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Aquí tenemos el comienzo del
sacrificio de los animales. Dios derrama sangre con el propósito de hacer
ropa para Adán y Eva. La hizo de las pieles de los animales y, por lo tanto,
las vidas de esos animales fueron sacrificadas para vestir a Adán y Eva. Esto
no es más que una imagen, puesto que todos los sacrificios de animales son
tan solo imágenes que nos enseñan la gran verdad de que Dios intenta
eternamente comunicarse con nosotros como hombres y mujeres. A la postre, es
Dios mismo el que soporta el dolor, el sufrimiento y la agonía de nuestros
pecados. Como dijo Juan el Bautista: “¡Este es el Cordero de Dios, que quita
el pecado del mundo!” (Juan 1:29). Pablo usa una frase maravillosa en
Efesios: “aceptos en el Amado” (1:6). Cuando nosotros reconocemos nuestra
culpa, cuando reconocemos que lo que hemos hecho es contrario a lo que Dios
desea y estamos ahí sin nada que nos sirva de defensa y sin esfuerzo alguno
por defendernos, sino reconociendo sinceramente lo que hemos hecho, entonces
somos “aceptados en el Amado”.
En la región en que me crié en
Montana, teníamos muchas granjas de corderos. La primavera era la época de
los corderos, cuando nacían las pequeñas ovejas. Pero la primavera en Montana
no es como en California. Las tormentas de granizo pueden arremolinarse
procedentes del norte y la nieve puede aún alcanzar entre tres y cuatro pies
de profundidad sobre las praderas. Con frecuencia hay temporadas largas y
prolongadas de frío intenso durante la época de los corderos. Cuando las
ovejas tienen que dar a luz en esta clase de clima, muchas de las ovejas y
corderos se mueren. Como resultado de ello, los granjeros que tienen ovejas
tienen muchas madres cuyos recién nacidos se han muerto y muchos corderos
recién nacidos cuyos madres también han muerto. Daría la impresión de que una
manera sencilla de resolver el problema sería coger a los corderos sin madre
y dárselos a las madres sin crías, pero no es así de sencillo. Si coge usted
a un cordero huérfano y lo pone con una madre oveja, irá de inmediato a él y
comenzará a olerlo por todas partes y a continuación a menear la cabeza como
si quisiera decir: “Ese no es el olor de nuestra familia”, y se aleja,
negándose a tener nada que ver con él. Pero los granjeros de ovejas han
ideado una manera de resolver esto. Cogen al cordero que se le ha muerto a la
madre, lo despellejan, cogen la piel y la colocan sobre el otro cordero que
ha quedado huérfano. A continuación ponen al cordero huérfano con esta piel
desgarbada que se menea de un lado a otro, con ocho patas y dos cabezas, y lo
colocan junto a la madre, que no le presta ninguna atención al aspecto que
tiene el cordero, sino que lo huele por todas partes y a continuación inclina
la cabeza. El cordero comienza a chupar de la fuente de la leche y todo va
bien.
¿Qué ha sucedido? El cordero
huérfano ha sido “aceptado en el amado”. Hubo un tiempo en el que el Cordero
de Dios murió por nosotros y Dios nos cogió a nosotros como huérfanos y nos
vistió con Su justicia, y por ello somos “aceptados en el Amado” y recibidos
en Su lugar. Es ahí a donde nos lleva el arrepentimiento y es así como
empieza la vida cristiana. Pero si cree usted que es ahí donde termina, está
usted equivocado. Debemos de arrepentirnos continuamente o depender de una
forma de vivir que Dios ha dicho que no es la correcta. Es preciso que yo me
arrepienta de mi dependencia en mí mismo, y usted debe hacerlo también.
Señor, enséñame a arrepentirme
continuamente. Gracias por vestirme con la justicia de Jesús para que yo
pueda ser “aceptado en el Amado”.
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Aplicación a la vida
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El arrepentimiento no solo comienza
la vida cristiana, sino que es la base diaria sobre la cual se desarrolla
toda la vida cristiana. ¿Qué tal se nos da confesar a diario nuestra autodependencia?
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Versículo para hoy:
domingo, 19 de abril de 2020
19 de abril - Dios obrando - Ray Stedman
sábado, 18 de abril de 2020
18 de abril - Maldita será la tierra - Ray Stedman
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Nosotros nos vemos obligados a
luchar denodadamente para ganarnos el sueldo porque la tierra ha sido
maldecida y, debido a ello, el hombre se ve obligado a trabajar con afán, de
manera interminable y con dolor. El trabajo no es la maldición dada a los
hombres, es la lucha lo que es la maldición. Si no tiene usted trabajo que
hacer, usted es el más desgraciado de todos los humanos. El trabajo es una
bendición de Dios, pero el trabajo duro, agotador, que es una lucha, es el
resultado de la caída. Representa el sudor, la ansiedad y la presión que nos
produce constantemente para crear la interminable carrera contra reloj en la
vida.
El segundo factor que fue el
resultado del fracaso de Adán es la muerte. Dios dijo: “pues polvo eres y al
polvo volverás” (3:19b). ¿Acaso no es este sentido de la muerte, que se
oculta en los límites de la vida, lo que hace que nos sintamos inútiles
respecto a la vida? Recuerde usted al rico que hizo construir graneros, los
llenó y luego se dijo a sí mismo: “Muchos bienes tienes guardados para muchos
años; descansa, come, bebe y regocíjate”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta
noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has guardado, ¿de quién será?”
(Lucas 12:19-20).
Sí, esa es la pregunta con la que
la muerte hace que nos tengamos que enfrentar. Luchamos por acumular
propiedades, todas las cosas buenas de la vida, y después qué sensación de
inutilidad tenemos al vernos obligados a pasárselas a otra persona, alguien
que no movió un dedo para obtenerlas.
Vinimos al mundo desnudos y desnudos
lo dejaremos. No tenemos nada que podamos llevarnos con nosotros, sino que
debemos dejarlo todo atrás. Somos polvo y al polvo regresaremos. Está la
sentencia de Dios: el dolor, la sujeción, la lucha y la muerte.
¿Es este el resultado de nuestra
locura por cuya causa tenemos que rechinar los dientes y pasarnos toda la
vida luchando, como una maldición por lo que hizo Adán? No, no lo es. Solo
nos da la impresión de ser un castigo cuando lo rechazamos y nos resistimos a
él o nos revelamos en contra de él. Pero nunca se pretendió que estas cosas
fuesen ninguna clase de castigo, sino que lo que pretenden es que nos sirvan
de ayuda, que sean un medio que nos recuerde la verdad, un medio que pretende
contrarrestar el sutil orgullo que el enemigo ha plantado en nuestra raza que
hace que estemos imaginándonos toda clase de cosas ilusorias, pensando que
somos el capitán de nuestro destino y el dueño de nuestra alma, que somos
capaces de afrontar y resolver todos los problemas de la vida. Estas son
arrogantes pretensiones que tenemos.
Pero se nos recuerda constantemente
que estas cosas no son verdad. La muerte, el dolor, el afanarse y la sujeción
son límites a los que no podemos escapar. Están ahí constantemente para
reducirnos y para que nos veamos a nosotros mismos tal y como somos. Somos
polvo, somos tan solo humanos y no podemos hacer las cosas solos; necesitamos
con desesperación a otras personas y necesitamos con desesperación a Dios. La
hora de la mas grande esperanza es cuando nuestros ojos se abren ante este
hecho básico y decimos: “Señor, no puedo conseguirlo sin Ti. Te necesito con
desesperación”.
Gracias, Señor, por esas pruebas y
limitaciones de la vida que hacen que tenga que depender de Ti.
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Aplicación a la vida
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El trabajo es algo que se supone
que nos lo ha concedido Dios para que sea una bendición para nosotros. ¿De
qué manera la caída del hombre ha infectado todo lo que hacemos, haciendo que
todos nuestros esfuerzos sean en vano? ¿Qué aprendemos por medio de los
problemas de la vida?
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viernes, 17 de abril de 2020
17 de abril - La carga del demonio - Ray Stedman
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Este es uno de los versículos más
asombrosos en la Biblia. Los padres de la iglesia primitiva lo llamaron
el Protevangelium, que significa “la primera predicación del
evangelio”. Es la promesa más clara de la venida del Redentor. Hay varias
características insólitas acerca de este notable versículo que revelan la
mano divina.
Para empezar, anuncia que existirá
una enemistad interminable entre dos clases de la humanidad. Aquí tenemos el
principio de dos divisiones de la humanidad en la que la Biblia divide a la
raza. Su primera manifestación es la enemistad entre Eva y la
serpiente. “Pondré enemistad entre ti y la mujer”, dice Dios. Esto es
comprensible. Podemos ver por qué Eva detestaría a aquel que la había
traicionado por medio de sus mentiras y, como efecto de la caída, que se
volvería más evidente en su propia vida, haciendo que aborreciese
continuamente a aquel que, de una manera tan lista y despiadada, había hecho
que ella fuese por el mal camino. Por otro lado, el enemigo la odiaría sin
duda porque ella era el objeto del amor de Dios y Su mano de protección
estaba alrededor de ella. Pero además, no se trataba sencillamente de una
enemistad entre la mujer y el demonio, sino entre su simiente y la simiente
de la mujer.
De la única manera que se puede
explicar esta profecía es que tiene su cumplimiento en el nacimiento virginal
del Señor Jesús. Este concepto de la simiente de la mujer es único. Es la
simiente del hombre la que es la línea de descendencia, y todas las
genealogías de la Biblia siguen la línea de descendencia por medio del
hombre.
Esto es algo que continúa
actualmente en la mayoría de las sociedades. Incluso hoy en día las familias
normalmente llevan el nombre del hombre. Cuando una pareja se casa,
normalmente es la mujer la que deja de usar su apellido para adoptar el del
marido. Pero aquí se nos dice de una manera muy distintiva que el que debe
herir la cabeza de la serpiente es la simiente de la mujer. Pero en toda la
historia humana solamente hay uno que puede hacer que se cumpla esta
condición, y es Jesús.
De manera que la simiente es
Cristo. He aquí la más asombrosa profecía, que mira a través de los siglos al
día en que Jesús nacería de María: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y
entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza”. El
cumplimiento de esta promesa, la simiente de la mujer, sería un hombre,
nacido de mujer.
Los que recibieron esta palabra del
Antiguo Testamento no pudieron entender lo que esto significaba, pero ahora
sabemos que se refiere al nacimiento humilde que tuvo lugar en Belén, a los
años de silencio en Nazaret, a la oscuridad en Getsemaní, a la oposición de
Jerusalén, al odio de Judas, de Pilato y de Caifás, a la sangre y la muerte
en la cruz; todo esto representa herir en el talón. Entonces la serpiente fue
herida en la cabeza por la gloria de la resurrección. Toda esta promesa se
cumple claramente en Jesucristo.
Padre, me doy cuenta de la manera
en que Tú has estado llevando a cabo Tu maravilloso plan de la redención
desde el principio. Gracias, Señor, porque conozco a Aquel cuyo talón fue
herido, pero que resucitó con victoria.
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Aplicación a la vida
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¿Cómo explica la Biblia la interminable
enemistad entre las dos divisiones de la humanidad? ¿Ha germinado la Simiente
que nos ha sido dada y que crece en nuestro interior dando fruto?
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jueves, 16 de abril de 2020
16 de abril - Arrepentimiento - Ray Stedman
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Hay algo muy interesante aquí. Dios
hace esencialmente la misma pregunta tanto al hombre como a la mujer. Le está
diciendo a cada uno de ellos: “Dime, ¿qué es lo que has hecho? De manera
específica, definitiva y clara, ¿qué es lo que has hecho?” Pero hay un
exquisito toque de delicadeza y de gracia aquí que no deberíamos de
perdernos. No le hace la pregunta de la misma manera a Adán que a Eva. Al
hombre le pregunta de manera directa y franca: “¿Acaso has comido del árbol
que yo te mandé que no comieras?” Pero a la mujer le pregunta de una manera
mucho más suave y dulce.
Para mí es un consuelo darme cuenta
de lo totalmente que entiende Dios a las mujeres, de manera que le hace la
pregunta a ella de una forma más suave. Le dice: “Dime ahora, a tu propio
modo, ¿qué es lo que has hecho?” Es significativo que en las respuestas de
ellos, tanto Adán como Eva se expresan de manera muy semejante. Cada uno echa
la culpa a otro (a esto lo llamamos naturaleza humana, ya que esta es una
respuesta muy extendida y universal), pero cuando llegan a su declaración
final, los dos usan exactamente las mismas palabras: “y comí”.
Es a ese punto a donde Dios quiere
llevarles. Eso es lo que la Biblia llama arrepentimiento. Es una declaración
cándida de los hechos sin esfuerzo alguno ahora por evadirlas, por darles
color o por revestirlas, por así decirlo, de ninguna otra forma. Es una
afirmación sencilla de los hechos a los cuales se ven ambos reducidos: “y
comí”.
Fíjese usted como estas preguntas
han seguido un curso planeado. Dios ha hecho que primeramente
admitiesen: No estamos donde deberíamos de estar; eso es algo que
sabemos. No deberíamos estar ocultos en el huerto. No deberíamos estar
perdidos, y no debería hacer falta que nos hicieses una pregunta como
esta: ¿Dónde estás? Dios les hace ver que algo ha sucedido en el
interior de ellos. Se han dado cuenta de que se encuentran donde se
encuentran por causa de lo que son, y todo esto ha sucedido porque han
desobedecido, han pecado, debido a que han comido el alimento prohibido. Dios
les ha llevado con gracia y al mismo tiempo de manera infalible al lugar
donde cada uno de ellos ha dicho a su propia manera: “Sí, Señor, he pecado;
he comido”.
Es solo hasta ese punto a donde las
personas pueden llegar en cuanto a corregir el mal. No pueden hacer más que
eso, pero eso le permitió a Dios, de inmediato, la ocasión de actuar. Es aquí
donde le provee a Él la única manera en la que puede actuar. Es aquí donde Él
intenta constantemente llevarnos porque es el único terreno sobre el cual
puede actuar. Esto es algo que puede usted ver a lo largo de toda la Biblia,
tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Cuando Dios está tratando
con las personas, intenta llevarlas al punto de reconocer lo que está mal.
Esto es lo que Dios desea hacer con
nosotros. Viene a nosotros en el momento en que hemos fracasado, en el
momento en que nos hemos desviado, siendo culpables, sintiéndonos desnudos y
perdidos, y de inmediato actúa para llevarnos al arrepentimiento. Nosotros
malentendemos lo que Él está haciendo, pensando que nos está llevando delante
de una especie de tribunal con el fin de juzgarnos o castigarnos, pero no
es así. Él está sencillamente intentando conseguir que nosotros nos
enfrentemos con los hechos tal y como son. Esto es lo que hace en este caso
con Adán y Eva.
Gracias, Señor, por la manera en
que Tú me llevas al lugar del arrepentimiento. Ayúdame a no ocultarme, sino a
sacar mi pecado a la luz para que pueda experimentar Tu gracia y Tu misericordia.
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Aplicación a la vida
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Al hacer Dios que nos arrepintamos,
¿somos conscientes de que Sus acciones están motivadas por Su gracia y Su
misericordia? ¿Respondemos nosotros con evasivas o con una confesión honesta?
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miércoles, 15 de abril de 2020
15 de abril - ¿Dónde estás? - Ray Stedman
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A mí me resulta de lo más
sorprendente que todas las religiones, aparte del cristianismo, comiencen con
el tema del hombre buscando a Dios. Solo la Biblia empieza con el tema de
Dios buscando al hombre. Eso destaca una diferencia esencial entre nuestra fe
cristiana y las otras grandes religiones en el mundo. Es más, esta primera
pregunta aquí en el Antiguo Testamento concuerda con la primera pregunta que
se hace en el Nuevo Testamento. Aquí Dios le está preguntando al hombre:
“¿Dónde estás?”, y en el Nuevo Testamento, en Mateo, la primera pregunta que
aparece es la de unos sabios que vienen preguntando: “¿Dónde está él?” (Mateo
2:2).
Si tomamos literalmente este relato
en el huerto (como creo que debemos de hacerlo) está claro que Dios habitualmente
le aparecía a Adán de alguna forma visible, porque ahora Adán y Eva,
sintiéndose culpables por su desnudez, se ocultan de Dios cuando oyen el
sonido de Sus pasos en el huerto. Esto indica una acción acostumbrada por
parte de Dios. Él vino en el fresco del día, no porque eso fuese más
agradable para Él sino porque era más agradable para el hombre, y
habitualmente tenía alguna forma de comunicación con el hombre. Sabemos por
lo que dice en el resto de las Escrituras que siempre que Dios aparece de forma
visible en alguna manifestación, es siempre la segunda persona de la Deidad,
el Hijo. Si eso es cierto, tenemos aquí lo que se denomina una teofanía, es
decir una manifestación visible de Dios antes de la encarnación. Por lo
tanto, el que aquí pregunta a Adán y Eva: “¿Dónde estás?” es el mismo acerca
del cual más adelante los hombres preguntarían: “¿Dónde está el rey de los
judíos que ha nacido?” (Mateo 2:2a).
Fíjese el lector en la importancia
de esta pregunta: “¿Dónde estás?” Cuando las personas están perdidas, esta es
la pregunta más importante que pueden hacer: “¿Dónde estoy?” Imagínese usted
que sonase el teléfono y usted lo contestase para oír una voz decir: “Me
gustaría venir a su iglesia esta mañana. Creí que sabía cómo llegar, pero me
siento muy confusa. ¿Puede usted ayudarme?” ¿Cuál sería la pregunta que haría
usted? “¿Dónde está usted?” Esa es siempre la primera: “¿Dónde está usted?”
Hoy estamos buscando una manera de
escapar de una situación muy confusa que prevalece en nuestro mundo. No lo haremos
nunca hasta que no empecemos preguntando: “¿Dónde está usted? ¿Dónde estoy
yo?” Tal vez el motivo por el que muchos no pueden encontrar ayuda hoy es porque no pueden o no quieren contestar a esta pregunta. Hágase usted la
pregunta. ¿Dónde está usted? Durante el curso de su vida, desde el nacimiento
hasta la muerte, moviéndose como espera usted hacerlo para desarrollar la
estabilidad de carácter, honradez, integridad del ser, todas estas cualidades
que admiramos en otras personas y queremos para nosotros mismos, ¿dónde está
usted? ¿Hasta dónde ha llegado? Hasta que no pueda usted contestar a esto, al
menos en algún sentido, no hay posibilidad de que consiga ayuda.
Tal vez muchos de ustedes tendrán
que decir: “No sé dónde estoy; solo sé que no estoy donde debería estar o
donde quiero estar. Esto es todo cuanto puedo decir”. Si es eso todo lo que
puede usted decir, al menos eso es una respuesta sincera y, por lo tanto, es
la respuesta de más ayuda que puede dar. En ese sentido, es la única
respuesta correcta.
Señor, ayúdame a examinarme a mí
mismo haciéndome esta pregunta: “¿Dónde estoy?” Te doy gracias porque es por
Tu gracia y por Tu amor por lo que me haces esta pregunta.
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Aplicación a la vida
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La Biblia presenta de una manera
única a Dios buscando al hombre. ¿Cómo contestamos nosotros cuando Dios nos
pregunta: “¿Dónde estás?” ¿Le contestamos de manera honesta, conscientes de
que es preciso un cambio?
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martes, 14 de abril de 2020
14 de abril - La oferta conjunta - Ray Stedman
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Este relato revela tres cosas que
marcan el principio de la muerte, y la prueba de que esta historia realmente
sucedió se encuentra ahí, porque estas tres cosas son verdad en el caso de
todas las personas. Cuando cedemos a la tentación, experimentamos los
placeres del pecado. Pero lo que este relato nos obliga a afrontar es que el
placer viene acompañado de algo indeseable, un acontecimiento relacionado con
el pecado del que no podemos escapar. Todo ello es como una oferta conjunta. Aquí se nos explican tres cosas que marcan el principio de la muerte.
La primera de ellas es esta: “se
dieron cuenta de que estaban desnudos”. Habían estado desnudos todo el
tiempo, pero no supieron que estaban desnudos hasta después de la caída. ¿Por
qué? Porque nunca se habían mirado a sí mismos. El darse cuenta de su
desnudez es una manera simbólica de expresar la idea de que experimentaron la
aparición de lo que llamamos la propia conciencia. Se vieron a sí
mismos, y el efecto inmediato fueron sus sentimientos de vergüenza y de
turbación.
De manera que, al igual que Adán y
Eva, nos encontramos haciendo prendas que cubran nuestra propia conciencia.
Esto es verdad también a nivel psicológico. Esto es lo que se halla tras la
práctica universal de proyectar una imagen de nosotros mismos, que es una
forma de vestidura psicológica. Es una manera de intentar que las personas
piensen acerca de nosotros de una manera diferente a como somos en realidad. Es por eso que todos luchamos con el tema de la honestidad, por ser francos. No queremos que las personas nos vean o piensen acerca de
nosotros como somos. No queremos pasar demasiado tiempo con ninguna persona
porque tememos que esa persona nos vea tal y como somos.
La segunda cosa que nos muestra
este relato se encuentra en el versículo 8. El esconderse es una reacción
instintiva a la culpa. Aquí tenemos una primera descripción de una
conciencia que comienza a funcionar; ese tormento interior con el cual
estamos todos familiarizados no lo podemos eliminar, por mucho que lo
intentemos. De hecho, con frecuencia cuanto más nos esforzamos por hacer caso
omiso de ella, tanto más profundamente nos acribilla y tanto más inexorable
se vuelve. Los psicólogos están de acuerdo en que la culpa es una reacción
universal frente a la vida, de la que, sin motivo o explicación aparente,
todos padecemos. Este sentido de la culpa nos obsesiona, nos sigue y hace que
nos sintamos atemorizados. Tenemos miedo a lo desconocido, al futuro y a lo
que no vemos.
Pero existe todavía un tercer
aspecto de esta muerte revelado aquí: El Señor le preguntó: ―¿Qué es esto que
has hecho?
Adán le respondió: ―La mujer que me
diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Es culpa de ella.
La mujer dijo: ―Bueno, no es culpa
mía, es culpa de la serpiente. La serpiente me engañó, y yo comí.
Este es el primer esfuerzo humano
por intentar enfrentarse con el problema de la culpa, y aquí es donde siempre
aparece el echar la culpa a otros. A la postre acaba por apuntar a Dios y
decir que Él tiene la culpa. Las personas son sencillamente víctimas
impotentes de las circunstancias. Esto es lo que se oculta tras nuestro
intento de echarnos la culpa los unos a los otros y echar la culpa de
nuestras acciones o actitudes a alguna circunstancia exterior.
Señor, confieso que he visto las
marcas de la muerte en mi propia vida: en la conciencia de mí mismo, la
culpabilidad y el culpar a otros. Te doy gracias por Tu gracia, que me busca
incluso cuando intento ocultarme.
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Aplicación a la vida
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¿Por qué resulta tan fácil echar la
culpa a los dirigentes, al cónyuge, a los amigos, a los enemigos y a la
postre incluso a Dios por nuestras fastidiosas circunstancias? ¿Qué tres
cosas caracterizan el principio de la muerte?
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lunes, 13 de abril de 2020
13 de abril - La tentación del mal - Ray Stedman
Pasemos a considerar la
estrategia que emplea el Tentador. Esto resulta de lo más instructivo porque
es exactamente la estrategia que emplea cuando aparece ante nosotros como un
ángel de luz, no porque nosotros vayamos a tener visiones de seres brillantes, sino que la personalidad que ejemplifica y el carácter con el que aparece, es el mismo ahora y antes. Las Escrituras dejan claro que el demonio también
puede aparecer como un león rugiente, lo cual significa que puede asestar un
golpe por medio de la tragedia, de la enfermedad o de cualquier mal físico,
de la misma manera que atacó a Job o a Pablo, mediante su espina en la carne,
a lo que Pablo llamó mensajero de Satanás. Cuando aparece como un león, puede
hacer que sintamos temor en nuestros corazones. Pero su estrategia más
efectiva es aparecer como una buena persona, como alguien atractivo, como
algo o alguien que nos atrae como si fuese un ángel de luz.
Si aprende usted a reconocer
la estrategia del demonio, se encontrará con que emplea las mismas tácticas
de manera invariable. Hay un sentido en el que está muy limitado y no cambia
sus tácticas en gran manera. A veces sentimos como si nunca fuésemos a
aprender cómo anticiparnos al demonio, pero podemos aprender. Pablo dice que
no ignoraba las estratagemas del demonio (2 Corintios 2:11). Si aprendemos
cómo actúa él, podemos fácilmente aprender a detectarle en nuestras vidas.
Santiago ha descrito esta
estrategia de una manera muy clara en uno o dos versículos. Dice: “sino que
cada uno es tentado, cuando de su propia pasión es atraído y seducido.
Entonces la pasión, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el
pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15).
He ahí la estrategia del demonio,
que siempre se acerca a nosotros siguiendo estas mismas tres etapas y estos
tres pasos que han quedado claramente subrayados en este texto. Santiago dice
que todo hombre “es tentado, cuando de su propia pasión es atraído y
seducido” (1:14). El primer paso que da el demonio con nosotros tiene que ver
siempre con despertar el deseo de hacer el mal, creando un hambre, una
atracción, o por medio de una tentación hacia el mal.
El segundo es permitir que se forme
la intención a fin de que suceda un acto. Santiago describe esto diciendo:
“Entonces la pasión, después que ha concebido, da a luz el pecado” (1:15).
Fíjese en que el símbolo que emplea es el de la concepción y del nacimiento.
Hay un periodo de gestación en la tentación, porque una vez que se ha despertado
el deseo, tiene lugar un proceso interior que antes o después tiene como
resultado el pecado, un acto que está mal.
La tercera etapa es que el demonio
actúa de inmediato sobre la oportunidad conseguida por medio del acto
malvado, entrando y produciendo resultados que las Escrituras describen como
muerte: “el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”. Este es el
propósito esencial del demonio. Jesús dijo que el demonio era “homicida desde
el principio” (Juan 8:44). El se deleita en magullar, machucar, torcer,
destrozar, dañar y destruir. Vemos que su actividad está presente por todas
partes; está sucediendo a nuestro alrededor, en nuestras propias vidas y en
las vidas de otras personas. Estas son “las obras del diablo”, dicen las
Escrituras (1 Juan 3:8).
Señor, te doy gracias por este
recordatorio de que tengo un enemigo y me encuentro en una batalla. Enséñame
a descubrir las estrategias de Satanás y a mantenerme firme en contra de sus
ataques.
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Aplicación a la vida
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El demonio se deleita en las
falacias que tenemos respecto a él. ¿Hemos aprendido a reconocer las
estrategias de Satanás y las tres etapas repetitivas que usa para dirigirse a
nosotros?
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domingo, 12 de abril de 2020
12 de abril - El propósito del matrimonio - Ray Stedman
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Este es un pasaje extraordinario
porque reúne los grandes conceptos del matrimonio que encontramos en diversos
lugares de la Biblia. Después de que Dios acabase de crear a la mujer y Adán
durmiese con un sueño profundo, Dios le trajo la mujer a Adán. ¡Qué escena
debió de ser esa! Aquí tenemos la primera de una larga serie de historias
relacionadas con un muchacho que conoce a una muchacha. De este relato surgen
cuatro factores que son esenciales para el matrimonio.
El primero de ellos es que es
preciso que el matrimonio represente una identidad completa, puesto que los
dos han de ser uno. La primera reacción de Adán al ver a su mujer fue: “Esta
sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne”, o “ella es un solo ser
conmigo”. Esto es algo que se enfatiza en la segunda parte del versículo 24,
que añade: “y serán una sola carne”. No es sin razón que esto se ha
convertido en parte del servicio del matrimonio, es decir, el reconocer la
unidad. Como alguien ha dicho muy acertadamente, la palabra que sobre todo
hace que el matrimonio tenga éxito es “nuestro”.
La segunda cosa es el principio
bíblico de dirección, que se desarrolla de una manera mucho mas extensa en el
Nuevo Testamento. Será llamada Mujer, porque del hombre fue tomada.
Pablo habla más extensamente acerca de esto en su epístola a Timoteo con el
fin de destacar el hecho de que el hombre no fue hecho para la mujer, sino
que la mujer fue hecha para el hombre. Es el hombre quien a la postre es
responsable ante Dios de la naturaleza y el carácter del hogar. Es el hombre
quien debe ejercer el liderazgo en cuanto a determinar la dirección en que
debe de ir el hogar y, por lo tanto, debe de responder de ese liderazgo, o de
su falta del mismo, ante Dios. La responsabilidad de la mujer es reconocer
este liderazgo.
El tercer factor indicado aquí que
caracteriza al verdadero matrimonio es la permanencia. “Por tanto dejará el
hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne”.
En el texto hebreo encontramos la palabra dabag, que significa:
“adherirse firmemente, como si fueran pegados con goma”. Es preciso que el
marido se adhiera a su mujer. Debe de abandonar a todas las demás y adherirse
a ella. Sea ella como sea, él debe de vivir unido a ella. Debe de permanecer
con ella y ella con él, porque el matrimonio es una cosa permanente.
Finalmente, el cuarto factor es el
que se menciona en el versículo 25: “Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer,
pero no se avergonzaban”. Esto habla claramente acerca de sinceridad entre el
hombre y la mujer. No tienen ningún secreto; no hay nada que no compartan el
uno con el otro. Es el no lograr esta clase de sinceridad lo que realmente es
la causa de tantos fracasos en el matrimonio en la actualidad, la total falta
de comunicación, cuando los dos se sientan mirándose el uno al otro y no
dicen nada, o hablan sencillamente acerca de cosas superficialmente
triviales. Con frecuencia este es el motivo por el que se juzgan el uno al
otro, intentando cada uno que el otro esté de acuerdo y no estando dispuestos
a permitir que existan las diferencias en los puntos de vista. Debe haber
libertad en la comunicación el uno con el otro. Los matrimonios se marchitan,
se debilitan y fracasan totalmente cuando esto no sucede.
Padre, gracias por el don del
matrimonio y por revelar Tu plan perfecto para que funcione la unión entre el
marido y la mujer.
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Aplicación a la vida
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¿Hemos nosotros reconocido y
aceptado totalmente el plan perfecto de Dios para el matrimonio? ¿Cuáles son
los cuatro factores que son esenciales para el matrimonio tal y como Dios los
designó para que los aplicásemos?
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sábado, 11 de abril de 2020
11 de abril - ¿Qué es el hombre? - Ray Stedman

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Aquí tenemos un maravilloso relato
condensado de algunas cosas enormemente significativas. No creo que tengamos
necesidad de valernos de argucias acerca de cómo formó Dios el cuerpo del
hombre. ¿Cogió un montón de barro, lo mojó en agua para hacer una especie de
estatua de barro para a continuación soplar la vida al hombre? Nadie lo sabe.
Indudablemente cuando pensamos en el milagro de la concepción y del
nacimiento, no tenemos necesidad de preguntar acerca de la habilidad de Dios
para crear al hombre a Su propia manera asombrosa. Tal vez el suceso tuviese
lugar siguiendo la línea del desarrollo del nacimiento. No creo que debamos
de preocuparnos por algunas de las preguntas acerca de las cuales las
personas han peleado en el pasado. Poco importa si Adán tuvo o no un ombligo.
Lo que se nos dice aquí es que existen tres divisiones del hombre.
Dios empezó por hacer el cuerpo del
hombre y lo hizo del polvo de la tierra. Indudablemente es verdad que los
mismos elementos que se encuentran en el polvo de la tierra se encuentran
también en el cuerpo de los seres humanos. Esto es algo que se ha comprobado
que es una realidad porque volvemos al polvo.
Puede que no entendamos totalmente lo
que esto significa al leer estas profundas frases acerca de la formación del
cuerpo del hombre, pero es importante que nos fijemos en que, aunque
evidentemente el cuerpo del hombre fue formado primero, el texto mismo no
dice “cuerpo” sino que dice: “formó al hombre del polvo de
la tierra”. Creo que esto resulta significativo. El hombre es más que un
cuerpo, no es sencillamente una pieza animada de filete de ternera o un
pedazo de carne con un sistema nervioso. Es más que un cuerpo, pues posee un
alma además de un cuerpo. Las funciones del alma están unidas, de forma
maravillosa, con las del cuerpo de maneras que nosotros no hemos ni siquiera
empezado a comprender.
Por ejemplo, las funciones del alma
(en gran parte la razón, las emociones y la voluntad) son también funciones
de nuestra vida física. La razón está relacionada con el cerebro, porque es
solo cuando funciona el cerebro cuando sucede el razonamiento. Las glándulas
tienen un gran poder sobre nuestra vida emocional, y por ello las funciones
del alma están unidas de una manera extraordinaria con el cuerpo y nadie
puede entender completamente el misterio de todo ello. Al formar al hombre,
Dios hizo al mismo tiempo el cuerpo y el alma, con las capacidades necesarias
para que funcionase el alma, que se encontraba inactiva en el cuerpo del
hombre.
Entonces, en este cuerpo con un
alma inactiva, sopló un espíritu vivo por las ventanas de su nariz. La
frase aliento de vida significa en hebreo: “espíritu de vida”. La
palabra para aliento y para espíritu es la
misma, de manera que esto es más que una sencilla imagen de Dios soplando en
las narices del hombre. No se trata aquí de una resucitación cara a cara,
sino que se refiere a impartir el espíritu al hombre. El espíritu es nuestra
naturaleza esencial, y esto es lo que distingue al hombre de manera tan
extraordinaria de la creación animal. De este modo el hombre se convierte en
un ser que existe con un cuerpo, un alma y un espíritu.
¡Señor, te alabo porque he sido
creado de una manera asombrosa y maravillosa!
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Aplicación a la vida
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Así como una bombilla requiere
electricidad para funcionar, así nuestra humanidad, que es tripartita, está
diseñada para utilizar el espíritu viviente de Cristo para funcionar
apropiadamente. ¿Cómo es la luz que estamos emitiendo?
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viernes, 10 de abril de 2020
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