Versículo para hoy:

martes, 10 de febrero de 2015

Verdadero liderazgo - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 10

"Sé tener abundancia". Filipenses 4:12.


HAY muchos que "saben estar humillados", pero que no han aprendido cómo "tener abundancia". Cuando son colocados en la cima de una montaña se marean y caen inmediatamente. El cristiano deshonra más a menudo su profesión en la prosperidad que en adversidad. Es peligroso ser próspero. El crisol de la adversidad es una prueba menos severa para el creyente que el refinamiento de la prosperidad. ¡Cuánta debilidad de alma y cuánto descuido de las cosas espirituales nos han venido a través de las mercedes y de las abundancias de Dios! Sin embargo, no debe necesariamente ser así, pues el apóstol nos dice que él sabe cómo tener abundancia. Cuando tenía mucho, sabía cómo usarlo. La gracia abundante lo capacitaba para poseer abundante prosperidad. Cuando su barco iba viento en popa, lo cargaba con mucho lastre, y así flotaba con seguridad. Se necesita más que habilidad humana para llevar la rebosante copa de gozo mortal con mano firme. Sin embargo, el apóstol había aprendido aquel arte, pues dice: "En todo y por todo estoy enseñado así para hartura como para hambre". Saber cómo estar hartos es algo que solo Dios puede enseñarnos. Los israelitas estuvieron hartos una vez, pero estando aun la carne en sus bocas, la ira de Dios vino sobre ellos. Muchos han pedido bendiciones sólo con el fin de satisfacer la codicia de sus propios corazones. La abundancia de pan ha producido frecuentemente abundancia de sangre, y eso trajo como consecuencia desenfreno de espíritu. Cuando tenemos mucho de las mercedes providenciales de Dios, acontece frecuentemente que tenemos poco de la gracia de Dios, y sentimos poca gratitud por las abundancias que recibimos. Estamos hartos y nos olvidamos de Dios; estamos satisfechos con las cosas terrenales y nos resignamos a dejar de lado el cielo. Estemos seguros de que es más difícil saber cómo estar hartos que aprender a sufrir hambre. Es terrible la tendencia de la naturaleza humana al orgullo y al olvido de Dios. ¡Ten cuidado de pedir en tus oraciones que Dios te enseñe "cómo estar harto"!

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 9 de febrero de 2015

50 Sombras de Hipocresía Cultural - Josué Barrios

Algo que me impacta cuando me adentro en la Palabra de Dios, es ver que la única razón por la cual Él no ha desatado todo su juicio sobre la humanidad, es por Su gran misericordia. Una vez leí a alguien decir que el pecado tendría menos adeptos si las consecuencias fueran inmediatas. Continuar leyendo...


Cómo dar autoridad funcional a la Biblia - Pr. John Piper

«Dios es la autoridad suprema en el universo, pues Él lo hizo, y además lo posee completamente, y lo comprende perfectamente, y es infinitamente digno de lealtad. Así que Dios es la realidad suprema del universo.
Por tanto, cuando Él habla, su oratoria tiene autoridad suprema sobre nuestras vidas. Y la Biblia es el lugar donde Dios ha hablado». Continuar leyendo...


Haced memoria - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 9

"Y consultó David a Jehová". 2 Samuel 5:23.



CUANDO David hizo esta consulta acababa de luchar con los filisteos y de obtener una significativa victoria. Los filisteos subieron en gran número, pero, por la ayuda de Dios, David los puso en fuga fácilmente. Notemos, sin embargo, que cuando los filisteos vinieron por segunda vez, David no les salió al encuentro antes de consultar a Jehová. Como había salido victorioso una vez, podía haber dicho, como lo han hecho muchos en otros casos: "Saldré victorioso otra vez: puedo estar seguro de que si he conquistado una vez, triunfaré aun otra vez. ¿Por qué, pues, esperar para consultar al Señor?" David no procedió así. Ganó una batalla por el poder del Señor; pero no se aventurará en otra hasta asegurarse el mismo poder. El preguntó al Señor: "¿Iré contra ellos?", y esperó hasta que la señal de Dios le fue dada. Aprendamos de David a no dar ningún paso sin Dios. Cristiano, si quieres conocer la senda del deber, ten a Dios por brújula; si deseas dirigir tu barco a través de las imponentes olas, por el timón en las manos del Todopoderoso. Muchas rocas podrían ser esquivadas si permitiésemos que nuestro Padre gobierne el timón; muchos bancos de arena podrían ser evitados si dejáramos a su soberana voluntad escoger y mandar. Debemos darnos cuenta de que la providencia de Dios nos guía; y si la providencia tarda, esperemos hasta que la providencia llegue. El que se antepone a la providencia, se sentirá gozoso si vuelve otra vez al lugar de partida. "Te enseñaré el camino en que debes andar", es la promesa que Dios hace a su pueblo. Llevemos a él todas nuestras perplejidades y digámosle: "Señor, ¿qué quieres que haga?" No dejes tu casa esta mañana sin inquirir primero la voluntad del Señor.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

domingo, 8 de febrero de 2015

Un Pez Fuera del Agua - Dr. Ravi Zacharías

ABORRECIENDO LO MALO; APLICANDOOS A LO BUENO - John Piper

El amor sea sin hipocresía. Aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno. 
Romanos 12:9

Es maravilloso saber que si usted cree y enseña las verdades sencillas de la Biblia se ahorrará a sí mismo y a sus hijos cientos de locuras de cada nueva generación. Si quiere ser útil para su generación, no necesita ser un experto en la última moda filosófica, o en la última moralidad progresista, o en la última tendencia psicológica. Pocos cristianos necesitan estudiar estas corrientes y responderlas. La gran mayoría de los cristianos simplemente debieran marchar al ritmo de otro tamborilero.
La mayoría de los cristianos ordinarios necesitan profundizar en la Biblia y creer y absorber qué significa y qué implican sus declaraciones más sencillas. Si lo hacen, si profundizan su intelecto en cada aspecto de la Biblia, y permiten que ella moldee su mente y corazón, se ahorrarán muchas corrientes desviadas que suenan actualizadas, pero terminan en la destrucción de las vidas. Continuar leyendo...

By John Piper. © Desiring God. Website: desiringGod.org

FEBRERO 8

"Llamarás su nombre Jesús". Mateo 1:21.

CUANDO una persona es querida, cualquiera cosa que tiene que ver con ella se hace querida por su causa. Así, tan preciosa es la persona del Señor Jesús en el concepto de todos los creyentes, que cada una de las cosas tocante a él, la consideran de inestimable valor. "Mirra, áloes y casia exhalan todos sus vestidos", dice David, como si los vestidos mismos del Salvador fueran tan embalsamados por su persona que él no podría sino amarlos. En verdad, no hay lugar que aquellos santificados pies hayan pisado, no hay palabra que aquellos benditos labios hayan expresado, no hay siquiera un pensamiento que su amorosa Palabra haya revelado que no nos sea precioso más allá de toda ponderación. Y esto es también verdadero en cuanto a los nombres de Cristo: son todos dulces en los oídos del creyente. Ya se le llame el esposo de la iglesia, su novio, o su amigo; ya se le designe como el Cordero inmolado desde la fundación del mundo, el rey, el profeta o el sacerdote, cada uno de los títulos de nuestro Maestro: Shiloh, Emmanuel, Admirable, Dios Fuerte y Consejero, cada uno de sus nombres es igual al panal que destila miel cuyas gotas son deliciosas. Pero si para el oído del creyente hay un nombre más dulce que otro, ese nombre es Jesús. ¡Jesús!, éste es el nombre que hace que las arpas del cielo toquen armoniosamente. ¡Jesús!, la vida de todos nuestros goces. Si hay un nombre más fascinador que otro, más gracioso que otro, ese nombre es Jesús. Está entrelazado en la misma trama y urdimbre de nuestro himnario. Muchos de nuestros himnos empiezan con este nombre, y apenas habrá alguno que valga algo que termine sin él. Es la suma total de todos los deleites. Es la música con la cual las campanas del cielo tocan; un canto en una palabra: un océano por su significado, aunque una gota por su brevedad; un incomparable canto sagrado en dos sílabas; un resumen de las aleluyas de la eternidad en cinco letras.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

sábado, 7 de febrero de 2015

FEBRERO 7

"Levantaos y andad". Miqueas 2:10.

LA hora se aproxima cuando este mensaje vendrá a nosotros como viene a todos: "Levántate y sal del hogar en que habitas, de la ciudad en la cual has hecho tus negocios, del lado de tu familia y del lado de tus amigos; levántate y emprende el último viaje". ¿Y qué conocemos nosotros de ese viaje? ¿Qué conocemos del país al que estamos destinados? Algo conocemos, algo nos ha sido revelado por el Espíritu Santo, pero ¡cuán poco conocemos de los reinos del futuro! Sabemos que hay un obscuro y tormentoso río llamado "muerte". Dios nos manda cruzarlo y nos promete estar con nosotros ¿Y qué viene después de la muerte? ¿Qué mundo de maravilllas se presentará ante nuestra vista? ¿Qué escena de gloria se desplegará delante de nosotros? Ningún viajero ha vuelto de allá para hacérnoslo saber. Pero, sin embargo, conocemos lo suficiente de la patria celestial, como para responder con gozo y alegría a la invitación que se nos hace para ir allá. El viaje de la muerte puede ser tenebroso, pero nosotros lo emprenderemos sin temor, sabiendo que Dios estará con nosotros cuando andemos en el valle de la sombra de la muerte; y, por lo tanto, no tendremos necesidad de temer mal alguno. Nos separaremos de todo lo que conocemos y amamos aquí, pero iremos a la casa de nuestro Padre, donde está Jesús, iremos a aquella "ciudad que tiene fundamentos, el artífice y hacedor de la cual es Dios". Esta será nuestra última separación para ir a habitar por siempre con aquel a quien amamos, para habitar en medio de su pueblo y en la presencia de Dios. Cristiano, medita mucho en el cielo; esto te ayudará a seguir adelante y olvidar la fatiga del camino. Este valle de lágrimas no es otra cosa que el camino real que nos conduce a la patria mejor; este mundo no es sino el puente que nos lleva a un mundo de bienaventuranzas.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

viernes, 6 de febrero de 2015

LA ESENCIA DE LA CRUZ: LA SUSTITUCIÓN PENAL SATISFACTORIA - Oskar Arocha

Tiempo de celebrar - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 6

"Orando en todo tiempo". Efesios 6:18.

¡QUÉ multitud de oraciones hemos elevado desde el primer momento en que aprendimos a orar! Nuestra primera oración fue hecha en favor de nosotros mismos; pedimos a Dios que tuviera misericordia de nosotros y borrara nuestros pecados. El nos oyó. Cuando borró nuestros pecados, enseguida hicimos más oraciones en favor de nosotros. Hemos tenido que orar por la gracia que santifica, por la gracia que impulsa a hacer lo bueno y por la que impide hacer lo malo. Hemos sido guiados a pedir una nueva certidumbre de fe, a implorar la consoladora aplicación de la promesa, a rogar que se nos librase de la hora de la tentación, a pedir ayuda para el cumplimiento del deber y socorro para el día de la pruba. Hemos sido impulsados a ir a Dios para bien de nuestras almas, pidiendo, como mendigos consuetudinarios, todo lo que necesitábamos. Da testimonio, hijo de Dios, de que nunca pudiste conseguir en otra parte algo para tu alma. Todo el pan que tu alma ha comido, vino del cielo, y todo el agua que ha bebido, fluyó de la roca viva, que es Cristo Jesús el Señor. Tu alma nunca se ha enriquecido por sí misma; ha sido más bien una pensionista diaria de la bondad de Dios. De modo que tus oraciones han ascendido al cielo en una hilera de bondades casi infinitas. Tus necesidades fueron innumerables, y en consecuencia las provisiones han sido infinitamente grandes. Tus oraciones han sido muy variadas y las mercedes recibidas, incontables. En vista de esto, ¿no tienes motivo para decir "Amo al Señor porque él oyó la voz de mi ruego"? Pues así como nuestras oraciones fueron muchas, así también han sido muchas las respuestas de Dios. El te oyó en el día de la angustia; te fortaleció y te ayudó, aun cuando tú lo afrentaste por temblar y dudar en el propiciatorio. Recuerda esto y haz que tu corazón se llene de gratitud a Dios, que oyó con misericordia tus pobres y débiles oraciones. "Bendice, alma mía, a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios".

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

jueves, 5 de febrero de 2015

¿ME AMAS? - J. C. Ryle

«¿Me amas?» (Juan 21:16)



     Esta pregunta fue dirigida por el Señor Jesús al apóstol Pedro. Una pregunta más importante que ésta no puede hacerse. Han pasado casi veinte siglos desde que se pronunciaron estas palabras, pero aun hoy en día la pregunta es altamente provechosa y escudriñadora. La disposición para amar a alguien constituye uno de los sentimientos más comunes que Dios ha implantado en la naturaleza humana. Desgraciadamente, la gente con demasiada frecuencia vuelca sus afectos sobre objetos que no son dignos, ni valen la pena. En este día quiero reclamar un lugar en nuestros afectos para la única Persona que es digna de los mejores sentimientos de nuestro corazón: el Señor Jesús, la Persona Divina que nos amó y se dio a sí mismo por nosotros. Entre todos nuestros afectos no nos olvidemos de AMAR A CRISTO.
     Este no es un tema para meros fanáticos o entusiastas, sino que merece la atención de todo cristiano que cree en la Biblia. Nuestro camino de salvación está estrechamente ligado al mismo. La vida o la muerte, el cielo o el infierno, dependen de la respuesta que demos a la pregunta sencilla y simple de: "¿Amas a Cristo?"

Fragmento tomado del libro EL SECRETO DE LA VIDA CRISTIANA de Juan Carlos Ryle

Batallando contra el pecado

FEBRERO 5

El Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo. 1 Juan 4:14.
  

ES agradable pensar que Jesús no vino al mundo sin el consentimiento, sin el permiso, sin la autoridad y sin la asistencia de su Padre. Fue enviado por el Padre para que fuese el Salvador de los hombres. Estamos propensos a olvidar que si bien hay distinciones en cuanto a las personas de la Trinidad, no las hay en cuanto al honor de las mismas. Por otra parte, atribuimos muy frecuentemente el honor de nuestra salvación -o por lo menos la profundidad de su bondad- más a Cristo Jesús que al Padre. Este es un grave error. ¿No fue el Padre el que envió a Jesús? Si Jesús habló maravillosamente, ¿no fue el Padre quien derramó gracia en sus labios para que fuese ministro capaz del nuevo pacto? El que conoce al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como debe conocerlos, los ama a todos por igual; los ve a los tres en Belén, en Gethsemaní y en el Calvario, igualmente interesados en la obra de la salvación. ¡Oh, cristiano!, ¿has puesto tu confianza en el Hombre Cristo Jesús? ¿Has puesto tu fe sólo en él? ¿Estás unido a él? Entonces cree que estás también unido al Dios del cielo. Por el hecho de que para el Hombre Cristo Jesús eres un hermano y tienes con él íntima comunión, tú estás unido al Dios eterno, y el "Anciano de días" es tu Padre y tu amigo. ¿Consideraste alguna vez la profundidad del amor que había en el corazón de Jehová, cuando Dios Padre preparó a su Hijo para la gran empresa de misericordia? Si no lo has hecho, medita hoy en esa verdad. ¡El Padre lo envió! Reflexiona en esta declaración. Piensa cómo Jesús obró lo que el Padre deseaba. Mira el amor del gran YO SOY en las heridas del agonizante Salvador. Que cada pensamiento relacionado con Jesús sea conectado con el Eterno, el Dios bendito para siempre, pues "Jehová quiso quebrantarlo, sujetándolo a padecimiento".

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

miércoles, 4 de febrero de 2015

EL CRISTIANO Y LA POLÍTICA - Pr. Otto Sánchez

La Realidad de las Aflicciones - Pr. Salvador Gómez Dickson

LA PROPICIACIÓN: EL RESULTADO DE LA CRUZ I - Oskar Arocha

Profundicemos en nuestra teología: 

La propiciación en la cruz



Un gran contraste - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 4

"El amor de Jehová". Oseas 3:1.

CREYENTE, echa una mirada retrospectiva a través de tu experiencia y recuerda el camino del desierto por el cual el Señor te guió. Considera cómo te ha alimentado y vestido todos los días, cómo soportó tu mala conducta, cómo sufrió tus murmuraciones y tus ansias por las ollas de Egipto, cómo abrió la roca para satisfacer tu sed y cómo te alimentó con el maná que descendió del cielo. Piensa cómo su gracia te bastó en tus tribulaciones, cómo su sangre te limpió de todo pecado y cómo su vara y su cayado te infundieron aliento. Cuando hayas considerado el amor que Dios te tuvo en el pasado, procura entonces que la fe te haga ver el amor que te tendrá en el futuro, pues, recuerda, el pacto y la sangre de Cristo tienen en sí algo más que el pasado. El que te amó y perdonó, nunca cesará de amar y perdonar. El es el alfa y será también la omega: el primero y el último. Por lo tanto, ten presente, que cuando pases por el valle de la sombra de la muerte, no tienes que temer mal alguno, porque él está contigo; cuando estés en las frías aguas del Jordán no tienes necesidad de temer, pues la muerte no te puede separar de su amor, y cuando entres en los misterios de la eternidad no tienes que temblar "pues estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo porvenir, ni lo alto ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro". Alma, ¿no reaviva esto tu amor? ¿No te induce a amar a Jesús? Un vuelo a través del ilimitado espacio del éter del amor, ¿no inflama tu corazón y te impulsa a deleitarte en el Señor tu Dios? A medida que meditamos en "el amor de Jehová" nuestros corazones arden en nosotros y ansiamos amarlo más.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

martes, 3 de febrero de 2015

EL ASEDIO DEL PECADO - Enrique Oriolo


"Dios en el banquillo" Exodo 17:1-7 Ps. Sugel Michelén



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Una presentación persuasiva - Nancy Leigh DeMoss

FEBRERO 3

"Así que, hermanos, deudores somos". Romanos 8:12.

COMO criaturas de Dios todos somos deudores. Debemos pues, obedecerlo con todo nuestro cuerpo, con toda nuestra alma y con toda nuestra fuerza. Por haber quebrantado sus mandamientos, somos deudores a su justicia y le debemos una suma tan crecida que nos es imposible pagarla. Pero del cristiano se puede decir que no debe nada a la justicia de Dios, porque Cristo pagó la deuda de los suyos. Por esta razón el creyente debe amar más. Soy deudor a la gracia de Dios, pero no a su justicia, pues él nunca me acusará de una deuda que ya ha sido pagada. Cristo dijo: "Consumado es", y con esto quiso decir que todo cuanto su pueblo debía, fue cancelado para siempre del libro del recuerdo. Cristo ha satisfecho enteramente la justicia divina; la cuenta quedó saldada, la cédula fue clavada en la cruz, el recibo fue entregado y nosotros no somos más deudores a la justicia de Dios. Pero por el mismo hecho de que no somos deudores de nuestro Dios en ese sentido, hemos llegado a constituirnos en diez veces más deudores de él de lo que lo hubiéramos sido de otra manera. Cristiano, detente y considera por un momento cuán deudor eres a la soberanía divina, cuánto debes a su desinteresado amor, pues él dió a su propio Hijo para que muriese por ti. Considera cuánto debes a su gracia perdonadora que, aun después de diez mil afrentas, te ama tan infinitamente como siempre. Considera lo que debes a su poder, cómo te levantó de la muerte del pecado, cómo te ha guardado de caer, cómo ha preservado tu vida espiritual y cómo -aunque diez mil enemigos cercaron tu camino- te hizo capaz de andar por él sin titubeos. Considera lo que debes a su inmutabilidad. Aunque tú has cambiado diez mil veces, él no ha cambiado ni una vez. Estás muy endeudado con los atributos de Dios. Tú mismo te debes a Dios y le debes todo lo que tienes; ríndete como un sacrificio vivo, pues éste es tu racional culto.

Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.

lunes, 2 de febrero de 2015

Los Fundamentos Esenciales de la Democracia - Stephen McDowell y Mark Beliles

Los Fundamentos Esenciales de la Democracia

«Quien no sabe gobernar un reino, no puede administrar una Provincia; ni puede manejar una Provincia quien no puede ordenar una Ciudad; ni puede ordenar una Ciudad el que no sabe como regular una Villa; ni puede dirigir una Villa quien no puede guiar una Familia; ni puede aquel hombre gobernar bien una Familia si no sabe como gobernarse a sí mismo; ni puede nadie gobernarse a sí mismo a menos que su razón sea Señor; la voluntad y el apetito, sus vasallos; ni puede la Razón gobernar a menos que ella misma sea gobernada por Dios y sea (totalmente) obediente a Él». (Hugo Grotius, erudito holandés del siglo XVII).

FUENTE: CONTRA-MUNDUM

La vida de Jacob I - Pr. Salvador Gómez Dickson

La vida de Jacob II - Pr. Salvador Gómez Dickson

La vida de Jacob III - Pr. Salvador Gómez Dickson


La vida de Jacob IV - Pr. Salvador Gómez Dickson