Versículo para hoy:
lunes, 2 de enero de 2017
Enero 2. ¿Saldrás sin saber a dónde?
"...Y salió sin saber a dónde iba", Hebreos 11:8.
¿Has "salido" alguna vez de esta manera? Si así es, no existe ninguna respuesta lógica cuando alguien te interroga acerca de lo que estás haciendo. Una de las preguntas más difíciles de responder en el trabajo cristiano es: "¿Qué es lo que esperas hacer?" No sabes lo que vas a hacer. Lo único que sabes es que Dios sabe lo que Él está haciendo. Examina continuamente tu actitud hacia Dios y verifica si estás dispuesto a "salir" en cada área de tu vida, confiando plenamente en Él. Esa actitud siempre te mantendrá a la expectativa, porque no sabes lo que Él va a hacer después. Al levantarte cada mañana tienes una nueva oportunidad para "salir" edificando tu confianza en Dios. "No os angustiéis por vuestra vida... ni por el cuerpo", Lucas 12:22. En otras palabras, no te preocupes por las cosas que te preocupaban antes de “salir”.
¿Le has estado preguntando a Dios lo que va a hacer? Nunca te lo dirá. Él no te cuenta lo que va a hacer; te revela quién es Él. ¿Crees en un Dios que hace milagros y vas a "salir" rendido completamente a Él, hasta que nada de lo que haga te sorprenda en lo más mínimo?
Cree que Dios siempre es el Dios que tú has conocido cuando estás muy cerca de Él, y luego piensa en lo innecesario e irrespetuoso que es la preocupación. Permite que la actitud de tu vida sea de continua disposición a "salir" confiando en Dios y tu vida tendrá un carisma sagrado e inexpresable muy satisfactorio para Jesús. Tienes que aprender a "salir" a través de tus convicciones, creencias o experiencias, hasta que alcances el punto en tu fe donde nada se interponga entre tú y Dios.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 1 de enero de 2017
Enero 1. ¡No nos salgamos del tema!
"Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, tanto si vivo como si muero", Filipenses 1:20.
Lo máximo de mí por lo supremo de Él. "Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado". Todos nos sentiremos muy avergonzados si no le rendimos a Cristo las áreas de nuestra vida que Él nos ha pedido. Es como si Pablo estuviera diciendo: "Mi determinación es dar lo máximo de mí por lo supremo de Él. Lo mejor de mí para su gloria". Llegar a este nivel de decisión es cuestión de voluntad, no de argumentos ni de razonamientos. Es una absoluta e irrevocable rendición de la voluntad en esas áreas. Lo que nos impide tomar esa decisión es el indebido interés y consideración por nosotros mismos, aunque lo encubrimos con el pretexto de que nuestra preocupación es por otras personas. Cuando pensamos en lo que les costará a otros nuestra obediencia al llamado de Jesús, le decimos a Dios que Él no entiende lo que eso significa. Él sí entiende, ¡no nos salgamos del tema! Desechemos cualquier otro pensamiento y mantengámonos delante de Dios con un solo propósito: Lo máximo de mí por lo supremo de Él. Estoy decidido a ser absoluta y enteramente de Él, y sólo de Él.
Mi irrefrenable determinación por su santidad. Si implica vivir o morir, ¡no importa! (ver Filipenses 1:21). Pablo decidió que nada lo iba a apartar de hacer exactamente lo que Dios quería. Pero, antes de que nosotros escojamos obedecer la voluntad de Dios, se debe presentar una crisis en nuestra vida. Debido a nuestra tendencia a ser indiferentes a sus suaves llamados de atención, Él nos coloca en una situación en la que nos pide que seamos lo máximo para Él, pero nosotros empezamos a discutir. Entonces, Él de manera providencial ocasiona una crisis durante la cual debemos decidir en favor o en contra. Ese momento se convierte en una gran encrucijada de nuestra vida. Si una crisis te ha sobrevenido en cualquier área, somete absoluta e irrevocablemente tu voluntad a Jesús.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 31 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 31
“Pasóse la siega, acabóse el verano y nosotros no hemos sido salvos”. Jeremías 8:20.
¡NO salvo! Querido lector, ¿es esta tu triste condición? Tú has sido advertido tocante al juicio venidero, fuiste exhortado a “escapar por tu vida” y, sin embargo, todavía no eres salvo. Tú conoces el camino de la salvación, has leído la Biblia, la has oído predicar desde el púlpito, te ha sido explicada por tus amigos; sin embargo, la has desatendido y, en consecuencia, no eres salvo. No tendrás excusa cuando el Señor juzgue a los vivos y a los muertos. El Espíritu Santo te ha dado siempre alguna bendición, al oír tú la palabra predicada en tus oídos, y tiempos de refrigerio vinieron de la presencia del Señor; y, con todo, tú estás sin Cristo. Todas estas sazones llenas de esperanza han venido y se han ido, tu verano y tu siega se acabaron y, a pesar de eso, tú no eres salvo. Los años han entrado uno tras otro en la eternidad; tu último año pronto se hará presente. La juventud se ha ido, las fuerzas han desaparecido y, sin embargo, tú no eres salvo. Permíteme preguntarte: ¿Deseas en verdad ser salvo? ¿Hay alguna probabilidad de que esto se realice? Ya han pasado las sazones más propicias y tú quedaste sin ser salvo. ¿Podrán otras ocasiones cambiar tu condición? Los medios no dieron resultado; ni aun dio resultado el mejor de todos los medios, aunque fue usado con perseverancia y con el más profundo afecto. ¿Qué más puede ser hecho en favor de ti? Tanto la aflicción como la prosperidad no pudieron impresionarte; las lágrimas, las oraciones y los sermones se han estrellado contra tu árido corazón. ¿No han muerto las probabilidades de que alguna vez llegues a ser salvo? ¿No es, en realidad, más que probable que quedarás como estás hasta que la muerte cierre para siempre la puerta de la esperanza? ¿Te espanta esta suposición? Sin embargo, esta suposición es la más razonable; pues el que no es lavado en medio de tantas aguas, seguirá, con toda probabilidad, sucio hasta el fin. El tiempo oportuno nunca llegó para ti. ¿Por qué ha de llegar alguna vez? Es lógico temer que nunca llegue y que, a semejanza de Félix, tú no halles tiempo oportuno hasta que estés en el infierno. ¡Oh! recuerda qué es el infierno y piensa en la espantosa probabilidad de que pronto serás arrojado en él.
Lector, si mueres sin Cristo, no hay palabras que puedan describir tu perdición. Tu espantoso estado habría que describirlo con lágrimas y sangre y habría que hablar de él con gemidos y crujir de dientes. Tú “serás castigado de eterna perdición por la presencia del Señor y por la gloria de su potencia”. La voz de un hermano bien debiera llamarte a la reflexión. ¡Oh! sé sabio, sé sabio a tiempo y antes que empiece otro año, cree en Jesús, quien te puede salvar eternamente. Consagra estas últimas horas a una íntima reflexión; y si se produce en ti un profundo arrepentimiento, gózate; y si el arrepentimiento te guía a poner fe humilde en Jesús, alégrate sobremanera. ¡Oh! procura que no termine este año sin ser salvo. ¡No dejes que te sorprendan los repiques de medianoche sin haber sido perdonado! ¡Ahora, ahora, AHORA, cree y vive!
Escapa por tu vida;
No mires tras de ti,
Ni pares en toda esta llanura,
Escapa al monte,
No sea que perezcas.
Charles Haddon Spurgeon.
viernes, 30 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 30
“¿No sabes tú que al cabo se sigue amargura?” 2 Samuel 2:26.
SI tú, querido lector, eres simplemente uno que profesa y no uno que posee la fe que es en Cristo Jesús, las siguientes líneas te presentarán un bosquejo de tu fin. Tú eres uno de los que asisten a un lugar de culto. Vas allí porque van otros, no porque tu corazón esté en buena relación con Dios. Este es tu principio. Quiero suponer que a lo largo de los próximos veinte o treinta años se te permitirá seguir como hasta ahora, profesando la religión en forma superficial, pero no poniendo en ella tu corazón. Anda despacio, pues tengo que hacerte ver la agonía de uno como tú. Mirémoslo con piedad: Un sudor viscoso cubre su frente; se despierta y clama diciendo: “¡Oh Dios! qué penoso es morir. ¿No harás venir a mi pastor?” “Sí, ya viene”. Llega el pastor y el moribundo le dice: “Pastor, temo que esté muriéndome”. El pastor le contesta: “¿Tiene Ud. alguna esperanza?” El paciente responde: “Yo no puedo decir que la tenga. Temo estar delante de mi Dios. Ore usted por mí”. Se eleva la oración por él con sincero fervor, y se le presenta por la décimo milésima vez el camino de la salvación, pero antes que pueda prenderse de la soga de la salvación, veo que se hunde. Ya puedo poner mis dedos sobre sus fríos párpados, pues esos ojos ya no verán nada más aquí. Pero, ¿dónde está ahora el hombre y dónde están sus verdaderos ojos? Escrito está: “Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos”. ¡Ay! ¿por qué no alzó esos ojos antes? Porque estaba tan acostumbrado a oír el Evangelio, que su alma se durmió bajo su predicación. ¡Ay! si tú llegas a levantar tus ojos allí, cuán amargos serán tus lamentos. Deja que las palabras mismas del Salvador te revelen el pesar: “Padre Abraham, envía a Lázaro que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”. Hay un espantoso significado en estas palabras. Que nunca tengas que deletrearlas a la roja luz de la ira de Dios.
Charles Haddon Spurgeon.
jueves, 29 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 29
“¿Qué os parece del Cristo?” Mateo 22:42.
LA gran prueba de la salud de tu alma está en esta pregunta: “¿Qué te parece del Cristo?” ¿Es él para ti “mas hermoso que los hijos de los hombres”, “señalado entre diez mil”, “todo codiciable”? Donde Cristo es así estimado, todas las facultades del hombre espiritual se adiestran con energía. Yo juzgaré tu piedad por este barómetro: ¿qué lugar ocupa Cristo en tu pensamiento, elevado o bajo? Si has pensado livianamente de Cristo; si te has satisfecho con vivir sin su presencia; si su honor te ha importado poco; si has sido negligente con sus leyes, entonces sé que tu alma está enferma. ¡Dios quiera que no siga enferma hasta la muerte! Pero si el primer pensamiento de tu espíritu fue cómo honrar a Jesús, si el deseo cotidiano de tu alma halló expresión en las palabras de Job: “¡Oh! si supiese dónde hallarlo”, entonces te digo que, aunque tengas mil debilidades y conozcas apenas si realmente eres un hijo de Dios, yo tengo la persuasión de que, no obstante todo eso, estás seguro, pues Jesús es grande en tu estima. A mí no me importan tus harapos. Lo que me importa es lo que piensas del regio atavío de Cristo. No me interesan tus heridas, aunque ellas manen sangre a torrentes. Lo que me interesa es lo que tú piensas del Rey en su belleza. ¿Tiene él en tu corazón un trono glorioso y elevado? ¿Lo colocarías más alto si pudieras? ¿Quisieras tú desear morir si con eso pudieras añadir sólo una trompeta a los acordes que proclaman sus alabanzas? ¡Oh! entonces vas bien. Cualquiera sea el concepto que tengas de ti mismo, si Cristo es grande para ti, tú estarás con él antes de mucho. “Aunque todo el mundo se ría de mi elección, Jesús será mi porción. Ningún otro me satisface, pues él es el más hermoso entre los hermosos”.
Charles Haddon Spurgeon.
miércoles, 28 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 28
“No he venido para meter paz, sino espada”. Mateo 10:34.
EL cristiano, sin duda, tendrá enemigos. El procurará desde luego no tener ninguno; pero, si por hacer lo recto y confiar en la verdad, llega a perder todos los amigos terrenales, no le importará mucho, pues su gran Amigo, que está en los cielos, le ofrecerá, por su fidelidad, una amistad más íntima y se manifestará a él más bondadosamente que nunca. ¡Oh! vosotros que habéis tomado su cruz, ¿no sabéis lo que dijo nuestro Señor? Dijo: “He venido para hacer disensión del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su casa”. Cristo es el gran Pacificador, pero antes de la paz trae la guerra. Donde llega la luz, las tinieblas tienen que retirarse. Donde se hace presente la verdad, la mentira debe huir. Si se queda, se producirá un gran conflicto, pues la verdad no puede ni quiere bajar su bandera y, por lo tanto, la mentira tiene que ser puesta debajo de los pies. Si tú sigues a Cristo, todos los perros del mundo estarán ladrando tras tuyo. Si quieres vivir de tal manera como para soportar la prueba del último tribunal, ten por cierto que el mundo no hablará bien de ti. El que es amigo del mundo es enemigo de Dios. Pero si te muestras sincero y fiel para con el Altísimo, los hombres se sentirán ofendidos por tu inquebrantable fidelidad, pues ella es un testimonio contra sus iniquidades. Necesitarás el coraje de un león para proseguir, sin titubear, una carrera que convertirá a tus mejores amigos en tus peores enemigos. Pero, por amor a Jesús, debes ser valiente. Arriesgar reputación y afecto por causa de la verdad es un acto de tal naturaleza que para practicarlos constantemente necesitarás un grado tal de principio moral que sólo el Espíritu de Dios puede producir en ti. No vuelvas, sin embargo, tu espalda como un cobarde, sino muéstrate bravo. Sigue recta y varonilmente en las pisadas de tu Señor, pues él anduvo por este escabroso camino antes que tú. Mejor es una guerra breve y un descanso eterno que una falsa paz y un tormento eterno.
Charles Haddon Spurgeon.
martes, 27 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 27
“Jehová te guiará siempre”. Isaías 58:11.
“JEHOVÁ te guiará”. No te guiará un ángel, sino Jehová. Jehová había dicho que él no iría a través del desierto al frente de su pueblo, sino que enviaría a un ángel para que los guiara en el camino. Moisés respondió: “Si tu rostro no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí”. Cristiano, Dios no te ha dejado, en tu peregrinación, bajo el cuidado de un ángel, pues él mismo va a la cabeza. Quizás no veas la columna de nube ni la columna de fuego, pero, a pesar de ello, Jehová nunca te abandonará. Observa la construcción afirmativa del versículo: “Jehová te guiará”. ¡Cuán cierto es que Dios no nos abandonará! Sus preciosas promesas son mejores que los juramentos de los hombres. “No te dejaré ni te abandonaré”. Observa también el adverbio “siempre”. No debemos simplemente ser guiados algunas veces, sino tenemos que tener un instructor permanente. No tenemos que confiarnos de vez en cuando a nuestra capacidad y así vagar de un lado para otro, sino tenemos que oír continuamente la voz rectora del Gran Pastor. Si seguimos de cerca sus pasos, no erraremos, sino seremos guiados por un camino recto hacia una ciudad para habitar en ella. Si tienes que cambiar de posición en la vida; si tienes que emigrar a playas distantes; si por casualidad caes en pobreza o te elevas de repente a una posición más alta que la que ocupas ahora; si eres colocado entre extranjeros o echado entre enemigos, no tiembles, pues “Jehová te guiará siempre”. No hay dilema del que no serás librado si vives cerca de Dios y si tu corazón arde con santo amor. No anda mal el que anda en compañía de Dios. Anda tú con Dios, como lo hizo Enoc, y no errarás el camino. Tú cuentas para dirigirte, con una sabiduría infalible; para animarte, con un amor inmutable y para defenderte, con un poder eterno. “Jehová”, observa la palabra, “Jehová te guiará siempre”.
Charles Haddon Spurgeon.
lunes, 26 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 26
“He aquí, yo estoy con vosotros todos los días”. Mateo 28:20.
EL Señor Jesús está en medio de su Iglesia y anda entre los candeleros de oro. Su promesa es: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días”. Jesús está tan realmente con nosotros ahora como lo estuvo con sus discípulos junto al lago cuando “vieron ascuas puestas y un pez encima de ellas y pan”. Aunque no en cuerpo, Jesús, sin embargo, está realmente con nosotros. Es esta una bendita verdad, pues donde Jesús está presente, el amor se inflama. De todas las cosas del mundo que pueden hacer arder el corazón, no hay ninguna igual a la presencia de Jesús. Una mirada suya nos conquista de tal manera que estamos prontos a decir: “Aparta tus ojos de delante de mí, porque ellos me vieron”. La fragancia de los áloes, de la mirra y de la casia que exhalan sus perfumados vestidos reconfortan al enfermo y al abatido. Si por un solo momento reclinamos nuestras cabezas en su bondadoso pecho y recibimos su divino amor en nuestros fríos corazones, no estaremos más fríos en la vida espiritual, sino arderemos como serafines y estaremos listos para trabajar y para sufrir. Si reconocemos que Jesucristo está con nosotros, todas nuestras facultades se desarrollarán y toda gracia se corroborará, y nos lanzaremos a servir al Señor con corazón, alma y poder. Esto demuestra que la presencia de Jesús será más sentida por los que son más semejantes a él. Si quieres ver a Cristo, tienes que desarrollarte conforme a su semejanza. Haz tuyos, por el poder del Espíritu, los deseos, los motivos, y los planes de acción de Cristo y, probablemente, serás favorecido con su presencia. Recuerda que la presencia de Jesús puede ser lograda. Su presencia es tan real como siempre. El se goza en estar con nosotros. Si él no llega, es porque, a causa de nuestra indiferencia, se lo impedimos. El se revelará en respuesta a nuestras ardientes oraciones y, bondadosamente, permitirá que lo detengamos con nuestras súplicas y con nuestras lágrimas, pues estas son las cadenas de oro que atan a Jesús a los suyos.
Charles Haddon Spurgeon.
domingo, 25 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 25
“Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y santificábalos y levantábase de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizás habrán pecado mis hijos y habrán blasfemado a Dios en sus corazones. De esta manera hacía Job todos los días”. Job 1:5.
LO que el patriarca hizo temprano, por la mañana, después de las fiestas familiares, sería bueno que lo hiciera el creyente para sí, antes de entregarse al reposo de la noche. En medio de la alegría de las reuniones familiares es fácil caer en pecaminosas liviandades y olvidar que somos cristianos. Esto no debiera ser así; pero, sin embargo, lo es. Nuestros días de fiesta rara vez son días de placer santificado; pues muy frecuentemente degeneran en diversión impía. Hay una forma de gozarse que purifica y santifica como si uno se bañara en los ríos del Edén. La santa gratitud debiera ser un medio tan enteramente santificador como lo es el dolor. ¡Ay de nuestros pobres corazones! pues los hechos demuestran que la casa del luto es mejor que la casa de la alegría. Ven, creyente, ¿en qué pecaste hoy? ¿Has olvidado tu soberana vocación? ¿Has pronunciado palabras ociosas y usado un lenguaje obsceno? Entonces confiesa el pecado y recurre al sacrificio. El sacrificio santifica. La preciosa sangre del Cordero sacrificado quita la culpa y limpia la contaminación de los pecados de ignorancia y de negligencia. Esta es la mejor terminación de un día de Navidad: lavarnos de nuevo en la fuente purificadora. Creyente, acércate frecuentemente a este sacrificio. Si él resulta efectivo para esta noche, lo será para todas las noches. Vivir cerca del altar es privilegio del sacerdocio real. Para los que constituyen este sacerdocio, el pecado, a pesar de ser grave, no es, sin embargo, causa de desesperación, pues los tales se acercan de nuevo a la víctima expiatoria y sus conciencias se limpian de las obras de muerte.
De cuantas faltas hoy he cometido,
Perdóname, Señor, por tu Hijo amado;
Contigo, con el prójimo y conmigo
Quede antes de dormir, reconciliado.
Charles Haddon Spurgeon.
sábado, 24 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 24
“Manifestaráse la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá”. Isaías 40:5.
ANTICIPEMOS el día feliz cuando todo el mundo se convertirá a Cristo; cuando los dioses paganos serán echados a los topos y a los murciélagos; cuando el papismo desaparecerá y la media luna de Mahoma entrará en su cuarto menguante, para que jamás proyecte sus funestos rayos sobre las naciones; cuando los reyes se inclinarán delante del Príncipe de paz y todas las naciones llamarán bendito a su Redentor. Algunos desesperan de esto. Miran el mundo como una embarcación que se rompe y se hace pedazos para nunca más volver a flotar. Sabemos que el mundo y todo lo que en él hay, tiene algún día que ser quemado, y, después, aguardamos nuevos cielos y nueva tierra; pero no podemos leer nuestras Biblias sin la convicción de que
Dominará Jesús el Rey,
En todo país do alumbra el sol.
No nos desalentemos por lo largo de su demora; no estamos descorazonados por el largo período de tiempo asignado por Jesús a la Iglesia, en el cual esta debe debatirse entre el escaso éxito y las frecuentes derrotas. Creemos que Dios nunca permitirá que este mundo, que ha visto una vez la sangre de Cristo derramada en la cruz, sea para siempre la plaza fuerte del diablo. Cristo vino a librar este mundo de la detestada dominación de los poderes de las tinieblas. ¡Qué exclamación habrá cuando los hombres y los ángeles se unan en pregonar: “Aleluya, aleluya; el Señor Dios omnipotente reina”! ¡Qué satisfacción experimentaremos ese día por haber tenido una parte en el combate, por haber ayudado a “quebrar las saetas del arco” y por haber contribuido a ganar la victoria a favor de nuestro Señor! ¡Felices los que confían en este victorioso Señor y combaten a su lado, haciendo la pequeña parte que les corresponde en el nombre y con el poder del Señor! ¡Cuán infelices son aquellos que están del lado del mal!, pues es ese un lado perdedor. Y perder en este combate significa perder y ser perdido para siempre. ¿En cuál lado estás tú?
Charles Haddon Spurgeon.
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