Versículo para hoy:

sábado, 13 de agosto de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 13

“Y acordarme he del pacto mío”. Génesis 9:15.

OBSERVA la forma de la promesa. Dios no dice: “Y cuando vosotros miréis el arco y recordéis mi pacto, entonces no destruiré la tierra”, pues la promesa no depende de nuestra memoria, que es flaca y frágil, sino de la memoria de Dios, que es infinita e inmutable. El versículo siguiente dice: “Y estará el arco en las nubes y verlo he para acordarme del pacto perpetuo”. La base de mi seguridad no es mi recuerdo de Dios, sino el recuerdo que Dios tiene de mí; no es mi posesión de su pacto, sino la posesión que su pacto toma de mí. ¡Gloria a Dios!, todos los baluartes de la salvación están asegurados por el poder divino, y aun las fortalezas menores, que quizás creamos han sido dejadas para el hombre, están también guardadas por el poder del Omnipotente. Aun el recuerdo del pacto no es confiado a nuestra memoria, pues somos dados a olvidar, pero nuestro Señor no puede olvidar a los santos, a quienes tiene esculpidos en las palmas de sus manos. Acontece con nosotros lo que aconteció con Israel en Egipto. La sangre fue puesta en el dintel y en los dos postes, pero el Señor no dijo: “Cuando tú veas la sangre, yo pasaré de vosotros”, sino “Yo veré la sangre y pasaré de vosotros”. Mi mirar a Jesús me trae gozo y paz, pero es el mirar de Dios a Jesús lo que asegura mi salvación y la de todos sus elegidos, ya que es imposible que nuestro Dios mire a Cristo, nuestro bendito Fiador y después esté airado con nosotros por los pecados ya expiados por él. No; ni aun se nos confía el ser salvados por recordar nosotros el pacto. Aquí no hay lino y lana mezclados; ni una simple hebra de la criatura marca el tejido. No es de hombre ni por hombre, sino del Señor solo. Nosotros debemos recordar el pacto y lo recordaremos a través de la gracia divina, pero el gozne de nuestra seguridad no está allí; está en el hecho de que Dios nos recuerda y no en nuestro recuerdo de él. De ahí que el pacto sea un pacto perpetuo.


Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 12 de agosto de 2016

Puedes salirte con la tuya - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 12

“Se dejará ver entonces mi arco en las nubes”. Génesis 9:14.

EL arco iris, símbolo del pacto con Noé, es figura de nuestro Señor Jesús, que es testigo de Dios a su pueblo. ¿Cuándo esperamos ver la señal del pacto? El arco iris sólo puede ser proyectado en una nube. Cuando la conciencia del pecador está oscurecida con nubes, cuando recuerda sus pecados pasados y llora delante de Dios, entonces Jesús se revela a él como el arco iris del pacto, mostrando todos los gloriosos colores del carácter divino y prometiendo paz. En cuanto al creyente, cuando sus pruebas y tentaciones lo acosan, le es muy grato contemplar la persona de nuestro Señor Jesucristo: verle sangrando, viviendo, resucitando e intercediendo por nosotros. El arco iris de Dios se muestra en la nube de nuestros pecados, de nuestras tristezas, de nuestros dolores para anunciar redención. La nube sola no produce arco iris; tiene que haber también gotas cristalinas para poder reflejar la luz del sol. Así nuestras aflicciones no sólo deben amenazarnos sino caer realmente sobre nosotros. Si la ira de Dios fue meramente una nube amenazadora, entonces Cristo no se hizo presente por nosotros, pues el castigo debe caer en pavorosas gotas sobre el Fiador. Hasta que haya una angustia real en la conciencia del pecador, no hay Cristo para él; hasta que el castigo que experimenta se haga penoso, no puede ver a Jesús. Pero debe también haber un sol, pues las nubes y las gotas de la lluvia no producen arco iris si el sol no alumbra. Amado, nuestro Dios, que para nosotros es como el sol, siempre alumbra, pero nosotros no siempre lo vemos. Las nubes nos ocultan su rostro. Pero, no importa qué gotas estén cayendo o qué nubes nos estén amenazando; si él alumbra, habrá arco iris en el acto. Se dice que cuando vemos el arco iris, la lluvia termina. Lo cierto es que cuando Cristo se hace presente, quita nuestras aflicciones; cuando contemplamos a Jesús, nuestros pecados desaparecen y nuestras dudas y temores se disipan. Cuando Jesús anda sobre las aguas de la mar, ¡cuán profunda es la calma!


Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 11 de agosto de 2016

Renunciando a mí misma - Nancy DeMoss de Wolgemuth, Elisabeth Elliot

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 11

“Consolación eterna”. 2 Tesalonicenses 2:16.

“CONSOLACIÓN”. Hay música en esta palabra. Ella quita, como el arpa de David, el mal espíritu de la melancolía. Fue un gran honor para Bernabé el ser llamado “hijo de consolación”. Más aún: este es uno de los ilustres nombres de uno que es mayor que Bernabé, pues el Señor Jesús es la consolación de Israel. “Consolación eterna”. Aquí tenemos lo mejor de todo, el “nardo espicanardo de mucho precio”; porque una eternidad de consuelo es la corona y gloria del consuelo. Vale la pena tener bienes cuando uno puede gozar de ellos perpetuamente. El hombre trabaja para ganar dinero, y, después de afanarse mucho, llega a poseer un crecido capital. Ese dinero es para él una consolación, pero no una “consolación eterna”, pues puede malgastar o perder todo su tesoro; o acaso muera y se vea obligado a dejarlo todo. En el mejor de los casos, el dinero no puede ser otra cosa que una consolación pasajera. Uno trabaja hasta cansarse para adquirir conocimiento; lo adquiere, llega a ser un erudito y su nombre se hace famoso. Esto es para él una consolación, como premio de toda su fatiga. Pero esto no dura mucho, pues cuando tiene quebraderos de cabeza o angustia de corazón sus títulos y diplomas no lo pueden alentar. Y si su alma llega a ser presa del desaliento, tiene que hojear muchos volúmenes antes de hallar un bálsamo para su quebrantado corazón. Todas las consolaciones terrenales son, en su esencia, fugaces y, en su existencia, efímeras. Esas consolaciones son tan radiantes y pasajeras como los colores de una pompa de jabón. Pero las consolaciones que Dios da a su pueblo no se marchitan ni pierden su frescura. Al contrario, resisten todas las pruebas: el golpe de la aflicción, la llama de la persecución, el curso de los años; más todavía, pueden resistir aún a la misma muerte. ¿Qué es “consolación eterna”? Incluye en primer lugar sensación de pecado perdonado. El cristiano ha recibido en su corazón el testimonio del Espíritu Santo de que sus rebeliones fueron desechas como nube y sus pecados como nieblas. ¿No es una consolación eterna el tener los pecados perdonados? En segundo lugar, el Señor da a los suyos una permanente comprensión de que fueron aceptados en Cristo. El cristiano sabe que Dios lo mira como unido a Jesús. Ahora bien, es grato saber que Dios nos acepta. La unión con el Señor resucitado es una consolación de las más permanentes; es, en realidad, eterna. No importa que nos postre la enfermedad. ¿No hemos visto a centenares de creyentes tan felices en la debilidad de la enfermedad como en la fortaleza de una perfecta salud? No importa que las flechas de la muerte nos atraviesen el corazón; nuestro consuelo no muere. Pues, ¿no han oído frecuentemente nuestros oídos los cantos de los santos mientras se regocijaban porque el vivo amor de Dios estaba derramado en sus corazones, en los momentos de agonía? Sí, la comprensión de que fueron aceptos en el Amado es una consolación eterna. Además, el cristiano tiene una convicción de su seguridad. Dios ha prometido salvar a los que confían en Cristo; el cristiano confía en Cristo y cree que Dios cumplirá su palabra y lo salvará. Sabe, por lo tanto, que por el hecho de estar absorto en la persona y en la obra de Jesús, está seguro, ocurra lo que ocurriere y sean lo que fueren los ataques de la corrupción interna y de la tentación externa. ¿No es esta una fuente de consuelo superabundante y placentera? Los hombres más ricos y más sabios darían espontáneamente sus ojos por saber si son salvos, y reputarían ganancias esas pérdidas. El entrar en la vida cojos o mancos sería para los hombres una ganga, si realmente entraran. Nuestra consolación eterna estriba en que tenemos esa vida y en que no podemos ser privados de ella. Lector, ¿cómo es que te estás consumiendo y rehúsas ser consolado? ¿Honra eso a Dios? ¿Hará esa actitud que otros ansíen conocer a Jesús? ¡Anímate, hombre! Cuando Jesús da eterna consolación, es un pecado vivir murmurando.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Si Dios es bueno y todopoderoso, ¿por qué existe el mal? - José Santiago

Glorificando a Dios a través de la soltería - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 10

“El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados”. Mateo 9:6.

HE aquí una de las más poderosas habilidades del gran Médico: ¡Tiene poder para perdonar pecados! Mientras vivió aquí, aun antes que pagase el rescate, antes que la sangre fuese rociada en el propiciatorio, Jesús tenía poder para perdonar. ¿No lo tendrá ahora, después de haber muerto por el pecador? ¡Qué poder debe residir en Aquel que pagó puntualmente todas las deudas de su pueblo hasta el último centavo! Ahora, que terminó con la transgresión y venció el pecado, tiene Jesús ilimitado poder. Si lo dudas, ¡míralo mientras se levanta de entre los muertos, contémplalo en su creciente esplendor, ya elevado a la diestra de Dios! Óyelo mientras intercede delante del eterno Padre, mostrando sus heridas, presentando los méritos de su sagrada pasión. ¡Qué poder para perdonar hay aquí! “Subió a lo Alto y tomó dones para los hombres”. “El fue ensalzado para dar arrepentimiento y remisión de pecados”. Los más rojos pecados son quitados por el carmesí de su sangre. Querido lector, cualquiera sea, en estos momentos, tu maldad, Cristo tiene poder para perdonar, poder para perdonarte a ti y a millares como tú. Con una palabra lo hará. El no tiene nada más que hacer para lograr tu perdón; pues toda la obra de expiación está terminada. El puede, en contestación a tus lágrimas, perdonar tus pecados hoy y hacértelo saber. El puede alentar en tu alma, en este mismo momento, una paz con Dios que sobrepuja todo entendimiento, la cual brotará de la perfecta remisión de tus múltiples iniquidades. ¿Crees esto? Yo confío que tú lo crees. ¡Puedes experimentar ahora el poder de Jesús para perdonar pecados! No pierdas el tiempo; acude al Médico de almas, pero ve presto a él con palabras como estas:
¡Lávame! ¡Lávame!
En tu sangre Cordero de Dios;
Y con alma limpia me presentaré
Ante tu tribunal de luz.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 9 de agosto de 2016

Cómo evitar la fatiga - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 9

“Apareció primeramente a María Magdalena, de la cual había echado siete demonios”. Marcos 16:9.

MARÍA Magdalena fue víctima de un espantoso mal. Estaba poseída no por uno sino por siete demonios. Estos temibles huéspedes causaban mucha pena y corrupción en el cuerpo donde habían hallado alojamiento. El caso de esta mujer era desesperante y horrible. Ella no podía curarse a sí misma y ningún socorro humano le hubiera sido útil. Pero Jesús pasó por aquel camino y, sin ser buscado, ni aun probablemente, resistido por la pobre endemoniada, pronunció la palabra de poder y María Magdalena llegó a ser un trofeo del poder sanador de Jesús. Los siete demonios la dejaron, la dejaron para nunca más volver, enérgicamente echados por el Señor de todo. ¡Qué bendita liberación! ¡Qué cambio feliz! ¡Del delirio al placer, de la desesperación a la paz, del infierno al cielo! Inmediatamente se hizo una constante seguidora de Jesús, reteniendo sus palabras, siguiendo sus pisadas y compartiendo su fatigosa vida. Además, llegó a ser una generosa ayudadora, especialmente entre aquel grupo de mujeres curadas y agradecidas que le servían de sus haciendas. Cuando Jesús fue levantado en la cruz, María permaneció a su lado como partícipe de la ignominia. Primero la hallamos mirando desde lejos y, después, acercándose al pie de la cruz. No podía morir en la cruz con Jesús, pero estaba tan cerca de ella como podía. Y cuando su bajado, María observaba para ver dónde y cómo era puesto. Ella era una creyente fiel y vigilante, última en retirarse del sepulcro donde Jesús durmió, y primera en hacerse presente cuando resucitó. Su santa fidelidad le valió ser una favorecida espectadora de su amado Rabboni, quien se dignó llamarla por nombre y constituirla en mensajera de buenas nuevas a sus temblorosos discípulos y a Pedro. Así la gracia la encontró maniática y la transformó en una servidora; le quitó los demonios y le permitió ver ángeles; la libró de Satanás y la unió para siempre al Señor Jesús. ¡Que yo también pueda ser un milagro de gracia semejante!


Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 8 de agosto de 2016

Oremos unas por otras - Lucy Reyna Orozco Meraz

Un dogmatismo apacible - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 8

“Al que cree todo es posible”. Marcos 9:23.
MUCHOS que profesan ser cristianos están siempre dudando y temiendo, y piensan, miserablemente, que esta es la condición inevitable en el creyente. Esto es un error, pues “todas las cosas son posibles para el que cree”. La verdad es que es posible ascender hasta una posición en la que cualquier duda o temor será sólo como un ave de paso que vuela a través del alma, pero no descansa en ella. Cuando lees de las sublimes y dulces comuniones gozadas por distinguidos santos, suspiras y lamentas en lo íntimo de tu corazón diciendo: “¡Ay!, esto no es para mí”. ¡Oh trepador!, si sólo tienes fe, estarás colocado en el luminoso pináculo del templo, pues “todas las cosas son posibles para el que cree”. Tú oyes hablar de las proezas que hombres santos han realizado a favor de Jesús, cuánto ellos se han gozado en él, en qué medida se le parecieron, cómo pudieron soportar grandes persecuciones por su causa y dices: “¡Oh!, en cuanto a mí, no soy más que un gusano; yo no puedo alcanzar esto”. No hay nada que un santo haya sido que tú no lo puedas ser. No hay exaltación de gracia, adquisición de espiritualidad, evidencia de seguridad, puesto de servicio, que no te sea accesible, si tú solamente puedes creer. Pon a un lado tu saco y las cenizas y elévate a la dignidad de tu verdadera posición. Tú eres pequeño en Israel porque quieres serlo, no porque haya necesidad de que lo seas. No es propio que te arrastres en el polvo, oh hijo de un Rey. ¡Asciende! El trono de oro de la certidumbre te aguarda. La corona de la comunión con Jesús está pronta para adornar tus sienes. Vístete de escarlata y de lino fino y pásalo bien todos los días, pues, si crees, puedes comer “lo mejor del trigo”. Tu tierra fluirá leche y miel y tu alma se satisfará con meollo y grosura. Recoge áureas gavillas de gracia, pues ellas te esperan en los campos de la fe. “Todas las cosas son posibles al que cree”.


Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 7 de agosto de 2016

John Piper - Cuando no deseo a Dios, como luchar por el gozo Parte 1/6



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John Piper - Cuando no deseo a Dios, como luchar por el gozo Parte 2/6



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John Piper - Cuando no deseo a Dios, como luchar por el gozo Parte 3/6



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John Piper - Cuando no deseo a Dios, como luchar por el gozo Parte 4/6



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John Piper - Cuando no deseo a Dios, como luchar por el gozo Parte 5/6



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John Piper - Cuando no deseo a Dios, como luchar por el gozo Parte 6/6



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LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 7

“Nos estorbó Satanás”. 1 Tesalonicenses 2:18.


DESDE el primer instante en que el bien entró en conflicto con el mal nunca dejó de ser cierto, en la experiencia espiritual, que Satanás nos estorba. Desde todos los puntos cardinales, a lo largo de la línea de batalla, en la vanguardia y en la retaguardia, al empezar el día y a la medianoche, Satanás nos estorba. Si trabajamos en el campo, él procura romper el arado; si edificamos una pared, él se esfuerza por echarla abajo; si queremos servir a Dios en medio del sufrimiento o de la lucha, Satanás nos estorba en todas partes. Nos estorba cuando al principio nos acercamos a Jesucristo. Terribles conflictos tuvimos con Satanás cuando miramos la cruz y vivimos. Ahora que somos salvos, se esfuerza por impedir la perfección de nuestro carácter personal. Quizás te congratules diciendo: “Yo hasta aquí he sido consecuente; ninguno puede dudar de mi integridad”. Cuídate de la vanagloria, porque tu virtud aún ha de ser probada. Satanás dirigirá sus estratagemas precisamente contra aquella virtud en la que más te destacas. Si hasta aquí has sido un creyente firme, tu fe ha de ser atacada antes de mucho; si has sido manso como Moisés, has de ser tentado a hablar imprudentemente. Los pájaros picotearán tus frutos más maduros: el jabalí hundirá sus colmillos en tus selectas vides. Sin duda, Satanás nos estorba cuando estamos orando con ardor. El reprime nuestra importunidad y debilita nuestra fe para que, si le es posible, no consigamos la bendición. Satanás no se muestra menos astuto en obstruir todo esfuerzo cristiano. Nunca hubo un avivamiento en religión sin un avivamiento de su oposición. En cuanto Esdras y Nehemías empezaron a trabajar, Sanbalat y Tobías se enardecieron para estorbarlos. ¿Qué, pues? No nos alarmemos porque Satanás nos estorbe, pues eso es una prueba de que estamos del lado del Señor, y con su poder obtendremos la victoria y triunfaremos de nuestros adversarios.


Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 6 de agosto de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 6

“Toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén”. Salmo 72:19.

ES esta una amplia petición. Para interceder por una ciudad es necesario un esfuerzo de fe y hay ocasiones cuando una oración por una sola persona es suficiente para hacernos titubear. ¡Pero, de cuán largo alcance era la agonizante intercesión del salmista! ¡Cuán amplia! ¡Cuán sublime! “Toda la tierra sea llena de su gloria”. No exceptúa un solo país aunque esté aplastado por el pie de la superstición; no excluye una sola nación, aunque sea bárbara. Esta oración es elevada a favor de los caníbales y de los civilizados; a favor de todos los climas y de todas las razas. Alcanza a toda la redondez de la tierra y no omite a ningún hijo de Adán. Debemos levantarnos y obrar a favor de nuestro Maestro, de lo contrario no podemos ofrecer honestamente esta oración. Esta petición no es hecha con corazón sincero si no nos esforzamos, con la ayuda de Dios, para extender el reino de nuestro Señor. ¿No hay algunos que son negligentes tanto para orar como para trabajar? Lector, ¿es tuya la oración del salmista? Vuelve tus ojos al Calvario. Contempla al Señor de la vida clavado en una cruz, con la corona de espinas en sus sienes y con su cabeza, manos y pies sangrando. ¡Qué!, ¿puedes contemplar este milagro de milagros, la muerte del Hijo de Dios, sin sentir en tu pecho una admirable adoración que ningún lenguaje puede expresar? Y cuando percibes la sangre aplicada a tu conciencia y conoces que él ha borrado tus pecados, si no te levantas del lugar donde estás arrodillado y clamas “toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y amén”, no eres un hombre. ¿Puedes inclinarte delante del Crucificado en amoroso homenaje y no desear que tu Maestro sea el Señor del mundo? ¡Vergüenza sobre ti, si pretendes amar a tu Príncipe y no deseas verlo gobernador universal! Tu piedad no tiene valor si ella no te lleva a desear que la misma gracia que te ha sido concedida a ti sea concedida a todo el mundo. Señor, ha llegado el tiempo de la siega: mete tu hoz y cosecha.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 5 de agosto de 2016

POSMODERNIDAD III - Pr. Salvador Dellutri

POSMODERNIDAD II - Pr. Salvador Dellutri

POSMODERNIDAD I - Pr. Salvador Dellutri

Un invitado misterioso en tu iglesia - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que la Iglesia necesita tus oraciones.

Tomado de Nancy Leigh DeMoss. Programa radial emitido Agosto 5, 2016. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 5

“¿Vendrán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí?” Números 32:6.

LOS parientes tienen sus obligaciones. Los rubenitas y los gaditas no se hubieran mostrado muy fraternales si, después de reclamar para sí la tierra que había sido conquistada, hubiesen dejado a los demás luchar solos por sus posesiones. Nosotros hemos recibido mucho por medio de los esfuerzos y sufrimientos de los santos de la antigüedad, y si no retribuimos en algo todo eso a la Iglesia de Cristo, dándole nuestras mejores energías, somos indignos de estar enrolados en sus filas. Otros están combatiendo valientemente los errores del siglo o sacando a los que se pierden de en medio de las ruinas de la caída, y si nosotros nos cruzamos de brazos en ociosidad, tendremos necesidad de ser exhortados para que la maldición de Meroz no caiga sobre nosotros. El Señor de la viña dice: “¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos?” ¿Cuál es la excusa del haragán? El servir a Jesús personalmente se hace tanto más el deber de todos cuanto que es realizado alegre y ampliamente por algunos. Las fatigas de consagrados misioneros y de fervientes pastores nos avergonzarán si nos sentamos en la indolencia. El evitar las pruebas es la tentación de los que están tranquilos en Sión. De buena gana evitarían la cruz y, sin embargo, usarían la corona. A los tales es muy aplicable la pregunta para la meditación de esta noche. Si lo más precioso es probado en el fuego, ¿hemos de eludir nosotros el crisol? Si el diamante tiene que ser torturado en el suplicio de la rueda, ¿vamos nosotros a ser perfectos sin sufrir? ¿Quién ha ordenado al viento que deje de soplar porque nuestro barco está sobre el abismo? ¿Por qué debemos nosotros ser tratados mejor que nuestro Señor? El primogénito sufrió el castigo, ¿y por qué no lo han de sufrir los hermanos menores? La elección de una suave almohada y de una blanda cama para un soldado de la cruz es una ostentación cobarde. Es mucho más sabio el que, habiéndose sometido a la voluntad de Dios, crece por la energía de la gracia para satisfacerse con ella, y así aprende a recoger lirios al pie de la cruz y, como Sansón, a hallar miel en el león.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 4 de agosto de 2016

Esperando por el esposo o hijo pródigo que amas - Betsy Childs

¿Estás viviendo como una vencedora?  | Aviva Nuestros Corazones

LECTURAS VESPERTINAS – AGOSTO 4

“Os herí con viento solano, y con tizoncillo, y con granizo en toda obra de vuestras manos”. Hageo 2:17.

¡CUÁN destructor es el granizo para las erguidas mieses, pues tira al suelo el precioso grano! ¡Cuán agradecidos debemos estar cuando el trigo se libra de tan terrible ruina! Ofrezcamos al Señor acciones de gracia. Aun más terribles son los misteriosos destructores: el añublo y el tizoncillo que convierten las espigas en un montón de hollín o las pudren o desecan el grano que contienen, y, todo esto, en una forma que está fuera del dominio humano, de modo que el agricultor se ve compelido a decir: “Este es el dedo de Dios”. Innumerables honguitos causan el daño y, si no fuera por la bondad de Dios, el que cabalga sobre el caballo negro sembraría hambre por toda la tierra. La infinita misericordia cuida el alimento de los hombres, pero en vista de los activos agentes que están prontos para destruir la cosecha, se nos ha enseñado muy sabiamente a orar: “Danos hoy nuestro pan cotidiano”. Este azote lo hallamos por todas partes; tenemos, pues, una permanente necesidad de bendición. Cuando el pulgón y el tizoncillo vienen, vienen como castigo del cielo, y los hombres deben aprender a acatarlo tanto a él como al que lo envía. Espiritualmente el tizoncillo no es un mal extraño. Aparece cuando la obra promete más. Esperamos muchas conversiones y, he aquí, una apatía general, una creciente mundanalidad o una cruel dureza de corazón se hacen presentes. Puede ser que no haya pecado manifiesto en aquellos a favor de quienes estamos trabajando, pero sí hay una deficiencia de sinceridad y de decisión que defrauda nuestros deseos. Aprendemos de esto nuestra dependencia del Señor y la necesidad de oración para que ningún tizoncillo se presente en nuestra obra. El orgullo y la pereza espiritual pronto traerán sobre nosotros este espantoso mal y sólo el Señor de la mies puede eliminarlo. El tizoncillo puede atacar nuestros corazones y marchitar nuestras oraciones y ejercicios religiosos. Quiera el gran Labrador impedir tan seria calamidad. ¡Alumbra, bendito Sol de Justicia, y quita los tizoncillos!

Charles Haddon Spurgeon.