Versículo para hoy:
jueves, 10 de mayo de 2012
sábado, 21 de abril de 2012
miércoles, 29 de febrero de 2012
Febrero 29. ¿Qué deseas que el Señor haga por ti?
"..Señor, que reciba la vista" Lucas 18:41
¿Existe en tu vida algo que además de ser un disturbio para ti, te convierte en un disturbio para otros? Si es así, siempre se trata de un asunto que tú mismo no puedes manejar. Los que iban delante lo reprendían para que callara; pero el gritaba aún más fuerte... (Lucas 18-39). Persiste en el disturbio hasta que te encuentres cara a cara con el Señor mismo. No hagas del sentido común tu dios. Cuando Jesús nos pregunte qué deseamos que Él haga por nosotros con respecto al problema que estamos enfrentando, recordemos que Él no obra de acuerdo con el sentido común sino en formas sobrenaturales. Miremos como limitamos al Señor cuando recordamos lo que le hemos permitido hacer por nosotros en el pasado: "Yo siempre fracasé en esa área y lo seguiré haciendo". En consecuencia, no pedimos lo que queremos. Y pensamos: "Es ridículo pedirle a Dios que haga esto". Debemos pedírselo cuando se trate de una imposibilidad, pues, si no lo es, no existe un verdadero motivo de disturbio. Dios hará lo que es absolutamente imposible.
Este hombre recibió la vista. La mayor imposibilidad para ti es que te identifiques tanto con el Señor que literalmente no quede nada de tu vida antigua. Él lo va hacer, si se lo pides. Pero tienes que llegar al punto de creer que Él es omnipotente. Nuestra fe no puede basarse en lo que Jesús dice sino en Él mismo.
Cuando ponemos nuestra mirada sólo en sus palabras, nunca creeremos. Pero cuando lo vemos a Él, las cosas imposibles que hace en nuestras vidas se convierten en algo tan natural como respirar. La agonía que sufrimos es apenas el resultado de la superficialidad intencional de nuestro corazón. No vamos a creer, no vamos a cortar las amarras que aseguran el bote en la playa. Preferimos angustiarnos.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 31 de diciembre de 2011
sábado, 22 de octubre de 2011
lunes, 3 de octubre de 2011
¿PRETENDES VIVIR EN MORALIDAD MÍNIMA? - Tim Conway
Video subido por Illbehonest - Subtitulado por Alex Figueroa doctrina-biblica.blogspot.com
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domingo, 11 de septiembre de 2011
sábado, 10 de septiembre de 2011
¿ERES UNA BUENA PERSONA?
Si tienes dudas o deseas saber más al respecto, puede escuchar y leer el artículo "Falsamente Seguros" en: Falsamente-Seguros
domingo, 28 de agosto de 2011
viernes, 26 de agosto de 2011
sábado, 20 de agosto de 2011
miércoles, 10 de agosto de 2011
ERES AMADO - Paul Washer
Fuente: VolvamosAlEvangelio's Channel
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lunes, 25 de julio de 2011
jueves, 21 de julio de 2011
EL TRIBUNAL DE CRISTO - Leonard Ravenhill
Video originalmente subido por Braveheartedthots, y corresponde al audio de el presente video. Imágenes y subtítulos de Alex Figueroa.
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sábado, 16 de julio de 2011
sábado, 9 de julio de 2011
jueves, 7 de julio de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
jueves, 30 de junio de 2011
martes, 28 de junio de 2011
"¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿O quién dio al espíritu inteligencia?" Job 38:36.
Observe una pequeña muestra de las capacidades y talentos que el ser humano recibe, por ser hecho a la imagen de Dios.
ARTE CON ARENA - SANDFANTASY
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viernes, 24 de junio de 2011
miércoles, 22 de junio de 2011
Oración de Clemente de Roma en Carta a los Corintios 59
Fuente: Cristianismo Primitivo http://www.cristianismo-primitivo.org/
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martes, 21 de junio de 2011
lunes, 20 de junio de 2011
domingo, 19 de junio de 2011
sábado, 18 de junio de 2011
jueves, 16 de junio de 2011
miércoles, 15 de junio de 2011
Reflexiones sobre MAYORDOMIA
EL PAN QUE NOS DA DIOS ES LIMPIO; el pan sucio, empapado en lágrimas, sudor y sangre de otros, es un pan que arrebatamos. Y no hay que confundir una cosa con la otra. Si comer el pan limpio es en verdad bendición de la mano generosa de Dios, comer el sucio es maldición de nuestro pecado. Gracias a Dios aun quedan en este mundo quienes no se avienen a recibir cualquier riqueza y escudriñan en cuanto a la limpieza de su origen. Enderezadas estas dos cuestiones, la del origen y la del destino de nuestros bienes mediante un encuentro vital con Cristo, el hombre experimenta una grande independencia. Bien dice Roger Mehl: “Para quien reconoce la soberanía de Cristo, el dinero pierde su poder. En la perspectiva de Cristo el dinero se desvaloriza; ya no importa el dinero en sí, o su mayor o menor volumen, sino la capacidad de disponer libremente de él. En este espíritu de renuncia puede el dinero constituir el objeto de una ofrenda a Dios o de una señal de unión fraternal como ocurría con el comunismo de la Iglesia primitiva.” A experiencia de esta índole alude H. Gollwitzer cuando hablando de los discípulos de Cristo, dice: “Son así librados de sus posesiones de tal suerte que ellas ya no pueden determinar su conducta”. Y también: “Lo que era así hasta ahora la marca de nuestro egoísmo, puede en adelante, bajo la influencia de la gracia, transformarse para los discípulos en instrumento de Dios”. Sólo entonces dejan de ser poseídos y pasan a poseer, pues poseer significa la capacidad de disponer.
Esta puesta en su lugar de las riquezas, las transforman radicalmente. Se opera en la mente de quienes las poseen una verdadera revolución, de muy prácticos efectos económicos y financieros. Despojado el dinero de sus atributos divinos, es decir de su carácter de ídolo demónico, pasa a ser en manos del que tiene a Jesucristo por Señor, una bendición para sí y para sus semejantes. Entonces y sólo entonces, podremos estimar los bienes materiales de que dispongamos, pocos o muchos, como un don del cielo y en consecuencia, administrarlos responsablemente.
El ya mentado pasaje de Timoteo nos dice que Dios “nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.” Sorprende esta declaración a cuantos adhieren a un concepto ascético de la vida y se dan a una inmaterializada y romántica espiritualidad. No así a quienes se han impregnado de la enseñanza y actitud de Jesús. Tanto espacio ocupaba la alegría en su vida que le acusaron de comilón y bebedor y de carecer de solemnidad. La exuberancia de su gratitud le hacía recibirlo todo a cada instante como regalo de Dios. Por ello nos invita a confiar en el buen Padre que dará buenas cosas a los que le piden, cosas que abarcan todos los valores (y no únicamente los materiales) de nuestra existencia terrena. Place a Dios que con ellos nos deleitemos.
Eso sí, nada –ni material, ni espiritual- se nos da para disfrutar egoístamente, sino para compartir especialmente con los más pobres que nosotros (cualquiera sea el orden de su pobreza). “Haciendo lo que es bueno con sus manos (notemos la santidad del trabajo manual) para que tenga qué compartir con el que padece necesidad”, nos dice la Carta a los Efesios. A renglón seguido del texto citado de 1ª Timoteo se especifica esto de modo muy concreto: “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos, atesorando para sí buen fundamento para el porvenir, que echen mano de la vida eterna”.
Recibir los bienes de la mano de Dios, con honda gratitud y profunda responsabilidad, significa evitar dos males opuestos: la dilapidación de tales bienes y la egoísta acumulación de los mismos. Ambos impiden que ellos corran libremente como agua viva y refrescante y hace que se estanquen como pantanos pestilentes. El dinero acumulado es factor de corrupción, como lo es también el dilapidado.
Pongamos término a este aspecto subrayando que no es lo mismo vivir como gerente de Dios que vivir con la engañosa idea de ser nosotros los dueños. Doblemente engañosa: primero por ser todo de Dios y segundo, porque quien se figura poseer los bienes materiales, en realidad es poseído por éstos. No es lo mismo por la calidad de vida que se vivirá y por las consecuencias últimas que de ella se han de derivar. Jesús nos dice en muchos pasos de su enseñanza que seremos llamados a cuentas. Descubriremos que somos responsables, es decir que tenemos que responder sobre cómo hemos vivido.
"Tras comer mi ración de pan, devoré la de mi hermano. Él padeció hambre, y yo tuve indigestión" S.S.I.
Esta puesta en su lugar de las riquezas, las transforman radicalmente. Se opera en la mente de quienes las poseen una verdadera revolución, de muy prácticos efectos económicos y financieros. Despojado el dinero de sus atributos divinos, es decir de su carácter de ídolo demónico, pasa a ser en manos del que tiene a Jesucristo por Señor, una bendición para sí y para sus semejantes. Entonces y sólo entonces, podremos estimar los bienes materiales de que dispongamos, pocos o muchos, como un don del cielo y en consecuencia, administrarlos responsablemente.
El ya mentado pasaje de Timoteo nos dice que Dios “nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.” Sorprende esta declaración a cuantos adhieren a un concepto ascético de la vida y se dan a una inmaterializada y romántica espiritualidad. No así a quienes se han impregnado de la enseñanza y actitud de Jesús. Tanto espacio ocupaba la alegría en su vida que le acusaron de comilón y bebedor y de carecer de solemnidad. La exuberancia de su gratitud le hacía recibirlo todo a cada instante como regalo de Dios. Por ello nos invita a confiar en el buen Padre que dará buenas cosas a los que le piden, cosas que abarcan todos los valores (y no únicamente los materiales) de nuestra existencia terrena. Place a Dios que con ellos nos deleitemos.
Eso sí, nada –ni material, ni espiritual- se nos da para disfrutar egoístamente, sino para compartir especialmente con los más pobres que nosotros (cualquiera sea el orden de su pobreza). “Haciendo lo que es bueno con sus manos (notemos la santidad del trabajo manual) para que tenga qué compartir con el que padece necesidad”, nos dice la Carta a los Efesios. A renglón seguido del texto citado de 1ª Timoteo se especifica esto de modo muy concreto: “Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos, atesorando para sí buen fundamento para el porvenir, que echen mano de la vida eterna”.
Recibir los bienes de la mano de Dios, con honda gratitud y profunda responsabilidad, significa evitar dos males opuestos: la dilapidación de tales bienes y la egoísta acumulación de los mismos. Ambos impiden que ellos corran libremente como agua viva y refrescante y hace que se estanquen como pantanos pestilentes. El dinero acumulado es factor de corrupción, como lo es también el dilapidado.
Pongamos término a este aspecto subrayando que no es lo mismo vivir como gerente de Dios que vivir con la engañosa idea de ser nosotros los dueños. Doblemente engañosa: primero por ser todo de Dios y segundo, porque quien se figura poseer los bienes materiales, en realidad es poseído por éstos. No es lo mismo por la calidad de vida que se vivirá y por las consecuencias últimas que de ella se han de derivar. Jesús nos dice en muchos pasos de su enseñanza que seremos llamados a cuentas. Descubriremos que somos responsables, es decir que tenemos que responder sobre cómo hemos vivido.
"Tras comer mi ración de pan, devoré la de mi hermano. Él padeció hambre, y yo tuve indigestión" S.S.I.
Fuente: "Breviario del dador alegre" por Carlos T. Gattinoni
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