmemente que esta es la experiencia de casi todos los santos más insignes. Les sucedió igual que a su bendito Maestro que fue "despreciado y desechado entre los hombres" y tuvo que "perfeccionarse por aflicciones" (Is. 53:3; He. 2:10). Es impactante lo que dijo nuestro Señor cuando declaró: "Todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto" (Jn. 15:2). Es un hecho lamentable que la prosperidad continua temporal, por regla general, obra en detrimento del alma del creyente. No podemos aguantarlo. Las enfermedades, pérdidas, cruces, ansiedades y desencantos parecen ser absolutamente necesarios para mantenernos humildes, en guardia y en un buen nivel espiritual. Aquellas aparentes calamidades son tan indispensables como el cuchillo para podar la vid y el fuego para refinar el oro. No son agradables, humanamente no nos gustan, y a menudo no podemos comprender el por qué. La Biblia dice que "ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados" (He. 12:11). Cuando lleguemos al cielo, encontraremos que todo obró para nuestro bien.

Permanezcan estos pensamientos en vuestras mentes si es que anhelamos crecer en la gracia. Cuando vengan los días oscuros, no nos resulte extraño. Más bien recordemos que las lecciones asimiladas en días oscuros nunca las hubiéramos aprendido en los días soleados. Digámonos: "Esto también es para mi provecho a fin de que pueda ser yo partícipe de la santidad de Dios. Me es enviado con amor. Estoy en la mejor escuela de Dios. Corrección es instrucción. Esto tiene el fin de hacerme crecer".

Dejo aquí el tema de crecimiento en la gracia. Espero haber dicho lo suficiente como para poner a pensar a algunos lectores. Todo se está avejentando: El mundo se está poniendo viejo, nosotros mismos nos estamos poniendo viejos, unos cuantos veranos más, unos cuantos inviernos más, algunas enfermedades más, algunas aflicciones más, algunos casamientos más, algunos funerales más, algunas reuniones más y algunas partidas más, y después ¿qué? Bueno pues, ¡el pasto estará creciendo sobre nuestras tumbas!

Entonces, ¿no sería bueno que miráramos nuestro interior y les hiciéramos a nuestras almas una sencilla pregunta? En la religión, en las cosas que conciernen a nuestra paz, en el grandioso tema de nuestra santidad personal, ¿estamos yendo adelante? ¿Estamos creciendo?

jueves, 21 de noviembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

(3) Este libro puede caer en manos de algunos que realmente están creciendo en la gracia, pero que no son conscientes de ello y no lo reconocen. ¡Su propio crecimiento es la razón por la cual no ven su propio crecimiento! Su aumento continuo de humildad no les deja sentir que están progresando9. Sus rostros resplandecen como el de Moisés cuando bajó del monte después de haber hablado con Dios. La Biblia dice que, "no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía después que hubo hablado con Dios" (Ex. 34:29). Tales cristianos, lo admito, no son comunes. Pero se los puede encontrar aquí y allá. Como las visitas de los ángeles, son pocos. ¡Feliz el barrio donde viven estos cristianos que crecen! Conocerlos, verlos y estar en su compañía es como encontrar y ver un poquito del "cielo en la tierra".

¿Qué les diré a estas personas? ¿Qué puedo decirles? ¿Qué debiera decirles? ¿Decirles que despierten y tengan conciencia de su crecimiento y estén contentos por ello? De ninguna manera. ¿Les diré que alardeen de sus propios logros y que se sientan superiores a otros? ¡Dios no lo permita! De ninguna manera. Decirles semejantes cosas no les haría ningún bien. Sobre todo, decirles tales cosas sería una pérdida de tiempo. Si existe una característica que distingue al creyente que crece, es el profundo sentir de que es indigno. Nunca ve en sí mismo nada que elogiar. Solo siente que es un siervo indigno y el peor de los pecadores.

Es el justo, en el día del juicio el que dirá: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos?" (Mt. 25:37). Los extremos son a veces extrañamente iguales. El pecador con conciencia endurecida y el santo insigne son singularmente iguales en un aspecto. Ninguno de los dos tiene plena conciencia de su propia condición. ¡Uno no ve su propio pecado y el otro no ve su propia gracia!

Entonces, ¿No les diré nada a los cristianos que están creciendo? ¿No tengo ningún consejo para darles? La suma y sustancia de todo lo que puedo decirles se encuentran en dos frases: "¡Sigan adelante!" "¡Vayan adelante!"

Nunca podemos tener demasiada humildad, demasiada fe en Cristo, demasiada santidad, demasiada espiritualidad en nuestros pensamientos, demasiado amor, demasiado celo en hacer el bien. Entonces olvidemos continuamente las cosas pasadas y sigamos extendiéndonos a las cosas que están delante (Fil. 3:13). El mejor de los cristianos en estas cosas está infinitamente por debajo de la perfección de su Señor. Diga lo que diga el mundo, no hay ningún peligro de que alguno de nosotros llegue a ser "demasiado bueno".

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"El cristiano puede estar creciendo, aun cuando no cree que está creciendo. 'Hay quienes pretenden ser ricos, y no tienen nada; y hay quienes pretenden ser pobres, y tienen muchas riquezas' (Pr. 13:7). La percepción que el cristiano tiene de sus propios defectos en relación con la gracia y su sed por tener mucha más gracia, le hace pensar que no crece. El que anhela tener grandes propiedades, por el hecho de no tener tanto como quisiera, se cree pobre". -T. Watson, 1660.

"Las almas pueden abundar en la gracia, pero no saberlo, no percibirlo. El niño puede ser heredero de una corona o una propiedad de gran valor, pero no saberlo. El rostro de Moisés resplandecía, los demás lo veían, pero él no. Muchas almas preciosas son ricas en la gracia, otros lo ven, lo saben y bendicen a Dios por ello y, aun así, ellos mismos no lo perciben. A veces, esto surge del anhelo intenso del alma por tener riquezas espirituales. La intensidad del anhelo del alma por tener riquezas espirituales con frecuencia quita el propio sentido de que ya se está enriqueciendo. Por el deseo de riquezas de muchos codiciosos y el estar esforzándose tanto por lograrlas, algunos no pueden percibir que, de hecho, ya se están enriqueciendo, no lo pueden creer. Sucede lo mismo con muchos cristianos preciosos: Sus anhelos de obtener riquezas espirituales son tan intensos que anulan el sentido de que ya están enriqueciéndose espiritualmente. Muchos cristianos valen mucho interiormente, pero no lo notan. Fue un hombre bueno el que dijo: 'Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía'. Además, a veces esto sucede porque los hombres no revisan bien sus cuentas. Prosperan y se hacen ricos, pero por no revisar su balance no saben si están yendo para adelante o para atrás. Lo mismo sucede con muchas almas preciosas. Por otro lado, esto sucede, a veces, porque el alma revisa su contabilidad con demasiada frecuencia. Si revisa sus cuentas una vez por semana o una vez por mes, es posible que no discierna que se está enriqueciendo cuando de hecho sí lo esté. Pero si compara su estado de cuentas anualmente, puede percibir claramente que se está haciendo más rico. De manera semejante puede suceder esto en el ámbito espiritual por los errores que el alma comete al revisar sus cuentas. El alma comete errores muchas veces; anda apurada y, entonces, anota diez, en lugar de cien y cien, en lugar de mil. Así como el hipócrita cuenta el cobre como si fuera oro, un centavo como si fuera un peso y siempre se valora muy por encima de su valor real, la persona sincera, con frecuencia, anota sus pesos como si fueran centavos, sus miles como cientos y se valora muy por debajo de su valor real". -Thomas Brooks, Unsearchable Riches, 1661.

miércoles, 20 de noviembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(2) Este libro puede caer en las manos de algunos que algo debieran saber de crecer en la gracia, pero que en este momento no saben nada. Han progresado poco, si acaso han progresado algo desde que se convirtieron. Parece que "reposan tranquilos" (Sof. 1:12). Pasan año tras año satisfechos con la gracia de antes, experiencia de antes, conocimiento de antes, fe de antes, logros de antes, expresiones religiosas y frases de antes. Al igual que los gabaonitas, su pan siempre está enmohecido y su calzado siempre remendado y pesado. Parece que nunca avanzan. ¿Es usted como uno de ellos? Si lo es, está viviendo sin aprovechar sus privilegios y dejando de cumplir sus obligaciones. Ya es tiempo de que se examine a sí mismo.

Si tiene razones para creer que es un verdadero creyente pero no crece en la gracia, tiene que haber alguna falta, y alguna falta grave en alguna parte. No puede ser la voluntad de Dios que su alma permanezca inerte. "Dios... da gracia a los humildes" y "ama la paz de su siervo" (Stg.4:6; Sal. 35:27). No puede ser para bien de su propia felicidad ni provechoso para usted que su alma permanezca inerte. Sin crecimiento nunca se regocijará en el Señor (Fil. 4:4). Sin crecimiento no puede hacerle bien a nadie. ¡Esta falta de crecimiento es cosa seria! Tendría que provocar mucha inquietud en su corazón. Puede estar pasando con usted como con los hijos de Israel que "hicieron secretamente cosas no rectas" (2 R. 17:9). Tiene que haber alguna razón.

Siga el consejo que le doy. Resuelva este mismo día que encontrará la razón de su inercia. Palpe con mano fiel y segura cada rincón de su alma. Busque de un extremo al otro de su campamento hasta encontrar el Acán que está debilitando sus manos. Comience con un pedido al Señor Jesucristo, el gran Médico de las almas; pídale que cure el mal secreto en su interior, sea cual sea. Comience como si nunca le hubiera pedido nada, y pídale gracia para amputarse la mano derecha o arrancarse el ojo derecho. Pero nunca, nunca se quede tranquilo si su alma no crece. Por su propia paz, por su propia utilidad, por la honra de la causa de su Hacedor, decídase a encontrar el por qué.

martes, 19 de noviembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

Aplicación práctica

Dejo aquí el tema de crecer en la gracia. Podría decir mucho más, si el tiempo lo permitiera. Pero espero haber dicho lo suficiente como para convencer a mis lectores de que el tema es uno de suma importancia. Iré terminando con algunas aplicaciones prácticas.

(1) Este libro puede caer en las manos de algunos que nada saben acerca de crecer en la gracia. Se preocupan poco o nada de la religión. Un poco de asistencia apropiada a la iglesia los domingos constituye la suma y la sustancia de su cristianismo. Carecen de vida espiritual, y por ende mientras así sea no pueden crecer. ¿Es usted uno de ellos? Si lo es, se encuentra en una condición lamentable.

Los años pasan en un abrir y cerrar de ojos y el tiempo vuela. Los cementerios se están llenando y las familias son cada vez más pequeñas. La muerte y el juicio se nos están acercando a todos. ¡Y no obstante usted vive inconsciente de su alma! ¡Qué locura! ¡Qué insensatez! ¿Qué suicidio puede ser peor que este?

Despierte antes de que sea demasiado tarde, despierte y levántese de entre los muertos y viva para Dios. Vuélvase al que está sentado a la diestra de Dios para ser su Salvador y Amigo. Vuélvase a Cristo, y clame a él por su alma con todas sus fuerzas. ¡Todavía hay esperanza! Aquel que llamó del sepulcro a Lázaro no ha cambiado. Aquel que mandó al hijo de la viuda de Naín que se levantara de su ataúd puede hacer milagros aun con su alma. Búsquelo sin dilación: Búsquelo ahora mismo. Busque a Cristo si no quiere estar perdido para siempre. No se quede allí, hablando de hacerlo, queriendo hacerlo, con el propósito, la intención, el deseo y la esperanza de hacerlo. Busque a Cristo para poder vivir, y para que, teniendo vida, pueda crecer.

lunes, 18 de noviembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(e) Existe un elemento más que es absolutamente necesario para crecer en la gracia, y este es tener una comunión regular y habitual con el Señor Jesús. Nadie suponga que al decir esto estoy hablando de la Cena del Señor. No, nada parecido. Estoy hablando de ese hábito diario de una conversación entre el creyente y su Salvador, que solo puede suceder con fe, oración y meditación. Me temo que es un hábito del cual muchos creyentes saben poco. Una persona puede ser creyente y tener sus pies sobre la roca, y aun así, privarse de sus privilegios. Es posible tener una "unión" con Cristo y aun así, tener poca o nada de "comunión" con él. Pero, aunque parezca mentira, tal cosa sucede.

Me parece a mí que los nombres y oficios de Cristo, según los estipulan las Escrituras, demuestran sin temor a dudas que esta "comunión" entre el santo y su Salvador no es mera fantasía, sino algo realmente cierto. Entre el "Novio" y su esposa, entre la "Cabeza" y sus miembros, entre el "Médico" y sus pacientes, entre el "Abogado" defensor y sus clientes, entre el "Pastor" y sus ovejas, entre el "Maestro" y sus discípulos, está evidentemente implícito el hábito de una comunión cercana, de un pedido diario de las cosas que necesitamos, de un abrir totalmente nuestros corazones y mentes y echar sobre el Señor nuestras cargas. Este hábito de relacionarnos con Cristo de este modo se trata claramente de algo más que una confianza general y vaga en la obra que Cristo hizo por los pecadores. Se trata de acercarnos a él y aferrarnos a él con confianza, como un Amigo cariñoso y personal. Esto es lo que quiero decir por "comunión".

Ahora bien, creo que nadie puede jamás crecer en la gracia si no ha experimentado "comunión" habitual con Cristo. No tenemos que contentarnos con un conocimiento general ortodoxo de que la justificación es por fe y no por obras y que tenemos que poner nuestra confianza en Cristo. Tenemos que ir más allá. Debemos procurar tener una intimidad personal con el Señor Jesús, y tratar con él como el que trata con un amigo querido. Tenemos que comprender lo que es recurrir a él primero ante cada necesidad, hablar con él acerca de cada dificultad, consultar con él a cada paso, contarle a él todos nuestros sufrimientos, incluirlo en todas nuestras alegrías, hacer todo como si nos estuviera viendo y vivir cada día apoyándonos y confiando en él.

Esta es la manera como vivió Pablo. Él decía: "Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios", "para mí el vivir es Cristo" (Gá. 2:20; Fil. 1:21). Es la ignorancia de esta manera de vivir por la cual tantos no ven ninguna belleza en el libro de Cantar de los Cantares. Pero es el hombre que vive de esta manera el que mantiene una comunión constante con Cristo. Este es el hombre, digo enfáticamente, cuya alma crecerá.

domingo, 17 de noviembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(c) Otro elemento esencial para crecer en la gracia es cuidar nuestra conducta en las cosas pequeñas del diario vivir. Nuestro temperamento, nuestra lengua, el manejo de nuestras diversas relaciones en la vida, el empleo de nuestro tiempo, entre otras cosas, son aspectos que tenemos que vigilar atentamente si queremos que nuestras almas progresen. La vida se compone de días, y los días de horas, y las cosas pequeñas de cada hora nunca son tan pequeñas que no merezcan la atención del cristiano. Cuando comienza a podrirse la raíz o el corazón de un árbol, se nota primero en las puntas de las ramas pequeñas. "El que desprecia las cosas pequeñas", dice un escritor secular, "caerá poco a poco". Eso es cierto. Dejemos que otros nos desprecien, si quieren, y nos llamen meticulosos y demasiado cuidadosos. Mantengámonos pacientemente en nuestro camino, recordando que "servimos a un Dios a quien lo caracteriza la precisión", que hemos de seguir el ejemplo de nuestro Señor en lo más pequeño al igual que en lo más grande y que tenemos que "tomar nuestra cruz cada día" y cada hora para no pecar. Tenemos que aspirar a tener un cristianismo que, como la savia del árbol, corre por cada ramita y hoja de nuestro carácter y lo santifica todo. ¡Es esta una manera de crecer!

(d) Otro elemento esencial para crecer en la gracia es tener cautela en cuanto a las compañías que frecuentamos y las amistades que formamos. Quizá no haya nada que afecte más el carácter del hombre que las compañías que frecuenta. Nos contagiamos de las costumbres y tendencias de aquellos con quienes vivimos y con quienes conversamos; y desafortunadamente recibimos mucho más mal que bien. La enfermedad puede ser contagiosa, pero la buena salud no. Si un cristiano profesante escoge deliberadamente intimar con los que no son amigos de Dios y se aferran al mundo, es seguro que su alma se perjudicará. Ya de por sí es difícil servir a Cristo bajo cualquier circunstancia en un mundo como este. Pero es más difícil hacerlo si somos amigos de los indiferentes e impíos. Cometer errores en la elección de amigos o de cónyuge es la razón por la cual muchos han dejado totalmente de crecer. "Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres". "La amistad del mundo es enemistad contra Dios" (1 Co. 15:33; Stg. 4:4). Busquemos amigos que nos motiven a ocuparnos de la oración, la lectura bíblica, el uso de nuestro tiempo, de nuestra salvación y de los asuntos del mundo venidero. ¿Quién es capaz de medir el bien que puede hacer la palabra de un amigo dicha en el momento adecuado, o el daño que puede impedir? Es esta una manera de crecer8.

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"Sean sus mejores amigos los que han hecho de Cristo su mejor amigo. No se fije tanto en el exterior de los hombres como en su interior; mire sobre todo su valor interior. Muchas personas se fijan en el exterior del profesante de la fe. Muéstreme un cristiano que considera el valor interior de las personas, que convierte en sus amigos principales y preferidos a los que están llenos de la plenitud de Dios". - T. Brooks, 1661.

sábado, 16 de noviembre de 2024

SANTIDAD - J. C. RYLE (1816-1900)

 

(a) Un elemento esencial en el crecimiento en la gracia es la diligencia en usar los medios de gracia privados. Con esto quiero decir los medios que el hombre debe usar él mismo a solas, y que nadie puede usar en su lugar. Incluyo bajo este encabezamiento la oración en privado, la lectura de las Escrituras en privado y la meditación y auto examen en privado. El que no se esfuerza por ocuparse de estas tres cosas no puede esperar crecimiento. Estas son las raíces del verdadero cristianismo. ¡Equivocarse en esto, es equivocarse en todo! Aquí está la razón por la cual parece que muchos cristianos nunca progresan. Son descuidados y negligentes en lo que respecta a sus oraciones en privado. Leen muy poco su Biblia y con muy poco entusiasmo. No se dan tiempo para analizarse y reflexionar en silencio acerca del estado de sus almas.

Es inútil tratar de ignorar que la época en que vivimos está llena de peligros específicos. Es una época de gran actividad, mucho apuro, afán y entusiasmo en la religión. Muchos, indiscutiblemente "muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará" (Dn. 12:4). Muchos aceptan de buena gana ir a reuniones públicas, escuchar sermones o cualquier otra cosa que apele a las "sensaciones". Pocos parecen recordar la necesidad absoluta de tomarse el tiempo para hacer lo que dijo el salmista: "Meditad en vuestro corazón" (Sal. 4:4). Pero sin esto rara vez hay prosperidad espiritual profunda. Sospecho que los cristianos ingleses de hace doscientos años leían mucho más sus Biblias y estaban con más frecuencia a solas con Dios, que lo que están los actuales. ¡Recordemos este punto! La religión en privado tiene que recibir nuestra mayor atención si queremos que nuestra alma crezca.

(b) Otro elemento esencial para crecer en la gracia es el cuidado en usar los medios públicos de la gracia. Por esto, me refiero a los medios que uno tiene a mano como miembro de la iglesia visible de Cristo. Bajo este encabezamiento incluyo las ordenanzas del culto regular del domingo, la unión del pueblo de Dios en oración y alabanza, la predicación de la Palabra y la celebración de la Cena del Señor. Creo firmemente que el modo como se usan estos medios públicos de gracia habla mucho de la prosperidad o falta de ella en el alma del creyente. Es fácil usarlos de una manera fría e indiferente. Su misma familiaridad tiende a que les restemos importancia. El retorno regular de la misma voz, el mismo tipo de palabras y las mismas ceremonias tienden a adormecernos, endurecernos y hacernos insensibles.

Esta es una trampa en la que caen demasiados hombres que profesan ser cristianos. Si queremos crecer tenemos que mantenernos en guardia en cuanto a esto. Este es un asunto que a menudo contrista al Espíritu y perjudica en gran manera a los santos. Procuremos elevar las oraciones antiguas, cantar los himnos de antaño, ponernos de rodillas ante el altar, escuchar la predicación de las antiguas verdades con la misma frescura y las mismas ansias que cuando por primera vez creímos. Es señal de mala salud cuando alguien pierde el apetito, y es señal de declinación espiritual cuando perdemos nuestro apetito por los medios de gracia. Sea lo que sea que haga en cuanto a los medios públicos, hágalo siempre "según [sus] fuerzas" (Ec. 9:10). ¡Esta es la manera de crecer!