Versículo para hoy:

martes, 13 de diciembre de 2016

Llena de sabiduría y fe - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 13

“Haré de ágatas tus ventanas”. Isaías 54:12.

LA Iglesia está muy convenientemente simbolizada por un edificio levantado con el poder celestial y diseñado con habilidad divina. Esa casa espiritual no debía ser oscura, pues los israelitas necesitaban luz en sus habitaciones; al mismo tiempo debía tener ventanas para que la luz entrara en esas habitaciones y sus moradores pudieran ver. Las ventanas son preciosas como las ágatas. Los medios por los cuales la Iglesia contempla a su Señor, como también el cielo y la verdad espiritual, en general, tienen que ser tenidos en alta estima. Las ágatas no son las más transparentes de las joyas; a lo sumo, son sólo semitransparentes. La fe es una de estas preciosas ventanas de ágatas, pero ¡ay! es ella, frecuentemente, tan brumosa y velada que sólo vemos oscuramente y confundimos muchas de las cosas que vemos. Sin embargo, si no podemos mirar a través de las ventanas de diamante y conocer como somos conocidos, es glorioso contemplar al que es enteramente Amable, aunque el vidrio sea nebuloso como el ágata. La experiencia es otra de estas opacas pero preciosas ventanas, que nos dan una luz religiosa débil, por medio de la cual, a través de nuestras aflicciones, vemos los sufrimientos del Varón de Dolores. Nuestros débiles ojos no podrían soportar ventanas con vidrios transparentes que dejan entrar la gloria del Señor; pero, cuando los ojos están empañados con lágrimas, los rayos del Sol de Justicia son atemperados y alumbran a través de las ventanas de ágatas con suave resplandor, alentando indeciblemente a las almas tentadas. La santificación, que nos conforma a nuestro Señor, es otra ventana de ágatas. Sólo a medida que nos transformamos en celestiales comprendemos las cosas celestiales. El puro de corazón ve un Dios puro. Los que son semejantes a Jesús lo ven como él es. Porque somos muy poco semejantes a él, la ventana es sólo de ágatas. Damos gracias a Dios por lo que tenemos, y ansiamos más. ¿Cuándo veremos a Dios y a Jesús, el cielo y la verdad cara a cara?

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 12 de diciembre de 2016

La doctrina del infierno - Ps. Sugel Michelén

Llena del Espíritu - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 12

“Se han portado traidoramente”. Oseas 5:7.

CREYENTE, aquí tenemos una dolorosa verdad: Tú eres el amado del Señor, redimido con su sangre, llamado por gracia, preservado en Cristo Jesús, acepto en el Amado, ciudadano del cielo y, sin embargo, “te has portado traidoramente” con Dios, tu mejor amigo; traidoramente con Jesús, a quien perteneces; traidoramente con el Espíritu Santo, por quien fuiste vivificado para vida eterna. ¡Cuán traidor has sido en el asunto de votos y promesas! ¿Recuerdas el amor de tu desposorio, aquel tiempo feliz, primavera de tu vida espiritual? ¡Oh! cuán estrechamente te allegabas entonces a tu Señor diciendo: “Jesús nunca me podrá acusar de indiferencia; mis pies nunca se paralizarán en el camino del servicio por su causa; nunca consentiré que mi corazón vague tras otros amores, pues en él hay abundancia de bondad infalible. Renuncio a todo por causa de mi Señor Jesús”. ¿Has comprendido esta promesa? ¡Ah! si la conciencia hablara, diría: “El que prometió muy bien cumplió muy mal”. Pues la oración fue a menudo hecha ligeramente; corta, pero no agradable; breve, pero no ferviente. La comunión con Cristo quedó abandonada. En lugar de pensamientos celestiales, hubo cuidados carnales, vanidades mundanas y pensamientos malvados. En lugar de trabajo, hubo desobediencia; en lugar de fervor, tibieza; en lugar de paciencia, petulancia; en lugar de fe, confianza en el brazo de carne; y, como soldado de la cruz, hubo cobardía, desobediencia y deserción en grado muy vergonzoso. Te has portado traidoramente. ¡Traición a Jesús! ¿Qué palabras pueden ser usadas para denunciar esto? Las palabras poco valen. Arrepintámonos, más bien, y abominemos el pecado que, sin duda, está en nosotros. ¡Oh Jesús, fuimos traidores a tus heridas! Perdónanos, Señor, y ayúdanos a no pecar más. ¡Qué vergonzoso es traicionar a Aquel que nunca nos olvida, y que hoy mismo se presenta delante del trono eterno con nuestros nombres grabados en su pectoral!

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 11 de diciembre de 2016

BIENAVENTURADOS - Ps. José de Segovia


¿Qué es el “Gozo del Señor” y Dónde puedo encontrarlo? - Ps. John Piper

Una pregunta realmente importante de un oyente llamado Nicholas que fue a la página de inicio de Ask Pastor John y nos envió esta pregunta por correo electrónico: “¡Hola Pastor John! En Hebreos 12:2 y en Nehemías 8:10, ¿qué quiere decir la frase: ‘el gozo del Señor’? ¿Cómo puedo encontrar este gozo? ¿Y cómo podemos aplicar este gozo a nuestras propias vidas?”


Esta es una de las preguntas más importantes que cualquiera pudiera hacer, porque todos quieren ser felices y nunca perder su felicidad en las miserias del infierno. Y por tanto, cómo encontrar gozo y experimentarlo en su totalidad es lo que todos cuidan y deberían cuidar. Y si es posible que en realidad podamos compartir en el gozo de Dios Todopoderoso, nada pudiera ser más estupendo y nada sería más estable y duradero. Así que esto es importante.

LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 11

“Al Señor Cristo servís”. Colosenses 3:24.

¿A qué clase de funciones fueron dichas estas palabras? ¿A los reyes, que pomposamente hacen alarde de un derecho divino? ¡Ah, no! pues ellos a menudo se sirven a sí mismos o a Satanás, y olvidan al Dios cuya tolerancia les permite ostentar su imitativa majestad por pocas horas. ¿Habla, entonces, el apóstol a los así llamados “muy reverendos padres en Dios”, los obispos, o a los “venerables archidiáconos”? No; en realidad, Pablo no conocía nada de estas invenciones de hombres. Ni aún a los pastores y maestros o a los ricos y estimados entre los creyentes fueron dirigidas estas palabras, sino a los siervos, sí, y a los esclavos. Entre la multitud trabajadora: los jornaleros, los peones, los sirvientes, los cocineros, halló el apóstol, como nosotros los hallamos aún ahora, algunos de los elegidos del Señor, a quienes les dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de ánimo, como al Señor, y no a los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la compensación de la herencia; porque al Señor Cristo servís”. Esto ennoblece la fastidiosa rutina de las ocupaciones terrenales y pone una aureola alrededor de las ocupaciones más humildes. El lavar los pies quizás sea servil, pero el lavar los pies de Jesús es un trabajo regio. Desatar el cordón de los zapatos es una ocupación humilde, pero desatar los zapatos al gran Maestro es un privilegio de príncipe. La tienda, la granja, el fregadero y la fragua llegan a ser templos cuando los hombres y las mujeres hacen todo para la gloria de Dios. Entonces, el “servicio divino” no es una cosa de pocas horas y de escasos lugares; al contrario, pues la vida entera llega a ser santidad a Jehová, y toda cosa y cualquier lugar llegan a ser tan consagrados como el tabernáculo y su candelero de oro.
Anhelo ser obrero de valor,
Confiando en el poder del Salvador;
Y el que quiera trabajar,
Hallará también lugar,
En la viña del Señor.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Sin pena ni gloria - Ps. José Mendoza

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VII PILARES DE LA FE CRISTIANA - PS. MIGUEL NÚÑEZ

Falsas Doctrinas en Latinoamerica - Enrique Oriolo, Ps. Gerson Morey, Ps. Jorge Altieri




LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 10

“El corazón de la cual abrió el Señor”. Hechos 16:14.

EN la conversión de Lidia hay muchos puntos interesantes, pues esa conversión fue obrada por circunstancias providenciales. Lidia era vendedora de púrpura en la ciudad de Tiatira, pero en el momento propicio para oír a Pablo, la hallamos en Filipos. La providencia, que es sierva de la gracia, la condujo al lugar conveniente. Además, la gracia estaba preparando su alma para la bendición. La gracia prepara para la gracia. Lidia no conocía al Salvador, pero, como judía, sabía muchas verdades que eran como excelentes peldaños para llegar a conocer a Jesús. Esta conversión se realizó con el uso de medios. Un día de sábado, Lidia fue al lugar donde solía ser la oración, y allí la oración fue oída. Nunca descuides los medios de la gracia. Dios puede bendecirnos cuando no estamos en su casa, pero tenemos mayor razón para esperar que querrá bendecirnos cuando estemos en comunión con sus santos. Observa las palabras, “el corazón de la cual abrió el Señor”. No fue ella la que abrió su corazón, ni lo fueron sus oraciones ni lo fue Pablo. Es el Señor el que tiene que abrir el corazón para que este reciba las cosas que tienen que ver con la paz. Solo el Señor puede poner la llave en la cerradura de la puerta y abrirla para poder entrar. El es el dueño del corazón como también su hacedor. La primera evidencia externa de que el corazón se había abierto fue la obediencia. Tan pronto como Lidia creyó en Jesús, fue bautizada. Demuestra tener un corazón humilde y quebrantado el hijo de Dios que desea obedecer un mandamiento que no es esencial para su salvación, que no le es impuesto por un egoísta temor de condenación, pero que, sin embargo, es un sencillo acto de obediencia y de comunión con su Señor. La otra evidencia fue el amor, que se manifiesta en actos de agradecido afecto para con los apóstoles. El amor a los santos fue siempre un signo de verdadera conversión. Los que no hacen nada por Cristo ni por su Iglesia dan sólo pobres evidencias de un corazón “abierto”. Señor, dame siempre un corazón abierto.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 9 de diciembre de 2016


Avivamiento y santidad - Nancy DeMoss de Wolgemuth

¿Cuándo fue la última vez que oraste por santidad?

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Diciembre 9, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 9

“Mi pueblo habitará en morada de paz”. Isaías 32:18.

LA paz y el descanso no pertenecen a los irregenerados, sino a los creyentes y sólo a ellos. El Dios de paz da perfecta paz a aquellos cuyos corazones descansan en él. Cuando el hombre aún no había caído, Dios le dio la florida habitación del Edén como su morada de paz; pero, ¡ay! cuán pronto el pecado marchitó la hermosa mansión de la inocencia. En los días del juicio universal, cuando el diluvio barrió con la generación culpable, la familia elegida fue tranquilamente protegida en el refugio del arca, la cual la mantenía a flote, librándola del antiguo mundo condenado para que luego habitase la tierra del arco iris y del pacto, todo lo cual representa a Jesús, el arca de nuestra salvación. Israel descansó seguro en las habitaciones de Egipto, rociadas con sangre, cuando el ángel destructor hirió a los primogénitos; y en el desierto, la sombra de la columna de nube y el agua que salió de la roca, dieron a los cansados peregrinos dulce reposo. En este momento nosotros descansamos en las promesas de nuestro fiel Dios, conociendo que sus palabras están llenas de verdad y de poder; descansamos en las doctrinas de su palabra, que son consoladoras; descansamos en el pacto de su gracia, que es un cielo de placer. Nosotros nos sentimos mucho más favorecidos que David en Adullam o que Jonás bajo su calabacera, pues nadie puede invadir o destruir nuestro refugio. La persona de Jesús es el tranquilo refugio de su pueblo; y cuando nos acercamos a él, al romper el pan, al oír la palabra, al escudriñar las Escrituras, al orar o al cantar, hallamos en eso un medio de unirnos a él, que trae de nuevo la paz a nuestros atribulados espíritus.
¡Paz! ¡Paz! Cuán dulce paz
Es aquella que el Padre me da;
Yo le ruego que inunde por siempre mi ser
En sus ondas de amor celestial.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 8 de diciembre de 2016


Lejos del pecado - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 8

“Por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre”. Salmo 68:10.

TODAS las dádivas de Dios son dádivas preparadas, guardadas en depósito para necesidades previstas. Dios anticipa nuestras necesidades y, de la abundancia que tiene atesorada en Cristo Jesús, provee al pobre movido por su bondad. Puedes confiar en él en cualquier necesidad que se presente, pues él ha conocido de antemano, con exactitud, cada una de ellas. Dios puede decir de nosotros en cualquier circunstancia: “Yo sabía que iba a acontecer esto o aquello”. Uno viaja a través del desierto y, cuando ha viajado un día y plantado su carpa, descubre que carece de muchas comodidades y cosas necesarias que no trajo en su equipaje. “¡Ah!”, dice el tal, “no preví esto; si tuviese que hacer otra vez este viaje, traería estas cosas que me son tan necesarias”. En cambio, Dios ha visto con los ojos de su presencia todas las necesidades de sus pobres y errantes hijos y, cuando esas necesidades se presentan, ya tiene listas las provisiones. Es por bondad que Dios ha provisto al pobre corazón; sí, por bondad y sólo por bondad. “Bástate mi gracia”. “Y como tus días, tu fortaleza”. Lector, ¿está triste tu corazón esta noche? Dios sabía que había de estarlo, y por eso ha atesorado el consuelo que necesita en la hermosa seguridad del texto. Tú eres pobre y necesitado, pero Dios ha pensado en ti y tiene, en depósito, la bendición que tú precisamente necesitas. Reclama la promesa; créela y obtén su cumplimiento. ¿Tienes la impresión de que nunca fuiste tan conscientemente vil como lo eres ahora? He aquí, la fuente carmesí aún está abierta y posee todas las antiguas virtudes para lavar tus pecados. Nunca te hallarás en una situación tan desesperante que Cristo no te pueda ayudar. Nunca tus asuntos espirituales se hallarán en un aprieto tal que Cristo no pueda hacer frente a la emergencia, pues toda tu historia ha sido conocida de antemano y todas sus necesidades han sido suplidas en Jesús.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Creciendo en santidad - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 7

“A todos me he hecho todo, para que de todo punto salve algunos”.
1 Corintios 9:22.

EL gran objetivo de Pablo era no sólo instruir y corregir, sino salvar. Cualquier otro fin que no fuera este, lo habría desilusionado. El quería que los hombres experimentasen la renovación de sus corazones, fuesen perdonados, santificados, en fin, fuesen salvados. ¿Han tenido nuestras labores cristianas un objetivo inferior a este? Entonces, rectifiquemos nuestros métodos, porque, ¿qué valdrá, en el último gran día, el haber enseñado y moralizado a los hombres, si estos comparecen delante de Dios sin ser salvos? Rojas como la sangre estarán nuestras faldas si durante la vida hemos buscado un objetivo inferior y hemos olvidado que los hombres necesitan ser salvos. Pablo sabía que la condición del hombre natural era degradante y no procuró educarlo sino salvarlo. El vio a los hombres hundiéndose en el infierno y no trató de pulirlos, sino de salvarlos de la ira que ha de venir. Para lograr la salvación de los hombres se dio a sí mismo con incansable celo a predicar el Evangelio en todo lugar, exhortando y rogando a los hombres que se reconciliasen con Dios. Sus oraciones eran insistentes y sus trabajos incesantes. Salvar almas era su ardorosa pasión, su ambición y su vocación. Pablo se constituyó en siervo de todos los hombres, desvelándose por los de su nación y sintiendo un ¡ay! dentro de sí si no se predicaba el Evangelio. El dejó sus preferencias para evitar prejuicios; sometió su voluntad con respecto a las cosas secundarias, y, con tal que los hombres recibieran el Evangelio, no promovía cuestiones en cuanto a formas y ceremonias. El Evangelio era su única e importantísima ocupación. Si podía ser el instrumento de la salvación de alguno, estaba contento. Querido lector, ¿hemos tú y yo vivido para ganar almas en esta noble forma? ¿Estamos dominados por el mismo deseo? Si no lo estamos ¿a qué se debe? Jesús murió por los pecadores, ¿no podemos nosotros vivir por ellos? ¿Dónde está nuestra compasión? ¿Dónde nuestro amor a Cristo, si no buscamos su gloria en la salvación de los hombres? ¡Oh, que el Señor nos impregne con un celo imperecedero por las almas de los hombres!

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 6 de diciembre de 2016

Lutero, Calvino, Zuinglio y la Navidad - Will Graham

3. Espiritualidad, soltería y matrimonio - Sugel Michelén




2. Espiritualidad y trabajo - Sugel Michelén



La fe cristiana como cosmovisión - Sugel Michelén




Santidad en la Iglesia | Aviva Nuestros Corazones

LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 6

“Ceñido por los pechos con una cinta de oro”. Apocalipsis 1:13.

“UNO semejante al Hijo del Hombre” apareció a Juan en Patmos, y el discípulo amado observó que vestía un cinto de oro. Un cinto, porque Jesús, mientras anduvo en la tierra, nunca estuvo desceñido, sino siempre listo para servir, y ahora, delante del trono eterno, no interrumpe su santo ministerio, sino, como un sacerdote, se ciñe con “el cinto del ephod”. Es alentador para nosotros saber que él no ha dejado de cumplir su ministerio a favor de nosotros, y el hecho de que él vive para siempre para interceder por nosotros es una de nuestras más seguras defensas. Jesús nunca se muestra holgazán. Sus vestiduras nunca están sueltas como si su ministerio hubiese terminado; al contrario, él promueve diligentemente la causa de su pueblo. Un cinto de oro, para demostrar la superioridad de su servicio, la realeza de su persona, la dignidad de su estado y la gloria de su galardón. Ya no clama más desde el polvo, sino que intercede con autoridad como Rey y como Sacerdote. Muy segura está nuestra causa en las manos de nuestro entronizado Melquisedec. Nuestro Señor da a todo su pueblo un ejemplo. Nosotros nunca debemos desatar nuestros cintos. Este no es tiempo de echarnos a descansar; es más bien tiempo de trabajo y de lucha. Necesitamos atar más y más estrechamente, en torno de nuestros lomos, el cinto de la verdad. Es este un cinto de oro; por eso será para nosotros un muy valioso ornamento, el que necesitaremos grandemente, pues un corazón que no está bien atado con la verdad como es en Jesús y con la fidelidad obrada por el Espíritu, se enredará fácilmente en las cosas de esta vida y será sorprendido por los lazos de la tentación. No vale nada que tengamos las Escrituras si no las atamos en derredor nuestro con un cinto que nos ciña por completo, conservando en orden todas las partes de nuestro carácter y uniendo todo nuestro ser. Si en el cielo Jesús no desata el cinto, mucho menos lo podemos hacer nosotros sobre la tierra. “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos de verdad”.

Charles Haddon Spurgeon.