Siempre que alguien se jacte de algo, dice Pablo, debe ser de lo que ha hecho el Señor. ¡De qué modo borra de un solo golpe todas las orgullosas evaluaciones que vemos hacer a las personas acerca de sus propios ministerios! Esto es algo que nunca oímos de Pablo. En la próxima sección nos dirá algunas de las cosas que sucedieron en su ministerio, pero lo hace con las más humildes disculpas. Se siente afligido por tener que hablar acerca de lo que ha hecho. Solo defiende su ministerio porque esa es la clase de argumento que los corintios han estado escuchando de sus falsos maestros y dan la impresión de pensar que es importante. Encontramos un breve ejemplo del enfoque de Pablo en 1 Corintios 15:10, donde dice lo siguiente acerca de él mismo: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo” (1 Corintios 15:10). Pablo reconoce siempre que lo único que cuenta es lo que hace Cristo en él, no lo que él hace por Cristo. Yo he visto algunas veces en la pared de los hogares cristianos una pequeña placa que dice: Sólo una vida, que pronto pasará. Eso suena muy piadoso y no cabe duda de que encierra un cierto grado de verdad en ello, pero siempre me preocupa porque no creo que se haya expresado de una manera muy exacta. Lo que a mí me gustaría ver es: Sólo una vida, que pronto pasará. “Pero eso no respeta la métrica del verso”, dirá usted. Es verdad, pero expresa una teología correcta, y eso es lo que a mí me interesa. No es lo que yo hago por Él lo que hace alguna diferencia, ni mucho menos. Es lo que Él hace por medio de mí. Es lo que yo espero que Él haga y lo que Él promete hacer lo que cuenta. Por lo tanto, la verdadera evaluación de un ministerio es mirar atrás y decir: “Bueno, pues, gracias a Dios por lo que ha pasado; pero yo no lo hice; fue Dios quien lo hizo por medio de mí. Me siento agradecido por el privilegio de haber tenido la oportunidad de ser un instrumento en Sus manos”. Esa es la verdadera evaluación.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Recurrimos nosotros a medir y a compararnos con otras personas? ¿Hallamos contentamiento sencillamente sirviendo como amados de Cristo? |
Versículo para hoy:
miércoles, 22 de septiembre de 2021
22 de septiembre - La verdadera evaluación - Ray Stedman
martes, 21 de septiembre de 2021
21 de septiembre - Nuestras armas secretas - Ray Stedman
Pablo dice que no empleamos las armas de la carne. ¿Cuáles son estas armas? ¿Qué es lo que usa el mundo para intentar resolver los problemas que reconoce en la sociedad? Usted sabe lo que usa: la coerción, la manipulación, los grupos de presión, los compromisos o manifestaciones que a la postre dan como resultado voces elevadas, puños amenazantes y brotes de conflictos. Estas son las armas del mundo; así que es comprensible por qué aquellos que se gobiernan por la carne intentan emplear las armas carnales para conseguir que se hagan las cosas. Pero el testimonio universal de la historia es que estas no funcionan. Nosotros tenemos otras armas. Son eficaces, poderosas y logran algo. Derribarán las fortalezas del mal, nos dice Pablo. Pero no hay respuesta en este pasaje a la pregunta: “¿Qué armas son estas?”. El apóstol se ha referido a ellas en varios lugares en sus epístolas. La primera arma que tenemos a nuestra disposición es la verdad. Al cristiano se le permite tener una visión de la vida y de la realidad que otros no tienen. Nosotros sabemos lo que se encuentra tras las fuerzas que operan en nuestra sociedad hoy y deberíamos saber cómo vencerlas. De eso se trata la verdad, que es realismo. Lo maravilloso de la Palabra de Dios es que cuando entiende usted al mundo tal y como lo ve la Biblia, está usted viendo la vida como es en realidad. Es por eso que es tan importante que entendamos las Escrituras, que refresquemos nuestras mentes con ellas en todo tiempo, porque estamos siendo constantemente bombardeados por la ilusión y el error cada día, y es fácil volver a pensar como piensa todo el mundo a nuestro alrededor. El amor también es un arma poderosa, y en las Escrituras la Palabra de Dios enlaza la verdad con el amor. Cuando empieza usted a tratar a las personas con cortesía en lugar de tratarlas con ira, cuando las acepta como personas con sentimientos como los suyos y entiende que también ellas están enfrentándose con dificultades y ven las cosas distorsionadas con la misma frecuencia que le sucede a usted, cuando empieza a tratarlas como personas con problemas que necesitan ayuda (eso es lo que es el amor), entonces cambia usted todo el cuadro. Juntamente con la verdad y el amor en las Escrituras tenemos la fe. La fe es el reconocimiento de que Dios se encuentra presente en la historia. Él no nos ha dejado solos para que nos tropecemos en el camino. El Señor Jesús tiene el control de todas las naciones de la tierra. La fe así lo cree y espera que Él haga algo. En Hebreos 11, tenemos una gran crónica acerca de personas corrientes, hombres y mujeres ordinarios como usted y yo, que encontraron, por la fe, que podían cerrar las fauces de los leones, abrir las puertas de las cárceles y cambiar el curso de la historia. Otra arma poderosa para el cristiano, que procede de la fe, es la oración. El poder de la oración es algo que se nos muestra a lo largo de todas las Escrituras. Se nos exhorta constantemente a exponer las situaciones en las que nos encontramos a las oraciones del pueblo creyente, tanto a nivel individual como corporativo, pidiendo en oración que Dios actúe y cambie las cosas. Una y otra vez la crónica da testimonio de que los cristianos que oraban cambiaron drásticamente los acontecimientos.
|
| Aplicación a la vida |
| Para todos los cristianos, la lucha espiritual es algo que damos por sentado, tanto si participamos en ella de manera activa como pasiva. ¿Nos mantenemos nosotros alertas para reconocer y participar haciendo uso de nuestras armas espirituales? |
lunes, 20 de septiembre de 2021
20 de septiembre - Dar con gozo - Ray Stedman
El dar debe ser una entrega esperanzada. Usted está tratando con Dios, y Él puede devolver. Muchas personas se ponen nerviosas por esto. Dicen: “Eso significa dar para que les den, lo cual es dar de una manera egoísta”. Yo admito que es posible dar a Dios de una manera egoísta, pero no tiene nada de malo reconocer que se beneficiará usted dando un donativo, porque la Palabra nos lo dice en todas partes. Si usted no da, a usted le sucede algo. Los límites de su experiencia se estrechan y se reducen, haciendo que se convierta usted en una persona al estilo de Scrooge, agarrada y tacaña. Pero por otro lado, aquellos que aprenden a dar y lo hacen por los motivos apropiados, se vuelven generosos, bondadosos; son personas que piensan en Dios. Es acerca de esto de lo que está hablando Pablo aquí. Dios puede devolver, y no está mal que usted dé teniendo en cuenta este reconocimiento, porque todo lo que tenemos a la postre procede de Él. Cuando se coma usted una barra de pan, debería recordar los pasos que hay que dar para producirla: "la harina blanca como la nieve, el molino, el campo de trigo, la lluvia y la voluntad del Padre". Por lo tanto, todo procede de Su mano. Si da usted a fin de tener más que dar, está usted obrando de acuerdo al programa de Dios. Su motivación no debe ser gastar en sí mismo. Si da usted para tener más que disfrutar, está usted dando por motivos equivocados. A muchos cristianos se les está enseñando esto hoy. Dios se deleita en dar, por cualquier medio, devolviendo desde el punto de vista material. Eso es lo que nos enseñan los próximos versículos: “para que seáis ricos en todo para toda generosidad, la cual produce, por medio de nosotros, acción de gracias a Dios, porque la entrega de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios” (2 Corintios 9:11-12). Pablo está diciendo que, si usted da según la ley de la cosecha, Dios se lo devolverá a usted, y esta es la forma que tendrá: despertará la gratitud en las personas a las que dé usted. En nuestra iglesia hemos tenido el gozo en muchas ocasiones de ser testigos de cómo las personas daban gracias públicamente, en ocasiones con lágrimas que caían por sus rostros, por la manera en que otros habían respondido a sus necesidades físicas o materiales. Yo estoy encantado por esto. Es una recompensa maravillosa por lo que damos, ¿verdad?, ver cómo las personas reciben ayuda, son bendecidas y se sienten movidas a expresar su gratitud por ello.
|
| Aplicación a la vida |
| El dar de gracia es un milagro que refleja el carácter de Dios. ¿Nos empeñamos nosotros, por lo tanto, en conocer al Dador de este don tan radical? |
domingo, 19 de septiembre de 2021
19 de septiembre - La gracia y el dar - Ray Stedman
El que Cristo se humillase a Sí mismo es lo que Pablo nos pone como ejemplo de lo que significa dar. Hubo un tiempo en el que Jesús fue rico. No fue rico en la tierra, aunque en algunas ocasiones estuvo viviendo con personas ricas. Tenía vecinos y amigos que eran ricos, y algunos de los que le siguieron eran ricos, pero Él mismo no tenía nada. Pero hubo un tiempo en que fue rico, según este versículo. ¿Cuándo fue eso? ¿Se acuerda usted del discurso en el aposento alto, en la oración de Jesús que se menciona en Juan 17, donde le dice al Padre: “Ahora, pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo existiera” (Juan 17:5). No sé si Pablo era consciente de esta oración o no, pero este es un versículo muy claro que indica que Jesús se acordaba de un tiempo en que era rico, cuando todo en el universo le pertenecía. Todas las huestes celestiales se inclinaban ante Él en una adoración continua a Su nombre, y cientos de miles de personas estaban dispuestas a acudir a su mandato. Él era el Dueño de todo; todo le pertenecía, pero lo entregó todo de manera voluntaria, volviéndose deliberadamente pobre. Como dijo Pablo en Filipenses: “se humilló a sí mismo” (2:8) y se convirtió en un hombre, solamente en un hombre pobre. ¿Recuerda usted como estaba constantemente tomando cosas prestadas? No tenía nada que le perteneciese. Pidió prestados alimentos, ropa, y una moneda que usó como una ilustración, un borrico para entrar en la ciudad de Jerusalén, y por último le tuvieron que prestar un sepulcro en el que le pusieron. Hubo una ocasión en la que dice que los discípulos se fueron todos a sus propias casas, pero Él se fue al monte de los Olivos, porque no tenía ningún hogar al que ir ni ningún lugar donde recostar Su cabeza. ¿Por qué hizo esto? ¿Por qué se hizo pobre? Lo que Pablo nos recuerda es que lo hizo a fin de que nosotros pudiéramos ser enriquecidos. ¿Ha pensado usted acerca de lo rico que le ha hecho a usted el Señor? Tan sólo el otro día, en medio de todo el tumulto acerca del cual informamos en la escena internacional, yo estaba pensando en lo terrible que sería tener que vivir hoy sin el Señor. ¿Le gustaría a usted hacer esto ahora que le ha conocido? ¿Le gustaría a usted renunciar a todo el gozo, toda la paz, todo el sentimiento de perdón, a que haya sido eliminada su carga de culpabilidad? ¿Renunciaría usted al sentimiento de Su presencia, a una fuente de poder que está a su disposición para cualquier cosa que necesite usted, al continuo suministro de gozo, de alegría y de restauración, al continuo enriquecimiento en su vida? ¡Qué ricos nos ha hecho Jesús! Él se hizo pobre para que nosotros pudiéramos ser ricos. Cuando piensa usted en esto, qué equivocado parece que retengamos nuestros dones de aquellos que están necesitados a nuestro alrededor. ¿Cómo podemos nosotros aferrarnos a nuestra abundancia, quedándonos con ella mientras nuestros hermanos están necesitados?
|
| Aplicación a la vida |
| Jesús es nuestro Tesoro inestimable. ¿Estamos nosotros aprendiendo a adorarle a Él con todo lo que somos y con todo lo que tenemos? ¿Qué es lo que es posible que estemos reteniendo de Él en este día? |
sábado, 18 de septiembre de 2021
18 de septiembre - Cómo arrepentirse - Ray Stedman
Siempre que alguien le acusa a usted de estar equivocado o le dice la verdad acerca de sí mismo, le duele. Puede producir una de estas dos reacciones: lo que Pablo llama o bien “una tristeza santa” o “una tristeza mundana”. Todos nos sentimos doloridos, pero la pregunta, como es natural, es: “¿Se trata de una tristeza santa o de una tristeza mundana?”. La tristeza santa es el dolor de ser de repente consciente de algo acerca de usted mismo de lo que usted no era consciente antes. Es ser consciente de que algo está mal acerca de sí mismo que no siempre lo ha podido ver y que crea un sentimiento de ira, tal vez, o de ponerse a la defensiva, de sentirse ofendido y, con frecuencia, de lágrimas. Es el momento en que usted es consciente de sí mismo o lo que podemos llamar el “momento de la verdad”. ¿Le ha pasado esto a usted? Usted seguía con su vida, pensando que todo iba bien, cuando vino alguien y le dijo algo acerca de usted mismo, y justo cuando esa persona dijo esas palabras, sintió usted como si le hubiesen dado una puñalada en el corazón que dijese: “Eso es así, ¿no es cierto?”. Puede que se ponga usted a la defensiva, puede que discuta o que luche, pero en el fondo usted sabe que es verdad. Le duele, pero es un sufrimiento santo que lleva al arrepentimiento. Hace que cambie usted, que altere su comportamiento. Yo recuerdo muy bien cómo, cuando era un cristiano joven, tuve una gran lucha en mi vida por ser excesivamente sensible a los demás. Tenía una imagen de mí mismo tan pobre que los sentimientos que tenía sobre mí dependían de la manera que pensaban otros acerca de mí. Por consiguiente, si no me decían siempre cosas agradables y me trataban bien, me sentía muy dolorido y molesto. Podían hacer que me sintiese como si estuviese en un atolladero, sintiendo lástima de mí mismo durante días enteros sencillamente porque habían hecho algún comentario casual acerca de mí que me había molestado realmente. Un día tuve mi momento de verdad cuando estaba hablando con una cristiana acerca de otro tema, pero en la conversación ella dijo algo que me llegó al alma como si me hubiese clavado una flecha. Dijo: “He aprendido que la sensibilidad no es otra cosa que egoísmo”. Yo no quería admitirlo, pero sabía que era verdad. Sabía que lo que yo realmente quería era ser el centro de atención y que todo el mundo me ministrase y se ocupase de mí. Sin embargo, la próxima vez que alguien me hirió, decidí actuar sobre la base de lo que había aprendido y dije: “Eso no es su culpa; él no pretendía decir nada ofensivo; soy yo el que lo siento así porque lo estoy interpretando de manera equivocada”. Hice esto y, después de varias experiencias por el estilo, de repente comencé a experimentar un sentimiento de maravillosa libertad. Era como si se me hubiese quitado un peso de encima y fuese libre para disfrutar las cosas mucho más de lo que jamás lo había hecho. No me olvidaré nunca de la sensación de liberación que tuve al reconocer incluso la dolorosa verdad que alguien. sin darse cuenta, me había dicho. A eso es a lo que se refiere Pablo. El arrepentimiento santo reconoce la verdad y cambia su comportamiento, y eso a su vez nos lleva a un sentimiento de libertad y de liberación.
|
| Aplicación a la vida |
| El arrepentimiento santo nos limpia y nos libera. ¿Mantenemos nosotros abierta la puerta del arrepentimiento a la gracia salvadora de Dios en y por medio de nosotros? |
viernes, 17 de septiembre de 2021
17 de septiembre - Unidos en yugo desigual - Ray Stedman
La desigualdad es equivalente al “yugo desigual”. Un yugo es un armazón de madera o una barra con agujeros en las dos puntas, que encaja alrededor de los cuellos de dos animales, que los une y les obliga a actuar como uno solo. Es a esto a lo que se refiere Pablo aquí. Está pensando en Deuteronomio 22, donde la Ley dice: “No ararás con buey y con asno juntamente” (v. 10). Puede que esto nos parezca extraño a nosotros, pero a Dios le preocupaba que los israelitas uniesen a dos animales de diferente naturaleza. Yo nunca he visto un buey y un asno unidos por un yugo, aunque una vez cuando estaba viajando por el Oriente medio, vi a un granjero arando su campo con un camello y un burro. Resultaba casi ridículo contemplarlo. El camello era tres veces más alto que el burro y sus patas eran tres veces más largas. Avanzaba con paso lento para un camello, pero el pequeño borrico iba tan de prisa como podía para no quedarse atrás. El granjero no hacía más que golpear el burro todo el tiempo, intentando que se mantuviese al mismo paso. Resultaba cruel. La Ley refleja el hecho de que es cruel unir con un yugo dos cosas de naturaleza incompatible. Es en esto en lo que está pensando Pablo aquí. Lo que está diciendo es que hay ciertas asociaciones que tienen los cristianos con personas que no son creyentes que constituyen un yugo, y estas asociaciones son una causa de desgracia y de vergüenza en la vida del cristiano, por lo que debemos evitarlas. Se convertirán en un obstáculo; nos limitarán, nos atarán e impedirán que disfrutemos la plenitud que Dios tiene en mente para nosotros. Es igual que intentar mezclar el aceite con el agua; es imposible. Usted puede ver esto por la ilustración que usa. La gran pregunta que queda sin contestación es: “¿Qué es un yugo?”. ¿Es una sociedad de negocios un yugo? ¿Es la membresía en un sindicato un yugo? ¿Es un matrimonio un yugo? ¿Es tener una cita con una persona que no es cristiana un yugo? No todas las asociaciones son yugos, pero los yugos tienen dos características mediante las que los podemos reconocer. La primera es que un yugo no se rompe fácilmente, porque es una especie de relación permanente. Cuando usted pone un yugo entre dos animales, están unidos; no tienen opción alguna. Por incómodo que resulte, deben hacer las cosas juntos. La segunda señal de un yugo es que limita a alguien; no permite la acción independiente. Hay algo que le obliga a usted a consentir en hacer lo que quiere la otra persona, tanto si a usted le gusta como si no. Cualquier clase de relación que no permite al creyente seguir a su Señor en todas las cosas es un yugo. Hasta una amistad puede ser un yugo. Si es la clase de amistad posesiva en la que usted siente que no puede hacer lo que Dios quiere que haga usted porque ofenderá a su amigo, entonces eso es un yugo que debe romperse.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Somos libres de todos los hombres, pero al mismo tiempo siervos de todos? ¿Impide alguna de nuestras relaciones que tengamos libertad para amar y obedecer a Dios con todo nuestro corazón, nuestra alma y nuestra mente? |
jueves, 16 de septiembre de 2021
16 de septiembre - La reciprocidad del amor - Ray Stedman
Os hemos hablado con franqueza, corintios; nuestro corazón os hemos abierto. 2 Corintios 6:11
Pablo amaba a estas personas en Corinto, manifestándoles su amor de diferentes maneras. Lo ha demostrado, como dice aquí, de dos formas especiales. “Os hemos hablado con franqueza”, dice Pablo, lo cual significa que se comunicaba con ellos, contándoles lo que estaba sucediendo en su propia vida, compartiendo con ellos sus sentimientos, sus luchas, sus fracasos, sus presiones y problemas, informándoles cómo les hacía frente. Esto es siempre una señal de amor. Abrirnos a otras personas es amarlas y, a la inversa, cerrarnos y no comunicarnos es violar el amor. Este es un problema corriente en las iglesias en la actualidad. De hecho, los cristianos consideran que está bien cerrarse en sí mismos, ser personas privadas, no dispuestas a comunicar quiénes son y cómo se sienten, además de dónde están en sus vidas. Eso, como es natural, es la manera de comportarse del mundo. El mundo nos enseña a no permitir que nadie vea quiénes somos. Pero es preciso que entendamos que cuando nos hacemos cristianos, debemos aprender a abrirnos los unos a los otros. “Nuestro corazón os hemos abierto”, dice. Lo que quiere decir es que no hay favoritismo alguno e incluye a toda la congregación. No se limitó a amar sólo a las “personas agradables” entre ellos; los amó a todos: a los difíciles, a los que estaban luchando y también a aquellos con los que resultaba difícil relacionarse. No había condiciones preestablecidas que él exigiese antes de poder amar a alguien en la congregación tampoco, sino que los aceptó como personas. Aunque conocía las luchas de ellos, sus debilidades, sus aflicciones y sus resistencias, les amaba. El problema consistía en que ellos no le amaron a él a su vez. Este es el problema en las iglesias, en los hogares, en las familias y en los matrimonios hoy en día. Es fracasar en lo que se refiere a entender la naturaleza recíproca del amor. El amor es un camino de dos direcciones. Siempre lo es; es inherentemente de este modo. El amor requiere una reacción. Pablo les estaba amando, pero ellos no le estaban amando a él a su vez. Estaban cerrados; no reaccionaban; se mostraban fríamente independientes con él. ¿Cuál fue el resultado? Pablo lo explica con una sola palabra: Se mostraron “mezquinos... en amor” (v. 12). ¿Qué significa esto? Significa que estaban limitados; eran prisioneros de sus estrechos límites en sus vidas egoístas. Es por este motivo que Pablo suplica a estos corintios aquí: “¡Oh, corintios, abridnos vuestros corazones; no estáis limitados por causa de nosotros. Os limitáis a vosotros mismos, en vuestros propios afectos. Si realmente deseáis experimentar la riqueza del amor, actuad con el mismo amor con que sois amados”. Esta es una de las más importantes lecciones que jamás podemos aprender en la vida. Es preciso que el amor reaccione. ¿Qué hace usted cuando alguien le muestra amor? ¿Devuelve usted ese amor, o dice usted: “¡Qué sentimiento más maravilloso! Espero que lo mantengan”? ¿Espera usted recibirlo todo sin reaccionar de manera recíproca? No, eso es imposible. Es preciso que el amor responda.
|
| Aplicación a la vida |
| La comunicación transparente hace que nos expandamos y nos hace que seamos vulnerables. ¿Estamos aprendiendo nosotros a ser sinceros con todo el mundo y mostrar de ese modo el amor por amor a Cristo y por Su poder? |
miércoles, 15 de septiembre de 2021
15 de septiembre - El fanatismo sensato - Ray Stedman
Al viajar el apóstol Pablo por todo el imperio romano, nos enteramos por las Escrituras de que con frecuencia le acusaban de estar loco. Las personas oían su testimonio acerca de la asombrosa experiencia en el camino a Damasco. Eran testigos de su dedicación y su entrega a la vida, que le alejaron de las comodidades y de los placeres, y decían que estaba loco. De hecho, Festo, el gobernador romano, en el libro de los Hechos, le dijo a Pablo en la cara un día: “¡Estás loco, Pablo! ¡Las muchas letras te vuelven loco!” (26:24). Pero al apóstol no pareció importarle esto. En la actualidad nos vemos generosamente provistos de una variedad de fanáticos con la mirada dura, que se apresuran a apuntar con el dedo y están llenos de discursos apasionados. Puesto que muchos de ellos afirman ser cristianos, hace que nos preguntemos si los cristianos primitivos eran realmente así. ¿Tiene usted que ser un fanático para ser cristiano? Escuche usted la descripción del apóstol Pablo acerca de su propia vida y cómo describe su dedicación:
¿Es esto fanatismo? Si lo es, yo me siento como el gran predicador inglés Charles Spurgeon, que cuando alguien le dijo que la conversión de Pablo en el camino a Damasco fue realmente causada por un ataque de epilepsia, dijo: “¡Oh, bendita epilepsia! ¡Ojalá que todos los hombres en Londres pudiesen padecer epilepsia de este modo!”. Así que, si esto es fanatismo, entonces yo digo: “¡Ojalá todos nosotros fuésemos así de fanáticos!”. ¡Qué magnífica descripción de una vida que honra a Dios! ¡Qué maravilloso ejemplo tenemos ante nosotros! He aquí cómo debe ser el “ministerio de la reconciliación” cuando se realiza en toda su plenitud. Usted y yo posiblemente nos quedemos cortos de una descripción como esta. Por lo menos, así es cómo yo me siento, pero, aunque no podamos igualar en grado la manera en que vivió el apóstol, todos hemos sido llamados a ser así.
|
| Aplicación a la vida |
| El seguir a Jesús es un llamamiento radical, perteneciente a la otra vida. Si fuésemos acusados de ser verdaderamente cristianos, ¿habría suficiente evidencia como para condenarnos? |
martes, 14 de septiembre de 2021
14 de septiembre - La palabra para esta hora - Ray Stedman
Este es el mensaje, por encima de todo lo demás, que el mundo necesita saber. El problema con las personas por todas partes es que no tienen ninguna seguridad ni sentido de la aceptación, ni de su valor. La mayoría de las personas tiene una pobre imagen de sí mismas, incluso las personas fanfarronas que pretenden dar la impresión de que son autosuficientes. En el fondo saben que sus acciones no son más que un encubrimiento; saben que en realidad no se sienten tan confiadas como quieren dar a entender a otros, sino que se sienten con frecuencia asustadas y frustradas. Tienen que fingir que pueden enfrentarse con todo, pero al final del día saben que no es así. El motivo por el que a las personas les falta seguridad es debido a que sienten alejamiento, una especie de apartamiento de Dios. Viven en un universo que evidentemente saben que no les pertenece. Ellos no lo crearon y ellos no lo hacen funcionar. Todo este universo estaba funcionando mucho antes de que usted y yo apareciésemos en él. Las personas saben esto y, por lo tanto, se sienten inquietas. El alejamiento y la alienación son los problemas supremos de nuestro tiempo. Este mensaje trata acerca de la preocupación de que estamos perdidos, que estamos alejados y separados del Dios que se encarga de todo. Por lo tanto, este es un mensaje que toca los corazones humanos en todas partes. No hace diferencia alguna cuál sea el color de su piel, cuáles sean sus antecedentes o cómo se crió usted. Usted puede decirle esto a una persona de negocios en Wall Street, puede decírselo a un artesano, a un plomero, a un médico, a un abogado o a un miembro de cualquier otra ocupación. Todos ellos necesitan esta palabra universal de reconciliación enviada al mundo. Una característica de este mensaje es que no habla acerca del juicio de Dios por el pecado. Cuando yo me gradué del seminario, comencé mi ocupación como predicador con la idea de que mi trabajo era hacer que las personas fuesen conscientes de su pecado e informarlas acerca del juicio de Dios respecto al mal. Yo me crié en una generación teológica a la que se le enseñó que era necesario asustar a las personas antes de que se hiciesen cristianas a fin de hacer que creyesen en el infierno, para que cuando vean las llamas ardiendo debajo de ellos, cuando sientan que se les chamusca el cabello, entonces se arrepientan de su maldad. Entonces empecé a aprender, gracias a versículos como este. Me dí cuenta por los enfoques de los apóstoles y del Señor mismo que ese no es el mensaje. (A la postre posiblemente tenga usted que advertir a las personas del juicio venidero, si rechazan este mensaje de gracia, pero no es ahí donde debe usted comenzar.) Este es un mensaje por medio del cual Dios está diciendo: “No necesitamos hablar acerca del juicio. Yo ya he resuelto esto”. Después de unos cuantos años aprendí que lo único que necesito hacer es ir a las personas, dando por hecho que están sufriendo en su interior a causa de sus pecados de la misma manera que me sucedió a mí, y hablar acerca de un Dios que lo entiende, que quiere aliviarlas de su sufrimiento y ha hecho algo al respecto. Por lo tanto, Él no estaba dispuesto a echarme en el infierno, sino que estaba abriendo Sus brazos y me estaba invitando a venir al Padre amoroso y a ser restaurado. Este es el mensaje.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Cuál es el mensaje de Dios sobre la reconciliación que tiene que ver con que nos sintamos profundamente apartados y alejados de Él? ¿Somos nosotros portadores del mensaje? |
lunes, 13 de septiembre de 2021
13 de septiembre - ¿Para qué vivir? - Ray Stedman
Aquí tenemos de nuevo la gran motivación de la vida del apóstol: “El amor de Cristo nos constriñe”. De hecho, constreñir es una palabra que significa que nos obliga; hace que vayamos adelante, nos motiva y luego nos guía una vez que llegamos allí, poniendo los límites a lo que debiéramos y lo que no debiéramos hacer. Esa motivación, dice, viene del sentimiento de que Cristo nos ama. Yo no sé de nada más importante y poderoso como factor motivador que este. A veces me siento aterrorizado por lo que Dios pueda hacerme si no me comporto. Eso a veces me motiva. Es una motivación poco importante, pero está ahí. Pero lo que realmente me impresiona, cuando ninguna otra cosa puede conseguirlo, es la experiencia continua del amor de Cristo por mí, el que mi espíritu sea renovado, cosa que sucede al ser consciente de que Él me ama, que está a mi lado, que se deleita en mí. El saber esto me conmueve como ninguna otra cosa. Esto es lo que está experimentando Pablo aquí, el ser consciente de que Dios le ama. No hay nada como eso, el sentimiento de la propia valía y una buena imagen de nosotros mismos. Si usted padece por causa de una mala imagen de sí mismo, empiece a pensar acerca de lo que Dios dice sobre usted, en cómo le ama y cómo le ama Cristo y se ha dado a sí mismo a usted, y eso lo cambiará todo. Él también dice que ha aprendido que la muerte de Cristo le ha librado de la necesidad de vivir para sí mismo. Yo no sé de nada más a propósito para los tiempos actuales que esta afirmación. A todas partes donde me vuelvo oigo a personas hablar sobre lo que tienen que hacer para “satisfacer sus necesidades”. Lo que hacen y a donde van se determina por lo bien que quedan provistas sus necesidades. Usted necesita entender esta importante verdad: Jesucristo murió para hacer que usted fuese libre de este síndrome. Usted no necesita que sus necesidades queden cubiertas. Necesita aprender que ya han quedado abastecidas, porque nunca serán satisfechas por ningún otro medio; ninguna otra persona puede proporcionarlas. Si es eso lo que usted espera de otras personas, se encontrará usted con su rechazo, porque saben que ellas no pueden cubrir sus necesidades. “Uno murió por todos”, y eso quiere decir: “todos han muerto”, a fin de que puedan entender que ya no viven para sí mismos. Una vez que Cristo ha provisto sus necesidades, descubre usted que el secreto de la vida tal y como deberíamos vivirla es que entonces se vuelva usted e intente proveer las necesidades de otras personas. Eso es lo que está diciendo Pablo aquí: “Él murió por todos, para que los que vivan ya no vivan para sí”, no teniendo ya sus necesidades como el centro de su vida, intentando que todo lo que edifiquen sea alrededor de ellos mismos, “sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Es el amor de Cristo la motivación que rige nuestras vidas? ¿Estamos nosotros experimentando el cuidado de Su amor que nos libera? |
domingo, 12 de septiembre de 2021
12 de septiembre - Más allá del fin - Ray Stedman
¡Qué palabras tan maravillosas! Es evidente que tenemos aquí una descripción del actual cuerpo de carne y hueso en el que vivimos a diferencia del mismo cuerpo resucitado y glorificado por la actividad del Espíritu de Dios. Cuando compara usted estas palabras con las que se encuentran en 1ª de Corintios 15, puede ver que Pablo está hablando aquí acerca del cuerpo resucitado, ese cuerpo que recibiremos, en el cual dice que la mortalidad será “absorbida” y convertida en inmortalidad. Usa la misma terminología aquí. Es el cuerpo, dice, en el cual entraremos “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos… seremos transformados”, y nos será dado este nuevo cuerpo (1 Corintios 15:52). Aquí está presentando un contraste de los dos. El cuerpo actual, nos dice, es como una tienda de campaña. Estamos viviendo una experiencia temporal, como lo hacen las personas cuando viven en una tienda de campaña. A veces yo me siento incómodo en esta tienda de mi cuerpo terrenal. Yo estoy seguro de que a usted también le sucede. Una tienda de campaña no es satisfactoria. Las estacas comienzan a combarse; la tienda misma parece que se va a venir abajo; el frío penetra, y no es muy cómoda. Algunos de nosotros nos sentimos de esta manera al ir haciéndonos mayores, pero estamos esperando con anhelo el cuerpo de la resurrección, el edificio permanente, lo que tenía Dios en mente cuando nos creó al principio, la morada permanente diseñada por Dios sin ninguna ayuda humana, “una casa no hecha por manos”. Nada humano lo produce ni añade a ello; nada de lo que pueda hacer el empresario de las pompas fúnebres mientras nuestro cuerpo está siendo preparado para el sepulcro añade ni una sola cosa a lo que hará Dios, que producirá el cuerpo de gloria que hemos de tener. El punto que menciona Pablo es que ya es nuestro en la eternidad. “Tenemos”, dice. Fíjese usted que habla en presente y no dice: “tendremos”. “Tenemos... una casa no hecha por manos, eterna, en los cielos”; ya está allí, esperando a que nos vistamos de ella. El apóstol dice que este nuevo cuerpo, el cuerpo resucitado, es una experiencia que no significa ser separados de nuestro cuerpo, sino tener algo adicional. Él cambia el modismo de la edificación del cuerpo y dice que es como si añadiésemos ropa, de manera que será más de lo que tenemos en este momento. Si siente usted que está vestido por estar en un cuerpo, entonces en ese otro cuerpo sentirá usted que está “más vestido todavía”. Nadie quiere andar flotando en una existencia sin cuerpo. Pablo dice que nuestra actual experiencia será esta: “Estaremos más vestidos a la hora de la muerte como creyentes. Tendremos un cuerpo nuevo. Ese es el peso de una gloria que resulta imposible describir y se producirá de manera instantánea, porque el que nos ha preparado para esto es Dios mismo”.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Nos hemos olvidado nosotros de la expectativa y la esperanza del glorioso futuro para nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu? |
sábado, 11 de septiembre de 2021
11 de septiembre - La vida de Jesús en nuestros cuerpos mortales - Ray Stedman
Lo que queremos, como es natural, es ser como Él. Pero el poder de Dios es el milagro de que otros vean en nosotros, en medio de nuestras presiones y pruebas, el carácter y la vida de Jesús. Yo siempre me he sentido impresionado y desafiado por el versículo en Colosenses 1, en el que Pablo ora para que sus amigos en Colosas puedan ser “fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria” (Colosenses 1:11a). ¿Para qué van a usar todo este poder? Suena como si Pablo debiera haber dicho: “Para que podáis hacer grandes milagros, para que podáis sorprender a las personas con el tremendo magnetismo de vuestra predicación y enseñanza, siendo seguidos por grandes multitudes”. Pero no es eso lo que dice. Él dice: “Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, obtendréis fortaleza y paciencia” (Colosenses 1:11). Eso es lo que concede el poder y es donde se manifiestan la vida y el poder de Dios. Esa es la “vida de Jesús”. Al leer usted los evangelios, el Espíritu de Dios llama su atención a una imagen mucho más hermosa y maravillosa, tal vez, del carácter y de la vida de Jesús. Usted puede ver la belleza moral que atraía al pueblo por todas partes a donde iba. Ve usted la serenidad de Su espíritu, cómo se mueve en cada escena de ira y de inquietud con calma y sosiego. Usted puede contemplar Su voluntad disciplinada y Su evidente gozo en la vida. Esa es la “vida de Jesús”, y eso es lo que quiere, ¿verdad? ¿Cómo puede usted entenderlo? Pablo nos dice que el secreto es que nosotros consintamos en participar en el morir de Jesús. ¿Qué es lo que quiere decir con “el morir de Jesús”? Usted sabe que eso no significa que tengamos que ser clavados en una cruz. Pero esa cruz es un símbolo de algo muy real en nuestra experiencia. ¿Cómo era Jesús en la cruz? No fue poderoso, impresionante y significativo; no fue aplaudido por las multitudes que habían escuchado cada una de Sus palabras. No, la cruz fue un lugar de debilidad física, de rechazo por parte de los orgullosos y arrogantes del mundo que le rodeaba. Fue un lugar de tinieblas, un lugar en el que Él estuvo dispuesto a perder todo lo que había construido y a confiar en Dios para que se lo devolviese e hiciese de ello algo significativo. ¿Se ha encontrado usted recientemente en estas circunstancias, en las que, hiciese usted lo que hiciese, no podía recibir ninguna gloria o crédito para sí mismo? Es ahí exactamente donde Dios quiere que esté usted, porque cuando tienen lugar estos tiempos de una presión extraordinaria, de sufrimiento y de desesperación y dolor, de sentir que usted ha desperdiciado su vida y no ha sido usado, es cuando Dios está llevando a cabo Su voluntad. Es posible que otros estén recibiendo vida por la muerte que está usted experimentando.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Estamos nosotros siendo tan transformados por nuestra relación con Cristo que otras personas que forman parte de nuestras vidas ven la gloria de Su carácter? ¿Cómo podemos nosotros participar en el morir de Jesús? |
viernes, 10 de septiembre de 2021
10 de septiembre - De las tinieblas a la luz - Ray Stedman
Vino a verme un hombre preocupado por un contacto que había tenido con un brillante ingeniero que poseía una mente impresionante, pero que era un agnóstico declarado. El ingeniero no mostró estar ni mucho menos abierto al evangelio. Después de un tiempo este ingeniero se sumió en una profunda depresión, que fue tan intensa y prolongada que acabó por ser despedido de su trabajo. Este amigo suyo, que era cristiano, le preguntó si al menos estaría dispuesto a dar su consentimiento para venir a hablar conmigo. Así que me contó su historia. Estaba tan deprimido que le costaba trabajo hablar. Le hice las preguntas habituales acerca de lo que creía, pero no creía en nada. Después de intentar ayudarle durante una o dos horas enteras, le dije: “Lo siento, no hay nada que yo pueda hacer para ayudarle, pero no quiero abandonarle a usted. Si quiere usted venir aquí cada semana, me reuniré con usted y haré dos cosas por usted. Primero, le leeré a usted la Biblia y, en segundo lugar, oraré por usted. No sé lo que sucederá, y eso es todo lo que puedo hacer”. Ante mi asombro, dio su consentimiento. Continuó viniendo semana tras semana. Yo le leía una porción de las Escrituras y le decía: “¿Significa esto algo para usted?”. A lo que él contestaba que no, y entonces yo oraba con él. Pasaron por lo menos ocho meses, durante los cuales hicimos esto cada semana sin fallar. Un día le dije: “¿No hay nada que yo le haya leído a usted que signifique algo para usted?”. Me contestó: “Bueno, esta mañana estaba pensando acerca de ello. Usted me leyó las palabras de Jesús en el huerto de Getsemaní: ‘No sea hecha mi voluntad, sino la tuya’. De repente eso significó algo para mí”. Pero yo le dije: “Si eso ha significado algo para usted, permítame pedirle que haga lo siguiente: haga usted esa oración repetidamente. Siempre que sienta que necesita un poco de ayuda, cuando se sienta usted desesperado o piense en ello, haga usted esta oración”. Así que pasaron varias semanas más, y un día leí algo, y él me dijo: “Oh, sí. Eso está bien, ¿verdad?”. Le pedí que lo memorizara y que lo repitiese. Un par de semanas después, encontró algo más, y gradualmente fue apareciendo una nueva luz en su corazón. Oramos cada semana, y al comenzar esta luz a aparecer en su vida, se volvió más fuerte, y más de las Escrituras comenzaron a impresionarle, hasta que reconoció abiertamente que Jesús era el Señor de su vida y se entregó a Su voluntad. Entonces comenzó a desarrollarse y a crecer. Empezó a devorar la Palabra de Dios, leyéndola de manera interminable. De esto hace años, y este hombre no tiene otra cosa más que alabanzas y acciones de gracias hacia el Dios viviente, que eliminó las tinieblas por medio de una palabra creadora: “Hágase la luz”. Eso es lo que nos está diciendo Dios a nosotros por medio de estas palabras. ¿Dónde encuentra usted la luz de la gloria de Dios? En el rostro de Jesucristo. ¿Y dónde encuentra usted el rostro de Jesús? En las Escrituras. Al leerlas y permitir que el Espíritu de Dios las interprete, el “rostro de Cristo” se vuelve más claro. Así es como la luz entra en un corazón oscurecido.
|
| Aplicación a la vida |
| Cuando leemos la Palabra de Dios escrita, ¿esperamos ver a la Persona que es la Palabra Viva? ¿Dónde encontramos la luz de la gloria de Dios? |
jueves, 9 de septiembre de 2021
9 de septiembre - Nada que no sea la verdad - Ray Stedman
En todo este pasaje Pablo ha repetido el mismo tema: “No desmayamos”. “No nos entran ganas de abandonar; tenemos confianza; nos sentimos animados”. Yo encuentro a muchos cristianos que se sienten desanimados hoy. Un pastor que vino de una iglesia en una localidad diferente dijo que hace unos pocos años él evaluó el ministerio. Miró a su alrededor a lo que estaba considerado como una iglesia que tenía éxito. Tenía una buena asistencia, la situación financiera era clara, pero, a pesar de ello, dijo que todas las mañanas sentía una profunda sensación de fracaso y de vacío respecto a lo que estaba haciendo. Cada vez tenía más la impresión de que estaba realizando actividades religiosas, que no estaba consiguiendo nada que tuviese un valor auténtico y duradero. Yo me encuentro con muchos cristianos que están dispuestos a abandonar, convencidos de que no están consiguiendo nada. Pero al hablar con ellos, se descubre que no se ven de la manera que se veía Pablo a sí mismo, como instrumentos de Dios obrando. Se están concentrando en lo que no están haciendo para Dios o cómo se sienten en ese momento, que no están haciendo nada para Dios. No parecen entender la base de este ministerio al que se refiere Pablo como el “nuevo pacto”, el nuevo arreglo para la vida que Dios ha provisto en Cristo. En estos versículos, el apóstol nos da dos grandes motivos por los que el nuevo pacto no permite el desánimo. He aquí su primer motivo, que se encuentra en el versículo 2: “renunciamos a lo oculto y vergonzoso”; nos negamos a practicar la astucia o a alterar la Palabra de Dios. Él dice: “Le hemos dado la espalda a las cosas y costumbres que producen el desanimo”. Es por eso que él no se desanimaba. Yo me quedo siempre asombrado por lo actualizadas que están las Escrituras. Uno pensaría que Pablo acababa de escuchar alguna retransmisión de radio cristiana o programa de televisión cuando escribió esto. Evidentemente había personas en su época que estaban predicando y evangelizando en iglesias, que lo estaban haciendo de maneras vergonzosas y clandestinas. Estaban confiando en enfoques sagaces e incluso alterando la Palabra de Dios. Pablo dice: “He renunciado a todo esto” (si es que alguna vez fue culpable de ello). Él nos dice lo que hace en lugar de esto otro: “manifestando la verdad, nos recomendamos, delante de Dios, a toda conciencia humana” (2 Corintios 4:2b). Es por este motivo que Pablo no se desanima. No tiene que pensar en algún nuevo artilugio que consiga que las personas salgan a escuchar las buenas nuevas. Sabe que la verdad es la cosa más emocionante y atractiva del mundo. Sabe que al hablar a las personas acerca de la verdad sobre ellas mismas, acerca de sus vidas y del mundo en el que viven, al eliminar todos los velos y los engaños bajo los cuales viven las personas en cualquier generación y revelar la realidad básica de lo que está ahí, se consigue una atención inmediata.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Dónde y cómo podemos nosotros eliminar todos los velos de las ilusiones y los engaños, para ver la verdad en nosotros mismos, en nuestras vidas y en el mundo en el que vivimos? |
miércoles, 8 de septiembre de 2021
8 de septiembre - Libertad para quitar la máscara - Ray Stedman
El apóstol recuerda de inmediato a los corintios que el Señor está en sus corazones, en sus espíritus humanos. Su esperanza de libertad se basa en el importante hecho de que Aquel que está en el interior de ellos es Dios mismo. Pablo le identifica: “El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”. Libertad implica las cosas hechas abiertamente, con atrevimiento, sin tener nada que ocultar. Aquellos que son libres son los que no tienen una reputación que defender, ninguna imagen tras la cual ocultarse, nada que conservar en sí mismos, por lo que pueden ser ellos mismos. Por todas partes hoy hay personas que anhelan tener esta clase de libertad. Las personas quieren ser “ellas mismas”. “Tengo que ser yo”, oímos decir, y no hay nada de malo en esto. Lo único que está mal es cómo lo hacemos. En el mundo se nos enseña que la manera de poder ser “yo mismo” es pensando en “mi” ventaja, “mis” esfuerzos, defendiendo y exigiéndolos. La Palabra de Dios nos enseña que es otro proceso totalmente diferente. Ser uno mismo y tener libertad no significa negar el potencial de todo el mal que es posible en su corazón y en su vida, porque tiene usted otra base sobre la cual recibe la aceptación y la aprobación de Dios. Su aceptación y Su aprobación son dones que Él le concede a usted. La fe que continuamente nos da hace que aceptemos renovadamente el don de la justicia, el cual nos hace estar ya agradando a Dios y, sobre esta base, le sirve usted con un corazón agradecido por lo que ya tiene usted. No tiene que ganarse Su favor, y su comportamiento no va a afectarlo. Cuando empieza usted a mirar a Aquel que está haciendo esto en su vida, el Señor Jesús, y le contempla, habiendo eliminado todos sus velos, de modo que no tema examinar su propia capacidad para el mal, entonces sucede algo maravilloso. Sin saber siquiera que lo está haciendo, sencillamente gozándose en lo que tiene usted y sirviendo al Señor que se lo dio, descubrirá usted y otras personas también, que se está convirtiendo usted en una persona amorosa, y el amor es el cumplimiento de la Ley; es la exigencia misma que Dios hizo mediante la Ley que usted tanto se esforzó en cumplir por medio de sus propios esfuerzos. Se cumplirá sin que usted se dé cuenta cuando empiece usted a amar por la gracia y el perdón de Dios. Es un proceso de crecimiento. No sucede por medio de una gran transformación de repente cuando es usted santificado, lleno del Espíritu o bautizado. Sucede cuando mantiene su vista fija en la gloria del Señor y no en el rostro de Moisés, no por medio de sus propios esfuerzos, sino por lo que Él ya le ha dado. Cuando lo hace usted, descubre de repente que el Espíritu de Dios ha estado obrando haciendo cambios graduales. Se está convirtiendo usted en una persona amorosa, con la cual resulta más fácil vivir, más atractiva, más digna de afecto. Su vida se está volviendo más profunda al ir perdiendo su superficialidad, y es usted más comprensivo respecto a lo que sucede. Esa es la obra del Espíritu. Fíjese en lo que dice: “Esto procede del Señor, que es Espíritu”. No es usted el que lo consigue, es Él.
|
| Aplicación a la vida |
| ¿Somos realmente libres para admitir y examinar nuestra naturaleza y capacidad para el mal? ¿Confiamos equivocadamente en nuestro propio esfuerzo para vencerlo? ¿De qué manera nos cambia la libertad en Cristo? |































