“Cuando todos tus predicadores favoritos se hayan ido, y todos sus libros sean olvidados, tendrás tu Biblia. Domínala. Domínala”, John Piper.
Me encuentro todo el tiempo con mujeres que tienen curiosidad sobre cómo deben estudiar las Escrituras. Tienen hambre de transformación, pero se les escapa. Aunque muchas han pasado años en la iglesia, incluso participando en estudios organizados, su alcance a los fundamentos sobre cómo acercarse a la Palabra de Dios es débil o inexistente y probablemente no es culpa de ellas. A menos que se nos enseñen buenos hábitos de estudio, pocos son los que se desarrollarán de forma natural.
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Con tantas opciones disponibles de estudio de la Palabra, ¿por qué muchas creyentes permanecen sin ser enseñadas y sin cambio en sus vidas? La Escritura enseña claramente que la viva y activa Palabra nos madura, nos transforma, logra lo que se propone, aumenta nuestra sabiduría, y lleva el fruto de las acciones correctas. No hay déficit en el ministerio de la Palabra. Si nuestra exposición a esta sustancia no da lugar a la transformación, sobre todo a lo largo de años, solo hay dos razones posibles: o bien nuestros estudios bíblicos carecen de creyentes verdaderos, o nuestros creyentes carecen de estudio verdadero de la Biblia. ARTÍCULO COMPLETO.
Me encuentro todo el tiempo con mujeres que tienen curiosidad sobre cómo deben estudiar las Escrituras. Tienen hambre de transformación, pero se les escapa. Aunque muchas han pasado años en la iglesia, incluso participando en estudios organizados, su alcance a los fundamentos sobre cómo acercarse a la Palabra de Dios es débil o inexistente y probablemente no es culpa de ellas. A menos que se nos enseñen buenos hábitos de estudio, pocos son los que se desarrollarán de forma natural.
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Fuente: COALICIÓN POR EL EVANGELIO
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