Versículo para hoy:

martes, 17 de octubre de 2017

Octubre 17. Mayores obras

"De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre", Juan 14:12
La oración no nos capacita para las obras mayores. Orar es la mayor obra. Sin embargo, consideramos la oración como un ejercicio racional de nuestros más elevados poderes con el fin de prepararnos para la obra de Dios. En las enseñanzas de Jesucristo, la oración es la obra que operó el milagro de la redención en mí, el cual reproduce el milagro de la redención en otras personas, por el poder de Dios. El fruto permanece firme por la oración, pero recuerda que ella se basa en la agonía redentora de Cristo, no en tu propia agonía. Debo ir a Dios como su hijo, como un niño, porque sólo un niño obtiene la respuesta a su oración; un hombre "sabio", no (ver Mateo 11:25).
Sin importar dónde te encuentres, orar es batallar. Cualesquiera sean las circunstancias que Dios disponga, tu deber es orar. Nunca toleres este pensamiento: "No soy de ninguna utilidad donde estoy", porque ciertamente no puedes ser útil donde todavía no estás. Debes orar a Dios todo el tiempo en cualquier lugar y circunstancia que Él te haya puesto. Dios promete: "Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré", Juan 14:13. Pero no queremos orar, a menos que sintamos una gran emoción. Esa es la forma más intensa de egoísmo espiritual. Debemos aprender a obrar de acuerdo con la dirección de Dios y Él nos dice que oremos. "Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies", Mateo 9:38.
En el trabajo de un obrero no hay nada de emocionante, pero es el quien hace posibles las ideas del genio.
Y es el obrero creyente el que hace posibles las ideas de su Maestro. Cuando trabajas en oración, desde el punto de vista divino, hay resultados todo el tiempo. ¡Qué sorpresa será para ti cuando se levante el velo y veas a todas las personas que cosechaste! Y todo porque te has acostumbrado a recibir las órdenes de Jesucristo.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

lunes, 16 de octubre de 2017

Fructificando en la edad avanzada - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 16. La clave de las órdenes del Maestro

"Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies", Mateo 9:38
La clave para el problema misionero está en las manos de Dios. Esa clave es la oración, no el trabajo; es decir, no el trabajo como se entiende popularmente hoy, porque puede implicar una evasión de nuestra concentración en Dios. La clave para la difícil tarea del misionero no es el sentido común, la medicina, civilizarse o educarse y ni siquiera la evangelización. La clave es seguir las órdenes del Maestro; es la oración. "Rogad, pues, al Señor de la mies". Naturalmente, la oración no es práctica, es absurda. Debemos comprender que desde el punto de vista del sentido común orar es una necedad. 
Desde la perspectiva de Jesucristo no existen naciones, solamente el mundo. ¿Cuántos de nosotros oramos sin hacer acepción de personas, excepto una: Jesucristo? Él es el dueño de la cosecha producida por la zozobra y la convicción de pecado. Y esta es la mies por la cual debemos orar para que se envíen obreros segadores. Estamos muy ocupados con el trabajo, mientras las personas a nuestro alrededor están maduras y listas para cosechar. Pero no cosechamos ni una sola, sino que perdemos el tiempo de nuestro Señor en intensas actividades y programas. Imagínate que a tu padre o a tu hermano le sobrevenga una crisis. ¿Estarás allí como un obrero que segará la cosecha para Jesucristo? O tu respuesta sería: "¡Ay, pero debo realizar un trabajo especial!" Ningún cristiano tiene un trabajo especial que llevar a cabo, porque es llamado a pertenecer a Jesucristo, a ser una persona que no es mayor que su Señor y que nunca le dicta a Él lo que tiene que hacer. El Señor no nos llama a un trabajo especial. Nos llama a Él mismo. Rogad, pues al Señor de la mies y Él aparejará tus circunstancias para enviarte como su obrero.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO, Oswald Chambers.

domingo, 15 de octubre de 2017

La Reforma y la misión de la iglesia

Andrés Birch, Sam Masters y Xavier Torrado conversan sobre la misión de la iglesia y cómo esta se vio durante la Reforma Protestante.



Octubre 15. La clave del mensaje misionero

"Él es la propiciación por nuestros pecados y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo", 1 Juan 2:2
La clave del mensaje misionero es la propiciación de Jesucristo, su sacrificio por nosotros que satisfizo completamente la ira de Dios. Observa cualquier otro aspecto de la obra de Cristo, como la cura, la salvación o la santificación y verás que no tiene nada de ilimitado. Pero, ¡el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!, eso sí es ilimitado. El mensaje misionero se basa en la importancia ilimitada de Jesucristo como la propiciación por nuestros pecados y un misionero es alguien que está empapado de la verdad de esa revelación.
La verdadera clave del mensaje misionero es el aspecto "remisorio" de la vida de Cristo; no su benevolencia ni su bondad y ni siquiera su revelación de la paternidad de Dios. El más grande mensaje y de ilimitada importancia, es la proclamación de que Él es la propiciación por nuestros pecados. El mensaje misionero no es nacionalista, no distingue naciones e individuos, porque es para todo el mundo.
Cuando el Espíritu Santo vino a mi vida, no consideró mis prejuicios o predilecciones; sencillamente me unió al Señor Jesús.
Un misionero es alguien que está comprometido, como en un matrimonio, con la misión y el propósito dados por su Señor y Maestro. No tiene que proclamar su propio punto de vista, sino al Cordero de Dios.
Pero es más fácil pertenecer a un grupo que simplemente cuenta lo que Jesucristo hizo por mí, o volverse un devoto de la sanidad divina o de cierto tipo especial de santificación, o del bautismo del Espíritu Santo. Pablo no dijo: "¡Ay de mí si no anunciara lo que Cristo hizo por mí!", sino: "¡Ay de mí si no anunciara el evangelio!" 1 Corintios 9:16. El mensaje del Evangelio es: "¡El Cordero de Dios quita el pecado del mundo!"

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

sábado, 14 de octubre de 2017

Cuando tu dolor regrese…ora - Kristen Wetherell

Octubre 14. La clave para el misionero

"Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones", Mateo 28:18-20
La clave para la obra del misionero es la autoridad de Jesucristo, no la necesidad de los perdidos.
Tenemos la inclinación a considerar al Señor como nuestro asistente en las actividades que emprendemos para Dios. Pero Él se declara como el absoluto, soberano y supremo Señor sobre sus discípulos. No dice que los perdidos se condenarán si no vamos. Dice sencillamente: "Por tanto, id y haced discípulos de todas las naciones". Dice: "Id, apoyados en la verdad revelada de mi soberanía; enseñen y prediquen basados en la experiencia viva que han tenido conmigo".
"Pero los once discípulos se fueron... al monte donde Jesús les había ordenado", Mateo 28:16. Si quiero conocer la soberanía universal de Cristo, debo conocerlo a Él personalmente. Debo tomar tiempo para adorar al Ser cuyo nombre llevo. Jesús dice: "Venid a mí" y ese es el punto de encuentro con Él. ¿Estás trabajado y cargado? ¡Muchos misioneros lo están! Pasamos completamente por alto estas maravillosas palabras del Soberano universal, pero son las palabras de Jesús para sus discípulos aquí y ahora.
"Por tanto, id". Ir simplemente quiere decir vivir. Hechos 1:8 es la descripción sobre cómo ir. Jesús no dijo en este versículo: "Id a Jerusalén, a Judea y a Samaria", sino "Me seréis testigos en todos estos lugares". Él se hace cargo del trabajo de enviarnos.
"Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros", Juan 15:7. Esta es la manera de seguir andando. Es indiferente dónde nos coloca, porque en su soberanía Dios dispone nuestras "idas".
"Pero de ninguna cosa hago caso ni estimo preciosa mi vida para mi mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo y el ministerio que recibí del Señor", Hechos 20:24. Esa es la manera de seguir andando hasta que nos vayamos de esta vida.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

viernes, 13 de octubre de 2017

Promueve la paz - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 13. Desánimo individual y crecimiento personal

"Crecido ya Moisés, salió a visitar a sus hermanos. Los vio en sus duras tareas",  Éxodo 2:11
Al ver Moisés la opresión de su pueblo, se convenció de que era él quien debía librarlo y con la justa indignación de su propio espíritu, empezó a corregir sus males. Pero después de que Moisés dio el primer golpe a favor de Dios y de la justicia, Él permitió que se desanimara por completo y lo envió al desierto a apacentar ovejas por 40 años. Al finalizar ese tiempo, Dios se le apareció y le dijo que fuera y sacara a su pueblo. Pero Moisés respondió: "¿Quién soy yo para que vaya...?" Éxodo 3:10-11. Inicialmente Moisés comprendió que él libertaría al pueblo, pero primero necesitaba ser entrenado y disciplinado por Dios. En el aspecto individual tenía razón, pero no sería la persona indicada para esa obra hasta que hubiera aprendido a tener verdadera comunión y unidad con Dios.
Podemos tener la visión de Dios y una comprensión muy clara de lo que Él quiere y, sin embargo, cuando comenzamos a trabajar surge algo equivalente a los 40 años de Moisés en el desierto. Es como si Dios lo hubiera olvidado todo y cuando estamos completamente desanimados, Él renueva su llamamiento y entonces empezamos a temblar y a decir: "¿Quién soy yo para que vaya...?" Debemos aprender que el primer gran paso de Dios se resume en estas palabras: "«Yo soy el que soy» me envió a vosotros", ver Éxodo 3:14. Debemos aprender, también, que nuestros esfuerzos individuales para Dios son una falta de respeto. Nuestra individualidad debe resplandecer por medio de una relación personal con Él (ver Mateo 3:17). Nos fijamos en la perspectiva individual de las cosas; tenemos la visión y podemos decir: "Sé que esto es lo que Dios quiere que haga"; pero no hemos aprendido a acomodarnos al paso de Él.
Si estás enfrentando un tiempo de desánimo, hay otro de gran crecimiento personal más adelante.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

jueves, 12 de octubre de 2017

Aprovecha al máximo lo que tienes - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 12. Acomodándose al paso de Dios

“Caminó, pues, Enoc con Dios…”, Génesis 5:24.
La verdadera prueba de la vida espiritual de una persona y de su carácter no es lo que hace en los tiempos excepcionales de su vida, sino lo que hace en los tiempos comunes y corrientes, cuando no ocurre nada asombroso ni excitante. El valor de una persona se revela por su actitud hacia lo común, cuando no se encuentra delante de las luces del teatro (ver Juan 1:35-37). Acomodarse y mantenerse al paso de Dios es un asunto doloroso que implica recobrar energías espirituales. Al aprender a caminar con Él, siempre tenemos la dificultad de acomodarnos a su paso. Pero cuando por fin lo logramos, la única característica evidente es su vida. El individuo desaparece por su unión personal con el Señor y sólo se manifiestan el paso y el poder de Dios.
Es difícil ajustamos al ritmo de Dios, porque cuando comenzamos a caminar con Él, encontramos que antes de haber dado tres pasos Él ya se nos ha adelantado. Como Dios tiene diferentes formas de hacer las cosas, debemos entrenarnos y disciplinarnos en sus métodos. Se dijo de Jesús: "No se cansará ni desmayará", Isaías 42:4, porque nunca actuó según su propio punto de vista, sino siempre de acuerdo con la perspectiva de su Padre. Nosotros debemos aprender a hacer lo mismo. 
La verdadera espiritualidad se aprende por el ambiente que nos rodea, no por el razonamiento. El Espíritu de Dios cambia la atmósfera de nuestra forma de mirar las circunstancias y éstas comienzan a ser posibles como nunca antes.
Acomodarse al paso de Dios significa estar unidos con Él y nada menos que eso. Aunque alcanzarlo toma mucho tiempo, persevera en ello. No te desanimes debido a que el dolor es agudo en este momento.
Persevera y pronto hallarás que tienes una nueva visión y un nuevo propósito.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Cómo detener el chisme - Erik Raymond

Recuerda, Satanás fue el primer chismoso al hablar mal de Dios.

Abundancia que rebosa - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 11. ¿Qué, después del silencio de Dios?

"Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba", Juan 11:6
¿Te ha confiado Dios uno de sus silencios, un silencio que está lleno de significado? Los silencios de Dios son sus respuestas. ¡Solo piensa en esos días de absoluto silencio en la casa de Betania! (ver Juan 11:1-23) ¿Hay en tu vida algo comparable a esos días? ¿Puede Dios confiar en ti de esa manera, o aún estás pidiendo una respuesta visible? Dios te dará las bendiciones que pidas si no avanzas un paso más sin ellas, pero su silencio indica que te está llevando a una maravillosa comprensión de sí mismo. ¿Te estás lamentando ante Él porque no has tenido una respuesta audible? Cuando no lo puedas oír, hallarás que ha confiado en ti de la manera más íntima posible, con un silencio absoluto. No un silencio desesperado, sino grato, porque vio que podías soportar una revelación aun mayor. Si Dios te ha contestado con su silencio, alábalo, porque te está introduciendo en el gran caudal de sus propósitos. La manifestación real de su respuesta, en el tiempo, es un asunto de su soberanía. El tiempo no significa nada para Él. Es posible que por algún tiempo hayas dicho: "Le pedí a Dios un pan y me dio una piedra". No es así y hoy descubres que te dio el pan de vida (ver Juan 6:35).
Un aspecto maravilloso acerca del silencio de Dios es que su quietud te contagia y adquieres una confianza plena, de modo que puedas decir: "Sé que Dios me ha oído". Su silencio es la prueba de que lo ha hecho. Mientras tengas la idea de que Dios te bendecirá en respuesta a la oración, Él lo hará, pero nunca te dará la gracia de su silencio. Si Jesucristo te está llevando a comprender que la oración tiene el propósito de glorificar a su Padre, entonces la primera señal que te dará de su intimidad es el silencio.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

martes, 10 de octubre de 2017

Hasta la meta final - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 10. ¿Cómo lo sabré?

"Respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre... porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos y las revelaste a los niños", Mateo 11:25
No crecemos paso a paso en una relación espiritual; la tenemos o no la tenemos. Dios no nos limpia más y más del pecado, sino que, si andamos en la luz, somos limpios de todo pecado. Es cuestión de obedecer.
Y una vez que lo hacemos, la relación se perfecciona en seguida. Pero si dejamos de obedecer siquiera por un instante, inmediatamente la oscuridad y la muerte empiezan a obrar.
Todas las verdades reveladas de Dios permanecen selladas hasta cuando se abren para nosotros por medio de la obediencia. Nunca podrás descubrirlas con la filosofía o la meditación. Tan pronto obedeces, un rayo de luz aparece. Deja que la verdad de Dios actúe en ti sumergiéndote en ella y no preocupándote por ella. Sólo la puedes conocer si dejas de intentar descubrirla y naces de nuevo. Obedece a Dios en lo que te muestre e inmediatamente te revelará la siguiente verdad. Podrías leer volúmenes enteros acerca de la obra del Espíritu Santo, cuando cinco minutos de obediencia inmediata y diligente harían que todo fuera tan claro como la luz del sol. No digas: "¡Supongo que algún día comprenderé estas cosas!" Puedes entenderlas ahora. Y no es el estudio el que te da entendimiento, sino el obedecer. La más mínima obediencia abre los cielos para que las verdades más profundas de Dios sean tuyas en seguida. Pero Dios solamente te revelará más verdades acerca de Él, cuando hayas obedecido lo que ya conoces. Ten cuidado de creerte uno de los "sabios y entendidos".

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

lunes, 9 de octubre de 2017

Nuevas asignaciones tarde en la vida - Nancy Demoss de Wolgemuth

Octubre 9. ¡Recobra la compostura!

"Presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos", Romanos 6:13
No puedo salvarme y santificarme a mí mismo; no puedo ofrecer una expiación por el pecado; no puedo redimir al mundo; no puedo volver bueno lo malo, purificar lo impuro o santificar lo pecaminoso. Todo esto hace parte de la obra soberana de Dios. ¿Tengo fe en lo que hizo Jesucristo? Él ha llevado a cabo una perfecta expiación. ¿He adquirido el hábito de hacerme consciente de ello todo el tiempo? Nuestra mayor necesidad no es hacer cosas, sino creer cosas. La redención de Cristo no es una experiencia; es el gran acto que Dios realizó por medio de Cristo, en el cual yo debo edificar mi fe. Si la edifico sobre mi propia experiencia, adopto un estilo de vida muy contrario a las Escrituras, viviendo aislado y con mis ojos puestos únicamente en mi santidad. Cuídate de la piedad que no está fundamentada en la expiación de nuestro Señor porque sólo sirve para generar una vida aislada. Es inútil para Dios y un estorbo para los hombres. Mide todas las experiencias que tengas con la medida que es el mismo Señor. No podemos hacer nada que le agrade a Dios, si no lo edificamos deliberadamente sobre el fundamento de la expiación de Cristo en la cruz.
La expiación debe manifestarse de una manera práctica y modesta en mi vida. Cada vez que obedezco, la absoluta Deidad del Señor está a mi favor, de modo que su gracia y mi obediencia natural están en perfecta armonía. Como la obediencia implica que he confiado totalmente en la expiación, cuando obedezco me encuentro de inmediato con el gozo sobrenatural de la gracia de Dios.
Guárdate de la piedad humana que niega la realidad de la vida natural; es un engaño. Sométete continuamente a la prueba de la expiación y hazte la pregunta: ¿Dónde está el discernimiento de la expiación en esto y aquello?

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

domingo, 8 de octubre de 2017

Octubre 8. La exclusividad de Cristo

"Venid a mí...", Mateo 11:28
¿No es humillante que nos digan que debemos ir a Jesús? Pensemos en las circunstancias por las que no queremos acudir a Él. Si quieres saber cuan auténtico eres, pruébate con las palabras: "Venid a mí". En cada punto en el que no seas auténtico, discutirás antes que ir, buscarás evasivas antes que ir, te someterás al dolor antes que ir y harás cualquier cosa antes que transitar el último trecho de ese camino de aparente e inexpresable locura, para decir: "Vengo tal como soy". Incluso hasta la más insignificante medida de irrespeto espiritual siempre se hará evidente porque estás esperando que Dios te pida hacer algo muy grande, cuando todo lo que te está diciendo es: "Venid".
"Venid a mí..." Cuando oigas estas palabras, sabrás que algo te sucederá antes de que puedas ir a Él. El Espíritu Santo te mostrará todo lo que debes hacer y lo que sea necesario para desarraigar lo que te está impidiendo ir a Jesús. Nunca podrás avanzar, si no estás dispuesto a hacerlo. El Espíritu Santo sacará a la luz esa fortaleza inexpugnable que hay en ti, únicamente cuando estés dispuesto a permitírselo.
Muchas veces te has acercado a Dios con tus peticiones y te has ido pensando: "¡Esta vez realmente conseguí lo que quería!" Y sin embargo, te has ido sin nada, mientras todo el tiempo Dios ha estado con las manos extendidas, no solo para recibirte, sino también para que tú lo recibas a Él. Piensa en la invencible e incansable paciencia de Jesús quien amorosamente te dice: Venid a mí.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

sábado, 7 de octubre de 2017

Octubre 7. La reconciliación

"Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en Él", 2 Corintios 5:21

El pecado es un vínculo fundamental. No es hacer lo malo, sino ser malo; una deliberada y decidida independencia de Dios. La fe cristiana lo basa todo en la extrema y categórica naturaleza pecaminosa.
Otras creencias se ocupan de los pecados; pero solamente la Biblia se ocupa del pecado. Lo primero que Jesucristo enfrentó en la gente fue la herencia pecaminosa. Y como esto lo hemos pasado por alto en nuestra predicación, el mensaje del Evangelio ha perdido su aguijón y su poder explosivo.
La verdad revelada de la Biblia no es que Jesucristo tomó sobre sí los pecados de nuestra carne, sino la herencia pecaminosa, la cual ningún hombre puede siquiera tocar. Dios "hizo pecado" a su propio Hijo para poder hacer del pecador un santo. A lo largo de toda la Biblia se revela que nuestro Señor tomó sobre sí el pecado del mundo porque se identificó con nosotros y no porque simpatizó con nosotros. Él deliberadamente cargó sobre sus hombros y llevó en su cuerpo todo el pecado acumulado de la raza humana. Al que no conoció pecado, por nosotros se hizo pecado. Y de esta manera colocó a todos los hombres sobre la única base de la redención. Jesucristo reconcilió a la humanidad, poniéndola de nuevo donde Dios había planeado que estuviera. Y ahora cualquiera puede experimentar esa reconciliación, pues es llevado a una unión con Dios sobre la base de lo que nuestro Señor hizo en la cruz.
Un hombre no puede redimirse a sí mismo. La redención es la obra absolutamente terminada y completa de Dios, y su aplicación en las personas depende de la acción individual, de la respuesta de cada uno.
Siempre debemos distinguir entre la verdad revelada de la redención y la experiencia consciente de la salvación que vive una persona.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

viernes, 6 de octubre de 2017

Cuando El Temor Te Paraliza | Parte 2 - Samantha Nieves

Cuando el Temor Te Paraliza | Parte 1 - Samantha Nieves

Una herencia hermosa - Nancy DeMoss Wolgemuth

Octubre 6. Una nueva inclinación

"Cuando agradó a Dios... revelar a su Hijo en mí", Gálatas 1:15-16
¿Cuál es el problema al que se enfrenta Jesucristo si me va a regenerar? Poseo una herencia ante la cual no tengo nada que decir o decidir. No soy santo, ni es posible que lo sea y si lo único que Jesucristo puede hacer es decirme que debo ser santo, su enseñanza sólo me lleva a la desesperación. Pero, si Él es verdaderamente un "regenerador", la persona que me puede impartir su propia herencia de santidad, entonces empiezo a comprender lo que quiere decir cuando afirma que debo ser santo. La redención implica que Jesucristo puede heredarle a cualquiera la naturaleza que estaba en Él y todas las normas que nos da se basan en esa naturaleza. Su enseñanza es para la vida que Él pone dentro de nosotros. La acción apropiada de mi parte es sencillamente estar de acuerdo con el veredicto de Dios sobre el pecado en cuanto a que ya fue juzgado en la cruz de Jesucristo.
Lo que nos enseña el Nuevo Testamento sobre la regeneración es que cuando una persona ha sido tocada por la conciencia de su necesidad, Dios impartirá el Espíritu Santo al espíritu humano, el cual será vivificado por el Espíritu del Hijo de Dios "hasta que Cristo sea formado en vosotros", Gálatas 4:19. El milagro moral de la redención es que Dios me puede infundir una nueva naturaleza por medio de la cual puedo vivir una vida completamente nueva. Cuando, por fin, mi necesidad toca fondo y conozco mis propias limitaciones, Jesús dice: Bienaventurado. Pero debo llegar a ese punto. Dios no puede poner en mí, un ser con responsabilidad moral, la naturaleza de Jesucristo, si no soy consciente de que la necesito.
Así como la naturaleza pecaminosa entró en la humanidad por un hombre, también el Espíritu Santo entró en la raza humana por otro Hombre (ver Romanos 5:12-19). La redención significa que puedo ser libre de la herencia del pecado y que por medio de Jesucristo puedo recibir una herencia pura e inmaculada, es decir, el Espíritu Santo.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

jueves, 5 de octubre de 2017

La tierra es del Señor - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 5. La predisposición a la degeneración

"Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron", Romanos 5:12
La Biblia no dice que Dios castigó a la raza humana por el pecado de un hombre, sino que la naturaleza del pecado, es decir, la atribución de tener derecho sobre mí mismo, entró en la raza humana por un hombre. Pero, también dice que otro Hombre tomó sobre sí el pecado de la humanidad y lo quitó (ver Hebreos 9:26). Esta es una revelación infinitamente más profunda. La naturaleza del pecado no es la inmoralidad, o hacer lo malo, sino la naturaleza de la autorrealización que nos lleva a decir: "Yo soy mi propio dios". Esta naturaleza se puede manifestar en una decorosa moralidad o en una indecente inmoralidad, pero siempre tiene la misma base, la cual es la atribución del derecho sobre mí mismo.
Cuando nuestro Señor enfrentó a personas que poseían todas las fuerzas del mal y a personas de vida limpia, moral y recta, no prestó ninguna atención a la degradación moral de los unos ni a los logros morales de los otros. Él vio lo que nosotros no vemos: la naturaleza del hombre.
El pecado es algo con lo que nací y que está fuera de mi alcance. Solo Dios lo puede alcanzar mediante la redención. En la cruz de Jesucristo, Él redimió a toda la raza humana de la condenación que merecía debido a la herencia del pecado. En ningún caso Dios hace responsable a una persona por haber heredado el pecado y tampoco condena a nadie por esa causa. La condenación viene cuando comprendo que Jesucristo vino a librarme del pecado y me niego a dejar que lo haga. Es en ese momento cuando obtengo el sello de la condenación. Y esta es la condenación (el momento crítico): "la luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz", Juan 3:19.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

miércoles, 4 de octubre de 2017

El tiempo apropiado para descansar - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 4. La visión y la verdad

"Llamados a ser santos", 1 Corintios 1:2
Da gracias a Dios porque puedes ver todo lo que aún no has llegado a ser. Has tenido la visión, pero de ninguna manera has alcanzado la realidad todavía. Es cuando estamos en el valle que la mayoría de nosotros retrocede y donde comprobamos si seremos elegidos. Nosotros no estamos muy bien preparados para los golpes y moretones que han de venir, si vamos a ser transformados de acuerdo con la visión.
Hemos visto lo que no somos y lo que Dios quiere que seamos, pero ¿estamos dispuestos a ser golpeados para que la visión sea moldeada y podamos ser utilizados por Dios? Los golpes siempre vienen de una manera ordinaria y por medio de gente común y corriente.
En ocasiones no sabemos cuál es el propósito de Dios. Permitir que la visión se convierta en parte de mi carácter real depende de mi, no de Él. Si preferimos descansar en la cima y vivir del recuerdo de la visión, no seremos de ninguna utilidad en los asuntos ordinarios que conforman la vida humana. Debemos aprender a vivir confiando en la visión, no en un éxtasis o en una contemplación consciente de Dios. Esto implica vivir las realidades de nuestra vida a la luz de la visión, hasta que la verdad de la visión se cumpla en nosotros. Toda nuestra preparación se encamina hacia esa dirección. Aprende a agradecer a Dios por permitirte conocer sus exigencias.
Nuestro pequeño "yo soy" siempre se irrita cuando Dios dice: Haz. Deja que tu pequeño "yo soy" se marchite y se seque bajo la indignación de Dios: "'Yo soy el que soy' te ha enviado", Éxodo 3:14. Él debe dominar. ¿No es algo muy contundente comprender que Dios no sólo conoce dónde vivimos, sino también los escondrijos donde nos metemos? Él nos descubrirá tan rápido como un rayo. Nadie conoce a los seres humanos como Dios.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

martes, 3 de octubre de 2017

Dios da fortaleza - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 3. El terreno de la ministración

"Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno",  
Marcos 9:29
"Sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?", Marcos 9:28. La respuesta depende de la relación personal con Jesucristo. Este género con nada puede salir, sino con concentración y redoblada concentración en Él. Podemos quedarnos impotentes, como los discípulos, al tratar de realizar la obra de Dios sin una concentración en su poder, sino mediante las ideas que salen de nuestra propia naturaleza. Realmente lo deshonramos por nuestra misma ansia de trabajar para Él sin conocerlo.
Cuando enfrentas un caso difícil y nada sucede exteriormente, aún puedes saber que habrá libertad y alivio por tu continua concentración en Jesucristo. El deber tuyo en el servicio y en el ministerio es vigilar que no haya nada entre Jesús y tú. ¿Hay algo ahora? Si es así, debes superar ese obstáculo, no pasándolo por alto con irritación, o saltando por encima de él, sino enfrentándolo y atravesándolo en la presencia de Jesucristo. Entonces, ese problema y todo lo que hayas experimentado con relación a él, glorificará al Señor de una manera que sólo conocerás cuando lo veas cara a cara.
Debemos ser capaces de levantar alas como las águilas, pero también debemos saber cómo descender. El poder del creyente consiste en bajar y saber vivir en el valle. Pablo dijo: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece", Filipenses 4:13. Las situaciones a que se refería eran en su mayoría humillantes. Sin embargo, tenemos la facultad de rehusar la humillación, diciendo: "No, gracias, me gusta mucho más estar en la cima con Dios". ¿Puedo enfrentar las circunstancias como realmente son a la luz de Jesucristo? ¿O las situaciones tal como son destruirán mi fe en Él y me llenarán de pánico?

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.