Versículo para hoy:
miércoles, 21 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 21
“Y te vestí de bordado y te calcé con tejón y ceñíte de lino fino y te vestí de seda”. Ezequiel 16:10.
¡MIRA con qué incomparable generosidad el Señor provee de atavío a los suyos! Estos están tan bien adornados que casi se observa a la divina pericia produciendo un bordado sin igual, en el que todos los atributos tienen su parte, y en el que toda la belleza divina es revelada. Ningún arte puede compararse al arte desplegado en nuestra salvación; ningún hábil trabajo es igual al que se ve en la justificación de los santos. La justificación ha monopolizado las plumas eruditas de la Iglesia de todos los siglos, y será el tema admirado en la eternidad. En verdad, Dios “hizo esa obra primorosamente”. En toda esta elaboración está mezclada la utilidad con la durabilidad, la que puede compararse con nuestro estar calzados con tejón. El animal aquí mencionado es desconocido, pero su piel cubrió el tabernáculo y formó uno de los cueros más finos y fuertes que se conocen. La justicia que es de Dios por la fe, permanece para siempre y el que se calza con esta divina preparación andará por el desierto con seguridad y aun, quizás, pueda poner su pie sobre el león y el basilisco. La pureza y dignidad de nuestra vestidura están representadas por el lino fino. Cuando el Señor santifica a los suyos, estos se cubren, como los sacerdotes, de blanco inmaculado; ni aun la nieve misma sobrepasa esa blancura. Los tales son a los ojos de los hombres y de los ángeles seres puros y aún ante los ojos del Señor aparecen sin mancha. Además, ese atavío real es delicado y rico como la seda. Para adquirirlo, no se miró en gastos; no se le rehusó hermosura; no se le negó elegancia. ¿Qué, pues? ¿No sacamos de esto ninguna inferencia? Sin duda, hay gratitud que debe sentirse y gozo que debe expresarse. ¡Ven, corazón mío, no rehúses tu aleluya vespertino! ¡Afina tus flautas! ¡Toca tus cuerdas!
Charles Haddon Spurgeon.
martes, 20 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 20
“Llama a los obreros y págales el jornal”. Mateo 20:8.
DIOS es un buen pagador; paga a sus obreros mientras trabajan como también cuando terminan de trabajar. Uno de esos pagos es una conciencia tranquila. Si has hablado fielmente de Jesús a alguna persona, cuando, al llegar la noche vayas a la cama, te sentirás feliz al poder decir: “Hoy descargué mi responsabilidad en cuanto a la vida de una persona”. Hay una gran satisfacción en hacer algo por Jesús. ¡Oh! qué felicidad nos produce el colocar joyas en la corona de Jesús y permitirle ver los frutos del trabajo de su alma. Hay también muy grande galardón en observar las primeras señales de la convicción de un alma. Es motivo de grande gozo el decir, por ejemplo, que alguna niña de la escuela dominical “es tan dócil de corazón que el Señor está obrando en ella”, o ir a casa y orar por aquel muchacho que dijo algo esta tarde que te hizo pensar que tiene que conocer más de la verdad divina de lo que tú sospechabas. ¡Oh! qué gozo produce la esperanza. Pero, en lo que respecta al gozo que produce el éxito, es este indecible. Este gozo, desbordante como es, asía más; desea vehementemente más. Ser ganador de almas es la ocupación más feliz del mundo. Por cada alma que conduces a Cristo, obtienes un nuevo cielo en la tierra. Pero, ¿quién puede concebir la felicidad que nos aguarda en el más allá? ¡Oh! cuán dulces son aquellas palabras: “Entra en el gozo de tu Señor”. ¿Conoces cuál es el gozo que siente Cristo por un pecador salvado? Es el mismo gozo que experimentaremos nosotros en el cielo. Sí, cuando Jesús suba al trono, tú subirás con él. Cuando los cielos proclamen: “Bien, buen siervo”, tú participarás del galardón. Has trabajado y sufrido con él; ahora segarás con él. Tu rostro se cubrió de sudor como el de Jesús y tu alma se afligió por el pecado de los hombres como se afligió la suya. Ahora tu rostro resplandecerá con el resplandor del cielo como resplandeció el suyo, y tu alma se llenará de beatífico gozo como se llenó la suya.
Charles Haddon Spurgeon.
lunes, 19 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 19
“Y la mar ya no es”. Apocalipsis 21:1.
APENAS nos podríamos regocijar ante la idea de perder el glorioso y antiguo océano. Los nuevos cielos y la nueva tierra, de ninguna manera serían para nosotros más hermosos si, en verdad, literalmente, no ha de haber ningún grande y ancho mar, con sus centelleantes olas y sus arenosas playas. ¿No debe este texto ser leído como una metáfora matizada con el prejuicio con que los orientales siempre miraron el mar en la antigüedad? Es muy triste imaginarnos un verdadero mundo físico sin un mar; sería igual que un anillo de hierro sin el zafiro, que le da valor. Tiene, pues, que haber aquí un significado espiritual. En la nueva dispensación no habrá división. El mar separa a las naciones y divide a los pueblos unos de otros. Para Juan en Patmos, las profundas aguas fueron como murallas de una prisión que lo apartaron de sus hermanos y de su obra. No habrá tales barreras en el mundo venidero. Montañas de arrolladoras olas hay entre nosotros y muchos parientes a quienes esta noche recordamos en oración; pero en el mundo de luz hacia donde nos dirigimos, no habrá separación para la familia redimida, sino una comunión ininterrumpida. El mar es el emblema del cambio; pues con sus flujos y reflujos, su cristalina superficie y sus elevadas olas, sus suaves murmullos y sus ruidosos rugidos, el mar nunca es, por largo tiempo, el mismo. Esclavo de los mudables vientos y de la variable luna, su inestabilidad es proverbial. En esta vida humana tenemos muchos de estos cambios, pues la tierra es sólo constante en su inconstancia; pero en la vida celestial, todo cambio que cause tristeza será desconocido, y, también, todo temor de tormenta que haga naufragar nuestras esperanzas y ahogar nuestros goces. El mar de cristal resplandece con una gloria a la que no perturba ninguna ola. Ninguna tempestad brama a lo largo de las tranquilas playas del paraíso. Pronto llegaremos a aquella patria feliz donde no habrá divisiones ni cambios. Jesús nos llevará allá. ¿Estamos o no en él? Esta es la cuestión.
Charles Haddon Spurgeon.
domingo, 18 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 18
“Considera atentamente el aspecto de tus ovejas; pon tu corazón a tus rebaños”. Proverbios 27:23.
TODO comerciante sabio hará cada tanto un inventario en el que calculará sus recursos, verá aquello con que cuenta y se cerciorará decisivamente si su negocio prospera o declina. Todo sabio en el reino de los cielos clamará: “Examíname, oh Dios, y pruébame” y, a menudo, apartará sazones especiales para examinarse a sí mismo y para descubrir si las cosas entre Dios y su alma van bien. El Dios a quien adoramos es un gran escudriñador de corazones y, desde la antigüedad, sus siervos lo conocen como “el Señor que escudriña el corazón y prueba los riñones de los hijos de los hombres”. Quisiera, en el nombre del Señor, persuadirte a que hagas un diligente examen y una solemne prueba de tu estado para que no te veas privado del descanso prometido. Lo que todo sabio hace, lo que Dios mismo hace con todos nosotros, yo te exhorto que lo hagas tú, esta noche, contigo mismo. Que los santos más ancianos consideren bien los fundamentos de su piedad, porque los cabellos blancos pueden ocultar corazones negros; y que los jóvenes no desprecien la palabra de exhortación, porque la inexperiencia de la juventud puede hacer causa común con la podredumbre de la hipocresía. Muy de vez en cuando encontramos un cedro en nuestro medio. El enemigo sigue todavía sembrando cizaña entre el trigo. No es mi propósito introducir dudas y temores en vuestra mente; no, de ninguna manera. Esperaré, más bien, que el fuerte viento del examen de vosotros mismos os ayude a eliminarlos. No es la seguridad, sino la seguridad carnal la que tenemos que matar; no es la confianza, sino la confianza terrenal la que tenemos que derribar; no es la paz, sino la falsa paz la que tenemos que destruir. Por la sangre de Cristo, que no fue derramada para hacerte hipócrita, sino para que las almas sinceras pudiesen hacer públicas sus alabanzas, te ruego que escudriñes y examines, no sea que al fin se diga de ti: “Mene, mene, tekel: pesado has sido en balanza y fuiste hallado falto”.
Charles Haddon Spurgeon.
sábado, 17 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 17
“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pastos”. Juan 10:9.
JESUS, el gran “Yo soy”, es la entrada a la verdadera Iglesia y el camino que nos conduce a Dios. Jesús da al que va a Dios por medio de él estos cuatro selectos privilegios:
1. “Será salvo”. El fugitivo homicida transponía la puerta de la ciudad de refugio y quedaba en salvo. Noé entró por la puerta del arca y estuvo seguro. Ninguno que acepte a Dios como la puerta de fe para su alma puede perderse. La entrada a la paz por medio de Jesús es la garantía de la entrada por la misma puerta al cielo. Jesús es la única puerta, una puerta abierta, una puerta amplia, una puerta segura. Feliz el que pone sobre el Redentor crucificado toda su esperanza de admisión en la gloria.
2. “Entrará”. Tendrá el privilegio de formar parte de la familia divina, compartiendo el pan de los hijos y participando de todos los honores y goces. Entrará a las cámaras de la comunión, a los banquetes de amor, a los tesoros del pacto y a los depósitos de las promesas. Entrará al Rey de reyes en el poder del Espíritu Santo y el secreto del Señor le será revelado.
3. “Saldrá”. Esta bendición es muy olvidada. Salimos al mundo para trabajar y sufrir, pero, ¡qué bendición salir en el nombre y poder de Jesús! Somos llamados a dar testimonio a la verdad, a alentar al desconsolado, exhortar al negligente, a ganar almas y a glorificar a Dios. Y como el ángel dijo a Gedeón: “Ve con esta tu fortaleza”, así el Señor quiere que nosotros vayamos como mensajeros suyos en su nombre y en su poder.
4. “Hallará pastos”. El que conoce a Jesús, nunca tendrá necesidad. El entrar y el salir será igualmente provechoso para él. Además, se desarrollará en la comunión con Dios y, como dice el proverbio, al regar a otros él mismo será regado. Habiendo hecho de Jesús su todo, hallará todo en Jesús. Su alma será como un jardín regado y como un manantial cuyas aguas nunca faltan.
Charles Haddon Spurgeon.
viernes, 16 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 16
“Sí, nunca lo habías oído, ni nunca lo habías conocido; ciertamente no se abrió antes tu oreja”. Isaías 48:8.
ES penoso recordar que, en cierto grado, esta acusación puede ser hecha a los creyentes, quienes, en cierta medida, son, muy a menudo, espiritualmente insensibles. Bien podemos lamentarnos de que no oigamos la voz de Dios como debiéramos: “Sí, dice este pasaje, nunca lo habías oído”. Hay en el alma suaves impulsos del Espíritu Santo que son desatendidos por nosotros; hay susurros de algún mandato divino que tampoco son advertidos por nuestros tardos entendimientos. ¡Ay! nosotros hemos sido ignorantes y despreocupados. El versículo dice: “Ni nunca lo habías conocido”. Hay cosas dentro de las cuales debíamos haber mirado; corrupciones que han hecho progresos, sin ser advertidos; dulces afectos descuidados por nosotros que, como flores, están siendo marchitados por la helada y vislumbres del rostro divino que hubiéramos podido ver si no hubiésemos tapado las ventanas de nuestra alma. Pero nosotros, “no hemos conocido”. Al pensar en esto, nos sentimos profundamente humillados. ¡Cómo debemos glorificar la gracia de Dios, a medida que aprendemos, por el contexto, que toda esta insensatez e ignorancia de nuestra parte fue conocida de antemano por nuestro Dios y que, a pesar de ese preconocimiento, le ha placido tratar con nosotros en una relación de gracia! ¡Admiremos la maravillosa soberanía de la gracia que pudo elegirnos a pesar de esto! ¡Maravillémonos del precio pagado por nosotros cuando Cristo supo lo que íbamos a ser! El que pendió de la cruz nos vio de antemano como incrédulos, apóstatas, fríos de corazón, indiferentes, descuidados, flojos en la oración y, sin embargo, dijo: “Yo Jehová Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador… Porque en mis ojos fuiste de grande estima, fuiste honorable, y yo te amé: daré, pues, hombres por ti y naciones por tu alma”.
¡Oh, redención, cuán maravillosamente brillas cuando pensamos en lo malvados que somos! ¡Oh, Espíritu Santos, danos de aquí en adelante un oído que oiga y un corazón que entienda!
Charles Haddon Spurgeon.
jueves, 15 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 15
“Y sobre zafiros te fundaré”. Isaías 54:11.
NO sólo lo que se ve de la Iglesia de Dios es hermoso y precioso. Los cimientos, por ejemplo, no se ven y, mientras permanecen firmes, no es posible que puedan ser valorados; sin embargo, en la obra de Jehová todo forma un bloque: nada es despreciable, nada es insignificante. Los profundos cimientos de la obra de gracia son como zafiros por su preciosidad; ninguna mente humana puede medir su gloria. Nosotros edificamos sobre el pacto de gracia, que es más firme que el diamante y tan durable como las joyas sobre las cuales los años pasan en vano. Los cimientos de zafiro son eternos y el pacto también permanece para siempre. Otro cimiento limpio e inmaculado, eterno y hermoso como el zafiro, es la persona del Señor Jesucristo, que funde en uno el azul del profundo y turbulento océano con el azul del dilatado firmamento. Una vez pudo nuestro Señor ser comparado al rubí, cuando estuvo cubierto con su propia sangre, pero ahora lo vemos radiante con el suave azul del amor, amor abundante, profundo, eterno. Nuestra esperanza eterna está fundada sobre la justicia y la fidelidad de Dios, que es clara y transparente como el zafiro. No somos salvos por compromiso, ni por una gracia que anule la justicia, ni por una ley que suspenda sus funciones; no, nosotros desafiamos al ojo de águila que descubra, si puede, siquiera, una grieta en el fundamento de nuestra confianza; nuestro cimiento es de zafiro y resistirá el fuego. El Señor mismo ha colocado el fundamento de la esperanza de su pueblo. Nosotros debiéramos inquirir seriamente para ver si nuestra esperanza está cimentada sobre esa base. Las buenas obras y las ceremonias no constituyen un fundamento de zafiro, sino de madera, heno y hojarasca; además, ellas no fueron puestas por Dios, sino por nuestra propia vanagloria. Dentro de poco, todos los fundamentos serán probados. ¡Pobre de aquel cuya alta torre se derrumbe con estrépito por haberla cimentado en la arena movediza! El que está fundado sobre zafiro, puede aguardar las tormentas o el fuego con serenidad, porque él soportará la prueba.
Charles Haddon Spurgeon.
miércoles, 14 de diciembre de 2016
LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 14
“Con Cristo estoy juntamente crucificado”. Gálatas 2:20.
EL Señor Jesucristo actuó en toda su obra como un gran representante de todos, y su muerte en la cruz fue la muerte virtual de todos los suyos. En esa muerte, todos sus santos dieron a la justicia lo que le correspondía e hicieron en ella expiación de todos sus pecados. El apóstol de los gentiles se complacía en pensar que él mismo, como un componente del pueblo elegido de Cristo, había muerto en la cruz de Cristo. Más que creer esto doctrinalmente, Pablo lo había aceptado con fe, poniendo en ello su esperanza; creía, además, que, en virtud de la muerte de Cristo, había satisfecho la justicia divina y hallado la reconciliación con Dios. Amado ¡qué bendición cuando el alma puede, por así decirlo, extenderse sobre la cruz de Cristo y decir: “Estoy muerta; la ley me mató y, en consecuencia yo estoy libre de su poder, pues, en mi Fiador, yo cargué con la maldición, y, en la persona de mi Sustituto, todo lo que la ley podía hacer, por vía de condenación, fue cumplido en mí, pues yo estoy juntamente crucificado con Cristo”! Pero Pablo quiere decir mucho más que esto; pues no sólo creyó en la muerte de Cristo y confió en ella, sino realmente sintió su poder, cuando ella llevó a cabo la crucifixión de su vieja naturaleza corrupta. Cuando Pablo veía los placeres del pecado decía: “No puedo gozarme en estas cosas, pues yo estoy muerto a ellas”. Tal es la experiencia de todo verdadero cristiano, quien, como ha recibido a Cristo, es para el mundo como uno que está enteramente muerto. Sin embargo, mientras es consciente de su muerte al mundo, el cristiano puede, al mismo tiempo, exclamar con el apóstol “y vivo”. El realmente vive para Dios. La vida del cristiano es un incomparable enigma. Ningún mundano puede entenderla; aun el mismo creyente no puede comprenderla. ¡Muerto y sin embargo vivo! ¡Crucificado con Cristo y, no obstante, al mismo tiempo, resucitado con Cristo en novedad de vida! Unión con el suficiente y sangrante Salvador y muerto al mundo y al pecado son cosas que alegran el alma. ¡Que podamos sentir más gozo en estas cosas!
Charles Haddon Spurgeon.
martes, 13 de diciembre de 2016
Llena de sabiduría y fe - Nancy DeMoss de Wolgemuth
Desde que nacemos nuestra inclinación es a alejarnos de Dios, a vivir nuestras vidas independientes de Dios. Y eso significa que nunca seremos sabias si no nacemos de nuevo.
Programas de la serie
Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Diciembre 13, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.
Programas de la serie
Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Diciembre 13, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.LECTURAS VESPERTINAS – DICIEMBRE 13
“Haré de ágatas tus ventanas”. Isaías 54:12.
LA Iglesia está muy convenientemente simbolizada por un edificio levantado con el poder celestial y diseñado con habilidad divina. Esa casa espiritual no debía ser oscura, pues los israelitas necesitaban luz en sus habitaciones; al mismo tiempo debía tener ventanas para que la luz entrara en esas habitaciones y sus moradores pudieran ver. Las ventanas son preciosas como las ágatas. Los medios por los cuales la Iglesia contempla a su Señor, como también el cielo y la verdad espiritual, en general, tienen que ser tenidos en alta estima. Las ágatas no son las más transparentes de las joyas; a lo sumo, son sólo semitransparentes. La fe es una de estas preciosas ventanas de ágatas, pero ¡ay! es ella, frecuentemente, tan brumosa y velada que sólo vemos oscuramente y confundimos muchas de las cosas que vemos. Sin embargo, si no podemos mirar a través de las ventanas de diamante y conocer como somos conocidos, es glorioso contemplar al que es enteramente Amable, aunque el vidrio sea nebuloso como el ágata. La experiencia es otra de estas opacas pero preciosas ventanas, que nos dan una luz religiosa débil, por medio de la cual, a través de nuestras aflicciones, vemos los sufrimientos del Varón de Dolores. Nuestros débiles ojos no podrían soportar ventanas con vidrios transparentes que dejan entrar la gloria del Señor; pero, cuando los ojos están empañados con lágrimas, los rayos del Sol de Justicia son atemperados y alumbran a través de las ventanas de ágatas con suave resplandor, alentando indeciblemente a las almas tentadas. La santificación, que nos conforma a nuestro Señor, es otra ventana de ágatas. Sólo a medida que nos transformamos en celestiales comprendemos las cosas celestiales. El puro de corazón ve un Dios puro. Los que son semejantes a Jesús lo ven como él es. Porque somos muy poco semejantes a él, la ventana es sólo de ágatas. Damos gracias a Dios por lo que tenemos, y ansiamos más. ¿Cuándo veremos a Dios y a Jesús, el cielo y la verdad cara a cara?
Charles Haddon Spurgeon.
lunes, 12 de diciembre de 2016
Llena del Espíritu - Nancy DeMoss de Wolgemuth
Probablemente has oído hablar acerca de los sistemas operativos: Mac, Windows, Linux. Nancy DeMoss de Wolgemuth pregunta: "¿Qué tipo de sistema operativo gobierna tu vida?"
Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Diciembre 12, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.
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