Versículo para hoy:

martes, 24 de octubre de 2017

Octubre 24. El punto de vista

"Pero gracias a Dios, que nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús", 
2 Corintios 2:14
El punto de vista de un siervo de Dios siempre debe ser lo máximo y no simplemente estar tan cerca de lo máximo como pueda. Esfuérzate en mantener el punto de vista de Dios y recuerda que esto se debe hacer todos los días, de manera gradual. No pienses en un infinito. Ningún poder externo puede tocar ese punto de vista.
La perspectiva apropiada que debemos mantener consiste en comprender que estamos aquí con un solo propósito: Ser cautivos que marchan en el séquito victorioso de Cristo. No estamos aquí para que nos exhiban en la vitrina de Dios, sino para manifestar una sola virtud: la absoluta cautividad de nuestras vidas a la obediencia a Cristo (ver 2 Corintios 10:5). ¡Cuan insignificantes son los otros puntos de vista!
Por ejemplo: "soy el único que está luchando por Jesús" o, "debo mantener la causa de Cristo y defender esta fortaleza para Él". Pero Pablo dijo en esencia: "Pertenezco al séquito de un Vencedor y sin importar cuáles sean las dificultades, Él siempre me lleva al triunfo". ¿Se está llevando a cabo esta idea de manera práctica en nosotros? Como el gozo secreto de Pablo era saber que Dios lo había tomado cautivo a él — un rebelde agresivo, enemigo de Jesucristo — esa cautividad se convirtió en su propósito. El gozo de Pablo fue ser un prisionero del Señor y por eso no tuvo otro interés en el cielo ni en la tierra. Para un cristiano es vergonzoso hablar de conseguir la victoria. Debemos pertenecer al Vencedor de una manera tan completa que todo el tiempo seamos victoriosos, porque somos más que vencedores por medio de Él.
"Porque para Dios somos grato olor de Cristo", 2 Corintios 2:15. ¿Estamos envueltos en el dulce aroma de Jesús y somos un maravilloso olor grato para Dios dondequiera que vamos?

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

lunes, 23 de octubre de 2017

El sufrimiento no es en vano. Un mensaje clásico de Elizabeth Elliot - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 23. ¡En lo más mínimo!

"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas", 2 Corintios 5:17
El Señor nunca tolera nuestros prejuicios; se opone decididamente a ellos y los hace morir. Creemos que Dios tiene un interés especial en nuestros prejuicios particulares. Estamos bien seguros de que nunca tratará con nosotros como tiene que hacerlo con las otras personas. Incluso nos decimos a nosotros mismos: "Dios debe tratar con los demás de una manera muy estricta, pero naturalmente Él sabe que mis prejuicios son correctos". ¡Debemos aprender que Dios no los acepta en lo más mínimo! En lugar de estar a favor de nuestros prejuicios, nos está limpiando de ellos de manera deliberada. Parte de nuestra educación moral consiste en ver morir nuestros prejuicios por el poder de Dios y observar el modo en que Él lo hace. Dios no honra nada de lo que le traemos y lo único que quiere de nosotros es la rendición incondicional.
Cuando nacemos de nuevo, lo que en realidad sucede es que el Espíritu Santo empieza el proceso de su nueva creación en nosotros, hasta que no quede nada de la vida vieja. Desaparecen nuestra antigua y triste perspectiva y la vieja actitud hacia lo material, "porque todo esto proviene de Dios", 2 Corintios 5:18.
¿Cómo vamos a obtener una vida sin ninguna concupiscencia, sin intereses personales y que no sea susceptible a las burlas de los demás? ¿Cómo conseguiremos la clase de amor que es benigno, que no hace nada indebido y que no busca lo suyo? La única manera es que no conservemos nada de la vida vieja y que tengamos una sencilla y perfecta confianza en Dios. Una confianza tal que ya no deseemos más sus bendiciones, sino sólo a Él mismo. ¿Hemos llegado a un punto en el que Dios puede retirarnos sus bendiciones sin que nuestra confianza en Él se afecte? Una vez que veamos a Dios en acción, nunca nos preocuparemos por lo que suceda, porque realmente estaremos confiados en nuestro Padre Celestial a quien el mundo no puede ver.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

domingo, 22 de octubre de 2017

Octubre 22. El testimonio del Espíritu

"El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu", Romanos 8:16
Cuando nos acercamos a Dios, corremos el peligro de ir con una actitud negociadora para hacer trueques con Él. Queremos el testimonio del Espíritu antes de haber obedecido lo que el Señor nos ordena.
Entonces, nos preguntamos: "¿Por qué Dios no se me revela?" No puede. Él quiere hacerlo, pero no puede porque tú se lo estas impidiendo al no rendirte por completo a Él. Tan pronto lo hagas, Dios te dará el testimonio de sí mismo. Él no puede testificarte a ti, pero le da testimonio inmediato a su propia naturaleza cuando ella se encuentra en ti. Si tuvieras el testimonio antes que la realidad, todo terminaría en un estado emocional. Pero cuando actúas fundamentado en la redención y desistes de la impertinente costumbre de discutirle, Él de inmediato te da el testimonio. En cuanto renuncias a tus razonamientos y argumentos, Él da testimonio de lo que ha hecho y tú te asombras de cuán irrespetuoso fuiste al haberlo hecho esperar. Si tienes dudas en cuanto a que Dios te pueda liberar del pecado, permítele que lo haga o dile que no puede. No cites a esta o aquella persona, simplemente obedece a las palabras de Mateo 11:28: "Venid a mí". Ven si estás trabajado y cargado; y pide, si sabes que eres malo (ver Lucas 11:9-13).
El Espíritu de Dios solo da testimonio de la redención de nuestro Señor. No le puede testificar a nuestra razón. Somos propensos a confundir el testimonio del Espíritu con la simplicidad que se origina en las decisiones de nuestro sentido común. Pero el Espíritu solo testifica de la obra de la redención y lo hace únicamente a su propia naturaleza, nunca a la razón. Si estamos tratando de que le dé testimonio a nuestra razón, no es de extrañar que estemos en oscuridad e incertidumbre. Échalo todo por la borda, confía en Él y Él te dará el testimonio del Espíritu.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

sábado, 21 de octubre de 2017

Octubre 21. Dirigidos por el impulso

"Pues, vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe", Judas 20
En nuestro Señor no hubo nada de la naturaleza impulsiva o irreflexiva, solo una tranquila fortaleza que nunca se hundió en el pánico. La mayoría de nosotros desarrollamos el cristianismo según la línea de nuestra propia naturaleza y no según la naturaleza de Dios. La impulsividad es un rasgo de la vida natural, pero debido a que obstaculiza el desarrollo de la vida del discípulo, el Señor siempre la pasó por alto.
Observa cómo el Espíritu de Dios refrena la impulsividad al concientizarnos repentinamente de nuestra insensatez, lo cual hace que de inmediato deseemos justificarnos. La impulsividad no está mal en un niño, pero es desastrosa en un adulto, hombre o mujer. Un adulto impulsivo siempre es una persona inmadura.
La impulsividad tiene que ser encaminada hacia la intuición mediante la disciplina.
El discipulado se basa completamente en la gracia sobrenatural de Dios. Andar sobre las aguas es fácil para alguien que tiene una audacia impulsiva, pero caminar sobre la tierra como un discípulo de Jesucristo es algo muy diferente. Pedro caminó sobre el agua para ir hasta Jesús, pero lo siguió de lejos sobre la tierra (ver Marcos 14:54). No necesitamos la gracia de Dios para soportar las crisis. La naturaleza humana y el orgullo son suficientes para enfrentar magníficamente la presión y la tensión. Pero se requiere la gracia sobrenatural de Dios para vivir las 24 horas de cada día como un santo, para efectuar las tareas ordinarias y monótonas y para vivir una existencia sencilla, anónima e ignorada como discípulo de Jesús.
La idea de que debemos realizar obras excepcionales para Dios es innata, pero no tenemos que hacerlas.
Debemos ser excepcionales en las actividades sencillas de la vida y santos en medio de las calles sórdidas y la gente mezquina. Sin embargo, esto no se aprende en cinco minutos.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

viernes, 20 de octubre de 2017

El Señor está contigo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 20. ¿Es la voluntad de Dios mi voluntad?

"La voluntad de Dios es vuestra santificación", 1 Tesalonicenses 4:3

El problema no es si Dios está dispuesto a santificarme, sino más bien si es mi voluntad. ¿Estoy dispuesto a permitir que Dios haga en mí todo lo que es posible por medio de la expiación de Cristo en la cruz? ¿Estoy dispuesto a que Jesús se haga para mí santificación y a dejar que su vida se manifieste en mi carne humana? (Ver 1 Corintios 1:30). Cuídate de decir: "Oh, anhelo ser santificado". No, no lo deseas realmente. Deja de anhelarlo y conviértelo en un asunto de acción. Recibe a Jesucristo con una fe absoluta e incuestionable para que Él se convierta en tu santificación y el gran milagro de su expiación será real en tu vida.
Todo lo que Jesús hizo posible se ha vuelto mío por el regalo libre y amoroso de Dios que se fundamenta en lo que Él hizo. Y, entonces, mi actitud al ser una persona salva y santificada es de profunda y humilde santidad (no existe la santidad altiva); una santidad basada en un agónico arrepentimiento, en un sentido de inexpresable vergüenza y degradación y, también, en la asombrosa comprensión de que el amor de Dios se manifestó, aunque Él no me importaba en lo absoluto (ver Romanos 5:8). Él acabó toda la obra para que yo obtuviera mi salvación y santificación. No debemos asombrarnos, entonces, de que Pablo dijera que nada nos podrá "separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro", Romanos 8:39.
La santificación me hace uno con Jesucristo y, en Él, uno con Dios. Esto es una realidad únicamente por la grandiosa expiación de Cristo. Nunca confundas la causa con el efecto. El efecto en mí es obediencia, servicio y oración, los cuales son resultado de la inexpresable gratitud y adoración por la milagrosa santificación que se operó en mí gracias a la expiación de Cristo.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

jueves, 19 de octubre de 2017

La muerte de un santo —el propósito de Dios - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 19. El secreto que se ha pasado por alto

"Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo", Juan 18:36
El gran enemigo del Señor Jesucristo en la actualidad es el concepto del trabajo práctico que no se basa en el Nuevo Testamento, sino en los sistemas del mundo. En ellos se enfatizan la energía y las innumerables actividades, pero sin una vida privada con Dios. Se hace énfasis en los elementos equivocados. Jesús dijo: "El reino de Dios no vendrá con advertencia... porque el reino de Dios está entre vosotros, oculto", Lucas 17:20-21. Un obrero cristiano activo muchas veces vive para que los demás lo vean, aunque el área más recóndita y personal es la que revela el poder de la vida de una persona.
Debemos deshacernos de la plaga espiritual de esta época religiosa en la que vivimos. En la vida de nuestro Señor no hubo nada de la presión, el afán, la enorme actividad que actualmente estimamos tanto y un discípulo debe ser como su Maestro. El aspecto central del reino de Jesucristo es la relación personal con Él, no la utilidad pública para otros.
Las actividades prácticas no son la fortaleza de este seminario de preparación bíblica. Toda su fuerza descansa en que aquí ustedes se sumergen en las verdades de Dios para que se empapen de ellas delante de Él. No tienen la menor idea sobre cómo el Señor dispondrá sus circunstancias futuras, ningún conocimiento de las presiones y tensiones a las cuales se someterán en este país o en el extranjero. Y si pierden su tiempo en demasiadas actividades, en lugar de sumergirse en las grandes verdades fundamentales de la redención divina, serán quebrantados cuando lleguen la tensión y la presión. Pero si este tiempo de saturación ante Dios se emplea para fundamentarse y profundizar en Él, aunque parezca impráctico, permanecerán fieles a Él pase lo que pase.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Mas yo y mi casa - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 18. La clave para la devoción del misionero

"Pues ellos salieron por amor del nombre de Él", 3 Juan 7
Nuestro Señor nos ha hablado sobre cómo el amor hacia Él se debe hacer manifiesto. "¿Me quieres? Apacienta mis ovejas", ver Juan 21:17. En verdad, dijo: "Identifícate con mis intereses en otras personas"; y no: "Identifícame a mí con tus intereses en otras personas". 1 Corintios 13:4-8 nos muestra las características de este amor. En realidad, se trata de la manifestación del amor de Dios. La verdadera prueba de mi amor por Jesús es de tipo práctico; todo lo demás es pura palabrería emocional.
La fidelidad a Jesucristo es producto de la obra sobrenatural de redención que efectúa en mí el Espíritu.
"El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado", Romanos 5:5, y ese amor actúa eficazmente por medio de mí cuando entro en contacto con todas las personas que me encuentro. Yo permanezco fiel a su nombre, aunque todo hecho racional aparentemente lo desmienta y declare que Él no tiene más poder que la neblina matutina.
La clave para la devoción del misionero es que no se apegue a nada ni a nadie que no sea nuestro Señor.
Esto significa simplemente que nos separamos de las cosas externas que nos rodean. El Señor anduvo de una manera notable en medio de las circunstancias ordinarias de la vida. Pero interiormente estaba separado de todo, excepto de Dios. Con frecuencia el desprendimiento externo indica un apego interno secreto y creciente hacia aquello de lo cual nos separamos exteriormente.
El deber de un misionero fiel consiste en mantener su alma abierta a la naturaleza del Señor Jesucristo y concentrada en ella. Los hombres y las mujeres que nuestro Señor envía para llevar a cabo sus empresas son comunes, muy humanos, pero controlados por la devoción a Él que produce el Espíritu Santo.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

martes, 17 de octubre de 2017

Dios es lo primero - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 17. Mayores obras

"De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre", Juan 14:12
La oración no nos capacita para las obras mayores. Orar es la mayor obra. Sin embargo, consideramos la oración como un ejercicio racional de nuestros más elevados poderes con el fin de prepararnos para la obra de Dios. En las enseñanzas de Jesucristo, la oración es la obra que operó el milagro de la redención en mí, el cual reproduce el milagro de la redención en otras personas, por el poder de Dios. El fruto permanece firme por la oración, pero recuerda que ella se basa en la agonía redentora de Cristo, no en tu propia agonía. Debo ir a Dios como su hijo, como un niño, porque sólo un niño obtiene la respuesta a su oración; un hombre "sabio", no (ver Mateo 11:25).
Sin importar dónde te encuentres, orar es batallar. Cualesquiera sean las circunstancias que Dios disponga, tu deber es orar. Nunca toleres este pensamiento: "No soy de ninguna utilidad donde estoy", porque ciertamente no puedes ser útil donde todavía no estás. Debes orar a Dios todo el tiempo en cualquier lugar y circunstancia que Él te haya puesto. Dios promete: "Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré", Juan 14:13. Pero no queremos orar, a menos que sintamos una gran emoción. Esa es la forma más intensa de egoísmo espiritual. Debemos aprender a obrar de acuerdo con la dirección de Dios y Él nos dice que oremos. "Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies", Mateo 9:38.
En el trabajo de un obrero no hay nada de emocionante, pero es el quien hace posibles las ideas del genio.
Y es el obrero creyente el que hace posibles las ideas de su Maestro. Cuando trabajas en oración, desde el punto de vista divino, hay resultados todo el tiempo. ¡Qué sorpresa será para ti cuando se levante el velo y veas a todas las personas que cosechaste! Y todo porque te has acostumbrado a recibir las órdenes de Jesucristo.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

lunes, 16 de octubre de 2017

Fructificando en la edad avanzada - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 16. La clave de las órdenes del Maestro

"Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies", Mateo 9:38
La clave para el problema misionero está en las manos de Dios. Esa clave es la oración, no el trabajo; es decir, no el trabajo como se entiende popularmente hoy, porque puede implicar una evasión de nuestra concentración en Dios. La clave para la difícil tarea del misionero no es el sentido común, la medicina, civilizarse o educarse y ni siquiera la evangelización. La clave es seguir las órdenes del Maestro; es la oración. "Rogad, pues, al Señor de la mies". Naturalmente, la oración no es práctica, es absurda. Debemos comprender que desde el punto de vista del sentido común orar es una necedad. 
Desde la perspectiva de Jesucristo no existen naciones, solamente el mundo. ¿Cuántos de nosotros oramos sin hacer acepción de personas, excepto una: Jesucristo? Él es el dueño de la cosecha producida por la zozobra y la convicción de pecado. Y esta es la mies por la cual debemos orar para que se envíen obreros segadores. Estamos muy ocupados con el trabajo, mientras las personas a nuestro alrededor están maduras y listas para cosechar. Pero no cosechamos ni una sola, sino que perdemos el tiempo de nuestro Señor en intensas actividades y programas. Imagínate que a tu padre o a tu hermano le sobrevenga una crisis. ¿Estarás allí como un obrero que segará la cosecha para Jesucristo? O tu respuesta sería: "¡Ay, pero debo realizar un trabajo especial!" Ningún cristiano tiene un trabajo especial que llevar a cabo, porque es llamado a pertenecer a Jesucristo, a ser una persona que no es mayor que su Señor y que nunca le dicta a Él lo que tiene que hacer. El Señor no nos llama a un trabajo especial. Nos llama a Él mismo. Rogad, pues al Señor de la mies y Él aparejará tus circunstancias para enviarte como su obrero.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO, Oswald Chambers.

domingo, 15 de octubre de 2017

La Reforma y la misión de la iglesia

Andrés Birch, Sam Masters y Xavier Torrado conversan sobre la misión de la iglesia y cómo esta se vio durante la Reforma Protestante.



Octubre 15. La clave del mensaje misionero

"Él es la propiciación por nuestros pecados y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo", 1 Juan 2:2
La clave del mensaje misionero es la propiciación de Jesucristo, su sacrificio por nosotros que satisfizo completamente la ira de Dios. Observa cualquier otro aspecto de la obra de Cristo, como la cura, la salvación o la santificación y verás que no tiene nada de ilimitado. Pero, ¡el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!, eso sí es ilimitado. El mensaje misionero se basa en la importancia ilimitada de Jesucristo como la propiciación por nuestros pecados y un misionero es alguien que está empapado de la verdad de esa revelación.
La verdadera clave del mensaje misionero es el aspecto "remisorio" de la vida de Cristo; no su benevolencia ni su bondad y ni siquiera su revelación de la paternidad de Dios. El más grande mensaje y de ilimitada importancia, es la proclamación de que Él es la propiciación por nuestros pecados. El mensaje misionero no es nacionalista, no distingue naciones e individuos, porque es para todo el mundo.
Cuando el Espíritu Santo vino a mi vida, no consideró mis prejuicios o predilecciones; sencillamente me unió al Señor Jesús.
Un misionero es alguien que está comprometido, como en un matrimonio, con la misión y el propósito dados por su Señor y Maestro. No tiene que proclamar su propio punto de vista, sino al Cordero de Dios.
Pero es más fácil pertenecer a un grupo que simplemente cuenta lo que Jesucristo hizo por mí, o volverse un devoto de la sanidad divina o de cierto tipo especial de santificación, o del bautismo del Espíritu Santo. Pablo no dijo: "¡Ay de mí si no anunciara lo que Cristo hizo por mí!", sino: "¡Ay de mí si no anunciara el evangelio!" 1 Corintios 9:16. El mensaje del Evangelio es: "¡El Cordero de Dios quita el pecado del mundo!"

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

sábado, 14 de octubre de 2017

Cuando tu dolor regrese…ora - Kristen Wetherell

Octubre 14. La clave para el misionero

"Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones", Mateo 28:18-20
La clave para la obra del misionero es la autoridad de Jesucristo, no la necesidad de los perdidos.
Tenemos la inclinación a considerar al Señor como nuestro asistente en las actividades que emprendemos para Dios. Pero Él se declara como el absoluto, soberano y supremo Señor sobre sus discípulos. No dice que los perdidos se condenarán si no vamos. Dice sencillamente: "Por tanto, id y haced discípulos de todas las naciones". Dice: "Id, apoyados en la verdad revelada de mi soberanía; enseñen y prediquen basados en la experiencia viva que han tenido conmigo".
"Pero los once discípulos se fueron... al monte donde Jesús les había ordenado", Mateo 28:16. Si quiero conocer la soberanía universal de Cristo, debo conocerlo a Él personalmente. Debo tomar tiempo para adorar al Ser cuyo nombre llevo. Jesús dice: "Venid a mí" y ese es el punto de encuentro con Él. ¿Estás trabajado y cargado? ¡Muchos misioneros lo están! Pasamos completamente por alto estas maravillosas palabras del Soberano universal, pero son las palabras de Jesús para sus discípulos aquí y ahora.
"Por tanto, id". Ir simplemente quiere decir vivir. Hechos 1:8 es la descripción sobre cómo ir. Jesús no dijo en este versículo: "Id a Jerusalén, a Judea y a Samaria", sino "Me seréis testigos en todos estos lugares". Él se hace cargo del trabajo de enviarnos.
"Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros", Juan 15:7. Esta es la manera de seguir andando. Es indiferente dónde nos coloca, porque en su soberanía Dios dispone nuestras "idas".
"Pero de ninguna cosa hago caso ni estimo preciosa mi vida para mi mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo y el ministerio que recibí del Señor", Hechos 20:24. Esa es la manera de seguir andando hasta que nos vayamos de esta vida.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

viernes, 13 de octubre de 2017

Promueve la paz - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 13. Desánimo individual y crecimiento personal

"Crecido ya Moisés, salió a visitar a sus hermanos. Los vio en sus duras tareas",  Éxodo 2:11
Al ver Moisés la opresión de su pueblo, se convenció de que era él quien debía librarlo y con la justa indignación de su propio espíritu, empezó a corregir sus males. Pero después de que Moisés dio el primer golpe a favor de Dios y de la justicia, Él permitió que se desanimara por completo y lo envió al desierto a apacentar ovejas por 40 años. Al finalizar ese tiempo, Dios se le apareció y le dijo que fuera y sacara a su pueblo. Pero Moisés respondió: "¿Quién soy yo para que vaya...?" Éxodo 3:10-11. Inicialmente Moisés comprendió que él libertaría al pueblo, pero primero necesitaba ser entrenado y disciplinado por Dios. En el aspecto individual tenía razón, pero no sería la persona indicada para esa obra hasta que hubiera aprendido a tener verdadera comunión y unidad con Dios.
Podemos tener la visión de Dios y una comprensión muy clara de lo que Él quiere y, sin embargo, cuando comenzamos a trabajar surge algo equivalente a los 40 años de Moisés en el desierto. Es como si Dios lo hubiera olvidado todo y cuando estamos completamente desanimados, Él renueva su llamamiento y entonces empezamos a temblar y a decir: "¿Quién soy yo para que vaya...?" Debemos aprender que el primer gran paso de Dios se resume en estas palabras: "«Yo soy el que soy» me envió a vosotros", ver Éxodo 3:14. Debemos aprender, también, que nuestros esfuerzos individuales para Dios son una falta de respeto. Nuestra individualidad debe resplandecer por medio de una relación personal con Él (ver Mateo 3:17). Nos fijamos en la perspectiva individual de las cosas; tenemos la visión y podemos decir: "Sé que esto es lo que Dios quiere que haga"; pero no hemos aprendido a acomodarnos al paso de Él.
Si estás enfrentando un tiempo de desánimo, hay otro de gran crecimiento personal más adelante.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

jueves, 12 de octubre de 2017

Aprovecha al máximo lo que tienes - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 12. Acomodándose al paso de Dios

“Caminó, pues, Enoc con Dios…”, Génesis 5:24.
La verdadera prueba de la vida espiritual de una persona y de su carácter no es lo que hace en los tiempos excepcionales de su vida, sino lo que hace en los tiempos comunes y corrientes, cuando no ocurre nada asombroso ni excitante. El valor de una persona se revela por su actitud hacia lo común, cuando no se encuentra delante de las luces del teatro (ver Juan 1:35-37). Acomodarse y mantenerse al paso de Dios es un asunto doloroso que implica recobrar energías espirituales. Al aprender a caminar con Él, siempre tenemos la dificultad de acomodarnos a su paso. Pero cuando por fin lo logramos, la única característica evidente es su vida. El individuo desaparece por su unión personal con el Señor y sólo se manifiestan el paso y el poder de Dios.
Es difícil ajustamos al ritmo de Dios, porque cuando comenzamos a caminar con Él, encontramos que antes de haber dado tres pasos Él ya se nos ha adelantado. Como Dios tiene diferentes formas de hacer las cosas, debemos entrenarnos y disciplinarnos en sus métodos. Se dijo de Jesús: "No se cansará ni desmayará", Isaías 42:4, porque nunca actuó según su propio punto de vista, sino siempre de acuerdo con la perspectiva de su Padre. Nosotros debemos aprender a hacer lo mismo. 
La verdadera espiritualidad se aprende por el ambiente que nos rodea, no por el razonamiento. El Espíritu de Dios cambia la atmósfera de nuestra forma de mirar las circunstancias y éstas comienzan a ser posibles como nunca antes.
Acomodarse al paso de Dios significa estar unidos con Él y nada menos que eso. Aunque alcanzarlo toma mucho tiempo, persevera en ello. No te desanimes debido a que el dolor es agudo en este momento.
Persevera y pronto hallarás que tienes una nueva visión y un nuevo propósito.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Cómo detener el chisme - Erik Raymond

Recuerda, Satanás fue el primer chismoso al hablar mal de Dios.

Abundancia que rebosa - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 11. ¿Qué, después del silencio de Dios?

"Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba", Juan 11:6
¿Te ha confiado Dios uno de sus silencios, un silencio que está lleno de significado? Los silencios de Dios son sus respuestas. ¡Solo piensa en esos días de absoluto silencio en la casa de Betania! (ver Juan 11:1-23) ¿Hay en tu vida algo comparable a esos días? ¿Puede Dios confiar en ti de esa manera, o aún estás pidiendo una respuesta visible? Dios te dará las bendiciones que pidas si no avanzas un paso más sin ellas, pero su silencio indica que te está llevando a una maravillosa comprensión de sí mismo. ¿Te estás lamentando ante Él porque no has tenido una respuesta audible? Cuando no lo puedas oír, hallarás que ha confiado en ti de la manera más íntima posible, con un silencio absoluto. No un silencio desesperado, sino grato, porque vio que podías soportar una revelación aun mayor. Si Dios te ha contestado con su silencio, alábalo, porque te está introduciendo en el gran caudal de sus propósitos. La manifestación real de su respuesta, en el tiempo, es un asunto de su soberanía. El tiempo no significa nada para Él. Es posible que por algún tiempo hayas dicho: "Le pedí a Dios un pan y me dio una piedra". No es así y hoy descubres que te dio el pan de vida (ver Juan 6:35).
Un aspecto maravilloso acerca del silencio de Dios es que su quietud te contagia y adquieres una confianza plena, de modo que puedas decir: "Sé que Dios me ha oído". Su silencio es la prueba de que lo ha hecho. Mientras tengas la idea de que Dios te bendecirá en respuesta a la oración, Él lo hará, pero nunca te dará la gracia de su silencio. Si Jesucristo te está llevando a comprender que la oración tiene el propósito de glorificar a su Padre, entonces la primera señal que te dará de su intimidad es el silencio.

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

martes, 10 de octubre de 2017

Hasta la meta final - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Octubre 10. ¿Cómo lo sabré?

"Respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre... porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos y las revelaste a los niños", Mateo 11:25
No crecemos paso a paso en una relación espiritual; la tenemos o no la tenemos. Dios no nos limpia más y más del pecado, sino que, si andamos en la luz, somos limpios de todo pecado. Es cuestión de obedecer.
Y una vez que lo hacemos, la relación se perfecciona en seguida. Pero si dejamos de obedecer siquiera por un instante, inmediatamente la oscuridad y la muerte empiezan a obrar.
Todas las verdades reveladas de Dios permanecen selladas hasta cuando se abren para nosotros por medio de la obediencia. Nunca podrás descubrirlas con la filosofía o la meditación. Tan pronto obedeces, un rayo de luz aparece. Deja que la verdad de Dios actúe en ti sumergiéndote en ella y no preocupándote por ella. Sólo la puedes conocer si dejas de intentar descubrirla y naces de nuevo. Obedece a Dios en lo que te muestre e inmediatamente te revelará la siguiente verdad. Podrías leer volúmenes enteros acerca de la obra del Espíritu Santo, cuando cinco minutos de obediencia inmediata y diligente harían que todo fuera tan claro como la luz del sol. No digas: "¡Supongo que algún día comprenderé estas cosas!" Puedes entenderlas ahora. Y no es el estudio el que te da entendimiento, sino el obedecer. La más mínima obediencia abre los cielos para que las verdades más profundas de Dios sean tuyas en seguida. Pero Dios solamente te revelará más verdades acerca de Él, cuando hayas obedecido lo que ya conoces. Ten cuidado de creerte uno de los "sabios y entendidos".

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.

lunes, 9 de octubre de 2017

Nuevas asignaciones tarde en la vida - Nancy Demoss de Wolgemuth

Octubre 9. ¡Recobra la compostura!

"Presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos", Romanos 6:13
No puedo salvarme y santificarme a mí mismo; no puedo ofrecer una expiación por el pecado; no puedo redimir al mundo; no puedo volver bueno lo malo, purificar lo impuro o santificar lo pecaminoso. Todo esto hace parte de la obra soberana de Dios. ¿Tengo fe en lo que hizo Jesucristo? Él ha llevado a cabo una perfecta expiación. ¿He adquirido el hábito de hacerme consciente de ello todo el tiempo? Nuestra mayor necesidad no es hacer cosas, sino creer cosas. La redención de Cristo no es una experiencia; es el gran acto que Dios realizó por medio de Cristo, en el cual yo debo edificar mi fe. Si la edifico sobre mi propia experiencia, adopto un estilo de vida muy contrario a las Escrituras, viviendo aislado y con mis ojos puestos únicamente en mi santidad. Cuídate de la piedad que no está fundamentada en la expiación de nuestro Señor porque sólo sirve para generar una vida aislada. Es inútil para Dios y un estorbo para los hombres. Mide todas las experiencias que tengas con la medida que es el mismo Señor. No podemos hacer nada que le agrade a Dios, si no lo edificamos deliberadamente sobre el fundamento de la expiación de Cristo en la cruz.
La expiación debe manifestarse de una manera práctica y modesta en mi vida. Cada vez que obedezco, la absoluta Deidad del Señor está a mi favor, de modo que su gracia y mi obediencia natural están en perfecta armonía. Como la obediencia implica que he confiado totalmente en la expiación, cuando obedezco me encuentro de inmediato con el gozo sobrenatural de la gracia de Dios.
Guárdate de la piedad humana que niega la realidad de la vida natural; es un engaño. Sométete continuamente a la prueba de la expiación y hazte la pregunta: ¿Dónde está el discernimiento de la expiación en esto y aquello?

Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.