Versículo para hoy:

lunes, 8 de junio de 2026

El Contentamiento Cristiano… Una Joya Rara - Jeremiah Burroughs (1601 – 1646)

 

5. La felicidad es Buena para ti

La felicidad te hace bien. En este capítulo vamos a considerar el por qué un creyente feliz es un creyente bendito.

        En primer lugar, un creyente feliz adora a Dios tal como Dios merece ser adorado. La adoración verdadera no consiste del mero hecho de asistir a los cultos y orar. Al contrario, es posible participar en el acto de adoración, pero con un corazón tan descontento que en realidad no adoramos a Dios del todo. Dios quiere que los creyentes le adoren con todo lo que poseen y con todo lo que son. Solamente así pueden agradarle y realmente adorarle. Hacer lo que Dios quiere, eso es adorarle; ser agradecidos con lo que Dios da, eso también es adorarle. La adoración y la felicidad van juntas.

        Segundo, los creyentes felices son los que hacen el mejor uso de los dones espirituales que Dios les ha concedido, tales como la fe, la humildad, el amor, la paciencia, la sabiduría, y la esperanza. Dios quiere que estas cualidades sean desarrolladas en su pueblo, porque los creyentes felices pueden ser una verdadera influencia sobre los no creyentes. Por ejemplo, las personas que sufren sin quejarse son muy raras; los creyentes que lo hacen pueden dar un buen testimonio, lo cual glorifica a Dios.

        El tercer punto que podemos mencionar es que los creyentes felices glorifican a Dios. La naturaleza glorifica a Dios porque fue hecha por Él. Los cristianos que permanecen felices a pesar de sus pruebas le glorifican a Él, porque Él hizo que esto fuera así. Cuando los incrédulos ven a los creyentes felices en tiempos de problemas, ellos son convencidos de que Dios está trabajando.

        Cuarto, los cristianos felices son aquellos con quienes Dios es más bondadoso. Si quieren que Dios les trate así, tienen que permanecer quietos y felices. No deben comportarse como niños caprichosos que gritan y patalean hasta que consiguen lo que quieren. Los padres sabios no les darían nada a sus hijos hasta que se pongan quietos y tranquilos. Los creyentes que piden algo de Dios y luego hacen un berrinche porque no lo reciben de inmediato, pronto encuentran que Dios esperará hasta que estén quietos y sumisos, antes de concederles lo que necesitan.

        Quinto, los creyentes felices son los más útiles. Las personas inestables e inquietas no son aptas para servir a Dios. Solo cuando el Espíritu de Dios les ha tranquilizado y madurado pueden estar listos a trabajar para Dios. Todos los creyentes son llamados a trabajar para Dios, no solo los líderes o aquellos que tienen capacidades especiales. Ningún creyente debería pensar que, puesto que es una persona ordinaria, no puede ser usado por Dios. Tampoco deben pensar que solamente el servicio público sea el servicio a Dios. Lo que hace a una persona apta para servir a Dios es su contentamiento espiritual interior.

        Sexto, los creyentes felices son los que están más preparados para resistir la tentación. Las personas que siempre se están quejando son las más fáciles de desviar. Al diablo le gusta ver a los creyentes ansiosos. Cuando tienen que enfrentarse con el sufrimiento, el diablo hace lo posible para persuadirles de que lo que les pasa “no es justo”. Pronto llegan a convencerse de que esto no les debe suceder a ellos. En algunos casos, el diablo tienta a los creyentes pobres a robar. También, el diablo tienta a los creyentes que han sufrido “algo injusto” a vengarse. Solamente los creyentes que son felices con lo que Dios les envía son aquellos que están preparados y armados para resistir tales tentaciones.

        Séptimo, los creyentes felices son los que disfrutan plenamente la vida aquí y ahora. Por ejemplo, algunas personas que tienen pocas posesiones son más felices que aquellos que poseen muchas, porque han aprendido a estar satisfechos con lo que tienen. Igualmente, como una nación que está contenta con el territorio que ocupa es más feliz que una nación que continuamente está en guerra buscando más territorio.

        Finalmente, los creyentes felices son aquellos que ven hacia adelante a las recompensas que Dios promete. Dios recompensa a todos conforme a sus obras. Dios recompensará a los creyentes conforme a sus buenas obras, aún las buenas intenciones que no fueron capaces de efectuar. De la misma forma, Dios pagará a cada persona mala por sus maldades, incluso las malas intenciones que fueron frenadas por la providencia de Dios. Entonces, los creyentes que sufren por la causa de Cristo pueden ser felices y no amargarse, porque tienen la seguridad de que, a pesar de todo, no perderán su recompensa.

Preguntas que pueden ayudarle en su meditación de los capítulos 3 a 5.

1. Hasta el momento ¿Cómo ha afectado su vida y sus actitudes la lectura de este libro?

2. El capítulo tres sugiere que las promesas de Dios deberían hacer al creyente feliz o contento. ¿No has experimentado ocasiones cuando estabas infeliz porque parecía que Dios incumplía alguna de sus promesas? ¿Cómo debemos tratar las promesas que encontramos en el Salmo 91? ¿Cómo debemos responder ante las situaciones en las cuales parece que Dios no nos ha tratado conforme a las promesas de su palabra?

3. El capítulo cuatro sugiere que una de las maneras para protegernos del espíritu del descontento es manteniendo una estimación correcta de nosotros mismos y no sosteniendo una alta opinión de nosotros y de nuestros méritos. ¿Qué tan importantes somos nosotros y nuestra imagen en relación con la felicidad cristiana?

4. ¿Es el entendimiento práctico de la soberanía de Dios un ingrediente necesario para el contentamiento cristiano?

5. Jesús habló de su capacidad de satisfacer a los sedientos y a los hambrientos. (Vea Jn. 4:13-14). Aquellos que tienen a Cristo debieran estar contentos con Él. ¿Qué significa esto para usted en términos prácticos?

El capítulo cuatro sugiere que los creyentes necesitan aprender a estar contentos. Puesto que la Iglesia es la escuela en donde aprendemos de Cristo, ¿en cuál manera podemos ayudarnos unos a otros, a aprender nuestras lecciones?

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