Versículo para hoy:
viernes, 6 de marzo de 2015
MARZO 6
“Os es necesario nacer otra vez”. Juan 3:7.
LA regeneración es una doctrina que está colocada en la base misma de la salvación. Tendríamos, pues, que ser muy diligentes en considerar si realmente hemos “nacido otra vez”, porque hay muchos que pretenden haber pasado por esta experiencia, pero en realidad no es así. Ten por cierto que el nombre de cristiano no es la naturaleza cristiana; y que el haber nacido en un país llamado cristiano y el haber sido reconocido como uno que profesa la religión cristiana no significa nada, a menos que a esto se añada algo más: el “nacer otra vez” por el poder del Espíritu Santo. El nuevo nacimiento es tan misterioso que las palabras humanas no lo pueden describir. “El viento de donde quiere sopla y oyes su sonido, mas ni sabes de donde viene ni adonde vaya; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. Sin embargo, es éste un cambio conocido y sentido; conocido por las obras de santidad y sentido por la experiencia de la gracia. Esta gran obra es sobrenatural. No es una obra que el hombre lleva a cabo por sí mismo. Se nos comunica un nuevo principio que obra en el corazón, renueva el alma y afecta todo el ser. No es un cambio de mi nombre, sino una renovación de mi naturaleza, de suerte que yo ya no soy el hombre que solía ser, sino un nuevo hombre en Cristo Jesús. Lavar y vestir un cadáver es cosa muy distinta de comunicarle vida. El hombre puede hacer lo primero, pero sólo Dios puede hacer lo segundo. Ahora bien, si has nacido otra vez, tu confesión será esta: “¡Oh! Señor Jesús, eterno Padre, tú eres mi progenitor espiritual. Si tu Espíritu no hubiese soplado en mí hálito de vida nueva, vida santa y espiritual, habría permanecido hasta hoy en mis delitos y pecados. Mi vida celestial procede enteramente de ti; a ti la atribuyo. Mi vida está escondida con Cristo en Dios. No vivo ya yo, sino Cristo vive en mí”. Que el Señor me permita estar bien seguro sobre este punto vital, porque ser irregenerado, equivale a estar sin salvación, sino perdón, sin Dios y sin esperanza.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
jueves, 5 de marzo de 2015
MARZO 5
“No durmamos como los demás”. 1 Tesalonicenses 5:6.
HAY muchos medios para promover la vigilancia cristiana. Entre otros, recomendamos vivamente a los cristianos que conversen juntos acerca de los caminos del Señor. Cristiano y Esperanza, mientras viajaban hacia la Ciudad Celestial, se decían recíprocamente: “Para guardarnos de dormitar en este lugar, empecemos un buen discurso”. Cristiano dijo: “Hermano, ¿por dónde empezamos?” Y Esperanza le respondió: “Por donde empezó Dios con nosotros”. Entonces Cristiano cantó este canto:
Cuando los santos empiezan a dormir, vengan aquí
Y oigan como los dos peregrinos platican.
Sí, aprendan de ellos en algún modo
A tener abiertos sus adormecidos y soñolientos ojos.
El compañerismo de los santos debidamente cultivado
Los guardará despiertos, a pesar del infierno.
Los cristianos que se aíslan y viajan solos, están muy propensos a dormitar. Ten compañía cristiana, y, por su influencia, te conservarás despierto, refrigerado y animado a hacer progresos más rápidos en el camino hacia el cielo. Pero mientras, en la senda de Dios, vas tomando sanos consejos de otros, ten cuidado de que el tema de tu conversación sea el Señor Jesús. Que el ojo de la fe esté constantemente fijo en él; que tu corazón esté lleno de él; que tus labios hablen cosas dignas de él. Amigo, vive cerca de la cruz, y así no dormirás. Esfuérzate por tener una clara comprensión del valor del lugar al cual te diriges. Si tienes presente que estás viajando hacia el cielo, no dormirás en el camino. Si estás pensando en que el infierno está detrás de ti y el diablo te está persiguiendo, no malgastarás el tiempo. ¿Dormirá el homicida teniendo detrás de sí al vengador de sangre, y delante de sí a la ciudad de refugio? Cristiano, ¿dormirás mientras las puertas de perlas están abiertas, mientras los cantos de los ángeles aguardan tu llegada y mientras te espera una áurea corona? ¡Oh, no! Sigue orando y vigilando en santa comunión para que no entres en tentación.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
miércoles, 4 de marzo de 2015
MARZO 4
“Bástate mi gracia”. 2 Corintios 12:9.
SI ninguno de los cristianos fuera pobre o atribulado, no conoceríamos ni la mitad de los consuelos de la divina gracia. Cuando hallamos al errante que no tiene donde reclinar su cabeza, pero aun puede decir: “Seguiré confiando en el Señor”; cuando vemos al pobre que muere de hambre y de sed, pero que sin embargo se gloría en Jesús; cuando vemos a la desolada viuda sumida en la aflicción, pero que a pesar de eso conserva su fe en Cristo, ¡oh qué honor esa actitud significa para el Evangelio! La gracia de Dios queda demostrada y engrandecida en la pobreza y en las pruebas del creyente. Los santos cobran ánimo bajo cualquier descorazonamiento, porque creen que todas las cosas obran para su bien, y que, de los males aparentes, una bendición real vendrá al fin; que su Dios, o los librará de las pruebas en seguida, o, con toda seguridad, los sostendrá mientras estén pasando por ellas. Esta paciencia de los santos demuestra el poder de la gracia divina. Hay un faro en la mar; la noche es tranquila: yo no puedo, pues, decir si su construcción es sólida. La tempestad debe bramar en torno de él, y entonces sabré si permanecerá. Así es con la obra del Espíritu. Si no fuera muchas veces circundada con aguas tempestuosas, no conoceríamos si es verdadera y fuerte; si los vientos no soplaran sobre ella, no sabríamos cuán firme y segura es. Las obras maestras de Dios son aquellos hombres que permanecen firmes e inconmovibles. El que quiera glorificar a su Dios debe tener presente que ha de encontrarse con muchas pruebas. Ningún hombre puede ser ilustre delante de Dios, a no ser que sus conflictos sean muchos. Por lo tanto, si tu vida fuere muy probada, regocíjate en ello, porque así mostrarás mejor la todopoderosa gracia de Dios. No pienses ni por un momento que él te pueda faltar; desecha tal pensamiento. El Dios que ha sido suficiente hasta ahora, lo será hasta el fin.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
martes, 3 de marzo de 2015
MARZO 3
“Te he escogido en horno de aflicción”. Isaías 48:10.
CONSUÉLATE, probado creyente, con este pensamiento: Dios dice: “Te he escogido en horno de aflicción”. ¿No viene a nosotros esta palabra como una tenue lluvia que mitiga los ardores de la llama? ¿No es como una coraza de asbesto contra la cual el fuego no tiene poder? Que venga la aflicción: Dios me ha escogido. Pobreza, puedes golpear a mi puerta; Dios ya está dentro de mi casa y me ha escogido. Enfermedad, puedes entrar; ya tengo el bálsamo: Dios me ha escogido. Cualquier cosa que me acontezca en este valle de lágrimas, yo sé que él me ha escogido. Creyente, si tú buscas un consuelo aun mayor recuerda que tú tienes al Hijo del Hombre contigo en el horno. En tu solitaria habitación se sienta uno junto a ti, a quien no has visto, pero a quien amas; y quien frecuentemente, cuando tú ni te das cuenta de ello, hace blanda tu cama y suave tu almohada. Tú te hallas en pobreza, es cierto, pero el Señor de vida y gloria es en tu desolado hogar un asiduo visitador. A él le agrada ir a esos lugares solitarios para visitarte. Tu amigo se pone junto a ti muy estrechamente. No puedes verle, es cierto; pero puedes sentir el apretón de sus manos. ¿No oyes su voz? Aun en el valle de la sombra de la muerte te dice: “No temas que yo soy contigo; no desmayes que yo soy tu Dios”. Recuerda aquella noble palabra de César: “No temas, tú llevas a César y toda su fortuna”. No temas, cristiano: Jesús está contigo. En todas tus ardientes pruebas su presencia es tu consuelo y tu seguridad. El nunca dejará a uno que ha escogido para sí. “No temas que yo soy contigo” es la segura palabra de promesa a sus escogidos que están en el “horno de la aflicción”.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
lunes, 2 de marzo de 2015
MARZO 2
“Todos los de Israel, descendían a los filisteos cada cual a amolar su reja, su azadón, su hacha o su sacho”. 1 Samuel 13:20.
ESTAMOS empeñados en una gran guerra con los filisteos del mal. La predicación, la enseñanza, la oración, las dádivas: todo debe ser puesto en acción, y los talentos que hemos considerado demasiado inferiores para el culto divino, deben ahora ser empleados. Rejas de arado, hachas y azadones pueden ser útiles para matar filisteos. Las herramientas rústicas pueden dar rudos golpes; lo que se necesita no es matar con elegancia sino con eficacia. Cada momento, en sazón o fuera de ella, cada fragmento de talento natural o de habilidad conseguida por medio de la instrucción, cada oportunidad favorable o desfavorable, deben ser usados. La mayor parte de nuestras herramientas necesitan ser afiladas. Necesitamos percepción vivaz, necesitamos tacto, energía y diligencia. En una palabra: necesitamos completa adaptación a la obra del Señor. El sentido común y práctico escasea mucho entre los conductores de empresas cristianas. Si lo deseamos, podemos aprender de nuestros enemigos y hacer que los filisteos afilen nuestras armas. Pongamos hoy suficiente atención para afilar nuestros celo con las ayuda del Espíritu Santo. ¡Considera la energía de los papistas, cómo rodean la mar y la tierra para hacer un prosélito! ¿Monopolizarán ellos el celo? ¡Observa a los devotos paganos, qué tortura soportan en el culto de sus ídolos! ¿Sólo ellos deben exhibir paciencia y sacrificio personal? ¡Fíjate también en los príncipes de las tinieblas, cómo perseveran en sus esfuerzos, cuán descarados son en sus tentativas, cuán temerarios en sus planes, cuán precavidos en sus proyectos, cuán enérgicos en todo! Los demonios están unidos como un solo hombre en su infame rebelión, mientras que los creyentes en Jesús estamos divididos en el culto que debemos rendir a Dios, y apenas alguna que otra vez trabajamos en unanimidad. ¡Dios quiera que podamos aprender a servir de bendición!
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
domingo, 1 de marzo de 2015
MARZO 1
“Levántate, Aquilón, y ven, Austro; sopla mi huerto, despréndanse sus aromas”. Cantares 4:16.
CUALQUIER cosa es mejor que la calma mortal de la indiferencia. Bien pueden nuestras almas desear el Aquilón de la prueba si únicamente ese Aquilón puede extraer el perfume de nuestros dones. Mientras no se diga “Jehová estaba en el viento”, no podremos evitar el ventarrón más tormentoso que jamás haya soplado sobre las plantas de la gracia divina. ¿No se somete humildemente la esposa en este versículo a los reproches de su amado, suplicándole únicamente que le envíe su gracia en alguna forma, no poniendo ella ninguna condición en cuanto a la manera de enviarla? ¿No estaba ella, igual que nosotros, tan aburrida de calma mortal e impía que ansiaba tener algo que hacer? Con todo, deseaba también el cálido viento del consuelo, las sonrisas del amor divino y el gozo de la presencia del Redentor. Estas cosas son frecuentemente muy eficaces para despertar nuestra perezosa vida. Ella desea o una cosa o la otra, o ambas, con tal de poder deleitar a su amado con los frutos de su jardín. No puede resignarse a ser inútil, ni tampoco lo podemos nosotros. ¡Cuánto nos alienta pensar que Jesús puede hallar satisfacción en nuestros pobres y débiles dones! ¿Lo hallará en verdad? Esto parece ser demasiado bueno para que sea verdadero. Bien podríamos solicitar la aflicción y aun la misma muerte si ellas nos ayudaran a alegrar el corazón de Emmanuel. Que nuestros corazones sean pulverizados si sólo por medio de eso nuestro suave Señor puede ser glorificado. Los dones que no se ejercen son como los suaves perfumes que dormitan en los cálices de las flores. La sabiduría del Gran Labrador domina las diversas causas que se oponen a que se produzca el resultado deseado, y hace que tanto la aflicción como la consolación extraigan los gratos perfumes de la fe, del amor, de la esperanza, de la paciencia, de la resignación, del gozo y de las otras flores hermosas del jardín. ¡Ojalá que nosotros conozcamos por experiencia lo que esto significa!
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
sábado, 28 de febrero de 2015
FEBRERO 28
“De él es mi esperanza”. Salmo 62:5.
USAR este lenguaje es privilegio del creyente. Si él está esperando algo del mundo, está esperando en vano. Pero si espera en Dios para que él supla sus necesidades, entonces tanto en las bendiciones materiales como en las espirituales, su esperanza no será en vano. Puede constantemente sacar fondos del banco de la fe y hacer que sus necesidades queden satisfechas por las riquezas de la bondad de Dios. Esto sé: que prefiero tener a Dios como mi banquero que a todos los multimillonarios. Mi Señor nunca falla en el cumplimiento de sus promesas; y cuando las llevamos ante su trono, nunca las devuelve sin cumplir. Por lo tanto, solamente ante su puerta aguardaré, pues siempre la abre con la mano de la generosa gracia. Lo probaré otra vez en esta ocasión. Pero nosotros tenemos también esperanzas para más allá de esta vida. Pronto moriremos, y entonces podremos decir: “De él es nuestra esperanza”. ¿No esperamos que cuando estemos en el lecho del dolor él enviará a sus ángeles para llevarnos a su seno? Nosotros creemos que cuando nos falle el pulso y nuestro corazón palpite dificultosamente algún mensajero angélico estará a nuestro lado y con ojos amorosos nos mirará diciendo: “Espíritu hermano, vamos”. Y al acercarnos a la puerta celestial, esperamos oír esta invitación de bienvenida: “Venid benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Esperamos arpas de oro y coronas de gloria: esperamos estar pronto entre la multitud de seres resplandecientes que están delante del trono. Miramos hacia delante y ansiamos que llegue el tiempo cuando seremos semejantes a nuestro glorioso Señor, porque lo “veremos como él es”. Si éstas, alma mía, son tus esperanzas, vive para Dios, vive con el deseo y la resolución de glorificar a aquél de quien vienen todas las provisiones, y por cuya gracia demostrada en tu elección, redención y llamamiento, tienes esperanza de la gloria venidera.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
viernes, 27 de febrero de 2015
FEBRERO 27
“Porque tú has puesto a Jehová que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación”. Salmo 91:9.
MIENTRAS estuvieron en el desierto, los israelitas estaban continuamente expuestos a cambio. Cuando la columna de nubes se detenía, plantaban las carpas; pero al día siguiente, antes que saliese el sol de la mañana, sonaba la trompeta, el arca se ponía en movimiento, y la ardiente columna de nube marcaba el camino, ya a través de los estrechos desfiladeros de las montañas, ya a lo largo del árido y desolado desierto. En cuanto descansaban un poco, oían la voz de “¡Afuera, éste no es vuestro reposo; debéis ir más adelante peregrinando hacia Canaán!” Nunca permanecían mucho tiempo en un lugar. Ni pozos ni palmeras podían detenerlos. Pero, a pesar de esto tenían en Dios un hogar permanente. El techo de ese hogar era la columna de nube y su lumbre la columna de fuego. Tenían que marchar de lugar en lugar, cambiando continuamente, sin tener nunca tiempo para establecerse en un lugar y decir: “Ahora estamos seguros; permaneceremos aquí”. “Sin embargo –dice Moisés- tú, Señor, nos has sido refugio de generación en generación”. Con relación a Dios, el cristiano no conoce ningún cambio. Puede ser rico hoy y pobre mañana; puede estar un día bien y otro día mal; puede gozar hoy de prosperidad y estar mañana en apretura, pero con relación a Dios, no experimenta cambio alguno. Si me amó ayer me ama también hoy. Mi inconmovible mansión de descanso es mi bendito Señor. Que se desvanezcan mis buenas perspectivas, que se esfumen mis esperanzas, que cese mi gozo, que los tizones destruyan todo; yo no he perdido nada de lo que tengo en Dios. El es “mi fuerte habitación en la que puedo descansar continuamente”. Yo soy un peregrino en este mundo, pero en el cielo que es mi hogar, está mi Dios. En la tierra soy un peregrino, pero en Dios habito como en tranquila habitación.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
jueves, 26 de febrero de 2015
EL NACIMIENTO VIRGINAL DE CRISTO - Wayne Grudem
- BASE BÍBLICA: La Biblia claramente afirma que Jesús fue concebido en el vientre de su madre, María, mediante la obra milagrosa del Espíritu Santo y sin padre humano.
«El nacimiento de Jesús, el Cristo, fue así: Su madre, María, estaba comprometida para casarse con José, pero antes de unirse a él, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo» (Mt 1:18). Poco después de esto un ángel del Señor le dijo a José, que estaba comprometido en matrimonio con María: «José, hijo de David, no temas recibir a María por esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo» (Mt 1:20). Luego leemos que José «hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y recibió a María por esposa. Pero no tuvo relaciones conyugales con ella hasta que dio a luz un hijo, a quien le puso por nombre Jesús» (Mt 1:24-25).
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FEBRERO 26
“La salvación pertenece a Jehová”. Jonás 2:9.
LA salvación es obra de Dios. Él sólo es quien vivifica al alma que está “muerta en sus delitos y pecados” y quien, además, la sostiene en la vida espiritual. Él es el Alfa y la Omega. “La salvación pertenece a Jehová”. Si soy una persona afecta a la oración, es Dios quien me da esa inclinación. Si estoy revestido de dones, es porque el Señor me los dio. Si mantengo una vida consecuente es porque él me sostiene con su mano. Nada hago yo para mi propia preservación fuera de lo que Dios obra primero en mí. Cualquier cosa que yo tenga, todo pertenece al Señor. Lo único que es propiamente mío es el pecado. Pero si hago algo recto, ese algo es de Dios entera y completamente. Si he rechazado a algún enemigo espiritual, es porque Dios fortaleció mi brazo. ¿Vivo ante los hombres una vida consagrada? Esto no es por mí, sino por Cristo que vive en mí. ¿Estoy santificado? Yo no me limpio a mi mismo; es el Espíritu de Dios el que me santifica. ¿Estoy apartado del mundo? Esto se efectuó por las santificadoras pruebas que Dios me envió para mi bien.
Si estoy creciendo en conocimiento es porque el gran Maestro me enseña. Todas mis joyas están trabajadas con arte celestial. Hallo en Dios todo lo que necesito. Pero en mí mismo no hallo otra cosa sino miseria y pecado. “Él solo es mi roca y mi salvación”. ¿Me alimento de la Palabra? Esa Palabra no podría alimentarme si el Señor no le hubiese comunicado esa virtud, y si él no me ayudase a alimentarme de ella. ¿Vivo del maná que viene del cielo? ¿Qué es ese maná sino Jesucristo mismo, cuyo cuerpo y cuya sangre como y bebo? ¿Estoy continuamente recibiendo nuevas fuerzas? ¿De dónde consigo el poder? Mi fortaleza viene del cielo. Sin Jesús nada puedo hacer. Como un pámpano no puede llevar fruto si no estuviere en la vid, tampoco yo puedo hacerlo si no permanezco en él. Que lo que Jonás aprendió en las profundidades, lo aprenda yo esta mañana en mi cámara secreta: “La salvación pertenece a Jehová”.
Si estoy creciendo en conocimiento es porque el gran Maestro me enseña. Todas mis joyas están trabajadas con arte celestial. Hallo en Dios todo lo que necesito. Pero en mí mismo no hallo otra cosa sino miseria y pecado. “Él solo es mi roca y mi salvación”. ¿Me alimento de la Palabra? Esa Palabra no podría alimentarme si el Señor no le hubiese comunicado esa virtud, y si él no me ayudase a alimentarme de ella. ¿Vivo del maná que viene del cielo? ¿Qué es ese maná sino Jesucristo mismo, cuyo cuerpo y cuya sangre como y bebo? ¿Estoy continuamente recibiendo nuevas fuerzas? ¿De dónde consigo el poder? Mi fortaleza viene del cielo. Sin Jesús nada puedo hacer. Como un pámpano no puede llevar fruto si no estuviere en la vid, tampoco yo puedo hacerlo si no permanezco en él. Que lo que Jonás aprendió en las profundidades, lo aprenda yo esta mañana en mi cámara secreta: “La salvación pertenece a Jehová”.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
miércoles, 25 de febrero de 2015
FEBRERO 25
“La ira que vendrá”. Mateo 3:7.
ES agradable pasar por un campo después de una tormenta, es grato aspirar la frescura de las hierbas después de cesar la lluvia y es placentero mirar las gotas de agua cuando relucen como diamante purísimo a la luz del sol. Es esa la posición de un cristiano. Peregrina por una tierra en la que la tormenta se descargó sobre la cabeza de su Salvador, y si aun caen algunas gotas de aflicción, esas gotas proceden de las nubes de la misericordia, y Jesús lo conforta con la seguridad de que ellas no son para su destrucción. Pero, cuán terrible es presenciar el espantoso avance de un huracán –como ocurre algunas veces en los trópicos- y aguardar en terrible temor hasta que el viento se precipita con furia desarraigando árboles, derribando las rocas de sus pedestales y tirando abajo toda habitación. Y sin embargo, pecador, esta es tu posición presente. Todavía no cayó ninguna gota caliente, pero una verdadera lluvia de fuego se acerca. Ningún viento furioso sopla aun en derredor nuestro, pero hay una tempestad divina que está reuniendo toda su espantosa artillería. Las aguas inundantes están hasta ahora retenidas por la misericordia, pero pronto serán sueltas. Los rayos de Dios aun están en sus depósitos, pero, ¡ay!, la tempestad se avecina y ¡cuán espantoso será aquel momento cuando Dios, vestido de venganza, marchará con furor! ¿Dónde, dónde, dónde, oh pecador, esconderás tu cabeza o adónde huirás? ¡Oh que la mano de la misericordia te guíe ahora a Cristo! En el Evangelio, Cristo se te presenta gratuitamente. Su costado herido es la roca de protección. Tú sabes que necesitas de él. Cree en él, apóyate en él, y entonces la furia pasará para siempre a otro lado.
LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
martes, 24 de febrero de 2015
3 RAZONES POR LAS QUE JESÚS ORABA - Pr. Gerson Morey
No en vano Jesús le preguntó a sus discípulos con ánimo inquisidor: “ vosotros, ¿quién decís que soy yo? (S. Mateo 16:15). LEER ARTÍCULO COMPLETO...
FEBRERO 24
“Y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán”.
AQUÍ hay una misericordia soberana: “Yo haré descender la lluvia en su tiempo”. ¿No es esta una misericordia soberana y divina? Pues, ¿quién puede decir “haré descender la lluvia” sino sólo Dios? Hay una sola voz que puede hablar a las nubes y ordenarles que den lluvia. ¿Quién envía sobre la tierra la lluvia? ¿Quién la esparce sobre la hierba? ¿No soy yo, dice el Señor? De modo que la gracia es don de Dios, y, por lo tanto, no tiene que ser creada por el hombre. Además es ésta una gracia que necesitamos. ¿Qué haría la tierra sin la lluvia? Puedes arar, sembrar tu simiente, pero ¿qué puedes hacer sin la lluvia? De la misma manera nos es absolutamente necesaria la bendición divina. Hasta que Dios no te conceda la lluvia abundante y te envíe la salvación trabajas en vano. Además esa gracia es abundante. “Haré descender la lluvia”. No dice: “Les enviaré gotas”, sino “lluvias”. Así pasa con la gracia. Si Dios da una bendición, la da por lo regular en tal medida que no hay suficiente sitio para recibirla. ¡Gracia abundante! Nosotros necesitamos gracia abundante para conservarnos humildes, para ser afectos a la oración y para ser santos: tenemos necesidad de gracia abundante para ser celosos, para preservarnos del mal en el curso de esta vida y, por fin, para ser llevados al cielo. No podemos estar sin ser empapados con las lluvias de la gracia. Esta gracia es también una gracia oportuna. “Haré descender la lluvia en su tiempo. ¿Qué tiempo es el de esta mañana para ti? ¿Es el de la seca? Entonces este es el tiempo para las lluvias. “Como tus días será tu fortaleza”. Hay, por fin, aquí una bendición variada: “Lluvias de bendición serán”. La palabra está en plural. Dios enviará toda clase de bendiciones. Todas las bendiciones de Dios van juntas como los eslabones de una cadena de oro. Si él da la gracia que convierte, dará también la gracia que consuela. El enviará “lluvias de bendiciones”. Mira hoy arriba, oh planta mustia, y abre tus hojas y tus flores para recibir una lluvia celestial.
LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
lunes, 23 de febrero de 2015
FEBRERO 23
“No te dejaré”. Hebreos 13:5.
NINGUNA promesa es de particular interpretación. Cualquier cosa que Dios haya dicho a algunos de sus santos la dice a todos. Cuando abre una fuente para uno, lo hace para que beban otros. Cuando abre la puerta de algún granero para dar alimento, aunque la causa de ese acto sea un solo hambriento, todos los creyentes sin distinción pueden venir y alimentarse. Aunque originalmente Dios haya dado la palabra de promesa a Abraham o a Moisés, ahora te la da también a ti, como componente de la simiente del pacto. No hay bendición que sea demasiado elevada para ti, ni merced que sea demasiado grande. Levanta ahora tus ojos, mira al Norte y al Sud, al Este y al Oeste, porque todo es tuyo. Sube a la cumbre del Pisga y mira el último límite de la promesa divina, porque la tierra es toda tuya. No hay un arroyo de aguas vivas del cual no puedas beber. Si la tierra fluye leche y miel, come la miel y bebe la leche, porque ambas cosas son tuyas. Sé osado para creer, pues él ha dicho: “No te desampararé ni te dejaré”. En esta promesa Dios da a su pueblo todas las cosas. “Yo no te dejaré”. Ningún atributo de Dios dejará de ser empleado para nuestro bien. ¿Dios es poderoso? Entonces manifestará su poder en bien de los que en él confían. ¿Es amor? Entonces con amor desinteresado tendrá misericordia de nosotros. Cualquier atributo que forme parte del carácter de la deidad, será empleado en tu favor. En resumen: No hay nada que puedas desear, no hay nada que puedas solicitar; nada que haya en este mundo o en el venidero; nada que haya en el momento presente ni en la mañana de la resurrección, y, por fin, nada que haya en el cielo, que no esté contenido en este texto. “No te desampararé ni te dejaré”.
LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
domingo, 22 de febrero de 2015
FEBRERO 22
"Y su arco quedó en fortaleza y los brazos de sus manos se corroboraron por las manos del Fuerte de Jacob". Génesis 49:24.
LA fortaleza que Dios da a sus Josés es una fortaleza real. No es una fortaleza jactanciosa, una ficción, una cosa de la que los hombres hablan pero que termina en humo. Es más bien una fortaleza verdadera y divina. ¿Por qué José resistió a la tentación? Porque Dios lo ayudó. No hay nada que podamos hacer sin el poder de Dios. Toda fortaleza verdadera viene del "Fuerte de Jacob". Aquí se representa a Dios como si pusiera sus manos sobre las manos de José y colocara sus brazos sobre los brazos del mismo José. Como un padre enseña a sus hijos, así el Señor enseña a los que le temen. El pone sus brazos sobre ellos. ¡Maravillosa condescendencia! El Dios todopoderoso, eterno y omnipotente se inclina desde un trono y pone su mano sobre la mano del hijo, extendiendo su brazo sobre el brazo de José, para que pueda ser fuerte. Esta fortaleza era además una fortaleza del pacto, pues se atribuye al "Fuerte de Jacob". Ahora bien, en cualquier lugar de la Biblia donde leas acerca del Dios de Jacob, tienes que recordar el pacto que Dios hizo con él. Todo el poder, toda la gracia, todas las bendiciones, todas las mercedes, todos los consuelos, todas las cosas que tenemos, proceden para nosotros del gran manantial y por medio del pacto. Si no hubiera pacto tendríamos que perecer indefectiblemente, pues todas la bendiciones proceden de él como la luz y el calor vienen del sol. Ningún ángel asciende o desciende por otra parte que no sea la escala que vió Jacob, en cuya cabeza está colocado un pacto de Dios. Cristiano, puede ser que los arqueros te hayan atormentado seriamente y te hayan tirado y herido, pero tu arco aun queda en fortaleza. Atribuye, pues a Dios sin dudar, toda la gloria.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
sábado, 21 de febrero de 2015
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