Versículo para hoy:

miércoles, 6 de julio de 2016

Recuerda lo que has recibido - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JULIO 6

“¿Cuántas iniquidades y pecados tengo yo?” Job 13:23.

¿HAS, en realidad, medido alguna vez cuán grande es el pecado del pueblo de Dios? Piensa cuán graves son tus transgresiones y descubrirás que un pecado aquí y otro allí no sólo se elevan como una montaña, sino que tus iniquidades se amontonan una sobre otra, así como en el mito de los gigantes, el Pelión era puesto sobre el Osa, montaña sobre montaña. ¡Qué cúmulo de pecado hay en la vida de uno de los más santificados hijos de Dios! Intenta multiplicar este, el pecado de uno sólo, por la multitud de redimidos “que ninguno puede contar”, y tendrás una idea de la gran masa de pecado que hay en los seres por quienes Jesús derramó su sangre. Pero llegamos a un concepto más adecuado de la magnitud del pecado por la grandeza del remedio provisto. Ese remedio es la sangre de Jesucristo, el único y bienamado Hijo de Dios. ¡Hijo de Dios! ¡Los ángeles echan sus coronas delante de él! Todas las sinfonías corales rodean su glorioso trono. “Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén”. Sin embargo, él toma forma de siervo y es azotado y traspasado, quebrantado y lacerado y, por fin, muerto, pues nada sino la sangre del encarnado Hijo de Dios podía expiar nuestros pecados. Ninguna mente humana puede estimar adecuadamente el infinito valor del sacrificio divino, porque, aunque es grande el pecado del pueblo de Dios, la expiación que lo quita es mucho más grande. Por lo tanto, aun cuando el pecado arrolla como un espantoso desbordamiento y el recuerdo del pasado sea amargo, el creyente puede, no obstante, estar delante del resplandeciente trono de Dios y decir: “¿Quién es el que me condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó”. Mientras el recuerdo de su pecado llena de vergüenza y de tristeza al creyente, ese recuerdo es, al mismo tiempo, transformado en una hoja de metal para mostrar en ella la brillantez de la misericordia. El pecado es la oscura noche en la cual la brillante estrella del amor divino alumbra con claro resplandor.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 5 de julio de 2016

Las buenas obras de una iglesia muerta - Nancy DeMoss de Wolgemuth

Gente decente con un testimonio moribundo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JULIO 5

“Confiad en Jehová perpetuamente, porque en el Señor Jehová está la fortaleza de los siglos”. Isaías 26:4.

YA que tenemos tal Dios en quien confiar, descansaremos en él en forma absoluta. Eliminemos resueltamente toda nuestra incredulidad y esforcémonos por librarnos de dudas y temores, que tanto perjudican nuestro bienestar, ya que no hay ninguna excusa para temer donde Dios es la base de nuestra confianza. Un padre amoroso se sentiría muy afligido si su hijo no confiara en él. ¡Cuán poco generosa, cuán poco amable es nuestra conducta cuando ponemos tan poca confianza en nuestro Padre celestial, quien nunca nos ha faltado y nunca nos faltará! Si la desconfianza quedase desterrada de la familia de Dios, sería un gran bien; pero debe temerse a aquella incredulidad que es tan ágil en nuestros días como lo fue cuando el salmista preguntaba: “¿Hase acabado para siempre su misericordia? ¿No volverá a amar?” David no había probado por mucho tiempo la poderosa arma del gigante Goliat, pero, sin embargo, dijo: “Ninguna como ella”. La había probado una sola vez en la hora de su victoria juvenil y ella había demostrado ser de buen metal; por eso después la ponderó siempre. De la misma forma debiéramos nosotros hablar bien de nuestro Dios, pues no hay ninguno como él ni en el cielo ni en la tierra. “¿A qué, pues, me haréis semejante o seré asimilado?”, dice el Santo. No hay otra roca semejante a la roca de Jacob. Nuestros propios enemigos testifican esto. Nunca permitiremos que las dudas vivan en nuestros corazones; antes, prenderemos a esa detestable banda como hizo Elías con los profetas de Baal, y la degollaremos en el arroyo. Para matarla, elegiremos el torrente que brota del costado herido de nuestro Salvador. Hemos pasado por muchas pruebas, pero, no obstante, nunca fuimos echados en un lugar donde no pudiésemos hallar en nuestro Salvador todo lo que necesitábamos. Tomemos aliento para confiar en el Señor siempre seguros de que su eterna fortaleza será, como ya ha sido, nuestro socorro y nuestro sostén.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 4 de julio de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – JULIO 4

“El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a la vanidad, ni jurado con engaño”. Salmo 24:4.

LA santidad externa, práctica, es muy preciosa señal de gracia. Tememos que muchos creyentes hayan pervertido la doctrina de la justificación por la fe de tal manera que traten las buenas obras con desprecio. Si esto es cierto, recibirán los tales un eterno menosprecio en el gran día final. Si nuestras manos no están limpias, lavémoslas en la preciosa sangre de Jesús y después levantemos manos puras a Dios. Pero “limpio de manos” no será suficiente, a menos de que esté conectado con “puro de corazón”. La verdadera religión es obra del corazón. Podemos lavar la parte exterior del vaso o del plato como queramos, que, si la parte interior está sucia, estamos completamente sucios en la presencia de Dios, pues nuestros corazones son más realmente nuestros que nuestras manos. La vida misma de nuestro ser reside en nuestro interior; de ahí la urgente necesidad de que sea puro. El limpio de corazón verá a Dios; todos los demás son sólo ciegos murciélagos. El hombre que ha nacido para el cielo “no eleva su alma a la vanidad”. Todos los hombres tienen sus goces, por los cuales sus almas son elevadas. El mundano eleva su alma en placeres carnales, que son meras vanidades; pero el santo ama más las cosas sustanciales. Como Josafat, se eleva en los caminos del Señor. El que se satisface de las cáscaras será contado con los cerdos. ¿Te satisface el mundo? Entonces tienes tu premio y porción en esta vida; aprovéchala mucho, porque no conocerás otro gozo.
“Ni jurado con engaño”. Los santos son hombres de honor invariable. El único juramento del cristiano es su palabra, pero ella es tan buena como veinte juramentos de otros hombres. Las palabras falsas excluirán a cualquier hombre del cielo, porque el mentiroso no entrará en la casa de Dios, cualquiera sean sus profesiones de fe o sus hechos. Lector, ¿te condena este texto? ¿Esperas tú escalar el collado del Señor?

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 3 de julio de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – JULIO 3

“Si sufrimos también reinaremos con él”. 2 Timoteo 2:12.

SI no somos de Cristo, no debemos pensar que estamos sufriendo por Cristo y con Cristo. Amado amigo, ¿estás confiando sólo en Jesús? De lo contrario, sea lo que fuere lo que tengas que lamentar en la tierra, no estás con eso “sufriendo con Cristo” y no tienes ninguna esperanza de reinar con él en el cielo. Tampoco tenemos que inferir que todos los sufrimientos que sufre el cristiano los sufre con Cristo, pues indispensable que sea llamado por Dios a sufrir. Si somos temerarios e imprudentes y entramos en lugares para los cuales ni la providencia ni la gracia nos ha preparado, debemos preguntarnos si no estamos, más bien, pecando que teniendo comunión con Jesús. Si permitimos que la pasión tome el lugar de la discreción y la voluntad propia reine en lugar de la autoridad de las Escrituras, estaremos haciendo las batallas del Señor con las armas del diablo y si llegamos a cortarnos nuestros propios dedos no debemos sorprendernos. Además, en las aflicciones que nos sobrevienen como consecuencia del pecado, no debemos soñar que estamos sufriendo con Cristo. Cuando María habló mal de Moisés y la lepra la contaminó, no sufría por Dios. Por otra parte, el sufrimiento que Dios acepta debe tener como fin la gloria de Dios. Si sufro para ganar reputación y merecer aplauso, no obtendré otro galardón que el del fariseo. Es indispensable también que el amor a Jesús y el amor a sus elegidos sea siempre la fuente principal de toda nuestra paciencia. Debemos manifestar el Espíritu de Cristo en mansedumbre, bondad y perdón. Averigüemos y veamos si en realidad sufrimos con Jesús. Y si en verdad sufrimos, ¿qué es nuestra leve aflicción comparada con el reinar con él? ¡Oh, es tan feliz estar en el horno con Cristo y tan honroso estar en el cepo con él, que si no hubiera una retribución futura, podríamos considerarnos felices con el honor presente! Pero cuando la recompensa es tan eterna, infinitamente mucho más de lo que tenemos derecho a esperar, ¿no tomaremos la cruz con presteza y proseguiremos nuestro camino con gozo?

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 2 de julio de 2016

Esperanza en el Rey que vendrá - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JULIO 2

“A ti clamaré, oh Jehová, fortaleza mía; no te desentiendas de mí, porque no sea yo, dejándome tú, semejante a los que descienden al sepulcro”. Salmo 28:1.

EL clamor es la expresión natural del dolor y una expresión apropiada, cuando todas las otras formas de súplica nos fallan. Pero el clamor sólo debe ser dirigido a Dios, pues clamar al hombre es como dirigir nuestros ruegos al aire. Cuando consideremos la prontitud del Señor para oír y su capacidad para ayudarnos, veremos las buenas razones para dirigir en el acto al Dios de nuestra salvación todos nuestros ruegos. Será en vano clamar a las rocas en el día del juicio, pero nuestra Roca atiende nuestros ruegos.
“No te desentiendas de mí”. Los meros formalistas pueden quedar satisfechos sin que sus oraciones sean respondidas, pero los suplicantes sinceros no pueden. Ellos no se satisfacen con los resultados de la oración misma, tranquilizando la mente y sometiendo la voluntad; tienen que ir más allá y conseguir reales respuestas del cielo, de lo contrario no pueden descansar. Y esas respuestas las ansían recibir en seguida, pues temen aun el más breve silencio de Dios. La voz de Dios es frecuentemente tan terrible que sacude el desierto; pero su silencio es igualmente espantoso para el suplicante ansioso. Cuando parece que Dios cierra sus oídos, no debemos nosotros cerrar nuestras bocas, sino, más bien clamar con más ardor, pues cuando nuestra voz se eleva con ansiedad y dolor, él no tardará mucho en oírnos. ¡Qué espantoso sería para nosotros si el Señor no respondiera nunca nuestras oraciones!
“Porque no sea yo, dejándome tú, semejante a los que descienden al sepulcro”. Privados de Dios, que responde las oraciones, estaríamos en una condición más lastimosa que el muerto en el sepulcro, y pronto descenderíamos al mismo nivel de los perdidos en el infierno. Necesitamos que la oración sea contestada. El nuestro es un caso urgente, de espantosa necesidad. Sin duda, el Señor dará paz a nuestras agitadas mentes, pues él nunca permitirá que sus elegidos perezcan.

Charles Haddon Spurgeon

viernes, 1 de julio de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – JULIO 1

“La voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día”. Génesis 3:8.

ALMA mía, ahora que el fresco del día ha llegado, retírate un poco y escucha la voz de tu Dios. El siempre está listo para hablar contigo tan pronto como estés preparado para oír. Si hay alguna tardanza en la comunicación, no se debe a él, sino exclusivamente a ti, pues él está a la puerta y llama, y si los suyos abren, él se goza en entrar. Pero, ¿en qué estado está mi corazón, jardín de mi Señor? ¿Puedo aventurarme a esperar que está bien podado y regado y que está produciendo frutos dignos de él? Si no es así, él tendrá mucho que reprobar; pero con todo, yo le ruego que venga a mí, porque nada puede tan seguramente llevar mi corazón a un estado aceptable como la presencia del Sol de Justicia, que en sus alas traerá salud. Por lo tanto, ven, oh Señor, Dios mío; mi alma te invita encarecidamente y te aguarda con ansiedad. Ven a mí, oh Jesús, mi bienamado y planta nuevas flores en mi jardín, como las que florecen con perfección en tu inmaculado carácter. Ven, oh Padre mío, que eres el labrador, y trata conmigo con tu ternura y prudencia. Ven, Espíritu Santo y riega todo mi ser ahora, mientras las hierbas se humedecen con el rocío de la noche. ¡Oh si Dios me hablara! ¡Habla Señor, que tu siervo escucha! ¡Oh si él anduviera conmigo! Estoy pronto a entregarle todo mi corazón y toda mi mente, de modo que todo pensamiento distinto a este quede eliminado. Sólo estoy pidiendo lo que él se complace en dar. Estoy seguro que él condescenderá a tener comunión conmigo, porque él me ha dado su Santo Espíritu para que permaneciera conmigo para siempre. El fresco de la noche es agradable, cuando cada estrella parece el ojo del cielo, y el aire fresco es como el aliento del amor celestial. Padre mío, Hermano mayor, dulce Consolador, háblame con cariño, pues tú has abierto mi oído y yo no soy rebelde.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 30 de junio de 2016

Siempre hay un remanente - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 30

“¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti”. Jeremías 32:17.

EN el mismo tiempo en que los caldeos cercaban a Jerusalén, y cuando la espada, el hambre y la pestilencia habían desolado la tierra, Dios ordenaba a Jeremías que comprara un campo y tuviera la escritura de la transferencia sellada y atestiguada. Era esta una compra rara para que la hiciera un hombre cuerdo. La prudencia no podría justificarla, pues era comprar con escasa probabilidad de que la persona que la compraba pudiera alguna vez gozar de la posesión. Pero para Jeremías era suficiente que su Dios se lo mandara, pues él bien sabía que Dios será justificado por todos sus hijos. El razonaba así: “¡Ah, Señor Dios, tú puedes librar esta nación de estos opresores; puedes aun hacerme sentar bajo mi vid y bajo mi higuera en la heredad que he comprado, porque tú hiciste los cielos y la tierra y nada hay difícil para ti”. El hecho de que osaran hacer cosas que la razón carnal condenaría dio dignidad a los primitivos cristianos. Ya sea un Noé, que tiene que construir un arca en la tierra seca; o un Abraham, que tiene que ofrecer a su único hijo; o un Moisés, que tiene que despreciar los tesoros de Egipto, o un Josué, que tiene que cercar a Jericó por siete días, sin el uso de armas, sino con el sonido de las bocinas de cuernos de carnero, todos obedecen la orden de Dios, que era contraria a los dictados de la razón carnal, y, como resultado de su obediencia, Dios les dio un rico galardón. Quiera Dios que tengamos en la religión de estos tiempos modernos una infusión más abundante de esta fe heroica en Dios. Si nos aventuráramos más a confiar en la simple promesa de Dios, entraríamos en un mundo de maravillas que aún desconocemos. Que el punto de confianza de Jeremías sea nuestro: nada es demasiado difícil para Dios, que creó los cielos y la tierra.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 29 de junio de 2016

El juicio de un Dios justo - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 29

“Empero a causa de los embajadores de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había sido en aquella tierra, Dios le dejó para tentarle, para saber todo lo que estaba en su corazón”. 2 Crónicas 32:31.

EZEQUIAS se estaba enorgulleciendo de tal forma y jactándose tanto del favor de Dios que la justicia propia se insinuó en su ánimo, y por causa de su seguridad carnal, la gracia de Dios, en sus acciones más enérgicas, le fue retirada por un tiempo. Aquí hay mucho que explica la insensatez que cometió con los babilonios, pues si la gracia de Dios abandona al mejor cristiano, queda en su corazón suficiente pecado como para hacer de él el peor de los transgresores. Sin la ayuda divina, tú, que eres muy celoso por Cristo, te enfriarías hasta caer en una tibieza enfermiza; tú, que eres sano en la fe, quedarías blanco con la lepra de la falsa doctrina; tú, que ahora andas delante del Señor en bondad y en integridad tambalearías de un lado al otro con una embriaguez de malas pasiones. Tenemos como la luna una luz prestada. Cuando la gracia nos alumbra, brillamos; cuando el Sol de Justicia se oculta, estamos en tinieblas. Clamemos, pues, a Dios que nunca nos desampare. “Señor, no quites de nosotros tu Santo Espíritu; no nos prives de la presencia de tu gracia. Tú has dicho: Yo, Jehová, la guardo, cada momento la regaré; guardarela de noche y de día porque nadie la visite. Señor, guárdanos en todas partes. Guárdanos cuando estemos en el valle, para que no murmuremos contra tu mano que nos humilla; guárdanos cuando estemos sobre la montaña para que no nos pongamos veleidosos por haber sido elevados; guárdanos en la juventud cuando nuestras pasiones son fuertes; guárdanos en la vejez, cuando engreídos de nuestro saber, demostremos ser más necios que el joven o el veleidoso; guárdanos cuando estemos por morir, no sea que en los últimos momentos te neguemos. Guárdanos mientras vivimos; guárdanos al morir; guárdanos al trabajar; guárdanos mientras sufrimos; guárdanos mientras luchamos; guárdanos cuando reposamos; guárdanos en todas partes, porque te necesitamos en todas partes, oh nuestro Dios”.

Charles Haddon Spurgeon.

martes, 28 de junio de 2016

Cultiva el discernimiento en tus hijos - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 28

“Mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos”. Éxodo 7:12.

ESTE incidente es un emblema instructivo de la segura victoria de la obra divina sobre toda oposición. Siempre que un principio divino se afirma en el corazón, aunque el demonio invente una falsificación del mismo y produzca multitudes de adversarios, tan cierto como que Dios está en la obra, ese principio tragará a todos sus enemigos. Si la gracia de Dios se posesiona de un hombre, los magos del mundo pueden echar todas sus varas y cada vara ser tan astuta y venenosa como una serpiente, que, a pesar de todo la vara de Aarón tragará sus varas. Las amorosas atracciones de la cruz enamorarán y ganarán el corazón del hombre, y el que vivía sólo para esta engañosa tierra, ahora pondrá sus ojos en las esferas superiores y volará a las alturas celestiales. Cuando la gracia ha ganado la batalla, el mundano se convierte y busca el mundo del porvenir. El mismo hecho debe observarse en la vida del creyente. ¡A qué multitud de enemigos tiene que hacer frente nuestra fe! El diablo echó delante de nosotros nuestros antiguos pecados los cuales se convirtieron en serpientes. ¡Qué multitud de ellos! ¡Ah, pero la cruz de Jesús los destruye a todos! La fe en Cristo aniquila todos nuestros pecados. Luego el diablo arrojó otra multitud de serpientes en forma de instigaciones carnales, tentaciones e incredulidad, pero la fe en Jesús es para ellas más que una refulgente luz y las domina a todas. El mismo cautivante principio resalta cuando servimos fielmente a Dios. Con un amor entusiasta por Jesús, las dificultades son superadas, los sacrificios se transforman en placer y los sufrimientos en glorias. Ahora bien, si la religión es en el corazón una pasión consumidora de tal naturaleza, se sigue entonces que hay muchas personas que profesan religión, pero no la tienen; porque lo que tienen no soporta esta prueba. Examínate, lector, sobre este punto. La vara de Aarón demostró el poder que había recibido del cielo. ¿Tu religión está haciendo lo mismo? Si Cristo es algo, debe ser todo. ¡Oh, no descanses hasta que el amor y la fe en Jesús sean dominantes pasiones de tu alma!

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 27 de junio de 2016

Cultura, carrera y compromiso - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 27

“Cada uno en la vocación en que fue llamado, en ella se quede”. 1 Corintios 7:20.

ALGUNAS personas tienen la necia idea de que la única manera de vivir para Dios es siendo pastores, misioneros o maestros de clases bíblicas. ¡Ay!, cuántos estarían excluidos de alguna oportunidad de alabar al Altísimo si esto fuera verdad. Amado, no es el cargo, es la diligencia; no es la posición, es la gracia lo que nos capacitará para glorificar a Dios. Dios es, sin duda, muy glorificado en el taller del remendón, donde el obrero piadoso, mientras maneja la lesna, canta del amor del Salvador; sí, mucho más glorificado que en muchos templos, donde una religiosidad oficial cumple sus míseros deberes. El nombre de Jesús es glorificado por el carrero indocto, mientras guía su caballo. El bendice a su Dios y habla en el camino a sus compañeros tanto como lo hace el conocido predicador que, a través del país, a semejanza de Boanerges, hace tronar el Evangelio. Dios es glorificado cuando lo servimos en nuestra propia vocación. Ten cuidado, querido lector, de no olvidar la senda del deber, abandonando tu ocupación, y cuida de no deshonrar a tu profesión mientras la ejerces. Piensa poco en ti mismo, pero no pienses demasiado poco en tu llamamiento. Todo negocio legítimo puede ser santificado por el Evangelio para los fines más nobles. Vuelve a la Biblia y hallarás las formas más vulgares de trabajo relacionadas con los hechos más arriesgados o con personas cuyas vidas han sido insignes por la santidad. Por consiguiente, no estés descontento con tu vocación. Cualquiera sea la posición o la obra en que Dios te ha colocado, permanece en ella, a no ser que estés muy seguro de que él te llama para otra cosa. Que tu primera preocupación sea glorificar a Dios hasta lo sumo en el lugar donde estás. Ocúpate en alabarlo en tu presente esfera de acción, y si él te necesita en otro lugar te lo hará saber. Deja de lado esta noche toda enojosa ambición y confórmate con lo que tienes.

Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 26 de junio de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 26

“Habiendo huido de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia”.


SI quieres vivir en el poder de tu Señor resucitado, desecha para siempre todo intento de satisfacer a la carne. Sería un mal que uno que vive en Cristo permaneciese en la corrupción del pecado. “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”, dijo el ángel a Magdalena. ¿Debe el que vive habitar en un sepulcro? ¿Debe la vida divina ser aprisionada en el osario de la lujuria carnal? ¿Cómo podemos participar de la copa del Señor y beber también de la copa de Belial? Creyente, tú sin duda estás libre de lujurias y pecados descubiertos, pero, ¿has escapado también de las más secretas y engañosas trampas del cazador? ¿Has huido de la concupiscencia de la soberbia y de la holgazanería? ¿Te sientes enteramente libre de la seguridad carnal? ¿Estás procurando vivir día tras día por encima de la mundanalidad, de la concupiscencia de la vida y del engañoso mal de la avaricia? Recuerda que es para esto que has sido enriquecido con los tesoros de Dios. Si, en verdad, eres el elegido de Dios, amado por él, no permitas que todo el rico tesoro de la gracia se malgaste en ti. Sigue la santidad, pues ella es la corona y la gloria del cristiano. Una Iglesia impía es inútil para el mundo y no goza de ninguna estima entre los hombres. Es, más bien, una abominación, la risa del infierno y el horror del cielo. Los peores males que le han sobrevenido al mundo, se los ha traído la Iglesia impía. ¡Oh, cristiano, las promesas de Dios están sobre ti! Tú eres sacerdote de Dios: obra pues, como tal. Eres rey de Dios; no te asocies con Belial. El cielo es tu porción: vive con un espíritu celestial; así demostrarás que tienes verdadera fe en Jesús, pues no puede haber fe en el corazón a menos de que haya santidad en la vida.

¡Ven Señor!, a ti me entrego
Para siempre tuyo ser;
Hazme santo, hazme puro,
Lléname de tu poder.

Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 25 de junio de 2016

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 25


“Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie”. Génesis 8:9.

LECTOR, ¿puedes hallar reposo fuera del arca, Cristo Jesús? Entonces, ten por seguro que tu religión es vana. ¿Estás satisfecho con algo que no es un conocimiento consciente de tu unión y participación con Cristo? Entonces, ¡ay de ti! Si profesas ser cristiano y, sin embargo, hallas plena satisfacción en los goces y ocupaciones mundanos, tu profesión es falsa. Si tu alma puede estirarse en descanso y hallar la cama suficientemente larga y la colcha suficientemente ancha para cubrirse en los dormitorios del pecado, entonces eres un hipócrita y estás lejos de tener un concepto claro de Cristo o una idea de su valor. Pero si, por otra parte, sientes que aunque te fuere posible hundirte en el pecado sin ser castigado, eso mismo sería un castigo, y que, si pudieses poseer todo el mundo y permanecer en él para siempre, sería ya una desgracia el no poder salir de este mundo, porque es a tu Dios, sí, a tu Dios lo que tu alma ansía, entonces anímate porque eres un hijo de Dios. A pesar de todos tus pecados e imperfecciones recibe esto para tu aliento; si tu alma no halla descanso en el pecado, no eres como el pecador. Si aún estás pidiendo algo mejor, recuerda que Cristo no te ha olvidado, pues tú no le has olvidado enteramente a él. El creyente no puede vivir sin su Señor. Las palabras son inadecuadas para expresar el concepto que tiene de él. No podemos vivir sobre las arenas del desierto; necesitamos del maná que cae de lo alto. Nuestros odres de confianza humana no pueden producir ni un poco de humedad, pero nosotros bebemos de la roca que nos sigue, y esa roca es Cristo. Cuando te alimentas de él, tu alma canta: “El sacia de bien mi boca de modo que me rejuvenezca como el águila”. Pero si no lo tienes a él, ni tu bordalesa de vino ni tu bien provista despensa te pueden dar ninguna clase de satisfacción; más bien te lamentarás de ellas con las palabras de la sabiduría: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”.

Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 24 de junio de 2016

Ninguna herejía nueva - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 24

“Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron y dijeron… sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos”. Daniel 3:16, 18.

EL relato del coraje juvenil y de la liberación maravillosa de estos tres jóvenes o, más bien, de estos campeones, se adapta muy bien para provocar en la mente de los creyentes firmeza y estabilidad para defender la verdad contra la tiranía y en las mismas garras de la muerte. Que los jóvenes cristianos, especialmente, aprendan del ejemplo de estos muchachos a no sacrificar nunca sus conciencias, tanto en los asuntos de la fe y la religión como en los de la probidad en los negocios. Antes de perder tu honradez, pierde más bien tus negocios y, cuando todo se haya perdido sigue aferrándote a una limpia conciencia como la más preciosa joya que pueda adornar el pecho de un mortal. No te guíes por el fuego de la sagacidad, sino por la estrella polar de la autoridad divina. Sigue lo recto, en todos los azares. Cuando no veas ninguna ventaja presente, anda por fe y no por vista. Hazle a Dios el honor de confiar en él, cuando esto importe pérdida a causa de tus principios. ¡Mira si él será o no tu deudor! Mira si aún en esta vida él no cumplirá su palabra de que “grande ganancia es la piedad con contentamiento”, y de que los que buscan primeramente el reino de Dios y su justicia tendrán por añadidura todas estas cosas. Si aconteciese que, en la providencia de Dios, llegaras a ser un perdedor a causa de tu conciencia, hallarás que, si el Señor no te retribuye con la plata de la prosperidad terrenal, cumplirá su promesa con el oro del gozo espiritual. Recuerda que la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Mostrar un espíritu sencillo, tener un corazón libre de ofensa, contar con el favor y la aprobación de Dios vale más que las riquezas que las minas de Ofir podrían producir o el comercio de Tiro podría ganar. “Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio”. Una onza de tranquilidad de corazón vale más que una tonelada de oro.

Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 23 de junio de 2016

El único y verdadero Hijo de Dios - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 23

“Esperando la adopción”. Romanos 8:23.

AUN en este mundo los santos son hijos, pero los hombres no pueden probar que son tales sino por ciertas características morales. La adopción no ha sido dada a conocer; los hijos no han sido aún abiertamente declarados. Entre los romanos, uno podía ser adoptado como hijo y podía mantener eso en secreto por mucho tiempo. Pero había una segunda adopción, en público. Cuando el niño era llevado ante las autoridades constituidas, sus vestidos anteriores le eran quitados, y el padre que lo recibía para que fuese su hijo le daba una ropa apropiada a su nueva condición de vida. “Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser”. Todavía no estamos vestidos con la ropa apropiada para la familia real del cielo. Estamos vistiendo, en esta carne y sangre, precisamente lo que hemos vestido como hijos de Adán, pero sabemos que “cuando él apareciere”, el cual es “el primogénito entre muchos hermanos”, “seremos como él, porque lo veremos tal cual es”. ¿No puedes imaginar a un niño tomado de la clase más baja de la sociedad y adoptado por un senador romano, decir: “Ansío el día cuando seré públicamente adoptado; entonces dejaré estos vestidos plebeyos y seré vestido como conviene a mi rango senatorial”? Se siente feliz con lo que ha recibido; es por eso que gime por alcanzar la plenitud de lo que le es prometido. Así acontece con nosotros hoy. Estamos esperando hasta ser vestidos con nuestros propios vestidos y hasta ser manifestados como hijos de Dios. Somos jóvenes nobles, y aún no hemos ceñido nuestras coronas. Somos novias jóvenes, y aún no ha llegado el día del casamiento, y, por el amor que nuestro Esposo nos profesa, somos llevadas a ansiar y anhelar la mañana de nuestra boda. Nuestra misma felicidad nos hace gemir por más felicidad. Nuestro gozo, como un manantial que desborda, ansía brotar como un surtidor de Islandia, saltando hasta el cielo. Ese gozo suspira y gime dentro de nuestro espíritu por falta de espacio y lugar por medio de los cuales manifestarse a los hombres.

Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 22 de junio de 2016

La recompensa de la fidelidad - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 22

“Para que queden las cosas que son firmes”. Hebreos 12:27. 

NOSOTROS poseemos muchas cosas al presente que pueden ser movidas; y sienta mal que un cristiano acumule abundancia de ellas, pues no hay nada estable bajo el cielo. La palabra “cambio” está escrita sobre todas las cosas. Sin embargo, tenemos ciertas cosas “que no pueden ser movidas”, y yo te invito esta noche a pensar en ellas, para que, si desaparecen todas las cosas que pueden ser movidas, puedas sacar aliento verdadero de las cosas que no pueden ser movidas, las cuales permanecerán. Cualesquiera hayan sido tus pérdidas, o puedan ser, gozas de una salvación presente. Estás al pie de su cruz, confiando sólo en los méritos de la preciosa sangre de Jesús y ninguna alza o baja en los mercados puede interferir en la salvación que tienes en él. Ningún quebranto de banco, ningún fracaso o bancarrota la puede tocar. Entonces, eres un hijo de Dios esta noche. Dios es tu Padre. Ningún cambio de circunstancia puede privarte de esto. Aunque por pérdidas caigas en la pobreza y quedes completamente desnudo, puedes decir: “El aún es mi Padre; en la casa de mi Padre hay muchas moradas, por lo tanto no seré turbado”. Tienes otra permanente bendición, a saber, el amor de Jesucristo. El que es a la vez Dios y hombre, te ama con toda la fuerza de su naturaleza afectiva; nada puede dañarla. La higuera puede no florecer y los rebaños pueden desaparecer de los campos, pero esto no afecta al hombre que puede cantar: “Mi amado es mío y yo soy suyo”. No podemos perder nuestra mejor porción y nuestra más valiosa herencia. Sea cualquiera la aflicción que viniere, seamos varoniles. Demostremos que no somos nenes para abatirnos por cualquier cosa que nos pueda acontecer en esta vida transitoria. Nuestra patria es el reino de Emmanuel, nuestra esperanza está en el cielo y, por lo tanto, es tranquila como el océano en el verano. Veremos la destrucción de toda cosa terrena, pero, a pesar de todo, nos regocijaremos en el Dios de nuestra salvación. 


Charles Haddon Spurgeon.

martes, 21 de junio de 2016

El amor de un Dios celoso - Nancy DeMoss de Wolgemuth

LECTURAS VESPERTINAS – JUNIO 21

“El fundamento de Dios está firme”. 2 Timoteo 2:19.

EL fundamento sobre el cual descansa nuestra fe es este: que “Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo a sí, no imputándole sus pecados”. El gran hecho en el cual la fe genuina confía es “la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” y que “también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos para llevarnos a Dios”. “El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”. “El castigo de nuestra paz sobre él y por su llaga fuimos nosotros curados”. En una palabra: el gran pilar de la esperanza cristiana es la substitución. El sacrificio vicario de Cristo por el pecado; Cristo hecho pecado por nosotros para que pudiésemos ser hechos justicia de Dios en él; Cristo ofreciendo un sacrificio verdadero, expiatorio y vicario en lugar de todos aquellos que le fueron dados por el Padre, a quienes Dios reconoce por nombre y quienes son reconocidos porque confían de corazón en Jesús. Este es el hecho cardinal del Evangelio. Si este fundamento fuere removido, ¿qué haríamos? Pero permanece firme como el trono de Dios. Nosotros lo conocemos, descansamos en él y nos regocijamos en él. Nuestro gozo es conservarlo, meditar en él y proclamarlo, mientras deseamos ser impulsados y movidos por gratitud hacia él en cada acto de nuestra vida y conversación. En estos días se está atacando directamente la doctrina de la expiación. Los hombres no pueden tolerar la substitución; crujen los dientes ante el pensamiento del Cordero de Dios que carga con el pecado del hombre. Pero nosotros ni la diluimos, ni la cambiamos, ni la desmenuzamos en alguna forma o estilo. Cristo seguirá siendo un positivo substituto, cargando con el pecado humano y sufriendo en lugar de los hombres. Nosotros no podemos, no nos atrevemos a dejar esta verdad, porque ella es nuestra vida y, a pesar de toda controversia, sentimos que “no obstante, el fundamento de Dios está firme”.

Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 20 de junio de 2016

¿POR QUÉ PUSO DIOS EL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO DEL BIEN Y DEL MAL EN EL JARDÍN DE EDEN? - Steven Morales

«El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo cuidara. Y el Señor Dios ordenó al hombre: “De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás», Génesis 2:15–17.

Convicción y comportamiento - Nancy DeMoss de Wolgemuth