Versículo para hoy:

lunes, 22 de mayo de 2023

MAYO 19 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Estupendas misericordias”. Salmo 17:7

CUANDO damos nuestros corazones con nuestras limosnas, damos bien; pero frecuentemente fracasamos en este respecto. No obra así nuestro Maestro y Señor. Sus favores son siempre hechos con amor. Él no nos envía los residuos de sus manjares deliciosos, sino moja nuestro bocado en su propio plato y sazona nuestros alimentos con las especias de sus fragantes afectos. Cuando él pone la áurea moneda de su gracia en nuestras palmas, lo hace con un apretón de mano tan cálido que la manera de darla es tan preciosa como la dádiva misma. Él entrará en nuestras casas en su misión de amor, y no obrará como obran algunas austeras visitas en la choza del hombre pobre, sino se sentará a nuestro lado, no despreciando nuestra pobreza ni vituperando nuestra debilidad. ¡Con qué sonrisa habla! ¡Qué áureas palabras salen de sus preciosos labios! ¡Qué abrazos afectuosos nos da! Si sólo nos hubiese dado un centavo, el modo de darlo lo habría transformado en oro, pero sus costosas dádivas nos son enviadas en cestos de oro con su carroza de alegría. Es imposible dudar de la sinceridad de su caridad, pues hay un corazón sangrante estampado en la superficie de sus bendiciones. Él da a todos abundantemente y no zahiere. No hay señal alguna de que le seamos molestos, ninguna mirada indiferente para sus pobres pensionistas. Al contrario, se regocija en sus favores y nos aprieta contra su pecho mientras derrama su vida por nosotros. Hay una fragancia en su nardo que sólo su corazón puede producir; hay una dulzura en su panal de miel que no existiría si la misma esencia del amor de su alma no se hubiese mezclado en él. ¡Cuán rara es la comunión que produce tan singular cordialidad! ¡Que podamos continuamente gustar y conocer su gloria!

MAYO 18 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Porque en él habita toda la plenitud de la deidad corporalmente: y en él estáis cumplidos”. Colosenses 2:9-10

TODOS los atributos de Cristo como Dios y como hombre están a nuestra disposición. Toda la plenitud de la deidad, en todo lo que ese término comprende, es nuestro para hacernos cumplidos. Él no podía dotarnos con los atributos de la deidad, pero hizo lo que podía ser hecho: hizo que su poder divino y su deidad condescendiesen a obrar nuestra salvación. Su omnipotencia, su omnisciencia, su omnipresencia, su inmutabilidad y su infalibilidad se unieron en defensa nuestra. ¡Levántate, creyente, y contempla al Señor Jesús mientras unce la plenitud de su deidad al carro de la salvación! ¡Cuán vasta es su gracia, cuan firme su fidelidad, cuán inconmovible su inmutabilidad, cuán infinito su poder, cuán ilimitado su conocimiento! El Señor Jesús hizo de todos estos atributos pilares del templo de la salvación; y todos ellos, sin disminución de su infinidad nos son prometidos como nuestra eterna herencia. El insondable amor del corazón del Salvador es nuestro. Cada tendón en el brazo de su poder, cada joya en la corona de su majestad; la inmensidad del conocimiento divino, y la severidad de la justicia divina, todo es nuestro y será empleado para nuestro bien. Cristo mismo, en su adorable carácter de Hijo de Dios, se dio a sí mismo a nosotros para que nos gocemos muy abundantemente. Su sabiduría es nuestra dirección; su conocimiento, nuestra instrucción; su poder, nuestra protección; su justicia, nuestra garantía; su amor, nuestro consuelo; su misericordia, nuestro solaz y su inmutabilidad, nuestra esperanza. No reservó nada, sino que abrió las cavidades del Monte de Dios y nos mandó que cavásemos en sus minas en busca de los tesoros ocultos. “Todo, todo es vuestro”, dice él. ¡Oh cuán agradable es contemplar e invocar a Jesús, en la certeza de que al buscar la mediación de su amor o poder, estamos buscando lo que él ya nos prometió!

MAYO 17 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Debe andar como él anduvo”. 1 Juan 2:6

¿POR qué el cristiano debe imitar a Cristo? En primer lugar debe hacerlo por su propio bien. Si desea disfrutar de salud espiritual, si quiere huir de la enfermedad del pecado y gozar del vigor que imparte la gracia, debe tener a Jesús como modelo. Si, para su propia felicidad, desea beber abundante vino, bien refinado, si quiere gozar de santa y feliz comunión con Jesús, si quiere sobreponerse a las preocupaciones y congojas, tiene que andar como él anduvo. No hay nada que en tu marcha al cielo te pueda asistir con tan buen éxito como llevar en tu corazón la imagen de Jesús para que dirija todos tus movimientos. Tú te sientes muy feliz y eres bien conocido como hijo de Dios, cuando, por el poder del Espíritu Santo, puedes andar con Jesús en sus mismas huellas.
En segundo lugar, el cristiano debe procurar imitar a Cristo en bien de la religión. ¡Pobre religión!, tú has sido gravemente herida por tus enemigos, pero la herida que te hicieron tus amigos es infinitamente más grave. ¿Quién hizo esas heridas en la hermosa mano de la Piedad? El que profesa ser cristiano y usa la daga de la hipocresía. El que con pretensiones entra en el redil, no siendo otra cosa que un lobo vestido de oveja, daña más a la manada que el león que está fuera. No hay arma que sea siquiera la mitad tan destructiva como el beso de Judas. El cristiano inconsecuente injuria más al Evangelio que el burlón o el incrédulo.
Pero, especialmente, por causa del mismo Cristo, imita su ejemplo. Cristiano, ¿amas a tu Salvador? ¿Es precioso su nombre para ti? ¿Quieres que los reinos del mundo lleguen a ser los reinos de tu Señor? ¿Deseas que él sea glorificado? ¿Ansías que las almas sean ganadas para él? Si es así, imita a Jesús; sé una “epístola de Cristo, conocida y leída de todos los hombres”.

MAYO 16 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Dios nos da en abundancia todas las cosas de que gocemos". 1 Timoteo 6:17

NUESTRO Señor Jesús siempre está dando y ni por un instante retira su mano. Mientras haya un vaso de gracia que no esté lleno hasta el borde el aceite no se detendrá. Jesús es un sol que siempre alumbra, es un maná que siempre cae, es una roca en el desierto que siempre da raudales de vida que proceden de su costado herido. La lluvia de su gracia siempre desciende; los ríos de su generosidad corren siempre, y la fuente de su amor fluye constantemente. Como el Rey nunca puede morir, así su gracia nunca puede faltar. Diariamente tomamos frutos de él, y diariamente sus ramas se inclinan hasta nuestras manos con una nueva provisión de su misericordia. Hay siete días de fiesta en sus semanas, y en sus años hay tantos banquetes como días. ¿Quién ha vuelto alguna vez vacío de su puerta? ¿Quién se levantó de su mesa insatisfecho, o de su seno sin hallar en él un paraíso? Sus mercedes son nuevas todas las mañanas y frescas todas las tardes. ¿Quién conoce el número de sus beneficios o puede contar el monto de sus dádivas? Cada tic-tac del reloj nos habla de las múltiples bendiciones de nuestro Dios. Las alas de nuestras horas están cubiertas con la plata de su benignidad y con el oro de su afecto. El río del tiempo trae de las montañas de la eternidad las áureas arenas de su favor. Las multitudes de sus bendiciones son mayores que las estrellas que brillan en el firmamento. ¿Quién puede contar el cúmulo de beneficios que derramó sobre Jacob, o señalar la cuarta parte de las mercedes que dio a Israel? ¿Cómo engrandecerá mi alma al que me colma de bienes, y me corona de misericordias? ¡Oh si mi alabanza pudiese ser tan incesante como su bondad! ¡Oh lengua miserable, ¿cómo pudiste quedarte en silencio?! ¡Despiértate, te ruego; de lo contrario, no te llamaré más mi gloria, sino mi vergüenza! "Despierta, salterio y arpa: levantaréme de mañana".

domingo, 21 de mayo de 2023

MAYO 15 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"En este es justificado todo aquel que creyere". Hechos 13:39

EL creyente en Cristo recibe una justificación presente. La fe no produce este fruto después de un tiempo, sino ahora. La justificación es el resultado de la fe, y es otorgada al alma en el momento en que la fe la une con Cristo, y el alma lo acepta como su todo en todo. Los que están delante del trono de Dios, ¿son justificados? Bien, así lo somos nosotros; tan verdadera y evidentemente justificados como los que andan en ropas blancas y cantan melodiosas alabanzas con las arpas celestiales. El ladrón de la cruz fue justificado en el preciso momento en que puso su fe en Jesús; y Pablo, el anciano, después de tantos años de servicio, no fue más justificado que el ladrón que no había trabajado nada. Nosotros somos hoy aceptados en el Amado, hoy absueltos en el tribunal de Dios. ¡Oh, cuánto conmueve esto al alma! Hay algunos racimos de la vid de Escol que no podremos recoger hasta que estemos en el cielo, pero hay un pámpano que trepa por el muro. Este nos es como el grano de la tierra, que nunca podremos comer hasta que crucemos el Jordán, sino es parte del maná del desierto, una porción de nuestro alimento diario, que el Señor nos da en nuestra peregrinación. Nosotros somos ahora, ahora mismo perdonados; ahora mismo nuestros pecados son quitados; precisamente ahora somos aceptados en la presencia de Dios, como si nunca hubiésemos sido culpables. "Ahora, pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús". Ahora, en el Libro de Dios no hay anotado ningún pecado contra los que son suyos. ¿Quién se atreverá a acusarlos? Ni mancha, ni arruga, ni cosa semejante, queda sobre el creyente en el asunto de la justificación, en la presencia del juez de toda la tierra. Que el privilegio presente nos haga conscientes del deber presente, y ahora, mientras dura la vida, "dependamos y seamos dependidos" por nuestro glorioso Señor.

MAYO 14 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Coherederos de Cristo”. Romanos 8:17

LOS ilimitados dominios del universo de su Padre, son de Cristo por derecho. Como heredero de todas las cosas, es el único propietario de la vasta creación de Dios, y como tal, nos permite tener derecho sobre todas las cosas como si fueran nuestras, en virtud de aquel documento de coheredad que el Señor confirmó con su pueblo elegido. Las áureas calles del paraíso, las puertas de perlas, el río de la vida, la excelente gloria y la inefable bienaventuranza, son transferidas por nuestro Señor a nosotros por posesión eterna. Todo lo que tiene lo comparte con su pueblo. La corona real la colocó en la cabeza de su Iglesia, dándole un reino, y llamando a sus hijos a un real sacerdocio y a un linaje de reyes y sacerdotes. Jesús se destronó para que nosotros pudiésemos disfrutar de una coronación de gloria. No quiso sentarse en su trono hasta que consiguió un lugar en él para todos los que vencen por su sangre. Él corona la cabeza y todo el cuerpo participa del honor. ¡He aquí la recompensa de todo cristiano conquistador! El trono, la corona, el cetro, el palacio, el tesoro, las vestiduras y la herencia de Cristo son tuyas. Cristo, muy superior a los celos, al egoísmo y a la codicia (que no admiten que se participe de sus bienes) considera completa su felicidad, haciendo partícipe de la misma a su pueblo. “La gloria que me diste les he dado”. “Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido”. La sonrisa de su Padre le es más placentera porque su pueblo participa de ella. Los honores de su reino le son más agradables porque su pueblo lo acompaña en la gloria. Sus victorias le son más preciosas porque enseñaron a los suyos a vencer. Jesús se goza en su trono porque allí hay un lugar para su pueblo. Se goza en sus vestiduras reales, porque sus bordes alcanzan a los suyos. Se deleita más en su gozo porque llama a su pueblo a participar de él.

MAYO 13 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Por la tarde durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría”. Salmo 30:5

CRISTIANO, si te hallas en una noche de pruebas, piensa en el mañana; anima tu corazón pensando en la venida del Señor. Sé paciente, pues “he aquí él viene con las nubes”. ¡Sé paciente! El labrador espera hasta segar la mies. Sé paciente, pues tú sabes quien dijo: “He aquí yo vengo presto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según fuere su obra”. Si nunca te sentiste tan desdichado como ahora, recuerda que en breve estarás en la Canaán Celestial. Tu cabeza está ahora coronada de arduas pruebas, pero antes de mucho estará ceñida con una corona de estrellas; tu mano está llena de ansiedades, pero pronto tocará las cuerdas del arpa celestial. Ahora tus vestidos están manchados con tierra, pero en breve serán blancos. Espera un poco más. ¡Cuán despreciables parecerán nuestras pruebas y aflicciones cuando reflexionemos en ellas! Mirándolas aquí parecen inmensas, pero cuando estemos en el cielo, las veremos de distinta manera. Nuestras aflicciones parecerán entonces “momentáneas y leves tribulaciones”. Si la noche nunca fue tan oscura como ahora anímate, pues la mañana se acerca. Esto es mucho más que lo que pueden decir los que están cerrados en las tinieblas del infierno. ¿Sabes qué es vivir confiando en el futuro, vivir esperando, vivir anticipando el cielo? Feliz creyente, ten tan segura y consoladora esperanza. Puede ser que ahora todo sea tinieblas, pero pronto habrá luz; puede ser que ahora todo sea aflicción, pero pronto habrá felicidad. ¿Qué importa que el llanto dure una tarde, cuando el gozo viene a la mañana?

MAYO 12 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Y me manifestaré a él”. Juan 14:21

EL Señor Jesús da a su pueblo especiales revelaciones de sí mismo. Aunque la Escritura no dijera esto, muchos hijos de Dios lo atestiguarían por propia experiencia. Ellos han tenido peculiares revelaciones de su Señor, que no hubieran podido conseguir ni leyendo ni oyendo. En las biografías de santos eminentes, hallarás muchos casos en los que Jesús se ha placido hablar a sus almas, en una manera muy especial, y revelarles las maravillas de su persona. Sí, sus almas fueron impregnadas de tanta felicidad que creyeron estar en el cielo. Y, mirando bien, estaban cerca de sus umbrales, pues cuando Jesús se manifiesta a los suyos, parece que el cielo está en la tierra y que la gloria ha empezado. Las especiales manifestaciones de Cristo ejercen santa influencia sobre el corazón del creyente. Uno de los efectos será humildad. Si alguien dice: “Yo he tenido tales y cuales revelaciones, soy un gran hombre”, es señal de que no ha tenido ninguna, pues “Dios atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos”. Él no necesita acercarse a ellos para conocerlos ni les concederá ninguna visita de amor. Otro de los efectos será felicidad, pues en la presencia de Dios hay deleites para siempre. Le sigue la santidad. El que no tiene santidad demuestra que nunca ha gozado de la manifestación del Señor. Algunos profesan ser grandes, pero no debemos creerles nada hasta que prueben con hechos lo que dicen. “No os engañéis, Dios no puede ser burlado”. El no da sus mercedes al impío. Al mismo tiempo que no desecha al hombre perfecto, tampoco atiende al malhechor. Habrá, pues, tres efectos de la estrecha amistad con Jesús: Humildad, felicidad y santidad. Quiera Dios dártelos, cristiano.

MAYO 11 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Yo estoy con vosotros todos los días”. Mateo 28:20

ES bueno que haya uno que siempre sea el mismo, y que siempre esté con nosotros. Es bueno que haya una roca firme en medio de las olas del mar de la vida. ¡Oh alma mía, no pongas tus afectos en los tesoros enmohecidos, apolillados y marchitos, sino ponlos en el que te es eternamente fiel! No edifiques tu casa en la arena movediza de un mundo engañoso, sino pon tus esperanzas sobre esta roca, que, en medio del caer de la lluvia y del soplar de los vientos, permanece inalterablemente segura. Alma mía, te exhorto a que pongas tus tesoros en el único cofre seguro; guarda tus joyas donde nunca se puedan perder. Pon tu todo en Cristo; pon todos tus afectos en su persona, toda tu esperanza en sus méritos, toda tu confianza en la eficacia de su sangre, todo tu gozo en su presencia, y así puedes reírte de las pérdidas y desafiar a la destrucción. Recuerda que todas las flores del jardín del mundo se marchitan, y el día viene cuando nada será dejado excepto la obscura y fría tierra. El extinguidor de la muerte pronto apagará tu vela. ¡Oh cuán agradable será tener la luz del sol cuando la vela se apague! El espantoso aluvión pasará pronto entre ti y lo que tienes; una, pues, tu corazón a Jesús que nunca te dejará; confíate a Cristo quien te acompañará al cruzar el turbulento río de la muerte, te hará desembarcar seguro en las playas eternas y te hará sentar para siempre en los lugares celestiales. Ve, acongojado hijo de la aflicción, cuenta tus secretos al Amigo que es más conjunto que un hermano. Confía todas tus preocupaciones a Jesús, quien nunca puede ser quitado de tu lado, ni él, por su parte, te dejará, ni aun permitirá que tú lo dejes a él. “Jesucristo es el mismo hoy, y ayer, y por los siglos”. “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días”. Esto es suficiente para mi alma. Por lo demás, que me olvide quien quiera.

MAYO 10 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos". 1 Corintios 15:20


TODO el cristianismo descansa en el hecho de que "Cristo ha resucitado de los muertos", pues "si Cristo no resucitó de los muertos, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe". La divinidad de Cristo halla su más segura prueba en su resurrección, ya que él "fue declarado Hijo de Dios con potencia, según el espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos". No sería irrazonable dudar de su deidad si no hubiese resucitado. Además la soberanía de Cristo depende de su resurrección: "Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven". Por otra parte, nuestra justificación, esa selecta bendición del pacto, tiene conexión con el triunfo de Cristo sobre la muerte y sobre el sepulcro, pues él "fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación". Más aún, nuestra misma regeneración está conectada con su resurrección, pues nosotros "somos regenerados en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos". Y, muy ciertamente, nuestra resurrección final descansa en lo mismo, porque "si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó a Cristo de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros". Si Cristo no resucitó, entonces tampoco nosotros resucitaremos; pero si resucitó, entonces los que duermen en Cristo no han perecido, sino que han de ver en su carne a su Dios. Así, pues, la hebra plateada de la resurrección atraviesa todas las bendiciones del creyente, desde su regeneración hasta su eterna gloria, y las ata todas juntas. ¡Cuán importante, entonces, será este glorioso hecho en el pensamiento del creyente, y cuánto gozo experimentará sabiendo que fuera de toda duda está probado que ¡Cristo ha resucitado de los muertos"!

MAYO 9 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"El cual nos bendijo con toda bendición espiritual". Efesios 1:3

TODO lo bueno del pasado, del presente y del futuro Cristo lo da a su pueblo. En las misteriosas edades del pasado el Señor Jesús fue el primer elegido de su Padre, y en su elección nos benefició, pues fuimos elegidos en él antes de la fundación del mundo. El tiene desde toda eternidad, como unigénito del Padre e Hijo bien amado, las prerrogativas de la filiación. Y en las riquezas de su gracia, por adopción y por regeneración, nos elevó a nosotros también a la categoría de hijos, de suerte que a nosotros nos dio "potestad de ser hechos hijos de Dios". El pacto eterno basado en la seguridad y confirmado con juramento es nuestro, para nuestro fortísimo consuelo y para nuestra seguridad. En el eterno establecimiento de la sabiduría y de la ley, el ojo del Señor Jesús estaba fijo en nosotros y podemos estar seguros de que en todo el rollo del destino no hay una sola línea que se oponga a los intereses de los redimidos por Jesús. El casamiento del Príncipe de Gloria es el nuestro, pues es con nosotros con quien él está comprometido. Las sagradas bodas, que se celebrarán en breve, mostrarán esto al mundo entero. La maravillosa encarnación del Dios del cielo con toda su admirable condescendencia y humillación es nuestra. El sudor de sangre, los azotes y la cruz son nuestros para siempre. Cualquiera bienaventuranza que provenga de su obediencia perfecta, de su consumada expiación, de su resurrección, ascensión e intercesión, son todas nuestras. Sobre su pectoral Jesús está llevando ahora nuestros nombres; y en sus autorizadas intercesiones ante el trono, recuerda nuestras personas y defiende nuestra causa. Su dominio sobre los principados y las potestades y su absoluta majestad en los cielos los emplea en bien de los que en él confían. Su alto rango está ahora a nuestro servicio como lo estaba antes su condición de humillación.

sábado, 20 de mayo de 2023

MAYO 8 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"El que había sido sanado, no sabía quien fuese". Juan 5:13

CUANDO hay salud y felicidad los años son cortos, pero treinta y ocho años de enfermedad le habrán parecido muy largos al pobre hombre impotente. De manera que, cuando Jesús lo sanó con una palabra, mientras yacía junto al pozo de Betesda, sintió, con agrado, un gran cambio. Así también el pecador que ha estado por semanas y meses desesperadamente paralítico y suspira por salvación, es muy consciente del cambio, cuando Jesús pronuncia la palabra de poder, y le da, al creer, gozo y paz. El mal quitado es demasiado grande para que no notemos el alivio; la vida que se nos imparte es demasiado importante para que la poseamos sin sentirla; y el cambio operado es demasiado maravilloso para que no lo advirtamos. Sin embargo, el pobre hombre no conocía al autor de su cura. No conocía el carácter sagrado de su persona, los oficios que desempeñaba o la misión que lo había traído a estar entre los hombres. Mucha ignorancia queda en los corazones que, no obstante, sienten el poder de su sangre. No debemos condenar precipitadamente a los hombres por su falta de conocimiento, sino que donde podemos ver la fe que salva al alma, debemos creer que la salvación ha sido otorgada. El Espíritu Santo hace penitentes a los hombres, antes de hacerlos teólogos; y el que cree lo que sabe, pronto conocerá más claramente lo que cree. Sin embargo, la ignorancia es un mal, pues este pobre hombre fue muy molestado por los fariseos, y fue muy incapaz de discutir con ellos. Es bueno saber responder a los que contradicen, pero no podemos hacerlo si no conocemos claramente al Señor Jesús. Sin embargo, la cura de su ignorancia pronto siguió a la cura de su enfermedad, pues él fue visitado por Jesús en el templo. Y después de aquella manifestación, se le halló testificando "que Jesús era el que lo había sanado".

MAYO 7 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Le siguieron muchas gentes, y sanaba a todos”. Mateo 12:15

¡CUÁNTAS enfermedades espantosas eran presentadas a Jesús! Sin embargo, él no se enfadaba, sino atendía pacientemente a cada enfermo. ¡Qué variedad singular de males se juntó a sus pies! ¡Qué repugnantes úlceras y qué putrefactas llagas! Sin embargo, Jesús estaba pronto para hacer frente a toda nueva manifestación del monstruo del mal, y siempre salía victorioso. Vinieran de donde vinieran los dardos de fuego, él siempre los apagaba. El calor de la fiebre o el frío de la hidropesía; el letargo de la parálisis o la furia de la locura; la inmundicia de la lepra y la oscuridad de la oftalmía, todos conocían su poder y a sus órdenes, salían.
En todo lugar Jesús salía victorioso sobre el mal, y recibía el homenaje de los cautivos libertados. El vino, vio y conquistó en todo lugar. Y esta mañana es lo mismo. Cualquiera sea mi mal, el médico amado puede sanarme; y cualquiera sea el estado de los que puedo recordar en oración esta mañana, puedo confiar en que Jesús los sanará de sus pecados. Mi hijo, mi amigo, mis seres más queridos; por todos puedo esperar cuando recuerdo el poder sanador de mi Señor; y en cuanto a mí, aunque dura es la lucha que tengo con los pecados y las enfermedades, puedo, no obstante, estar de buen ánimo. El que sobre la tierra atendió los hospitales, dispensa aún su gracia y obra maravillas entre los hijos de los hombres. Voy a él enseguida. Lo alabo esta mañana al recordar cómo obró sus curas espirituales, que le dieron tanto renombre. Recordemos que lo hizo “llevando nuestras enfermedades”. “Por sus llagas fuimos nosotros curados”. La Iglesia que está en la tierra está llena de almas sanadas por nuestro Médico Amado; y los habitantes del cielo mismo confiesan que él los sanó a todos. Ven entonces, alma mía, publica las virtudes de su gracia, y haz que sean a “Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída”.

MAYO 6 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Moramos en él”. 1ª Juan 4:13

¿NECESITAS una casa para tu alma? ¿Preguntas cuánto cuesta? Cuesta menos de lo que la orgullosa naturaleza humana querrá dar. Esa casa se ofrece sin dinero y sin precio. ¡Ah, tú quisieras pagar un elevado alquiler! ¡Quisieras hacer algo para ganar a Cristo! Entonces no puedes tener la casa, pues se da “sin dinero y sin precio”. ¿Deseas tomar para siempre en arriendo la casa de mi Maestro, sin pagar nada, excepto el amarlo y servirlo siempre? ¿Quieres aceptar a Jesús y “morar en él”? Mira, esta casa está equipada con todo lo necesario. Está llena de mayores riquezas que las que puedes gastar en toda la vida. Aquí puedes tener íntima comunión con Cristo y gozarte en su amor; aquí hay mesas bien surtidas, con alimento suficiente para vivir siempre. En esta casa puedes hallar, cuando estás cansado, descanso con Jesús, y desde ella puedes mirar y ver el cielo mismo. ¿Quieres tener esa casa? Si estás sin casa ni hogar dirás: “Quisiera tener esa casa, pero ¿puedo tenerla?” Sí, puedes; hay una llave, es ésta: “Ven a Jesús”. “Pero –dirás- estoy demasiado andrajoso para estar en esa casa”. No te preocupes. Hay vestidos dentro de ella. Ven, si te sientes culpable y condenado; y aunque la casa sea demasiado buena para ti, Cristo pronto te hará lo suficientemente bueno para la casa. Te lavará y te limpiará y te pondrá en condiciones de cantar: “Nosotros moramos en él”. Creyente, tres veces feliz eres tú teniendo esa casa. Eres muy privilegiado, pues tienes una sólida habitación en la que estás seguro para siempre. Y morando en él, no sólo tienes una perfecta y sólida casa, sino una casa perdurable. Cuando este mundo se desvanezca como un sueño, nuestra casa subsistirá y permanecerá más indestructible que el mármol, más sólida que el granito, con existencia propia como Dios, pues esa casa es Dios mismo. “Nosotros moramos en él”.

MAYO 5 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo”. 2ª Corintios 6:16

¡QUÉ título hermoso: “Mi pueblo”! ¡Qué revelación animadora: “El Dios de ellos”! ¡Cuánto significan estas dos palabras: “Mi pueblo”! Aquí hay especialidad. El mundo entero es de Dios. El cielo, aun el cielo de los cielos es del Señor, y él reina en medio de los hijos de los hombres. Pero de aquellos a quienes ha elegido y ha comprado para sí, dice lo que no dice de otros: “Mi pueblo”. En esta palabra está encerrada la idea de propiedad. En una manera especial la “porción de Jehová es su pueblo; Jacob es la suerte de su heredad”. Todas las naciones que están sobre la tierra son suyas; el mundo entero está bajo su poder, sin embargo, su pueblo, sus escogidos, son más particularmente su posesión, pues él ha hecho por ellos más que por los otros. Él los ha comprado con su sangre; los ha llevado cerca de él; ha puesto sobre ellos su gran corazón; los ha amado con amor eterno, un amor que no será apagado por las muchas aguas, y que las revoluciones de los tiempos no podrán disminuirlo en el más mínimo grado. Querido amigo, ¿puedes por fe verte en aquel número? ¿Puedes mirar al cielo y decir: “Mi Señor y mi Dios: mío por aquel agradable parentesco que me autoriza a llamarte Padre; mío por aquella santificada comunión que me gozo en mantener contigo, cuando te place manifestarte a mí, como no lo haces con el mundo?” ¿Puedes leer el Libro Revelado y hallar allí los documentos de tu salvación? ¿Puedes leer tu título escrito con preciosa sangre? ¿Puedes, por humilde fe, prenderte de las vestiduras de Jesús y decir: “Mi Cristo”? Si puedes, entonces Dios dice de ti y de otros como tú: “Mi pueblo”, pues si Dios es tu Dios y Cristo es tu Cristo, el Señor tiene para contigo una especial y peculiar merced; eres el objeto de su elección, acepto en su Hijo amado.

MAYO 4 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“¿Ha de hacer el hombre dioses para sí? Mas ellos no son dioses”. Jeremías 16:20

LA idolatría era uno de los grandes pecados del antiguo Israel, y el Israel espiritual está afectado de una tendencia a la misma locura. La estrella de Remfán ya no alumbra más y las mujeres no lamentan más por Tammuz, pero Mammón todavía introduce su becerro de oro, y los altares del orgullo no son abandonados. El yo, en sus varias manifestaciones, se esfuerza por someter a sus elegidos bajo su dominio, y la carne levanta sus altares donde puede hallar espacio para ellos. Los hijos preferidos son, frecuentemente, causa de mucho pecado en los creyentes. El Señor se contrista cuando ve que los mimamos excesivamente. Vivirán para sernos causa de gran maldición, así como Absalón lo fue para David; o si no, nos serán quitados, dejando así desolados nuestros hogares. Si los cristianos quieren pasar noches de extenuante insomnio, que mimen a sus hijos.
Bien dice el pasaje que los dioses hechos por el hombre “no son dioses”, porque esos objetos de nuestro ridículo amor constituyen muy dudosas bendiciones, el solaz que nos pueden dar ahora es peligroso, y la ayuda que puedan comunicarnos en la hora de la aflicción es nula. ¿Por qué, entonces nos dejamos embelesar por las vanidades? Nos compadecemos del gentil que adora a un dios de piedra, pero sin embargo adoramos a un dios de oro. ¿Dónde está la superioridad entre un dios de carne y un dios de madera? El motivo, el pecado, la insensatez son los mismos ingredientes en ambos casos, sólo que en nuestro caso el crimen es más grave, porque tenemos más luz y pecamos frente a ella. Los paganos se inclinan ante una falsa deidad, pero ellos nunca conocieron al verdadero Dios. Nosotros cometemos dos males, puesto que olvidamos al Dios viviente y nos tornamos a los ídolos. ¡Que Dios nos libre de esta grave iniquidad!

MAYO 3 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"En el mundo tendréis aflicción". Juan 16:33

CREYENTE, ¿quieres saber la razón de esto? Mira hacia arriba, a tu Padre Celestial, y contémplalo tal cual es: puro y santo. ¿Sabes que un día serás como él es? ¿Quieres tú ser conforme a su imagen, sin ningún contratiempo? ¿No quieres, más bien, pasar por el crisol de la aflicción con el fin de purificarte? ¿Será fácil cosa librarte de la corrupción y hacerte perfecto, así como tu Padre que está en el cielo es perfecto? Luego, cristiano, torna tus ojos hacia abajo. ¿Sabes qué enemigos tienes debajo de tus pies? Tú, una vez, eras un siervo de Satanás, y ningún rey pierde de buen grado a sus súbditos. ¿Crees que Satanás te dejará solo? No, él estará siempre tras tuyo, pues "él anda como león rugiente, buscando a quien devorar". Espera aflicción, cristiano, cuando miras hacia abajo. Después mira alrededor de ti. ¿Dónde estás? Estás en un país enemigo y eres un peregrino y un advenedizo. El mundo no es amigo tuyo. Si lo fuese, no serías amigo de Dios, pues el que es amigo del mundo se constituye enemigo de Dios. Ten por cierto que hallarás enemigos por todas partes. Cuando duermas, recuerda que estás descansando en el campo de batalla; cuando camines, sospecha que hay una emboscada en cada esquina. Como los mosquitos -según se dice- pican más a los extranjeros que a los nativos, así también las aflicciones de la tierra son más severas para ti. Por último, mira dentro de ti, en tu propio corazón, y observa qué hay. El pecado y el yo todavía están allí. ¡Ah!, aunque no hubiese diablo que te tentara, ni enemigo que te combatiera, ni mundo que te engañara, hallarías, con todo, en ti mismo, suficiente mal para atormentarte terriblemente pues "engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso". Espera tribulación, entonces, pero no te desalientes por eso, pues Dios está contigo para ayudarte y fortalecerte. Él dijo: "Yo estaré con él en la angustia: lo libraré y lo glorificaré".

MAYO 2 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"No ruego que los quites del mundo sino que los guardes del mal". Juan 17:15

ES este un suceso agradable y bendito que experimentarán todos los creyentes en su debido tiempo: ir a estar con Jesús. En unos pocos años más los soldados del Señor, que ahora pelean la buena batalla de la fe, habrán terminado con el conflicto y entrarán en el gozo de su Señor. Pero, aunque Cristo ruega que su pueblo esté al fin con él, donde él está, no pide, sin embargo, que sea llevado enseguida del mundo al cielo. Al contrario, desea que quede aquí. Pero, ¡cuán frecuentemente el cansado peregrino eleva esta oración!: "¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría". Pero Cristo no ora así; él nos deja en las manos de su Padre hasta que, igual que el grano maduro, nos reunamos en el granero de nuestro Maestro. Jesús no ruega por nuestra pronta partida por la muerte, porque quedar en la carne, si no es provechoso para nosotros mismos, es necesario para los demás. Él pide que seamos guardados del mal, pero nunca pide que seamos admitidos en la herencia de gloria, hasta que lleguemos a la ancianidad. Los cristianos, cuando tienen alguna prueba, por lo regular desean morir. Preguntadles el porqué, y os dirán: "Porque nosotros desearíamos estar con el Señor". Tememos que no sea tanto el deseo de estar con el Señor cuanto el de verse libres de la prueba; de lo contrario, sentirían el mismo deseo en tiempos de bonanza. Desean ir al hogar celestial, no tanto por estar con el Señor cuanto por descansar. Es muy justo el deseo de partir, si lo podemos hacer en el mismo espíritu en que lo hizo Pablo, pues estar con Cristo es mucho mejor; pero el deseo de huir de la aflicción es egoísmo. Que nuestra preocupación y deseo sea más bien glorificar a Dios en nuestras vidas, en este mundo, hasta que a él le plazca, aun cuando sea en medio de fatigas, de conflictos y de sufrimientos; y dejemos en sus manos la hora de nuestra partida.

MAYO 1 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"La Iglesia que está en tu casa". Filemón 2

¿HAY una Iglesia en esta casa? Los padres, los hijos, los amigos, los sirvientes, ¿son todos miembros de ella? ¿O hay alguno inconverso todavía?
 Detengámonos aquí y hagámonos cada uno esta pregunta: "¿Soy yo un miembro de la Iglesia que está en esta casa?" ¡Cómo saltaría de gozo el corazón del padre y cómo se llenarían de santas lágrimas los ojos de la madre si desde el mayor hasta el menor fuesen todos salvos! Oremos por esta grande bendición hasta que el Señor nos la dé. Probablemente el objeto más querido de los deseos de Filemón fue el de que toda su casa fuese salva, pero esto, al principio, no le fue concedido totalmente. Tuvo un siervo perverso, llamado Onésimo, que después de agraviarlo, huyó de su casa. Las oraciones de su amo lo siguieron, y, al fin, Dios quiso que Onésimo fuese a escuchar la predicación de Pablo; su corazón fue tocado y volvió a Filemón, no sólo para ser un siervo fiel, sino un hermano amado, añadiendo así otro miembro a la Iglesia de la casa de Filemón. ¿Está ausente esta mañana algún hijo o sirviente inconverso? Hagamos una súplica especial para que el tal, al volver al hogar, alegre todos los corazones con la buena nueva de lo que la gracia ha hecho en él. ¿Hay algún inconverso entre los presentes? Que participe con ardor de este mismo ruego. Si hay en nuestra casa una Iglesia, dirijámosla bien, y obremos todos como delante del Señor. Entremos en los asuntos comunes de la vida con santidad, diligencia, benevolencia e integridad. Se espera más de una Iglesia que de una simple familia. En este caso, el culto familiar tiene que ser más sentido y más ferviente. El amor íntimo debe ser más cálido e intacto, y la conducta exterior tiene que ser más santificada y más cristiana. No tenemos que temer que lo reducido de nuestro número nos ponga fuera de la lista de las Iglesias, pues el Espíritu Santo ha anotado una familia-iglesia en el inspirado libro de las memorias.

ABRIL 30 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Y quejáronse todos los hijos de Israel”. Números 14:2

ENTRE los cristianos de hoy hay murmuradores como los hubo en la antigüedad, en el campamento de Israel. Hay quienes se quejan contra las pruebas, cuando les cae la vara de la aflicción. Preguntan: “¿Por qué soy afligido? ¿Qué he hecho para que se me castigue de esta manera?” Deseo dirigirte unas palabras, oh murmurador. ¿Por qué murmuras contra las disposiciones de tu Padre Celestial? ¿Puede él tratarte más duramente de lo que mereces? ¡Recuerda qué rebelde eras una vez, y sin embargo él te perdonó! Me parece que si él, en su sabiduría, cree conveniente corregirte, no tienes por qué quejarte. Al fin y al cabo, ¿eres herido tan severamente como lo merecen tus pecados? Considera la corrupción que hay en tu corazón, y entonces no te maravillarás de que haya tanta necesidad de la vara para sacarla a la luz. Pésate a ti mismo y mira cuánta escoria hay mezclada con tu oro. Y, viéndola, ¿piensas que el fuego es demasiado ardiente para quitar tanta escoria como la que hay en ti? ¿No demuestra ese espíritu tuyo, orgulloso y rebelde, que tu corazón no está enteramente santificado? ¿No son estas palabras de murmuración contrarias a la naturaleza santa y sumisa de los hijos de Dios? ¿No se necesita la corrección? Pero si tú quieres murmurar contra la corrección, ten cuidado, pues a los murmuradores les irá mal. Dios siempre castiga a sus hijos dos veces, si no soportan con paciencia el primer golpe. Pero sabe una cosa: “Dios no aflige ni congoja de su corazón a los hijos de los hombres”. Todas sus correcciones las envía con amor para purificarte, y para llevarte más cerca de él. Si eres capaz de reconocer la mano de tu Padre, eso te ayudará a soportar la disciplina con resignación. “Porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo”. “Si sufrís el castigo, Dios se os presenta como a hijos”. “No murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor”.

ABRIL 29 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Esperanza mía eres tú en el día malo”. Jeremías 17:17

EL camino del cristiano no siempre está alumbrado por el sol, pues tiene períodos de tinieblas y de tormentas. Es verdad que en la Palabra de Dios está escrito: “Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz”; y también es una gran verdad que la religión tiene por fin dar al hombre felicidad en la tierra y gloria en el cielo. Pero la experiencia nos dice que si bien la senda del justo es como la luz que va en aumento hasta que el día es perfecto, sin embargo algunas veces aquella luz se eclipsa. En ciertas ocasiones, las nubes cubren el sol del creyente, y él anda en las tinieblas y no ve la luz. Hay muchos que se han regocijado en la presencia de Dios por un tiempo; han estado al sol en las primeras etapas de la carrera cristiana; han andado a lo largo de “delicados pastos”, junto a “aguas de reposo”, pero, de repente, el glorioso cielo se nubló. En lugar de la tierra de Goshen, han andado por el desierto arenoso; en lugar de aguas cristalinas, hallaron aguas turbias, amargas al gusto, y dijeron: “En verdad, si fuera hijo de Dios no me pasaría esto”. ¡Oh, tú, que andas en tinieblas, no hables así! El mejor de los santos de Dios tiene que beber ajenjo; el más querido de sus hijos tiene que llevar la cruz. Ningún cristiano gozó de perpetua prosperidad; ningún creyente puede estar cantando siempre. Quizás el Señor te dio al principio una senda llana y despejada, porque eras débil y tímido. El templó el viento para el cordero trasquilado, pero ahora que eres más fuerte en la vida espiritual, tienes que entrar en la madura y escabrosa experiencia de los adultos hijos de Dios. Necesitamos vientos y tempestades para ejercitar nuestra fe, con el fin de que arranquen las ramas podridas de nuestra independencia y nos arraiguen más firmemente en Cristo. El día de la aflicción nos revela el valor de nuestra gloriosa esperanza.

ABRIL 28 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar”. Salmo 119:49

CUALQUIERA sea tu particular necesidad, puedes hallar, en seguida, en la Biblia, alguna promesa apropiada a ella. ¿Estás abatido y deprimido porque tu senda es áspera y tú te hallas cansado? Aquí está la promesa: “Él da esfuerzo al cansado”. Cuando halles una promesa como esta, llévala al que la prometió y pídele que la cumpla. ¿Estás buscando a Cristo y ansías tener comunión más íntima con él? Esta es la promesa que resplandece sobre ti como una estrella: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán hartos”. Lleva continuamente al trono esta promesa; no ruegues por ninguna otra cosa, preséntate a Dios una y otra vez así: “Señor, tú lo has dicho; haz conforme a tu promesa”. ¿Estás acongojado por el pecado y cargado con la pesada carga de tus iniquidades? Presta atención a estas palabras: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados”. No tienes méritos propios que invocar para tu perdón; pero, en cambio, puedes invocar su pacto y él lo cumplirá. ¿Temes no ser capaz de proseguir hasta el fin, o que, después de haberte creído hijo de Dios, seas reprobado? Si pasas por tal situación, lleva la siguiente promesa al trono de la gracia: “Los montes se moverán, y los collados temblarán, mas no se apartará de ti mi misericordia”. Si has perdido la dulce sensación de la presencia del Salvador, y lo estás buscando con afligido corazón, recuerda esta promesa: “Tornaos a mí y yo me tornaré a vosotros”. “Por un pequeño momento te dejé; mas te recogeré con grandes misericordias”. Deléitate en la fe que tienes en la palabra misma de Dios, y acude al Banco de la Fe con el pagaré de tu Padre Celestial, y di: “Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar”.

ABRIL 27 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

“Dios, el Dios nuestro”. Salmo 67:6

ES sorprendente el poco uso que hacemos de las bendiciones espirituales que Dios nos da, pero es más sorprendente aun el poco uso que hacemos de Dios mismo. Aunque él es “Dios nuestro”, nosotros poco recurrimos a él y poco le pedimos. ¡Cuán rara vez pedimos consejo al Señor! ¡Cuántas veces emprendemos nuestros negocios sin buscar su dirección! En nuestras aflicciones, ¡cuán frecuentemente nos esforzamos por llevar solos nuestras cargas, en lugar de echarlas sobre Jehová, quien nos puede sostener! Y esto no es porque no podamos, pues el Señor parece decirnos: “Alma, yo soy tuyo; ve y saca provecho de mí como quieras; tú puedes venir libremente a mi alfolí, y cuanto más frecuentemente, tanto más bienvenida”. La culpa es nuestra si no nos apropiamos de las riquezas de nuestro Dios. Así que, ya que tienes un amigo que te invita, toma diariamente lo que te da. Nunca pases necesidad mientras tengas un Dios a quien recurrir; nunca temas ni desmayes mientras tengas un Dios que te ayuda; ve a su caudal y toma lo que necesites, hay allí todo lo que puedas necesitar. Aprende el divino arte de hacer que Dios sea el todo para ti. El puede darte todas las cosas, o, mejor aún, puede darse en lugar de todas las cosas. Permíteme, pues, que te inste a que hagas uso de tu Dios. Haz uso de él cuando ores. Ve a él frecuentemente, porque él es tu Dios. ¡Oh! ¿no quieres tú usar de tan grande privilegio? Vuela hacia él, cuéntale todas tus necesidades. Usa de él constantemente, por la fe, en todos los tiempos. Si alguna extraña disposición te ha entenebrecido, usa de Dios como de un sol; si algún fuerte enemigo te ha sitiado, halla en Jehová un escudo, pues él es sol y escudo a su pueblo. Si has perdido el camino en los laberintos de la vida, usa de él como de una guía, pues él te dirigirá. Seas tú lo que fueres, y cualquiera sea el lugar donde estés, recuerda que Dios es precisamente lo que necesitas, y que está justamente donde lo necesitas.

ABRIL 26 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Haced esto en memoria de mí". 1 Corintios 11.24

Parece, entonces, que los cristianos pueden olvidar a Cristo! No habría necesidad para esta afectuosa exhortación, si no hubiese una recelosa suposición de que nuestros recuerdos resulten traidores. Esto no es una mera suposición, pues está demasiado confirmado en nuestra experiencia, no como una posibilidad, sino como un lamentable hecho. Parece casi imposible que los que han sido redimidos por la sangre del Cordero y han sido amados por el eterno Hijo de Dios con un amor eterno, olviden a aquel precioso Salvador. Pero si esto alarma al oído, es, ¡ay! demasiado evidente al ojo para que nos permita negar el crimen. ¡Olvidar al que nunca nos olvidó! ¡Olvidar al que derramó su sangre por nuestros pecados! ¡Olvidar al que nos amó hasta la muerte! ¿Será posible? Sí, no solo es posible, sino que la conciencia confiesa (lo que es una lamentable falta nuestra), que nosotros permitimos que Jesús, como si fuera un viajero, quede con nosotros una sola noche. Jesús a quien tendríamos que considerar como el eterno objeto de nuestras memorias, es sólo un visitante. La cruz, donde uno creería que permanece el recuerdo y donde la negligencia debería ser un intruso desconocido, es en cambio, profanada por los pies del olvido. ¿No te dice tu conciencia que esta es la verdad? ¿No notas en ti mismo que te has olvidado de Jesús? Alguna cosa terrenal te roba el corazón y tú te olvidas de aquel en quien tu afecto debiera ser puesto. Algún asunto carnal embarga tu atención, cuando en verdad debieras fijar tus ojos en la cruz. Es la constante agitación del mundo, la incesante atracción de las cosas terrenales, las que apartan al alma de Cristo. Mientras la memoria reserve alguna venenosa mala hierba, la Rosa de Sarón se marchitará. Resolvámonos a prender en nuestros corazones, con relación a Cristo, una celestial nomeolvides, y cuando estemos propensos a olvidar a Cristo, tomémonos fuertemente de él.

viernes, 12 de mayo de 2023

ABRIL 25 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas. Que para ti, oh amado mío, he guardado". Cantares 7.13

La esposa desea dar a Jesús todo lo que produce. Nuestro corazón tiene "toda suerte de frutas, nuevas y añejas", las cuales están guardadas para nuestro Amado. En esta estación otoñal, rica en frutos, inspeccionemos nuestros depósitos. Tenemos frutas nuevas. Deseamos sentir nueva vida, nuevo gozo, nueva gratitud; queremos hacer nuevas resoluciones y cumplirlas con nuevas actividades; nuestro corazón eleva nuevas oraciones y nuestra alma está empeñada en nuevos esfuerzos. Pero tenemos también frutas añejas. Allí está nuestro primer amor, un fruto selecto, en el que Dios se goza; aquí tenemos nuestra primera fe, aquella fe sincera por la cual no teniendo nada, lo poseemos todo; tenemos también el primer gozo que experimentamos cuando conocimos al Señor: avivémoslo. Tenemos también recuerdos de las promesas. ¡Cuán fiel ha sido Dios! ¡Cómo ablandó nuestra cama en la enfermedad! ¡Cuán plácidamente nos sostuvo cuando estábamos en las aguas profundas! ¡Cuán benignamente nos libró del horno de fuego ardiendo! ¡Son estas, en verdad frutas añejas! Tenemos muchas de ellas pues sus mercedes han sido más numerosas que los cabellos de nuestras cabezas. Tenemos que lamentar nuestros antiguos pecados; pero ya nos hemos arrepentido de ellos, hemos llorado hasta llegar a la cruz, y hemos comprendido el valor de los méritos y de la sangre de Cristo. Esta mañana tenemos frutos nuevos y añejos; pero aquí está el punto: estos frutos están guardados para Jesús. En verdad, estos son los mejores y más aceptables servicios, en los que Jesús es el único objeto del alma y en los que su gloria, sin mezcla alguna, es la meta de todos nuestros esfuerzos. Guardemos nuestros frutos sólo para nuestro Amado; exhibámoslos cuando él está con nosotros, pero no los presentemos a la mirada de los hombres. 

domingo, 7 de mayo de 2023

ABRIL 24 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

 "A causa, pues de todo eso nosotros hacemos fiel alianza". Nehemías 9.38

Hay muchas ocasiones en nuestra experiencia cuando podemos muy bien, y con beneficio, renovar nuestra alianza con Dios. Después de convalecer de una enfermedad, cuando, como Ezequías hemos conseguido alargar nuestras vidas unos años más, podemos renovar la alianza. Después de haber sido librados de alguna aflicción, cuando nuestro gozo floreció otra vez, vayamos de nuevo a la cruz y renovemos nuestra consagración. Especialmente hagamos esto cuando hayamos cometido algún pecado que contristó al Espíritu Santo, o cuando hayamos deshonrado la causa de Dios. Miremos entonces a aquella sangre que puede hacernos más blancos que la nieve y presentémonos al Señor otra vez. No debiéramos permitir que únicamente nuestra aflicción confirme nuestra dedicación a Dios, sino que lo haga también nuestra prosperidad. Si alguna vez nos hallamos en tiempos en los que Dios nos corona de favores, entonces si él nos ha coronado, debemos nosotros coronarlo a él. Saquemos de nuevo todas las joyas de las insignias divinas, que han sido guardadas en el joyero de nuestro corazón y dejemos que nuestro Dios se siente sobre el trono de nuestro amor ataviado con ropa real. 

Si aprendiésemos a aprovechar nuestras oportunidades no necesitaríamos tanta adversidad. Si sacáramos de un beso todo el bien que él nos puede dar, no seríamos castigados tan frecuentemente. ¿Hemos recibido últimamente alguna bendición que poco esperábamos? ¿Ha puesto el Señor nuestros pies en un lugar amplio? ¿Podemos cantar de misericordias multiplicadas? Entonces este es el día de poner nuestras manos sobre los cuernos del altar y decir: "Átame aquí, Señor; átame aquí con cuerdas para siempre". En vista de que necesitamos de Dios el cumplimiento de nuevas promesas, ofrezcamos renovadas oraciones para que nuestros antiguos votos sean cumplidos.

sábado, 6 de mayo de 2023

ABRIL 23 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Antes en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó". Romanos 8.37

Nosotros vamos a Cristo por perdón, y luego, muy a menudo, buscamos en la ley poder para combatir nuestros pecados. Pablo nos reprende en esta forma: "¡oh, gálatas insensatos! ¿quién os fascinó, para no obedecer a la verdad? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír de la fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os perfeccionáis por la carne?" Lleva tus pecados a la cruz de Cristo, pues el viejo hombre sólo puede ser crucificado allí: nosotros estamos crucificados con él. La única arma para combatir el pecado es la lanza que traspasó el costado de Jesús. Demos una ilustración: Tú necesitas dominar un temperamento colérico, ¿cómo procedes? Es muy posible que tú nunca hayas intentado el correcto procedimiento, que es el de presentar a Jesús ese mal. ¿Cómo obtengo la salvación? Voy a Jesús tal cual soy, y confío en él para que me salve. ¿Debo matar en la misma manera mi temperamento colérico? Este es el único modo como puedo matarlo. Tengo que ir con él a la cruz y decir a Jesús: "Señor, yo confío en ti para que me libres de este mal". Es la única manera de darle un golpe mortal. ¿Eres codicioso? ¿Sientes que el mundo te enreda? Puedes batallar con ese mal cuanto quieras, pero nunca serás librado de él en ningún otro modo que no sea por la sangre de Jesús. Llévalo a Cristo. Dile: "Señor, yo confío en ti; tu nombre es Jesús, pues tú salvas a tu pueblo de sus pecados. Señor, este es uno de mis pecados: sálvame de él". Los ritos no valen nada sin Cristo como medio de humillación. Tus oraciones, tus arrepentimientos y tus lágrimas no valen nada aparte de Cristo. Ninguno, excepto Jesús, puede hacer buenos a los pecadores y a los santos desvalidos. Tú debes ser vencedor por medio del que te amó, si vencedor quieres ser. Nuestros laureles deben crecer entre los olivos del Getsemaní.

jueves, 4 de mayo de 2023

ABRIL 22 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"A este, Dios ha ensalzado". Hechos 5.31

febrero | 2018 | MISAL DIARIO | Página 3
Jesús, nuestro Señor, que ha sido crucificado, muerto y sepultado, está ahora sentado en el trono de gloria. El lugar más elevado que el cielo concede es de Cristo por derecho indisputable. Es agradable recordar que la exaltación de Cristo en el cielo es una exaltación representativa. Él fue exaltado a la diestra del Padre, y aunque como Jehová tiene eminentes glorias en las que las criaturas finitas no pueden participar, sin embargo como Mediador, los honores que ostenta en el cielo son la herencia de todos los santos. Es grato considerar cuán estrecha es la unión de Cristo con los suyos. Somos realmente uno con Él; somos miembros de su cuerpo, y su exaltación es la nuestra. Él nos hará sentar en su trono, como él ha vencido y se ha sentado con su Padre en su trono. Como él tiene una corona, también a nosotros nos da coronas.
Él tiene un trono, pero no se satisface con tener un trono para sí; a su diestra debe estar su reina, la Iglesia, ataviada con "oro de Ofir". Él no puede ser glorificado sin su esposa. 
Creyente, mira a Jesús ahora; contémplalo, con los ojos de la fe, luciendo sobre su cabeza muchas coronas. Recuerda que un día tú serás semejante a él, cuando lo verás como él es.
No serás tan admirable ni tan divino como él, pero sin embargo tú, en alguna medida, participarás de los mismos honores y gozarás de la misma felicidad y de la misma dignidad que él posee. Conténtate con vivir como desconocido por breve tiempo, y andar fatigosamente por los campos de la pobreza y sobre los montes de la aflicción y pronto reinarás con Cristo, pues él "nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y reinaremos para siempre jamás". ¡Oh, cuán admirable es todo esto para los hijos de Dios! Ahora tenemos a Cristo en las cortes celestiales, pero pronto vendrá y nos tomará a sí mismo para que estemos allí con él, y contemplemos su gloria y participemos de su gozo.

miércoles, 3 de mayo de 2023

ABRIL 21 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Yo sé que mi Redentor vive". Job 19.25

El único consuelo de Job residía en esta breve palabra: "Mi", "Mi Redentor"; y en el hecho de que el Redentor vive. ¡Oh asirse de un Cristo vivo, cuánto significa! Tenemos que poseer a Cristo antes de poder gozar de Él. ¿Para qué me sirve el oro que está en la mina? Hasta en el Perú hay pordioseros, y en California hay quien mendiga pan. Es el dinero que está en mi bolsillo el que satisfará mis necesidades, pues con él puedo comprar el pan que me hace falta.
Así, pues, un Redentor que no me redime, un pariente que nunca defiende mi sangre ¿de qué me sirve? No estés satisfecho hasta que puedas decir: "Sí, yo me arrojo sobre mi Señor viviente, y Él es mío". Puede ser que lo retengas con mano débil; piensas que casi es presunción decir: Él vive como mi Redentor". Sin embargo, si tuvieses fe como un grano de mostaza, esa poca fe te autorizaría a decirlo.
Pero hay también otra palabra aquí que expresa la fuerte confianza de Job: "Yo sé". Decir "yo espero", "yo creo", es consolador y hay miles en el redil de Jesús que difícilmente alguna vez puedan decir mucho más. Pero para lograr la esencia de la consolación, tú tienes que decir: "Yo sé". Los "si", "pero" y "quizás" son seguros matadores de la paz y del consuelo. Las dudas son cosas terribles en tiempo de aflicción. Hunden como avispas el aguijón en el alma. Si tengo alguna sospecha de que Cristo no es mío, entonces allí hay vinagre mezclado con hiel de muerte, pero si yo sé que Jesús vive por mí, entonces la oscuridad no es oscura, pues aun la noche es luz en torno mío. En verdad, si Job en aquellos tiempos, antes de la venida de Cristo podía decir "Yo sé", nosotros no tendríamos que hablar menos positivamente. No permita Dios que nuestro positivismo sea presunción. Miremos que nuestras evidencias sean fundadas a no ser que edifiquemos sobre una esperanza sin fundamento. Un Redentor viviente, realmente mío, es gozo inefable.

lunes, 1 de mayo de 2023

ABRIL 20 - LECTURAS MATUTINAS C. H. SPURGEON

"Para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte". Hebreos 2.14

¡Oh hijo de Dios! la muerte perdió su aguijón, pues el poder del diablo sobre la misma ha sido destruido. Entonces, no temas morir. Pide a Dios gracia a fin de que por un conocimiento íntimo y una fe inquebrantable en la muerte del Redentor, seas fortalecido para aquella hora sombría.

Viviendo cerca de la cruz del Calvario, puedes pensar en la muerte con alegría y recibirla con intenso gozo. Es agradable morir en el Señor. La muerte no es un largo destierro, sino una vuelta de la cautividad, una partida a las muchas moradas donde ya están nuestros amados. La distancia entre los espíritus glorificados que están en el cielo y los santos que militan en la tierra parece grande, pero no lo es. No estamos lejos del hogar; pronto estaremos allí. La vela está extendida; el alma empieza el viaje. ¿Cuánto durará su navegación? ¿Cuántos vientos molestos darán en la vela antes que llegue al puerto de paz? ¿Cuánto tiempo aquella alma será sacudida sobre las olas antes de llegar al mar que no conoce tormenta? Presta atención a la respuesta: "Partir del cuerpo, y estar presentes al Señor". Tu nave ha partido recién, pero ya llegó a su puerto. No hizo más que extender su vela y ya está allí. Igual que a aquella nave del lago de Galilea, una tormenta la sacudió, pero Jesús dijo: "Calla, enmudece", e inmediatamente llegó a tierra. No pienses que un largo período media entre el instante de la muerte y la eternidad de gloria. Cuando los ojos se cierran en la tierra, se abren en el cielo. ¡Oh hijo de Dios! puesto que por la muerte del Señor, la maldición y el aguijón de la muerte fueron destruidos, ¿qué hay en la muerte para que la temas? Pues ahora, la muerte no es más que una escala de Jacob, cuyos pies están en el oscuro sepulcro y su cabeza, en la gloria eterna.