Versículo para hoy:
miércoles, 14 de enero de 2015
ENERO 14
"Poderoso para salvar". Isaías 63:1.
POR las palabras "para salvar" entendemos el conjunto de la gran obra de la salvación, desde el primer deseo santo hasta la completa santificación. Estas palabras encierran multum in parvo. En realidad, tenemos aquí toda la misericordia en una palabra. Cristo no sólo es poderoso para salvar a los que se arrepienten, sino lo es también para hacer que los hombres se arrepientan. Él llevará al cielo a los que creen; pero, además, es poderoso para dar nuevos corazones a los hombres y para producir en ellos fe. Jesús puede hacer que el hombre que odia la santidad, la ame; y que el que desprecia su nombre, doble ante él sus rodillas. Más aún, pues el poder divino se ve igualmente en la obra posterior. La vida del creyente es una serie de milagros realizados por el "poderoso Dios". La zarza arde pero no se consume. Jesús es poderoso para mantener a los suyos en la vida de santidad en que los colocó, y para preservarlos en su temor y en su amor, hasta perfeccionar, en el cielo, sus vidas espirituales. El poder de Cristo no consiste en hacer que uno crea para, luego, dejarlo que se las arregle por sí solo. Todo al contrario, pues el que empezó la buena obra, la perfeccionará. El que imparte el germen de la vida al alma muerta, sigue la obra y la fortalece hasta romper toda ligadura pecaminosa y hasta que el alma suba perfeccionada de la tierra al cielo. Creyente, aquí tienes estímulo. ¿Estás orando por algún amado? No dejes de orar, pues Cristo es "poderoso para salvar". Tú eres impotente para domar al rebelde, pero tu Señor es todopoderoso. Préndete de aquel potente brazo y excítalo para que dé su fuerza. ¿Te inquieta tu propia situación? No temas, pues su poder es suficiente también para ti. Tanto para empezar la obra en otros, como para proseguir la que ha empezado en ti, Jesús es "poderoso para salvar". La mejor prueba de esto está en que él te ha salvado, y también en las mil bendiciones que ha derramado sobre ti.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles H. Spurgeon
martes, 13 de enero de 2015
ENERO 13
"Josafat había hecho naves de Tarsis, las cuales habían de ir a Ofir por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezión-geber". 1 Reyes 22:48.
LAS naves de Salomón volvieron seguras, pero las de Josafat nunca llegaron a la tierra del oro. La Providencia prospera a uno y frustra los deseos del otro en el mismo negocio y en el mismo lugar; sin embargo, el Gran Gobernador es tan bueno y sabio en un caso como en el otro. Bendigamos hoy al Señor, al recordar este texto, por los navíos rotos en Ezión-geber, y también por las naves cargadas de bendiciones temporales. No envidiemos a los que tienen más éxito que nosotros, ni murmuremos por nuestras pérdidas, como si nuestras pruebas fueran mayores que las de otros. Aunque nuestros planes terminen en el fracaso, somos, como Josafat, de gran estima delante de la presencia del Señor. La causa de la pérdida de Josafat es muy digna de ser notada, pues es la causa de una buena parte de los sufrimientos del pueblo de Dios. La causa fue su alianza con una familia pecadora. En 2 Crónicas 20:37, se nos dice que Jehová envió a un profeta a declarar lo siguiente: "Por cuanto has hecho compañía de Ocozías, Jehová destruirá tus obras". Este fue un castigo paternal que parece le sirvió de bendición, pues en el versículo que sigue al de esta mañana, lo hallamos rehusándose a permitir que sus siervos navegaran en los mismos navíos en que navegaban los siervos del rey impío. Quiera Dios que la experiencia de Josafat sirva de advertencia al resto de su pueblo para que eviten "juntarse en yugo desigual con los infieles". Una vida de miseria es, por lo regular, la suerte de los que se unen en matrimonio o en cualquiera otra relación con los hombres de este mundo ¡Ah! si pudiéramos tener tal amor a Jesús que, a semejanza de él, pudiésemos ser santos, inocentes, limpios y apartados de pecadores (Hebreos 7:26), pues de no ser así, podemos esperar oír frecuentemente las siguientes palabras: "Jehová destruyó tus obras".
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
lunes, 12 de enero de 2015
ENERO 12
"VOSOTROS sois de Cristo". Tú eres suyo por donación, pues Dios te entregó a su Hijo; suyo por compra de sangre, pues él pagó tu redención; suyo por dedicación, pues te ha consagrado para él; suyo por relación, pues llevas su nombre y eres uno de sus hermanos y coherederos. Esfuérzate por mostrar al mundo que eres el siervo, el amigo y la esposa de Jesús.
Cuando te sientas tentado a pecar, di: "Yo no puedo cometer esta horrenda maldad, pues yo soy de Cristo". Principios que reputamos inmortales prohiben pecar al que es amigo de Cristo. Cuando delante tuyo haya riquezas que puedan ganarse ilegalmente, di que eres de Cristo y no las toques. ¿Estás expuesto a dificultades y daños? Permanece firme en el día malo, recordando que tú eres de Cristo. ¿Estás colocado donde otros se sientan ociosos y no hacen nada? ¡Levántate a trabajar con todas tus fuerzas! Y cuando el sudor aparezca en tu frente y te sientas tentado a haraganear, grita: «No, yo no puedo detenerme, pues yo soy de Cristo. Si yo no fuese comprado con sangre, podría, a semejanza de Isaac, "recostarme entre las majadas", pero yo soy de Cristo y no puedo haraganear». Cuando la música de la sirena del placer quiera tentarte para apartarte de la senda recta, contesta: "Tu música no puede fascinarme, pues yo soy de Cristo". Cuando la causa de Dios te llame, conságrate a ella; cuando el pobre te pida, dale tus bienes y date a ti mismo, pues tú eres de Cristo.
Nunca desmientas tu profesión. Sé siempre uno de aquellos cuyas maneras son cristianas, cuya palabra es igual a la del Nazareno, cuya conducta y conversación tienen tanta fragancia de cielo que todos los que te vean digan que tú eres del Salvador y reconozcan en ti sus facciones de amor y su semblante de santidad. "Yo soy romano", era el antiguo motivo para vivir íntegramente. Con mayor razón, pues, sea "Yo soy de Cristo" tu argumento para vivir en santidad.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
domingo, 11 de enero de 2015
ENERO 11
ALMA, examínate a la luz de este texto. Tú has recibido con gozo la Palabra y tus sentimientos han sido vivamente impresionados; pero tienes que recordar que recibir la Palabra en los oídos es una cosa y recibir a Jesús en el alma es muy otra cosa. La emoción superficial se une frecuentemente a la dureza de corazón, y la viva impresión, que suele hacer la Palabra, no siempre es duradera. En la parábola se nos dice que una parte de la semilla cayó sobre la piedra, en la cual había un poco de tierra. Cuando la semilla empezó a echar raíces, su desarrollo se vió impedido por la dureza de la roca, y, en consecuencia, la planta empleó su fuerza en ramas y en hojas, pero como su raíz no tenía humedad, se secó. ¿Es éste mi caso? ¿He estado haciendo externa exhibición de cristianismo sin tener la vida interior correspondiente? Las plantas, para tener un desarrollo normal, tienen que crecer para arriba y para abajo al mismo tiempo. ¿Estoy yo arraigado en Jesús con sincera fidelidad y con amor? Si mi corazón queda sin ser ablandado y fertilizado por la gracia, la buena semilla puede germinar por un tiempo, pero al fin se secará, pues no puede florecer en un corazón pedregoso, indómito y no santificado. Debo temer a la piedad que crece y se seca tan pronto como la calabacera de Jonás. Tengo que saber lo que cuesta ser seguidor de Jesucristo; ante todo, tengo que sentir la energía de Su Espíritu Santo, y entonces poseeré en mi alma una simiente duradera. Si mi mente permanece tan insensible como lo fue por naturaleza, el sol de la prueba la secará, y mi duro corazón contribuirá a que el calor se proyecte más terriblemente sobre la semilla mal cubierta; mi religión morirá pronto y mi desesperación será terrible. En vista de esto, árame primero, oh celestial sembrador, y entonces siembra en mí la verdad y permíteme producir para ti una abundante cosecha.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
sábado, 10 de enero de 2015
ENERO 10
"Me está guardada la corona de justicia". 2 Timoteo 4:8.
OH tú el que dudas, tú que has dicho varias veces "temo que nunca entraré en el cielo", ¡no temas!, ¡todo el pueblo de Dios entrará allá! Me agrada la preciosa expresión del hombre que en su agonía exclamó: "No tengo temor de irme al hogar; todo lo mío está allá; ahora la mano de Dios está sobre el picaporte de mi puerta, y yo ya estoy listo para permitirle entrar". "Pero -le dijo alguien-, ¿no temes perder tu herencia?" No -dijo él-, hay una corona en el cielo que el ángel Gabriel no podría usar, una corona que sólo va bien a mi cabeza. Hay un trono en el cielo que el apóstol Pablo no podría ocupar, pues fue hecho para mí, y yo lo poseeré". ¡Oh cristiano, qué gozoso pensamiento! Tu porción es segura: "Queda un reposo para el pueblo". "Pero -dirás tú- ¿no hay posibilidad de que lo pierda?". No, hermano, ese reposo está asegurado. Si soy un hijo de Dios, no lo perderé. Es tan ciertamente mío como si yo ya estuviese allí. Ven, creyente, y sentémonos en la cumbre del monte Nebo y miremos la buena tierra de Canaán. ¿Ves aquel arroyo de la muerte que centellea a la luz del sol? ¿Ves al otro lado de ese arroyo las torres de la eterna ciudad? ¿Alcanzas a ver el grato país y a todos sus alegres habitantes? Ten presente, pues, que si tú pudieses andar a través de esa ciudad, verías escritas en una de sus tantas mansiones las siguientes palabras: "Esta es para Fulano de Tal; reservada sólo para él. Su poseedor será llamado algún día para vivir eternamente con Dios". ¡Oh tú el que dudas!, mira la hermosa herencia: es tuya. Si crees en el Señor Jesús, si te has arrepentido de tus pecados, si tu corazón ha sido renovado, entonces tú eres un componente del pueblo del Señor. Hay un lugar, una corona y un arpa especialmente reservadas para ti. Ningún otro podrá tomar tu porción, pues ella está reservada en los cielos especialmente para ti; tú la poseerás dentro de poco tiempo, pues en la gloria no habrá tronos desocupados cuando todos los elegidos se reúnan allá.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
viernes, 9 de enero de 2015
Andad en sabiduría - Pr. Sugel Michelén
"La fe envuelve la mente, el corazón pero también envuelve la
voluntad. El que cree, actúa. El que no actúa, no importa lo que diga con su
boca, en realidad no cree".
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ENERO 9
"Yo seré su Dios". Jeremías 31:33.
CRISTIANO, aquí está todo lo que puedes pedir. Para ser feliz necesitas algo que te satisfaga. Y lo que te ofrece este versículo, ¿no es suficiente? Si puedes vaciar en tu copa esta promesa, ¿no dirás con David "mi copa está rebosando", tengo más de lo que mi corazón puede desear? Cuando se cumpla en ti el "Yo soy tu Dios", entonces poseerás todas las cosas. El deseo es, como la muerte, insaciable; pero el que hinche todas las cosas en todo, puede satisfacerlo. ¿Quién puede medir la capacidad de nuestros deseos? Pero la inconmensurable riqueza de Dios puede sobrellenarla. ¿No te sientes lleno cuando Dios es tuyo? ¿Necesitas alguna cosa aparte de Dios? ¿No es bastante su suficiencia para satisfacerte, aunque todo lo demás fracase? Pero tú anhelas algo más que una reposada satisfacción; deseas en tus deleites llegar al éxtasis. Ven, alma, en esta porción hay música apropiada para el cielo, pues el Creador del cielo es Dios. La música de ningún instrumento puede producir una melodía igual a la producida por esta promesa: "Yo seré su Dios". En esas palabras hay un profundo mar de gloria, un ilimitado océano de gozo. Ven, baña tu espíritu en él. Nada un siglo y no hallarás ribera; sumérgete por una eternidad y no hallarás fondo. "Yo seré su Dios". Si esto no hace centellar tus ojos de gozo y saltar tu corazón de felicidad, entonces es seguro que tu alma no goza de salud. Pero tú deseas algo más que deleites para el presente; ansías algo en lo cual puedas ejercer esperanza. ¿Qué otra cosa puedes esperar que no sea el cumplimiento de esta gran promesa: "Yo seré su Dios"? Esta es la principal de todas las promesas. El goce de esta promesa nos hace anticipar el cielo. Creyente, permanece en la luz de tu Señor y permite que tu alma sea siempre atraída por su amor. Saca el meollo y la grosura que te da este versículo. Vive en consonancia con tus privilegios y regocíjate con gozo inefable.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
jueves, 8 de enero de 2015
ENERO 8
¡QUÉ velo es levantado con estas palabras, y qué revelación es hecha! Será para nosotros humillante y provechoso a la vez, detenernos un poco y ver este triste espectáculo. Las iniquidades de nuestro culto público: su hipocresía, formulismo, irreverencia, divagación de corazón y olvido de Dios. ¡Qué medida completa tenemos aquí! Nuestra obra por el Señor: su rivalidad, egoísmo, descuido flojedad e incredulidad. ¡Qué montón de profanación hay aquí! Nuestras devociones privadas: su flojedad, frialdad, negligencia, somnolencia y vanidad. ¡Qué montaña de tierra muerta hay aquí! Si miramos más cuidadosamente hallaremos que esta iniquidad es mayor de lo que a primera vista parece. El Dr. Payson, escribiendo a su hermano, dice: "Mi parroquia, como mi corazón, se asemeja mucho al jardín del holgazán; y, lo que es peor, hallo que una buena parte de mis deseos por el mejoramiento de ambos, proceden de la jactancia, de la vanidad o de la indolencia. Miro la mala hierba que cubre mi jardín y siento deseos de que sea desarraigada. Pero, ¿por qué? ¿Qué es lo que despierta ese deseo? Quizás el pensamiento, de que así podré pasearme por allí y decir para mis adentros: "¡En qué perfecto orden se conserva mi jardín!". Esto es jactancia. O la idea de que mis vecinos lo miren y digan: "¡Cuán hermoso florece su jardín!". Esto es vanidad. O puedo desear que la mala hierba sea destruída porque me hallo cansado de arrancarla. Esto es indolencia. Así que aún nuestros deseos de santidad pueden mancharse de malos motivos. Bajo el césped más verde se esconden las orugas; no necesitamos mirar largo tiempo para descubrirlas. ¡Cuán alentador es pensar que cuando el sumo sacerdote llevaba el pecado de las cosas santas, ponía en su frente las palabras: Santidad a Jehová! Así también Jesús, mientras carga con nuestros pecados, presenta delante de su Padre, no nuestra falta de santidad, sino su propia santidad. ¡Oh que el Señor no dé gracia para ver con los ojos de la fe a nuestro Sumo Sacerdote!
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
miércoles, 7 de enero de 2015
ENERO 7
"Para mí el vivir es Cristo". Filipenses 1:21.
EL creyente no siempre vivió para Cristo. Empezó a hacerlo cuando el Espíritu Santo lo convenció de pecado y cuando, por la gracia, fue llevado a ver al Salvador que agonizaba mientras hacía la propiciación por la culpa de los hombres. Desde el momento del nuevo y celestial nacimiento, el hombre empezó a vivir para Cristo.
Jesús es para nosotros, los creyentes, la única perla de gran precio, para conseguir la cual deseamos desprendernos de todo lo que tenemos. Él ha ganado nuestro amor de tal manera que nuestro corazón sólo late por él. Quisiéramos vivir para su gloria y morir en defensa del Evangelio. Él es el modelo de nuestra vida y el dechado según el cual quisiéramos esculpir nuestro carácter. Las palabras de Pablo significan más de lo que la mayor parte de los hombres piensan. Indican que el propósito de la vida de Pablo era Cristo; si, Jesús era su vida. Según las palabras de un cristiano de la antigüedad Pablo "comió, bebió y durmió la vida eterna". Jesús era para Pablo su mismo aliento, el alma de su alma, el corazón de su corazón, la vida de su vida. ¿Puedes decir, como cristiano, que vives para este ideal? ¿Estás haciendo tus negocios para Cristo, o los haces para agradarte a ti mismo y para provecho de tu familia? Tú preguntarás: "¿Acaso es este un motivo mezquino?" Para el cristiano sí lo es. Él profesa vivir para Cristo, ¿cómo puede, pues, vivir para otro fin sin cometer adulterio espiritual? Hay muchos que en alguna medida cumplen con este principio, pero, ¿quién se atreve a decir que ha vivido enteramente para Cristo como lo hizo el apóstol? Sin embargo, sólo ésta es la verdadera vida de un creyente. Su fuente, su sostén, su modelo, su fin, todo se resume en una palabra: Jesucristo. Señor, acéptame; aquí me presento pidiendo vivir sólo en ti y para ti. Permíteme ser como el buey que está entre el arado y el altar, para trabajar o para ser sacrificado, y que mi lema sea: «Listo para todo».
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
martes, 6 de enero de 2015
ENERO 6
"Él tiene cuidado de vosotros". 1 Pedro 5:7.
LA aflicción se mitiga cuando nos persuadimos de que Dios tiene cuidado de nosotros. Cristiano, no deshonres tu profesión mostrando siempre un rostro que revela preocupación. Ven, echa tu carga sobre tu Señor. No tambalees más bajo un peso que tu Padre no sentiría si lo tuviese sobre él. Lo que para ti es una carga aplastante, sería para él como una imperceptible partícula de polvo sobre una balanza. ¡Oh hijo del sufrimiento!, sé paciente, Dios no te ha pasado por alto en su providencia. Él, que alimenta las aves, te dará también a ti lo que necesitas. No te des a la desesperación; espera, espera siempre. Toma las armas de la fe para hacer frente a cualquier tribulación, y así tu heroica resistencia pondrá fin a tus dolores. Hay uno que sin cesar te cuida; su mirada está fija en ti; su corazón late de piedad por tu dolor, y su mano omnipotente te dará sin tardar la ayuda necesaria. Las más densas tinieblas darán lugar a una luminosa mañana. Si eres miembro de su familia, él mismo vendará tus heridas y sanará tu quebrantado corazón. Que la tribulación no te haga dudar de su gracia, sino más bien te haga comprender que él te ama tanto en el tiempo de la bonanza como en el de la angustia. ¡Qué vida serena y apacible tendrías si dejaras la solución de tus problemas al Dios de la providencia! Con un poco de aceite en la botija y un puñado de harina en la tinaja Elías sobrevivió al hambre, y tú harás lo mismo. Si Dios tiene cuidado de ti, ¿por qué necesitas estar siempre en angustiosa ansiedad? ¿Puedes confiar en él para las necesidades de tu alma y no puedes hacer lo propio para las necesidades de tu cuerpo? Dios nunca ha rehusado llevar tus cargas, ni tampoco ha desfallecido bajo el peso de las mismas. Ven, entonces, alma, abandona ese molesto cuidado y deja todas tus preocupaciones en manos del Dios de la gracia.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
lunes, 5 de enero de 2015
ENERO 5
"Y vio Dios que la luz era buena; y apartó Dios la luz de las tinieblas".
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Charles Haddon Spurgeon.
domingo, 4 de enero de 2015
ENERO 4
“Mas creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. 2 Pedro 3:18.
CRECED en la gracia. No sólo en una gracia sino en toda gracia. Creced en la fe, que es la gracia fundamental. Creced en las promesas más firmemente de lo que lo habéis hecho hasta ahora. Que la fe crezca en plenitud, en constancia y en candor. Creced también en amor. Pedid que vuestro amor sea más amplio, más intenso y más práctico; que influya en cada pensamiento, palabra y obra. Creced asimismo en humildad. Procurad estar humillados y conocer más vuestra propia nulidad. A medida que crecéis hacia abajo en humildad, procurad de crecer también hacia arriba, aproximándoos más a Dios en oración y teniendo más íntima comunión con Jesús. Que el Espíritu Santo os permita crecer en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador. El que no crece en el conocimiento de Jesús rehúsa ser bendecido. “Conocerle es vida eterna”, y progresar en el conocimiento es crecer en felicidad. El que no ansía conocer más de Cristo, aún no conoce nada de él. Cualquiera que haya bebido de este vino ansía beber más, pues aunque Cristo satisface, es ésa una satisfacción en la cual el apetito no se sacia, sino más bien se estimula. Si tú conoces el amor de Jesús entonces “como el ciervo brama por las corrientes de las aguas” tú bramarás por más profundos tragos de su amor. Si no deseas conocerle mejor, entonces no lo amas, pues el amor siempre exclama: “Cerca, más cerca”. La ausencia de Cristo es infierno, pero la presencia de Cristo es cielo. No descanses satisfecho sin un creciente conocimiento de Jesús. Busca de conocerlo más en su divina naturaleza, en su humildad, en su obra, en su muerte, en su resurrección, en su gloriosa intercesión y en su futuro advenimiento como Rey. Permanece mucho cerca de la cruz e investiga el misterio de las heridas del Señor. Un aumento de amor hacia Jesús y una mejor comprensión de su amor para con nosotros, es una de las mejores pruebas de crecimiento en la gracia.
Fuente: LECTURAS MATUTINAS de Carlos H. Spurgeon.
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