Versículo para hoy:
miércoles, 6 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 6
“Y la mano de Jehová había sido sobre mí la tarde”. Ezequiel 33:22.
QUIZÁS se habla aquí de juicio, y, si es así, debo considerar el motivo de esta visita y prestar atención a la disciplina y al que la decreta. No soy el único que es castigado en la noche; debo, pues, someterme con alegría a la aflicción y esforzarme con toda solicitud para sacar provecho de ella. Pero la mano del Señor puede hacerse sentir en otro modo, fortaleciendo al alma y elevando el espíritu hacia las cosas eternas. ¡Oh!, qué dicha experimentaría yo si pudiese sentir que el Señor contiende conmigo en ese sentido. El sentido de la divina presencia y de su permanencia en nosotros lleva al alma hacia el cielo como sobre alas de águila. En tales ocasiones nos sentimos llenos hasta el borde de gozo espiritual y olvidamos los cuidados y tristezas de la tierra; lo invisible está cerca y lo visible pierde el poder que tiene sobre nosotros. El siervo, que es el cuerpo, aguarda al pie del monte, mientras que el espíritu, que es el dueño, adora en la cumbre, en la presencia del Señor. ¡Oh!, qué bendito momento de divina comunión me puede ser concedido esta tarde. El Señor sabe que yo mucho lo necesito. Esta es la razón porque su mano sanadora debiera reposar sobre mí. Su mano puede mitigar el calor de mis ardientes sienes y detener la agitación de mi angustiado corazón. Aquella gloriosa mano derecha que ha formado el mundo, puede de nuevo crear mi mente; la infatigable mano que soporta los gigantescos pilares de la tierra puede sostener mi espíritu; la mano amorosa que abarca a todos los santos me puede acariciar y la poderosa mano que quebranta al enemigo puede someter mis pecados. ¿Qué motivos hay para que yo no sienta esta tarde el toque de esa mano? Ven, alma mía, dirígete a tu Dios con el poderoso argumento de que las manos de Jesús fueron traspasadas para tu redención, y, sin duda, tú sentirás sobre ti aquella misma mano que una vez tocó a Daniel y lo hizo arrodillar para que pudiese ver las visiones de Dios.
Charles Haddon Spurgeon.
martes, 5 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 5
“Y vio Dios la luz”. Génesis 1:4.
ESTA mañana, en “Lecturas Matutinas”, notamos la bondad de la luz y la división que el Señor hizo entre ella y las tinieblas. Observemos ahora cómo mira Dios la luz. “Vio Dios la luz”. La miró con satisfacción, la contempló con placer, “vio que era buena”. Si el Señor te ha dado luz, querido lector, él mira esa luz con particular interés, pues no sólo la quiere por ser obra de sus manos, sino porque es semejante a él que “es la luz”. Para el creyente es un placer saber que Dios observa con tanto cariño la obra de gracia que él empezó. Dios nunca pierde de vista el tesoro que colocó en nuestros vasos de barro. Algunas veces nosotros no podemos ver la luz, pero Dios siempre la ve; y es mucho mejor que sea así. Es mejor que el juez vea mi inocencia y no que yo piense que la veo. Es para mí muy agradable saber que soy un componente del pueblo de Dios; pero, aunque no lo supiera, con tal que lo sepa el Señor, estoy fuera de peligro. Este es el fundamento: “Conoce el Señor a los que son suyos”. Tú, quizás, estés sollozando y gimiendo a causa del pecado innato, y, posiblemente, estés llorando en tus tinieblas, pero, sin embargo, el Señor ve “luz” en tu corazón, pues él la puso allí, y las oscuridades y tinieblas de tu alma no pueden ocultar tu luz de sus misericordiosos ojos. Quizás estés hundido en el desaliento y hasta en la desesperación, pero si tu alma anhela a Cristo y procura descansar en su consumada obra, Dios ve la luz. No sólo la ve, sino también la preserva en ti. “Yo, el Señor, la guardo”. Estas palabras constituyen un valioso estímulo para los que, después de ansiosa vigilancia y cuidado de sí mismos, sienten su impotencia para conservar esa luz. La luz, así preservada por su gracia, será transformada por él en el esplendor del mediodía y en la plenitud de gloria. La luz que está en el corazón señala la aurora del eterno día.
Charles Haddon Spurgeon.
lunes, 4 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 4
“José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no lo conocieron”.
ESTA mañana, en “Lecturas Matutinas”, hemos deseado que el conocimiento que tenemos del Señor Jesús experimentara un crecimiento; es bueno, pues, que esta noche consideremos un tópico que tiene afinidad con el de esta mañana, es decir, el conocimiento que nuestro celestial José tiene de nosotros. El conocimiento que Jesús tiene de nosotros fue perfecto mucho antes que nosotros tuviésemos el más insignificante conocimiento de él. Antes que estuviésemos en el mundo, ya estábamos en su corazón. Cuando éramos sus enemigos, él nos conoció, y conoció también nuestra miseria, nuestra insensatez y nuestra maldad. Cuando llorábamos amargamente en desesperado arrepentimiento y lo vimos sólo como un juez, él nos miró como hermanos bien amados, y sus entrañas suspiraron por nosotros. El nunca desconoció a sus escogidos, sino siempre los consideró como objetos de su infinito afecto. “El Señor conoce a los que son suyos”. Esto es tan cierto en cuanto a los pródigos que apacientan los cerdos como en cuanto a los hijos que se sientan a la mesa.
Pero, ¡ay!, nosotros no conocimos a nuestro hermano real, y en esta ignorancia se originó una hueste de pecados. Le negamos nuestros corazones y no le permitimos entrar en nuestro amor. Desconfiamos de él y no dimos crédito a sus palabras. Nos rebelamos contra él y no le rendimos ningún homenaje de amor. El sol de Justicia brilló y nosotros no pudimos verlo. El cielo descendió a la tierra y la tierra no lo advirtió. Gracias a Dios, esos días han pasado para nosotros; sin embargo, aun ahora conocemos muy poco a Jesús, en comparación del conocimiento que él tiene de nosotros. Sólo hemos empezado a conocerlo, pero él nos conoce enteramente. Es una ventaja que la ignorancia no esté de su lado, pues eso sería desesperante para nosotros. El no nos dirá: “Nunca os conocí”, sino confesará nuestros nombres en el día de su aparecimiento, y, mientras tanto, se manifestará a nosotros como no se manifiesta al mundo.
Charles Haddon Spurgeon.
domingo, 3 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 3
“Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, haced derechas sus veredas”. Lucas 3:4.
LA voz del que clama en el desierto pide un camino para el Señor, un camino preparado, y un camino preparado en el desierto. Yo deseo atender la proclama del Maestro y darle un camino en mi corazón, camino hecho por obra de gracia a lo largo del desierto de mi carácter. Las cuatro direcciones señaladas en el texto merecen mi sincera atención.
“Todo valle tiene que ser henchido”. Los pensamientos bajos y rastreros acerca de Dios deben ser abandonados; la duda y la desesperación deben ser removidas y los deleites carnales tienen que ser olvidados. De una a otra parte de estos profundos valles tiene que construirse una calzada de gracia. “Bajaráse todo monte y collado”. La altiva presunción y la arrogante justicia propia tienen que ser derribadas para hacer un camino real para el Rey de reyes. A los pecadores altivos y orgullosos nunca se les concede comunión divina. El Señor atiende al humilde y visita al contrito de corazón, pero el altivo le es abominación. Alma mía, pide al Espíritu Santo que te ponga en orden en este particular.
“Los caminos torcidos serán enderezados”. Es menester que el corazón vacilante tenga trazado un camino de decisión a favor de Dios y de la santidad. Los hombres indecisos son extraños al Dios de verdad. Alma mía, procura ser honesta y veraz en todas las cosas como estando en la presencia de Dios que escudriña los corazones.
“Los caminos ásperos serán allanados”. Los estorbos del pecado tienen que ser quitados y las espinas de rebelión deben ser desarraigadas. Tan sublime visitante no tiene que encontrar caminos cenagosos y lugares pedregosos cuando venga a glorificar a los suyos con su séquito. ¡Oh!, que esta noche halle el Señor en mi corazón un camino real por el cual pueda hacer su marcha triunfal desde el principio hasta el fin de este año.
Charles Haddon Spurgeon.
sábado, 2 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 2
“Tomen los pueblos nuevas fuerzas”. Isaías 41:1.
TODAS las cosas de la tierra necesitan ser renovadas. Ninguna cosa creada puede continuar existiendo por sus propios medios. “Tú renuevas la faz de la tierra”, dijo el salmista. Aun los árboles, que no se consumen con ansiedad ni acortan sus vidas con fatiga, tienen que beber la lluvia caída del cielo y absorber los ocultos tesoros del suelo. Los cedros del Líbano que Dios plantó, sólo viven porque día a día se llenan de la fresca savia que extraen de la tierra. Tampoco la vida del hombre puede sostenerse sin ser renovada por Dios. Como es necesario reparar el desgaste del cuerpo con repetidas comidas, así es necesario reparar el desgaste del alma, alimentándola con la lectura de la Palabra de Dios, con la predicación del Evangelio y con la participación de la Cena del Señor. ¡Cuán deprimidos se hallan nuestros dones cuando descuidamos los medios de gracia! ¡Cuán extenuados se hallan algunos santos que viven sin el diligente uso de la Palabra de Dios y de la oración privada! Si nuestra piedad puede vivir sin Dios, entonces no fue creada por Dios; es sólo una ilusión. Pues si Dios la hubiese creado, esperaría en él como las flores esperan el rocío. Sin una constante renovación no estaremos preparados para hacer frente a los constantes asaltos del infierno o a las severas aflicciones del cielo o a las luchas interiores. Cuando el torbellino se desate, ¡ay del árbol que no haya absorbido savia y que no se haya asido fuertemente de la roca, entrelazando en ella sus raíces! Cuando se levanten las tempestades, ¡ay de los marineros que no hayan afirmado su mástil, ni echado sus anclas, ni buscado el puerto! Si permitimos que el bien se debilite, el mal sin duda se fortalecerá y luchará desesperadamente por obtener el dominio sobre nosotros, y así, quizás, siga una penosa desolación y una lamentable desgracia. Acerquémonos en humilde ruego al trono de la divina gracia y experimentaremos el cumplimiento de esta promesa: “Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas”.
Charles Haddon Spurgeon.
viernes, 1 de enero de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – ENERO 1
“Nos gozaremos y alegraremos en ti”. Cantares 1:4.
“NOS gozaremos y alegraremos en ti”. No abriremos las puertas del año a las lúgubres notas del sacabuche, sino a los suaves sonidos del arpa de gozo y a los retumbantes címbalos de alegría. “Venid, celebremos alegremente a Jehová, cantemos con júbilo a la Roca de nuestra salud”. Nosotros los llamados, los fieles y los elegidos, ahuyentaremos nuestros pesares y levantaremos nuestras banderas de confianza en el nombre de Dios. Dejemos que otros se lamenten de sus aflicciones, nosotros que tenemos (para echar en el amargo lago de Mara) el árbol que dulcifica, magnificaremos al Señor con gozo. ¡Oh!, Espíritu Eterno, nuestro eficiente Consolador, nosotros que somos los templos en los cuales tú habitas, no cesaremos nunca de adorar y de bendecir el nombre de Jesús. Queremos que Jesús tenga la corona de nuestro corazón; no afrentemos a nuestro esposo gimiendo en su presencia. Hemos sido destinados a ser los cantores del cielo; ensayemos, pues, nuestro canto antes de entonarlo en los palacios de la nueva Jerusalén. Nos gozaremos y alegraremos: dos palabras con un significado, felicidad sobre felicidad. ¿Es necesario que nuestro gozo en el Señor tenga ahora algún límite? ¿No hallan los hombres piadosos que su Señor es aun ahora camphora y nardo, caña aromática y canela? ¿Pueden estas sustancias tener en los cielos una fragancia mejor? Nos gozaremos y alegraremos en ti. Esta última palabra es como el meollo de la nuez, como el alma del texto. ¡Qué cielos están atesorados en Jesús! ¡Qué ríos de infinita felicidad hallan en Jesús su manantial y cada gota de plenitud! ¡Oh!, bondadoso Jesús, ya que tú eres la presente porción de tu pueblo, favorécenos este año con un sentido tal de tu preciosidad que desde el primer día hasta el último podamos gozarnos y alegrarnos en ti. Que enero se abra con gozo en el Señor y diciembre se cierre con alegría en Jesús.
Charles Haddon Spurgeon.
¡AMIGO LECTOR, DIOS TE CONCEDA UN MUY FELIZ 2016!
LECTURAS VESPERTINAS
Libro de Devociones de CHARLES H. SPURGEON
PREFACIO de la Segunda Edición Argentina - 1984
Libro de Devociones de CHARLES H. SPURGEON
PREFACIO de la Segunda Edición Argentina - 1984
Cuando el bullicio y la agitación del día terminan, es agradable gozar de comunión con Dios. El fresco y la calma de la tarde armonizan muy deliciosamente con la oración y la alabanza. Las horas de la caída del sol son como tantas callejuelas en el jardín del tiempo, en las que el hombre puede hallar a su Hacedor, quien lo espera para tener comunión con él como la tuvo con Adán, antiguamente, al aire del día.
Es conveniente que apartemos un momento tranquilo antes que el día haya terminado del todo, un momento de acción de gracias por la abundante gracia recibida, un momento de arrepentimiento por nuestros muchos deslices y un momento de examen de conciencia por los males que se nos insinuaron.
Nos hemos esforzado por mantenernos fuera de lo común; de ahí que hayamos usado textos raros y presentado asuntos olvidados. El defecto de que adolecen muchas obras religiosas es la pesadez, de la que nosotros hemos procurado librarnos. Nuestros amigos deben juzgar hasta dónde lo hemos conseguido. Hemos extraído mucho material de nuestra propia experiencia, pues siempre nos hemos sentido seguros de que una verdead que ha sido santificada para nuestro propio bien, no habría de quedar sin unción para otros. Si podemos alentar a algún corazón que de otra manera hubiera decaído, o sembrar en una sola mente un propósito santo que de otra manera nunca hubiera sido concebido, estaremos muy agradecidos. El Señor nos está enviando tales resultados en miles de casos; para él sea, pues, toda la alabanza. Cuanto más vivimos, más profundamente nos persuadimos de que sólo el Espíritu Santo puede hacer que la verdad resulte provechosa al corazón; es por eso que, con ferviente oración, entregamos este volumen a su cuidado.
jueves, 31 de diciembre de 2015
miércoles, 30 de diciembre de 2015
COMO LEER LA BIBLIA - Juan S. Boonstra
[...] “Hay que saber cómo leerla. No es un libro como cualquier otro, como las obras clásicas de Homero, por ejemplo, o las experiencias de Don Quijote. No es un mero libro de historia de una nación heroica, o la poesía selecta de un pueblo pastoril. Tampoco es de fácil lectura para quien no conoce el trasfondo histórico, los objetivos y la formación de tan excepcional libro. Para leer la Biblia con provecho y evitar los obstáculos que puedan levantarse durante su lectura, conviene recordar algunos factores de suprema importancia”.
a. La Biblia debe leerse como una unidad
[…] “Hay quienes se deleitan en la lectura del Nuevo Testamento, pero sin el Antiguo Testamento lo que se lee en el Nuevo es con frecuencia incomprensible. También hay quienes sólo leen el Antiguo y eso es como abandonar una novela a mitad de camino –uno se queda sin el desenlace del drama. […] La Biblia es una unidad a pesar de su diversidad de autores, tiempos de origen, materia y estilo. El hecho de que la Biblia es una unidad es la primera regla a contemplar”.
b. La Biblia debe leerse como el mensaje de Dios
[…] “Significa que debe prestársele muy seria atención. No es la palabra de algún gran sabio que vivió hace siglos, ni de algún iluminado que caminó nuestras sendas, ni de algún superdotado explotador de masas. Es la Palabra de Dios, y todo ser humano debe prestarle atención. La Palabra de Dios nos busca con paciencia en nuestro gozo o agonía, en la prosperidad o en la pobreza, en fantasías o fracasos, en nuestra juventud o madurez. Dios inicia el diálogo. Dios habla. Es nuestra reacción obediente a sus palabras lo que se conoce como «salvación». Si el hombre no responde en obediencia a esas palabras divinas, se pierde eternamente. […] Alguien podrá no comprender algún pasaje oscuro de las Escrituras, pero aun el más humilde ser humano puede comprender que Jesucristo vino al mundo para salvarlo, para abrirle el camino a una genuina humanidad y para hacer posible el perdón de todos sus pecados. Ese, más que ningún otro, es el mensaje de la Biblia –en Jesucristo hay paz y perdón, hay nueva vida y solución a la profunda problemática humana”.
c. La Biblia debe leerse con constancia
[…] “¿Quién, en condiciones normales, pensaría en no comer por una semana? Su cuerpo se debilitaría. La Palabra de Dios es alimento cotidiano para el hombre. El hombre no puede vivir la vida para la cual Dios lo creó sin ese alimento diario. Se verá confuso ante los eventos que lo rodean, no comprenderá el misterio de la vida humana, no tendrá la menor idea de quién es ni de lo que conviene hacer”.
Para meditar
“¿Tiene usted una Biblia en sus manos? Léala. Léala como el mensaje exclusivo de Dios para usted. Dios tiene interés en la humanidad; más aun, Dios tiene mucho más interés en usted, en su persona. Usted necesita la Palabra de Dios, y por eso se la hace llegar. Léala con la certeza de que debe moldear su vida diaria. Léala a diario. Si no tiene Biblia, búsquese una ahora mismo”.
Apartes tomados del libro LA VERDAD EN NUESTRO MUNDO de Juan S. Boonstra
martes, 29 de diciembre de 2015
lunes, 28 de diciembre de 2015
La Iglesia Emergente y el Post Modernismo
En este video, RC Sproul, Al Mohler y Ravi Zacharias, discuten el Liberalismo, Post Modernismo y la Iglesia Emergente, y lo comparan con el Cristianismo bíblico.
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sábado, 26 de diciembre de 2015
viernes, 25 de diciembre de 2015
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