Versículo para hoy:
jueves, 19 de enero de 2017
Enero 19. Visión y oscuridad
"A la caída del sol cayó sobre Abram un profundo sopor y el temor de una gran oscuridad cayó sobre él", Génesis 15:12.
Siempre que Dios le da una visión a un cristiano, lo pone bajo la sombra de su mano (Isaías 49:2) y el deber de la mujer o del hombre santo es estar quieto y escuchar. Existe una oscuridad que proviene del exceso de luz y cuando se presenta es el momento de escuchar. La historia de Abram y Agar en Génesis 16 es un excelente ejemplo de lo que significa prestarle oídos a un supuesto buen consejo durante el tiempo de oscuridad, en lugar de esperar a que Dios envíe la luz. Cuando Él te dé una visión y luego estés en oscuridad, espera. El Señor obrará en ti de acuerdo con la visión que te haya dado, si esperas hasta el tiempo apropiado de Él. Nunca trates de ayudarle a cumplir su Palabra. Abram experimentó 13 años de silencio, pero durante ese tiempo toda su autosuficiencia fue destruida. Él creció por encima de la confianza en su propio sentido común. Esos años de silencio fueron un tiempo de disciplina, no un período en el que Dios se encontraba enojado. Nunca es necesario aparentar que tu vida está llena de gozo y confianza; sólo espera en Dios y apóyate en Él (ver Isaías 50:10-11).
¿Tengo alguna confianza en la carne? ¿O he aprendido a ir más allá de toda confianza en mí mismo y en otros hijos de Dios? ¿Confío en libros y oraciones o en otros goces de mi vida? ¿O he puesto mi confianza en Dios mismo y no en sus bendiciones? "Yo soy el Dios Todopoderoso, El Shaddai, el Dios Omnipotente", Génesis 17:1. La razón por la que todos estamos siendo disciplinados es para que sepamos que Él es real. Tan pronto como Dios se vuelve real para nosotros, las personas en quienes hemos confiado pierden su brillo al lado de Él y se convierten en sombras de la realidad. Nada de lo que otros santos hagan o digan podrá perturbar jamás a quien está fundamentado en Dios.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 18 de enero de 2017
Enero 18. ¡Es el Señor!
"Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío!" Juan 20:28.
"...Y Jesús le dijo: Dame de beber..." Juan 4:7. ¡Cuántos de nosotros estamos empeñados en que Jesucristo calme nuestra sed cuando deberíamos estar satisfaciéndolo a Él! Tendríamos que estar derramando nuestras vidas, entregando la totalidad de nuestro ser y no acercándonos a Él para que nos satisfaga... "Me seréis testigos..." Hechos 1:8. Esto significa una vida de devoción pura, que no hace concesiones y sin restricciones para el Señor Jesús, una vida de satisfacción para Él, dondequiera que nos envíe.
Guárdate de cualquier cosa que contienda con tu lealtad a Jesucristo. El mayor rival de la verdadera devoción a Jesús es el servicio que realizamos para Él. Resulta más fácil servir que derramarle nuestras vidas completamente a Jesús. El objetivo del llamado de Dios es su satisfacción, no simplemente que hagamos algo para Él. No somos enviados para luchar a favor de Dios, sino para que Él nos use en sus batallas. ¿Estamos más dedicados al servicio que a Jesucristo mismo?
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 17 de enero de 2017
Enero 17. La vocación de la vida natural
"Pero cuando agradó a Dios... revelar a su Hijo en mí..." Gálatas 1:15-16.
El llamado de Dios no es un llamamiento para servirle de un modo particular. La forma como yo interpreto el servicio se debe a que mi contacto con la naturaleza divina me permite comprender lo que yo deseo hacer para Él. El llamado de Dios es una expresión de su naturaleza; mi servicio es el resultado de lo que se ajusta a la mía. La vocación de la vida natural fue enunciada por el apóstol Pablo: "Pero cuando agradó a Dios... revelar a su Hijo en mí, para que yo lo predicara [es decir, que expresara de manera pura y solemne], entre los gentiles..."
El servicio es el desbordamiento que brota de una vida llena de amor y devoción. Es lo que yo aporto a la relación y el reflejo de mi identificación con la naturaleza divina. Pero, en un sentido estricto, no existe ningún llamado al servicio, el cual se convierte en una parte natural de mi vida. Dios me conduce a una correcta relación con Él para que pueda entender su llamado; después yo le sirvo por mi cuenta debido a una motivación de amor absoluto. El servicio a Dios es el regalo deliberado de amor de una naturaleza que ha escuchado el llamamiento divino. El servicio es una expresión de mi naturaleza y el llamado de Dios una expresión de la suya. En consecuencia, cuando recibo su naturaleza y escucho su llamado, su voz divina resuena por toda su naturaleza y la mía, y las dos se vuelven una sola en el servicio. El Hijo de Dios se revela en mí y el servicio se convierte en mi forma cotidiana de vida, por causa de mi devoción a Él.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 16 de enero de 2017
Enero 16. La voz de la naturaleza de Dios
"Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?" Isaías 6:8.
Cuando hablamos del llamado de Dios olvidamos lo más importante, es decir, la naturaleza de quien hace el llamamiento. En la actualidad, muchas cosas nos están llamando a cada uno de nosotros.
Atenderemos algunos de estos llamados y otros ni siquiera los vamos a oír. El llamamiento es la expresión de la naturaleza de Aquel que llama y únicamente lo podemos reconocer si esa misma naturaleza se encuentra en nosotros. El llamado de Dios expresa su esencia, no la nuestra. Dios teje de manera providencial los hilos de su llamado a través de nuestras vidas y sólo nosotros podemos distinguirlos. Como es el tejido de su voz, directamente para nosotros y sobre un asunto en particular, es inútil pedir la opinión de otra persona. Los tratos con respecto al llamado de Dios deben mantenerse exclusivamente entre nosotros y Él.
El llamamiento de Dios no es un reflejo de mi naturaleza; mis deseos y temperamento no son tenidos en cuenta. Mientras insista en mis propias cualidades y los rasgos de mi carácter, y piense en aquello para lo cual soy apto, nunca oiré el llamado divino. Pero cuando Dios me lleve a una correcta relación con Él, me encontraré en las mismas condiciones que Isaías. Su alma estaba tan acorde con Dios, debido a la gran crisis que acababa de soportar, que el llamado divino traspasó su alma. Como la mayoría de nosotros sólo podemos oírnos a nosotros mismos, no podemos escuchar nada de lo que Dios nos dice. Sin embargo, ser conducidos al lugar donde podemos oír su llamado significa ser profundamente transformados.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 15 de enero de 2017
Enero 15. ¿Andas de blanco?
"Porque somos sepultados juntamente con él... a fin de que como Cristo resucitó de los muertos... así también nosotros andemos en vida nueva", Romanos 6:4
Nadie experimenta una completa santificación sin pasar por un "funeral blanco", el entierro de la vieja vida. Si nunca se ha presentado este momento crucial de cambio por medio de la muerte, la santificación sólo será para nosotros un sueño esquivo. Debe haber un "funeral blanco", una muerte que tiene tan sólo una resurrección: resucitar a la vida de Jesucristo. Nada puede derrotar una vida así, pues está en unidad con Dios con el único propósito de ser su testigo.
¿En realidad ya te llegó tu hora? En tu mente llegaste muchas veces al final de tus días, pero ¿realmente lo has experimentado? No puedes morir o asistir a tu funeral con entusiasmo. La muerte significa que dejas de existir. Debes ponerte de acuerdo con Dios y dejar de ser la clase de cristiano intensamente contencioso que has sido. Nosotros evitamos el cementerio y rechazamos continuamente nuestra propia muerte. No es luchando que vamos a la muerte, sino rindiéndonos a ella, es decir, siendo bautizados en su muerte (Romanos 6:3).
¿Ya tuviste tu funeral blanco o estás engañando con devoción a tu propia alma? ¿Existe un momento exacto en tu vida que ahora tienes presente como tu último día? ¿Hay un espacio en tu existencia que evoques humildad y una irresistible gratitud, de tal forma que puedas declarar sinceramente: "Sí, allí fue, en mi funeral blanco, donde me puse de acuerdo con Dios?"
"La voluntad de Dios es vuestra santificación..." 1Tesalonicenses 4:3. Cuando comprendas verdaderamente que esta es la voluntad de Dios participarás del proceso de santificación de la forma más natural.
¿Estás dispuesto a experimentar ahora este "funeral blanco"? ¿Te pondrás de acuerdo con Él en que este es tu último día sobre la tierra? El momento del acuerdo depende de ti.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 14 de enero de 2017
Enero 14. Llamado por Dios
"Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré y quién irá por nosotros? entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí". Isaías 6:8
El Señor no le dirigió su llamado a Isaías, sino que el profeta le oyó decir: "¿quién irá por nosotros?" El llamado divino no es sólo para unos pocos escogidos; es para todo el mundo. Si escucho o no su llamado depende de la condición de mis oídos y lo que oigo exactamente depende de mi actitud espiritual. Pues muchos son llamados, pero pocos escogidos (Mateo 22:14). Es decir, pocos prueban que son los escogidos. Éstos son los que han entrado en una relación con Dios por medio de Jesucristo, cuya condición espiritual ha sido cambiada y sus oídos abiertos. Entonces escuchan la voz del Señor que continuamente pregunta: "¿Quién irá por nosotros?" Dios no elige a alguien y le dice: "Ahora, ve tú". Él no le impuso su voluntad a Isaías cuya respuesta, en completa libertad, solo podía ser: "Heme aquí, envíame a mí".
Aparta de tu mente la idea de suponer que Dios va a venir a obligarte o suplicarte. Cuando nuestro Señor llamó a sus discípulos no hubo ninguna presión irresistible desde afuera. La tranquila aunque vehemente insistencia de su "venid en pos de mí" les fue dirigida a hombres que tenían todos sus sentidos receptivos (Mateo 4:19). Si permitimos que el Espíritu Santo nos lleve cara a cara con Dios, también escucharemos lo que oyó Isaías la voz del Señor y, en perfecta libertad, también diremos: "Heme aquí, envíame a mí".
viernes, 13 de enero de 2017
Enero 13. ¿Alguna vez has estado a solas con Dios?
"Cuando quedó sólo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola", Marcos 4:10
Él a solas con nosotros. Cuando Dios nos lleva a estar a solas por medio del sufrimiento, la aflicción, o la tentación, por la desilusión y la enfermedad, o por los deseos frustrados, por una amistad rota o una nueva amistad; cuando permite que nos encontremos completamente solos y enmudecidos, incapaces de hacer siquiera una pregunta, entonces Él empieza a enseñarnos. Observemos el entrenamiento de Jesucristo para los doce. Eran los discípulos, no la muchedumbre, quienes estaban confundidos. Constantemente le estaban haciendo preguntas y Él siempre les explicaba las cosas; pero no las entendieron hasta que recibieron al Espíritu Santo (ver Juan 14:26).
Mientras caminas con Dios, lo único que Él quiere que sea claro para ti es la forma en que trata con tu alma. Las penas y dificultades en la vida de otras personas te resultarán totalmente confusas. Dejamos de creer que entendemos la lucha del otro sólo cuando Dios pone al descubierto los mismos defectos en nuestra vida. Existen vastas áreas de terquedad e ignorancia que el Espíritu Santo tiene que revelar en cada uno de nosotros, pero esto ocurre únicamente cuando Jesús nos lleva a estar solos. ¿Estamos ahora a solas con Él, o nos preocupan más nuestras propias ideas, amistades y los cuidados de nuestro cuerpo? Jesús sólo puede enseñarnos algo cuando acallamos todas nuestras preguntas intelectuales y nos encontramos a solas con ÉL.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
jueves, 12 de enero de 2017
Enero 12. ¿Alguna vez has estado a solas con Dios?
"...aunque a sus discípulos se lo explicaba todo en privado", Marcos 4:34
Nosotros a solas con Él. No todo el tiempo Jesús se aparta con nosotros para aclararnos las cosas. Él nos las explica a medida que las podemos entender. Las vidas de otros son un ejemplo, pero Dios nos pide que examinemos nuestras propias almas. Es un trabajo lento, tan lento que Dios se tarda todo el tiempo y aun la eternidad para hacer a un hombre o una mujer conforme a su propósito. La única forma en que podemos ser útiles para Dios es permitiéndole que nos muestre las áreas profundas y ocultas de nuestro carácter. ¡Es sorprendente cuán ignorantes somos con respecto a nuestro ser! Ni siquiera reconocemos nuestra envidia, orgullo o pereza cuando se hacen evidentes delante de nuestros ojos. Pero Jesús nos revela todo lo que hemos guardado en nuestro interior antes de que su gracia comenzara a obrar. ¿Cuántos de nosotros hemos aprendido a mirarnos interiormente con valentía?
Tenemos que desechar la idea de que nos entendemos a nosotros mismos. Este siempre es el último pedazo de orgullo que se va. Dios es el único que nos entiende. La maldición más grande en nuestra vida espiritual es el orgullo. Si alguna vez hemos tenido una breve visión de lo que somos ante los ojos de Dios, nunca vamos a decir: "¡Oh, soy tan indigno!" Entenderemos que así es, sin necesidad de decirlo. Sin embargo, mientras todavía conservemos alguna duda de que no somos dignos, Dios continuará rodeándonos, apretando el cerco hasta que nos encontremos a solas con Él. Mientras que exista algún elemento de orgullo o vanidad, Jesús no podrá enseñarnos nada. Nos permitirá sufrir el quebrantamiento o la desilusión que sentimos cuando nuestro orgullo intelectual está herido. Él nos revelará numerosas pasiones y deseos desordenados, acerca de los cuales nunca nos imaginamos que tendría que llevarnos a estar a solas con Él. Se nos muestran muchas cosas, a menudo sin resultados. Pero cuando Dios nos hable a solas acerca de ellas, serán claras para nosotros.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 11 de enero de 2017
Enero 11. Lo que les cuesta a otros mi obediencia
"Tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz", Lucas 23:26
Nuestra obediencia a Dios les cuesta más a otras personas que a nosotros, y es ahí donde comienza el dolor. Si amamos a nuestro Señor, la obediencia no nos cuesta nada y, por el contrario, es un deleite. Pero les cuesta mucho a quienes no lo aman. Ya que obedecer a Dios trastorna los planes de otras personas, ellas se burlarán de nosotros, diciendo: "¿A esto le llamas cristianismo?" Podemos evitar el sufrimiento, pero no si vamos a obedecer a Dios. Debemos dejar que se pague el precio.
Cuando nuestra obediencia empieza a costarles a otros un precio, nuestro orgullo humano se atrinchera y decimos: "Jamás aceptaré nada de nadie". Pero debemos hacerlo, o desobedeceremos a Dios. No tenemos ningún derecho a pensar que las relaciones que tenemos con otras personas deberían ser de una clase diferente de las que el mismo Señor mantuvo (ver Lucas 8:1-3).
El estancamiento en la vida espiritual se presenta cuando decimos que sólo nosotros vamos a sufrir todas las consecuencias. Y realmente no podemos. Por estar muy involucrados en los propósitos universales de Dios, otros se afectan de inmediato cuando lo obedecemos a Él. ¿Vamos a permanecer fieles en nuestra obediencia a Dios y estaremos dispuestos a sufrir la humillación porque rehusamos ser independientes? ¿O tomaremos la actitud opuesta, declarando que "no haremos sufrir a otras personas"? Podemos escoger desobedecer a Dios, lo cual aliviará enseguida la situación, pero contristaremos a nuestro Señor. Mientras que, si lo obedecemos, Él cuidará de aquellos que han sufrido las consecuencias de nuestra obediencia.
Simplemente debemos obedecer, y dejarle todas las consecuencias a Él. Guárdate de la tendencia a darle órdenes a Dios con respecto a lo que tú permitirás que suceda, si lo obedeces.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 10 de enero de 2017
Enero 10. Los ojos abiertos.
"Para que abras sus ojos... para que reciban... perdón de pecados", Hechos 26:18
En todo el Nuevo Testamento este versículo constituye el mejor resumen de la verdadera esencia del mensaje de un discípulo de Jesucristo.
La primera obra de gran poder de la gracia de Dios se resume en las palabras: "para que reciban... perdón de pecados". Cuando una persona fracasa en su experiencia cristiana personal, casi siempre se debe a que nunca ha recibido nada. La única señal de que alguien es salvo, es que ha recibido algo de Jesucristo.
Nuestro trabajo como obreros de Dios es abrirles los ojos a las personas para que se vuelvan de las tinieblas a la luz, lo cual no es la salvación; es la conversión, es decir, el esfuerzo de un ser humano que se ha despertado. No creo que generalice demasiado cuando digo que la mayoría de cristianos nominales son de esta clase. Sus ojos se han abierto, pero no han recibido nada. La conversión no es regeneración. Este es un hecho que hemos pasado por alto en nuestra predicación actual. Cuando una persona ha nacido de nuevo, lo sabe porque recibió algo como regalo del Dios Todopoderoso y no debido a su propia decisión. Las personas pueden hacer votos y promesas, y pueden estar decididas a seguir hasta el final, pero nada de esto es la salvación. La salvación significa que somos colocados en una posición donde podemos recibir algo de Dios con base en la autoridad de Jesucristo, es decir, el perdón de los pecados.
Y después viene la segunda obra poderosa de la gracia: "...daros herencia con todos los santificados", Hechos 20:32. En la santificación, quien ha nacido de nuevo le cede deliberadamente a Jesucristo su derecho sobre sí mismo, y se identifica por completo con el ministerio de Dios hacia otras personas.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 9 de enero de 2017
Enero 9. Un examen interior en intercesión.
"...Y todo vuestro ser - espíritu, alma y cuerpo - sea guardado irreprensible", 1 Tesalonicenses 5:23.
Todo vuestro ser. La excelente y misteriosa obra del Espíritu Santo ocurre en los lugares más recónditos de nuestro ser, a los cuales no podemos llegar. Lee el Salmo 139. Aquí el salmista da a entender: “Oh Señor, tú eres el Dios de los amaneceres, el Dios de la profunda noche, el Dios de las cimas de las montañas, y el Dios del mar. Pero, mi Dios, el alma mía tiene horizontes más lejanos que los de las madrugadas, tinieblas más oscuras que las noches de la tierra, cumbres más altas que las de cualquier montaña, abismos más profundos que cualquier mar de la naturaleza. Tú, que eres el Dios de todas estas cosas, sé mi Dios. No puedo alcanzar las alturas ni las profundidades. Existen motivos que no puedo descubrir, sueños que no puedo alcanzar. Dios mío, examíname".
¿Creemos que Dios puede fortalecer y proteger nuestros procesos mentales en una medida muchísimo mayor que la de nuestras posibilidades? "La sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado", 1 Juan 1:7. Si este versículo se refiere únicamente a la limpieza en nuestro nivel consciente, ¡qué Dios tenga misericordia de nosotros! La persona que ha sido embotada por el pecado dirá que ni siquiera es consciente de él. Pero la limpieza del pecado que experimentamos alcanzara las alturas y profundidades de nuestro espíritu, si nosotros andamos en luz, como él está en luz. El mismo Espíritu que nutrió la vida de Jesucristo alimentará la vida de nuestro espíritu. Sólo cuando Dios nos protege con la milagrosa santidad de su Espíritu, nuestro espíritu, alma, y cuerpo pueden ser guardados en una rectitud sin mancha hasta la venida de Jesús, y Dios ya no nos reprueba.
Deberíamos permitir que nuestras mentes mediten con mayor frecuencia en estas grandiosas y monumentales verdades de Dios.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 8 de enero de 2017
Enero 8. ¿Mi sacrificio vive?
"...edificó allí Abraham un altar... ató a Isaac, su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña". Génesis 22:9.
Este acontecimiento ilustra el error que cometemos al creer que lo máximo que Dios requiere de nosotros es el sacrificio de la muerte. Lo que Dios desea es el sacrificio a través de la muerte, el cual nos capacita para hacer lo que hizo Jesús, es decir, sacrificar nuestras vidas. No: "Señor, estoy dispuesto a ir contigo... a la muerte", Lucas 22:33, sino: "Estoy dispuesto a identificarme con tu muerte de modo que pueda sacrificar mi vida para Dios".
¡Al parecer, creemos que Dios quiere que renunciemos a cosas! Dios purificó a Abraham de este disparate, y está realizando el mismo proceso en nuestras vidas. Él nunca nos pide que abandonemos algo por el simple hecho de dejarlo. Más bien, nos pide que renunciemos a eso debido a lo único que vale la pena tener: la vida con Él. Es cuestión de soltar las ataduras que restringen nuestras vidas. Y esos lazos se desatan de inmediato cuando nos identificamos con la muerte de Jesús. Entonces, entramos en una relación con Dios que nos permite sacrificar nuestra vida para Él.
Para Dios no tiene ningún valor que le entregues tu vida para morir, Él quiere que seas un sacrificio vivo, que le permitas tener todas tus fuerzas las cuales han sido salvadas y sacrificadas a través de Jesús (Romanos 12:1). Esto es aceptable para Dios.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 7 de enero de 2017
Enero 7. Intimidad con Jesús
"Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido. Felipe?" Juan 14:9.
Estas palabras no se pronunciaron a manera de reprensión, ni con sorpresa. El Señor estaba animando a Felipe para que se acercara más a Él. Jesús es la última persona con quien intimamos. Antes de Pentecostés, los discípulos conocían a Jesucristo como el Único que les otorgaba poder para vencer a los demonios y producir un avivamiento (ver Lucas 10:18-20). Era una familiaridad maravillosa. Sin embargo, venía una intimidad más estrecha: "Pero os he llamado amigos", Juan 15:15. La amistad verdadera es poco común en la tierra. Significa identidad de pensamiento, corazón y espíritu. Toda la experiencia de la vida ha sido diseñada con el fin de capacitarnos para entrar en esta relación más íntima con Jesucristo. Recibimos sus bendiciones y conocemos su palabra, pero ¿lo conocemos a Él realmente?
Jesús dijo: "Os conviene que yo me vaya", Juan 16:7. El Señor dejó de relacionarse de esa manera para guiarlos aun más cerca de Él. Jesús se goza cuando un discípulo invierte tiempo para caminar más íntimamente con Él. Llevar fruto siempre aparece en las Escrituras como el resultado visible de una relación íntima con Jesucristo (ver Juan 15:1-4).
Una vez que llegamos a una intimidad con Jesús, nunca más nos encontramos solos y nunca nos faltan comprensión ni compasión. Podemos abrirle continuamente nuestro corazón sin parecer demasiado sentimentales o patéticos. El cristiano que está en verdadera intimidad con Jesús nunca atraerá la atención sobre sí mismo; antes bien, sólo dará muestras de una vida en la que Jesús está completamente en control.
Este es el resultado de permitir que Jesús satisfaga todas las áreas de la vida, hasta lo más profundo. La imagen que resulta de una vida así es la de un equilibrio firme y tranquilo que nuestro Señor les confiere a quienes tienen intimidad con Él.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
viernes, 6 de enero de 2017
Enero 6. Adoración
"Y plantó su tienda entre Betel al occidente y Hai al oriente; edificó en ese lugar un altar a Jehová e invocó el nombre de Jehová", Génesis 12:8.


La adoración consiste en darle a Dios lo mejor que Él te ha dado. Ten cuidado con la manera como utilizas lo mejor que posees. Siempre que recibas una bendición del Señor, devuélvela como una ofrenda de amor. Toma tiempo para meditar delante de Él y ofrécele de vuelta su bendición, en un acto deliberado de adoración. Si la retienes, se volverá una podredumbre seca, como ocurrió con el maná cuando se acaparó (ver Éxodo 16:20). Dios nunca permitirá que te guardes completamente para ti una bendición espiritual. Debes devolverla para que Él la convierta en una bendición para otras personas.
Betel simboliza la comunión con Dios y Hai simboliza el mundo. Abram plantó su tienda entre las dos. El valor perdurable de nuestra actividad pública para Dios se mide por la profundidad de la intimidad de nuestros tiempos privados de comunión y unidad con Él. Nunca es correcto apresurarnos al entrar y salir de la adoración, pues siempre hay tiempo suficiente para adorar a Dios. Apartar algunos días para el reposo puede ser una trampa porque le resta valor a la necesidad de tener diariamente tiempos de quietud con Él. Por eso, debemos plantar nuestra tienda donde siempre contemos con el tiempo para la quietud con Él, sin importar lo bulliciosos que puedan ser nuestros tiempos con el mundo. Existen tres niveles en la vida espiritual: adoración, espera, y trabajo. Sin embargo, algunos de nosotros parecemos saltar, como ranas espirituales, de la adoración a la espera, y de la espera al trabajo. La intención de Dios es que los tres vayan unidos, como un todo. En la vida de nuestro Señor siempre estuvieron juntos y en perfecta armonía. Esta es una disciplina que debemos desarrollar y que no se adquirirá de la noche a la mañana.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
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