Versículo para hoy:
miércoles, 15 de marzo de 2017
Marzo 15. La disciplina del desaliento
"Y ellos asombrados, lo seguían con miedo", Marcos 10:32
Al principio de nuestra vida con Jesucristo estábamos seguros de que no ignorábamos nada sobre Él y era un gozo abandonarlo todo y lanzarnos al amor sin prevenciones. Pero, ahora, ya no nos sentimos tan seguros. Jesús va al frente, lejos de nosotros y se ve extraño: Jesús iba delante y ellos, asombrados... Existe un rasgo en Jesús que desconsuela a sus discípulos en lo más profundo de su corazón y deja sin aliento toda su vida espiritual. Esta persona rara, que tiene su rostro "como un pedernal" (Isaías 50:7), camina delante de mí con tal determinación que me aterroriza. Ya no parece mi Consejero ni mi Amigo y mira las cosas desde un punto de vista del cual no sé nada. Me deja pasmado. Al comienzo tenía la confianza de que lo conocía, pero ahora ya no estoy muy seguro. Empiezo a darme cuenta de que Jesús y yo estamos distanciados y ya no puedo intimar con Él. No tengo idea sobre el lugar hacia donde se dirige y la meta se ha vuelto extrañamente distante.
Jesucristo tuvo que entender completamente todo pecado y toda aflicción que los seres humanos podemos experimentar y eso es lo que lo hace parecer ajeno a nosotros. Cuando lo vemos a Él así, no lo conocemos, no reconocemos siquiera un rasgo de su vida y no sabemos cómo empezar a seguirlo. Él va muy adelante, es un líder muy extraño y no tenemos compañerismo con Él.
La disciplina del desaliento es la lección esencial que un discípulo debe aprender. El peligro está en nuestra tendencia a mirar atrás hacia nuestros momentos de obediencia y sacrificios del pasado para Dios, en un esfuerzo por mantener vivo nuestro entusiasmo por Él (ver Isaías 50:10-11). Pero cuando venga la oscuridad del desaliento, soporta hasta que pase, porque de aquí saldrá la capacidad de seguir a Jesús verdaderamente, lo cual produce un maravilloso e inefable gozo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 14 de marzo de 2017
Marzo 14. Obediencia
"…sois esclavos de aquel a quien obedecéis...", Romanos 6:16
Cuando examino mi vida debido a una fuerza que me está dominando, lo primero que debo admitir es que yo soy responsable por estar dominado de esa manera. Si soy esclavo de mí mismo, la culpa es mía porque en determinado momento del pasado decidí rendirme a mi yo. De la misma manera, si obedezco a Dios se debe a que en algún momento de mi vida me rendí a Él.
Ríndete al egoísmo y encontrarás que es la tiranía más esclavizante de la tierra. El alma humana no tiene ningún poder en sí misma para romper la esclavitud de la inclinación que se formó al ceder. Por ejemplo, ríndete por un segundo a cualquier clase de concupiscencia y una vez que cedas, aunque te aborrezcas por haberlo hecho, te convertirás en su esclavo (recuerda la definición de concupiscencia: "Lo que quiero tener ahora", sin importar si es la concupiscencia de la carne o de la mente). Dentro del poder humano no existe liberación posible, aparte de la redención. Debes rendirte en completa humillación al único que puede romper el poder dominante que haya en tu vida, es decir, al Señor Jesucristo "…me ha ungido para… pregonar libertad a los cautivos…", Lucas 4:18.
Cuando te rindes a algo, pronto te darás cuenta del enorme control que ejerce sobre ti. Aunque digas: “¡Ah, puedo abandonar este hábito en el momento que yo quiera!”, te darás cuenta de que no puedes y que éste te domina por completo porque cediste a él de manera voluntaria. Es fácil cantar “Cristo rompe las cadenas” y al mismo tiempo estar viviendo en una evidente esclavitud a tu yo. Pero rendirse a Jesús romperá toda clase de cautividad en la vida de cualquier ser humano.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 13 de marzo de 2017
Marzo 13. La entrega de Dios
"De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado", Juan 3:16
La salvación no es tan sólo una liberación del pecado y una experiencia de santidad personal. La salvación que viene de Dios significa ser completamente liberado de uno mismo y puesto en perfecta unión con Él. Cuando reflexiono sobre mi experiencia personal de salvación, pienso en función de la libertad del pecado y la santidad personal. Sin embargo, ¡la salvación es mucho más! Significa que el Espíritu Santo me lleva a una relación íntima con la auténtica persona de Dios. Entonces, me estremezco con algo que es infinitamente más grande que yo y su entrega por mí me alcanza y me atrapa.
Decir que somos llamados a predicar la santidad o la santificación es pasar por alto el punto principal.
Somos llamados a proclamar a Jesucristo (ver 1 Corintios 2:2). El hecho de que Él nos salva del pecado y nos santifica hace parte del resultado de su maravillosa y total entrega a nosotros.
Si nos hemos rendido verdaderamente, nunca estaremos conscientes de nuestros propios esfuerzos por permanecer rendidos, pues nuestra vida entera será absorbida por Aquel a quien nos rendimos. Cuídate de hablar de la rendición si no sabes nada al respecto. De hecho, nunca podrás saber hasta que entiendas que Juan 3:16 significa que Dios se dio a sí mismo por completo. En nuestra entrega, debemos darnos a Dios como Él lo hizo por nosotros: total e incondicionalmente y sin ninguna reserva. Entonces no tomaremos en cuenta las consecuencias y circunstancias que resulten de nuestra entrega porque nuestra vida estará totalmente ocupada por Él.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 12 de marzo de 2017
Marzo 12. Entrega
"Entonces Pedro comenzó a decirle: Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido", Marcos 10:28
Y nuestro Señor le responde, en efecto, que esta entrega es por Él mismo y no por lo que los discípulos pudieran obtener (Marcos 10:29). Cuídate de la entrega motivada por los beneficios personales. Por ejemplo: "Me voy a rendir a Dios porque quiero ser liberado del pecado, porque deseo ser santificado". La liberación del pecado y la santificación surgen como resultado de estar bien con Dios, pero esta actitud indudablemente no hace parte de la verdadera naturaleza del cristianismo. Nuestra motivación para rendirnos a Él de ninguna manera puede ser la de una ganancia personal. Nos hemos vuelto tan egocéntricos que sólo acudimos a Dios para recibir algo de Él y no por Él mismo. Es como si dijéramos: "No, Señor, no te quiero a ti, me quiero a mi mismo. Pero deseo que me limpies y me llenes con tu Espíritu Santo. Quiero que me exhibas en tu vitrina y que yo pueda decir: "Esto es lo que Dios ha hecho por mí". Ir al cielo, ser librados del pecado y convertirnos en personas útiles para Dios son bendiciones que nunca se deben tomar en cuenta para una entrega verdadera. Una rendición total y auténtica es una decisión personal y absoluta por Jesucristo mismo.
¿En dónde queda Él cuando nos preocupan nuestras relaciones naturales? La mayoría de nosotros lo abandonamos: "Sí, Señor. Oí tu llamado, pero mi familia me necesitaba. Además, yo tengo mis propios intereses. Sencillamente no puedo seguir adelante". "Entonces", Jesús dice, "no puedes ser mi discípulo" (ver Lucas 9:57-62 y 14:26-33).
La verdadera entrega siempre es superior a nuestra devoción natural al Señor. Ella sobrepasa al apego o lealtad naturales y, Dios, en su propia entrega a nosotros abrirá sus brazos para bendecir a todos aquellos a quienes tuviste que herir al rendirte. Cuídate de abandonar tu entrega a Dios y quedarte en algún punto del camino. La mayoría de nosotros sólo tiene una visión de lo que es rendirse a Él, pero nunca lo ha experimentado verdaderamente.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 11 de marzo de 2017
Marzo 11. Visión
"No fui rebelde a la visión celestial", Hechos 26:19
Si nosotros perdemos la visión que Dios nos ha dado, somos los únicos responsables y la perdemos debido a nuestras “fugas” de tipo espiritual. Si no aplicamos nuestras creencias acerca de Dios en los asuntos de la vida diaria, hasta ahí llega la visión. La única manera no ser rebeldes a la visión celestial es dando lo máximo de nosotros por lo supremo de Él, lo mejor de nosotros por su gloria. Esto sólo es posible cuando decidimos recordar continuamente la visión de Dios, pero la prueba decisiva consiste en obedecer la visión en todos los detalles de nuestra vida cotidiana, en los 60 segundos de cada minuto y durante los 60 minutos de cada hora y no sólo en nuestros tiempos de oración personal o en las reuniones públicas "..Aunque tarde, espérala..." Habacuc 2:3. No podemos hacer cumplir la visión mediante nuestros propios esfuerzos, sino que debemos vivir bajo su inspiración hasta que se cumpla por sí misma. Nos volvemos tan prácticos que la olvidamos. La vimos en un comienzo, pero no la esperamos. Nos apresuramos a hacer el trabajo práctico y cuando la visión se cumplió, ya ni siquiera la podíamos ver. Esperar una visión que se tarda es la verdadera prueba de nuestra fidelidad a Dios. Cuando nos enfrascamos en el trabajo práctico y perdemos el cumplimiento de la visión ponemos en peligro el bienestar de nuestras almas.
Espera las tormentas de Dios. La única forma en que Él siembra a santos es por medio del torbellino de sus tormentas. ¿Vas a demostrar que eres una cáscara vacía sin semilla en el interior? Todo depende de si realmente estás viviendo en la luz de lo que has visto. Deja que Dios te lance a través de su tormenta y no salgas hasta que Él lo haga. Si eliges tu propio lugar para ser sembrado, serás una cáscara vacía e improductiva; pero si permites que Dios te siembre, llevarás mucho fruto (Juan 15:8).
Es esencial que vivamos y andemos en la luz de la visión de Dios para nosotros.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
viernes, 10 de marzo de 2017
Marzo 10. Hablar y ser el mensaje
"Que prediques la palabra...", 2 Timoteo 4:2
No somos salvos únicamente para ser instrumentos o canales de Dios, sino sus hijos e hijas. Él no te convierte en una especie de "médium", sino en un mensajero espiritual y lo que tú comunicas debe ser parte de ti. El mensaje del Hijo de Dios era Él mismo y sus palabras fueron espíritu y vida (Juan 6:63). Como sus discípulos, nuestra vida debe ser un ejemplo santo de la realidad de nuestro mensaje. Hasta el corazón natural del inconverso podrá prestar cualquier servicio, si se le llama a hacerlo. Pero se necesita el corazón quebrantado por la convicción de pecado, bautizado por el Espíritu Santo y rendido en sumisión a los propósitos divinos para que la vida de una persona sea un ejemplo santo del mensaje de Dios.
Existe una diferencia entre dar un testimonio y predicar. El predicador es alguien que ha recibido el llamado y está decidido a usar toda su energía para proclamar la verdad divina. Dios nos saca de la cabeza las ideas personales que tenemos para nuestras vidas y nos moldea para su propósito, como hizo con los discípulos después de Pentecostés. El propósito de Pentecostés no fue enseñarles algo a los discípulos, sino convertirlos en una encarnación de lo que predicaban. "Me seréis testigos...", Hechos 1:8.
Permítele a Dios tener perfecta libertad en tu vida cuando hables. Antes de que el mensaje divino pueda liberar a otras personas, su liberación debe ser real en ti. Reúne el material que necesitas para hablar y luego deja que Dios haga arder tus palabras para su gloria.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
jueves, 9 de marzo de 2017
Marzo 9. La oportunidad de volver atrás
"¿Queréis acaso iros también vosotros", Juan 6:67
¡Qué pregunta tan punzante! Cuando nuestro Señor nos habla de la manera más sencilla, sus palabras nos conmueven más. Nosotros sabemos quién es Jesús y, sin embargo, Él nos pregunta: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Nuestra actitud hacia el Señor debe ser siempre audaz, muy atenta y emprendedora.
"Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con el", Juan 6:66. Desistieron de andar con Jesús. No regresaron al pecado, pero se alejaron de Él. Muchos en la actualidad están consumiendo sus vidas y trabajan para el Señor, aunque en realidad no están andando con El. Lo que Dios pide constantemente de nosotros es que seamos uno con Jesucristo. Después de haber sido apartados mediante la santificación, debemos disciplinar nuestra vida espiritual para tener esta íntima unidad con Él. Cuando Dios te dé un entendimiento claro y categórico de lo que quiere, no intentes mantenerte en esa relación por ningún método en particular. En cambio, vive una vida natural dependiendo por completo de Él. Nunca trates de vivir tu relación con Dios en una línea de conducta que no sea la suya, lo cual significa absoluta consagración a Dios. El secreto de andar con Jesús es tener certeza de que yo no sé, pero Él sí.
Pedro solamente vio a Jesús como alguien que podía ministrarle salvación a él y al mundo. Pero nuestro Señor quiere que seamos sus compañeros, unidos por el mismo yugo.
Más adelante, en el versículo 70, Jesús le recuerda amorosamente a Pedro que fue escogido para acompañarlo. Y ninguno de nosotros puede responder por otros esta pregunta: ¿Queréis acaso iros también vosotros?
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 8 de marzo de 2017
Marzo 8. La vida que se entrega
Para estar unida a Jesucristo, una persona tiene que estar dispuesta no sólo a renunciar al pecado, sino a toda su manera de ver las cosas. Ser nacido de nuevo por el Espíritu de Dios significa que debemos soltar antes de que podamos sujetar algo más. En las primeras etapas lo primero que debemos abandonar es toda pretensión y fingimiento. Lo que nuestro Señor quiere que le presentemos no es nuestra bondad, nuestra honestidad o nuestros esfuerzos por hacer lo mejor, sino el pecado real y cabal. En verdad, eso es lo único que Él puede tomar de nosotros. Y lo que nos da a cambio por nuestro pecado es justicia real y cabal. Pero debemos abandonar toda pretensión de ser algo y todo reclamo de que merecemos consideración por parte de Dios.
Después el Espíritu de Dios nos mostrará qué más necesitamos abandonar. En todas las etapas de este proceso de entrega vamos a tener que renunciar a nuestra pretensión de que tenemos derecho sobre nosotros mismos. ¿Estamos dispuestos a renunciar al control sobre todo lo que poseemos, sobre nuestros deseos y todo lo demás en nuestra vida? ¿Queremos identificarnos con la muerte de Jesucristo?
Antes de rendirnos completamente, siempre sufrimos una aguda y penosa desilusión. Cuando un ser humano se ve a sí mismo como realmente lo ve el Señor, lo que realmente lo impresiona no son los abominables pecados de la carne, sino la horrible naturaleza del orgullo de su propio corazón que se opone a Jesucristo. Cuando se mira a la luz del Señor, la vergüenza, el horror y una agobiante convicción lo afectan profundamente.
Si en este momento te estás enfrentando a la pregunta de si te rindes o no, toma la determinación de atravesar la crisis, entrégalo todo y Dios te hará apto para todo lo que exige de ti.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 7 de marzo de 2017
Marzo 7. Resplandor imperturbable
"Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquél que nos amó" Romanos 8:37
Aquí, Pablo está hablando de lo que al parecer podría separar a un santo del amor de Dios o colocarse en medio de los dos para separarlos. Pero lo extraordinario es que nada puede interponerse entre Él y yo. Las cosas que Pablo menciona en este pasaje pueden interrumpir la comunión íntima de nuestra alma con el Señor y alejar de Él nuestra vida cotidiana. Pero ninguna de ellas tiene la capacidad de interponerse entre el amor de Dios y el alma de un santo en el nivel espiritual. El fundamento sólido de la fe cristiana es el inmerecido e ilimitado milagro de su amor que se manifestó en la cruz del Calvario. Un amor del que de ningún modo somos dignos y nunca lo seremos. Pablo dijo que esta es la razón por la que en todas estas cosas somos más que vencedores y súper victoriosos. Y con un gozo que no tendríamos sino fuera por esas mismas cosas que aparentemente nos van a vencer.
Las olas enormes que asustarían a un nadador común producen gran emoción en el surfista que se ha deslizado sobre ellas. Apliquemos este ejemplo a nuestras circunstancias. Aquello que tratamos de evitar y contra lo cual luchamos, tribulación, angustia y persecución es lo mismo que produce en nosotros un gozo sobreabundante. Somos más que vencedores por medio de Él en todas estas cosas; no a pesar de ellas, sino en medio de ellas. Un santo nunca conoce el gozo del Señor a pesar de la tribulación, sino por causa de ella. Pablo dijo: "Sobreabundo de gozo en medio de todas nuestras tribulaciones", 2 Corintios 7:4.
El resplandor que no mengua con las circunstancias no se fundamenta en algo pasajero, sino en el inmutable amor de Dios. Y las experiencias de la vida, terribles o rutinarias, no tienen el poder de afectar el amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro (Romanos 8:39).
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 6 de marzo de 2017
Marzo 6. En medio de un montón de insignificancias
Cuando no tienes ninguna visión de Dios, cuando no hay entusiasmo en tu vida y nadie te observa ni te anima, entonces necesitas de la gracia del Todopoderoso para dar el siguiente paso en tu consagración a Él, en la lectura y estudio de su Palabra, en tu vida familiar, en tus obligaciones. Para tomar ese paso se requiere muchísima más gracia de Dios y una conciencia mayor de cómo recurrir a Él, que para predicar el Evangelio.
Todo cristiano debe ser partícipe de lo que fue la esencia de la encarnación de Jesús, convirtiendo el siguiente paso en realidades concretas y alcanzándolo con el esfuerzo de sus propias manos. Perdemos el interés y flaqueamos cuando no hay ninguna visión, ánimo, ni progreso, sino la rutina de siempre, las labores triviales. Lo que realmente da testimonio a largo plazo de Dios y de su pueblo es el trabajo persistente y continuo, incluso cuando otras personas no lo pueden ver. La única manera de vivir una vida victoriosa es si tienes la mirada puesta en Dios. Pídele a Él que mantenga los ojos de tu espíritu abiertos al Cristo resucitado y será imposible que la monotonía te desaliente. Nunca le des cabida al pensamiento de que algunas tareas están por debajo de tu dignidad o que son demasiado insignificantes para ti y recuerda el ejemplo de Cristo en Juan 13:1-17.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 5 de marzo de 2017
Marzo 5. ¿Es Él, realmente Señor?
"Con tal que acabe mi carrera con gozo y el ministerio que recibí del Señor Jesús...", Hechos 20:24
El gozo significa el perfecto cumplimiento de aquello para lo cual fui creado y nací de nuevo, y no la realización exitosa de mis escogencias personales. El gozo de nuestro Señor procedía de la ejecución de lo que el Padre le había enviado a hacer. Y Él nos dice: ...Como me envió el Padre, así también yo os envió (Juan 20:21). ¿Recibiste un Ministerio del Señor? Si es así, debes ser fiel a el, estimando tu vida como preciosa tan sólo para el cumplimiento de ese ministerio. Piensa en la satisfacción de escuchar que Jesús te diga: Bien, buen siervo y fiel (Mateo 25:21), de saber que has llevado a cabo lo que te envió a hacer. Todos debemos hallar un lugar en la vida y espiritualmente lo encontramos cuando recibimos un ministerio del Señor. Para lograrlo, debemos tener comunión íntima con Jesús, conocerlo no sólo como nuestro Salvador personal, y estar dispuestos a experimentar el efecto pleno de Hechos 9:16,...yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.
¿Me quieres? Entonces, apacienta mis ovejas (Juan 21:17). Él no nos está dando a escoger cómo podemos servirle. Está pidiendo absoluta fidelidad a su comisión, una fidelidad que podemos discernir cuando estamos en la comunión más cercana posible con Dios. Si tú has recibido un ministerio del Señor Jesús, sabrás que la necesidad no es lo mismo que el llamamiento: la necesidad es la oportunidad de ejercerlo. El llamamiento consiste en ser fiel al ministerio recibido cuando estabas en una verdadera comunión con Él. Esto no implica que exista toda una serie de diferentes ministerios que están señalados para ti. Significa que tendrás que ser sensible a lo que Dios te ha llamado a hacer, lo cual a veces puede requerir que pases por alto las exigencias de servicio en otras áreas.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 4 de marzo de 2017
Marzo 4. ¿Este podría ser mi caso?
Es más fácil servir a Dios sin una visión, más suave trabajar para Él sin un llamamiento, porque entonces no tendrás que molestarte por lo que Él exige. Tu guía será el sentido común, cubierto con una capa de sentimiento cristiano. Si nunca te das cuenta del llamado divino, puedes ser más próspero y exitoso desde el punto de vista del mundo y tendrás más tiempo libre. Pero, una vez que recibas una comisión de Jesucristo, tu memoria siempre te recordará lo que Dios quiere para estimularte a hacer Su voluntad. Ya no podrás trabajar más para Él sobre la base de tu sentido común.
¿Qué es lo que realmente estimo como "precioso"? Si Jesucristo no me ha asido y no me he rendido a Él, consideraré como valiosos mis conceptos personales sobre el servicio, el tiempo que decida darle a Dios, y mi vida. Pablo dijo que estimaba su vida como preciosa únicamente para poder cumplir el ministerio que había recibido y por eso se negó a emplear sus energías en algo diferente. Este versículo muestra el disgusto casi sublime de Pablo cuando se le pide que se considere a sí mismo. Él era absolutamente indiferente a cualquier consideración distinta a la de cumplir el ministerio que había recibido. El trabajo práctico se puede convertir en un rival de nuestra entrega a Él, cuando se basa en los siguientes argumentos: "Recuerda lo útil que eres aquí", o "piensa de cuánto valor serías en esa clase particular de trabajo". Con esta actitud le damos el liderazgo a nuestro propio juicio y no a Jesucristo, para que nos guíe al lugar donde deberíamos ir y donde seríamos de más utilidad. Nunca pienses en si eres útil o no, pero siempre considera que no somos nuestros sino de Él.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
viernes, 3 de marzo de 2017
Marzo 3. La búsqueda sin tregua
"...Apacienta mis ovejas" Juan 21:17
Ese es el amor que está en proceso de formarse, de construirse. Pero el amor de Dios no fue creado, no se formó con el tiempo, que hace parte de su naturaleza. Cuando recibimos al Espíritu Santo, Él nos une a Dios para que su amor se manifieste en nuestra vida. La finalidad del Espíritu que mora en nosotros no es sólo unirnos a Dios, sino hacerlo de tal manera que seamos uno con el Padre, como Jesús lo fue. ¿Qué clase de unidad tenían ellos? Una unidad tal que Jesucristo obedeció cuando su Padre lo envió aquí para ser sacrificado por nosotros. Y Él nos dice: "Como me envió el Padre, así también yo os envío", Juan 20:21.
Por medio de la revelación que obtuvo por la pregunta directa de Jesús, Pedro ahora se da cuenta de que realmente lo ama. La siguiente orden del Señor es: "Sé consumido". "No des testimonio acerca de cuánto me amas y no hagas declaraciones sobre la maravillosa revelación que has tenido; sólo apacienta mis ovejas". Jesús tiene algunas ovejas extraordinariamente raras: ¡Algunas son descuidadas y sucias, otras son torpes o agresivas y algunas se han extraviado! Pero es imposible agotar el amor de Dios y es imposible que mi amor por Él, se agote si fluye del Espíritu de Dios dentro de mí. El amor de Dios no le presta ninguna atención a las distinciones que hace el hombre natural. Si amo a mi Señor, no tengo ningún derecho a dejarme guiar por las emociones naturales; debo apacentar sus ovejas. No vamos a ser liberados o eximidos de esta comisión. Cuídate de falsificar el amor de Dios obedeciendo tus propias emociones, tu entendimiento o tus afinidades naturales. Esto únicamente servirá para blasfemar el verdadero amor de Dios.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
jueves, 2 de marzo de 2017
Marzo 2. ¿Ya sentiste el dolor del Señor?
"Le dijo la tercera vez... ¿me quieres?", Juan 21:17.
¿Alguna vez has sentido el profundo dolor que el Señor te ha ocasionado en lo más íntimo de tu ser, en el área más sensible de tu vida? El diablo nunca te lastima allí, ni tampoco el pecado o las emociones humanas. Nada se abre paso hasta ese lugar, excepto la Palabra de Dios. Pedro se entristeció de que le dijera por tercera vez... Pero se estaba concientizando que en el centro de su vida personal se encontraba consagrado a Jesús, y comenzó a entender el significado de su paciente interrogatorio. En la mente de Pedro no quedaba la más mínima duda y nunca podría volver a ser engañado. No eran necesarios una respuesta apasionada, una acción inmediata o un despliegue emocional. Para él fue una revelación darse cuenta de cuánto amaba al Señor y entonces dijo con asombro: Señor, tú lo sabes todo. Pedro empezaba a ver la medida de su amor por Jesús y no tuvo necesidad de afirmar: "Mira esto o aquello como prueba de mi amor". Estaba descubriendo en su interior cuánto realmente lo amaba. Descubrió que sus ojos estaban tan fijos en Jesucristo que no veía a nadie más arriba en el cielo, ni abajo en la tierra. Sin embargo, sólo se enteró cuando vinieron las preguntas inquisitivas e hirientes del Señor, las cuales siempre revelan mi verdadero yo.
¡Cuán maravillosas fueron la paciente insistencia de Jesucristo y su destreza con Pedro! Nuestro Señor sólo hace preguntas en el momento oportuno. De manera excepcional, aunque probablemente nos ocurrirá por lo menos una vez, Él nos arrinconará y nos herirá con sus preguntas directas. Entonces, comprenderemos que en realidad lo amamos muchísimo más de lo que pudiéramos demostrar con una declaración pública.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 1 de marzo de 2017
Marzo 1. La pregunta directa
“… ¿Me quieres?", (Juan 21:17).
Ahora Pedro ya no hace declaraciones enfáticas como las que encontramos en Mateo 26:33-35. El hombre natural habla con audacia, y proclama sus sentimientos. Sin embargo, el verdadero amor que hay en nuestro hombre interior espiritual solo se puede descubrir cuando experimentamos el dolor de esta pregunta de Jesucristo. Pedro amaba a Jesús como cualquier hombre natural ama a una persona buena. Ese es el amor emocional que puede ser muy profundo en nuestro ser natural, pero que no llega al centro de la persona. El amor verdadero nunca tiene que hacer declaraciones públicas: "todo aquel que me confiese delante de los hombres (es decir, que confiese su amor por medio de todo lo que hace y no simplemente con sus palabras), también el Hijo del hombre lo confesará delante de los ángeles de Dios", Lucas 12:8.
A menos que nos sintamos heridos cada vez que nos engañamos a nosotros mismos, la Palabra de Dios no está obrando en nuestra vida. Ella nos hiere como ningún pecado lo puede hacer, porque el pecado embota nuestros sentidos. Pero esta pregunta del Señor aumenta nuestra sensibilidad hasta el punto de que el dolor que Él nos produce es el más agudo que nos podamos imaginar. Duele no solamente en el nivel natural, sino también en el más profundo nivel espiritual. La Palabra de Dios penetra hasta partir el alma y el espíritu y ningún engaño puede permanecer. Cuando el Señor nos hace esta pregunta es imposible ser sentimentales, porque el dolor es demasiado intenso cuando Él nos habla de manera directa. Nos produce una herida tan grande que sus punzadas se pueden sentir en cualquier parte de nuestra vida que no concuerde con su voluntad. Cuando el dolor de la Palabra del Señor le llega a uno de sus hijos, es inconfundible; pero lo sentimos en el momento en que Dios nos revela su verdad.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
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