Versículo para hoy:

miércoles, 15 de septiembre de 2021

15 de septiembre - El fanatismo sensato - Ray Stedman

 Como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, pero llenos de vida; como castigados, pero no muertos; como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, pero poseyéndolo todo. 2 Corintios 6:8-10

Al viajar el apóstol Pablo por todo el imperio romano, nos enteramos por las Escrituras de que con frecuencia le acusaban de estar loco. Las personas oían su testimonio acerca de la asombrosa experiencia en el camino a Damasco. Eran testigos de su dedicación y su entrega a la vida, que le alejaron de las comodidades y de los placeres, y decían que estaba loco. De hecho, Festo, el gobernador romano, en el libro de los Hechos, le dijo a Pablo en la cara un día: “¡Estás loco, Pablo! ¡Las muchas letras te vuelven loco!” (26:24). Pero al apóstol no pareció importarle esto.

En la actualidad nos vemos generosamente provistos de una variedad de fanáticos con la mirada dura, que se apresuran a apuntar con el dedo y están llenos de discursos apasionados. Puesto que muchos de ellos afirman ser cristianos, hace que nos preguntemos si los cristianos primitivos eran realmente así. ¿Tiene usted que ser un fanático para ser cristiano? Escuche usted la descripción del apóstol Pablo acerca de su propia vida y cómo describe su dedicación:

Antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; en pureza, en conocimiento, en tolerancia, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero; en palabra de verdad, en poder de Dios y con armas de justicia a diestra y a siniestra; por honra y por deshonra, por mala fama y por buena fama; como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, pero llenos de vida. (2 Corintios 6:4-9a)

¿Es esto fanatismo? Si lo es, yo me siento como el gran predicador inglés Charles Spurgeon, que cuando alguien le dijo que la conversión de Pablo en el camino a Damasco fue realmente causada por un ataque de epilepsia, dijo: “¡Oh, bendita epilepsia! ¡Ojalá que todos los hombres en Londres pudiesen padecer epilepsia de este modo!”. Así que, si esto es fanatismo, entonces yo digo: “¡Ojalá todos nosotros fuésemos así de fanáticos!”. ¡Qué magnífica descripción de una vida que honra a Dios! ¡Qué maravilloso ejemplo tenemos ante nosotros! He aquí cómo debe ser el “ministerio de la reconciliación” cuando se realiza en toda su plenitud. Usted y yo posiblemente nos quedemos cortos de una descripción como esta. Por lo menos, así es cómo yo me siento, pero, aunque no podamos igualar en grado la manera en que vivió el apóstol, todos hemos sido llamados a ser así.

Padre celestial, te doy gracias por el testimonio de este relato acerca del gran apóstol, que vivió sometido a las presiones y las calamidades de su propia época. Concédeme, por el poder del Espíritu Santo, el mismo fanatismo sensato de Pablo.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
El seguir a Jesús es un llamamiento radical, perteneciente a la otra vida. Si fuésemos acusados de ser verdaderamente cristianos, ¿habría suficiente evidencia como para condenarnos?

martes, 14 de septiembre de 2021

14 de septiembre - La palabra para esta hora - Ray Stedman

 Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 2 Corintios 5:19

Este es el mensaje, por encima de todo lo demás, que el mundo necesita saber. El problema con las personas por todas partes es que no tienen ninguna seguridad ni sentido de la aceptación, ni de su valor. La mayoría de las personas tiene una pobre imagen de sí mismas, incluso las personas fanfarronas que pretenden dar la impresión de que son autosuficientes. En el fondo saben que sus acciones no son más que un encubrimiento; saben que en realidad no se sienten tan confiadas como quieren dar a entender a otros, sino que se sienten con frecuencia asustadas y frustradas. Tienen que fingir que pueden enfrentarse con todo, pero al final del día saben que no es así.

El motivo por el que a las personas les falta seguridad es debido a que sienten alejamiento, una especie de apartamiento de Dios. Viven en un universo que evidentemente saben que no les pertenece. Ellos no lo crearon y ellos no lo hacen funcionar. Todo este universo estaba funcionando mucho antes de que usted y yo apareciésemos en él. Las personas saben esto y, por lo tanto, se sienten inquietas. El alejamiento y la alienación son los problemas supremos de nuestro tiempo.

Este mensaje trata acerca de la preocupación de que estamos perdidos, que estamos alejados y separados del Dios que se encarga de todo. Por lo tanto, este es un mensaje que toca los corazones humanos en todas partes. No hace diferencia alguna cuál sea el color de su piel, cuáles sean sus antecedentes o cómo se crió usted. Usted puede decirle esto a una persona de negocios en Wall Street, puede decírselo a un artesano, a un plomero, a un médico, a un abogado o a un miembro de cualquier otra ocupación. Todos ellos necesitan esta palabra universal de reconciliación enviada al mundo.

Una característica de este mensaje es que no habla acerca del juicio de Dios por el pecado. Cuando yo me gradué del seminario, comencé mi ocupación como predicador con la idea de que mi trabajo era hacer que las personas fuesen conscientes de su pecado e informarlas acerca del juicio de Dios respecto al mal. Yo me crié en una generación teológica a la que se le enseñó que era necesario asustar a las personas antes de que se hiciesen cristianas a fin de hacer que creyesen en el infierno, para que cuando vean las llamas ardiendo debajo de ellos, cuando sientan que se les chamusca el cabello, entonces se arrepientan de su maldad.

Entonces empecé a aprender, gracias a versículos como este. Me dí cuenta por los enfoques de los apóstoles y del Señor mismo que ese no es el mensaje. (A la postre posiblemente tenga usted que advertir a las personas del juicio venidero, si rechazan este mensaje de gracia, pero no es ahí donde debe usted comenzar.) Este es un mensaje por medio del cual Dios está diciendo: “No necesitamos hablar acerca del juicio. Yo ya he resuelto esto”.

Después de unos cuantos años aprendí que lo único que necesito hacer es ir a las personas, dando por hecho que están sufriendo en su interior a causa de sus pecados de la misma manera que me sucedió a mí, y hablar acerca de un Dios que lo entiende, que quiere aliviarlas de su sufrimiento y ha hecho algo al respecto. Por lo tanto, Él no estaba dispuesto a echarme en el infierno, sino que estaba abriendo Sus brazos y me estaba invitando a venir al Padre amoroso y a ser restaurado. Este es el mensaje.

Señor, gracias por haberme confiado este mensaje de reconciliación. Haz que yo sea sensible a Tu Espíritu para que lo pueda compartir con las personas que Tú ya has preparado.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿Cuál es el mensaje de Dios sobre la reconciliación que tiene que ver con que nos sintamos profundamente apartados y alejados de Él? ¿Somos nosotros portadores del mensaje?

lunes, 13 de septiembre de 2021

13 de septiembre - ¿Para qué vivir? - Ray Stedman

 El amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y él por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. 2 Corintios 5:14-15

Aquí tenemos de nuevo la gran motivación de la vida del apóstol: “El amor de Cristo nos constriñe”. De hecho, constreñir es una palabra que significa que nos obliga; hace que vayamos adelante, nos motiva y luego nos guía una vez que llegamos allí, poniendo los límites a lo que debiéramos y lo que no debiéramos hacer. Esa motivación, dice, viene del sentimiento de que Cristo nos ama.

Yo no sé de nada más importante y poderoso como factor motivador que este. A veces me siento aterrorizado por lo que Dios pueda hacerme si no me comporto. Eso a veces me motiva. Es una motivación poco importante, pero está ahí. Pero lo que realmente me impresiona, cuando ninguna otra cosa puede conseguirlo, es la experiencia continua del amor de Cristo por mí, el que mi espíritu sea renovado, cosa que sucede al ser consciente de que Él me ama, que está a mi lado, que se deleita en mí. El saber esto me conmueve como ninguna otra cosa. Esto es lo que está experimentando Pablo aquí, el ser consciente de que Dios le ama. No hay nada como eso, el sentimiento de la propia valía y una buena imagen de nosotros mismos. Si usted padece por causa de una mala imagen de sí mismo, empiece a pensar acerca de lo que Dios dice sobre usted, en cómo le ama y cómo le ama Cristo y se ha dado a sí mismo a usted, y eso lo cambiará todo.

Él también dice que ha aprendido que la muerte de Cristo le ha librado de la necesidad de vivir para sí mismo. Yo no sé de nada más a propósito para los tiempos actuales que esta afirmación. A todas partes donde me vuelvo oigo a personas hablar sobre lo que tienen que hacer para “satisfacer sus necesidades”. Lo que hacen y a donde van se determina por lo bien que quedan provistas sus necesidades. Usted necesita entender esta importante verdad: Jesucristo murió para hacer que usted fuese libre de este síndrome. Usted no necesita que sus necesidades queden cubiertas. Necesita aprender que ya han quedado abastecidas, porque nunca serán satisfechas por ningún otro medio; ninguna otra persona puede proporcionarlas. Si es eso lo que usted espera de otras personas, se encontrará usted con su rechazo, porque saben que ellas no pueden cubrir sus necesidades.

“Uno murió por todos”, y eso quiere decir: “todos han muerto”, a fin de que puedan entender que ya no viven para sí mismos. Una vez que Cristo ha provisto sus necesidades, descubre usted que el secreto de la vida tal y como deberíamos vivirla es que entonces se vuelva usted e intente proveer las necesidades de otras personas. Eso es lo que está diciendo Pablo aquí: “Él murió por todos, para que los que vivan ya no vivan para sí”, no teniendo ya sus necesidades como el centro de su vida, intentando que todo lo que edifiquen sea alrededor de ellos mismos, “sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.

Señor, revélame más y más de Tu gran amor por mí. Permite que Tu amor satisfaga todas mis necesidades y hazme libre para vivir no para mí mismo, sino para Ti.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿Es el amor de Cristo la motivación que rige nuestras vidas? ¿Estamos nosotros experimentando el cuidado de Su amor que nos libera?

domingo, 12 de septiembre de 2021

12 de septiembre - Más allá del fin - Ray Stedman

 Sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna, en los cielos. 2 Corintios 5:1

¡Qué palabras tan maravillosas! Es evidente que tenemos aquí una descripción del actual cuerpo de carne y hueso en el que vivimos a diferencia del mismo cuerpo resucitado y glorificado por la actividad del Espíritu de Dios. Cuando compara usted estas palabras con las que se encuentran en 1ª de Corintios 15, puede ver que Pablo está hablando aquí acerca del cuerpo resucitado, ese cuerpo que recibiremos, en el cual dice que la mortalidad será “absorbida” y convertida en inmortalidad. Usa la misma terminología aquí. Es el cuerpo, dice, en el cual entraremos “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos… seremos transformados”, y nos será dado este nuevo cuerpo (1 Corintios 15:52). Aquí está presentando un contraste de los dos. El cuerpo actual, nos dice, es como una tienda de campaña. Estamos viviendo una experiencia temporal, como lo hacen las personas cuando viven en una tienda de campaña.

A veces yo me siento incómodo en esta tienda de mi cuerpo terrenal. Yo estoy seguro de que a usted también le sucede. Una tienda de campaña no es satisfactoria. Las estacas comienzan a combarse; la tienda misma parece que se va a venir abajo; el frío penetra, y no es muy cómoda. Algunos de nosotros nos sentimos de esta manera al ir haciéndonos mayores, pero estamos esperando con anhelo el cuerpo de la resurrección, el edificio permanente, lo que tenía Dios en mente cuando nos creó al principio, la morada permanente diseñada por Dios sin ninguna ayuda humana, “una casa no hecha por manos”. Nada humano lo produce ni añade a ello; nada de lo que pueda hacer el empresario de las pompas fúnebres mientras nuestro cuerpo está siendo preparado para el sepulcro añade ni una sola cosa a lo que hará Dios, que producirá el cuerpo de gloria que hemos de tener. El punto que menciona Pablo es que ya es nuestro en la eternidad. “Tenemos”, dice. Fíjese usted que habla en presente y no dice: “tendremos”. “Tenemos... una casa no hecha por manos, eterna, en los cielos”; ya está allí, esperando a que nos vistamos de ella.

El apóstol dice que este nuevo cuerpo, el cuerpo resucitado, es una experiencia que no significa ser separados de nuestro cuerpo, sino tener algo adicional. Él cambia el modismo de la edificación del cuerpo y dice que es como si añadiésemos ropa, de manera que será más de lo que tenemos en este momento. Si siente usted que está vestido por estar en un cuerpo, entonces en ese otro cuerpo sentirá usted que está “más vestido todavía”. Nadie quiere andar flotando en una existencia sin cuerpo. Pablo dice que nuestra actual experiencia será esta: “Estaremos más vestidos a la hora de la muerte como creyentes. Tendremos un cuerpo nuevo. Ese es el peso de una gloria que resulta imposible describir y se producirá de manera instantánea, porque el que nos ha preparado para esto es Dios mismo”.

Te doy gracias, Señor, que cuando llegue el momento de la gloria para mi corazón asombrado, podré por fin verle a Él, a quien he amado y servido.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿Nos hemos olvidado nosotros de la expectativa y la esperanza del glorioso futuro para nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu?

sábado, 11 de septiembre de 2021

11 de septiembre - La vida de Jesús en nuestros cuerpos mortales - Ray Stedman

 Pues nosotros, que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 2 Corintios 4:11

Lo que queremos, como es natural, es ser como Él. Pero el poder de Dios es el milagro de que otros vean en nosotros, en medio de nuestras presiones y pruebas, el carácter y la vida de Jesús. Yo siempre me he sentido impresionado y desafiado por el versículo en Colosenses 1, en el que Pablo ora para que sus amigos en Colosas puedan ser “fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria” (Colosenses 1:11a). ¿Para qué van a usar todo este poder? Suena como si Pablo debiera haber dicho: “Para que podáis hacer grandes milagros, para que podáis sorprender a las personas con el tremendo magnetismo de vuestra predicación y enseñanza, siendo seguidos por grandes multitudes”. Pero no es eso lo que dice. Él dice: “Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, obtendréis fortaleza y paciencia” (Colosenses 1:11). Eso es lo que concede el poder y es donde se manifiestan la vida y el poder de Dios. Esa es la “vida de Jesús”.

Al leer usted los evangelios, el Espíritu de Dios llama su atención a una imagen mucho más hermosa y maravillosa, tal vez, del carácter y de la vida de Jesús. Usted puede ver la belleza moral que atraía al pueblo por todas partes a donde iba. Ve usted la serenidad de Su espíritu, cómo se mueve en cada escena de ira y de inquietud con calma y sosiego. Usted puede contemplar Su voluntad disciplinada y Su evidente gozo en la vida. Esa es la “vida de Jesús”, y eso es lo que quiere, ¿verdad?

¿Cómo puede usted entenderlo? Pablo nos dice que el secreto es que nosotros consintamos en participar en el morir de Jesús. ¿Qué es lo que quiere decir con “el morir de Jesús”? Usted sabe que eso no significa que tengamos que ser clavados en una cruz. Pero esa cruz es un símbolo de algo muy real en nuestra experiencia. ¿Cómo era Jesús en la cruz? No fue poderoso, impresionante y significativo; no fue aplaudido por las multitudes que habían escuchado cada una de Sus palabras. No, la cruz fue un lugar de debilidad física, de rechazo por parte de los orgullosos y arrogantes del mundo que le rodeaba. Fue un lugar de tinieblas, un lugar en el que Él estuvo dispuesto a perder todo lo que había construido y a confiar en Dios para que se lo devolviese e hiciese de ello algo significativo.

¿Se ha encontrado usted recientemente en estas circunstancias, en las que, hiciese usted lo que hiciese, no podía recibir ninguna gloria o crédito para sí mismo? Es ahí exactamente donde Dios quiere que esté usted, porque cuando tienen lugar estos tiempos de una presión extraordinaria, de sufrimiento y de desesperación y dolor, de sentir que usted ha desperdiciado su vida y no ha sido usado, es cuando Dios está llevando a cabo Su voluntad. Es posible que otros estén recibiendo vida por la muerte que está usted experimentando.

Señor, hay ocasiones en las que paso por pruebas. Mi corazón anhela intensamente clamar a Ti para que Tú me libres de ellas. Permíteme Señor que en lugar de ello pueda tener esa maravillosa actitud del Señor Jesús: “Si es posible, pase de mí esta copa, pero hágase no mi voluntad, sino la Tuya”.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿Estamos nosotros siendo tan transformados por nuestra relación con Cristo que otras personas que forman parte de nuestras vidas ven la gloria de Su carácter? ¿Cómo podemos nosotros participar en el morir de Jesús?

viernes, 10 de septiembre de 2021

10 de septiembre - De las tinieblas a la luz - Ray Stedman

 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. 2 Corintios 4:6

Vino a verme un hombre preocupado por un contacto que había tenido con un brillante ingeniero que poseía una mente impresionante, pero que era un agnóstico declarado. El ingeniero no mostró estar ni mucho menos abierto al evangelio. Después de un tiempo este ingeniero se sumió en una profunda depresión, que fue tan intensa y prolongada que acabó por ser despedido de su trabajo. Este amigo suyo, que era cristiano, le preguntó si al menos estaría dispuesto a dar su consentimiento para venir a hablar conmigo.

Así que me contó su historia. Estaba tan deprimido que le costaba trabajo hablar. Le hice las preguntas habituales acerca de lo que creía, pero no creía en nada. Después de intentar ayudarle durante una o dos horas enteras, le dije: “Lo siento, no hay nada que yo pueda hacer para ayudarle, pero no quiero abandonarle a usted. Si quiere usted venir aquí cada semana, me reuniré con usted y haré dos cosas por usted. Primero, le leeré a usted la Biblia y, en segundo lugar, oraré por usted. No sé lo que sucederá, y eso es todo lo que puedo hacer”. Ante mi asombro, dio su consentimiento. Continuó viniendo semana tras semana. Yo le leía una porción de las Escrituras y le decía: “¿Significa esto algo para usted?”. A lo que él contestaba que no, y entonces yo oraba con él.

Pasaron por lo menos ocho meses, durante los cuales hicimos esto cada semana sin fallar. Un día le dije: “¿No hay nada que yo le haya leído a usted que signifique algo para usted?”.

Me contestó: “Bueno, esta mañana estaba pensando acerca de ello. Usted me leyó las palabras de Jesús en el huerto de Getsemaní: ‘No sea hecha mi voluntad, sino la tuya’. De repente eso significó algo para mí”. Pero yo le dije: “Si eso ha significado algo para usted, permítame pedirle que haga lo siguiente: haga usted esa oración repetidamente. Siempre que sienta que necesita un poco de ayuda, cuando se sienta usted desesperado o piense en ello, haga usted esta oración”.

Así que pasaron varias semanas más, y un día leí algo, y él me dijo: “Oh, sí. Eso está bien, ¿verdad?”. Le pedí que lo memorizara y que lo repitiese. Un par de semanas después, encontró algo más, y gradualmente fue apareciendo una nueva luz en su corazón. Oramos cada semana, y al comenzar esta luz a aparecer en su vida, se volvió más fuerte, y más de las Escrituras comenzaron a impresionarle, hasta que reconoció abiertamente que Jesús era el Señor de su vida y se entregó a Su voluntad. Entonces comenzó a desarrollarse y a crecer. Empezó a devorar la Palabra de Dios, leyéndola de manera interminable. De esto hace años, y este hombre no tiene otra cosa más que alabanzas y acciones de gracias hacia el Dios viviente, que eliminó las tinieblas por medio de una palabra creadora: “Hágase la luz”.

Eso es lo que nos está diciendo Dios a nosotros por medio de estas palabras. ¿Dónde encuentra usted la luz de la gloria de Dios? En el rostro de Jesucristo. ¿Y dónde encuentra usted el rostro de Jesús? En las Escrituras. Al leerlas y permitir que el Espíritu de Dios las interprete, el “rostro de Cristo” se vuelve más claro. Así es como la luz entra en un corazón oscurecido.

Señor, te doy gracias por la luz que ha entrado en mis tinieblas por medio de Tu Palabra.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
Cuando leemos la Palabra de Dios escrita, ¿esperamos ver a la Persona que es la Palabra Viva? ¿Dónde encontramos la luz de la gloria de Dios?

jueves, 9 de septiembre de 2021

¿Qué deberíamos buscar exactamente? Reflexiones sobre mi reciente búsqueda de una iglesia - Simona Gorton

 



9 de septiembre - Nada que no sea la verdad - Ray Stedman

 Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. 2 Corintios 4:1

En todo este pasaje Pablo ha repetido el mismo tema: “No desmayamos”. “No nos entran ganas de abandonar; tenemos confianza; nos sentimos animados”. Yo encuentro a muchos cristianos que se sienten desanimados hoy. Un pastor que vino de una iglesia en una localidad diferente dijo que hace unos pocos años él evaluó el ministerio. Miró a su alrededor a lo que estaba considerado como una iglesia que tenía éxito. Tenía una buena asistencia, la situación financiera era clara, pero, a pesar de ello, dijo que todas las mañanas sentía una profunda sensación de fracaso y de vacío respecto a lo que estaba haciendo. Cada vez tenía más la impresión de que estaba realizando actividades religiosas, que no estaba consiguiendo nada que tuviese un valor auténtico y duradero.

Yo me encuentro con muchos cristianos que están dispuestos a abandonar, convencidos de que no están consiguiendo nada. Pero al hablar con ellos, se descubre que no se ven de la manera que se veía Pablo a sí mismo, como instrumentos de Dios obrando. Se están concentrando en lo que no están haciendo para Dios o cómo se sienten en ese momento, que no están haciendo nada para Dios. No parecen entender la base de este ministerio al que se refiere Pablo como el “nuevo pacto”, el nuevo arreglo para la vida que Dios ha provisto en Cristo.

En estos versículos, el apóstol nos da dos grandes motivos por los que el nuevo pacto no permite el desánimo. He aquí su primer motivo, que se encuentra en el versículo 2: “renunciamos a lo oculto y vergonzoso”; nos negamos a practicar la astucia o a alterar la Palabra de Dios. Él dice: “Le hemos dado la espalda a las cosas y costumbres que producen el desanimo”. Es por eso que él no se desanimaba. Yo me quedo siempre asombrado por lo actualizadas que están las Escrituras. Uno pensaría que Pablo acababa de escuchar alguna retransmisión de radio cristiana o programa de televisión cuando escribió esto. Evidentemente había personas en su época que estaban predicando y evangelizando en iglesias, que lo estaban haciendo de maneras vergonzosas y clandestinas. Estaban confiando en enfoques sagaces e incluso alterando la Palabra de Dios. Pablo dice: “He renunciado a todo esto” (si es que alguna vez fue culpable de ello).

Él nos dice lo que hace en lugar de esto otro: “manifestando la verdad, nos recomendamos, delante de Dios, a toda conciencia humana” (2 Corintios 4:2b). Es por este motivo que Pablo no se desanima. No tiene que pensar en algún nuevo artilugio que consiga que las personas salgan a escuchar las buenas nuevas. Sabe que la verdad es la cosa más emocionante y atractiva del mundo. Sabe que al hablar a las personas acerca de la verdad sobre ellas mismas, acerca de sus vidas y del mundo en el que viven, al eliminar todos los velos y los engaños bajo los cuales viven las personas en cualquier generación y revelar la realidad básica de lo que está ahí, se consigue una atención inmediata.

Señor, te doy gracias por no tener que sentirme desanimado. Tú estás obrando, usando la verdad sencilla de Tu Palabra, a fin de exponer los corazones de las personas que nos rodean. Ayúdame a confiar en Ti.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿Dónde y cómo podemos nosotros eliminar todos los velos de las ilusiones y los engaños, para ver la verdad en nosotros mismos, en nuestras vidas y en el mundo en el que vivimos?

miércoles, 8 de septiembre de 2021

8 de septiembre - Libertad para quitar la máscara - Ray Stedman

 El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor. 2 Corintios 3:17-18

El apóstol recuerda de inmediato a los corintios que el Señor está en sus corazones, en sus espíritus humanos. Su esperanza de libertad se basa en el importante hecho de que Aquel que está en el interior de ellos es Dios mismo. Pablo le identifica: “El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”.

Libertad implica las cosas hechas abiertamente, con atrevimiento, sin tener nada que ocultar. Aquellos que son libres son los que no tienen una reputación que defender, ninguna imagen tras la cual ocultarse, nada que conservar en sí mismos, por lo que pueden ser ellos mismos. Por todas partes hoy hay personas que anhelan tener esta clase de libertad. Las personas quieren ser “ellas mismas”. “Tengo que ser yo”, oímos decir, y no hay nada de malo en esto. Lo único que está mal es cómo lo hacemos. En el mundo se nos enseña que la manera de poder ser “yo mismo” es pensando en “mi” ventaja, “mis” esfuerzos, defendiendo y exigiéndolos.

La Palabra de Dios nos enseña que es otro proceso totalmente diferente. Ser uno mismo y tener libertad no significa negar el potencial de todo el mal que es posible en su corazón y en su vida, porque tiene usted otra base sobre la cual recibe la aceptación y la aprobación de Dios. Su aceptación y Su aprobación son dones que Él le concede a usted. La fe que continuamente nos da hace que aceptemos renovadamente el don de la justicia, el cual nos hace estar ya agradando a Dios y, sobre esta base, le sirve usted con un corazón agradecido por lo que ya tiene usted. No tiene que ganarse Su favor, y su comportamiento no va a afectarlo. Cuando empieza usted a mirar a Aquel que está haciendo esto en su vida, el Señor Jesús, y le contempla, habiendo eliminado todos sus velos, de modo que no tema examinar su propia capacidad para el mal, entonces sucede algo maravilloso. Sin saber siquiera que lo está haciendo, sencillamente gozándose en lo que tiene usted y sirviendo al Señor que se lo dio, descubrirá usted y otras personas también, que se está convirtiendo usted en una persona amorosa, y el amor es el cumplimiento de la Ley; es la exigencia misma que Dios hizo mediante la Ley que usted tanto se esforzó en cumplir por medio de sus propios esfuerzos. Se cumplirá sin que usted se dé cuenta cuando empiece usted a amar por la gracia y el perdón de Dios.

Es un proceso de crecimiento. No sucede por medio de una gran transformación de repente cuando es usted santificado, lleno del Espíritu o bautizado. Sucede cuando mantiene su vista fija en la gloria del Señor y no en el rostro de Moisés, no por medio de sus propios esfuerzos, sino por lo que Él ya le ha dado. Cuando lo hace usted, descubre de repente que el Espíritu de Dios ha estado obrando haciendo cambios graduales. Se está convirtiendo usted en una persona amorosa, con la cual resulta más fácil vivir, más atractiva, más digna de afecto. Su vida se está volviendo más profunda al ir perdiendo su superficialidad, y es usted más comprensivo respecto a lo que sucede. Esa es la obra del Espíritu. Fíjese en lo que dice: “Esto procede del Señor, que es Espíritu”. No es usted el que lo consigue, es Él.

Señor, gracias por Tu promesa de que al mirarte a Ti me vuelvo como Tú.


 
 
Aplicación a la vida
 
¿Somos realmente libres para admitir y examinar nuestra naturaleza y capacidad para el mal? ¿Confiamos equivocadamente en nuestro propio esfuerzo para vencerlo? ¿De qué manera nos cambia la libertad en Cristo?

martes, 7 de septiembre de 2021

7 de septiembre - Una gloria que se desvanece - Ray Stedman

 Si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa del resplandor de su rostro, el cual desaparecería, ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del Espíritu? 2 Corintios 3:7-8

Esta es una clase de gloria y de atractivo acerca del antiguo pacto simbolizado aquí por el resplandor del rostro de Moisés cuando descendió de lo alto de la montaña con las tablas de la Ley. Dios hizo que brillase su rostro; no fue algo que hizo Moisés mismo. Pero Dios hizo también que desapareciese, porque deseaba enseñar algo por medio de esto. Era una gloria pasajera, un símbolo de algo que cada uno de nosotros ha experimentado en un momento u otro. Es lo atractivo que encontramos nosotros en cuanto a la oportunidad de mostrar lo que somos capaces de hacer con lo que tenemos. ¿Ha sentido usted alguna vez esto? En tantos aspectos de la vida, alguien está pensando: “He sido enseñado para eso y poseo las habilidades necesarias y tengo los dones. Permitidme demostrar lo que puedo hacer”. Causamos una gran impresión, pero ¿a quién se le da el mérito? A nosotros. Somos nosotros los que somos glorificados.

Pablo está hablando aquí ahora acerca del sentimiento de júbilo que acompaña la oportunidad para que presumamos de nuestras capacidades, pero la crónica de la historia muestra que todas las personas que han intentado vivir en base a esto acaban quedándose cortas y no estando a la altura, así que no va a funcionar realmente. Después de un tiempo se convierte en algo estúpido, aburrido y rutinario, y se introduce la muerte. A esto lo llama el ministerio de la muerte, de una gloria que se desvanece y que no dura. Pero cuando descubre usted un nuevo principio, el principio de la dependencia de Dios, se da usted cuenta que cuando hace usted uso de sus conocimientos originales, sus habilidades y adiestramiento, Dios estará obrando. Dependiendo de esto, sentimos una ilusión y una gloria que es superior a la que siente usted cuando quiere presumir de lo que puede hacer. De modo que no será usted, sino Dios, el que realice estas cosas.

Todos aquellos que intentan llevar una vida que es agradable a Dios por medio de sus propios esfuerzos descubren siempre que no lo consiguen realmente porque no saben nunca cuando han hecho lo suficiente. Una señora me dijo en una ocasión: “Cuando me acuesto por la noche, me pregunto con frecuencia que si me hubiese esforzado un poco más, tal vez pudiera haber hecho algo que hiciese feliz a Dios”. Cada noche tenía esa sensación de “Hoy no he cumplido realmente”. Ese es el ministerio de condenación. Es el resultado de intentar hacerlo por sus mismos recursos, por sus propios esfuerzos.

Pero Pablo dice: “Si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación” (2 Corintios 3:9). La justificación significa ser totalmente aceptados, tener la certeza de haber sido aprobados por Dios, de ser honrados y apreciados por Él. La palabra más parecida que conozco para describir esto es la palabra valía. Dios le concede a usted un lugar de valor y Él le dice ya en el nuevo pacto: “Te he amado; te he perdonado; te he limpiado. Tengo la intención de usarte a tí; tu vida es importante, y no hay nada más que puedas añadir a eso”.

Señor, te confieso que he sido con frecuencia como Moisés, ocultándome tras una máscara, cubriendo la gloria de mis propios esfuerzos que se desvanecía. Concédeme la gracia de sencillamente recibir de Ti el don del valor.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿Es la gracia de Dios algo que hace que nos sintamos avergonzados, o podemos ver la gloria trascendente de confiar totalmente en Él para que nos dé valor y un descanso tranquilo en lugar de nuestro propio esfuerzo?

lunes, 6 de septiembre de 2021

6 de septiembre - ¿Tenemos lo que se necesita? - Ray Stedman

 Esta confianza la tenemos mediante Cristo para con Dios. No que estemos capacitados para hacer algo por nosotros mismos; al contrario, nuestra capacidad proviene de Dios, el cual asimismo nos capacitó para ser ministros de un nuevo pacto. 2 Corintios 3:4-6

El nuevo pacto es un tema muy importante. Si yo tuviese que mencionar la verdad más importante en la Palabra de Dios, aparte de la deidad de Cristo, diría que es esta verdad: que Dios nos ha dado el nuevo pacto, la nueva provisión de vida para Su pueblo. Pero lo que yo encuentro que más falta en la iglesia por todo el mundo hoy es el conocimiento y la comprensión de esta manera de vivir.

Pablo está hablando acerca de la confianza, y muchas personas en el mundo están intentando sentir confianza. Cuando ponemos la televisión o escuchamos la radio, estamos siendo constantemente bombardeados por sugerencias acerca de cómo podemos convertirnos en una persona autosuficiente, confiada, capaz y bien adaptada, capaz de enfrentarse con la vida. Hay toda clase de enfoques, y casi todos ellos tienen la misma base. La confianza, se nos dice, debe proceder de nuestro interior. Usted tiene que arreglárselas para de alguna manera encontrar en usted el poder para destacarse y ser un éxito. Usted puede aumentar su confianza por medio de cursos que puede seguir y de habilidades que puede desarrollar. Así es como demostrará ser un individuo con éxito. El mundo entiende, de manera bastante apropiada, que tiene que tener un cierto grado de confianza. Las personas que no tienen confianza se sienten inseguras y van por la vida torpemente, sin causar jamás una buena impresión a nadie, y están siempre fracasando.

Por lo tanto, la gran cosa que debemos de tener como objetivo es lograr tener un gran sentido de confianza.

Este nuevo pacto acerca del cual habla Pablo es totalmente diferente a ninguna otra cosa que sepa el mundo. El mundo diría que Pablo fue un éxito porque estaba haciendo lo mejor que podía para entregarse totalmente a movilizar todos sus recursos y sus considerables habilidades para servir a Dios con todo su corazón. Pero si usted le preguntase a Pablo, él nunca diría eso; diría que no había nada que saliese de él. Y no es que esté sencillamente siendo modesto; él dijo en serio: “Yo no hago esa clase de contribución, ni mucho menos; todo procede de Dios. La habilidad que es evidente en mi ministerio, los cambios que se producen en las vidas de las personas por lo que yo soy y a donde voy no tienen nada que ver con mis habilidades o capacidades naturales. Todo ello procede de Dios obrando en mí”. El antiguo pacto es Pablo intentando hacer lo mejor a favor de Dios; el nuevo pacto es Dios haciendo lo mejor por medio de Pablo. ¡Qué gran diferencia es esta! Esta es la gran verdad que necesitamos aprender. Esta es la verdad acerca de todos los cristianos, no solo de los apóstoles. Todos somos ministros de Cristo; no existe una clase especial que ha sido dedicada solo a los ministros. También usted ha sido llamado a ser un ministro del nuevo pacto, dependiendo de Dios que obre por medio de usted, no de su habilidad personal para hacer algo por Él.

Señor, concédeme que pueda entender esta verdad y, contando contigo, descubrir Tú habilidad para cambiar, sanar, restaurar y perdonar por medio de mí.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿Cuál es una de las verdades más importantes en la Palabra de Dios que falta en la iglesia por todo el mundo? ¿Podemos explicar con claridad la vida diferente en el nuevo pacto?

domingo, 5 de septiembre de 2021

5 de septiembre - ¿Quién es suficiente? - Ray Stedman

 Pero gracias a Dios, que nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. 2 Corintios 2:14

¿Qué significa todo esto? Creo que lo que quiere decir es que el mundo no estaba impresionado por el apóstol Pablo. No poseyendo ninguno de los encantos físicos o carisma personal de los actuales favoritos de los medios de comunicación, este hombre judío ordinario, indescriptible, viajó por todo el imperio romano predicando este gran mensaje. La cámara de comercio no le dio nunca la bienvenida ni le honró; ningún periodista le siguió, dando informes literales de todo lo que él estaba diciendo. Incluso en sus propios ojos no estaba haciendo nada de enorme importancia. Él mismo se sentía, como dijo, frustrado e inquieto, apoderándose de él una gran sensación de fracaso. A pesar de todas estas apariencias e incluso en el momento mismo de su frustración consigo mismo, Pablo esperaba que Dios hiciese algo por medio de él, porque Jesucristo estaba guiando a Pablo en triunfo, y su ministerio no dependía de sus propios esfuerzos débiles para hacer algo para Dios. Se estaba extendiendo un gran y ampliamente difundido testimonio de la fragancia de Jesucristo. Las personas estaban siendo liberadas, y el ministerio de Pablo era un éxito. Así que él proclama la eterna gratitud de su corazón, diciendo: “Gracias a Dios, que nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús”.

Si yo no creyese en este gran principio, hubiese renunciado al pastorado muchas veces. En un tiempo tuve el privilegio de pasar una semana en una universidad y tuve el privilegio de enseñar la Palabra de Dios a 2,400 estudiantes de la universidad. Fue una oportunidad tremenda, pero cada mañana hablé con el corazón encogido, porque mi hija, que había estado luchando con su fe durante varios años, se estaba apartando más y más. A pesar de nuestras oraciones diarias, daba la impresión de que ella se estaba apartando y siguiendo más bien cosas que le hacían daño en lugar de acercarse más, de manera que su familia estaba sufriendo terriblemente. Como padre, no se puede uno enfrentar con algo como esto sin ser consciente de que es posible que yo contribuyese enormemente en lo que lo motivó. El enemigo no tarda en asaltarnos y en acusarnos. Por eso yo estaba realizando mi ministerio con un corazón encogido, por mi profunda angustia personal. Lo único que me permitió seguir adelante fue que tenía la confianza en lo que Pablo está diciendo aquí, que a pesar de la frustración personal y las tinieblas por las que estaba pasando, también estaba siendo guiado en triunfo por Jesucristo; y de mi debilidad personal surgiría una gran manifestación de la fortaleza de nuestro Señor y se extendería la fragancia de Cristo.

Señor, te doy gracias por el privilegio de haber sido llamado a un ministerio como este, que no depende de mis recursos, de mi personalidad, de mi tiempo ni de ninguna otra cosa, sino de Tu grandeza.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
Cuando nuestros pensamientos y nuestros sentimientos están abrumados y angustiados, haciendo que nos sintamos débiles, ¿podemos permitir que la luz y el poder del Espíritu de Cristo demuestre Su suficiencia por medio de nosotros?

sábado, 4 de septiembre de 2021

4 de septiembre - El perdón: Cuando acaba la disciplina - Ray Stedman

 Al que vosotros perdonáis, yo también, porque también yo, lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo. 2 Corintios 2:10

Pablo no expresa sentimientos duros o de recriminación ni muestra una actitud que dice “puedo perdonar, pero no puedo olvidar”. Con frecuencia oímos a personas hablar acerca del perdón de esta manera, y esta actitud revela una falta de comprensión respecto a lo que es el perdón. Perdonar es básicamente una promesa que hace usted a tres personas diferentes. Esto es siempre verdad, en todos los casos de perdón.

Primero, es una promesa que le hace usted a una persona que le ha ofendido a usted y ahora se ha arrepentido, con la que usted le está diciendo: “No permitiré que mi actitud hacia usted sea gobernada más por esta ofensa; es algo que he dejado de lado. De ahora en adelante, mi manera de tratarle a usted será como si esto no hubiese sucedido nunca”. Es una promesa que hace usted de no volver a mencionar jamás el tema. En el matrimonio hay muchos problemas que continúan durante años porque las parejas tienden a volver sobre ellos, volviendo a sacar a relucir el pasado, que es una indicación de que no ha sido nunca perdonado. ¡Algunos esposos no se ponen histéricos, sino históricos! Ese es el problema y es lo que crea el problema.

En segundo lugar, es una promesa de no transmitírselo a nadie más. Cuando un asunto ha sido perdonado, debe ser olvidado. Es posible que todo el mundo sepa lo que ha pasado, porque, como en este caso en Corinto, se hubiese informado de ello a toda la iglesia. Pero lo que significa es que nadie saca a relucir el tema de nuevo o que lo tiene en contra de la cabeza de la persona que ha sido perdonada o cada vez que vuelva a surgir otra dificultad. Es una promesa de olvidarse del tema, de dejarlo en el pasado y no volver a mencionarlo nunca a nadie más.

En tercer lugar, y probablemente lo que es más importante, es una promesa que se hace usted a sí mismo de que cuando su memoria vuelva sobre ello, como sucederá ocasionalmente, usted no va a permitir que se apodere de su corazón, haciendo que vuelva usted a sentirse furioso. El momento que se le vuelva a pasar a usted por la mente, usted lo dejará de lado como algo que pertenece al pasado. No va usted a pensar más en ello. Por lo tanto, es una promesa de repetir su acto de perdón, sin importar con cuanta frecuencia se acuerde usted. Eso es lo que es el perdón, y Pablo está listo para hacer esto.

Como es natural, el motivo es porque él mismo ha sido perdonado. A veces hay personas que me dicen: “Yo no puedo perdonar en este caso. La persona ha admitido que había obrado mal y me ha pedido que la perdone, pero yo no puedo hacerlo, sencillamente porque me duele demasiado”. Para mí esto es una revelación de que la persona que ha sido tratada injustamente no se ha dado cuenta en realidad de lo mucho que ya le ha sido perdonado. La base para el perdón cristiano es siempre: “Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).

Señor, me acuerdo de cuando Tú pasaste el pan a Tus discípulos y dijiste: “Este es mi cuerpo”. Esto me recuerda que la fortaleza con la cual debo actuar es Tu fortaleza, Tu vida en mí. Recuérdame de nuevo que yo tengo Tu fortaleza y Tu vida en mí y, por lo tanto, puedo perdonar.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿Abortamos nosotros el don del perdón de Dios al no perdonar a otras personas de la misma manera que Él nos perdonó a nosotros? Cuando perdonamos, ¿intentamos también olvidarnos de la ofensa?

viernes, 3 de septiembre de 2021

Señor, prepárame para terminar bien - Jon Bloom

 

3 de septiembre - Cuando somos malentendidos - Ray Stedman

 Pero como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es “sí” y “no”, porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros... no ha sido “sí” y “no”, sino solamente “sí” en él, porque todas las promesas de Dios son en él “sí”, y en él “Amén”, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. 2 Corintios 1:18-20

Pablo está respondiendo a la acusación de algunos que de hecho estaban diciendo que vivía exactamente como si fuese mundano, como si no fuese cristiano, diciendo que hacía lo que fuese conveniente y no se molestaba en cumplir su palabra de ninguna manera. A mí me resulta siempre interesante cómo estas epístolas corresponden de una manera tan asombrosa con lo que sucede en nuestras vidas hoy. Un problema entre los cristianos, y con frecuencia entre los cristianos más jóvenes, es que todavía no se han dado cuenta de que la fidelidad de sus compromisos debería ser una característica de ellos. A mí me sorprende, y a veces hace que me sienta desanimado, ver cuántos cristianos, incluso los de más edad, dicen que van a hacer algo o estar en alguna parte y luego no muestran el más mínimo sentido de responsabilidad para cumplir la promesa y los compromisos que han contraído.

Eso es contrario a la naturaleza del cristiano porque es contrario a la naturaleza de Dios, puesto que Él no es así. “Él es fiel”, dice Pablo. Cuando Dios dice que sí, es un sí eterno y nunca se retractará. Cuando Dios dice que no, quiere decir que no. Él nunca dice sí cuando lo que quiere decir es no. Pablo está diciendo que las promesas de Dios son siempre promesas positivas. ¿Se ha fijado usted en esto en las Escrituras? Siempre que viene usted a Dios en el nombre de Jesús y le pide usted lo que Él ha prometido, la contestación es siempre sí. Eso es lo que está diciendo esencialmente: “Sí”. Las promesas de Dios son para bendición, no para maldición.

¿Por qué cambió Pablo su plan? ¿Por qué dijo dos veces que iba a ir directamente a Corinto, pero, en lugar de ello, no fue directamente? Lo que hizo fue ir a Macedonia, y solamente fue una vez. Pablo dice que sus planes habían cambiado porque el Espíritu de Dios le había abierto los ojos para que viese las circunstancias que hicieron que cambiase de opinión. Él pudo ver que las grandes promesas de bendición que tenía Dios para esta iglesia en Corinto solo se cumplirían si no iba directamente a Corinto, sino a Macedonia, y esperaba allí a Tito. Así que, convencido por el Espíritu y en obediencia a lo que vio por la enseñanza del Espíritu en este sentido, con una conciencia clara, Pablo cambió su plan original y fue a Macedonia en lugar de ir a Corinto.

Padre, te doy gracias porque Tú has despertado en mi corazón un deseo de pronunciar un resonante amén a lo que Tú has prometido. Concédeme ahora libertad y un corazón obediente para reclamar estos para mí mismo.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
Dios siempre contesta de manera positiva a lo que Él ha prometido. ¿Hasta qué punto entendemos nosotros Sus promesas? ¿Somos realmente fieles y cumplimos las promesas y los compromisos que hemos contraído?

jueves, 2 de septiembre de 2021

Cuidado con la tentación - Tim Challies


2 de septiembre - La sentencia de muerte - Ray Stedman

 Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos. 2 Corintios 1:9

No sabemos cuál sería la prueba que tuvo que pasar Pablo. Algunos creen que fue una grave enfermedad. Otros, y yo me encuentro entre ellos, enlazan este versículo con lo que dice en Hechos 19 acerca del gran alboroto que tuvo lugar en Éfeso y la amenaza a las vidas de todos los cristianos en esa ciudad. Pablo debió de estar sometido a un estrés emocional extraordinario y a una amenaza física durante este tiempo. Él nos dice: “Fuimos abrumados en gran manera más allá de nuestras fuerzas” (v. 8). Este es el peor decaimiento que puede experimentar el espíritu humano, el sentimiento de más profunda desesperación. Pablo dijo: “Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte”. Fue una situación totalmente desesperante, y él se había dado por vencido, pues no había escapatoria posible. Pero luego añade: “para que no confiáramos en nosotros mismos”.

Una de las principales razones por las que Dios nos envía el sufrimiento es para quebrantar el inquebrantable espíritu humano de obstinación en nuestro interior que insiste en intentar resolverlo todo por medio de nuestros propios recursos o corriendo a buscar otros recursos humanos o de alguna manera negándonos a reconocer que necesitamos la ayuda divina. Esto es algo que encuentro en mí mismo, y a veces lucho con ello. No quiero orar acerca de algo en particular, porque si oro por ello estoy admitiendo que yo mismo soy incapaz de resolverlo. Pablo debió de luchar de una manera semejante.

Aquí tenemos a este poderoso apóstol, que entendió de una manera tan clara y precisa los principios de cómo hace Dios las cosas, a pesar de lo cual tuvo que pasar por un tiempo de pruebas como estas para que pudiese aprender de nuevo a no confiar en sí mismo. Usted ha leído la historia de Saulo de Tarso, ese brillante joven fariseo, y usted ve a un joven que confiaba en sí mismo y pensaba que no había nada que él no pudiese hacer con esa mente brillante, con esa habilidad y lógica, con esa poderosa y fuerte personalidad. Él creía poder resolver cualquier cosa, y Dios tuvo que quebrantarle repetidamente, haciendo que pasase por circunstancias que no podía resolver, a fin de que aprendiese a no confiar en sí mismo, sino “en Dios, que levanta a los muertos”. Yo creo que esa es la razón principal del sufrimiento, que es la presión que ha sido diseñada para destruir nuestra tozudez inquebrantable. Pablo aprendió a confiar en Dios cuando la vida le hizo pasar por toda clase de situaciones, fuesen las que fuesen. Ese es el estilo de vida cristiana. Es hora de que algunos de nosotros los cristianos dejemos de actuar como el mundo que nos rodea, quejándonos continuamente de todo lo que encontramos en nuestro camino. Deberíamos considerar estos problemas como oportunidades para exhibir un estilo de vida diferente y mostrar en nuestras propias vidas un poder apacible que mantenga nuestros corazones en paz, porque sabemos que un Dios adecuado se está ocupando de la situación y Él hará que pasemos con bien por ella.

Señor, ayúdame a dejar de quejarme y lamentarme y pensar que Tú has enviado estas situaciones deliberadamente para mostrarme una mejor solución, una manera tranquila, para que mi corazón pueda descansar porque yo cuento con un Dios vivo que hará algo que yo no puedo hacer.

 
 
 
Aplicación a la vida
 
¿Estamos nosotros contando con nuestro Señor viviente para que realice lo que Él quiere hacer por medio de nosotros, o nos estamos sintiendo frustrados y agotándonos, confiando en nosotros mismos y en nuestros propios esfuerzos?