Versículo para hoy:

viernes, 1 de mayo de 2015

La Absoluta Soberanía De Dios: ¿De Qué Trata el Capitulo Nueve de Romanos? - Pr. John Piper

«Digo la verdad en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo, 2 de que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. 3 Porque desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo por amor a mis hermanos, mis parientes según la carne, 4 que son israelitas, a quienes pertenece la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la ley, el culto y las promesas, 5 de quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Cristo, el cual está sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.» Romanos 9:1-5.

Hay dos experiencias en mi vida que hacen de Romanos 9 uno de los capítulos más importantes en la formación de mi manera de pensar acerca de todo, y en la forma en que me he conducido en el ministerio. Una ocurrió en un seminario y puso mi mundo mental al revés. La otra tuvo lugar en el otoño de 1979 e hizo que llegase a servir en esta iglesia.
Cuando entré en el seminario yo creía en la libertad de mi voluntad, en el sentido de que yo tenía el control supremo de mis decisiones. Esto no lo había aprendido de la Biblia; Lo absorbí del aire de independencia, de autosuficiencia, de autoestima, de auto-exaltación que usted y yo respiramos cada día de nuestras vidas en Norteamérica. La soberanía de Dios significaba que él podía hacer lo que quisiera conmigo siempre que yo le diese permiso para hacerlo. Con esta clase de mentalidad entré a una clase sobre Filipenses, con Daniel Fuller y a una clase sobre la doctrina de la salvación, con James Morgan. Continuar leyendo...

Fuente: By John Piper. © Desiring God. Website: desiringGod.org

El poder de Dios sobre la adicción - Nancy Leigh DeMoss

jueves, 30 de abril de 2015



Verdaderamente libre - Nancy Leigh DeMoss

miércoles, 29 de abril de 2015

GRATITUD - Pr. Juan Marcos Gómez

“Bendice, alma mía, al SEÑOR, Y no olvides ninguno de Sus beneficios”, 
Pensaba sobre lo importante que es el estar agradecido, siendo esto como una poderosa herramienta espiritual en nuestra vida. Parte de la lucha que ocurre en nuestra mente es precisamente por los ataques del enemigo y para hacernos creer la vieja mentira de que lo que Dios nos ha dado no es bueno. Es cuando, como en el caso de Adán, buscamos “algo mejor” y nos rendimos a las ideas y maquinaciones de nuestro corazón. ARTÍCULO COMPLETO clic aquí...

La ley del amor - Nancy Leigh DeMoss

domingo, 26 de abril de 2015

ABRIL 26

“Haced esto en memoria de mí”. 1ª Corintios 11:24.

¡PARECE, entonces, que los cristianos pueden olvidar a Cristo! No habría necesidad para esta afectuosa exhortación, si no hubiese una recelosa suposición de que nuestros recuerdos resulten traidores. Esto no es una mera suposición, pues está demasiado confirmado en nuestra experiencia, no como una posibilidad, sino como un lamentable hecho. Parece casi imposible que los que han sido redimidos por la sangre del Cordero y han sido amados por el eterno Hijo de Dios con un amor eterno, olviden a aquel precioso Salvador. Pero si esto alarma al oído, es, ¡ay! demasiado evidente al ojo para que nos permita negar el crimen. ¡Olvidar al que nunca nos olvidó! ¡Olvidar al que derramó su sangre por nuestros pecados! ¡Olvidar al que nos amó hasta la muerte! ¿Será posible? Sí, no sólo es posible, sino que la conciencia confiesa (lo que es una lamentable falta nuestra), que nosotros permitimos que Jesús, como si fuera un viajero, quede con nosotros una sola noche. Jesús a quien tendríamos que considerar como el eterno objeto de nuestras memorias, es sólo un visitante. La cruz, donde uno creería que permanece el recuerdo y donde la negligencia debería ser un intruso desconocido, es, en cambio, profanada por los pies del olvido. ¿No te dice tu conciencia que ésta es la verdad? ¿No notas en ti mismo que te has olvidado de Jesús? Alguna cosa terrenal te roba el corazón y tú te olvidas de aquel en quien debiera tu afecto ser puesto. Algún asunto carnal embarga tu atención, cuando en verdad, debieras fijar tus ojos en la cruz. Es la constante agitación del mundo, la incesante atracción de las cosas terrenales, las que apartan al alma de Cristo. Mientras la memoria reserve alguna venenosa mala hierba, la Rosa de Sarón se marchitará. Resolvámonos a prender en nuestros corazones, con relación a Cristo, una celestial nomeolvides, y, cuando estemos propensos a olvidar a Cristo, tomémonos fuertemente de él.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 25 de abril de 2015

LA PRIMERA BIENAVENTURANZA - Charles H. Spurgeon

"Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos." Mateo 5:3.

La pobreza en espíritu es el atrio del templo de las Bienaventuranzas.
Así como un hombre sabio no planea nunca edificar las paredes de su casa mientras no haya cavado los cimientos, así tampoco nadie que sea diestro en las cosas divinas esperaría ver algunas de las virtudes más elevadas, allí donde la pobreza en espíritu esté ausente. Mientras no seamos vaciados del yo, no podremos ser llenados con Dios; debemos ser desvestidos antes de que podamos ser vestidos con la justicia que es del cielo.
Cristo no será precioso nunca mientras no seamos pobres en espíritu. Debemos ver nuestras propias necesidades antes de que podamos percibir Su riqueza. El orgullo ciega los ojos, y la humildad sincera debe abrirlos, pues, de otra manera, las bienaventuranzas de Jesús estarían ocultas de nosotros para siempre.
La puerta estrecha no es lo suficientemente ancha para permitir la entrada del hombre que es grande en su propia opinión; es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un hombre engreído por sus propias riquezas espirituales entre en el reino del cielo. Leer el mensaje completo...

Fuente: Charles H. Spurgeon http://www.spurgeon.com.mx/

La nobleza de un llamado superior (segunda parte) - Pr. José Mendoza

La nobleza de un llamado superior - Pr. José Mendoza




ABRIL 25

"Toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas, que para ti, oh amado, he guardado". Cantares 7:13.

LA esposa desea dar a Jesús todo lo que produce. Nuestro corazón tiene "toda suerte de frutas, nuevas y añejas", las cuales están guardadas para nuestro Amado. En esta estación otoñal, rica en frutos, inspeccionemos nuestros depósitos. Tenemos frutas nuevas. Deseamos sentir nueva vida, nuevo gozo, nueva gratitud; queremos hacer nuevas resoluciones y cumplirlas con nuevas actividades; nuestro corazón eleva nuevas oraciones, y nuestra alma está empeñada en nuevos esfuerzos. Pero tenemos también frutas añejas. Allí está nuestro primer amor, un fruto selecto, en el que Dios se goza; aquí tenemos nuestra primera fe, aquella fe sincera por la cual no teniendo nada, lo poseemos todo; tenemos también el primer gozo que experimentamos cuando conocimos al Señor: avivémoslo. Tenemos también recuerdos de las promesas. ¡Cuán fiel ha sido Dios! ¡Cómo ablandó nuestra cama en la enfermedad! ¡Cuán plácidamente nos sostuvo cuando estábamos en las aguas profundas! ¡Cuán benignamente nos libró del horno de fuego ardiendo! ¡Son estas, en verdad, frutas añejas! Tenemos muchas de ellas, pues sus mercedes han sido más numerosas que los cabellos de nuestras cabezas. Tenemos que lamentar nuestros antiguos pecados; pero ya nos hemos arrepentido de ellos, hemos llorado hasta llegar a la cruz, y hemos comprendido el valor de los méritos de la sangre de Cristo. Esta mañana tenemos frutos nuevos y añejos; pero aquí está el punto: estos frutos están guardados para Jesús. En verdad, estos son los mejores y más aceptables servicios, en los que Jesús es el único objeto del alma, y en los que su gloria, sin mezcla alguna, es la meta de todos nuestros esfuerzos. Guardemos nuestros frutos sólo para nuestro Amado; exhibámoslos cuando él está con nosotros, pero no lo presentemos a la mirada de los hombres.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 24 de abril de 2015

Tus palabras revelan tu corazón - Nancy Leigh DeMoss

ABRIL 24

"A causa, pues, de todo eso nosotros hacemos fiel alianza". Nehemías 9:38.

HAY muchas ocasiones en nuestra experiencia cuando podemos muy bien, y con beneficio, renovar nuestra alianza con Dios. Después de convalecer de una enfermedad, cuando, como Ezequías, hemos conseguido alargar nuestras vidas unos años más, podemos renovar la alianza. Después de haber sido librados de alguna aflicción, cuando nuestro gozo floreció otra vez, vayamos de nuevo a la cruz y renovemos nuestra consagración. Especialmente hagamos esto cuando hayamos cometido algún pecado que contristó al Espíritu Santo, o cuando hayamos deshonrado la causa de Dios. Miremos entonces a aquella sangre que puede hacernos más blancos que la nieve y presentémonos al Señor otra vez. No debiéramos permitir que únicamente nuestra aflicción confirme nuestra dedicación a Dios, sino que lo haga también nuestra prosperidad. Si alguna vez nos hallamos en tiempos en los que Dios nos corona de favores, entonces si él nos ha coronado, debemos nosotros coronarlo a él. Saquemos de nuevo todas las joyas de las insignias divinas, que han sido guardadas en el joyero de nuestro corazón, y dejemos que nuestro Dios se siente sobre el trono de nuestro amor ataviado con ropa real. Si aprendiésemos a aprovechar nuestras oportunidades no necesitaríamos tanta adversidad. Si sacáramos de un beso todo el bien que él nos puede dar, no seríamos castigados tan frecuentemente. ¿Hemos recibido últimamente alguna bendición que poco esperábamos? ¿Ha puesto el Señor nuestros pies en un lugar amplio? ¿Podemos cantar de misericordias multiplicadas? Entonces este es el día de poner nuestras manos sobre los cuernos del altar, y decir: "Átame aquí, Señor; átame aquí con cuerdas para siempre". En vista de que necesitamos de Dios el cumplimiento de nuevas promesas, ofrezcamos renovadas oraciones para que nuestros antiguos votos sean cumplidos.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 23 de abril de 2015

INTRODUCCIÓN AL PREMILENIALISMO - Pr. Juan José Binet

Nota del editor: La verdad más fundamental que los cristianos debemos proclamar acerca de los últimos tiempos es que Jesucristo volverá. Pero a través de la historia, la Iglesia ha comprendido de diversas formas diferentes aspectos de esta doctrina. En este escrito puede encontrar una breve Introducción al Premilenialismo. Para una postura escatológica diferente, puede leer la introducción al amilenialismo. Artículo completo.


La calumnia es grave - Nancy Leigh DeMoss

ABRIL 23

“Antes en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó”. Romanos 8:37.

NOSOTROS vamos a Cristo por perdón, y luego, muy a menudo, buscamos en la ley poder para combatir nuestros pecados. Pablo nos reprende en esta forma: “¡oh, gálatas insensatos! ¿quién os fascinó, para no obedecer a la verdad? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír de la fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os perfeccionáis por la carne?” Lleva tus pecados a la cruz de Cristo, pues el viejo hombre sólo puede ser crucificado allí: nosotros estamos crucificados con él. La única arma para combatir el pecado es la lanza que traspasó el costado de Jesús. Demos una ilustración: Tú necesitas dominar un temperamento colérico: ¿Cómo procedes? Es muy posible que tú nunca hayas intentado el correcto procedimiento, que es el de presentar a Jesús ese mal. ¿Cómo obtengo la salvación? Voy a Jesús tal cual soy, y confío en él para que me salve. ¿Debo matar en la misma manera mi temperamento colérico? Este es el único modo como puedo matarlo. Tengo que ir con él a la cruz y decir a Jesús: “Señor, yo confío en ti para que me libres de este mal”. Es la única manera de darle un golpe mortal. ¿Eres codicioso? ¿Sientes que el mundo te enreda? Puedes batallar contra ese mal cuanto quieras, pero nunca serás librado de él en ningún otro modo que no sea por la sangre de Jesús. Llévalo a Cristo. Dile: “Señor, yo confío en ti; tu nombre es Jesús, pues tú salvas a tu pueblo de sus pecados. Señor, este es uno de mis pecados: sálvame de él”. Los ritos no valen nada sin Cristo como medio de humillación. Tus oraciones, tus arrepentimientos y tus lágrimas no valen nada aparte de Cristo. Ninguno, excepto Jesús, puede hacer buenos a los pecadores y a los santos desvalidos. Tú debes ser vencedor por medio del que amó, si vencedor quieres ser. Nuestros laureles deben crecer entre los olivos del Gethsemaní.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 22 de abril de 2015

Advertencia: Pudieras estar bebiendo veneno - Erin Davis



Servicio sagrado - Nancy Leigh DeMoss

ABRIL 22

“A este Dios ha ensalzado”. Hechos 5:31.

JESÚS, nuestro Señor, que ha sido crucificado, muerto y sepultado, está ahora sentado en el trono de gloria. El lugar más elevado que el cielo concede es de Cristo por derecho indisputable. Es agradable recordar que la exaltación de Cristo en el cielo es una exaltación representativa. El fue exaltado a la diestra del Padre, y aunque, como Jehová, tiene eminentes glorias en las que las criaturas finitas no pueden participar, sin embargo, como Mediador, los honores que ostenta en el cielo son la herencia de todos los santos. Es grato considerar cuán estrecha es la unión de Cristo con los suyos. Somos realmente uno con él; somos miembros de su cuerpo, y su exaltación es la nuestra. El nos hará sentar en su trono, como él ha vencido y se ha sentado con su Padre en su trono. Como él tiene una corona, también a nosotros nos da coronas. El tiene un trono, pero no se satisface con tener un trono para sí; a su diestra debe estar su reina, la Iglesia, ataviada con “oro de Ofir”. El no puede ser glorificado sin su esposa. Creyente, mira a Jesús ahora; contémplalo, con los ojos de la fe, luciendo sobre su cabeza muchas coronas. Recuerda que un día tú serás semejante a él, cuando lo verás como él es. No serás tan admirable ni tan divino como él, pero, sin embargo, tú, en alguna medida, participarás de los mismos honores, y gozarás de la misma felicidad y de la misma dignidad que él posee. Conténtate con vivir como desconocido, por breve tiempo, y con andar fatigosamente por los campos de la pobreza y sobre los montes de la aflicción, y pronto reinarás con Cristo, pues él “nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios, y reinaremos para siempre jamás”. ¡Oh, cuán admirable es todo esto para los hijos de Dios! Ahora tenemos a Cristo en las cortes celestiales, pero pronto vendrá y nos tomará a sí mismo para que estemos allí con él, y contemplemos su gloria y participemos de su gozo.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

martes, 21 de abril de 2015

Confiando en que todo está bajo su control — Pastor Héctor Salcedo

Todo está bajo control — Pastor Héctor Salcedo

¿Temor a Dios o al Hombre? - Pr. Fausto González de Chávez

Belleza que perdura - Nancy Leigh DeMoss

ABRIL 21

“Yo sé que mi Redentor vive”. Job 19:25.

EL único consuelo de Job residía en esta breve palabra: “Mi” “Mi Redentor”; y en el hecho de que el Redentor vive. ¡Oh asirse de un Cristo vivo, cuánto significa! Tenemos que poseer a Cristo antes de poder gozar de él. ¿Para qué me sirve el oro que está en la mina? Hasta en el Perú hay pordioseros, y en California hay quien mendiga pan. Es el dinero que está en mi bolsillo el que satisfará mis necesidades, pues con él puedo comprar el pan que me hace falta. Así, pues, un Redentor que no me redime, un pariente que nunca defiende mi sangre ¿de qué me sirve? No estés satisfecho hasta que puedas decir: “Sí, yo me arrojo sobre mi Señor viviente; y él es mío”. Puede ser que lo retengas con mano débil; piensas que casi es presunción decir: “El vive como mi Redentor”. Sin embargo, si tuvieses fe como un grano de mostaza, esa poca fe te autorizaría a decirlo. Pero hay también otra palabra aquí que expresa la fuerte confianza de Job: “Yo sé”. Decir “yo espero, yo creo” es consolador, y hay miles en el redil de Jesús que difícilmente alguna vez puedan decir mucho más. Pero para lograr la esencia de la consolación, tú tienes que decir: “Yo sé”. Los “si”, “pero” y “quizás” son seguros matadores de la paz y del consuelo. Las dudas son cosas terribles en tiempo de aflicción. Hunden como avispas el aguijón en el alma. Si tengo alguna sospecha de que Cristo no es mío, entonces allí hay vinagre mezclado con hiel de muerte, pero si yo sé que Jesús vive por mí, entonces la obscuridad no es obscura, pues aun la noche es luz en torno mío. En verdad, si Job en aquellos tiempos, antes de la venida de Cristo, podía decir “Yo sé”, nosotros no tendríamos que hablar menos positivamente. No permita Dios que nuestro positivismo sea presunción. Miremos que nuestras evidencias sean fundadas a no ser que edifiquemos sobre una esperanza sin fundamento. Un Redentor viviente, realmente mío, es gozo inefable.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 20 de abril de 2015

Enseña con tu vida - Nancy Leigh DeMoss

ABRIL 20

“Para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte”. Hebreos 2:14.

¡OH hijo de Dios!, la muerte perdió su aguijón, pues el poder del diablo sobre la misma ha sido destruido. Entonces, no temas morir. Pide a Dios gracia a fin de que por un conocimiento íntimo y una fe inquebrantable en la muerte del Redentor, seas fortalecido para aquella hora sombría. Viviendo cerca de la cruz del Calvario, puedes pensar en la muerte con alegría y recibirla con intenso gozo. Es agradable morir en el Señor. La muerte no es un largo destierro, sino una vuelta de la cautividad, una partida a las muchas moradas donde ya están nuestros amados. La distancia entre los espíritus glorificados que están en el cielo y los santos que militan en la tierra parece grande, pero no lo es. No estamos lejos del hogar; pronto estaremos allí. La vela está extendida; el alma empieza el viaje. ¿Cuánto durará su navegación? ¿Cuántos vientos molestos darán en la vela antes que llegue al puerto de paz? ¿Cuánto tiempo aquella alma será sacudida sobre las olas antes de llegar al mar que no conoce tormenta? Presta atención a la respuesta: “Partir del cuerpo, y estar presentes al Señor”. Tu nave ha partido recién, pero ya llegó a su puerto. No hizo más que extender su vela y ya está allí. Igual que a aquella nave del lago de Galilea, una tormenta la sacudió, pero Jesús dijo: “Calla, enmudece”, e inmediatamente llegó a tierra. No pienses que un largo período media entre el instante de la muerte y la eternidad de gloria. Cuando los ojos se cierran en la tierra, se abren en el cielo. ¡Oh hijo de Dios!, puesto que por la muerte del Señor, la maldición y el aguijón de la muerte fueron destruidos, ¿qué hay en la muerte para que la temas? Pues ahora, la muerte no es más que una escala de Jacob, cuyos pies están en el obscuro sepulcro y su cabeza, en la gloria sempiterna.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 19 de abril de 2015

ABRIL 19

“He aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto a bajo”. Mateo 27:51.

NO fue un milagro insignificante el que se obró en el rompimiento de un velo tan fuerte y grueso, pero no se realizó meramente como una exhibición de poder, pues se nos enseña aquí muchas lecciones. La antigua ley de ceremonias fue abolida, y, como un vestido gastado, fue rota y puesta a un lado. Cuando Jesús murió, todos los sacrificios terminaron, pues todos quedaron cumplidos en él, y, en consecuencia, el lugar donde esos sacrificios eran presentados, fue marcado con una señal evidente de decadencia. Aquella rasgadura también reveló todas las cosas ocultas de la antigua dispensación. Ahora podía verse el propiciatorio, y la gloria de Dios brillaba sobre él. Por la muerte del Señor Jesús tenemos una clara revelación de Dios, pues él “no era como Moisés que ponía un velo sobre su faz”. Vida e inmortalidad salen ahora a la luz, y cosas ocultas desde la fundación del mundo son manifiestas en él. La ceremonia anual de la expiación fue así abolida. La sangre de la expiación, que una vez por año era rociada dentro del velo, fue ahora ofrecida una vez por todas, por el gran Sumo Sacerdote, y, por lo tanto, el lugar del rito simbólico fue derribado. Ahora no se necesitan más bueyes ni ovejas, pues Jesús ha entrado dentro del velo con su propia sangre. Por lo tanto, ahora se permite el acceso a Dios, siendo éste el privilegio de cada creyente en Cristo Jesús. No hay siquiera una pequeña abertura por la que podamos ver el propiciatorio, excepto la ruptura que se extiende de alto a bajo. Podemos acercarnos con confianza al trono de la gracia celestial. ¿Caeremos en error si decimos que la abertura del lugar santísimo, hecha en esta manera maravillosa por el postrer clamor de nuestro Señor, era una figura de la abertura de las puertas del paraíso para todos los santos, en virtud de la pasión? Nuestro sangrante Señor tiene las llaves del cielo; él abrió y ninguno podrá cerrar.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 18 de abril de 2015

ABRIL 18

“Ella ató el cordón de grana a la ventana”. Josué 2:21.

RAHAB dependió para su preservación de la promesa de los espías, a quienes consideró como representantes del Dios de Israel. Su fe fue sencilla y firme, pero muy obediente. Atar el cordón de grana a la ventana era en sí mismo un acto trivial, pero ella no se atrevió a correr el riesgo de omitirlo. Ven, alma mía, ¿no hay aquí una lección para ti? ¿Has estado atenta a la voluntad de tu Señor aunque algunos mandamientos no parecían ser esenciales? ¿Has observado en su forma correcta las dos ordenanzas de los creyentes: el Bautismo y la Cena del Señor? Si estas cosas son descuidadas es prueba de que en tu corazón hay mucha desobediencia.
Este acto de Rahab presenta una lección aun más solemne. ¿He confiado yo implícitamente en la preciosa sangre de Jesús? ¿He atado yo, con un nudo gordiano, el cordón de grana a mi ventana, de modo que mi esperanza nunca pueda ser removida? ¿Puedo mirar hacia el Mar muerto de mis pecados o hacia la Jerusalén de mis esperanzas sin ver la sangre, pero siendo todas las cosas en conexión con su bendito poder? El transeúnte puede ver una cuerda de tan visible color, si cuelga de la ventana. Será un bien para mí si mi vida hace visible a todos los espectadores la eficacia de la expiación. ¿Qué hay allí de qué avergonzarse? ¡Que miren si así lo desean, tanto los hombres como los demonios; la sangre es mi orgullo y mi canto! Alma mía, hay uno que verá aquel cordón de grana, aun cuando tú, por la debilidad de tu fe, no puedas verlo por ti mismo. Jehová, el vengador, lo verá y te perdonará. Los muros de Jericó cayeron; la casa de Rahab estaba sobre el muro, y sin embargo quedó inmoble. Mi naturaleza está edificada en el muro de la humanidad, y, sin embargo, cuando la destrucción hiera a la humanidad, yo quedaré seguro. Alma mía, ata otra vez el cordón carmesí a la ventana, y descansa en paz.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.