Versículo para hoy:

viernes, 10 de abril de 2020

10 de abril - El verdadero reposo del sábado - Ray Stedman

El descanso y el SENTIDO de nuestra existencia solo se verá ...

Tenemos que reconocer que el sábado semanal no es el verdadero sábado. Es una imagen o un recordatorio del verdadero sábado. El verdadero sábado es un descanso, el sábado judío es una sombra, una imagen de ese reposo. Todas las sombras del Antiguo Testamento apuntan a Cristo. Cuando la obra de Jesucristo se terminó, las sombras ya no fueron necesarias.
Hace algunos años, cuando estaba haciendo mi servicio militar en el ejército en Hawaii, me encontré prometido con una hermosa muchacha que vivía en Montana, a la que hacía tres o cuatro años que no había visto. Nos estábamos escribiendo en aquellos días solitarios y ella me mandó su foto. Era todo cuanto yo tenía para acordarme de ella y me sirvió de manera moderadamente bien con ese propósito. Pero un día maravilloso ella llegó a Hawaii y pude verla cara a cara. Cuando llegó la cosa verdadera, ya no había necesidad de la foto.
Eso es lo que sucedió con estas sombras del Antiguo Testamento, incluyendo el sábado. Cuando vino el Señor y hubo acabado Su obra, ya no se necesitaba la imagen. El sábado semanal acabó en la cruz. En la epístola a los Colosenses, Pablo nos lo confirma diciendo: “Por tanto, nadie os critique en asuntos de comida o de bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o sábados. Todo esto es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo” (2:16-17).
La sombra del sábado acabó en la cruz. El día siguiente fue el día de la resurrección, el día cuando el Señor Jesucristo salió de la tumba. Ese fue el principio de un nuevo día: el día del Señor. Los cristianos empezaron de inmediato a celebrar el día del Señor el primer día de la semana. Dejaron de observar el sábado, porque acabó con el cumplimiento de la realidad de la cruz, y empezaron a observar el primer día de la semana.
Aunque este sábado, a modo de sombra, acabó en la cruz, el verdadero sábado, el descanso de Dios, continúa hoy. El sábado ha sido definido para nosotros en Hebreos 4: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios, porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” (Hebreos 4:9-10).
En esto consiste el verdadero sábado: en dejar de realizar nuestros propios esfuerzos y nuestras propias obras. “Bueno”, dirá usted, “si yo hiciese eso, no sería otra cosa que una gota”. Pero la implicación es que deja usted de realizar sus propios esfuerzos y depende usted de la obra de otro. Es por ello que Pablo exclama: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20). Este fue también el secreto de la vida de Jesús, como hemos visto. Él mismo dijo: “el Padre, que vive en mí, él hace las obras” (Juan 14:10). Este es el secreto del cristiano que aprende que “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13). De manera que el secreto de la verdadera vida cristiana es dejar de depender de nuestra propia actividad y descansar en la dependencia de la actividad de Otro que habita en el interior. Eso es cumplir el sábado.
Señor, enséñame a entrar en Tu verdadero reposo del sábado, dejando de hacer esfuerzos por complacerte a Ti y para servirte conforme a mi propia fuerza.



Aplicación a la vida

Jesús puede hacer mucho más por medio de nosotros de lo que nosotros podemos hacer por Él. ¿Cómo cesamos nosotros en lo que se refiere a nuestros propios esfuerzos y nuestras obras? ¿Hemos hallado el verdadero reposo del sábado en Cristo?



jueves, 9 de abril de 2020

Liberados de la esclavitud - Nancy DeMoss Wolgemuth



9 de abril - La provisión de Dios - Ray Stedman



El punto de toda esta narrativa es que Dios ha hecho una provisión maravillosa y completa para Su creación. El mundo de la naturaleza está lleno de las más asombrosas evidencias del cuidado de Dios.
¿Cómo es que algunos pájaros pueden volar con un instinto certero por medio mundo y encontrar un diminuto punto determinado de tierra en medio del océano, a pesar de que esta es la primera vez que han hecho el vuelo? ¿Cómo es que las abejas pueden mantener la temperatura en su colmena con una variación de unos pocos grados, tanto si es un cálido día de verano como si es una fría mañana de invierno en el exterior? ¿Cómo es que ciertas variedades de arañas han aprendido cómo capturar burbujas de aire y construir nidos bajo el agua, empujando esas burbujas hacia abajo desde la superficie y creando de ese modo diminutas campanas de inmersión en las que cuidan de sus crías? ¿Quién les ha enseñado a hacer algo tan extraño como eso?
Pero fíjese usted en las personas. Fíjese en lo aparentemente mal preparados que estamos sin tener básicamente ningún instinto. Es preciso que nos enseñen todo de nuevo con paciencia en cada generación. Si los niños quedasen abandonados en lugares salvajes, como ha sucedido a veces de manera accidental, sus vidas se parecerían más a las de las bestias que las bestias mismas y no podrían ni siquiera hablarse los unos a los otros. ¿No resulta humillante darnos cuenta de que podríamos resolver los problemas de la tierra eliminando a una sola especie: al Homo sapiens? Si mañana sucediese algo de manera que los humanos fuésemos eliminados de la faz de la tierra, no pasaría demasiado tiempo antes de que el cielo se despejase y pudiésemos ver las estrellas por la noche, las aguas y los ríos correrían de nuevo limpios, los bosques volverían a crecer en las laderas de las colinas desnudas y la tierra sería restaurada para ser un reino ordenado, equilibrado y precioso.
¿Cuál es el problema? El problema es la humanidad. ¿A qué es debido esto? El Señor Jesús dio justo en el clavo al decir: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Cuando Dios proveyó el pan como el alimento básico del hombre, un pan hecho de los granos de la tierra, las plantas que daban semilla y sus frutos, Su intención era, como hemos visto a lo largo de este relato, que este pan físico fuese una imagen del pan necesitado con desesperación por las personas también al nivel espiritual.
Ese “pan” del espíritu significa entender la voluntad de Dios. “Yo soy el pan de vida”, dijo Jesús. “El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). No volverá a caminar en tinieblas, no sentirá que no sabe qué hacer en cuanto al próximo paso que debe dar para resolver los problemas con los que se enfrenta, y no estará como si fuese un huérfano desnudo y sin hogar vagando a ciegas por un universo misterioso cuyas fuerzas no entiende, sino que sabrá a dónde va y lo que está haciendo además de cómo hacerlo. El Hijo de Dios ha venido y Él nos da entendimiento.
Señor, tengo hambre del pan del Espíritu. Te ruego que ese pan sea mi provisión hoy al intentar entender y hacer Tu voluntad.



Aplicación a la vida

¿No nos hace sentirnos humildes el darnos cuenta de que podríamos resolver los problemas de la tierra eliminando una de las especies: el Homo sapiens? ¿De qué manera nos instruye la provisión de Dios por medio de Su Hijo?



miércoles, 8 de abril de 2020

Tenemos todo lo que necesitamos - Nancy DeMoss Wolgemuth



8 de abril - La gloria y la miseria del hombre - Ray Stedman

El crisol del sufrimiento – Devocional del día, Devocional diario ...

Lo que el mundo ha olvidado y está buscando e intentando hallar en vano, lo que todos los cursos de psicología esperan encontrar, lo que todo programa de mejora personal está intentando realizar, es este secreto perdido de cómo se suponía que debía de funcionar el hombre. Se ha perdido de la semejanza a Dios. Es por eso que los humanos pueden crear, pero todo lo que crean tiene una tendencia al mal. Es por eso que pueden comunicarse, pero no solo comunican la verdad y la belleza, sino además la lujuria, el odio, la inmundicia y la muerte. Ese es el motivo por el que, a pesar de que todavía conocen los valores morales, los niegan y los racionalizan para exaltar el mal.
Es aquí donde entra el Evangelio. Pablo nos enseña el plan que tiene Dios para contrarrestar la caída de la humanidad. En Colosenses 3:9-10 dice a los cristianos: “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos y revestido del nuevo. Este, conforme a la imagen del que lo creó, se va renovando hasta el conocimiento pleno”.
Tenemos la semejanza de Dios que está siendo restaurada en los humanos. La imagen de Dios no se ha perdido nunca, porque los humanos retienen todavía la capacidad para ser semejantes a Dios, pero no tienen ya la habilidad hasta que Jesucristo no sea restaurado en el corazón humano. Cuando Él entra en él, comienza un proceso que, poco a poco, por medio de pruebas y sufrimientos, dolor y decepciones, gloria, bendición y la emocionante experiencia de la gracia, nos está cambiando a fin de poder reproducir en nosotros la semejanza de Dios. No solo tenemos la capacidad para ser semejantes a Dios, sino que de hecho nos estamos convirtiendo en seres semejantes a Él. ¿No es esto glorioso?
Recuerde usted ese versículo en 2 Corintios en el que Pablo dice: “Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y reflejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor” (3:18). Ese es el proceso que restaura la semejanza a Dios en los humanos.
Existe una maravillosa imagen en el Antiguo Testamento, en el libro de Malaquías, en donde dice que Dios está sentado como un refinador y purificador de la plata (3:2b-3). Pone la plata en el recipiente refinador y coloca una hoguera muy caliente debajo de él. Al ir derritiéndose la plata, la escoria comienza a flotar hacia la superficie. El platero se sienta y la va eliminando, tirando la escoria al ir soltándose. De vez en cuando se inclina y mira en el interior del cuenco. ¿Qué es lo que está buscando? El reflejo de su propia imagen. Cuando puede ver su imagen reflejada sobre la plata, sabe que es pura.
¿No nos explica esto algo a nosotros acerca de la vida? Esto es lo que está haciendo Dios con nosotros. ¿Por qué tenemos que pasar por estas decepciones que nos hacen sentirnos derrotados, teniendo que experimentar estas aflicciones tan tremendas, estas pruebas tan duras, estas presiones, estas tribulaciones, estas tentaciones, estos tiempos de fracaso así como los de gozo, bendición, gloria y éxtasis en el Señor? ¿Qué es lo que nos está haciendo a nosotros? Está refinando la plata hasta que pueda ver de nuevo Su semejanza.
Padre, te doy gracias por refinarme para que se pueda ver Tu semejanza en mí. Yo me someto no solo a Ti, sino a la manera en que lo estás haciendo, a pesar de que a veces resulte doloroso.



Aplicación a la vida

Sin el Evangelio, buscamos en vano el secreto perdido de cómo se supone que debe de actuar el hombre. ¿Qué imagen tenemos sobre la manera en que estamos siendo conformados a Su imagen?



martes, 7 de abril de 2020

La promesa de paz en un mundo intranquilo - John MacArthur




Nuestra confianza - Nancy DeMoss Wolgemuth



7 de abril - Nacido para reinar - Ray Stedman



Al hombre le fue dado el dominio sobre todo el universo creado. Fue creado para que gobernase y dominase el mundo en el que había sido colocado. A pesar de que el hombre ha caído, no se ha olvidado nunca de este mandamiento, lo cual explica su interminable persistencia en intentar dominar las fuerzas de la tierra, subir a las más elevadas montañas y explorar los más profundos mares, utilizando a la creación animal para sus propios propósitos. Pero además, la realidad de la caída se ve en el hecho asombroso de que el hombre, que fue colocado en este mundo para gobernarlo, se encuentra ahora a punto de destruirlo todo.
A pesar del hecho de que el hombre ha perdido su habilidad para tener el señorío, el deseo de hacerlo sigue siendo una especie de recuerdo racial en nuestro interior. Y ese deseo mismo es una imagen a nivel físico de lo que el hombre redimido ha sido llamado a ser a nivel espiritual. Llegamos aquí al gran propósito de este pasaje. Está aquí para ilustrar para nosotros el hecho de que cuando somos redimidos somos llamados a reinar en la vida y a dominar en la vida.
Permítame el lector explicarle esto directamente, como fue escrito por mano del apóstol Pablo. En Romanos 5:17 dice: “Si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia”.
Reinar en la vida, no en el cielo, sino en la vida ahora, en este tiempo presente. Eso significa controlar los acontecimientos, gobernando los efectos de la vida a nuestro alrededor, cumpliendo con el programa del Padre y moviéndonos en la dirección que Dios determine. El hombre redimido no debe ser nunca una víctima impotente de las circunstancias. No se suponía que el mundo cause estragos en la iglesia, sino que sea la iglesia la que haga estragos en el mundo.
Si lee usted los sucesos acerca de la última semana de nuestro Señor en Jerusalén, verá usted exactamente lo que quiero decir. Ahí está, yendo hacia la meta que el Padre ha ordenado, teniendo que morir en la cruz. Pone su rostro como el pedernal para subir a Jerusalén y está constantemente poniendo la vista en ese momento que sabe que es el programa que tiene el Padre para Él. Pero fíjese usted en que va adelante, teniendo control absoluto de las circunstancias. Manda a los discípulos a realizar la obra que lleva a Su arresto. Despide a Judas para que se pierda en la noche. Cuando vienen los soldados a prenderle, les reprende, y caen en tierra atemorizados. Él podría fácilmente haberse dado la vuelta y salido huyendo, pero esperó tranquilamente a que le arrestasen. La única persona tranquila en todo este relato inquietante es la persona del Señor Jesús, que camina con majestad solitaria durante estos acontecimientos tumultuosos. Estaba reinando en vida, y eso es a lo que ha sido llamado a hacer el cristiano. Las circunstancias de nuestras vidas son enviadas por el Padre; son el programa que Dios ha escogido para nosotros, pero nuestra actitud en ellas es la que domina en cada suceso, no el dejarnos llevar por la sorpresa.
Padre, con cuánta frecuencia vivo como una persona derrotada e inutilizada por los desafíos de la vida. Enséñame a reinar en vida por medio de Jesucristo.



Aplicación a la vida

El haber sido hechos a la imagen de Dios nos hace ser seres espirituales. ¿Estamos dejando al Señor reinar en y por medio de nuestras vidas? ¿Nos hemos apropiado de Su justicia por la fe a fin de poder hacerlo?



lunes, 6 de abril de 2020

Hazle frente al futuro con fe - Nancy DeMoss Wolgemuth



6 de abril - Las alturas y las profundidades - Ray Stedman



Al observar la gente el océano a su alrededor y el cielo en las alturas, ve lo que es esencialmente una atmósfera alienígena.
El océano, de sí mismo, es hostil a la vida humana. Podemos nadar en el océano, pero no por mucho tiempo. Si de pronto nos tiraran en medio del océano sin ningún tipo de apoyo, no duraríamos mucho tiempo. Es absolutamente ajeno a nosotros. El aire en lo alto, aunque provee lo que respiramos para sostener la vida, es un ámbito extraño en lo que respecta al transporte.
La mitología griega nos cuenta la historia de Ícaro, un hombre joven que soñaba con volar como los dioses. Ambos él y su padre eran prisioneros, y para escapar de su prisión, su padre hizo alas de plumas y cera. Aunque le previno de que no volara demasiado cerca del sol, Ícaro no escuchó, y al volar en lo alto del cielo las alas se derritieron, y se cayó al mar y murió. La gente ha estado soñando de volar durante siglos, pero nunca ha podido hacerlo, aparte de la tecnología. Así que hay dos ámbitos en el mundo natural en los cuales los humanos no pueden operar eficazmente.
Los océanos son una imagen de una humanidad estéril y que no ha sido redimida, el mundo sin Cristo, el mundo de la sociedad organizada con sus sistemas de valores, sus estructuras de poder y sus métodos de operación. Como cristianos, usted y yo bien sabemos que si los creyentes individuales intentan vivir en ese tipo de mundo con sus propios recursos, están perdidos. No pasará mucho tiempo antes de que su vida espiritual sea sofocada y se encuentren incapaces de vivir espiritualmente. Si tratan de hacerlo por sí mismos, están perdidos y se ahogarán.
Por el otro lado, la atmósfera es una imagen de la vida espiritual, el sitio donde vivimos en el ámbito de la realidad divina, una vida que es agradable a Dios. Aquí de nuevo, si los creyentes individuales intentan operar en este ámbito por sus propios recursos, no se morirán, pero no conseguirán nada. Intentar vivir la vida cristiana en las energías de la carne, en un esfuerzo dedicado y sincero para hacer lo que es agradable a Dios, aparte de la dependencia sobre la vida del Espíritu de Dios dentro de nosotros, siempre termina en frustración y confusión. Esto es lo que descubren los cristianos al seguir adelante: que no son hechos para este ámbito; no pueden operar en sí mismos. Se encuentran como una persona que intenta volar por el cielo usando sus propios brazos: frustrados, confusos, impotentes e incapaces de operar.
Pero he aquí una imagen del quinto día: por una impartición de la vida divina, de la cual la humanidad aprende a depender, un creyente puede vivir en el ambiente hostil del mundo como un pez vive en el mar: elegantemente, poderosamente, abundantemente. La gente puede aprender a operar en este ámbito y vivir en una atmósfera hostil eficazmente. Así mismo, en esa atmósfera enrarecida de la vida espiritual donde una caída sería fatal, un creyente, dependiendo sobre la vida de Dios en sí, puede volar como un pájaro.
Enséñame, Señor, esperar en Ti para que pueda levantar alas como las águilas (Isaías 40:31).



Aplicación a la vida

¿Cómo presentan los cielos y los océanos una imagen de donde no podemos sobrevivir o ser eficaces? ¿Cómo es posible vivir en el ambiente hostil del mundo con gracia y poder adecuados?



domingo, 5 de abril de 2020

5 de abril - Señales y estaciones - Ray Stedman



La más importante pregunta no es nunca “¿Cómo?” sino “¿Por qué?”. La contestación a la pregunta: “¿Por qué hizo Dios el sol, la luna y las estrellas?” la encontramos de una manera triple aquí en este pasaje.
Estas grandes luces existen, en primer lugar, para dar luz sobre la tierra, tanto durante el día como durante la noche. Todos sabemos que el sol hace el día. La rotación de la tierra es lo que determina el tiempo que dura el día, y la velocidad de la tierra en su rotación determina su duración de 24 horas. A pesar de lo cual, esa velocidad está regulada por la luna, que actúa como un freno sobre la tierra. Limita la velocidad de la rotación de la tierra al tiempo exacto que hace posible el día de 24 horas, que es la longitud de tiempo que mejor se adapta a las necesidades humanas. ¿No es eso asombroso? Otros planetas tienen una longitud de días totalmente diferente. En algunos de los planetas un día llevaría meses e incluso años de nuestro tiempo. Otros tienen días mucho más cortos, pero Dios ha diseñado un día de 24 horas de duración para nuestro planeta porque encaja perfectamente con las necesidades de la humanidad.
En segundo lugar, las grandes luces existen para medir el proceso del tiempo “de los días y de los años”, dicen las Escrituras. Son el medio mediante el cual medimos el tiempo. La órbita de la tierra alrededor del sol determina la longitud del año que, de nuevo, es justamente lo que necesita la humanidad. La órbita de la tierra alrededor del sol la determinan dos factores: la tracción de la gravedad del sol y la velocidad de la tierra. Nadie sabe lo que determina la velocidad de la tierra, qué extraña fuerza nos lanza a través del espacio a unas 1.100 millas por minuto. Pero aquí se nos dice que Dios ha ordenado el sol y la luna para proveer las medidas de tiempo que marcan los segmentos de la vida que nosotros llamamos días y años.
En tercer lugar, estas luces han sido diseñadas para marcar los sucesos significativos; son “señales para las estaciones” (v. 14). Toda la relación de la historia humana confirma esta verdad. Esto es exactamente lo que hacen el sol, la luna y las estrellas. Los eclipses son como postes en la historia humana, marcando ciertas fechas. Podemos estudiar los acontecimientos en la antigua historia porque ha quedado constancia de los eclipses. En muchas ocasiones en la Biblia el sol y la luna han servido como grandes señales. Nosotros estamos familiarizados con la historia de la estrella de Belén, que anunció el nacimiento de la persona más importante que jamás ha nacido en la historia de nuestro globo terrestre. Tenemos además la extraña oscuridad del sol en el momento de la crucifixión, una oscuridad sin explicación que duró alrededor de unas tres horas. Ha habido otras ocasiones como ésta. Y a lo largo de la Biblia nos encontramos con un estribillo, comenzando por los primeros libros y a lo largo del Nuevo Testamento, que dice que habrá de venir un día en el que tendrá lugar el más grande acontecimiento que el mundo jamás ha conocido, el regreso del Señor Jesucristo a la tierra, que será anunciado por el oscurecimiento del sol y por la conversión de la luna en sangre. Estos cuerpos celestiales han sido provistos como señales y para estaciones.
Tú eres el Señor de toda la creación. Veo que Tú has creado las señales y las estaciones del año para servir a Tu gran propósito redentor en Jesucristo.



Aplicación a la vida

La especulación puede estar preguntando de manera incesante acerca del cómo y el por qué. El por qué de las diferentes estaciones del año es algo acerca de lo cual no sabremos nunca como ciudadanos terrenales, pero ¿dónde podemos encontrar las respuestas acerca del motivo?


4 de abril - Para dar fruto - Ray Stedman



El hecho de que Dios llame a la tierra de los océanos da la impresión de marcar el período de la noche en este tercer día. Durante este período tenemos la aparición de los continentes, la acción de los agentes atmosféricos sobre las rocas y el terreno que se forma gradualmente a fin de prepararse para la vida de las plantas que habría de aparecer a continuación.
Pero recuerde el lector que todo esto es a nivel físico, siendo tan sólo una manifestación paralela de una realidad espiritual y moral, y cada uno de los aspectos de la naturaleza debieran de hablarnos volúmenes acerca de quién es Dios, lo que hace y, al mismo tiempo, ser una imagen de algo invisible que tiene que ver con nuestra vida interior.
Aprendemos que esta vida humana en la tierra, entre el período del nacimiento y de la muerte, está dividida. Esta es la imagen que se nos ofrece mediante la aparición de la tierra del océano. Las aguas son una imagen de la vida humana. Elevándose de ese océano de vida humana está la tierra, que tiene la capacidad de producir fruto. Por lo tanto, existe aquello que es capaz de producir fruto y aquello otro que es incapaz de hacerlo.
Existe una antigua humanidad que, por naturaleza, es incapaz de cumplir lo que Dios desea; una nueva humanidad, llamada de entre la antigua, es capaz de producir el fruto que Dios imagina. La antigua humanidad es una raza caída, cegada, oscurecida, confusa, inquieta y, al igual que el océano se encuentra todavía dividido, la humanidad caída está separada en divisiones: en naciones y lenguas. El profeta Isaías dice: “Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto y sus aguas arrojan cieno y lodo” (Isaías 57:20).
Usted preguntará: “¿Quiere usted decir que todas las personas que no son cristianas son malvadas?” Es preciso que recordemos que existe una forma respetable de maldad además de la forma notoria. Usted puede ser malvado a sabiendas y usted puede ser ignorantemente malvado. Las personas que están expuestas al propósito de Dios, a Su amor y el programa que Él tiene para la liberación de la humanidad de su esclavitud, y se resisten a la obra de Dios, rechazando al Salvador al que ha enviado Dios, negándose a ceder a Su llamamiento de gracia, son claramente personas malvadas que se oponen a la voluntad de Dios. Están levantando el puño en un acto de desafío en contra de su Creador, y ese es el motivo por el que también se sienten inquietas. La inquietud de nuestra era es directamente debida al hecho de que es malvada, algo que ha sido representado por el océano con sus impetuosas y grandes olas que no se calman nunca.
Pero de ese océano surge una nueva humanidad, la tierra, con una raza que da fruto formada por aquellas personas que están en Jesucristo, que eran una en Él originalmente, como lo fueron en un tiempo los continentes, pero ahora están divididas y fragmentadas por las fuerzas que han aparecido desde entonces para separarnos los unos de los otros. Pero a pesar de esto sigue estando siempre presente una unidad fundamental que descubrimos cuando nos reunimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Señor, te doy gracias porque estás trayendo una nueva humanidad de entre la antigua y porque de entre esta nueva humanidad puedo dar fruto para Ti.



Aplicación a la vida

El mundo natural nos habla de manera metafórica acerca de la vida interior de nuestra humanidad. ¿Podemos ver una distinción en nuestras vidas entre la antigua raza caída y la nueva vida en Cristo?



viernes, 3 de abril de 2020

Conozcan las naciones que no son sino hombres -



3 de abril - El reino invisible - Ray Stedman



No debemos leer nunca estos pasajes de Génesis sin preguntarnos lo que pretenden enseñarnos a nivel moral o espiritual. ¿Qué realidad interior se refleja en la habilidad de la atmósfera por suspender el agua por encima de la tierra? La clave se encuentra en lo que Dios llamó el firmamento: los cielos. Estaban las aguas en los cielos y las aguas en la tierra. El agua se usa con mucha frecuencia en las Escrituras como un símbolo de vida. En el libro de Apocalipsis, se le dijo a Juan que la gran ramera que vio sentada sobre las aguas era una imagen de la falsa iglesia y que las aguas eran personas, naciones y multitudes reunidas (17:15). Por lo tanto, las aguas mencionadas aquí en Génesis son una imagen de la vida humana.
Lo que Dios está intentando decir por medio de esta preciosa descripción simbólica es que hay una vida terrenal y una vida celestial y, además, que estamos rodeados por un reino espiritual invisible de la misma manera que existe una atmósfera invisible. Ese reino espiritual es tan real como cualquier cosa que podamos ver, probar o sentir. Y de ella, de la misma manera que la atmósfera que nos rodea, proceden las bendiciones que hacen que la vida humana sea feliz e incluso posible, con bendiciones como puedan ser el gozo, el amor, la paz, la esperanza, la confianza y el poder. Sin ese reino espiritual invisible, la vida humana sería una mera vida animal y carecería de todas las otras cualidades que hacen que valga la pena vivirla.
Es más, de la misma manera que cae la lluvia sobre justos y pecadores por igual, también estas bendiciones las disfrutan por igual los buenos y los malos por toda la tierra. Pablo nos recuerda que estos bienes proceden de Dios para beneficio tanto de los justos como de los injustos, a fin de llevar a las personas al arrepentimiento (Romanos 2:4) para que se detengan y piensen: “¿De dónde procede esto? ¿Por qué se nos concede la habilidad de amar y de compartir el compañerismo con otros?” El apóstol nos dice que todas estas bendiciones proceden del corazón amoroso de un Padre que las derrama incluso sobre aquellos que se resisten a Su voluntad. Él ama y bendice a la humanidad a lo largo de esta vida para que nosotros cambiemos nuestra manera de pensar acerca de nosotros mismos y de Dios, para que recordemos de dónde proceden estas bendiciones y para que abramos nuestros corazones a la influencia del reino de la gracia de Dios. Estas bendiciones se convierten en menos para los que no creen al continuar la vida por causa de la resistencia de estas personas a la gracia de Dios, pero para el creyente son cada vez más abundantes, poniéndose de manifiesto en la vida que reconoce el ambiente espiritual que nos rodea.
Además, de la misma manera que las aguas sobre la tierra son invisiblemente llevadas hacia arriba y desaparecen en el océano que se encuentra en las alturas, el espíritu humano, al llegar al final de su recorrido, desaparece de una manera invisible de la tierra, para bien o para mal, dependiendo de la actitud mostrada en la vida hacia la gracia redentora de Jesucristo. Todo esto ha quedado simbolizado de una manera preciosa en la creación del firmamento y en el funcionamiento de la atmósfera en su manifestación física. Todo ello ha sido diseñado para enseñarnos que hay una vida venidera aparte de la que tenemos actualmente.
Señor, me doy cuenta de que solo veo en parte con mis ojos humanos. Abre los ojos de mi corazón para que pueda ver las realidades espirituales que gobiernan nuestra existencia.



Aplicación a la vida

El relato de la creación del Génesis tiene como propósito abrirnos los ojos a algo mucho más importante que lo visible. ¿Cuál es la doble realidad que gobierna nuestra existencia presente y futura?



jueves, 2 de abril de 2020

Calle Fulton - Nancy DeMoss Wolgemuth



2 de abril - De las tinieblas - Ray Stedman



El actual día de veinticuatro horas de duración, que se produce de manera repetitiva, es un microcosmos simbólico de edades pasadas. Si es ese el caso, no encontramos en el Génesis 1 días de veinticuatro horas de duración, sino más bien un periodo indefinido de tiempo mucho más descriptivo del que se conoce como edad o época de tiempo. Pero cada uno de ellos debe caracterizarse por la tarde y la mañana. Fíjese usted en este orden, ya que la tarde es lo primero que se menciona. Nosotros los occidentales, con nuestra tendencia a hacer concesiones, hemos dividido el día de manera que parece como un emparedado, comenzando con un periodo de oscuridad, seguido de un periodo de luz entre medias y finalmente otro periodo de oscuridad. Empezamos nuestro día a la media noche. Pero en el mundo oriental, el día empieza al ponerse el sol, de tal manera que cada día empieza con el atardecer y termina con un periodo de luz. Esto coincide con esta revelación sobre la manera que obra Dios. Poco importa que se trate de un día de la humanidad sobre la tierra, una era de tiempo o que se trate de un periodo de veinticuatro horas, cada uno de ellos empieza con un período de oscuridad y después un período de luz. Como dice el apóstol Pablo en 1 Corintios 15: “Pero lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual” (v. 46). Ese es el orden invariable.
¿Qué significado tiene esto para nosotros como cristianos? ¿No podemos nosotros seguirle la pista a este cumplimiento en nuestra propia experiencia? ¿No empezamos todos nuestra vida en la oscuridad, en el poder de la muerte y la oscuridad? Por medio de la gloriosa redención de la cruz de Jesucristo hemos pasado a un periodo de luz que es “como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18); hemos llegado a un período de crecimiento y de una luz que cada vez se extiende más. Usted puede ver este orden en la obra del Señor Jesucristo mismo. Hubo la oscuridad de la crucifixión, que pasó al poco tiempo para convertirse en la gloriosa mañana de la resurrección cuando Él apareció en la gloria de un nuevo día y una nueva vida. Las Escrituras dejan además perfectamente claro que si no hemos pasado nunca por la oscuridad con Él, no podemos esperar que haya una mañana. Pero no debemos de vivir constantemente en la oscuridad. El testimonio de las Escrituras es que aquellos que se aferran a la oscuridad o tinieblas, que se niegan a dejarse llevar a la luz al final se convierten en lo que describe Judas: “estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas” (v. 13b).
Padre de las luces, te doy gracias que de las tinieblas produces luz y que has traído esta luz a formar parte de mi propia experiencia por medio de la fe en Jesucristo.



Aplicación a la vida

Hay tantos que todavía están ciegos y en total oscuridad, a pesar de que sienten y piensan sinceramente que ven con claridad. ¿Hemos personalmente tomado la mano de Jesús para que Él nos guíe a Su gloriosa vida?