Versículo para hoy:

domingo, 21 de agosto de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 21

“No dije a la generación de Jacob: en vano me buscáis”. Isaías 45:19.

PODEMOS obtener mucho solaz considerando lo que Dios no ha dicho. Lo que ha dicho está indeciblemente lleno de consuelo y de placer. Lo que no ha dicho, apenas es menos rico en consolación. Fue uno de estos “no dije” que preservó el reino de Israel en los días de Jeroboam, hijo de Joas, porque “Jehová no había determinado raer el nombre de Israel de debajo del cielo” (2 Reyes 14:27). En el texto de Isaías se nos asegura de que Dios responderá la oración, porque él “no ha dicho a la generación de Jacob: en vano me buscáis”. Tú, que escribes cosas amargas contra ti mismo, debieras reconocer que si Dios no te ha desheredado de la gracia, no hay lugar para la desesperación, digan lo que quieran tus dudas y temores. Aun la voz de la conciencia es de poca monta si no es auxiliada por la voz de Dios. ¡Tiembla más bien ante lo que Dios ha dicho! Pero no permitas que tus vanas imaginaciones te abrumen con desaliento y pecaminosa desesperación. Muchas personas tímidas han sido acosadas por la sospecha de que puede haber algo en las disposiciones de Dios que le cierre la puerta de la esperanza, pero hay una terminante refutación a ese molesto temor, pues ninguno que busque sinceramente puede ser condenado a la ira. “No hablé en escondido, en lugar de tierra de tinieblas; no dije –aun en lo secreto de mis inescrutables decretos– en vano me buscáis”. Dios ha manifestado claramente que él oirá la oración de los que lo invocan y esa declaración no puede ser contravenida. El ha hablado tan firme, verdadera y rectamente que no puede haber lugar a dudas. El no revela sus designios en ininteligibles palabras, sino habla clara y positivamente diciendo “pedid y recibiréis”. Cree, oh tú que tiemblas, esta segura verdad: la oración tiene que ser oída y será oída y nunca, aún en los secretos de la eternidad, ha dicho el Señor a ninguna alma viviente: “En vano me buscáis”.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 20 de agosto de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 20

“Así dejaron reparado a Jerusalén hasta el muro ancho”. Nehemías 3:8.

LAS ciudades bien fortificadas tenían anchos muros; también los tenía Jerusalén en sus tiempos de gloria. La Nueva Jerusalén debe, en la misma forma, ser rodeada y preservada por un ancho muro de disidencia con el mundo y de separación de sus costumbres y de su espíritu. La tendencia de estos días es romper la santa barrera y hacer que la distinción entre la Iglesia y el mundo sea meramente nominal. Los creyentes ya no son más estrictos y puritanos; una literatura de dudosa moralidad es leída todos los días. Por lo regular, se toleran pasatiempos frívolos y un relajamiento general amenaza despojar al pueblo del Señor de aquellas peculiaridades que lo distinguen de los pecadores. Será un mal día aquel para el mundo cuando la propuesta amalgamación sea consumada. Entonces será anunciado otro diluvio de ira. Amado lector, que el propósito de tu corazón sea mantener el “muro ancho”, tanto en el corazón como en las palabras, en el vestir como en las acciones, recordando que la amistad de este mundo es enemistad contra Dios. El ancho muro proporcionaba un lugar de reunión para los habitantes de Jerusalén, desde el cual podían disfrutar de la perspectiva que ofrecían los países circunvecinos. Esto nos recuerda los muy amplios mandamientos del Señor, en los cuales andamos libremente en comunión con Jesús, mirando los paisajes de la tierra, pero también contemplando las glorias del cielo. Separados del mundo y “renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos”, no estamos, sin embargo, en una prisión ni restringidos dentro de estrechos límites; no, andamos, más bien, en libertad porque guardamos sus preceptos. Ven, lector, anda esta noche con Dios en sus estatutos. Como en los muros de la ciudad se encontraban los amigos, así encuéntrate tú con Dios en el camino de santa oración y meditación. Tú tienes el derecho de recorrer los baluartes de la salvación, pues tú eres un liberto de la ciudad real, un ciudadano de la metrópoli del universo.


Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 19 de agosto de 2016

CUANDO DIOS GUARDA SILENCIO - PR. CHARLES STANLEY

Dios se da a conocer - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 19

“Me sacarás de la red que han escondido para mí; porque tú eres mi fortaleza”. Salmo 31:4.

NUESTROS enemigos espirituales son la generación de la serpiente y buscan engañarnos con astucia. La oración de este versículo supone la posibilidad de que el creyente sea cazado como un pájaro. Tan astutamente el cazador hace su obra que los simples caen pronto en la red. En el texto se suplica que aún de las redes de Satanás el cautivo sea librado; es esta una petición conveniente que puede ser concedida. De entre las quijadas del león y de las entrañas del infierno puede el amor eterno rescatar al santo.
Quizás sea necesario un fuerte tirón para salvar un alma de la red de la tentación; y un violento tirón para desenredar a una persona de las trampas de un malicioso ardid; pero el Señor es el mismo para todas las necesidades y, por lo tanto, las redes del cazador más habilidoso nunca podrán atrapar a sus elegidos. ¡Ay de aquellos que son hábiles en poner trampas! Los que tientan a otros se destruirán a sí mismos. “Porque tú eres mi fortaleza”. ¡Qué indecible dulzura hallamos en estas breves palabras! ¡Con cuánto gozo podemos combatir las redes y cuán alegremente soportar los sufrimientos cuando nos asimos de la fortaleza celestial! El poder divino hará pedazos todas las redes de nuestros enemigos, confundirá su astucia y frustrará sus maliciosas estratagemas. El que tiene de su lado tan incomparable poder es feliz. Nuestras propias fuerzas serán de poco valor cuando estemos en aprieto, en las redes de vil artimaña, pero la fortaleza del Señor es siempre eficaz. Sólo tenemos que invocarla y la hallaremos cerca. Si por fe estamos dependiendo sólo de la fortaleza del poderoso Dios de Israel, podemos usar nuestra santa confianza como argumento en la súplica.

Mi mano ten, Señor, tan flaco y débil,
Sin ti no puedo riesgos afrontar;
Tenla, Señor, mi vida el gozo llene,
Al verme libre así de todo azar.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 18 de agosto de 2016

Puedes ser libre del pecado - Nancy DeMoss de Wolgemuth

No existe un pecado que hayas cometido que sea  tan grande que Dios no pueda perdonar.

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Agosto 18, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 18

“Y le dieron a beber vino mezclado con mirra, mas él no lo tomó”. Marcos 15:23.


UNA áurea verdad está implícita en el hecho de que el Salvador apartó de sus labios el vino mezclado con mirra. El Hijo de Dios estuvo en las alturas desde el principio y, al mirar desde allí nuestro globo, midió como Salvador su profundo descenso a las honduras de la desdicha humana. Calculó la suma total de todas las agonías que la expiación requería, no descontando nada, y solemnemente llegó a la conclusión de que para ofrecer un sacrificio expiatorio suficiente, debía recorrer todo el camino desde lo más alto a lo más bajo, desde el trono de la augusta gloria hasta la cruz de profundo dolor. Esta copa de mirra, con su efecto soporífico, lo hubiese detenido a corta distancia del límite extremo de su sufrimiento; por eso lo rehusó. El no quería dejar de sufrir nada de todo lo que se había propuesto sufrir a favor de los suyos. ¡Ah!, cuántos de nosotros hemos ansiado vehementemente un alivio a nuestros dolores, alivio que nos hubiese resultado perjudicial. Lector, ¿nunca rogaste con impaciente y porfiada avidez que Dios te librara de dura servidumbre o de sufrir? La providencia te quitó de golpe el deseo de tus ojos (Ezequiel 24. 16). Di, cristiano: si se te hubiera dicho: “Si así lo quieres, ese ser amado vivirá; pero Dios no será glorificado”, ¿habrías en ese caso desechado la tentación y dicho: “Sea hecha tu voluntad”? ¡Oh! Es agradable poder decir: “Señor mío, aun cuando por otras razones no necesito sufrir, sin embargo, si con el sufrimiento y con la pérdida de lo que me es querido puedo glorificarte más, entonces que así se haga. Rehúso el consuelo si este obstruye el camino de tu glorificación”. ¡Oh!, que podamos andar más en las pisadas de nuestro Señor, soportando alegremente las pruebas por su causa, desechando pronto y voluntariamente el pensar en nosotros mismos y en el consuelo, cuando este no nos permita terminar la obra que él nos dio para hacer. Mucha gracia nos es necesaria, pero también mucha gracia nos es concedida.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 17 de agosto de 2016

15 oraciones para el poder de Dios - Pr. John Piper

¡Detesto como soy! - Rosanna Ramírez de Rosario

Puedes ser libre de condenación - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Puedes ser libre de condenación.

Programas de la serie

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Agosto 17, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 17

“Esta enfermedad no es para muerte”. Juan 11:4.

DE las palabras de nuestro Señor aprendemos que hay un límite para la enfermedad. Aquí hay un “para” dentro del cual su último término está limitado y más allá no puede ir. Lázaro pudo pasar a través de la muerte, pero la muerte no tenía que ser el ultimátum de su enfermedad. En toda enfermedad, el Señor dice de las olas de dolor: “Hasta aquí llegarás, pero no más allá”. Su propósito permanente no es la destrucción sino la instrucción de los suyos. La sabiduría cuelga el termómetro a la puerta del horno y regula el calor.

1. El límite es alentadoramente amplio. El Dios de la providencia ha limitado el tiempo, el modo, la intensidad, la repetición y los efectos de todas nuestras enfermedades. Todo latido ha sido decretado por él; toda hora de insomnio, predestinada; toda recaída, ordenada; toda depresión de ánimo, prevista, y todo resultado santificador, designado desde la eternidad. Nada grande o pequeño escapa a la mano ordenadora del que cuenta los cabellos de nuestras cabezas.
2. Este límite está sabiamente ajustado a nuestras fuerzas, al fin designado y a la gracia distribuida. La aflicción no viene por accidente; la intensidad de cada golpe de la vara está cuidadosamente medida. El que no cometió errores al diferenciar las nubes y medir los cielos, tampoco se equivocará al medir los ingredientes que componen la medicina de las almas. No podemos sufrir más de la medida ni ser aliviados demasiado tarde.
3. El límite es cariñosamente fijado. El bisturí del Médico Celestial nunca corta más profundamente de lo que es absolutamente necesario. “No aflige ni congoja de corazón a los hijos de los hombres”. El corazón de una madre clama: “Conservadme a mi hijo”. Pero ninguna madre es más compasiva que nuestro bondadoso Dios. Cuando consideramos cuán duros de boca somos nos admira que no seamos guiados con un freno más áspero. El pensamiento está lleno de consuelo: que el que ha fijado los límites de nuestra habitación, ha fijado también los límites de nuestra tribulación.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 16 de agosto de 2016

Ven a la luz - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 16

“También nosotros que tenemos las primicias del Espíritu”. Romanos 8:23.

AQUÍ se declara una posesión actual. En este preciso momento nosotros tenemos las primicias del Espíritu. Tenemos arrepentimiento, piedra preciosa de primera agua; fe, inapreciable perla; esperanza, esmeralda celestial; amor, glorioso rubí. Ya somos hechos nuevas criaturas en Cristo Jesús por la obra efectiva del Espíritu Santo. Se llama a esto primicia porque viene primero. Como la gavilla mecida era la primera de la cosecha, así la vida espiritual y todas las gracias que adornan esa vida son las primeras acciones del Espíritu de Dios en nuestras almas. Las primicias son la prenda de la cosecha. Tan pronto como los israelitas arrancaban el primer manojo de grano maduro, contemplaban con gozosa anticipación el tiempo cuando el carro había de chirriar bajo el peso de las gavillas. Así, hermanos, cuando Dios nos da cosas que son puras, amables y de buen nombre, como obra del Espíritu Santo, debemos considerarlas como presagio de la gloriosa venida. Las primicias fueron siempre santas al Señor, y nuestra nueva naturaleza con todas sus virtudes es también consagrada. La nueva vida no es nuestra; no debemos pues, atribuir sus excelencias a nuestros méritos. Esa vida es creación e imagen de Cristo y está destinada a su gloria. Pero las primicias no eran la cosecha, y las obras del Espíritu en nosotros en este momento no son su consumación; la perfección está aún por venir. No debemos jactarnos de que hayamos alcanzado y, en consecuencia, considerar la gavilla mecida como todo el producto del año. Debemos tener hambre y sed de justicia y suspirar por el día de completa redención. Querido lector, abre bien tu boca esta noche y Dios la llenará. Deja que la bendición que gozas en la actual posesión estimule en ti una sagrada avaricia por más gracia. Gime dentro de ti por altos grados de consagración y el Señor te los concederá, pues él puede hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 15 de agosto de 2016

NO OS AFANEIS - Pr. David Barceló

Cómo la exageración puede minimizar tu gozo en el evangelio - Erik Raymond

Los agujeros pequeños pueden hundir barcos grandes - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 15

“Y os daré corazón de carne”. Ezequiel 36:26.

UN corazón de carne se conoce por su sensibilidad frente al pecado. El haber tolerado un pensamiento impuro, el haber permitido, aun por un momento, un mal deseo, es más que suficiente para hacer que el corazón de carne se apesadumbre delante del Señor. Para el corazón de piedra, una gran iniquidad es como una nonada; pero no acontece así con el corazón de carne. “Si me descarrío a diestra o a siniestra, repréndeme Señor; quiero deplorar mi vida extraviada que agravió tu amor”. El corazón de carne es sensible a la voluntad de Dios. Mi señor Voluntad Propia es un gran fanfarrón; difícil es sujetarlo a la voluntad de Dios, pero cuando se nos da un corazón de carne, la voluntad se mueve como un álamo temblón ante cada soplo del cielo, y se inclina como un sauce ante cualquier brisa del Espíritu de Dios. La voluntad natural es fría, dura como el hierro que no puede ser forjado; pero la voluntad renovada, como el metal fundido, está pronta a ser moldeada por la mano de la gracia. El corazón de carne es sensible ante los afectos. El corazón duro no ama al Redentor, pero el renovado arde en amor hacia él. El corazón duro es egoísta y dice fríamente: “¿Por qué tengo que llorar por el pecado? ¿Por qué tengo que amar al Señor?” Pero el corazón de carne dice: “Señor, tú sabes que yo te amo; ayúdame a amarte más”. Muchos son los privilegios de este corazón renovado. “Es aquí donde el Espíritu habita; es aquí donde Jesús descansa”. Ese corazón está en condiciones de recibir toda bendición espiritual y toda bendición llega hasta él. Está preparado para producir toda clase de frutos celestiales para honor y alabanza de Dios; por eso el Señor se complace en él. Un corazón sensible es la mejor defensa contra el pecado y la mejor preparación para el cielo. Un corazón renovado está en su atalaya aguardando la venida del Señor Jesús. ¿Tienes tú este corazón de carne?

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 14 de agosto de 2016

Todo lo que tengo es Cristo



créditos a: Sovereign grace - All i have is christ lyrics
y a Full of Eyes

¿Interfiere en los planes de Dios? - Pr. Charles Stanley

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 14

“Tengo conocidas sus angustias”. Éxodo 3:7.

EL niño se alegra mientras canta: “Esto lo sabe mi padre”. ¿Y no nos consolaremos nosotros al saber que nuestro querido Amigo y tierno Esposo del alma conoce todo lo que nos pasa?
1. El es el Médico y, si él lo sabe todo, no hay necesidad de que el paciente lo sepa. ¡Silencio, necio, agitado, curioso y desconfiado corazón! Lo que no conoces ahora lo conocerás después; mientras tanto Jesús, el Médico amado, sabe que tu alma está en adversidad. ¿Por qué necesita el paciente analizar toda la medicina o estimar todos los síntomas? Eso es obra del médico, no mía; mi cometido es confiar y el suyo prescribir. Si él escribe su receta con letras incomprensibles, que yo no puedo leer, no me inquietaré por eso, sino confiaré en que su infalible pericia hará que todo sea claro en cuanto al resultado, aunque sea misterioso en cuanto a obrarlo.
2. El es el Maestro, y su conocimiento debe suplantar al nuestro. Nosotros debemos obedecer, no juzgar. “El siervo no sabe lo que hace su señor”. ¿Explicará el arquitecto sus planes a todos los peones que están en la obra? ¿No es suficiente que él conozca su designio? El vaso sobre la rueda no sospecha sobre qué modelo será conformado, pero si el alfarero entiende su arte, ¿qué importa la ignorancia del barro? Mi Señor no debe ser vejado más con preguntas de un ignorante como yo.
3. El es la Cabeza. Todo entendimiento se concreta allí. ¿Qué discernimiento tiene el brazo? ¿Qué comprensión tiene el pie? Toda facultad para conocer está en la cabeza. ¿Por qué cada miembro ha de tener un cerebro para sí cuando la cabeza cumple esa función intelectual? Aquí, pues, debe el creyente esperar consuelo en la enfermedad; no que él pueda ver el fin, sino que Jesús lo conoce todo. Bondadoso Señor, sé tú siempre para nosotros ojo, alma y cabeza, y permítenos estar contentos con conocer solamente lo que tú escoges para revelarnos.


Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 13 de agosto de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 13

“Y acordarme he del pacto mío”. Génesis 9:15.

OBSERVA la forma de la promesa. Dios no dice: “Y cuando vosotros miréis el arco y recordéis mi pacto, entonces no destruiré la tierra”, pues la promesa no depende de nuestra memoria, que es flaca y frágil, sino de la memoria de Dios, que es infinita e inmutable. El versículo siguiente dice: “Y estará el arco en las nubes y verlo he para acordarme del pacto perpetuo”. La base de mi seguridad no es mi recuerdo de Dios, sino el recuerdo que Dios tiene de mí; no es mi posesión de su pacto, sino la posesión que su pacto toma de mí. ¡Gloria a Dios!, todos los baluartes de la salvación están asegurados por el poder divino, y aun las fortalezas menores, que quizás creamos han sido dejadas para el hombre, están también guardadas por el poder del Omnipotente. Aun el recuerdo del pacto no es confiado a nuestra memoria, pues somos dados a olvidar, pero nuestro Señor no puede olvidar a los santos, a quienes tiene esculpidos en las palmas de sus manos. Acontece con nosotros lo que aconteció con Israel en Egipto. La sangre fue puesta en el dintel y en los dos postes, pero el Señor no dijo: “Cuando tú veas la sangre, yo pasaré de vosotros”, sino “Yo veré la sangre y pasaré de vosotros”. Mi mirar a Jesús me trae gozo y paz, pero es el mirar de Dios a Jesús lo que asegura mi salvación y la de todos sus elegidos, ya que es imposible que nuestro Dios mire a Cristo, nuestro bendito Fiador y después esté airado con nosotros por los pecados ya expiados por él. No; ni aun se nos confía el ser salvados por recordar nosotros el pacto. Aquí no hay lino y lana mezclados; ni una simple hebra de la criatura marca el tejido. No es de hombre ni por hombre, sino del Señor solo. Nosotros debemos recordar el pacto y lo recordaremos a través de la gracia divina, pero el gozne de nuestra seguridad no está allí; está en el hecho de que Dios nos recuerda y no en nuestro recuerdo de él. De ahí que el pacto sea un pacto perpetuo.


Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 12 de agosto de 2016

Puedes salirte con la tuya - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 12

“Se dejará ver entonces mi arco en las nubes”. Génesis 9:14.

EL arco iris, símbolo del pacto con Noé, es figura de nuestro Señor Jesús, que es testigo de Dios a su pueblo. ¿Cuándo esperamos ver la señal del pacto? El arco iris sólo puede ser proyectado en una nube. Cuando la conciencia del pecador está oscurecida con nubes, cuando recuerda sus pecados pasados y llora delante de Dios, entonces Jesús se revela a él como el arco iris del pacto, mostrando todos los gloriosos colores del carácter divino y prometiendo paz. En cuanto al creyente, cuando sus pruebas y tentaciones lo acosan, le es muy grato contemplar la persona de nuestro Señor Jesucristo: verle sangrando, viviendo, resucitando e intercediendo por nosotros. El arco iris de Dios se muestra en la nube de nuestros pecados, de nuestras tristezas, de nuestros dolores para anunciar redención. La nube sola no produce arco iris; tiene que haber también gotas cristalinas para poder reflejar la luz del sol. Así nuestras aflicciones no sólo deben amenazarnos sino caer realmente sobre nosotros. Si la ira de Dios fue meramente una nube amenazadora, entonces Cristo no se hizo presente por nosotros, pues el castigo debe caer en pavorosas gotas sobre el Fiador. Hasta que haya una angustia real en la conciencia del pecador, no hay Cristo para él; hasta que el castigo que experimenta se haga penoso, no puede ver a Jesús. Pero debe también haber un sol, pues las nubes y las gotas de la lluvia no producen arco iris si el sol no alumbra. Amado, nuestro Dios, que para nosotros es como el sol, siempre alumbra, pero nosotros no siempre lo vemos. Las nubes nos ocultan su rostro. Pero, no importa qué gotas estén cayendo o qué nubes nos estén amenazando; si él alumbra, habrá arco iris en el acto. Se dice que cuando vemos el arco iris, la lluvia termina. Lo cierto es que cuando Cristo se hace presente, quita nuestras aflicciones; cuando contemplamos a Jesús, nuestros pecados desaparecen y nuestras dudas y temores se disipan. Cuando Jesús anda sobre las aguas de la mar, ¡cuán profunda es la calma!


Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 11 de agosto de 2016

Renunciando a mí misma - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Elisabeth Elliot

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 11

“Consolación eterna”. 2 Tesalonicenses 2:16.

“CONSOLACIÓN”. Hay música en esta palabra. Ella quita, como el arpa de David, el mal espíritu de la melancolía. Fue un gran honor para Bernabé el ser llamado “hijo de consolación”. Más aún: este es uno de los ilustres nombres de uno que es mayor que Bernabé, pues el Señor Jesús es la consolación de Israel. “Consolación eterna”. Aquí tenemos lo mejor de todo, el “nardo espicanardo de mucho precio”; porque una eternidad de consuelo es la corona y gloria del consuelo. Vale la pena tener bienes cuando uno puede gozar de ellos perpetuamente. El hombre trabaja para ganar dinero, y, después de afanarse mucho, llega a poseer un crecido capital. Ese dinero es para él una consolación, pero no una “consolación eterna”, pues puede malgastar o perder todo su tesoro; o acaso muera y se vea obligado a dejarlo todo. En el mejor de los casos, el dinero no puede ser otra cosa que una consolación pasajera. Uno trabaja hasta cansarse para adquirir conocimiento; lo adquiere, llega a ser un erudito y su nombre se hace famoso. Esto es para él una consolación, como premio de toda su fatiga. Pero esto no dura mucho, pues cuando tiene quebraderos de cabeza o angustia de corazón sus títulos y diplomas no lo pueden alentar. Y si su alma llega a ser presa del desaliento, tiene que hojear muchos volúmenes antes de hallar un bálsamo para su quebrantado corazón. Todas las consolaciones terrenales son, en su esencia, fugaces y, en su existencia, efímeras. Esas consolaciones son tan radiantes y pasajeras como los colores de una pompa de jabón. Pero las consolaciones que Dios da a su pueblo no se marchitan ni pierden su frescura. Al contrario, resisten todas las pruebas: el golpe de la aflicción, la llama de la persecución, el curso de los años; más todavía, pueden resistir aún a la misma muerte. ¿Qué es “consolación eterna”? Incluye en primer lugar sensación de pecado perdonado. El cristiano ha recibido en su corazón el testimonio del Espíritu Santo de que sus rebeliones fueron desechas como nube y sus pecados como nieblas. ¿No es una consolación eterna el tener los pecados perdonados? En segundo lugar, el Señor da a los suyos una permanente comprensión de que fueron aceptados en Cristo. El cristiano sabe que Dios lo mira como unido a Jesús. Ahora bien, es grato saber que Dios nos acepta. La unión con el Señor resucitado es una consolación de las más permanentes; es, en realidad, eterna. No importa que nos postre la enfermedad. ¿No hemos visto a centenares de creyentes tan felices en la debilidad de la enfermedad como en la fortaleza de una perfecta salud? No importa que las flechas de la muerte nos atraviesen el corazón; nuestro consuelo no muere. Pues, ¿no han oído frecuentemente nuestros oídos los cantos de los santos mientras se regocijaban porque el vivo amor de Dios estaba derramado en sus corazones, en los momentos de agonía? Sí, la comprensión de que fueron aceptos en el Amado es una consolación eterna. Además, el cristiano tiene una convicción de su seguridad. Dios ha prometido salvar a los que confían en Cristo; el cristiano confía en Cristo y cree que Dios cumplirá su palabra y lo salvará. Sabe, por lo tanto, que por el hecho de estar absorto en la persona y en la obra de Jesús, está seguro, ocurra lo que ocurriere y sean lo que fueren los ataques de la corrupción interna y de la tentación externa. ¿No es esta una fuente de consuelo superabundante y placentera? Los hombres más ricos y más sabios darían espontáneamente sus ojos por saber si son salvos, y reputarían ganancias esas pérdidas. El entrar en la vida cojos o mancos sería para los hombres una ganga, si realmente entraran. Nuestra consolación eterna estriba en que tenemos esa vida y en que no podemos ser privados de ella. Lector, ¿cómo es que te estás consumiendo y rehúsas ser consolado? ¿Honra eso a Dios? ¿Hará esa actitud que otros ansíen conocer a Jesús? ¡Anímate, hombre! Cuando Jesús da eterna consolación, es un pecado vivir murmurando.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Si Dios es bueno y todopoderoso, ¿por qué existe el mal? - José Santiago

Glorificando a Dios a través de la soltería - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 10

“El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados”. Mateo 9:6.

HE aquí una de las más poderosas habilidades del gran Médico: ¡Tiene poder para perdonar pecados! Mientras vivió aquí, aun antes que pagase el rescate, antes que la sangre fuese rociada en el propiciatorio, Jesús tenía poder para perdonar. ¿No lo tendrá ahora, después de haber muerto por el pecador? ¡Qué poder debe residir en Aquel que pagó puntualmente todas las deudas de su pueblo hasta el último centavo! Ahora, que terminó con la transgresión y venció el pecado, tiene Jesús ilimitado poder. Si lo dudas, ¡míralo mientras se levanta de entre los muertos, contémplalo en su creciente esplendor, ya elevado a la diestra de Dios! Óyelo mientras intercede delante del eterno Padre, mostrando sus heridas, presentando los méritos de su sagrada pasión. ¡Qué poder para perdonar hay aquí! “Subió a lo Alto y tomó dones para los hombres”. “El fue ensalzado para dar arrepentimiento y remisión de pecados”. Los más rojos pecados son quitados por el carmesí de su sangre. Querido lector, cualquiera sea, en estos momentos, tu maldad, Cristo tiene poder para perdonar, poder para perdonarte a ti y a millares como tú. Con una palabra lo hará. El no tiene nada más que hacer para lograr tu perdón; pues toda la obra de expiación está terminada. El puede, en contestación a tus lágrimas, perdonar tus pecados hoy y hacértelo saber. El puede alentar en tu alma, en este mismo momento, una paz con Dios que sobrepuja todo entendimiento, la cual brotará de la perfecta remisión de tus múltiples iniquidades. ¿Crees esto? Yo confío que tú lo crees. ¡Puedes experimentar ahora el poder de Jesús para perdonar pecados! No pierdas el tiempo; acude al Médico de almas, pero ve presto a él con palabras como estas:
¡Lávame! ¡Lávame!
En tu sangre Cordero de Dios;
Y con alma limpia me presentaré
Ante tu tribunal de luz.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 9 de agosto de 2016

Cómo evitar la fatiga - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 9

“Apareció primeramente a María Magdalena, de la cual había echado siete demonios”. Marcos 16:9.

MARÍA Magdalena fue víctima de un espantoso mal. Estaba poseída no por uno sino por siete demonios. Estos temibles huéspedes causaban mucha pena y corrupción en el cuerpo donde habían hallado alojamiento. El caso de esta mujer era desesperante y horrible. Ella no podía curarse a sí misma y ningún socorro humano le hubiera sido útil. Pero Jesús pasó por aquel camino y, sin ser buscado, ni aun probablemente, resistido por la pobre endemoniada, pronunció la palabra de poder y María Magdalena llegó a ser un trofeo del poder sanador de Jesús. Los siete demonios la dejaron, la dejaron para nunca más volver, enérgicamente echados por el Señor de todo. ¡Qué bendita liberación! ¡Qué cambio feliz! ¡Del delirio al placer, de la desesperación a la paz, del infierno al cielo! Inmediatamente se hizo una constante seguidora de Jesús, reteniendo sus palabras, siguiendo sus pisadas y compartiendo su fatigosa vida. Además, llegó a ser una generosa ayudadora, especialmente entre aquel grupo de mujeres curadas y agradecidas que le servían de sus haciendas. Cuando Jesús fue levantado en la cruz, María permaneció a su lado como partícipe de la ignominia. Primero la hallamos mirando desde lejos y, después, acercándose al pie de la cruz. No podía morir en la cruz con Jesús, pero estaba tan cerca de ella como podía. Y cuando su bajado, María observaba para ver dónde y cómo era puesto. Ella era una creyente fiel y vigilante, última en retirarse del sepulcro donde Jesús durmió, y primera en hacerse presente cuando resucitó. Su santa fidelidad le valió ser una favorecida espectadora de su amado Rabboni, quien se dignó llamarla por nombre y constituirla en mensajera de buenas nuevas a sus temblorosos discípulos y a Pedro. Así la gracia la encontró maniática y la transformó en una servidora; le quitó los demonios y le permitió ver ángeles; la libró de Satanás y la unió para siempre al Señor Jesús. ¡Que yo también pueda ser un milagro de gracia semejante!


Charles Haddon Spurgeon.