CONTEMPLA tus posesiones, oh
creyente, y compara tu porción con la suerte de tus semejantes. Algunos de
ellos tienen su porción en el campo. Son ricos y sus cosechas les producen un
aumento de oro; pero, ¿qué son las cosechas comparadas con tu Dios, que es el
Dios de las cosechas? ¿Qué son los graneros rotos comparados con él, que es el
labrador, que te alimenta con el pan del cielo? Algunos tienen su porción en la
ciudad. Sus riquezas son abundantes y fluyen en sus cajas a raudales, hasta que
se transforman en un verdadero depósito de oro; pero, ¿qué es el oro comparado
con tu Dios? Tú no podrías nutrirte de él; tu vida espiritual no podría ser
sustentada con él. Pon el oro sobre una conciencia turbada, ¿podría él quitar
sus penas? Aplícalo a un corazón desalentado y mira si el oro puede reprimir un
solo gemido o dar un dolor menos. Pero tú tienes a Dios y en él tienes más que
lo que el oro o las riquezas podrían comprar. Algunos tienen su porción en lo
que la mayor parte de los hombres más ambicionan, es, a saber, en el aplauso y
en la fama; pero pregúntate a ti mismo, ¿no es tu Dios para ti más que todo
eso? Si una miríada de clarines tocara fuerte en tu honor, ¿te prepararía eso
para cruzar el Jordán o te alentaría ante la perspectiva del juicio? No; hay
dolores en la vida que las riquezas no pueden aliviar, y existe la gran
necesidad de la hora de la muerte para la cual ninguna riqueza puede hacer
provisión. Pero si tienes a Dios como tu porción, tienes más que todo el resto
puesto junto. En él toda necesidad se satisface, ya sea en la vida como en la
muerte. Con Dios como tu porción, eres realmente rico, porque él suplirá tu
necesidad, confortará tu corazón, mitigará tu dolor, guiará tus pasos, estará
contigo en el valle de la sombra de la muerte y, después, te llevará al hogar
para gozar de él como tu porción para siempre. “Yo tengo suficiente”, dijo
Esaú. Esto es lo mejor que un mundano puede decir. Pero Jacob le replicó: “Yo
tengo todo”, que es una nota demasiado alta para las mentes carnales.
Versículo para hoy:
viernes, 13 de mayo de 2016
jueves, 12 de mayo de 2016
La generosidad como un estilo de vida - Nancy DeMoss de Wolgemuth
¿Cómo saber cuál es la cantidad correcta para dar al Reino de Dios? Hoy el pastor Jimmy Seibert comparte al respecto.
Programas de la serie
Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Mayo 12, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.
Programas de la serie
Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Mayo 12, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.
LECTURAS VESPERTINAS – MAYO 12
“No temas de descender a Egipto, porque yo te pondré allí en gran
gente. Yo descenderé contigo a Egipto y también te haré volver”. Génesis 46:3-4.
JACOB debe de haberse
estremecido ante el pensamiento de dejar la tierra de la peregrinación de su
padre y habitar entre extranjeros paganos. Era esta una nueva escena y
probablemente sería penosa. ¿Quién se arriesgaría a estar entre los cortesanos
de un monarca extranjero sin ansiedad? Sin embargo, el camino estaba
evidentemente señalado para él y, en consecuencia, decidió ir. Esta es
frecuentemente la posición de los creyentes en la actualidad: son llamados a
peligros y tentaciones sin haber sido probados. En casos como esos deben imitar
el ejemplo de Jacob, ofreciendo sacrificios de oración a Dios y buscando su
dirección; que no den un solo paso hasta que hayan estado aguardando la
bendición del Señor. Entonces tendrán como amigo y ayudador al compañero de
Jacob. ¡Qué bendición sentir la seguridad de que el Señor está con nosotros en
nuestras humillaciones y destierros! Aun allende el océano el amor del Padre
fulgura como el sol en toda su fuerza. No podemos vacilar en ir adonde Jehová
promete su presencia. Aun el valle de la sombra de la muerte brillará con el
esplendor de esta seguridad. Marchando adelante con fe en su Dios, los
creyentes tendrán la promesa de Jacob. Ellos volverán otra vez, ya sea de los
malestares de la vida o de las cámaras de la muerte. La simiente de Jacob salió
de Egipto a su debido tiempo; de la misma manera todos los fieles pasarán por
las tribulaciones de la vida y por los terrores de la muerte sanos y salvos.
Ejercitemos la confianza de Jacob. “No temas” es la orden y el estímulo del
Señor a los que, obedientes a su exhortación están entrando en nuevos mares. La
presencia y seguridad divinas nos impiden temer como lo haría un incrédulo. Sin
Dios, temeríamos movernos; pero cuando él nos ordena salir sería peligroso
quedarnos. Lector, avanza y no temas.
miércoles, 11 de mayo de 2016
Cultiva un corazón generoso - Nancy DeMoss de Wolgemuth
Si la próxima generación ama las mismas cosas que te gustan a ti, ¿qué tanto amarían al Señor?
Programas de la serie
Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Mayo 11, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.
Programas de la serie
Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Mayo 11, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.
LECTURAS VESPERTINAS – MAYO 11
“Solamente te esfuerces y seas muy valiente”. Josué 1:7.
EL tierno amor de Dios a favor de sus siervos hace que él se interese por el estado de sus íntimos sentimientos. El desea que ellos sean muy valientes. Algunos estiman cosa de poca monta que un creyente esté perturbado con dudas y temores, pero Dios no piensa así. En este texto se ve claramente que nuestro Señor quiere que no estemos enredados en temores. El quiere que vivamos sin cuidados, sin dudas, sin cobardía. Nuestro Señor no juzga nuestra incredulidad tan livianamente como lo hacemos nosotros. Cuando vivimos desalentados, estamos propensos a alguna enfermedad con la que no jugar, sino debemos llevarla al Médico Amado. Nuestro Señor no quiere vernos con rostros tristes. Era ley de Asuero que ninguno podía entrar en la corte del rey “con vestido de saco”. El Rey de reyes no tiene esta ley, pues nosotros podemos ir a él tan tristes como estemos. Sin embargo, a él le agradaría que nos quitáramos el espíritu de tristeza y nos vistiéramos las vestiduras de alabanza, pues hay muchos motivos para estar alegres. El cristiano debe ser de un espíritu animoso con el fin de glorificar al Señor, soportando las pruebas en forma heroica. Si es medroso y pusilánime deshonrará a su Dios. Además, ¡qué mal ejemplo da! Esta enfermedad de la duda y del desaliento es una epidemia que pronto se propaga entre la grey del Señor. Un creyente abatido contagia con su tristeza veinte almas. Por otra parte, si tu valor no se mantiene firme, Satán será demasiado fuerte para ti. Deja pues, que tu espíritu se goce en Dios tu Salvador, y así el gozo del Señor será tu fortaleza y ningún demonio del infierno hará ímpetu contra ti. Pero la cobardía derribará la bandera. Además, el trabajo resulta liviano para el hombre de espíritu alegre y el éxito aguarda al buen humor. El hombre que trabaja, regocijándose en su Dios y creyendo de todo corazón, tiene el éxito garantizado. El que siembra con esperanza recogerá con gozo. Por lo tanto, querido lector, “esfuérzate y sé muy valiente”.
Charles Haddon Spurgeon.
martes, 10 de mayo de 2016
Eres un santo, un pecador, y alguien que padece - Pr. Josh Squires
Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:15-16.
Canales de bendición - Nancy DeMoss de Wolgemuth
Cuando estás apasionada por el Reino de Dios, eso afectará tu presupuesto.
Programas de la serie
Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Mayo 10, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.
Programas de la serie
Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Mayo 10, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.
LECTURAS VESPERTINAS – MAYO 10
“El unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:14.
CREYENTE, tú puedes testificar que Cristo es el unigénito del Padre, como también el primogénito de los muertos. Tú puedes decir: “Para mí, él es divino; aunque para todo el mundo sea humano. El hizo por mí lo que sólo Dios podía hacer. El ha sometido mi terca voluntad, ablandó el corazón de diamante, abrió puertas de bronce y rompió barras de hierro. El transformó mi llanto en risa y mi aflicción en gozo; él llevó cautiva mi cautividad e hizo que mi corazón se regocijara con gozo inefable y glorificado. Que otros piensen de él como quieran; para mí él tiene que ser el unigénito del Padre. ¡Bendito sea su nombre! El es lleno de gracia. ¡Ah!, si él no lo fuese, yo nunca hubiera sido salvado. El me atrajo cuando yo luchaba por huir de su gracia; y, cuando, por fin, me acerqué a su propiciatorio, temblando como un reo condenado, me dijo: “Tus pecados, que son muchos, te son todos perdonados. Ten ánimo”. El es también lleno de verdad. Sus promesas han sido verdaderas; ninguna ha faltado. Testifico que jamás un siervo tuvo un Señor como el mío; ni un hermano, un pariente como él; ni una esposa, un esposo como Cristo ha sido para mi alma; ni un pecador, un Salvador mejor que él; ni un apesadumbrado, un consolador mejor de lo que Cristo ha sido para mi espíritu. Fuera de él yo no necesito a nadie. En la vida es mi vida y en la muerte será la muerte de la muerte. En la pobreza, Cristo es mi riqueza; en la enfermedad, él hace mi cama; en la oscuridad es mi estrella y en la claridad, mi sol. Es el maná del campo en el desierto y él será el nuevo grano de la multitud cuando esta entre en Canaán. Jesús es para mí todo gracia y no ira; todo verdad y no falsedad. Y de verdad y de gracia él está lleno, infinitamente lleno”. Alma mía, bendice esta noche, con todo tu poder al “Unigénito”.
Charles Haddon Spurgeon.
lunes, 9 de mayo de 2016
PARA CONOCER Y SER CONOCIDOS - J. I. PACKER
Imaginemos que nos van a presentar una persona que consideramos "superior" a nosotros -ya sea en rango, en distinción intelectual, en capacidad profesional, en santidad personal, o en algún otro sentido. Cuanto más conscientes estemos de nuestra propia inferioridad, tanto más sentimos que nuestra parte consiste en colocarnos a su disposición respetuosamente para que ella tome la iniciativa en la conversación. (Pensemos en la posibilidad de un encuentro con el presidente o un ministro). Nos gustaría llegar a conocer a una persona tan encumbrada pero nos damos cuenta perfectamente de que esto es algo que debe decidirlo dicha persona, no nosotros. Si se limita a las formalidades del caso tal vez nos sintamos desilusionados, pero comprendemos que no nos podemos quejar; después de todo, no teníamos derecho a reclamar su amistad. Pero si, por el contrario, comienza de inmediato a brindarnos su confianza, y nos dice francamente lo que está pensando en relación con cuestiones de interés común, y si a continuación nos invita a tomar parte en determinados proyectos, y nos pide que estemos a su disposición en forma permanente para este tipo de colaboración toda vez que la necesite, entonces nos sentiremos tremendamente privilegiados, y nuestra actitud general cambiará fundamentalmente. Si hasta entonces la vida nos parecía inútil y tediosa, ya no lo será más desde el momento en que esa gran personalidad nos cuenta entre sus colaboradores inmediatos. ¡Esto sí que vale la pena!
Esto, en cierta medida, es una ilustración de lo que significa conocer a Dios. Con razón podía Dios decir por medio de Jeremías, «Alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme», porque el conocer a Dios equivale a tener una relación que tiene el efecto de deleitar el corazón del hombre. Lo que ocurre es que el omnipotente Creador, Señor de los ejércitos, el gran Dios ante quien las naciones son como la gota en un balde, se le acerca y comienza a hablarle por medio de las palabras y las verdades de la Sagrada Escritura. Quizás conoce la Biblia y la doctrina cristiana hace años, pero ellas no han significado nada para él. Mas un día se despierta al hecho de que Dios le está hablando de veras -¡a él!- a través del mensaje bíblico.
Mientras escucha lo que Dios le está diciendo se siente humillado; porque Dios le habla de su pecado, de su culpabilidad, de su debilidad, de su ceguera, de su necedad, y lo obliga a darse cuenta de que no tiene esperanza y que nada puede hacer hasta que le brota una exclamación pidiendo perdón. Pero esto no es todo. Llega a comprender, mientras escucha, que en realidad Dios le está abriendo el corazón, tratando de hacer amistad con él, de enrolarlo como colega -en la expresión de Barth, como socio de un pacto. Es algo realmente asombroso, pero es verdad: la relación en la que los seres humanos pecadores conocen a Dios es una relación en la que Dios, por así decirlo, los toma a su servicio a fin de que en lo adelante sean colaboradores suyos (véase 1 Co. 3:9) y amigos personales. La acción de Dios de sacar a José de la prisión para hacerle primer ministro del Faraón es un ejemplo de lo que hace con el cristiano: de ser prisionero de Satanás se descubre súbitamente en una posición de confianza, al servicio de Dios. De inmediato la vida se transforma. El que uno sea sirviente constituye motivo de vergüenza u orgullo según a quien sirva. Son muchos los que han manifestado el orgullo que sentían de ser servidores personales de Sir Winston Churchill durante la segunda guerra mundial. Con cuánta mayor razón ha de ser motivo de orgullo y gloria conocer y servir al Señor de cielos y tierra.
¿En qué consiste, por lo tanto, la actividad de conocer a Dios? Reuniendo los diversos elementos que entran en juego en esta relación, como lo hemos esbozado, podemos decir que el conocer a Dios comprende: primero, escuchar la palabra de Dios y aceptarla en la forma en que es interpretada por el Espíritu Santo, para aplicarla a uno mismo; segundo, tomar nota de la naturaleza y el carácter de Dios, como nos los revelan su Palabra y sus obras; tercero, aceptar sus invitaciones y hacer lo que él manda; cuarto, reconocer el amor que nos ha mostrado al acercarse a nosotros y al relacionarnos consigo en esa comunión divina.
Fuente: J. I. PACKER (Hacia el Conocimiento de Dios - Logoi - pág. 17-18)
LECTURAS VESPERTINAS – MAYO 9
“Ven, amado mío, salgamos al campo… veamos si brotan las vides”. Cantares 7:11-12.
LA Iglesia estaba por empeñarse en una importante labor y deseaba que su Señor la acompañara. Ella no dijo: “Saldré”, sino “Salgamos”. Cuando Jesús está a nuestro lado, el trabajo es una bendición. Es cometido del pueblo de Dios ser podador de vides. A semejanza de nuestros primeros padres, somos colocados en el jardín del Señor para ser útiles; salgamos, pues, al campo. Observa que cuando la Iglesia está bien dispuesta, desea gozar en todas sus múltiples labores de la comunión con Cristo. Algunos suponen que no pueden servir a Cristo activamente y, sin embargo, afirman que tienen comunión con él. Los tales están errados. Sin duda es muy fácil desperdiciar nuestra vida interior en ejercicios externos y llegar a lamentarnos como la esposa: “Hiciéronme guarda de viñas; y mi viña, que era mía, no guardé”. Pero no hay razón porque esto deba ser así, salvo nuestra insensatez y negligencia. Es cierto que un creyente puede no hacer nada y, sin embargo, desarrollarse tan enteramente sin vida en las cosas espirituales, como los que están muy ocupados. María no fue alabada por sentarse tranquila, sino por sentarse a los pies de Jesús. No es sentarse, sino sentarse a los pies de Jesús lo que es recomendable. No pienses que la actividad sea mala en sí misma; es, más bien, una gran bendición y un medio de gracia para nosotros. Que se le permitiese predicar era para Pablo una gracia que le había sido otorgada. Cualquier forma de servicio cristiano puede llegar a ser una bendición personal para los que están ocupados en él. Los que tienen más comunión con Cristo no son los reclusos o los ermitaños, que tienen mucho tiempo de sobra, sino los infatigables obreros que trabajan por Jesús y quienes, en sus fatigas, lo tienen a él a su lado, de suerte que son colaboradores de Dios. Recordemos, pues, en cualquier cosa que tengamos que hacer por Jesús, que podemos hacerla y debemos hacerla en estrecha comunión con él.
Charles Haddon Spurgeon.
domingo, 8 de mayo de 2016
RASGANDO EL VELO - A. W. Tozer
El “yo” es el velo opaco que nos oculta el rostro de Dios. Lo único que puede quitarlo es la experiencia espiritual, nunca la instrucción religiosa. Tratar de hacerlo así es como querer curar el cáncer con tratados de medicina. Antes que seamos librados de ese velo, Dios tiene que hacer una obra destructiva en nosotros. Tenemos que invitar a la cruz que haga su obra dentro de nosotros. Debemos poner nuestros pecados del “yo” personal delante de la cruz para que sean juzgados. Debemos estar dispuestos a sufrir cierta clase de sufrimientos, tales como los que sufrió Jesús cuando estuvo delante de Pilato.
Tengamos en cuenta que al hablar de rasgar el velo, estamos usando una figura poética que es placentera, pero la experiencia real en sí nada tiene de agradable. En la experiencia humana ese velo se forma de tejidos espirituales vivientes; está constituido de ese material sensible y vacilante que es nuestro ser. Cualquier cosa que lo toca nos hiere a nosotros con vivo dolor. Arrancar ese velo es hacernos daño, nos lastima y nos hace sangrar. Decir otra cosa es hacer que la cruz no sea cruz y la muerte no sea muerte. Nunca será divertido morir. Desgarrar la tela de que está compuesta la vida nunca dejará de ser doloroso. Pero eso es lo que la cruz significó para Jesús y es lo que debe significar para nosotros.
Tengamos cuidado de no tratar chapuceramente con nuestra vida interior con la esperanza de rasgar nosotros mismos el velo. Dios tiene que hacer eso. La parte nuestra debe ser entregarnos y confiar. Debemos confesar, desechar, resistir nuestros antojos y egoísmos, y darnos por co-crucificados con Cristo. Pero esta co-crucifixión no debe ser una laxa “aceptación” de Cristo, sino una verdadera obra hecha por Dios. No podemos conformarnos solamente con creer en una bonita y agradable doctrina de la crucifixión del yo. Si esto hiciéramos, estaríamos imitando a Saúl, que sacrificó algunas cosas, pero reservó para sí lo mejor del despojo.
Insistamos en que la obra sea hecha conforme a la mejor doctrina y también en la más completa realidad. La cruz es tosca, y mortal, pero efectiva. No deja a las víctimas colgando indefinidamente de ella. Llega el momento cuando la obra queda consumada y la víctima muere. Es después de la muerte que viene el gozo de la resurrección y la alegría de ver rasgado el velo. Entonces olvidamos los dolores que ha costado, y disfrutamos de la gloria de la presencia del Dios vivo.
Señor, ¡cuán preciosos son tus caminos, y cuán inciertos y sombríos son los nuestros! Enséñanos a morir, para que nos levantemos después a novedad de vida. Rasga de alto abajo el velo de nuestro egoísmo, como rasgaste en dos el velo del templo. Nosotros nos acercaremos a ti en plena certidumbre de fe. Moraremos diariamente contigo aquí en la tierra, para acostumbrarnos a la gloria del cielo cuando lleguemos allá, para estar eternamente a tu lado. En el nombre de Jesús, amén.
TOZER A. W. (1948). ("La Búsqueda de Dios").
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LECTURAS VESPERTINAS – MAYO 8
“Amístate con él”. Job 22:21.
SI queremos amistarnos con Dios como se debe, y estar en paz, tenemos que conocerlo como él mismo se ha revelado; no solo en la unidad de su esencia y subsistencia, sino también en la pluralidad de sus personas. Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen”. Que ninguno quede satisfecho hasta que conozca algo de las tres personas de quienes procede su ser. Esforcémonos por conocer al Padre. Oculta tu cabeza en su seno en profundo arrepentimiento y confiesa que no eres digno de ser llamado su hijo; recibe el beso de su amor; que el anillo, que es prenda de su eterna fidelidad, esté en tu dedo. Siéntate a su mesa y deja que tu corazón se alegre en su gracia. Luego avanza y procura conocer mucho del Hijo de Dios, que es el resplandor de la gloria de su Padre; pero que, sin embargo, en indecible condescendencia de gracia, se hizo hombre por causa nuestra. Conócelo en la peculiar complejidad de su naturaleza: Dios eterno y, sin embargo, hombre, sufriente y finito. Síguelo mientras anda sobre las aguas con el paso de la deidad y mientras se sienta en el pozo con el cansancio de la humanidad. No quedes satisfecho hasta que conozcas mucho de Jesucristo como tu Amigo, tu Hermano, tu Esposo, tu todo. No olvides al Espíritu Santo. Esfuérzate por obtener una clara visión de su naturaleza y carácter, de sus atributos y de sus obras. Contempla aquel Espíritu del Señor que al principio se movía sobre el caos y produjo el orden, y que ahora visita el caos de tu alma y crea el orden de la santidad. Contémplalo como el Señor y Dador de la vida espiritual, el Instructor, el Consolador y el Santificador. Mira cómo, a semejanza de la santa unción, desciende sobre la cabeza de Jesús y luego reposa sobre ti, que eres como el borde sus vestiduras. Tal inteligente, escritural y experimental creencia en la Trinidad en unidad es tuya, si tú verdaderamente conoces a Dios, y tal conocimiento trae en verdad paz.
Charles Haddon Spurgeon.
sábado, 7 de mayo de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – MAYO 7
“Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho, y anda”. Juan 5:8.
COMO muchos otros, el hombre impotente había estado esperando que se obrara un milagro y se diera una señal. Estaba cansado de velar cerca del pozo sin que ningún ángel se presentara o, por lo menos, se presentara para él. Sin embargo, creyendo que era esta su única oportunidad, seguía esperando, no sabiendo que allí, cerca de él, estaba Uno cuya palabra podía curarlo en seguida. Muchos están en la misma condición: están esperando alguna rara emoción, alguna notable impresión o alguna visión celestial. Aguardan en vano y velan por nada. Aun suponiendo que en algunos casos se vean señales notables, sin embargo, estas son raras y ningún hombre tiene derecho a esperarlas para su propio caso. Ningún hombre, especialmente el que siente su impotencia, se vale del movimiento del agua, aunque este se produzca. Es triste pensar que decenas de miles están actualmente esperando el uso de medios, de ceremonias, de votos y de resoluciones, y así han esperado en vano, completamente en vano por tiempo indefinido. Entre tanto estas pobres almas olvidan al Salvador, quien las invita a mirar a él para ser salvas. El las podría sanar al instante, pero ellas prefieren esperar a un ángel y un milagro. Confiar en Jesús es el camino seguro a toda bendición; y él es digno de toda confianza. Pero la incredulidad les hace preferir los fríos portales de Bethesda al cálido seno de su amor. ¡Oh! que el Señor dirija su mirada sobre las multitudes que están en esta situación esta noche; que perdone el menosprecio con que miran su divino poder y las llame con aquella dulce voz, que constriñe, para que se levanten del lecho de la desesperación, y que, con la energía de la fe, tomen su lecho y anden. ¡Oh, Señor, oye nuestra oración por los tales, en esta tranquila hora de la noche; y antes que el día amanezca haz que miren y vivan! Caro lector, ¿hay algo en esta meditación para ti?
Charles Haddon Spurgeon.
viernes, 6 de mayo de 2016
La Biblia: Ignición del Hedonismo Cristiano - Pr. John Piper
El hedonismo cristiano es muy consciente de que cada día con Jesús no es “más dulce que el anterior.” Algunos días con Jesús nuestra disposición es tan amarga como los nísperos verdes. En Jesús algunos días estamos tan tristes que sentimos que nuestro corazón se quiebra en pedazos. En Jesús algunos días el miedo nos convierte en nudo de nerviosismo. Con Jesús algunos días estamos tan deprimidos y desalentados que entre la cochera y la casa solo nos queda sentarse sobre la hierba y llorar. Cada día con Jesús no es más dulce que el anterior. Lo sabemos por experiencia y por las escrituras. Porque el texto dice (Salmo 19:7), “La ley de Jehová es perfecta, que restaura el alma.” Si cada día con Jesús fuera más dulce que el anterior, no necesitaríamos ser restaurados.
La razón por la que David alabó a Dios con las palabras, “junto a aguas de reposo me conduce. Él restaura mi alma,” es porque tuvo días malos. Hubo días cuando su alma necesitó ser restaurada. Es la misma frase usada en Salmo 19:7 – “la ley del Señor es perfecta, que restaura el alma.” La vida cristiana normal es un proceso repetido de restauración y renovación. Nuestro gozo no es estático. Fluctúa con la vida real. Es tan vulnerable a los ataques de Satanás como lo es un recinto de la marina Libanesa a un terrorista suicida. Cuando Pablo escribe en 2 Corintios 1:24, “no que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo” debiéramos enfatizarlo de esta forma: “Trabajamos junto contigo para tu gozo.” La preservación de nuestro gozo en Dios requiere trabajo. Es una lucha. Nuestro adversario el diablo anda como león rugiente, y tiene apetito insaciable para destruir una cosa: el gozo de la fe. Continuar leyendo...

Fuente: By John Piper. © Desiring God.Website: desiringGod.org
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LECTURAS VESPERTINAS – MAYO 6
“Todos los días de mi edad esperaré”. Job 14:14.
UNA breve permanencia en la tierra hará del cielo un lugar más celestial. Nada hace descansar tan dulcemente como el trabajo. Nada hace que la seguridad sea más agradable que el estar expuestos a sobresaltos. Las copas terrenales de amarga casia darán al vino nuevo, que chispea en los áureos tazones de la gloria, un agradable sabor. Nuestra mellada armadura y nuestros cicatrizados rostros harán en el más allá célebres nuestras victorias, cuando seamos bienvenidos en las mansiones de los que han vencido al mundo. No tendríamos plena comunión con Cristo si no peregrináramos algún tiempo aquí abajo, pues él fue bautizado entre los hombres con un bautismo de sufrimientos y nosotros tenemos que ser bautizados con el mismo bautismo si queremos participar de su reino. La comunión con Cristo es tan valiosa que la aflicción más grave llega a ser un precio insignificante para adquirirla. Otra razón porque permanecemos aquí es porque deseamos el bien de otros. No quisiéramos entrar en el cielo hasta que nuestra obra esté cumplida; y puede ser que todavía se nos esté ordenando llevar luz a las almas entenebrecidas en el desierto del pecado. Nuestra prolongada permanencia aquí es sin duda para la gloria de Dios. Un santo probado, igual a un bien cortado diamante, brilla mucho en la corona del Rey. Lo que más honra a un obrero es que su obra soporte triunfalmente una prolongada y severa prueba sin ceder en nada. Nosotros somos hechuras de Dios, en las que él se gloriará por medio de las aflicciones. Es por honor a Jesús que soportamos la prueba de nuestra fe con sagrado gozo. Que cada uno consagre sus propios deseos a la gloria de Jesús y diga: “Si mi postración en el polvo puede elevar a mi Señor sólo una pulgada, dejadme yacer aún entre los tiestos de la tierra. Si el vivir en la tierra para siempre hiciera más glorioso a mi Señor, mi cielo sería el ser excluido del cielo”. Nuestro tiempo está fijado y establecido por decreto eterno. No estemos ansiosos en cuanto a él, sino esperemos con paciencia hasta que las puertas de perlas sean abiertas.
Charles Haddon Spurgeon.
jueves, 5 de mayo de 2016
El increíble poder de una mujer verdadera - Nancy DeMoss de Wolgemuth
LECTURAS VESPERTINAS – MAYO 5
“El entendido en la palabra, hallará bien; y el que confía en Jehová, él es bienaventurado”. Proverbios 16:20.
LA sabiduría es la verdadera fuerza del hombre y, bajo su dirección, cumple mejor los fines de su existencia. El dirigir sabiamente los asuntos de la vida da al hombre el goce más exquisito y le ofrece a sus facultades la ocupación más noble; por lo tanto, halla bien en el sentido más amplio. Sin la sabiduría, el hombre es como un pollino de asno montés, que corre de aquí para allá gastando fuerzas que podrían ser empleadas provechosamente. La sabiduría es la brújula por la cual el hombre debe dirigirse a través del intransitable desierto de la vida; sin ella, es un barco abandonado, el juego de los vientos y de las olas. El hombre debe ser prudente en un mundo como este, de lo contrario no hallará bien sino será traicionado por innumerables males. El peregrino herirá lastimosamente sus pies entre las zarzas de la selva de la vida si no elige sus pasos con mucho cuidado. El que está en un desierto infestado de ladrones debe conducirse sabiamente si quiere viajar con seguridad. Si, adiestrados por el gran Maestro, seguimos por donde él guía, hallaremos bien, aun en esta triste morada. Hay frutos celestiales que deben ser cosechados de este lado de las glorietas del Edén y cantos del paraíso que tienen que ser cantados en medio de la arboleda de la tierra. Pero, ¿dónde será hallada esta sabiduría? Muchos han soñado en ella, pero no la han poseído. ¿Dónde la aprenderemos? Atendamos a la voz del Señor porque él ha declarado el secreto. El ha revelado a los hijos de los hombres dónde está la verdadera sabiduría, y nosotros la tenemos en el texto: “El que confía en Jehová”. El verdadero modo de dirigir un asunto sabiamente es confiar en el Señor. Esta es la pista segura para llegar al más intrincado laberinto de la vida; síguela y hallarás eterna felicidad. El que confía en el Señor tiene un diploma por la sabiduría que le fue concedida por inspiración. Ahora es feliz y más feliz será en el cielo. Señor, en este suave anochecer pasea conmigo en el jardín y enséñame la sabiduría de la fe.
Charles Haddon Spurgeon.
miércoles, 4 de mayo de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – MAYO 4
“Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible”.
PEDRO muy ardientemente exhorta a los santos esparcidos a amarse unos a otros “entrañablemente de corazón puro”, y muy sabiamente saca su argumento para ello no de la ley ni de la naturaleza, ni de la filosofía, sino de aquella elevada y dividida naturaleza que Dios ha implantado en los suyos. Así como un sensato tutor de príncipes crea y nutre en ellos un espíritu regio y una conducta decorosa, basando sus argumentos en la posición y descendencia de los tales, así también, considerando a los hijos de Dios como herederos de gloria, príncipes de sangre real, descendientes del Rey de reyes, la más genuina y antigua aristocracia del mundo, Pedro dice de ellos: “Procurad amaros unos a otros a causa de vuestro noble origen, pues habéis nacido de simiente incorruptible; a causa de vuestro linaje, pues descendéis de Dios, el Creador de todas las cosas; y a causa de vuestro destino inmortal, puesto que nunca moriréis aunque la gloria de la carne se marchite y su existencia termine”. Sería bueno que, en espíritu de humildad, reconociéramos la verdadera dignidad de nuestra naturaleza regenerada y viviéramos para ello. ¿Qué es un cristiano? Si lo comparas a un rey, tiene además de la dignidad real, la santidad sacerdotal. La realeza del rey reside frecuentemente sólo en su corazón, pero la del cristiano está infusa en lo íntimo de su naturaleza. Por su nuevo nacimiento, el cristiano está sobre sus semejantes como el hombre lo está en todos sus tratos como uno que no es del montón, sino como elegido del mundo, distinguido por soberana gracia, inscripto en el “pueblo peculiar”, y que, por lo tanto, no puede arrastrarse en el polvo como los demás ni vivir según la manera de los ciudadanos del mundo. Que la dignidad de tu naturaleza y el esplendor de tu esperanza, oh creyente en Cristo, te constriña a adherirte a la santidad y a evitar aun la apariencia del mal.
Charles Haddon Spurgeon.
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