Versículo para hoy:

domingo, 19 de abril de 2020

19 de abril - Dios obrando - Ray Stedman



Aquí tenemos el comienzo del sacrificio de los animales. Dios derrama sangre con el propósito de hacer ropa para Adán y Eva. La hizo de las pieles de los animales y, por lo tanto, las vidas de esos animales fueron sacrificadas para vestir a Adán y Eva. Esto no es más que una imagen, puesto que todos los sacrificios de animales son tan solo imágenes que nos enseñan la gran verdad de que Dios intenta eternamente comunicarse con nosotros como hombres y mujeres. A la postre, es Dios mismo el que soporta el dolor, el sufrimiento y la agonía de nuestros pecados. Como dijo Juan el Bautista: “¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29). Pablo usa una frase maravillosa en Efesios: “aceptos en el Amado” (1:6). Cuando nosotros reconocemos nuestra culpa, cuando reconocemos que lo que hemos hecho es contrario a lo que Dios desea y estamos ahí sin nada que nos sirva de defensa y sin esfuerzo alguno por defendernos, sino reconociendo sinceramente lo que hemos hecho, entonces somos “aceptados en el Amado”.
En la región en que me crié en Montana, teníamos muchas granjas de corderos. La primavera era la época de los corderos, cuando nacían las pequeñas ovejas. Pero la primavera en Montana no es como en California. Las tormentas de granizo pueden arremolinarse procedentes del norte y la nieve puede aún alcanzar entre tres y cuatro pies de profundidad sobre las praderas. Con frecuencia hay temporadas largas y prolongadas de frío intenso durante la época de los corderos. Cuando las ovejas tienen que dar a luz en esta clase de clima, muchas de las ovejas y corderos se mueren. Como resultado de ello, los granjeros que tienen ovejas tienen muchas madres cuyos recién nacidos se han muerto y muchos corderos recién nacidos cuyos madres también han muerto. Daría la impresión de que una manera sencilla de resolver el problema sería coger a los corderos sin madre y dárselos a las madres sin crías, pero no es así de sencillo. Si coge usted a un cordero huérfano y lo pone con una madre oveja, irá de inmediato a él y comenzará a olerlo por todas partes y a continuación a menear la cabeza como si quisiera decir: “Ese no es el olor de nuestra familia”, y se aleja, negándose a tener nada que ver con él. Pero los granjeros de ovejas han ideado una manera de resolver esto. Cogen al cordero que se le ha muerto a la madre, lo despellejan, cogen la piel y la colocan sobre el otro cordero que ha quedado huérfano. A continuación ponen al cordero huérfano con esta piel desgarbada que se menea de un lado a otro, con ocho patas y dos cabezas, y lo colocan junto a la madre, que no le presta ninguna atención al aspecto que tiene el cordero, sino que lo huele por todas partes y a continuación inclina la cabeza. El cordero comienza a chupar de la fuente de la leche y todo va bien.
¿Qué ha sucedido? El cordero huérfano ha sido “aceptado en el amado”. Hubo un tiempo en el que el Cordero de Dios murió por nosotros y Dios nos cogió a nosotros como huérfanos y nos vistió con Su justicia, y por ello somos “aceptados en el Amado” y recibidos en Su lugar. Es ahí a donde nos lleva el arrepentimiento y es así como empieza la vida cristiana. Pero si cree usted que es ahí donde termina, está usted equivocado. Debemos de arrepentirnos continuamente o depender de una forma de vivir que Dios ha dicho que no es la correcta. Es preciso que yo me arrepienta de mi dependencia en mí mismo, y usted debe hacerlo también.
Señor, enséñame a arrepentirme continuamente. Gracias por vestirme con la justicia de Jesús para que yo pueda ser “aceptado en el Amado”.



Aplicación a la vida

El arrepentimiento no solo comienza la vida cristiana, sino que es la base diaria sobre la cual se desarrolla toda la vida cristiana. ¿Qué tal se nos da confesar a diario nuestra autodependencia?



sábado, 18 de abril de 2020

18 de abril - Maldita será la tierra - Ray Stedman



Nosotros nos vemos obligados a luchar denodadamente para ganarnos el sueldo porque la tierra ha sido maldecida y, debido a ello, el hombre se ve obligado a trabajar con afán, de manera interminable y con dolor. El trabajo no es la maldición dada a los hombres, es la lucha lo que es la maldición. Si no tiene usted trabajo que hacer, usted es el más desgraciado de todos los humanos. El trabajo es una bendición de Dios, pero el trabajo duro, agotador, que es una lucha, es el resultado de la caída. Representa el sudor, la ansiedad y la presión que nos produce constantemente para crear la interminable carrera contra reloj en la vida.
El segundo factor que fue el resultado del fracaso de Adán es la muerte. Dios dijo: “pues polvo eres y al polvo volverás” (3:19b). ¿Acaso no es este sentido de la muerte, que se oculta en los límites de la vida, lo que hace que nos sintamos inútiles respecto a la vida? Recuerde usted al rico que hizo construir graneros, los llenó y luego se dijo a sí mismo: “Muchos bienes tienes guardados para muchos años; descansa, come, bebe y regocíjate”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has guardado, ¿de quién será?” (Lucas 12:19-20).
Sí, esa es la pregunta con la que la muerte hace que nos tengamos que enfrentar. Luchamos por acumular propiedades, todas las cosas buenas de la vida, y después qué sensación de inutilidad tenemos al vernos obligados a pasárselas a otra persona, alguien que no movió un dedo para obtenerlas.
Vinimos al mundo desnudos y desnudos lo dejaremos. No tenemos nada que podamos llevarnos con nosotros, sino que debemos dejarlo todo atrás. Somos polvo y al polvo regresaremos. Está la sentencia de Dios: el dolor, la sujeción, la lucha y la muerte.
¿Es este el resultado de nuestra locura por cuya causa tenemos que rechinar los dientes y pasarnos toda la vida luchando, como una maldición por lo que hizo Adán? No, no lo es. Solo nos da la impresión de ser un castigo cuando lo rechazamos y nos resistimos a él o nos revelamos en contra de él. Pero nunca se pretendió que estas cosas fuesen ninguna clase de castigo, sino que lo que pretenden es que nos sirvan de ayuda, que sean un medio que nos recuerde la verdad, un medio que pretende contrarrestar el sutil orgullo que el enemigo ha plantado en nuestra raza que hace que estemos imaginándonos toda clase de cosas ilusorias, pensando que somos el capitán de nuestro destino y el dueño de nuestra alma, que somos capaces de afrontar y resolver todos los problemas de la vida. Estas son arrogantes pretensiones que tenemos.
Pero se nos recuerda constantemente que estas cosas no son verdad. La muerte, el dolor, el afanarse y la sujeción son límites a los que no podemos escapar. Están ahí constantemente para reducirnos y para que nos veamos a nosotros mismos tal y como somos. Somos polvo, somos tan solo humanos y no podemos hacer las cosas solos; necesitamos con desesperación a otras personas y necesitamos con desesperación a Dios. La hora de la mas grande esperanza es cuando nuestros ojos se abren ante este hecho básico y decimos: “Señor, no puedo conseguirlo sin Ti. Te necesito con desesperación”.
Gracias, Señor, por esas pruebas y limitaciones de la vida que hacen que tenga que depender de Ti.



Aplicación a la vida

El trabajo es algo que se supone que nos lo ha concedido Dios para que sea una bendición para nosotros. ¿De qué manera la caída del hombre ha infectado todo lo que hacemos, haciendo que todos nuestros esfuerzos sean en vano? ¿Qué aprendemos por medio de los problemas de la vida?



viernes, 17 de abril de 2020

La perspectiva de Dios del pecado - Nancy DeMoss Wolgemuth



17 de abril - La carga del demonio - Ray Stedman



Este es uno de los versículos más asombrosos en la Biblia. Los padres de la iglesia primitiva lo llamaron el Protevangelium, que significa “la primera predicación del evangelio”. Es la promesa más clara de la venida del Redentor. Hay varias características insólitas acerca de este notable versículo que revelan la mano divina.
Para empezar, anuncia que existirá una enemistad interminable entre dos clases de la humanidad. Aquí tenemos el principio de dos divisiones de la humanidad en la que la Biblia divide a la raza. Su primera manifestación es la enemistad entre Eva y la serpiente. “Pondré enemistad entre ti y la mujer”, dice Dios. Esto es comprensible. Podemos ver por qué Eva detestaría a aquel que la había traicionado por medio de sus mentiras y, como efecto de la caída, que se volvería más evidente en su propia vida, haciendo que aborreciese continuamente a aquel que, de una manera tan lista y despiadada, había hecho que ella fuese por el mal camino. Por otro lado, el enemigo la odiaría sin duda porque ella era el objeto del amor de Dios y Su mano de protección estaba alrededor de ella. Pero además, no se trataba sencillamente de una enemistad entre la mujer y el demonio, sino entre su simiente y la simiente de la mujer.
De la única manera que se puede explicar esta profecía es que tiene su cumplimiento en el nacimiento virginal del Señor Jesús. Este concepto de la simiente de la mujer es único. Es la simiente del hombre la que es la línea de descendencia, y todas las genealogías de la Biblia siguen la línea de descendencia por medio del hombre.
Esto es algo que continúa actualmente en la mayoría de las sociedades. Incluso hoy en día las familias normalmente llevan el nombre del hombre. Cuando una pareja se casa, normalmente es la mujer la que deja de usar su apellido para adoptar el del marido. Pero aquí se nos dice de una manera muy distintiva que el que debe herir la cabeza de la serpiente es la simiente de la mujer. Pero en toda la historia humana solamente hay uno que puede hacer que se cumpla esta condición, y es Jesús.
De manera que la simiente es Cristo. He aquí la más asombrosa profecía, que mira a través de los siglos al día en que Jesús nacería de María: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza”. El cumplimiento de esta promesa, la simiente de la mujer, sería un hombre, nacido de mujer.
Los que recibieron esta palabra del Antiguo Testamento no pudieron entender lo que esto significaba, pero ahora sabemos que se refiere al nacimiento humilde que tuvo lugar en Belén, a los años de silencio en Nazaret, a la oscuridad en Getsemaní, a la oposición de Jerusalén, al odio de Judas, de Pilato y de Caifás, a la sangre y la muerte en la cruz; todo esto representa herir en el talón. Entonces la serpiente fue herida en la cabeza por la gloria de la resurrección. Toda esta promesa se cumple claramente en Jesucristo.
Padre, me doy cuenta de la manera en que Tú has estado llevando a cabo Tu maravilloso plan de la redención desde el principio. Gracias, Señor, porque conozco a Aquel cuyo talón fue herido, pero que resucitó con victoria.



Aplicación a la vida

¿Cómo explica la Biblia la interminable enemistad entre las dos divisiones de la humanidad? ¿Ha germinado la Simiente que nos ha sido dada y que crece en nuestro interior dando fruto?



jueves, 16 de abril de 2020

La mayor tragedia de todas - Nancy DeMoss Wolgemuth



16 de abril - Arrepentimiento - Ray Stedman



Hay algo muy interesante aquí. Dios hace esencialmente la misma pregunta tanto al hombre como a la mujer. Le está diciendo a cada uno de ellos: “Dime, ¿qué es lo que has hecho? De manera específica, definitiva y clara, ¿qué es lo que has hecho?” Pero hay un exquisito toque de delicadeza y de gracia aquí que no deberíamos de perdernos. No le hace la pregunta de la misma manera a Adán que a Eva. Al hombre le pregunta de manera directa y franca: “¿Acaso has comido del árbol que yo te mandé que no comieras?” Pero a la mujer le pregunta de una manera mucho más suave y dulce.
Para mí es un consuelo darme cuenta de lo totalmente que entiende Dios a las mujeres, de manera que le hace la pregunta a ella de una forma más suave. Le dice: “Dime ahora, a tu propio modo, ¿qué es lo que has hecho?” Es significativo que en las respuestas de ellos, tanto Adán como Eva se expresan de manera muy semejante. Cada uno echa la culpa a otro (a esto lo llamamos naturaleza humana, ya que esta es una respuesta muy extendida y universal), pero cuando llegan a su declaración final, los dos usan exactamente las mismas palabras: “y comí”.
Es a ese punto a donde Dios quiere llevarles. Eso es lo que la Biblia llama arrepentimiento. Es una declaración cándida de los hechos sin esfuerzo alguno ahora por evadirlas, por darles color o por revestirlas, por así decirlo, de ninguna otra forma. Es una afirmación sencilla de los hechos a los cuales se ven ambos reducidos: “y comí”.
Fíjese usted como estas preguntas han seguido un curso planeado. Dios ha hecho que primeramente admitiesen: No estamos donde deberíamos de estar; eso es algo que sabemos. No deberíamos estar ocultos en el huerto. No deberíamos estar perdidos, y no debería hacer falta que nos hicieses una pregunta como esta: ¿Dónde estás? Dios les hace ver que algo ha sucedido en el interior de ellos. Se han dado cuenta de que se encuentran donde se encuentran por causa de lo que son, y todo esto ha sucedido porque han desobedecido, han pecado, debido a que han comido el alimento prohibido. Dios les ha llevado con gracia y al mismo tiempo de manera infalible al lugar donde cada uno de ellos ha dicho a su propia manera: “Sí, Señor, he pecado; he comido”.
Es solo hasta ese punto a donde las personas pueden llegar en cuanto a corregir el mal. No pueden hacer más que eso, pero eso le permitió a Dios, de inmediato, la ocasión de actuar. Es aquí donde le provee a Él la única manera en la que puede actuar. Es aquí donde Él intenta constantemente llevarnos porque es el único terreno sobre el cual puede actuar. Esto es algo que puede usted ver a lo largo de toda la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Cuando Dios está tratando con las personas, intenta llevarlas al punto de reconocer lo que está mal.
Esto es lo que Dios desea hacer con nosotros. Viene a nosotros en el momento en que hemos fracasado, en el momento en que nos hemos desviado, siendo culpables, sintiéndonos desnudos y perdidos, y de inmediato actúa para llevarnos al arrepentimiento. Nosotros malentendemos lo que Él está haciendo, pensando que nos está llevando delante de una especie de tribunal con el fin de juzgarnos o castigarnos, pero no es así. Él está sencillamente intentando conseguir que nosotros nos enfrentemos con los hechos tal y como son. Esto es lo que hace en este caso con Adán y Eva.
Gracias, Señor, por la manera en que Tú me llevas al lugar del arrepentimiento. Ayúdame a no ocultarme, sino a sacar mi pecado a la luz para que pueda experimentar Tu gracia y Tu misericordia.



Aplicación a la vida

Al hacer Dios que nos arrepintamos, ¿somos conscientes de que Sus acciones están motivadas por Su gracia y Su misericordia? ¿Respondemos nosotros con evasivas o con una confesión honesta?



miércoles, 15 de abril de 2020

Me arrepiento - Nancy DeMoss Wolgemuth



15 de abril - ¿Dónde estás? - Ray Stedman



A mí me resulta de lo más sorprendente que todas las religiones, aparte del cristianismo, comiencen con el tema del hombre buscando a Dios. Solo la Biblia empieza con el tema de Dios buscando al hombre. Eso destaca una diferencia esencial entre nuestra fe cristiana y las otras grandes religiones en el mundo. Es más, esta primera pregunta aquí en el Antiguo Testamento concuerda con la primera pregunta que se hace en el Nuevo Testamento. Aquí Dios le está preguntando al hombre: “¿Dónde estás?”, y en el Nuevo Testamento, en Mateo, la primera pregunta que aparece es la de unos sabios que vienen preguntando: “¿Dónde está él?” (Mateo 2:2).
Si tomamos literalmente este relato en el huerto (como creo que debemos de hacerlo) está claro que Dios habitualmente le aparecía a Adán de alguna forma visible, porque ahora Adán y Eva, sintiéndose culpables por su desnudez, se ocultan de Dios cuando oyen el sonido de Sus pasos en el huerto. Esto indica una acción acostumbrada por parte de Dios. Él vino en el fresco del día, no porque eso fuese más agradable para Él sino porque era más agradable para el hombre, y habitualmente tenía alguna forma de comunicación con el hombre. Sabemos por lo que dice en el resto de las Escrituras que siempre que Dios aparece de forma visible en alguna manifestación, es siempre la segunda persona de la Deidad, el Hijo. Si eso es cierto, tenemos aquí lo que se denomina una teofanía, es decir una manifestación visible de Dios antes de la encarnación. Por lo tanto, el que aquí pregunta a Adán y Eva: “¿Dónde estás?” es el mismo acerca del cual más adelante los hombres preguntarían: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?” (Mateo 2:2a).
Fíjese el lector en la importancia de esta pregunta: “¿Dónde estás?” Cuando las personas están perdidas, esta es la pregunta más importante que pueden hacer: “¿Dónde estoy?” Imagínese usted que sonase el teléfono y usted lo contestase para oír una voz decir: “Me gustaría venir a su iglesia esta mañana. Creí que sabía cómo llegar, pero me siento muy confusa. ¿Puede usted ayudarme?” ¿Cuál sería la pregunta que haría usted? “¿Dónde está usted?” Esa es siempre la primera: “¿Dónde está usted?”
Hoy estamos buscando una manera de escapar de una situación muy confusa que prevalece en nuestro mundo. No lo haremos nunca hasta que no empecemos preguntando: “¿Dónde está usted? ¿Dónde estoy yo?” Tal vez el motivo por el que muchos no pueden encontrar ayuda hoy es porque no pueden o no quieren contestar a esta pregunta. Hágase usted la pregunta. ¿Dónde está usted? Durante el curso de su vida, desde el nacimiento hasta la muerte, moviéndose como espera usted hacerlo para desarrollar la estabilidad de carácter, honradez, integridad del ser, todas estas cualidades que admiramos en otras personas y queremos para nosotros mismos, ¿dónde está usted? ¿Hasta dónde ha llegado? Hasta que no pueda usted contestar a esto, al menos en algún sentido, no hay posibilidad de que consiga ayuda.
Tal vez muchos de ustedes tendrán que decir: “No sé dónde estoy; solo sé que no estoy donde debería estar o donde quiero estar. Esto es todo cuanto puedo decir”. Si es eso todo lo que puede usted decir, al menos eso es una respuesta sincera y, por lo tanto, es la respuesta de más ayuda que puede dar. En ese sentido, es la única respuesta correcta.
Señor, ayúdame a examinarme a mí mismo haciéndome esta pregunta: “¿Dónde estoy?” Te doy gracias porque es por Tu gracia y por Tu amor por lo que me haces esta pregunta.



Aplicación a la vida

La Biblia presenta de una manera única a Dios buscando al hombre. ¿Cómo contestamos nosotros cuando Dios nos pregunta: “¿Dónde estás?” ¿Le contestamos de manera honesta, conscientes de que es preciso un cambio?



martes, 14 de abril de 2020

Arrepentimiento continuo - Nancy DeMoss Wolgemuth



14 de abril - La oferta conjunta - Ray Stedman



Este relato revela tres cosas que marcan el principio de la muerte, y la prueba de que esta historia realmente sucedió se encuentra ahí, porque estas tres cosas son verdad en el caso de todas las personas. Cuando cedemos a la tentación, experimentamos los placeres del pecado. Pero lo que este relato nos obliga a afrontar es que el placer viene acompañado de algo indeseable, un acontecimiento relacionado con el pecado del que no podemos escapar. Todo ello es como una oferta conjunta. Aquí se nos explican tres cosas que marcan el principio de la muerte.
La primera de ellas es esta: “se dieron cuenta de que estaban desnudos”. Habían estado desnudos todo el tiempo, pero no supieron que estaban desnudos hasta después de la caída. ¿Por qué? Porque nunca se habían mirado a sí mismos. El darse cuenta de su desnudez es una manera simbólica de expresar la idea de que experimentaron la aparición de lo que llamamos la propia conciencia. Se vieron a sí mismos, y el efecto inmediato fueron sus sentimientos de vergüenza y de turbación.
De manera que, al igual que Adán y Eva, nos encontramos haciendo prendas que cubran nuestra propia conciencia. Esto es verdad también a nivel psicológico. Esto es lo que se halla tras la práctica universal de proyectar una imagen de nosotros mismos, que es una forma de vestidura psicológica. Es una manera de intentar que las personas piensen acerca de nosotros de una manera diferente a como somos en realidad. Es por eso que todos luchamos con el tema de la honestidad, por ser francos. No queremos que las personas nos vean o piensen acerca de nosotros como somos. No queremos pasar demasiado tiempo con ninguna persona porque tememos que esa persona nos vea tal y como somos.
La segunda cosa que nos muestra este relato se encuentra en el versículo 8. El esconderse es una reacción instintiva a la culpa. Aquí tenemos una primera descripción de una conciencia que comienza a funcionar; ese tormento interior con el cual estamos todos familiarizados no lo podemos eliminar, por mucho que lo intentemos. De hecho, con frecuencia cuanto más nos esforzamos por hacer caso omiso de ella, tanto más profundamente nos acribilla y tanto más inexorable se vuelve. Los psicólogos están de acuerdo en que la culpa es una reacción universal frente a la vida, de la que, sin motivo o explicación aparente, todos padecemos. Este sentido de la culpa nos obsesiona, nos sigue y hace que nos sintamos atemorizados. Tenemos miedo a lo desconocido, al futuro y a lo que no vemos.
Pero existe todavía un tercer aspecto de esta muerte revelado aquí: El Señor le preguntó: ―¿Qué es esto que has hecho?
Adán le respondió: ―La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Es culpa de ella.
La mujer dijo: ―Bueno, no es culpa mía, es culpa de la serpiente. La serpiente me engañó, y yo comí.
Este es el primer esfuerzo humano por intentar enfrentarse con el problema de la culpa, y aquí es donde siempre aparece el echar la culpa a otros. A la postre acaba por apuntar a Dios y decir que Él tiene la culpa. Las personas son sencillamente víctimas impotentes de las circunstancias. Esto es lo que se oculta tras nuestro intento de echarnos la culpa los unos a los otros y echar la culpa de nuestras acciones o actitudes a alguna circunstancia exterior.
Señor, confieso que he visto las marcas de la muerte en mi propia vida: en la conciencia de mí mismo, la culpabilidad y el culpar a otros. Te doy gracias por Tu gracia, que me busca incluso cuando intento ocultarme.



Aplicación a la vida

¿Por qué resulta tan fácil echar la culpa a los dirigentes, al cónyuge, a los amigos, a los enemigos y a la postre incluso a Dios por nuestras fastidiosas circunstancias? ¿Qué tres cosas caracterizan el principio de la muerte?



lunes, 13 de abril de 2020

Un mensaje vital - Nancy DeMoss Wolgemuth



13 de abril - La tentación del mal - Ray Stedman



Pasemos a considerar la estrategia que emplea el Tentador. Esto resulta de lo más instructivo porque es exactamente la estrategia que emplea cuando aparece ante nosotros como un ángel de luz, no porque nosotros vayamos a tener visiones de seres brillantes, sino que la personalidad que ejemplifica y el carácter con el que aparece,  es el mismo ahora y antes. Las Escrituras dejan claro que el demonio también puede aparecer como un león rugiente, lo cual significa que puede asestar un golpe por medio de la tragedia, de la enfermedad o de cualquier mal físico, de la misma manera que atacó a Job o a Pablo, mediante su espina en la carne, a lo que Pablo llamó mensajero de Satanás. Cuando aparece como un león, puede hacer que sintamos temor en nuestros corazones. Pero su estrategia más efectiva es aparecer como una buena persona, como alguien atractivo, como algo o alguien que nos atrae como si fuese un ángel de luz.
Si aprende usted a reconocer la estrategia del demonio, se encontrará con que emplea las mismas tácticas de manera invariable. Hay un sentido en el que está muy limitado y no cambia sus tácticas en gran manera. A veces sentimos como si nunca fuésemos a aprender cómo anticiparnos al demonio, pero podemos aprender. Pablo dice que no ignoraba las estratagemas del demonio (2 Corintios 2:11). Si aprendemos cómo actúa él, podemos fácilmente aprender a detectarle en nuestras vidas.
Santiago ha descrito esta estrategia de una manera muy clara en uno o dos versículos. Dice: “sino que cada uno es tentado, cuando de su propia pasión es atraído y seducido. Entonces la pasión, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15).
He ahí la estrategia del demonio, que siempre se acerca a nosotros siguiendo estas mismas tres etapas y estos tres pasos que han quedado claramente subrayados en este texto. Santiago dice que todo hombre “es tentado, cuando de su propia pasión es atraído y seducido” (1:14). El primer paso que da el demonio con nosotros tiene que ver siempre con despertar el deseo de hacer el mal, creando un hambre, una atracción, o por medio de una tentación hacia el mal.
El segundo es permitir que se forme la intención a fin de que suceda un acto. Santiago describe esto diciendo: “Entonces la pasión, después que ha concebido, da a luz el pecado” (1:15). Fíjese en que el símbolo que emplea es el de la concepción y del nacimiento. Hay un periodo de gestación en la tentación, porque una vez que se ha despertado el deseo, tiene lugar un proceso interior que antes o después tiene como resultado el pecado, un acto que está mal.
La tercera etapa es que el demonio actúa de inmediato sobre la oportunidad conseguida por medio del acto malvado, entrando y produciendo resultados que las Escrituras describen como muerte: “el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”. Este es el propósito esencial del demonio. Jesús dijo que el demonio era “homicida desde el principio” (Juan 8:44). El se deleita en magullar, machucar, torcer, destrozar, dañar y destruir. Vemos que su actividad está presente por todas partes; está sucediendo a nuestro alrededor, en nuestras propias vidas y en las vidas de otras personas. Estas son “las obras del diablo”, dicen las Escrituras (1 Juan 3:8).
Señor, te doy gracias por este recordatorio de que tengo un enemigo y me encuentro en una batalla. Enséñame a descubrir las estrategias de Satanás y a mantenerme firme en contra de sus ataques.



Aplicación a la vida

El demonio se deleita en las falacias que tenemos respecto a él. ¿Hemos aprendido a reconocer las estrategias de Satanás y las tres etapas repetitivas que usa para dirigirse a nosotros?



domingo, 12 de abril de 2020

Cómo Jesús cumplió la Pascua - JUSTIN DILLEHAY

Cómo Jesús cumplió la Pascua - Coalición por el Evangelio


12 de abril - El propósito del matrimonio - Ray Stedman



Este es un pasaje extraordinario porque reúne los grandes conceptos del matrimonio que encontramos en diversos lugares de la Biblia. Después de que Dios acabase de crear a la mujer y Adán durmiese con un sueño profundo, Dios le trajo la mujer a Adán. ¡Qué escena debió de ser esa! Aquí tenemos la primera de una larga serie de historias relacionadas con un muchacho que conoce a una muchacha. De este relato surgen cuatro factores que son esenciales para el matrimonio.
El primero de ellos es que es preciso que el matrimonio represente una identidad completa, puesto que los dos han de ser uno. La primera reacción de Adán al ver a su mujer fue: “Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne”, o “ella es un solo ser conmigo”. Esto es algo que se enfatiza en la segunda parte del versículo 24, que añade: “y serán una sola carne”. No es sin razón que esto se ha convertido en parte del servicio del matrimonio, es decir, el reconocer la unidad. Como alguien ha dicho muy acertadamente, la palabra que sobre todo hace que el matrimonio tenga éxito es “nuestro”.
La segunda cosa es el principio bíblico de dirección, que se desarrolla de una manera mucho mas extensa en el Nuevo Testamento. Será llamada Mujer, porque del hombre fue tomada. Pablo habla más extensamente acerca de esto en su epístola a Timoteo con el fin de destacar el hecho de que el hombre no fue hecho para la mujer, sino que la mujer fue hecha para el hombre. Es el hombre quien a la postre es responsable ante Dios de la naturaleza y el carácter del hogar. Es el hombre quien debe ejercer el liderazgo en cuanto a determinar la dirección en que debe de ir el hogar y, por lo tanto, debe de responder de ese liderazgo, o de su falta del mismo, ante Dios. La responsabilidad de la mujer es reconocer este liderazgo.
El tercer factor indicado aquí que caracteriza al verdadero matrimonio es la permanencia. “Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne”. En el texto hebreo encontramos la palabra dabag, que significa: “adherirse firmemente, como si fueran pegados con goma”. Es preciso que el marido se adhiera a su mujer. Debe de abandonar a todas las demás y adherirse a ella. Sea ella como sea, él debe de vivir unido a ella. Debe de permanecer con ella y ella con él, porque el matrimonio es una cosa permanente.
Finalmente, el cuarto factor es el que se menciona en el versículo 25: “Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, pero no se avergonzaban”. Esto habla claramente acerca de sinceridad entre el hombre y la mujer. No tienen ningún secreto; no hay nada que no compartan el uno con el otro. Es el no lograr esta clase de sinceridad lo que realmente es la causa de tantos fracasos en el matrimonio en la actualidad, la total falta de comunicación, cuando los dos se sientan mirándose el uno al otro y no dicen nada, o hablan sencillamente acerca de cosas superficialmente triviales. Con frecuencia este es el motivo por el que se juzgan el uno al otro, intentando cada uno que el otro esté de acuerdo y no estando dispuestos a permitir que existan las diferencias en los puntos de vista. Debe haber libertad en la comunicación el uno con el otro. Los matrimonios se marchitan, se debilitan y fracasan totalmente cuando esto no sucede.
Padre, gracias por el don del matrimonio y por revelar Tu plan perfecto para que funcione la unión entre el marido y la mujer.



Aplicación a la vida

¿Hemos nosotros reconocido y aceptado totalmente el plan perfecto de Dios para el matrimonio? ¿Cuáles son los cuatro factores que son esenciales para el matrimonio tal y como Dios los designó para que los aplicásemos?



sábado, 11 de abril de 2020

11 de abril - ¿Qué es el hombre? - Ray Stedman

Timilique | Blog da Tia Tiz | Página 8

Aquí tenemos un maravilloso relato condensado de algunas cosas enormemente significativas. No creo que tengamos necesidad de valernos de argucias acerca de cómo formó Dios el cuerpo del hombre. ¿Cogió un montón de barro, lo mojó en agua para hacer una especie de estatua de barro para a continuación soplar la vida al hombre? Nadie lo sabe. Indudablemente cuando pensamos en el milagro de la concepción y del nacimiento, no tenemos necesidad de preguntar acerca de la habilidad de Dios para crear al hombre a Su propia manera asombrosa. Tal vez el suceso tuviese lugar siguiendo la línea del desarrollo del nacimiento. No creo que debamos de preocuparnos por algunas de las preguntas acerca de las cuales las personas han peleado en el pasado. Poco importa si Adán tuvo o no un ombligo. Lo que se nos dice aquí es que existen tres divisiones del hombre.
Dios empezó por hacer el cuerpo del hombre y lo hizo del polvo de la tierra. Indudablemente es verdad que los mismos elementos que se encuentran en el polvo de la tierra se encuentran también en el cuerpo de los seres humanos. Esto es algo que se ha comprobado que es una realidad porque volvemos al polvo.
Puede que no entendamos totalmente lo que esto significa al leer estas profundas frases acerca de la formación del cuerpo del hombre, pero es importante que nos fijemos en que, aunque evidentemente el cuerpo del hombre fue formado primero, el texto mismo no dice “cuerpo” sino que dice: “formó al hombre del polvo de la tierra”. Creo que esto resulta significativo. El hombre es más que un cuerpo, no es sencillamente una pieza animada de filete de ternera o un pedazo de carne con un sistema nervioso. Es más que un cuerpo, pues posee un alma además de un cuerpo. Las funciones del alma están unidas, de forma maravillosa, con las del cuerpo de maneras que nosotros no hemos ni siquiera empezado a comprender.
Por ejemplo, las funciones del alma (en gran parte la razón, las emociones y la voluntad) son también funciones de nuestra vida física. La razón está relacionada con el cerebro, porque es solo cuando funciona el cerebro cuando sucede el razonamiento. Las glándulas tienen un gran poder sobre nuestra vida emocional, y por ello las funciones del alma están unidas de una manera extraordinaria con el cuerpo y nadie puede entender completamente el misterio de todo ello. Al formar al hombre, Dios hizo al mismo tiempo el cuerpo y el alma, con las capacidades necesarias para que funcionase el alma, que se encontraba inactiva en el cuerpo del hombre.
Entonces, en este cuerpo con un alma inactiva, sopló un espíritu vivo por las ventanas de su nariz. La frase aliento de vida significa en hebreo: “espíritu de vida”. La palabra para aliento y para espíritu es la misma, de manera que esto es más que una sencilla imagen de Dios soplando en las narices del hombre. No se trata aquí de una resucitación cara a cara, sino que se refiere a impartir el espíritu al hombre. El espíritu es nuestra naturaleza esencial, y esto es lo que distingue al hombre de manera tan extraordinaria de la creación animal. De este modo el hombre se convierte en un ser que existe con un cuerpo, un alma y un espíritu.
¡Señor, te alabo porque he sido creado de una manera asombrosa y maravillosa!



Aplicación a la vida

Así como una bombilla requiere electricidad para funcionar, así nuestra humanidad, que es tripartita, está diseñada para utilizar el espíritu viviente de Cristo para funcionar apropiadamente. ¿Cómo es la luz que estamos emitiendo?