Versículo para hoy:

domingo, 4 de diciembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 4

“Nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es a saber, la redención de nuestro cuerpo”. Romanos 8:23.

ESTE gemido es general entre los santos. En mayor o menor grado, todos lo sentimos. No es este el gemido de la murmuración o del lamento. Más bien que la nota de la aflicción es la nota del deseo. Como hemos recibido una prenda, deseamos ahora toda nuestra dote. Deseamos que todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, sea librado del último rastro de la caída. Ansiamos despojarnos de la corrupción, debilidad y vergüenza y vestirnos de incorrupción, de inmortalidad y de gloria en el cuerpo espiritual que el Señor Jesucristo dará a los suyos. Anhelamos la manifestación de nuestra adopción como hijos de Dios. “Gemimos”, pero “dentro de nosotros mismos”. No es este el gemido del hipócrita, quien quiere hacer creer a los hombres que es un santo, cuando, en realidad, es un infeliz. Nuestros gemidos son sagrados, demasiado santos como para que los propalemos por los cuatro vientos. Nosotros reservamos nuestros gemidos sólo para nuestro Señor. A continuación, el apóstol dice que nosotros “esperamos”. Con esto nos enseña a no estar malhumorados, como Jonás y Elías, cuando dijeron a Dios: “Quita mi vida”. También nos enseña que no debemos pedir, con lloro y gemido, el fin de nuestra vida por el hecho de estar cansados de trabajar; y que, además, no debemos desear huir de los sufrimientos actuales hasta que la voluntad de Dios sea hecha. Tenemos que gemir por la glorificación, pero debemos esperarla pacientemente, sabiendo que lo que Dios ha determinado es lo mejor. Esperar implica estar preparado. Nosotros estamos a la puerta esperando que el Amado abra y nos lleve a estar con él. Este gemido es una prueba. Puedes juzgar a un hombre por aquello tras de lo cual va su suspiro. Algunos suspiran por las riquezas: estos adoran a Mammón. Algunos suspiran continuamente bajo las aflicciones de la vida: estos son impacientes. Pero el hombre que suspira por Dios, que está intranquilo hasta que es hecho semejante a Cristo, ese es el hombre feliz. Que Dios nos ayude a gemir por la venida del Señor y por la resurrección que él nos traerá.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 3 de diciembre de 2016

CATECISMO MAYOR DE WESTMINSTER

No tendrás dioses ajenos delante de mí. Éxodo 20:3


Pregunta 105: ¿Cuáles pecados prohíbe el primer mandamiento?

Respuesta: Los pecados prohibidos en el primer mandamiento son el ateísmo, esto es, negar a Dios o no tener ninguno; a) la idolatría, o el tener o adorar muchos dioses, o algún otro como el verdadero Dios o en lugar de él, b) el no tenerlo ni confesarlo como Dios y como el nuestro, c) la omisión o negligencia en alguna cosa debida a él, requerida en este mandamiento, d) la ignorancia, olvido, f) falsas aprehensiones, g) opiniones erróneas, h) pensamientos indignos y malvados con respecto a él, i) investigaciones curiosas y atrevidas tocante a sus secretos, j) toda impiedad, l) odio a Dios, ll) amor a sí mismo, m) egoísmo, n) y todos los demás estados desordenados e inmoderados de nuestra mente, voluntad o afectos sobre otras cosas que nos aparten de él en todo o en parte; ñ) credulidad vana, o) incredulidad, p) herejía, q) error, r) desconfianza, s) desesperación, t) incorregibilidad, u) e insensibilidad bajo sus juicios, v) dureza de corazón, x) orgullo, y) presunción, z) seguridad carna1, a) tentar a Dios, b) usar medios ilícitos, c) y confiar en los lícitos; d) goces y delicias carnales, e) un celo corrompido, ciego e indiscreto, f) tibieza, y frialdad en las cosas de Dios, h) alejarnos y apostatar de Dios, i) orar o dar algún culto religioso a los santos ángeles a alguna otra criatura, j) todo pacto o consulta con el diablo t) y seguir sus sugestiones, ll) hacer a los hombres señores de nuestra fe y conciencia, m) menospreció y desdén de Dios y de sus mandamientos, n) resistiendo o entristeciendo a su Espíritu, ñ) descontento o impaciencia por sus disposiciones, acusándole de locura por los males que nos manda, o) atribuir la alabanza de algo bueno que seamos, tengamos, o hagamos, a la fortuna, p) a los ídolos, q) a nosotros mismos, r) o a alguna otra criatura. s)


a) Sal. 14:1; Efes. 1:12; b) Jer. 2:27, 28; comp. con 1 Tes. 1:9; c) Sal. 82:11; d) Isa. 43:22, 23; Ver. 24; e) Jer. 4:22; Os. 4:1-6; f) Jer. 2:32; Sal. 50:22; g) Hch. 17:23, 29; h) Isa. 40:18; i) Sal. 50:21; j) Deut. 29:29. 1) Tit. 2:16; Heb. 12:16;1l) Rom. 1 :30; m) 2 Tim. 3:2; n) Fil. 2:21; ñ) 1 Juan 2: 15; 1 Sam. 2:29; Col. 3:2, 5; a) 1 Juan 4:1; p) Heb. 3:12; q) Gal. 5:20; Tit. 3:10; r) Hch. 26:9; s) Sal. 78:22; t) Gen. 4:13; u) Jer. 5:3; v) Isa. 42:25; x) Rom. 2:5; y) Jer. 13:15; z) Sal. 19:13; a) Sof. 1:12; b) Mat. 4: 17; c) Rom. 3:8; d) Jer. 17:5; e) 2 Tim. 3:4; f) Gal. 4:17: Rom. 10:2; Juan 14:2; Luc. 9:54, 55; g) Rev. 3:16; h) Rev. 3: 1; i) Ezeq. 14:5; Isa. 1:4, 5; j) Eze. 4:12; Rev. 19:10; Col. 2:18; Rom. 1:25; l) Lev: 20:6; 1 Sam. 28:7, 11. Comp. con 1 Crón. 10:13, 14. ll) Hch. 5:3; m) 2 Cor. 1:24; Mat. 23:9; n) Deut. 32:15; Prov. 13:13; 2 Sam. 12:9; ñ) Act. 7:51; Efes. 4:30; o) Salmo 73:2, 3, 13, 14, 15, 22; p) 1 Sam. 6:9; q) Dan. 5:23; r) Deut. 8:17; Dan. 4:30; s) Hab. 1: 16.





LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 3

“Jehová el poderoso en batalla”. Salmo 24:8.

BIEN puede nuestro Dios ser admirable en los ojos de su pueblo si tenemos en cuenta que él ha obrado semejantes maravillas por ellos, en ellos y por medio de ellos. Por ellos, el Señor Jesús derrotó en el Calvario a todos los enemigos, haciendo pedazos las armas del adversario por medio de su perfecta obra de expiatoria obediencia. Por su triunfante resurrección y ascensión hizo desaparecer las esperanzas del infierno, llevando cautiva la cautividad, sacando a la vergüenza en público a nuestros enemigos y triunfando de ellos por su cruz. Toda flecha de culpa que Satán pudiera arrojarnos, está rota; porque, ¿quién puede tramar algo para acusar a los elegidos de Dios? Inútiles son las filosas espadas de la malicia infernal y los perpetuos combates de la simiente de la serpiente, pues en la Iglesia, el cojo toma la presa y los soldados más débiles son coronados. Los salvados bien pueden adorar a su Señor por las conquistas que él obtuvo en ellos, pues las flechas de la natural enemistad de los mismos fueron quebradas y las armas de rebelión, rotas. ¡Qué victoria ha conseguido la gracia en nuestros malvados corazones! ¡Cuán glorioso es Jesús cuando la voluntad es sometida y el pecado destronado! En cuanto a las maldades que nos quedan, estas sufrirán igualmente una segura derrota, y toda tentación, toda duda y todo temor serán enteramente destituidos. En el Salem de nuestros pacíficos corazones, el nombre de Jesús es incomparablemente admirable. El ha ganado nuestro amor y él lo utilizará. También podemos esperar victorias seguras, obtenidas por nosotros. Somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por medio de nuestra fe, de nuestro celo y santidad derribaremos las potestades de las tinieblas que están en el mundo; conquistaremos a los pecadores para Jesús; trastornaremos falsos sistemas y convertiremos naciones, pues Dios es con nosotros y ninguno podrá resistirnos. Que esta noche cada soldado cristiano entone el canto de guerra y se prepare para el combate de mañana. Mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Sordera Selectiva - José Mendoza

No trate de mejorar los métodos de Dios - Ray Ortlund

Remedios preciosos contra las artimañas del diablo - Pr. Samuel Renihan

La gracia es belleza divina - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 2

“He aquí, todo es vanidad”. Eclesiastés 1:14.

NADA puede satisfacer al hombre en todo su ser, salvo el amor del Señor y el Señor mismo. Los santos han procurado anclar en otras radas, pero fueron echados de tan funestos refugios. A Salomón, el más sabio de los hombres, se le permitió hacer experimentos en favor de todos nosotros y hacer por nosotros lo que nosotros no debemos atrevernos a hacer por nosotros mismos. Aquí tenemos su testimonio en sus textuales palabras: “Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, perseveró conmigo mi sabiduría. No negué mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol”. “Vanidad de vanidades, todo vanidad”. ¡Qué!, ¿todo es vanidad? ¡Oh!, favorecido monarca, ¿no hay nada de valor en todas tus riquezas? ¿Nada en aquel dilatado dominio que se extiende desde el río hasta la mar? ¿Nada en los magníficos palacios de Palmira? ¿Nada en “la casa del bosque del Líbano”? ¿No hay nada en tu música y baile, en tu vino y lujuria? – “Nada”, responde el monarca, “nada salvo aflicción de espíritu”. Este fue su veredicto cuando él había andado todo el camino del placer. Abrazar a nuestro Señor Jesucristo, permanecer en su amor y estar plenamente seguros de nuestra unión con él, esto es el todo en todo. Querido lector, no necesitas probar otras formas de vida para ver si son mejores que la vida del cristiano. Si recorres el mundo entero no tendrás ninguna visión semejante a la visión del rostro del Salvador. Si pudieras tener todas las comodidades de la vida, pero perdieras al Salvador, serías un desdichado. En cambio, si recibes a Cristo, entonces, aunque te pudrieras en un calabozo, juzgarías ese calabozo un paraíso; y aunque vivieras en la oscuridad o murieras de hambre, te sentirías satisfecho con el favor y la plenitud de la bondad del Señor.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 1 de diciembre de 2016

La oración y los decretos de Dios - Sugel Michelén

Ya que Dios es soberano y omnisciente, ¿por qué oramos?

CÓMO SUFRIR BIEN - Ps. Héctor Salcedo, Ps. Miguel Núñez, Luis Méndez

Cinco maneras para dudar de nuestras dudas - Tim Keller

Cómo glorificar a Dios en el trabajo - John Piper

Historias de verdadera gracia - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 1

“Alaben la misericordia de Jehová y sus maravillas para con los hijos de los hombres”. Salmo 107:8.

SI nos lamentáramos menos y alabáramos más, seríamos más felices y Dios sería más glorificado. Alabemos diariamente a Dios por los favores comunes. “Comunes”, como los llamamos frecuentemente, pero, sin embargo, tan inapreciables que cuando nos vemos privados de ellos estamos propensos a perecer. Bendigamos a Dios por los ojos con que contemplamos el sol; por la salud y la fuerza para andar por todas partes; por el pan que comemos y por el vestido que vestimos. Alabemos a Dios, porque no somos arrojados entre los desesperados, ni confinados con los culpables. Démosle gracias por la libertad, por los amigos y por la unión y bienestar familiar. Alabémoslo, en verdad, por todo lo que recibimos de su generosa mano, porque nosotros poco merecemos, pero, sin embargo, somos muy abundantemente enriquecidos. Pero, amado, la nota más melodiosa y más alta de nuestros cantos de alabanza debiera ser la nota del amor redentor. Las obras redentoras de Dios para con sus elegidos son para siempre los temas favoritos de sus alabanzas. Si sabemos qué significa la redención, no rehusaremos nuestros sonetos de acción de gracias. Hemos sido redimidos del poder de nuestra maldad, levantados del abismo del pecado donde por naturaleza estábamos hundidos. Hemos sido conducidos a la cruz de Cristo. Nuestras cadenas de pecado fueron rotas. Ya no somos más esclavos, sino hijos del Dios viviente y podemos anticipar el tiempo cuando seremos presentados delante del trono sin mancha ni arruga ni cosa semejante. Aun ahora por la fe agitamos la rama de palma y nos cubrimos con el hermoso lino fino que ha de ser nuestro eterno atavío. ¿Cómo no hemos de dar gracias incesantemente al Señor, nuestro redentor? Hijo de Dios, ¿puedes tú permanecer en silencio? Despertad, despertad, herederos de gloria, y conducid cautiva vuestra cautividad, mientras clamáis con David: “Bendice, alma mía, al Señor y bendigan todas mis entrañas su santo nombre”. Hagamos que este nuevo mes comience con nuevos cantos.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Canales de gracia - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 30

“Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles”. Apocalipsis 12:7.

SIEMPRE habrá guerras entre estas dos grandes soberanías hasta que una u otra sea aplastada. Es imposible que haya paz entre el bien y el mal. La sola pretensión de que pueda haberla significaría el triunfo de las fuerzas de las tinieblas. Miguel siempre lidiará. Su santa alma está disgustada con el pecado y no lo tolerará. Jesús será siempre el enemigo del dragón, no en un sentido pacífico, sino activo, vigoroso, firmemente resuelto a exterminarlo. Todos sus siervos, ya sean los ángeles del cielo o los mensajeros de la tierra, quieren y deben lidiar. Ellos nacieron para ser soldados y pactaron ante la cruz no admitir tregua con el mal. Constituyen una compañía belicosa, firme en la defensa y aguerrida en el ataque. La obligación de cada soldado es servir en el ejército del Señor todos los días, de todo corazón, alma y fuerza con el fin de lidiar contra el dragón. El dragón y sus ángeles no declinarán en la lucha, pues son incansables en sus embestidas y no dejan de usar ninguna arma, sean estas legítimas o ilegítimas. Es una necedad esperar servir a Dios sin oposición. Cuanto más celosos seamos, más seremos atacados por los esbirros del infierno. La Iglesia puede mostrarse indolente, pero no así su gran adversario. El incansable espíritu de este nunca permite que la guerra cese. El dragón odia a la simiente de la mujer y de buena gana devoraría a la Iglesia si pudiese. Los siervos de Satanás participan mucho de las energías del antiguo dragón y, por lo regular, forman una raza activa. La guerra ruge en todas partes y es peligroso y fútil soñar en la paz. Gracias a Dios, nosotros conocemos el fin de la guerra. El gran dragón será lanzado fuera y destruido para siempre, mientras que Jesús y los suyos recibirán la corona. Afilemos nuestras espadas esta noche y pidamos al Espíritu Santo que vigorice nuestros brazos para la lucha. Nunca hubo una batalla tan importante como esta, nunca una corona tan gloriosa. Que cada hombre esté en su puesto, oh soldados de la cruz, y que el Señor quebrante presto a Satanás debajo de vuestros pies.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 29 de noviembre de 2016

Principios para interactuar con la ley y el Antiguo Testamento - José Mercado

Buenas noticias para personas imperfectas - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 29

“Especias aromáticas para el aceite de la unción”. Éxodo 35:8.

MUCHO se usaba este aceite de la unción bajo la ley y, lo que él representaba, es de capital importancia para el Evangelio. Si queremos servir al Señor aceptablemente nos es indispensable la presencia del Espíritu Santo, pues es él quien nos unge para todo santo servicio. Sin su ayuda, nuestros servicios religiosos son sólo una vana oblación, y nuestra experiencia, una cosa muerta. Sin una unción, tampoco valen nada las oraciones, las alabanzas, las meditaciones y los esfuerzos de los cristianos en particular. Una unción santa es el alma de una vida piadosa; la ausencia de esa unción es la más grave de todas las calamidades. Presentarse delante del Señor sin unción, sería como si un levita cualquiera entrase por sí mismo en la función sacerdotal: los servicios religiosos del tal serían más bien pecados que servicios aceptables. Nunca nos aventuraremos a celebrar servicios religiosos sin la santa unción. El óleo de la unción desciende sobre nosotros desde la gloriosa Cabeza. Por eso nosotros, que somos como los bordes de sus vestiduras, participamos de una abundante unción. Con el fin de hacer el aceite de la unción, los entendidos componían las especias aromáticas con el arte más refinado, para mostrarnos cuán ricos son los influjos del Espíritu Santo. Todas las cosas buenas se hallan en el divino Consolador. Incomparable consolación, infalible instrucción, inmortal vivificación, espiritual energía y divina santificación, todo está mezclado con otras cosas excelentes en aquel sagrado colirio, el celestial aceite de la unción del Espíritu Santo. Este aceite comunica una deliciosa fragancia al carácter de aquel sobre quien es derramado. Nada semejante puede hallarse ni en los tesoros del rico ni en los secretos de los sabios. Nadie puede imitarlo; sólo procede de Dios, quien lo da gratuitamente a toda alma, por medio de Jesucristo. Busquemos esa unción, pues podemos obtenerla esta misma noche. ¡Oh, Señor, unge a tus siervos!

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 28 de noviembre de 2016

PERDONAR ES PAGAR LA DEUDA - Steven Morales

9 cosas que debes saber acerca de Fidel Castro - Joe Carter

La rama seca - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 28

“Procurando el bien de su pueblo”. Ester 10:3.


MARDOQUEO era un verdadero patriota; por eso, al ser elevado a la más alta posición en el reinado de Asuero, usó su influencia para promover la prosperidad de Israel. En esto es figura de Jesús, quien, en su trono de gloria, no busca lo suyo, sino emplea su poder en bien de su pueblo. Sería bueno que cada cristiano fuera un Mardoqueo para la Iglesia, procurando, en la medida de su capacidad, la prosperidad de la misma. Algunos son colocados en puestos de riqueza y de influencia; los tales debieran honrar al Señor en esas elevadas posiciones de la tierra, testificando de Jesús delante de los hombres de gran figuración. Otros tienen lo que es mucho mejor, es decir, tienen íntima comunión con el Rey de reyes. Que los tales intercedan diariamente por el débil del pueblo del Señor, por el que duda, por el tentado y por el desconsolado. Si interceden incesantemente por los que, estando en tinieblas, no se atreven a acercarse al trono de la gracia, serán muy estimados. Los creyentes instruidos pueden servir grandemente al Señor si emplean sus talentos para el bien de todos e invierten sus riquezas de sabiduría celestial a favor de otros, enseñándoles las cosas de Dios. El muy pequeño en nuestro Israel puede, por lo menos, buscar el bienestar de su pueblo; y, si no puede dar más que su deseo, este será bien recibido. La carrera más cristiana y más feliz para un creyente es dejar de vivir para sí. El que bendice a otros, no dejará de ser bendecido él mismo. Por otra parte, es un malvado y desdichado plan de vida el buscar nuestra propia grandeza, pues su curso será penoso y, su fin, fatal. Amigo mío, este es el momento de preguntarte si estás procurando, con todas tus fuerzas, fomentar la prosperidad de la Iglesia en el lugar donde vives. Espero que no estés perjudicándola con rencores y escándalos, ni debilitándola con tu olvido. Amigo, únete con los pobres del Señor; comparte sus aflicciones; hazles todo el bien que puedes y no perderás tu recompensa.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 27 de noviembre de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – NOVIEMBRE 27

“La remisión de pecados por las riquezas de su gracia”. Efesios 1:7.

¿PODRÁ haber en cualquier idioma una palabra más dulce que la palabra “remisión”, cuando ella suena en los oídos de un pecador culpable como sonaban las notas de plata del jubileo en los oídos de un cautivo israelita? ¡Bendita, bendita sea para siempre aquella amada estrella del perdón que proyecta su luz en la celda de un condenado y da al que perece un rayo de esperanza en medio de su desesperación! ¿Puede ser posible que el pecado, mi pecado, pueda ser perdonado, perdonado enteramente y para siempre? Como pecador, merezco el infierno. No hay posibilidad de que me libere de él mientras el pecado permanezca en mí. Ahora bien, ¿puede el peso del pecado ser quitado y la roja mancha ser borrada? ¿Pueden las diamantinas piedras de mi prisión desprenderse alguna vez de su lugar o las puertas ser quitadas de sus bisagras? Jesús me dice que todavía puedo ser justificado. Bendita sea para siempre la revelación del amor expiador que no sólo me hace saber que el perdón es posible, sino que ese perdón está garantizado para todo el que descansa en Jesús. Yo he creído en la propiciación, he creído en Jesús crucificado y, por lo tanto, mis pecados son ahora y para siempre en mi lugar. ¡Cuánto gozo produce esto! ¡Qué felicidad ser perfectamente perdonado! Mi alma consagra todas sus virtudes a Jesús, quien, por su impagable amor, se hizo mi fiador y obró mi redención por medio de su sangre. ¡Qué riquezas de gracia exhibe el gratuito perdón! ¡Perdona totalmente, plenamente, gratuitamente y eternamente! Aquí hay una constelación de portentos. Y cuando pienso cuán horrendos fueron mis pecados, cuán preciosas las gotas de sangre que me limpiaron de ellos y cuán llena de gracia la forma por la cual el perdón me fue concedido, adoro a Dios con profundo agradecimiento. Me inclino delante del trono que me absuelve, abrazo la cruz que me liberta y, de aquí adelante, sirvo todos los días al Dios humanado por quien soy esta noche un alma perdonada.

Charles Haddon Spurgeon.