Versículo para hoy:
domingo, 12 de febrero de 2017
Febrero 12. ¿Necesito escucharlo?
"Entonces dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos", Éxodo 20:19.
No desobedecemos a Dios de manera consciente y deliberada; sencillamente no lo escuchamos. Dios nos ha dado sus mandamientos, pero no les prestamos atención, no por una desobediencia obstinada, sino porque no lo amamos ni lo respetamos de verdad. Si me amáis, guardaréis mis mandamientos (Juan 14:15, LBLA). Tan pronto como comprendamos que hemos estado irrespetando a Dios constantemente, nos sentiremos sumamente avergonzados y humillados por rechazarlo.
Habla tú con nosotros..., pero no hable Dios con nosotros... Cuando preferimos escuchar a sus siervos demostramos lo poco que amamos al Señor. Nos gusta oír testimonios personales, pero no deseamos que Dios nos hable personalmente. ¿Por qué nos aterroriza tanto que Él nos hable? Porque sabemos que cuando habla debemos hacer lo que pide o decirle que no vamos a obedecer. Pero si apenas escuchamos la voz del siervo, sentimos que la obediencia es opcional, no imperativa, y reaccionamos diciendo: "Bueno, esa es simplemente tu idea personal, aunque no niego que es probable que sea la verdad de Dios".
¿Humillo constantemente al Señor no tomándolo en cuenta, mientras que Él continúa tratándome amorosamente como hijo suyo? Cuando por fin lo escucho, la humillación que le he causado regresa a mí.
Entonces, mi respuesta es: "Señor, ¿por qué fui tan insensible y obstinado?” Cuando comenzamos a escuchar a Dios, este siempre es el resultado. El verdadero gozo de oírlo a Él se empaña por la vergüenza de haber tardado tanto tiempo en hacerlo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 11 de febrero de 2017
Febrero 11. ¿Agoniza tu esperanza en Dios?
"Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado", Isaías 26:3.
¿Tu pensamiento persevera en Dios, o está atrofiado por el hambre? Esta inanición es una de las principales fuentes de agotamiento y debilidad en la vida de un obrero. Si nunca has empleado tu pensamiento para presentarte delante de Dios, comienza a hacerlo ahora. Es inútil esperar a que Dios venga a ti. Debes apartar tus pensamientos y tus ojos del rostro de los ídolos, mirarlo a Él y ser salvo (Isaías 45:22). Como el pensamiento y la imaginación constituyen el don más grande que Dios te ha dado, debes consagrarlos enteramente a Él. Si tú has estado llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:5), esto se convertirá en una de las mayores cualidades de tu fe cuando venga el tiempo de la prueba, porque tu fe y el Espíritu de Dios trabajarán juntos. Aprende a asociar las ideas que sean dignas de Dios con todo lo que sucede en la naturaleza: los amaneceres y las puestas de sol, el brillo de la luna y las estrellas, el cambio de las estaciones. De este modo, la imaginación nunca estará a merced de tus impulsos, sino que siempre se encontrará al servicio de Dios.
"Pecamos nosotros, como nuestros padres... no se acordaron", Salmo 106:6-7. Entonces, aviva tu memoria y despierta inmediatamente. No te digas a ti mismo: "Pero Dios no me está hablando en este momento". Él debe estar haciéndolo. Recuerda a quién le perteneces y a quién sirves. Motívate por medio de los recuerdos y tu afecto por Dios aumentará diez veces; tu imaginación ya no se morirá de hambre, sino que tendrá viveza y entusiasmo y no podrás expresar con palabras la brillantez de tu esperanza.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
viernes, 10 de febrero de 2017
Febrero 10. ¿Se muere de hambre tu imaginación?
En el tiempo de Isaías el pueblo de Dios había atrofiado su pensamiento por el hambre espiritual debido a que miraba el rostro de los ídolos. Pero Isaías logró que levantara la vista a los cielos, es decir, que las personas comenzaran a usar correctamente su poder para pensar e imaginar. Si somos hijos de Dios, la naturaleza es un extraordinario tesoro para nosotros. En todo viento que sopla, en cada amanecer y atardecer, en cada nube del cielo, en toda flor que se abre y en cada hoja que se marchita Dios realmente nos extiende su mano y nos alcanza, si tan sólo usamos nuestra desnutrida imaginación para darnos cuenta de ello.
Nuestra concentración espiritual se prueba al llevar cautivos los pensamientos y especulaciones. ¿Está concentrada tu mente en el rostro de un ídolo? ¿Eres tú ese ídolo? ¿Es tu trabajo? ¿O tu concepto de lo que debería ser un obrero? ¿Tu experiencia personal de salvación y santificación? Si es así, entonces tu capacidad para ver a Dios es raquítica y te encontrarás impotente frente a las dificultades y tendrás que soportarlas a oscuras. Si tu pensamiento muere de hambre, no pongas la mirada en tus experiencias del pasado; es a Dios a quien debes mirar, es a Él a quien necesitas. Sale de ti mismo, aléjate del rostro de tus ídolos, aléjate de todo lo que ha estado atrofiando tu imaginación. Despiértate y acepta el sarcasmo de Isaías con el pueblo y dirige tus pensamientos y tus ojos hacia Dios de manera deliberada.
Uno de los motivos para la ineficacia de nuestras oraciones es que nuestro pensamiento está vacío. Ya ni siquiera podemos imaginar el acto de presentarnos intencionalmente delante de Dios. En realidad, es más importante que seamos pan partido y vino derramado en el área de la intercesión que en el contacto personal con otros. La imaginación es el poder que Dios le da a un santo para situarse fuera de sí mismo, en relaciones que nunca antes vivió.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
jueves, 9 de febrero de 2017
Febrero 9. ¿Estás agotado espiritualmente?
"...El Dios eterno... no desfallece ni se fatiga con cansancio...", Isaías 40:28.
Estar exhaustos significa que nuestras fuerzas vitales se han agotado por completo. El agotamiento espiritual nunca es el resultado del pecado sino del servicio y el hecho de que te agotes o no, depende del lugar donde te aprovisiones. Jesús le dijo a Pedro: Apacienta mis ovejas, pero no le dio nada con qué alimentarlas (Juan 21:17). El proceso de convertirte en pan partido y en vino derramado, significa que tú tienes que ser el alimento para otras personas hasta que ellas aprendan a alimentarse de Dios. Deben vaciarte hasta la última gota. Pero ten cuidado de reponer tus provisiones o, de lo contrarío, muy pronto te encontrarás totalmente exhausto. Antes de que los otros aprendan a servirse directamente de la vida del Señor Jesús, tendrán que valerse de ella por medio de ti. Debes ser, literalmente, su fuente de provisión hasta que aprendan a nutrirse de ÉL. Le debemos a Dios ser los mejores para sus corderos y ovejas, al igual que para Él.
¿La forma en que le has estado sirviendo a Dios te ha llevado al agotamiento? Si es así, entonces renueva y reanima tus deseos y emociones. Examina tu motivación para el servicio. ¿Se origina en tu propio entendimiento o parte de la redención de Jesucristo? Reflexiona continuamente sobre el fundamento de tus afectos y tu amor y recuerda en dónde se encuentra la fuente de poder. No tienes derecho a decir: “¡Oh, Señor, estoy tan exhausto!" Él te salvó y te santificó para agotarte. Llega al agotamiento para Dios, pero recuerda que Él es tu provisión. "Todas mis fuentes están en ti", Salmo 87:7.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 8 de febrero de 2017
Febrero 8. La santificación: instantánea e insistente
"Que el mismo Dios de paz os santifique por completo...", 1 Tesalonicenses 5:23.
Cuando le pedimos a Dios en oración que nos santifique, ¿estamos dispuestos a vivir a la altura de lo que eso realmente significa? Tomamos con mucha liviandad el término santificación. ¿Estamos dispuestos a pagar el precio por ella? Este costo implica una fuerte restricción de todos nuestros intereses terrenales y un amplio cultivo de todos nuestros intereses en Dios. La santificación significa estar concentrados profundamente en el punto de vista de Él. Significa resguardar y mantener toda la fuerza de nuestro cuerpo, alma y espíritu, únicamente para el propósito divino. ¿Estamos realmente dispuestos a que Dios haga en nosotros todo aquello para lo cual nos apartó? Y después que haya ejecutado su obra, ¿estamos dispuestos a apartarnos a nosotros mismos para Dios, así como lo hizo Jesús? "Por ellos yo me santifico a mi mismo...", Juan 17:19. Algunos de nosotros no hemos participado de la experiencia de la santificación porque no hemos entendido su significado desde la perspectiva divina. La santificación significa ser hechos uno con Jesús, de tal forma que la naturaleza que lo controlaba a Él nos controle a nosotros también. ¿Estamos realmente preparados para pagar el precio? Nos va a costar absolutamente todo lo que hay en nosotros que no es de Dios.
¿Estamos dispuestos a ser arrebatados por la fuerza de esta oración de Pablo? ¿Estamos preparados para decir: "Señor, hazme a mí, un pecador salvo por gracia, tan santo como Tú puedas"? Jesús oró para que fuéramos uno con Él, así como Él es uno con el Padre (ver Juan 17:21-23). La única evidencia del Espíritu Santo en la vida de una persona es el inconfundible parecido familiar con Jesucristo y el desapego de todo lo que no sea como Él ¿Estamos dispuestos a apartarnos para la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas?
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 7 de febrero de 2017
Cada célula en tu cuerpo - Nancy DeMoss Wolgemuth
Febrero 7. La disciplina de no decaer
"Pero nosotros esperábamos que él fuera el que había de redimir a Israel. Sin embargo, además de todo, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido", Lucas 24:21.
Todos los hechos mencionados por los discípulos eran verídicos, pero las conclusiones a las que llegaron a partir de ellos eran erróneas. Cualquier cosa en la que haya siquiera un indicio de decaimiento espiritual siempre es incorrecta. Si estoy deprimido o cargado, la culpa es mía, no de Dios, ni de nadie más. El abatimiento proviene de una de estas dos fuentes: O he satisfecho un deseo pecaminoso o no lo he podido satisfacer. En cualquiera de los casos, el resultado es el decaimiento. La concupiscencia o deseo pecaminoso se expresa con estas palabras: "Quiero tener eso inmediatamente". La concupiscencia espiritual me hace exigir una respuesta de Dios, en lugar de buscarlo a Él mismo, el dador de la respuesta. ¿Qué he estado esperando que Dios haga? ¿Hoy es el tercer día de espera y todavía no ha hecho lo que yo pensaba? Por lo tanto, ¿eso justifica que me encuentre decaído y que culpe a Dios? Cuando insistimos en que Él siempre debe responder a nuestras oraciones, vamos por el camino equivocado. El propósito de la oración es que nos aferremos a Dios y no a la respuesta. Es imposible estar bien físicamente y a la vez decaídos, porque el decaimiento es un signo de enfermedad. Lo mismo sucede espiritualmente. El abatimiento espiritual es incorrecto y nosotros siempre somos los culpables de que ocurra.
Para ver el poder de Dios buscamos visiones celestiales y sucesos estremecedores, lo cual se comprueba con el hecho de que estemos decaídos. Sin embargo, nunca nos damos cuenta de que todo el tiempo Él está obrando en nuestros acontecimientos cotidianos y en las personas que nos rodean. Si solamente lo obedecemos y realizamos la tarea que ha puesto más cerca de nosotros, lo veremos a Él. Una de las más asombrosas revelaciones de Dios surge cuando aprendemos que, por medio de las experiencias diarias de la vida, entendemos la magnífica Deidad de Jesucristo.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 6 de febrero de 2017
Febrero 6. ¿Estás listo para ser derramado como una ofrenda?
¿Estás listo para ser derramado como una ofrenda? Es un acto de tu voluntad, no de tus emociones. Dile a Dios que estás para ser ofrecido como un sacrificio para Él. Luego, acepta las consecuencias sin importar cuales sean y sin ninguna queja, a pesar de lo que Dios pueda permitir en tu camino. Dios te hace pasar por una crisis en privado, donde ninguna persona te puede ayudar. Desde afuera, tu vida tal vez parezca la misma, pero la diferencia está en tu voluntad. Una vez que sufras esta crisis en la voluntad, no le prestarás atención al costo cuando la crisis comience a afectarte exteriormente. Si no tratas primero con Dios en el área de tu voluntad, el único resultado será que comiences a compadecerte de ti mismo.
"Atad el sacrificio de la fiesta con cuerdas a los cuernos del altar", Salmos 118:27. Debes estar dispuesto a ser colocado sobre el altar y a pasar por las llamas; dispuesto a experimentar lo que el altar representa: quemarte en fuego, purificación y separación, con el único fin de eliminar todo deseo y pasión que no estén arraigados en Dios o dirigidos hacia Él. Sin embargo, tú no los destruyes, Dios lo hace. Tú atas el sacrificio a los cuernos del altar y tienes cuidado de no sumirte en la autocompasión cuando las llamas comiencen a arder. Después de que hayas pasado por el fuego, no habrá nada capaz de afligirte o deprimirte. Y cuando sobrevenga otra crisis, te darás cuenta de que las circunstancias no pueden afectarte como antes. ¿Qué fuego estás experimentando en tu vida?
Dile a Dios que estás dispuesto a ser derramado como una ofrenda, y Él demostrará todo lo que alguna vez soñaste que Él sería.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 5 de febrero de 2017
Febrero 5. ¿Estás listo para ser derramado como una ofrenda?
"Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros", Filipenses 2:17.
¿Estás dispuesto a sacrificarte por la obra de otro creyente, a derramar tu vida como un sacrificio por el ministerio y la fe de otras personas? O dices: "No estoy dispuesto a ser derramado en este momento y no deseo que Dios me diga cómo servirle. Yo quiero escoger el lugar de mi propio sacrificio y quiero que cierta clase de personas se fijen en mí y me feliciten.
Una cosa es seguir el estilo de servicio para Dios en el cual la gente te ve como un héroe, pero es algo muy distinto si el camino que Dios te ha trazado requiere que te conviertas en un "tapete" bajo los pies de las personas. Quizá el propósito de Dios es enseñarte a decir: "Sé vivir humildemente", Filipenses 4:12. ¿Estás listo para ser sacrificado de esta manera? ¿Estás dispuesto a ser menos que una simple gota de agua en un balde, a ser tan irremediablemente insignificante que ninguna persona te recuerde, ni siquiera aquellos a quienes tú serviste? ¿Estás dispuesto a dar y a ser derramado hasta el agotamiento, sin buscar ser ministrado sino ministrar? Algunos santos no pueden realizar un trabajo humilde y mantener al mismo tiempo una actitud santa porque piensan que ese servicio está por debajo de su dignidad.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
sábado, 4 de febrero de 2017
Febrero 4. La apremiante majestad de su poder
"El amor de Cristo nos constriñe..." 2 Corintios 5:14.
Pablo dijo que estaba dominado, sometido y sujetado como en una prensa, por el amor de Cristo. Muy pocos de nosotros sabemos realmente lo que significa ser asidos en un apretón del amor de Dios. Con frecuencia nuestra tendencia es a ser controlados simplemente por nuestra experiencia personal. Pero lo único que tenía sujeto a Pablo, con exclusión de todo lo demás, era el amor de Dios. El amor de Cristo nos constriñe: Cuando escuchas este sonido en la vida de un hombre o una mujer, no te resulta posible confundirlo con algo más. Tú sabes que el Espíritu de Dios está obrando con plena libertad en la vida de esa persona.
Cuando nacemos de nuevo por el Espíritu de Dios, nuestro testimonio se basa únicamente en lo que Dios ha hecho por nosotros y con toda razón. Pero, el bautismo en el Espíritu Santo elimina eso para siempre y entonces comenzamos a comprender lo que Jesús quiso decir cuando declaró: "me seréis testigos...", Hechos 1:8. No testigos de lo que Él puede hacer - este testimonio es básico y se sobreentiende - sino que seréis testigos de mí. Aceptaremos todo lo que ocurra como si le estuviera sucediendo a él, tanto si recibimos alabanzas o vituperios, persecuciones o elogios. Nadie que no esté totalmente apremiado por la majestad de su poder es capaz de asumir esta posición por Jesucristo. Es lo único importante, sin embargo, es extraño que es lo último que los obreros cristianos comprendemos. Pablo dijo que estaba asido por el amor de Dios y por eso actuaba como lo hacía. No le importaba si la gente lo calificaba de loco o cuerdo. Tenía una sola razón para vivir: persuadir a los hombres del juicio venidero de Dios y contarles del amor de Cristo. La sumisión total al amor de Cristo es el único propósito que producirá fruto en tu vida y siempre dejará la huella de la santidad y el poder de Dios, sin llamar nunca la atención hacia tu santidad personal.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
viernes, 3 de febrero de 2017
Febrero 3. El rechazo que nos identifica
Estas palabras no son una exageración y la razón para que no sean verídicas con respecto a nosotros, que nos llamamos ministros del Evangelio, no es que Pablo olvidara su significado exacto o lo interpretara mal. Se debe a que nos interesamos y ocupamos demasiado en nuestros propios deseos como para permitir que nos convirtamos en el desecho o escoria del mundo. "Cumplir...en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo", Colosenses 1:24, no es el resultado de la santificación, sino la evidencia de la consagración: ser "apartado para el evangelio de Dios...", Romanos 1:1.
"Amados, no os sorprendáis del fuego de la prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciera", 1 Pedro 4:12. Sin embargo, si nos extraña lo que nos sucede es porque somos temerosos y cobardes. Le prestamos tanta atención a nuestros propios intereses y deseos que nos quedamos fuera del lodo, y decimos: "No me voy a someter, no me rebajaré ni me doblegaré". No necesitas hacerlo, puedes ser salvo apenas con el mínimo margen, si lo prefieres. Puedes rehusar a permitir que Dios te considere como uno que ha sido "apartado pare el Evangelio" o puedes decir: "No me importa si me tratan como la escoria del mundo con tal que el Evangelio sea proclamado". El verdadero siervo de Jesucristo está dispuesto a experimentar el martirio por la realidad del Evangelio de Dios. Cuando una persona virtuosa se enfrenta al desprecio, la inmoralidad, la deslealtad o la deshonestidad, repudia tanto la ofensa, que aparta la vista y defraudada cierra su corazón contra el ofensor. Pero el milagro de la verdad redentora de Dios es que el peor y el más vil ofensor nunca puede agotar las profundidades de su amor. Pablo no dijo que Dios lo había apartado para mostrar al hombre maravilloso en que el Señor lo podía convertir, sino "para revelar a su Hijo en mí", Gálatas 1:16.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
jueves, 2 de febrero de 2017
Febrero 2. La apremiante fuerza del llamado
"¡Ay de mí si no anunciara el evangelio!", 1 Corintios 9:16.
Ten cuidado de rehusarte a escuchar el llamamiento de Dios. Todo el que es salvo está llamado a dar testimonio de ese hecho. Sin embargo, este testimonio no es lo mismo que el llamado a predicar, sino que es tan sólo una ilustración que podemos utilizar cuando predicamos. En este versículo Pablo se estaba refiriendo a los agudos dolores producidos en él por la fuerza apremiante del llamado a predicar el Evangelio. Nunca trates de aplicar a las personas que están siendo llamadas por Dios para salvación, lo que Pablo dijo con respecto al llamado a predicar. No hay nada más fácil que ser salvo, porque es la obra soberana de Dios: "Mirad a mí y sed salvos", Isaías 45:22. Nuestro Señor nunca exige las mismas condiciones para el discipulado que para la salvación. Nosotros hemos sido conducidos inevitablemente a la salvación por medio de la Cruz de Cristo. Pero el discipulado lleva en sí una opción: "Si alguno…", Lucas 14:26.
Las palabras de Pablo tienen que ver con que seamos hechos siervos de Jesucristo y nunca se nos pide permiso en cuanto a qué haremos o a dónde iremos. Dios nos vuelve como pan partido y vino derramado para glorificarse. Ser apartado para el Evangelio significa poder oír el llamamiento de Dios (Romanos 1:1). Cuando alguien comienza a oír ese llamado, se produce un sufrimiento digno del nombre de Cristo.
De repente, toda ambición, todo deseo de la vida y todo punto de vista personal son completamente aniquilados y extinguidos. Únicamente permanece esta verdad: apartado para el Evangelio. ¡Ay del corazón que trata de encaminarse en cualquier otra dirección una vez que ha recibido el llamado! El Instituto de Entrenamiento Bíblico existe con el propósito de que cada uno pueda saber si en este lugar Dios tiene o no, a un hombre o una mujer que verdaderamente se interese en proclamar su Evangelio y para ver si Él los toma para este propósito. Una vez que el llamado de Dios se apodere de ustedes, cuídense de los llamamientos que le hacen competencia.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
miércoles, 1 de febrero de 2017
Febrero 1. El llamamiento divino
"No me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio...", 1 Corintios 1:17.
Pablo afirma en este versículo que el llamado de Dios es a predicar el Evangelio. Pero recuerda lo que el apóstol quiere decir con evangelio, esto es, la realidad de la redención en nuestro Señor Jesucristo. Nosotros tenemos la tendencia a convertir la santificación en la meta de lo que predicamos. Pablo se refiere a las experiencias personales únicamente a manera de ilustración, no como la finalidad del tema.
No fuimos comisionados para predicar la salvación o la santificación, sino para levantar a Jesucristo (ver Juan 12:32). Es injusto decir que en la redención Jesucristo sufrió dolores de parto para volverme a mí un santo. Jesucristo sufrió en la redención para redimir al mundo entero y colocarlo perfectamente íntegro y restaurado ante el trono de Dios. El hecho de que nosotros podamos experimentar la redención ilustra el poder de su realidad, pero esa experiencia es una consecuencia y no el objetivo de la redención. Si Dios fuera humano, ¡cuán hastiado y cansado estaría de los continuos ruegos que hacemos luz por nuestra salvación y santificación! ¡Le imponemos cargas desde que amanece hasta que anochece pidiéndole que nos dé cosas, o que nos libre de algo! Pero cuando finalmente tocamos el fundamento sólido de la realidad del Evangelio de Dios, nunca más lo molestamos con nuestras pequeñas quejas personales.
La única pasión en la vida de Pablo era proclamar el Evangelio. Él recibió con beneplácito las angustias, desilusiones y tribulaciones por una sola razón: estas circunstancias lo mantenían imperturbable en su devoción al Evangelio de Dios.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
martes, 31 de enero de 2017
Enero 31. ¿Comprendes tu llamamiento?
"...Apartado para el evangelio de Dios...", Romanos 1:1
Nuestro llamado principal no es a ser hombres y mujeres santos, sino pregoneros del Evangelio de Dios.
Lo único que es de suma importancia es que el Evangelio sea reconocido como la realidad duradera. La realidad no es la bondad humana, ni la santidad, ni el cielo, ni el infierno. Es la redención. Hoy en día, la necesidad más vital que tiene el obrero cristiano es percibir esta realidad. Como obreros, debemos acostumbrarnos a la revelación de que la redención es la única realidad. La santidad personal es un efecto de la redención y no la causa de ella. Si colocamos nuestra fe en la bondad humana, nos hundiremos cuando venga la prueba.
Pablo no dijo que él se separó a sí mismo, sino que: "cuando agradó a Dios, que me apartó...", Gálatas 1:15. Pablo no se interesaba demasiado en su propio carácter. Mientras nuestros ojos estén enfocados en nuestra santidad personal, jamás ni siquiera nos acercaremos a la plena realidad de la redención. Los obreros cristianos fracasan porque ubican su deseo de santidad personal por encima del deseo de conocer a Dios.
“No me pidas que me enfrente a la cruda realidad de la redención en nombre de la inmundicia de la vida humana que ahora me circunda. Lo que yo quiero es cualquier cosa que Dios pueda hacer por mí para hacerme más deseable ante mis propios ojos”. Hablar de esa manera indica que la verdad del Evangelio de Dios no ha comenzado a tocarme y que no existe una arrojada entrega al Señor. Dios no puede liberarme mientras mi interés se encuentre solamente en mi propio carácter. Pablo no era consciente de sí mismo. Estaba entregado a Dios, sin medir las consecuencias, rendido totalmente, y separado por Él para un propósito: proclamar el Evangelio de Dios (ver Romanos 9:3).
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
lunes, 30 de enero de 2017
Enero 30. El dilema de la obediencia
"Samuel... temía contar la visión a Elí", 1 Samuel 3:15
Dios nunca nos habla en formas impresionantes y dramáticas, pero sí en modos que fácilmente podemos malinterpretar. Entonces decimos: "Me pregunto si esa es la voz de Dios..." Isaías manifestó que el Señor le habló con mano fuerte, es decir, por la presión de sus circunstancias (Isaías 8:11). Sin la mano soberana del mismo Dios, nada afecta nuestras vidas. ¿Podemos discernir su mano obrando, o percibimos las circunstancias como simples acontecimientos?
Forma el hábito de decir: “Habla, Jehová”, y la vida se volverá un idilio (1 Samuel 3:9). Cada vez que las circunstancias te apremien, di: Habla, SEÑOR y toma tiempo para escuchar. La disciplina es más que un medio de corrección y tiene el propósito de llevarme al punto en que diga: Habla, Jehová. Trae a tu memoria una ocasión cuando Dios te haya hablado. ¿Recuerdas lo que te dijo? ¿Fue Lucas 11:13, 1 Tesalonicenses 5:23? A medida que escuchamos, nuestros oídos se vuelven más sensibles y, como Jesús, escucharemos a Dios todo el tiempo.
¿Debo decirle a "mi Elí" lo que el Señor me ha manifestado? Aquí es donde surge el dilema de la obediencia. Desobedecemos a Dios cuando asumimos el rol aficionado de "divinas providencias" y pensamos: “Debo proteger a Elí”, el cual representa a las mejores personas que conocemos. El Señor no le dijo a Samuel que le contara a Elí; él tuvo que decirlo por su cuenta. El mensaje de Dios para ti podría lastimar a "tu Elí" pero tratar de impedir el sufrimiento en la vida de otra persona resulta ser un obstáculo entre tu alma y Dios. Si evitas que a alguien le corten su mano derecha o le saquen su ojo derecho, es por tu cuenta y riesgo (ver Mateo 5:29-30).
Nunca pidas el consejo de alguien con respecto a cualquier cosa sobre la que Dios te haga tomar una decisión delante de Él. Si pides consejo, casi siempre terminarás involucrándote con Satanás. "...No me apresuré a consultar con carne y sangre", Gálatas 1:16.
Fuente: EN POS DE LO SUPREMO de Oswald Chambers.
domingo, 29 de enero de 2017
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